home

search

Capítulo 7: Primer Paso

  ***Punto de vista de Víctor***

  Al llegar a las escaleras, una sensación conocida me invade. Todo mi cuerpo se paraliza al voltear a ver al chico con el que me crucé, saliendo de la oficina. Sin darle mayor importancia por ahora, la sensación desaparece. Bajo las escaleras y veo, detrás de la recepción, a una mujer lactando a un bebé. Frente a ellas, una mujer vestida de monja hace caras extra?as a la ni?a... supongo que es para que se ría. Poco a poco, mi desesperación desaparece y, con ella, disminuyo mi velocidad hasta quedarme quieto. Al detenerme, las dos mujeres se dan cuenta de mi presencia y vuelven su rostro para mirarme. La mujer deja de hacer caras rápidamente y comienza a arreglarse la ropa. Con un suspiro, en un intento por disimular la vergüenza, dice:

  —Hola... buenas noches. Dime, ?qué hace un ni?o aquí a esta hora?

  Mis palabras provocan que mi cara de incomodidad se relaje y respondo:

  —Soy el chico que trajo a la ni?a... cuando me desperté, hablé con Akeeva. Ella me dijo que estaba aquí con... bueno, con ustedes.

  Con esas palabras, la mujer se pone de pie, le da la ni?a a la monja y se despide de ella, marchándose de la recepción. La monja se sienta en la silla que estaba ocupando la nodriza y dice:

  —Bueno, ni?o, tengo entendido que la pasaste mal. Pensé que te quedarías en cama unos días más y luego vendrías a ver a la bebé, pero veo que eres un ni?o bastante fuerte. Dime, ni?o, ?estabas preocupado por la ni?a?

  Con esas palabras, comienzo a acercarme para ver al bebé y respondo:

  —Yo... estaba preocupado. Tengo una promesa que cumplir con esa ni?a.

  —Me alegra que un ni?o tenga tanto sentido de responsabilidad con un bebé... Dime, ?cómo te llamas?

  Acercándome a la cara del bebé, respondo:

  —Mi nombre es Víctor.

  —Víctor, qué bonito nombre para un ni?o tan lindo como tú —dice la monja, acercando la mano para acariciar mi cara.

  Con esa acción, retrocedo un paso, lo que provoca una expresión extra?a en la monja. Ella dice:

  —Lo lamento, soy una monja, me gusta confortar a los ni?os.

  —No te preocupes, casi no estoy acostumbrado a que me acaricien... Dime, ?cómo está la bebé?

  —La bebé está bien, no te preocupes. Ella solo necesita comer y recibir un poco de cuidado de los sanadores, y estará bien. Mi nombre es Emma. Ahora, la ni?a debe descansar; la llevaré al cuarto al lado de la oficina de la se?ora Akeeva.

  Con esas palabras, Emma comienza a subir las escaleras con la bebé. Antes de perderse en las escaleras, dice:

  —Ni?o, deberías descansar. Yo te curé; estás muy fatigado y la ni?a necesita descansar, así que no puedes hacer mucho.

  Emma desaparece por las escaleras y, al asentarse el silencio, mi cuerpo y mi mente reconocen que tiene razón. Al ponerme de pie, empiezo a subir las escaleras y regreso al cuarto, cruzando por donde se encuentra la se?ora Akeeva, quien me dice que llevaron a la ni?a a dormir. Sin darle mayor importancia, me indica que regrese a dormir. Con esa confirmación, cierro la puerta y vuelvo a la cama. En el silencio, mis ojos se cierran y la oscuridad comienza a acogerme. Me pierdo en ella.

  En el fondo de la oscuridad, todo lo que ha pasado se asienta en mi mente: mi hermana Sara, mi familia y lo que vendrá después. Todo comienza a rodearme y, al llegar al límite, la oscuridad se aleja y la conciencia regresa. Al sentarme en la cama, veo que el sol apenas comienza a salir. Sin ganas de regresar a dormir, empiezo a pensar:

  ?Qué debo hacer primero? Al tomar un momento para pensarlo, una idea salta a mi mente: si logro obtener protección de Akeeva, podré entrenar y adquirir un poco del poder que tenía. Y si logro entrar en el gremio de cazadores, podré entrenar mi cuerpo en combate. Y la ni?a... no, ya cumplí mi promesa; la dejé en un lugar seguro. Eso es todo, ese es el final de mi promesa.

