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Capítulo 11: Cimientos 2

  **Punto de vista de Víctor**

  Días después…

  Saliendo de ver a la bebé, trato de tranquilizarme tras varios intentos fallidos de preguntarle a Akeeva acerca del favor que le pedí y obtener de ella una respuesta clara. Regreso a la recepción para insistir. Al llegar a la entrada, veo a un grupo de chicos rodeando a otro de manera hostil. La escena me da mala espina, así que empiezo a seguirlos, manteniéndome lo suficientemente alejado para que no se percaten de mi presencia. Al llegar a un callejón, los veo agruparse alrededor de él. Desde una distancia prudente, logro escuchar lo que dice el chico más alto:

  —?Tú, peque?o huérfano!

  Con esas palabras, el chico comienza a patearlo de manera agresiva. Concentrando todos mis sentidos, me doy cuenta de que todos, incluido el chico que está en el suelo, son capaces de manejar el mana. Sin importar si intervengo o no, eso no haría una gran diferencia. Retrocedo un paso para no ser visto, mientras los chicos continúan pateando y maldiciendo al chico durante unos minutos más. Finalmente, lo abandonan y se van.

  Al salir de mi escondite, me acerco al chico. Al notar que está inconsciente, lo levanto y lo llevo al hospital. Al llegar, Emma me ve y, con una expresión de terror, me pregunta:

  —?Víctor! ?Qué ha pasado? ?Quién es él? ?Estás bien?

  Emma se aproxima rápidamente con una camilla.

  —Estoy bien. Este chico... estaba siendo golpeado por otros. Todos usaban mana, pero a pesar de eso, él no se defendió —le explico mientras lo coloco en la camilla.

  —Lo conozco. Es un huérfano del orfanato. Es parte de los que están practicando para ser aventureros. Debería estar allí ahora... Si estaba siendo golpeado, solo unas pocas personas querrían y tendrían el poder para hacerlo —dice Emma mientras revisa el estado del chico.

  —?Por qué lo harían? —le pregunto mientras lo llevamos a una habitación para atenderlo.

  —?Crees que Akeeva es la única con poder y grandes proezas? Hay varios grupos de aventureros que tienen casi el mismo poder que ella, pero, a diferencia de Akeeva, quieren regresar a este lugar a como era antes. Y como tienes hijos... bueno, ya te imaginarás lo que les ense?an.

  Al escuchar eso, ayudo a Emma pasándole lo que necesita para atender al chico. Si bien ella es una santa, su poder no es infinito y su habilidad no es sobresaliente para su edad. Después de un rato, ella se detiene y comenta:

  —él ya está bien, ahora solo necesita descansar.

  —?Puedo preguntar quiénes son y por qué hacen esto?

  —Es simple. Si Akeeva es la lanza de este peque?o país, ellos son el escudo, la espada de este lugar. Sabes, este lugar no siempre ha sido como lo ves. Antes de ella, era horrible en términos simples. Pero, como en cualquier historia, aun cuando mejora, siempre hay personas que quieren regresar a esos tiempos.

  Al decir esto, Emma alza la mirada hacia el cielo, perdiéndose en recuerdos. Al volver en sí, me mira y dice:

  —Creo que deberías esperar hasta que despierte. él debería conocer a quien lo salvó.

  —Yo no lo salvé, solo lo recogí para traerlo aquí.

  —Eso es ayudar. Aunque no hayas evitado sus heridas, lo trajiste. Si no lo hubieras hecho, él estaría peor.

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  —No, gracias. Además, debo ir a ver a Akeeva. Tengo que preguntarle algunas cosas.

  —?Estás seguro?

  —Sí.

  —Al menos déjame informarle quién fue el que lo ayudó —dice Emma con una mirada empática.

  —Está bien, pero lo que no entiendo es por qué dejarlos hacer eso.

  —Es simple... sería peor para él si se defendiera. Aunque Akeeva tiene un gran poder, aquí ellos son igual de poderosos.

  Al terminar esa conversación, salgo del hospital con un suspiro cansado. Pienso que las personas, sin importar el momento, buscan el poder; y al obtenerlo, desean mantenerlo, sin importar a quién puedan pisotear. Sacudiendo esos pensamientos, comienzo a dirigirme a las oficinas para encontrarme con Akeeva. Al entrar, la veo sumergida en documentos, aparentemente sin darse cuenta de que estoy allí. Tras unos minutos de silencio, le digo:

  —?Hola?

  —No hay nada, aún estoy algo ocupada, así que debes tener paciencia.

  —De acuerdo... ?Necesitas ayuda en algo? Te veo algo atareada.

  Con un ligero suspiro, responde:

  —La verdad, sí... Si quieres ayudarme, revisa los documentos que tengo enfrente. Son registros de los últimos meses en los alrededores de la ciudad. Si encuentras algo raro, por insignificante que parezca…

  —Ok... pero, ?qué estás buscando?

  —No es nada, solo es una ligera… intuición.

  —Está bien.

  Al sentarme en la silla y revisar los documentos, la mayoría son simples registros de soldados que patrullaban los alrededores de la ciudad; muy pocos de los otros documentos son registros similares dentro de la ciudad. Todos, al final, tienen un único resultado: sin novedades. Tras revisar varias veces los mismos documentos, llego al mismo resultado. Al dejar los papeles sobre la mesa, la miro y le pregunto:

  —?Podría preguntar cuál es el problema? No eres alguien que le guste pasar el tiempo leyendo cosas sin motivo alguno.

