home

search

Capítulo 25 - El Ataque a la Aldea

  La primera luz del alba encontró a Martín en el límite del bosque, no lejos del claro que aún mostraba la cicatriz de su experimento. El cansancio del día anterior, intensificado por la noche en vela, pesaba sobre él. Pero la conversación con Gorak, la promesa de un nuevo aprendizaje, había encendido una chispa de determinación.

  Intentó hacer lo que Althaea le había mostrado. Cerró los ojos, respiró hondo, y buscó sentir la energía del bosque. Pero, como siempre, solo vio el código. Frustrado, abrió los ojos. Vio los hilos de luz verde esmeralda, las runas zumbantes... pero nada más.

  Sacó el disco de metal, preguntándose si podría ayudarlo a sentir, no solo a ver. Pero antes de que pudiera siquiera formular una idea, un sonido lo sobresaltó.

  Un gru?ido. Bajo, gutural, pero inconfundible.

  "?Listo, humano?", la voz grave de Gorak lo sacó de sus pensamientos.

  Martín asintió, guardando el disco a rega?adientes. "Listo."

  Gorak lo observó. "Hoy... no ver. Hoy... sentir."

  Lo condujo a una zona más densa del bosque. Comenzaron con ejercicios de respiración. Martín intentaba imitar el ritmo de Gorak, el sonido del viento, pero su mente seguía distraída.

  "No... pensar", le corrigió Gorak. "Sentir. Bosque... habla. Tú... escuchar."

  Le pidió que tocara diferentes árboles. Que sintiera la corteza, la savia, el pulso de la vida.

  Martín cerraba los ojos, se concentraba, pero seguía viendo el código. Podía aislar las runas, identificar las funciones, pero no sentía la conexión.

  "?Por qué... no puedo?", preguntó, frustrado. "?Por qué solo... veo?"

  Gorak se encogió de hombros. "Hombres Bestia... nacen con bosque. Tú... naces con... otra cosa. Sentir... no es fácil. Toma... tiempo."

  Siguieron practicando. Gorak le ense?ó a identificar plantas, no por sus propiedades, sino por la sensación que producían, por el zumbido de su energía. Le mostró cómo seguir el rastro de un animal, no solo por las huellas, sino por la perturbación en el aire.

  Martín se esforzaba, pero la frustración crecía. Podía ver el código, analizarlo, pero no conectarse a él como Gorak. Y ahora, además, sentía un leve dolor de cabeza, un eco de la visión perturbadora que había tenido antes, esa aldea en llamas, esos gritos… el disco vibró con mas fuerza.

  De pronto, un grito desgarrador rompió el silencio.

  Gorak se puso en guardia. "Kharash (peligro)", gru?ó.

  Otro grito, más cercano. Y luego, el sonido de una batalla.

  "?Tarnak (aldea)!", exclamó Gorak, y echó a correr.

  Martín lo siguió, con miedo y determinación. La visión, el dolor de cabeza, la vibración del disco... todo quedó atrás ante la urgencia.

  Al llegar, la escena era caótica. Bandidos humanos, acompa?ados por Goblins de las Sombras, habían atacado por sorpresa. Los pocos guerreros que quedaban, jóvenes y ancianos, luchaban con valentía, pero estaban siendo superados. El líder buscaba algo entre las casas.

  "?Lin! (?Ayuda!)", gritó Renn, rodeado por tres bandidos, con una lanza rota.

  Gorak rugió y se lanzó al ataque. Pero Martín vio que Althaea, Borak y la mayoría de los guerreros no estaban.

  Una anciana corrió hacia Martín. "Ua... infanon (agua... ni?os)", balbuceó, se?alando a un grupo de ni?os y ancianos acorralados.

  Entendió al instante. Debía proteger a los vulnerables.

  "?Ve!", gritó a los jóvenes defensores. "?Protejan a los demás!"