  This novel is published on a different platform. Support the original author by finding the official source.

  Al sacudir la cabeza, me pongo de pie y comienzo a salir del cuarto. Akeeva aún no ha llegado a su oficina. Al notar eso, siento un ruidito extra?o salir de mi estómago. Sin pensarlo más, me dirijo a la recepción para buscar algo que comer. Al bajar a la recepción, veo a una chica abriendo y alistando unas cuantas sillas para las personas que llegarán a buscar misiones de aventureros. Al notarme, la chica me pregunta:

  —Tú eres el ni?o, ?verdad?

  —Supongo que sí... ?me podrías decir dónde está Akeeva? —me acerco un poco más a la chica.

  —Akeeva dijo que, cuando te levantaras, fueras al restaurante que está frente a nuestro gremio.

  Con esa confirmación, le agradezco a la chica y me dirijo al restaurante. Al llegar al frente del restaurante, veo un local común con un emblema de un ave, algo parecido a una paloma, junto al nombre "Tesoro". Al analizar un poco más, noto que el cristal que cubre la parte delantera del restaurante es reflejante, un símbolo que probablemente contiene un hechizo que impide ver dentro de él. Sin importar eso, trato de controlar mi respiración. Sin un cuerpo entrenado, todas mis emociones y acciones se dan por impulso, así que debo mantener el control posible sobre mí y obtener el mejor resultado en la conversación que se desarrollará a continuación. Con esa idea, entro al restaurante.

  Al ver las sillas y a las personas comenzando a comer, busco a Akeeva, quien está sentada cerca del cristal, en dirección a la calle. Al llegar frente a ella, Akeeva dice:

  —Ni?o, sabía que te despertarías temprano. Por favor, siéntate.

  Con esas palabras, Akeeva hace una se?al para que me siente enfrente de ella.

  —Gracias, Akeeva. Dime, ?para qué me mandaste a llamar?

  —Quería continuar con la conversación de ayer, ya que veo que estás mucho mejor de lo que te veías ayer. —Akeeva alza una ceja y me se?ala con el dedo de manera teatral, como si fuera un juego.

  —?Qué necesitas saber? Ya te dije lo que pasó.

  —No todo... quiero saber quién eres tú. Solo un ni?o de granja que vino a Guardian en busca de un mejor futuro y que, casualmente, logró no solo sobrevivir a un explorador de ogros, sino que lo mató. Es una historia difícil de creer, así que si no quieres que mis sospechas crezcan, dime toda la verdad. —Akeeva se inclinó un poco en mi dirección y usó una mirada severa para acentuar la seriedad de sus palabras.

  Con esa mirada, supe que si mentía no saldría vivo de aquí o no obtendría nada de ella. Lo único que podría hacer era contar la verdad... bueno, al menos parcialmente. Sabía que la destrucción de mi familia sería un tema de dominio público y que los rumores sobre el porqué ya estarían circulando, así que no me quedaba de otra más que usar eso.

  —Soy un ni?o que estaba siendo entrenado por la familia Dane, pero con lo que pasó, solo unos pocos logramos salir y aun menos sobrevivimos. —Para acentuar mi versión, agacho la mirada y coloco la cara más afligida posible.

  —...bueno, eso suena un poco más creíble. He oído que esa familia acepta a ni?os de cualquier lado, solo con la condición de que les sirvan. Y dime, ?tu familia?

  —Mi familia era parte de uno de los barrios pobres que rodean la frontera de la ciudad santa, y mi hermana sí estaba conmigo, pero no sé si sobrevivió.

  —Bueno, eso suena un poco más creíble que lo otro. Y en contra de lo que puedas creer, si yo pude averiguar tu historia, te aseguro que él sabía que lo que decías no era cierto. —Ella coloca una mano sobre su barbilla y una sonrisa burlona se presenta sin esfuerzo.

  —?De qué hablas?

