"?Ua...?", escuchó una voz suave a su lado.
Althaea estaba en la entrada, sosteniendo un cuenco humeante con una infusión. Le ofreció una leve sonrisa.
"?Cómo... sientes?", preguntó en Varyan, utilizando las pocas palabras que Martín había aprendido, a la vez que le alcanzaba el cuenco.
"Mejor... danko (gracias)", respondió Martín, se?alando la cicatriz que, aunque visible, mostraba una notable mejoría. Pero su mente ya estaba en otra parte. Una idea, nacida de la desesperación y la observación, comenzaba a cristalizarse. "Althaea... magia... ?como código?", preguntó, se?alándose primero la cabeza y luego su propia cicatriz, recordando cómo había percibido el flujo de energía en el pozo y en el árbol.
Althaea ladeó la cabeza, sin comprender del todo, pero con curiosidad en sus ojos ámbar. "Magia... Silvan... vida," dijo, tocando una peque?a planta que crecía junto a la entrada. Luego, con un gesto que Martín interpretó como preocupación, a?adió: "Pero... magia Silvan... a veces de árbol, de tierra... no solo de lin" (persona/cuerpo)." Como dando a entender, que se toma prestada del bosque.
"Entiendo", dijo Martín, utilizando un poco mas de palabras de las que usaba habitualmente. "Magia necesita ua... energía. ?Del cuerpo... o del bosque?".
Althaea asintió. "Bosque... fuerte. Da... si pedimos. Pero... tiene precio."
Martín asintió, absorbiendo la advertencia. La imagen de la vegetación marchita tras su anterior intento de manipular la energía del pozo aún estaba fresca en su mente. No podía, no debía, repetir ese error. "Necesito... probar," dijo, con dificultad, buscando las palabras en Varyan. "No aquí. Afuera..."
Althaea lo observó, evaluando su estado. Parecía débil, pero había una determinación en sus ojos que la tranquilizó a medias.
"Ten cuidado, humano," dijo finalmente. "Bosque... escucha. No... tomes demasiado."
Martín asintió. Si la magia es como un programa, pensó, entonces puedo modificarla, crear instrucciones. Recordó cómo Althaea curaba, usando la dama y canalizando energía. Quizás pueda combinar mi conocimiento con el suyo.
Mientras salía de la aldea, la frase de Althaea resonaba en su mente: "No tomes demasiado". Debía ser prudente, consciente del costo. Buscó un lugar apartado, no solo para evitar miradas indiscretas, sino para minimizar el impacto de su experimento. Se adentró un poco en el bosque, hasta un peque?o claro ba?ado por el sol, lejos de los árboles más grandes y de cualquier sendero visible. Se sentó con las piernas cruzadas, respirando profundamente, intentando calmar el nudo de ansiedad que se le había formado en el estómago.
Al principio, solo percibía las sensaciones físicas: la brisa, el aroma a tierra húmeda, el canto de los pájaros. Pero, poco a poco, algo más se manifestó. Un cosquilleo en las yemas de los dedos, una calidez en el pecho, una vibración.
Abrió los ojos y vio tenues hilos de luz verde esmeralda, como un circuito vivo, conectando la hierba, las rocas, los árboles. El código, pensó. Está en todas partes.
Sacó el disco de metal. Sentía que actuaba como una lente, amplificando su percepción. Extendió la mano, no buscaba tocar nada físico, sino la energía misma.
Primero, decidió experimentar con algo simple. Visualizó una peque?a flor silvestre, mustia y agachada. En su mente, la imagen de la flor se superpuso al código, y pudo ver cómo los hilos de luz que la atravesaban eran débiles, casi apagados.
Intentó "escribir" en su mente, no con letras, sino con visualizaciones. Imaginó un peque?o hilo de luz verde extendiéndose desde su mano hacia la flor, buscando una runa específica. Pero la luz se dispersó, y la flor permaneció igual.