  Corrió hacia el pozo, interponiéndose. Al ver que había humanos, pensó que quizás podría razonar con ellos. Recordó el ataque anterior, y como los atacantes eran humanos... Quizás, si les explicaba...

  "?Alto! ?Ne (no) ataquen! ?Solo... ni?os! ?Lin (ancianos)!", intentó, en su vacilante Varyan.

  Pero los bandidos, con cicatrices y miradas crueles, y los goblins, con ojos rojos, no se detuvieron. El líder, un hombre corpulento con una cicatriz que le cruzaba el rostro, se rio.

  "?Fuera de nuestro camino, forastero! ?Buscamos esclavos, y esos ni?os nos serán muy útiles!" Dejando en claro que no era un simple ataque, si no que buscaban algo en especifico.

  Martín sintió ira. No podía permitir que los da?aran. Intentó usar la magia, visualizar el código, crear una barrera. Pero la energía se dispersó, inútil.

  "Acceso denegado", pensó. No puedo usar la magia del bosque.

  El líder se acercó, con una espada oxidada. "Te lo advertí."

  Martín se preparó para luchar cuerpo a cuerpo. Recordó las lecciones de Althaea, los movimientos de Gorak. Intentó aplicarlos, usando el disco como escudo y su agilidad.

  Pero eran demasiados. Derribó a uno con un pu?etazo, a dos con una patada, esquivando y bloqueando, pero pronto se vio superado.

  Un goblin saltó sobre su espalda. Martín se giró, usando el disco como escudo. El cuchillo rebotó, pero el impacto lo desequilibró.

  Cayó. El líder se acercó, sonriendo. "Parece que el forastero no es tan duro."

  Una flecha lo alcanzó en el costado. Intentó levantarse, pero el dolor y el cansancio se lo impidieron.

  Y entonces, algo se rompió. Frustración, miedo, ira... todo se mezcló.

  "?Basta!", gritó, un grito desgarrador de dolor, frustración y enojo.

  Y entonces, sintió.

  No vio el código. Sintió una energía oscura, poderosa, surgiendo de su interior. Una energía ajena al bosque.

  Un aura rojiza lo envolvió. Sus ojos brillaron con un fulgor carmesí. Su rostro se contrajo en una mueca de furia, y venas oscuras se marcaron bajo su piel, palpitando con la energía oscura. Su cabello se erizó, como si una corriente eléctrica lo atravesara. El aire a su alrededor se cargó de estática, y el disco de metal en su bolsillo vibró con fuerza, casi quemándole la piel.

  "?Bosque!", rugió, con voz distorsionada. "?Por qué... ignoras...? Ellos... sufren. Ellos... mueren."

  El silencio cayó. Los atacantes retrocedieron, asustados. Los goblins de las sombras, aunque sorprendidos, se miraron entre sí con ojos brillantes. Uno de ellos incluso gru?ó algo en su idioma gutural, como si estuviera evaluando la nueva amenaza... Los aldeanos lo miraban con horror.

  No el bosque..., susurró una voz en su mente, fría y antigua. Ellos... los que destruyen... Yo te daré... poder. Venganza...

  Martín sintió la energía oscura invadiéndolo, ofreciéndole fuerza, prometiéndole retribución. Ellos..., pensó, confundido. ?Quiénes?

  Imágenes borrosas, rápidas, violentas, asaltaron su mente. Vio una aldea en llamas, hombres con antorchas... Vio ni?os llorando, ancianos suplicando... Su aldea. La aldea de los Hombres Bestia, destruida hacía a?os.

  No..., intentó decir Martín, luchando.

  Pero la voz era más fuerte. ?Destruyeron! ?Venganza!. Ellos volverán a atacar… debes proteger a los débiles…

  La energía oscura le dio una fuerza inimaginable. Se levantó, ignorando el dolor, y atacó.