  —Bueno, ha pasado un tiempo desde que nos conocemos, pero aún nos conocemos poco. Solo estoy buscando algo que no cuadra en todo esto. Benicio quiere regresar a un lugar como este después de prometer que seguiría adelante, aunque el camino es corto y no es algo que alguien como él pueda manejar solo, y menos en su estado tan debilitado. Sabes cómo se llama ese camino.

  —No, en realidad no.

  —El camino vacío. Es simple: cuando entras sin preparación, no sales vivo y no dejas rastro de que estuviste allí.

  —?Por los monstruos?

  —No es solo eso, ni siquiera los dragones errantes... Sabes lo que son los monstruos vacíos —Akeeva se acerca con su silla como si compartiera un secreto de estado.

  —No.

  —Son monstruos que no manejan mana. Nadie sabe lo que son; hay rumores, pero al final solo sabemos que están ahí, consumiendo el mana de las personas que encuentran y tienen una coraza extremadamente resistente a cualquier clase de ataque mágico. A pesar de ser pocos, viven en lugares muy específicos y solo cazan allí; ese lugar es el camino, por eso no todos van por ahí.

  Akeeva se levanta y se acerca a la ventana.

  —Entonces, ?crees que por ellos él quiso volver aquí?

  —No lo sé. Como dije, es solo una intuición, nada más.

  —Si tú lo dices. ?Y ahora, qué?

  —Ahora nada... Tú debes ir a comer. Yo me quedaré otro rato organizando estos documentos. Así que ve, tienes que ir.

  Al escuchar eso, después de algunos intentos de seguir ayudando y de su rotunda negativa, salgo de la habitación y me dirijo al restaurante, sumido en mis pensamientos. Pero al llegar a la salida de la recepción, un cuerpo firme se atraviesa en mi camino. Al caer al suelo, veo al mismo chico que estaba junto a Akeeva. Sin querer, le digo:

  —Eres el recepcionista de aquí, ?verdad?

  —Supongo que es algo así. Tú eres el chico al que está ayudando Akeeva, ?verdad? —extiende su mano para ayudarme a levantarme.

  —Sí, algo así —tomo su mano.

  Al ponerme de pie, no lo miro con detenimiento. Su cabello blanco, su sonrisa sincera y sus ojos tan fríos deberían transmitirme una sensación de tranquilidad, pero tal vez, al igual que Akeeva, creo que hay algo extra?o en él; algo que alguien que ha vivido con personas que te podrían traicionar en cualquier momento entendería. Interrumpiendo mis pensamientos, el chico dice:

  —Soy Sylqu. Tú debes ser Víctor, ?verdad?

  —Sí, estaba ayudando a Akeeva arriba, si la estás buscando.

  —Sí, la iba a ver. Perdón, ?dijiste que estabas ayudando con algunos documentos?

  —Sí, ?por qué?

  —No, no es nada. Es que ella no es alguien que deje que le ayuden así como así.

  —No lo sé, pero ahora debo ir a comer antes de que cierren el restaurante —le digo se?alando hacia el restaurante.

  —Claro... Supongo que ve algo especial en ti. Ve, no te detengo más; debo ir con ella —da una se?al con la mano.

  Al terminar con esa incómoda conversación, camino lo necesario para finalmente sentarme a comer en el restaurante. Sin querer, mi mente comienza a recordar a esas criaturas, los vacíos. Aunque ahora son pocos, en el futuro... Sin querer seguir recordando, sacudo la cabeza. El miedo a pensar que alguien podría estar escuchando provoca en mí un ligero temblor en la mano; al igual que en mi otra vida, enfrentarme a cientos de esas criaturas provocaba en mí una reacción similar: aprieto el pu?o para controlarlo y comienzo a comer.

  Al regresar a mi cama, noto que Akeeva ya se ha ido. Sin querer inspeccionar este lugar sin autorización de Akeeva, regreso a mi cama. Al acostarme, no puedo evitar preguntarme si todo esto fue mi culpa, si mi regreso provocó que todo esto hubiera comenzado. En mi vida pasada, esas cosas nunca deberían haberse movido hasta el futuro. Sin querer darle más vueltas al asunto, respiro para poder descansar, sin darme cuenta de que la oscuridad comienza a invadir todo mi ser y los recuerdos de una vida pasada empiezan a abordarme. Un chico que no puedo ver con claridad dice:

  —Debemos apurarnos, Víctor. En esta oscuridad, esos bastardos nos podrían acorralar.

  —No te preocupes, este camino no es tan visitado desde que esas cosas invadieron el resto de ciudades. Si continuamos, más pronto que tarde llegaremos a Guardian.

  —Creo que ya hemos llegado. Mira esta cerca, debemos ir rápido.

  Al acelerar el paso, llegamos a la puerta y, contra todo lo que nos dijeron, grandes manchas de sangre cubren la puerta y un olor putrido nos llega. ?Será la oscuridad de la noche o la falta de antorchas para iluminar el lugar? Pero una sensación lúgubre nos inunda. Al usar mana para romper parte de la puerta, logramos entrar. Al ver los alrededores, un frío recorre mis venas: ojos gigantescos en la tierra, se?ales de una especie de lanza atravesando esos círculos y casas destruidas fue lo único que encontramos. Al tratar de asimilar esa vista, un grito de una bestia ruge en el horizonte.

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