"Error de sintaxis", pensó, sintiendo una punzada de frustración. ?Estoy usando el comando equivocado? ?Necesito definir mejor el objetivo? Un leve dolor de cabeza comenzaba a pulsar en sus sienes.
Usó el disco. Lo colocó cerca de la flor y se concentró. El disco aisló una sección del código, como si resaltara una línea específica en un programa. Vio una runa que parpadeaba débilmente, como una variable no definida. Emitía un zumbido bajo y errático, como un motor que intenta arrancar pero no puede.
La runa de "vitalidad"... está casi apagada.
Visualizó la runa e imaginó un comando simple: aumentar. Imaginó el hilo de luz desde su mano fluyendo hacia la runa, como si estuviera introduciendo un valor en una variable.
La runa brilló un instante, y la flor se enderezó ligeramente. Un peque?o avance, pero no suficiente. La euforia del éxito fue rápidamente reemplazada por la duda. ?Y si no lo consigo? ?Y si solo empeoro las cosas?
Necesito un bucle, pensó, recordando sus clases de programación. Una instrucción que se repita hasta que la flor se recupere.
Intentó visualizar un bucle mientras, conectando la runa de "vitalidad" con otra que parecía representar el "estado" de la flor, como si estuviera leyendo un sensor. Pero al "ejecutar" el código, sintió una resistencia, un latido de energía que se negaba a ser manipulada. La runa de "vitalidad" se apagó de golpe, y el dolor de cabeza se intensificó, punzante.
"Acceso denegado", pensó, con creciente frustración. ?Necesito un permiso? ?Una clave? ?Estoy intentando modificar algo que está protegido? Se sentía como si estuviera trabajando con un código ofuscado, lleno de variables crípticas y funciones desconocidas.
Recordó las palabras de Althaea: "No pienses, siente". Dejó de lado, por un momento, la lógica de la programación. Se concentró en la calidez de su pecho, en la vibración del suelo, en el leve zumbido que ahora podía percibir, no solo de las runas, sino de todo el bosque a su alrededor. Intentó sentir la energía, no como código, sino como una parte de sí mismo, una extensión de la naturaleza.
Poco a poco, los hilos de luz dejaron de ser líneas abstractas y se convirtieron en un flujo que podía moldear. No lo controlaba por completo, pero podía guiarlo, como un río que se desvía con diques y canales.
Intentó "escribir" el bucle de nuevo, pero esta vez no como una instrucción fría, sino como un deseo, una intención. Visualizó la flor recuperándose, los hilos de luz reparándose, la runa de "vitalidad" brillando con fuerza.
La energía fluyó de su mano. La runa se encendió, con una luz suave y constante. La flor se enderezó, sus pétalos recuperaron su color. Podía oír el zumbido de la runa, ahora regular y armónico, como un motor funcionando a la perfección.
Una euforia contenida lo recorrió. Funcionó. Pero la euforia se mezcló con el miedo. ?Y si me paso? ?Y si dreno demasiada energía?
Notó que la hierba alrededor de la flor se había marchitado. La energía había salido de algún lugar. Tiene un costo, pensó, sintiendo una punzada de culpa y confirmando lo que le habia advertido Althaea.
Ahora, con renovada cautela, debía intentar con su propia herida. Visualizó la cicatriz, en su mente, como hilos de luz rotos. Superpuso la imagen de la dama, la hierba curativa que Althaea había utilizado, y vio cómo las runas reaccionaban, como si reconocieran un patrón familiar.
Con el disco, "aisló" la sección del código correspondiente a su herida. Identificó la runa de "regeneración", que parpadeaba débilmente, y otras que, intuyó, representaban "tejido", "flujo sanguíneo" y "dolor".
Comenzó a "depurar" el código. Visualizó los hilos de luz reconectándose, las runas girando como engranajes, pero esta vez con más cuidado, más lentitud, sintiendo el flujo de energía, no solo viéndolo.
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Intentó aplicar el mismo "bucle" que había usado con la flor, pero la energía se descontroló y la herida pareció tensarse, enrojeciéndose aún más.