  Sus pu?os, envueltos en el aura rojiza, golpeaban con la fuerza de un martillo y con una velocidad y precisión sobrenaturales. Derribó a un bandido, luego a otro, con golpes certeros. Los goblins, a pesar de su sorpresa inicial, reaccionaron con una mezcla de miedo y excitación, profiriendo gritos y gru?idos en su idioma gutural.

  El líder, pálido, retrocedió. "?Qué... eres?!"

  "Yo... soy... venganza", rugió Martín.

  Se abalanzó, pero el bandido esquivó el ataque y contraatacó. La espada rozó a Martín, pero la herida se cerró al instante.

  La lucha fue brutal. Martín, impulsado por la furia y el poder del espíritu, destrozó las defensas del bandido, conectando golpes con una fuerza descomunal. Lo derribó.

  —"Por favor... no"—, suplicó el bandido, arrastrándose por el piso, dejando un rastro de sangre a su paso.

  —"Matas a los débiles y a quienes suplican"—, dijo Martín, con la voz del espíritu resonando en cada palabra. —"Parece que no comprendes cómo funcionan las cosas. Has perdido el derecho a la misericordia por tus propias acciones"—.

  Y, con un grito de rabia, lo remató con un golpe brutal.

  El silencio volvió. Los pocos atacantes que quedaban huían. Los aldeanos observaban a Martín con alivio y horror.

  De pronto, sintió pasos. Se giró, con los pu?os apretados, listo para atacar.

  Eran Althaea, Borak y los guerreros. Regresaban.

  Althaea se detuvo, con los ojos muy abiertos. "?Martín...?", susurró.

  Pero Martín, confundido y superado por el espíritu, no los reconoció. Enemigos, pensó. Más enemigos.

  Se preparó para atacar, con el cuerpo vibrando con energía oscura.

  Althaea, Borak y el resto de los guerreros Hombres Bestia que habían regresado, se encontraron con una escena dantesca: Martín, envuelto en un aura rojiza y con los ojos inyectados en sangre, estaba en medio de un círculo de cuerpos, con los pu?os cerrados y en posición de combate, su cuerpo vibraba por la extra?a energía. Los pocos bandidos y goblins que quedaban huían despavoridos, dejando atrás a sus compa?eros caídos.

  The tale has been taken without authorization; if you see it on Amazon, report the incident.

  La presencia de Martín era opresiva. Los guerreros más jóvenes sentían un escalofrío recorriéndoles la espalda, y les costaba respirar, sintiendo una presión en el pecho, los más experimentados apretaban con fuerza sus armas, intentando controlar el temblor de sus manos. El aire a su alrededor parecía vibrar con una energía antinatural.

  Sin perder un segundo, Althaea, Borak y los guerreros se desplegaron, formando un círculo alrededor de Martín. No querían hacerle da?o, sabían que ese no era el humano que conocían, pero no podían permitir que siguiera atacando. La prioridad era proteger a los aldeanos, y luego, intentar ayudar a Martín.

  —"?Martín! ?Somos nosotros!"—, gritó Althaea, con la voz llena de angustia, intentando penetrar la barrera de furia que lo cegaba. —"?Tarnak! ?Lin! ?Detente!"—.

  Pero Martín, ahora completamente dominado por el espíritu de venganza, solo emitió un gru?ido gutural. Sus ojos, de un rojo intenso y antinatural, se fijaron en Borak, como si lo identificara como la mayor amenaza.

  Con una velocidad que contradecía su agotamiento previo, Martín se lanzó al ataque. No usó la lanza, la cual se le había caído. Sus pu?os, ahora envueltos en el aura rojiza.

  Borak, un guerrero experimentado, reaccionó por puro instinto. Levantó los brazos para protegerse, pero el golpe de Martín fue como el impacto de un ariete. Sintió el dolor en sus antebrazos, y la fuerza del impacto lo hizo retroceder varios pasos.

  —"?Está fuera de sí!"—, exclamó Borak, retrocediendo, con el rostro ensombrecido. —"?No responde a la razón! ?No es él!"—.

