**Punto de vista de Víctor**
Al salir del restaurante, aumentó la velocidad para llegar al hospital, cruzando entre algunas personas que me miraban sin prestarme mayor atención. Sigo mi camino. Al llegar, me detengo frente a él, sin entender por qué quiero ver a la ni?a. Sin tiempo para pensarlo, Emma me llama desde atrás, diciendo:
—Hola, peque?o, ?vienes a ver a la ni?a? —su rostro refleja diversión.
—Yo solo... quería saber cómo está ella.
—Yo también venía a revisarla y a sacarla a pasear. Si quieres, podemos ir juntos. —Emma se acerca un poco.
—Muchas gracias. —inclino la cabeza en se?al de agradecimiento.
Con esa breve interacción, entramos al hospital. Al ingresar, veo a varias personas con el mismo hábito que la monja atendiendo a otros con heridas menores. Interrumpiendo mis pensamientos, Emma dice:
—Ella está en el segundo piso, donde se atiende a los ni?os y a las recién nacidas. ?Vamos rápido! —hace un gesto con su mano para que la acompa?e.
Al escuchar sus palabras, Emma corre más rápido; intuyo que ella está más emocionada de ver a la ni?a que yo. Al llegar al segundo piso, cruzamos varias habitaciones donde familias cuidan de sus peque?os. Esa escena me genera una sensación de tristeza en el pecho, y me detengo frente a una familia: una mujer sostiene a un bebé mientras su esposo y su hija observan a la peque?a, todos con rostros llenos de felicidad. Sin poder evitarlo, me pregunto: ?ella habrá sonreído cuando me dio a luz o cuando dio a luz a Aada? Sumido en esta imagen, escucho a Emma llamándome.
Al volverme, ella dice:
—?Ven rápido! Ella no está ahí. —Emma se acerca y se coloca frente a mí.
—Voy... solo me distraje.
—No te preocupes, puedes estar triste. Cada ni?o debe afrontar el dolor para poder seguir; nadie te va a juzgar. —Mientras dice esto, Emma mira a la familia con tristeza.
No entiendo del todo sus palabras, pero decido no darles mayor importancia y le pido que sigamos. Con una última mirada hacia la familia, continuamos nuestro camino. Después de cruzar un par de habitaciones más, llegamos al lugar donde está la ni?a, que está siendo cuidada por una nodriza. Al vernos, la mujer le entrega a la bebé y, tras intercambiar unas pocas palabras con Emma, se marcha. Con cautela, para que no se despierte, me acerco para observar a la ni?a; sin la preocupación de sobrevivir, puedo distinguir sus rasgos, los de una bebé con ojos tan puros y felices como no he visto en mucho tiempo.
—?No quieres cargarla? —pregunta Emma, con un rostro radiante.
—No, solo quería ver que estuviera bien. —digo mientras me alejo un paso.
—?Estás seguro? Creo que a la ni?a le agradas.
Al volver la vista hacia la bebé, veo que está comenzando a sonreír. Sin embargo, le replico a Emma que aún debo hacer otras cosas. Suspirando, Emma acepta, pero me hace prometer que regresaré a ver a la ni?a al menos una vez al día. Sin otra opción, acepto, y ella pregunta:
—?Qué tienes que hacer? ?O Akeeva te pidió que hicieras algo? Si es eso, puedo pedirle que te deje tranquilo hasta que te recuperes correctamente. —dice Emma con una mueca de enojo.
—No, está bien, tengo cosas que hacer. —respondo con pesar.
—Está bien... pero dime qué planeas hacer.
—Voy al lugar donde entrenan y capacitan a aventureros para poder entrenar. —explico, tratando de mostrar la mayor seriedad posible.
—?Pero eres un ni?o y acabas de despertar después de estar al borde de la inanición! —exclama Emma, genuinamente preocupada.
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—Yo... quería comenzar a aportar y tener un lugar propio para vivir. Además, Akeeva dijo que estaba bien. —digo, retrocediendo con cautela.