"Demasiada energía", jadeó, sintiendo un dolor agudo. Necesito un regulador.
Con el disco, "aisló" la runa de "regeneración". Buscó una runa que pudiera limitar la afluencia de energía. Encontró una cerca que parecía vibrar en sintonía con la imagen de la dama. Esa debe ser, pensó.
Volvió a intentarlo, visualizando un "bucle" más complejo, donde la runa de "regeneración" estaba conectada a la runa que intuía como "control". El disco le permitió ver con más claridad cómo se conectaban las runas, cómo la energía fluía entre ellas. Era como si estuviera trazando un diagrama de flujo en su mente.
// intentando entender el flujo de energía vital...
// función: reparar_tejido(
// ser_vivo: paciente,
// da?o: tipo_de_herida,
// gravedad: nivel_de_da?o
// control: runa_equilibrio //NUEVA RUNA
// )
//
// SI paciente.energia_vital es_mayor_que 0 ENTONCES
// runa_regeneracion = encontrar_runa(paciente, "regenerar");
runa_control = encontrar_runa(paciente, "equilibrio"); //NUEVA RUNA
// activar_runa(runa_regeneracion, paciente.energia_vital / 10, runa_control); //SE A?ADE RUNA
// MIENTRAS gravedad > 0 HACER
// ajustar_energia_a_runa(runa_regeneracion, gravedad * 2);
// pausa(1); // ciclo
// gravedad = gravedad - 1;
// FIN_MIENTRAS
//
// desactivar_runa(runa_regeneracion);
// SINO
// mostrar("Energía vital insuficiente.");
// FIN_SI
Pero, al "ejecutar" el código, la runa de "control" parpadeó erráticamente, como si no reconociera la instrucción. El flujo de energía se volvió inestable, y Martín sintió un pinchazo en la herida.
"Error de compatibilidad", murmuró. ?Estoy usando la runa correcta? ?La sintaxis es diferente para el cuerpo humano?
Frustrado, hizo una pausa. Necesitaba más información. Recordó la imagen de la dama, la forma en que Althaea la usaba, la sensación de energía que emanaba de la planta. Se concentró en esa imagen, intentando "aislar" el código de la hierba con el disco.
Vio que no solo había una runa de "regeneración", sino también otras relacionadas con el "flujo sanguíneo" y la "eliminación de toxinas". Un script natural, pensó.
Entendió que no podía simplemente "copiar" el código de la planta, sino adaptarlo.
Con el disco, "aisló" las runas adicionales y las "conectó" al bucle principal, como si estuviera a?adiendo nuevas funciones al programa.
// intentando entender el flujo de energía vital...
// función: reparar_tejido(
// ser_vivo: paciente,
// da?o: tipo_de_herida,
// gravedad: nivel_de_da?o,
// control: runa_equilibrio
// )
//
// SI paciente.energia_vital es_mayor_que 0 ENTONCES
// runa_regeneracion = encontrar_runa(paciente, "regenerar");
// runa_flujo = encontrar_runa(paciente, "flujo sanguíneo"); //NUEVA RUNA
// runa_limpieza = encontrar_runa(paciente, "eliminar toxinas"); //NUEVA RUNA
// activar_runa(runa_regeneracion, paciente.energia_vital / 10, runa_control);
// activar_runa(runa_flujo, paciente.energia_vital / 20); //NUEVA RUNA
// activar_runa(runa_limpieza, paciente.energia_vital / 20); //NUEVA RUNA
// MIENTRAS gravedad > 0 HACER
// ajustar_energia_a_runa(runa_regeneracion, gravedad * 2);
ajustar_energia_a_runa(runa_flujo, gravedad * 0.5); //NUEVA RUNA
ajustar_energia_a_runa(runa_limpieza, gravedad * 0.5); //NUEVA RUNA
// pausa(1); // ciclo
// gravedad = gravedad - 1;
// FIN_MIENTRAS
//
// desactivar_runa(runa_regeneracion);
desactivar_runa(runa_flujo); //NUEVA RUNA
desactivar_runa(runa_limpieza); //NUEVA RUNA
// SINO
// mostrar("Energía vital insuficiente.");
// FIN_SI
Esta vez, cuando visualizó el código y extendió su mano, el brillo verde esmeralda fue más intenso, pero más estable. Podía oír el zumbido de las runas, trabajando en armonía, y sentir el flujo de energía, no solo desde su cuerpo, sino también desde el entorno, aunque de forma más controlada.