  Los guerreros intentaron inmovilizarlo, lanzando redes y cuerdas, pero Martín, imbuido con la fuerza y la agilidad del espíritu vengativo, las esquivaba, o simplemente las rompía con la fuerza bruta de sus golpes.

  Althaea intentó acercarse, hablando en Varyan, usando su nombre, recordándole su conexión, pero Martín no parecía escucharla.

  —"?Por qué...?"—, murmuró Martín, en un breve instante de lucidez. El aura rojiza parpadeó, y sus ojos, por un segundo, recuperaron su color. —"?Por qué... ataco...?"—.

  Pero el espíritu, sintiendo que su control se debilitaba, reaccionó con furia.

  "?Ellos... son... el enemigo!", rugió la voz del espíritu en su mente. "?Destruyeron... nuestro hogar! ?Mataron... a nuestra gente! ?Venganza!".

  Y, con un grito desgarrador que no era de Martín, se abalanzó sobre Borak.

  Un joven guerrero, se abalanzó sobre él intentando inmovilizarlo, pero Martín lo esquivó y contratacó con una serie de pu?etazos, rápidos y precisos, en puntos vitales, dejándolo en el suelo.

  Otro guerrero, más experimentado, intentó sujetar a Martín por la espalda, pero este se giró y lo golpeó en el pecho con una combinación de golpes, dejándolo sin aliento y haciéndolo caer de rodillas.

  La situación era desesperada. Martín, poseído por el espíritu, era una amenaza incontrolable. Los Hombres Bestia, aunque superados en número, comenzaban a plantearse una terrible decisión.

  —"?No podemos contenerlo!"—, gritó uno de los guerreros, con desesperación. —"?Nos superará!"—.

  —"?Debemos detenerlo... a cualquier costo!"—, a?adió otro, con la mirada ensombrecida.

  Althaea, al escuchar esto, sintió que la desesperación la invadía. No podía permitir que mataran a Martín.

  —"?No!"—, gritó, interponiéndose entre los guerreros y Martín. —"?él no es así! ?Hay que ayudarlo!"—.

  Pero Borak, con el rostro ensombrecido, la apartó con suavidad.

  —"Althaea... él... está perdido"—, dijo, con voz grave. —"Si no lo detenemos... matará a más... incluso a los ni?os"—.

  Althaea negó con la cabeza, con lágrimas en los ojos. No podía aceptar esa idea.

  Antes de que la situación llegara a un punto crítico, el chamán anciano, Rokan, que había llegado con el grupo, intervino. Había estado observando la escena en silencio.

  —"?Deténganse!"—, exclamó, con una voz que silenció a todos. —"?No es él! ?No es Martín quien ataca!"—.

  Todos los ojos se volvieron hacia el chamán, incluyendo los de Martín, que por un instante, parecieron recuperar un atisbo de su color marrón.

  —"?Qué quieres decir, viejo Rokan?"—, preguntó Borak, jadeando.

  —"Su cuerpo... sí"—, respondió Rokan, se?alando a Martín. —"Pero su mente... su espíritu... no es suyo. Está... poseído. Un espíritu antiguo... lleno de rencor... de venganza..."—.

  La revelación del chamán cambió la dinámica de la lucha. Los Hombres Bestia, aunque aún temerosos, comprendieron que no estaban luchando contra Martín, sino contra una fuerza que lo controlaba.

  —"?Poseído?"—, repitió Althaea, con una mezcla de horror y esperanza. —"?Cómo...? ?Cómo lo detenemos?"—.

  —"Debemos contenerlo", dijo Rokan, con firmeza. —"No podemos... matarlo. Su cuerpo es fuerte, la vasija perfecta para este espíritu, pero su mente... su propia esencia... lucha. Debemos darle tiempo. Debemos... debilitar al espíritu"—.