  —Lo que dije: él debió saber que lo que decías era mentira. Supongo que te aceptó por alguna razón; él era ese tipo de persona... de las que no dejan a ni?os a su suerte sin importar qué esté pasando, es una manía que cualquiera, incluso yo, respetaba.

  Con esas palabras, una mirada de sorpresa surge en mí. Con esa expresión, ella ríe y prosigue:

  —Así es, ni?o... no eres tan listo como crees, por lo menos... aun no. Ahora bien, dime, ?vas a buscar a tu hermana o cuál es el plan?

  —Yo... quería saber si me dejarías quedarme y poder ser aventurero.

  Con una cara de asombro, ella dice:

  —Claro.

  Con una mirada de sorpresa, como si todo me estuviera saliendo como yo quería, digo:

  —?En serio?

  —No. Si él no dejaba a ni?os en la calle, yo no mando a ni?os a morir. Además, los que quieren ser aventureros deben pasar por algunas pruebas para poder ser nombrados aventureros y obtener misiones con respecto a sus rangos.

  —?Y si consigo pasar las pruebas?

  —Entonces supongo que no tendré más objeciones, pero eso te tomará a?os; se necesita todo para comenzar como aventurero: el cuerpo, la mente, conocimiento y mana.

  —No te preocupes por eso... y sobre mi estadía.

  —No te preocupes, yo soy de palabra. Te protegeré, pero si consigues trabajo, descontaré lo que consumas. —Esas palabras hacen que una sonrisa burlona surja en ella.

  —No te preocupes, tampoco me quedaré siendo un ocioso.

  —Yo tampoco te imaginaba como un ocioso... y... ?qué harás con tu hermana?

  —...

  —Bueno, supongo que eso no es mi problema ahora. Creo que es hora de comer. —Hace un movimiento de manos.

  Con esta acción, un montón de platos son puestos frente a nosotros y ella dice:

  —Si no te molesta, pedí comida por ambos... come; si quieres hacer lo que me dijiste, necesitas alimento.

  —Gracias.

  Con una sonrisa y saliva saliendo de mi boca, comienzo a comer sin importar la mirada rara que brota de Akeeva. Al terminar, le digo:

  —Gracias... ?me podrías decir dónde está la ni?a? Quisiera verla y ?hay algún lugar para entrenar?

  —Eres muy descarado, ni?o. La ni?a está en el hospital de la ciudad; ella necesitaba cuidados por el viaje agitado. Se encuentra a dos calles a partir de aquí, y de allí puedes preguntar dónde está el lugar de entrenamiento para los futuros aventureros.

  Poniéndome de pie, me inclino y digo:

  —Gracias, me iré ahora.

  —Sí, sí, sí, yo pediré algo para comer. —Alza una ceja mientras dice estas palabras.

  ***Perspectiva de Akeeva***

  Ese ni?o sale corriendo del restaurante sin ninguna vergüenza por todo lo que ha comido. Al salir de mi estupor, el mesero comienza a recoger los platos de la mesa. Detrás de él, aparece Sylqu con una mirada confusa y dice:

  —?Se quedará? —Se sienta frente a mí.

  —Supongo que cumpliré la promesa que hice con un viejo amigo.

  —?Crees en todo lo que dijo?

  —No todo tiene sentido, pero supongo que es algo... además, si mi amigo le confió su hija a ese ni?o, él tiene algo especial sin importar las circunstancias.

  —?Incluso al borde de la muerte?

  —Antes de la muerte, él aceptó que los acompa?ara, y además, su mirada.

  —?Qué tiene su mirada?

  —Su mirada es igual a la que él y yo teníamos: una mirada llena de rencor y dolor.

  Con esas palabras, el mesero trae un café y un té a Sylqu. Con esta acción, el aire de melancolía se aleja y Sylqu responde:

  —Supongo que eres mucho más sentimental de lo que aparentas. —Una mirada burlona surge de él.

  —No discutiré eso, pero mejor no le cuentes a nadie o te las verás conmigo. Jajaja.

  Con una leve risa nerviosa, él comienza a tomar su té y yo miro a la calle para alejar los pensamientos de los días de aventureros que viví con Benicio.

Recommended Popular Novels