La herida comenzó a regenerarse a un ritmo visible, la piel cerrándose, el dolor disminuyendo...
El agotamiento lo golpeó. La vegetación a su alrededor, la poca que había en el claro, se marchitó por completo. Cayó de rodillas, sintiendo que el mundo daba vueltas. Luchó por mantenerse consciente, pero la oscuridad lo envolvió.
Cuando volvió a abrir los ojos, la luz del sol se había movido. Sintió una mano en su hombro y, al girarse, vio a Althaea, arrodillada a su lado. Su rostro mostraba preocupación, asombro y reproche. Sus ojos ámbar se movían entre Martín y el círculo de vegetación muerta.
"?Martín?", dijo, en un Varyan más claro. "?Qué ha pasado aquí? ?Qué... has hecho?"
Martín intentó hablar, pero solo pudo emitir un gemido.
Althaea, con un gesto que mezclaba la preocupación y la resignación, lo ayudó a levantarse. Juntos, regresaron a la aldea, dejando atrás el claro desolado.
De regreso, notaba las miradas de los aldeanos. Algunos lo observaban con curiosidad, otros con miedo, y unos pocos, como Kaern y Lhawra, con abierta hostilidad.
Al llegar a los límites de la aldea, se encontraron con Gorak, quien, sin necesidad de palabras, sintió lo que había ocurrido. Podía percibir el vacío en la energía del bosque, la disrupción.
"?Que paso?", les pregunto, aunque su voz no denotaba sorpresa, si no confirmación de algo que ya sabía.
Althaea le se?alo donde solo quedaba una imperceptible línea rosada, donde antes había una cicatriz, y luego el rostro exhausto de Martín.
Gorak se acercó a Martín, estudiándolo. "Magia... diferente", murmuró.
"Bosque... habló", dijo Althaea, con incertidumbre.
Martín, que apenas podía mantenerse en pie, se encontró con la mirada de Gorak.
"Yo... escuché", dijo, débilmente. "Pero... no entiendo. Necesito... aprender."
Gorak asintió. "Tú... tienes poder, humano. Pero... poder necesita control. Necesita... respeto."
Martín asintió, sintiendo un atisbo de esperanza.
Esa noche le costó dormir. Los murmullos de los aldeanos, el recuerdo del claro marchito... todo se agolpaba en su mente.
Había ayudado, pensó. Pero... a qué costo.
Se levantó y salió de la caba?a. La aldea estaba en silencio, iluminada por la luna. Se dirigió al árbol ancestral.
La encontró sentada junto al árbol ancestral, mirando las estrellas.
"?No puedes dormir?", preguntó en Varyan, ahora un poco más fluido.
Althaea se giró. "Pensando", respondió. "En ti. En... tu magia."
Martín se sentó a su lado, sintiendo la energía del árbol.
"Yo... no quise da?ar bosque", dijo.
Althaea suspiró. "Lo sé, humano. Pero... magia Silvan... es equilibrio. Tomas... debes dar."
"?Cómo?", preguntó Martín.
Althaea le explicó cómo los Hombres Bestia se conectaban con la naturaleza, cómo pedían permiso, cómo ofrecían algo a cambio.
"Tú... ves código", dijo Althaea. "Nosotros... sentimos. Quizás... necesitas aprender... sentir también."
Martín asintió.
A la ma?ana siguiente, varios aldeanos, destacándose Kaern y Lhawra, se acercaron a Martín, a reclamarle. Pero Althaea y Gorak intervinieron, calmando la situación.