  Los guerreros, aunque reacios a bajar la guardia ante un Martín enloquecido, asintieron. La orden del chamán era clara. Cambiaron de táctica. Ya no buscaban desarmarlo, herirlo o someterlo por la fuerza. Ahora, su objetivo era inmovilizarlo, contenerlo, darle a Rokan la oportunidad de actuar, de intentar liberar a Martín del espíritu que lo poseía.

  Intentaron rodearlo, no atacando, sino formando una barrera con sus cuerpos, intentando acorralarlo, limitar sus movimientos. Pero Martín, impulsado por la energía oscura que lo poseía, se movía con una velocidad y una fuerza que desafiaban la lógica.

  —"?Por qué...?"—, murmuró Martín, en un breve instante de lucidez. El aura rojiza que lo envolvía parpadeó, y sus ojos, por un segundo, recuperaron su color marrón. Podía sentir el dolor de los golpes que recibía, la energía oscura quemándole por dentro, la confusión y el miedo de sus propios amigos. —"?Por qué... ataco...? Yo... no quiero..."—.

  Pero el espíritu, sintiendo que su control se debilitaba, reaccionó con furia.

  "?Ellos... son... el enemigo!", rugió la voz del espíritu en su mente, una voz fría, antigua, llena de odio y dolor. "?Destruyeron... nuestro hogar! ?Mataron... a nuestra gente! ?Venganza! ?Deben pagar!".

  Y, con un grito desgarrador que no era de Martín, sino del espíritu que lo poseía, se abalanzó sobre Borak, el más cercano, el más fuerte, el que representaba la mayor amenaza.

  En ese momento crítico, un dolor agudo, como un rayo, atravesó el cuerpo de Martín. Una punzada intensa que pareció surgir de la nada, seguida por una ola de energía oscura que se expandió desde su interior.

  Martín, sin poder controlarlo, con la vista nublada, sintió como su cuerpo, buscaba algo para seguir luchando, se abalanzó sobre un cuerpo caído, buscando de forma desesperada una forma de seguir en batalla. Sin importarle que el cuerpo, fuera de un goblin de las sombras, absorbiendo su energía vital, notando que el cuerpo sin vida se iba marchitando rápidamente.

  La lucha llegó a su clímax. Los Hombres Bestia, a pesar de sus heridas, no cedían. El chamán intensificaba su cántico, y la madre de Althaea se preparaba para intervenir.

  Martín, con los pu?os en alto, se preparaba para atacar a Althaea, que intentaba mantener la distancia.

  —"?Martín, basta!"—, gritó ella, con lágrimas en los ojos. —"?No eres tú! ?Lucha!"—.

  —"??Por qué defiendes a los que dejan morir a los suyos!?"—, gritó con voz distorsionada, antes de escuchar el grito de uno de los ni?os.

  Martín se detuvo. ?Qué... estoy... haciendo?, logró pensar.

  "?Venganza!", rugió el espíritu.

  El chamán recitaba palabras en Sylvian, que resonaban con energía.

  Althaea dio un paso al frente decidida a detenerlo.

  No, pensó Martín. Ellos... amigos...

  Recordó a Althaea, sonriendo. A Gorak. A los ni?os...

  Yo... no soy... venganza, pensó.

  —"?Por qué...?"—, susurró, con su propia voz. —"?Por qué atacas... a ellos? Ellos... no... lin (familia)..."—.

  El espíritu rugió en su mente, pero su voz era más débil. Martín sintió que la oscuridad retrocedía.

  Con un grito de dolor y liberación, rechazó la energía oscura.

  El aura rojiza se extinguió. Sus ojos recuperaron su color.

  Sintió que la oscuridad se desvanecía cuando cayó al suelo, derrotado.

  Sintió como el espíritu, antes de poder volver a controlarlo, era arrastrado hacia el amuleto de madera, donde quedó sellado.

  Se desplomó, exhausto, herido, pero libre. El amuleto de madera que Talia le había dado, antes fuertemente atado a su cinturón, brillaba ahora con una luz rojiza y pulsaba con un calor antinatural.