—Si es por un lugar para vivir, puedes quedarte conmigo o puedes ir al orfanato del pueblo; ellos te pueden atender. No deberías meterte en algo tan peligroso. —dice Emma, con una cara aún preocupada.
—Emma, está bien... es algo que quiero hacer. Además, Akeeva mencionó que no podré ser un aventurero hasta pasar las pruebas y también dijeron que eso, incluso con entrenamiento, tardaría a?os.
—Mmmm... aún me preocupa, pero yo también he escuchado eso y si Akeeva lo dice... aunque todavía no me siento cómoda. —responde Emma, inquieta.
Al pronunciar estas palabras, Emma se pone de pie y comienza a mecer a la bebé, su rostro sigue mostrando preocupación. Esa imagen provoca una sonrisa en mi rostro y, con la sutil aceptación de Emma, salgo de la habitación. Antes de partir, lanzo una última mirada hacia la bebé. Salí del cuarto y me dirijo a la salida del hospital. Al llegar cerca de una de las monjas que está curando a una persona con una aura dorada, le pregunto la dirección del lugar donde entrenan a los aventureros. Después de obtener la dirección, me dirijo a ese lugar. Mientras cruzo las nuevas calles, veo a personas vendiendo comida, frutas y otros víveres. Con esa vista, recuerdo que este lugar es uno de los puntos desde donde se distribuyen productos, desde alimentos hasta personas. Cruzando un último callejón, por fin llego al establecimiento. Frente a él, diviso a un par de chicos saliendo. Visiblemente frustrado, uno de ellos dice:
—?Aún no puedo manifestar el mana! Si no lo consigo, no podré avanzar a la última etapa: la prueba escrita; ?carajo!
Cruzando a su lado, el otro chico me lanza una mirada de reojo, llena de desdén, y continúan su camino. Regresando mi vista al lugar, contemplo el campo de entrenamiento detrás del establecimiento. Al cruzar la puerta, me encuentro con un hombre sentado en la recepción, con una expresión de aburrimiento. Al levantarse, el hombre dice:
—?Perdiste a tu mamá, ni?o?
—No, se?or, vengo a preguntar cuáles son los requisitos para poder ser aventurero. —respondo, mirándolo a los ojos.
—?A qué te refieres, peque?o? —pregunta el hombre, con una expresión aún más confundida.
—Lo que dije: quiero saber cuáles son las condiciones que se deben cumplir para poder ser aventurero.
—Claro, ni?o, regresa con tu mamá. —dice el hombre, volviendo a su asiento.
Sin más remedio, doy un largo suspiro. A pesar de mis ideas iniciales, tengo que usar el nombre de Akeeva para poder seguir. Sin querer pensar en las consecuencias, replico:
—Me mandó Akeeva para poder entrenar.
Con estas palabras, el hombre se pone de pie y, con una expresión alarmada, dice:
—Debiste decirlo antes; ven, acompá?ame por aquí. —tropieza y comienza a caminar.
él empieza a explicarme mientras avanzamos hacia el interior de las instalaciones, y con gesto preocupado a?ade:
—Aquí, las personas son entrenadas por instructores. Cada instructor se encarga de un grupo de aventureros. No sé si lo sabes, pero cada grupo tiene magos, sanadores, tanques, atacantes e invocadores... Claro, idealmente, en este lugar se agrupan así, pero obtener el certificado depende mucho de las personas, ya que cada trabajo es diferente. Además, debes pasar una prueba escrita y después completar la prueba en campo abierto. Dime, ?conoces los fundamentos básicos de la magia?
—Sí, me lo ense?aron. Mis padres tenían un entendimiento regular de la magia.
—Bueno, Akeeva te manda; no creo que sea solo un capricho... Entonces, solo deberás hacer unos trámites y, cuando te aprueben, podrás empezar a entrenar tu cuerpo para manejar el mana. Todo eso te llevará más o menos cinco a?os.
—No te preocupes, no planeo tardar tanto tiempo.