Después, frustrado, Martín decidió intentar comprender la conexión de Althaea con la magia natural. Salió al bosque y cerró los ojos, recordando sus palabras: "Sentir... no solo ver".
Pero no funcionó. Solo veía el código, las runas, los hilos de luz. No sentía nada.
Luego de un rato de descanso, Martín buscó a Gorak. Lo encontró cerca de la fragua.
"Gorak," llamó Martín.
El Hombre Bestia se giró. "?Qué quieres, humano?"
"Quería... hablar", dijo Martín. "Sobre lo que pasó... sobre la magia."
Gorak lo condujo a un lugar apartado.
"Escucho," dijo Gorak.
Martín le contó todo: la visualización del código, los errores, los aciertos, el costo. "No... entiendo", dijo. "Veo el código, puedo... manipularlo. Pero no es como... programar. Es... más. Es como..."
"Como hablar con el bosque", terminó Gorak.
Martín lo miró, sorprendido. "?Tú... lo entiendes?"
Gorak negó. "No como tú. Pero... los Silvan... ellos hablan con el bosque. Sienten. Tú... ves. Diferente... pero quizás... mismo."
Martín reflexionó. "?Y el peligro?"
Gorak asintió. "Magia... no es juego, humano. Es... fuerza. Fuerza de la vida. Si tomas... sin dar... rompes equilibrio. Ves... precio."
"Pero... puedo aprender", dijo Martín. "Puedo aprender a... sentir. A no solo... tomar."
Gorak lo miró. "Hombres Bestia... aprenden desde ni?os. Tú... no eres Hombre Bestia."
"Pero soy humano", dijo Martín. "Aprendemos rápido. Nos adaptamos. Y... tengo algo que ustedes no tienen. Puedo... ver la magia."
Gorak guardó silencio. Finalmente, dijo: "Ma?ana... temprano. Te llevaré... al bosque. Te ense?aré... lo que sé. Pero... tú debes escuchar. Debes... respetar. Si no... serás un peligro. Para ti. Para la aldea. Para el bosque."
Martín asintió. "Entiendo. Seré... cuidadoso."
"Bien", dijo Gorak. "Ahora... descansa. Ma?ana... será un largo día."
Martín regresó a la aldea. Se dirigió hacia el claro. Se detuvo junto al círculo de vegetación muerta, un recordatorio de su poder y su ignorancia.
Tengo que aprender, pensó. Tengo que entender.
Se arrodilló y extendió la mano hacia una peque?a brizna de hierba que, milagrosamente, había sobrevivido. Se concentró, visualizó el código, pero no intentó manipularlo. Solo observó.
Intentó sentir la energía, como Althaea. Cerró los ojos, respiró hondo.
Al principio, solo sintió la tierra, el aire. Pero luego... un latido, un pulso, una vibración. La energía del bosque.
Abrió los ojos. La runa de "vitalidad" de la brizna brillaba tenue. No intentó alterarla, solo conectarse. Visualizó un hilo de luz desde su mano hacia la runa, pero no para tomar, sino para compartir.
Sintió un leve cosquilleo. El disco de metal en su bolsillo vibró suavemente, como si reconociera la conexión, como si se alegrara de este nuevo enfoque. La brizna no cambió visiblemente, pero Martín sintió algo. Un equilibrio.
Se quedó allí, bajo la luna, sintiendo.
Se levantó y regresó a la caba?a.
El sue?o llegó, pero no fue un descanso. Fue un torbellino de imágenes: raíces que se hundían en la tierra, ramas que se extendían hacia el cielo, un latido constante que parecía surgir del corazón mismo del bosque. Y la voz... la voz grave y antigua susurraba: "Equilibrio... Armonía... Responsabilidad...". Palabras que no entendía, pero que su corazón parecía comprender.
En este capítulo, lo vemos por primera vez forzar los límites entre lo que entiende… y lo que apenas empieza a sentir.