  Althaea y Gorak corrieron hacia él, con el rostro lleno de alivio y preocupación.

  —"?Martín!"—, exclamó Althaea, arrodillándose a su lado. —"?Estás... estás bien?"—.

  Martín intentó hablar, pero solo pudo asentir débilmente. Sentía el cuerpo entumecido, la mente confusa, y un profundo agotamiento que iba más allá de lo físico.

  Gorak observó el amuleto de Martín, que ahora brillaba con una luz rojiza y pulsaba con un calor antinatural. Frunció el ce?o, reconociendo la energía oscura que emanaba de él.

  —"Espíritu... atrapado"—, murmuró. —"Amuleto... fuerte"—.

  Althaea ayudó a Martín a incorporarse, con cuidado. Los aldeanos, aún temblorosos, se acercaron, observando la escena con una mezcla de alivio y cautela.

  —"Llévenlo a la caba?a"—, ordenó Gorak. —"Necesita... descansar. Y... Rokan debe verlo"—.

  Mientras dos Hombres Bestia lo llevaban en volandas, Martín miró hacia atrás, hacia el claro donde había luchado.

  Althaea, al notar la mirada de Martín, se acercó a su madre, que estaba de pie, observando la escena con una expresión indescifrable.

  —"Madre... ?qué fue eso?"—, preguntó Althaea, con voz temblorosa.

  La madre de Althaea suspiró. —"Un espíritu antiguo, lleno de rencor y venganza"—, respondió. —"Atrapado en el amuleto... buscando un huésped"—.

  —"?Y Martín...?"—.

  —"él... luchó"—, dijo la madre de Althaea. —"Lo rechazó. Pero... no será fácil. La oscuridad... deja su marca"—.

  Althaea asintió, sintiendo una profunda preocupación por su amigo.

  "?Crees que el esta bien, que no le afectara?"

  Su madre hizo una mueca —"Es fuerte... pero esa magia con la que el invoca, esa energía... es diferente. No se como le afecte."

  Volviendo a Martin. Este se sentía una mezcla de agotamiento y confusión se apoderó de él, dejándolo al borde de la inconsciencia, solo podía pensar en que ahora, más que nunca, debía aprender a controlar esa nueva y peligrosa conexión con la magia, antes de que fuera demasiado tarde."

  Dos Hombres Bestia lo llevaron con cuidado a la caba?a y lo recostaron sobre las pieles. Althaea se quedó a su lado, observando su rostro pálido y sudoroso, las marcas oscuras que aún se extendían bajo su piel, como un recordatorio de la energía oscura que lo había poseído.

  —"Anai (amigo)...", susurró, con voz suave. —?Qué ha pasado...?—.

  Martín abrió los ojos, confundido. Recordaba fragmentos de la lucha, la furia, la voz del espíritu... pero todo era borroso, como un mal sue?o.

  —"Yo... no sé"—, murmuró, con voz ronca. —"Algo... me controló. Una voz... hablaba de... venganza"—.

  Althaea asintió, recordando las palabras del chamán. —"Un espíritu antiguo"—, dijo. —"Lleno de... kharash (peligro). Pero... tú luchaste. Lo... expulsaste"—.

  —"Intenté... usar la energía del bosque"—, explicó Martín, con dificultad. —"Como... me ense?aste. Pero... no funcionó. Solo... veía el código. Y luego... esa voz... esa furia..."—.

  Althaea le tomó la mano, con un gesto de comprensión. —"Descansa, Martín. Ya... hablaremos"—.

  Martín cerró los ojos, agotado. Pero su mente seguía activa, repasando los eventos, las imágenes, las sensaciones. La aldea en llamas... los gritos... la voz del espíritu...

  ?Quiénes eran "ellos"?, se preguntó. ?A quién buscaba vengar el espíritu?