Al escuchar esto, el hombre levanta una ceja y sigue explicando las reglas de comportamiento y los trámites necesarios. Finalmente, regresamos a la recepción y me entrega los documentos para rellenar. Al salir del lugar, al ver el cielo, me doy cuenta de que toda la charla me ha consumido el día. Mientras el sol comienza a ponerse, regreso al edificio, pero antes de entrar, Akeeva me llama desde el otro lado de la calle, gritando:
—??Víctor, ya comiste?!
—?Nooooo! —respondo.
—Ven, vamos, yo invito. —dice Akeeva, levantando la mano en un gesto.
Al entrar al restaurante, Akeeva dice:
—Vamos a sentarnos y, de paso, cuéntame qué planeas hacer. —se sienta y me mira expectante.
Al instalarnos en el mismo lugar de la ma?ana, empiezo a decir:
—Me entregaron unos papeles para poder entrar en el entrenamiento y ser aventurero, y tuve que usar tu nombre para poder ser tomado en serio.
—?Aún sigues con eso? Pensé que te arrepentirías después de ver todo lo que implica ser aventurero. —dice Akeeva mientras toma un vaso de agua.
—Pensé que lo intuyas, no me echaré para atrás, no soy de esa clase de persona. —respondo con firmeza.
—Lo sé... supongo que tienes razón, y no te preocupes por mencionarme; mientras sean cosas no tan serias, no importará. Pero bueno, es hora de comer y no te preocupes, resolveré eso de los documentos. ?Ah! Si te preocupan las miradas, es solo cuestión de tiempo para que se acostumbren a tu presencia, ya que no están habituados a alguien inesperado que quiera ser aventurero. —Akeeva pone una expresión aburrida.
—Está bien... también me estaba preguntando por qué me miraban así; ?estás segura de querer ayudarme? Ya has hecho más por mí de lo que deberías. —digo, mirando al suelo.
—Está bien; además, como dije, es una promesa y, después de todo, cuando te conviertas en aventurero, te descontaré todo lo que estás comiendo. —ríe Akeeva de manera siniestra mientras llama a la camarera.
—Se?orita, dennos el menú; es hora de comer.
Al solicitar la comida, comenzamos a comer, y tras ello, no hablamos mucho. Al finalizar, Akeeva me acompa?a a la habitación, diciendo:
—Es hora de dormir; yo me iré a mi casa y no quiero que dejes nada fuera de lugar. —Akeeva se aleja de su habitación.
Al quedarme solo, me recuesto. Recuerdo lo que debo hacer y el tiempo que me tomará; por mucho que desee obtener todo el poder necesario para iniciar mis planes, a pesar de mis deseos o mi conocimiento, todo esto tardará al menos un a?o. Si lo logro, solo me tomará un a?o más para obtener las conexiones necesarias y poder ir donde se abrirá el portal y encontrar a las personas necesarias para detener toda la masacre. Me tomará al menos tres o cuatro a?os más; es tiempo más que suficiente para poder encontrarlo y luego conseguir el primer objeto que cambiará el destino de todos.
Lo recuerdo cuando todo se desmoronó. Yo tenía 17 a?os, estaba dentro de la academia de mi familia. En ese instante, llegaron noticias sobre la destrucción parcial del continente de Eliington; fue un golpe duro en la moral de todos y eso fue solo el inicio de las desgracias. El continente mágico, el continente sagrado, siguieron después, pero a pesar de esa destrucción, personas sobresalientes sobrevivieron.
Sin querer pensar en lo que sucedió después, trato de ordenar mis ideas. Pensar demasiado en el futuro o en lo que aún no ha pasado sería una pérdida de energía. Respiro hondo y lo recuerdo; aún hay algo que se puede hacer aquí, en los alrededores de Guardian. Pasaron peque?os incidentes con los dragones caídos; esos sucesos aún no han pasado, pero si logro descubrir cómo sucedió, podría obtener una pieza de información importante. Con ese pensamiento, una sensación extra?a crece en mi pecho; es igual a cuando recuperé mis recuerdos, o un par de veces más.
Sentándome, trato de hacer ejercicios de respiración para calmarme; pasando ese dolor, digo:
—Serán tiempos complicados. —Con un respiro hondo, esas palabras se me escapan.