  Recordó el amuleto de Talia, ahora vibrando y emitiendo un calor extra?o en su cuello. ?Tendrá algo que ver?, pensó. ?Será el amuleto la prisión del espíritu?

  Una nueva oleada de preguntas y dudas lo asaltó. ?Podría volver a ser poseído? ?Cómo controlaría esa energía oscura? ?Qué significaba todo esto para su futuro en este mundo?

  Mientras Martín yacía en la caba?a, sintiendo el peso del cansancio y la confusión, una mezcla de alivio y temor se extendía por la aldea. Los aldeanos, que habían presenciado la posesión y la lucha, estaban conmocionados.

  Algunos, como Arven y Maedra, que habían visto la bondad y la utilidad de Martín, sentían compasión por él y esperaban su recuperación. Otros, como Kaern y Lhawra, seguían desconfiando, viendo en él una amenaza latente.

  Los ni?os, Renn, Kael y Lyra, estaban especialmente afectados. Habían visto a Martín, a quien empezaban a considerar un amigo, transformado en una criatura aterradora.

  Althaea, sentada junto a la cama de Martín, compartía sus propias preocupaciones con Gorak, quien había insistido en permanecer cerca para vigilar.

  —"?Crees que estará bien?"—, preguntó Althaea, con voz baja.

  Gorak frunció el ce?o. —"Es fuerte... pero la posesión... deja marca. Y ese espíritu... era poderoso"—.

  —"?Sabes algo de él?"—, preguntó Althaea. —"El chamán dijo... un espíritu antiguo"—.

  —"Espíritus de venganza... nacen de gran dolor", dijo Gorak. —"De... injusticia. Hace muchos a?os... esta aldea... fue atacada. Muchos... murieron. Quizás... espíritu de esa época"—.

  Althaea asintió, comprendiendo. La historia de la aldea, el ataque que había marcado a su gente... todo cobraba un nuevo y terrible significado.

  —"Pero Martín... él no es así"—, dijo Althaea. —"él no es... vengativo"—.

  —"Espíritu... usa lo que hay"—, respondió Gorak. —"Furia... frustración... miedo. Todo... se mezcla. Pero... Martín luchó. Eso... es importante"—.

  Althaea miró a Martín, que seguía inconsciente, con el rostro pálido y las marcas oscuras desvaneciéndose lentamente. Sintió una profunda tristeza, pero también una renovada determinación.

  —"Debemos ayudarlo"—, dijo. —"Aprenderá. A controlar... a sentir. Como tú dijiste"—.

  Gorak asintió. —"Sí. Pero... con cuidado. Magia... diferente. Peligrosa"—.

  Se hizo el silencio en la caba?a, roto solo por la respiración agitada de Martín y el lejano sonido de los aldeanos, que comenzaban a reparar los da?os del ataque.

  La posesión de Martín había dejado una marca, no solo en él, sino en toda la aldea. Había reavivado viejos temores, había abierto nuevas preguntas, y había puesto a prueba la frágil confianza que habían depositado en el forastero.

  Pero también, quizás, había abierto un nuevo camino. Un camino de aprendizaje, de comprensión, y de posible alianza entre dos mundos diferentes, dos formas diferentes de entender la magia.

  Un camino que, sin duda, estaría lleno de desafíos.

  Martín se removió en su sue?o, y un murmullo escapó de sus labios.

  —"No... venganza..."—.

  Althaea le acarició el cabello, con un gesto protector.

  —"Lo sé, anai (amigo)"—, susurró. —"Lo sé"—.

  Y en ese momento, supo que, pasara lo que pasara, ella estaría a su lado.

  Martín ya no es solo un extranjero que quiere aprender.

  Ahora es alguien con un secreto que asusta, y un poder que ni él entiende.

  La aldea ya no puede ignorar lo que es. Ni él puede esconder lo que lleva dentro.

  No solo del protagonista, sino de la confianza que lo rodeaba.

  Y esa grieta… es solo el comienzo.

Recommended Popular Novels