Jamás se había visto tanto activismo en esta escuela desde que el maestro Rogelio hizo el tan infame "siéntense de frente las se?oritas y con las piernas en cierta posición", que, aunque inocente, podía ser incómoda, especialmente cuando usabas falda. Bueno, jamás sería una exageración si tuviera contemplada toda la historia escolar. Que no la tengo, obvio.
—Aquí estamos con el ser malvado del que les cuento —Akenev acercó su celular a mi cara—, el único e inigualable Zev Reyes.
Genial. Perfecto. Mi debut como villano de TikTok.
—Gracias a él, se están da?ando los derechos de las criaturas dimensionales.
Levanté una ceja extra?ada. Ahora resulta que soy el culpable. Ni siquiera pude contestar cuando Kochi bajó directo hacia nosotros con ese vuelo perfecto que hacía que todos los demás pareciéramos torpes mortales terrestres.
—Se?orita, estoy segura de que usted está infringiendo una regla al utilizar ese aparato conocido como celular y usarlo en lo que resumo es un mensaje mágico transmitido...
—Desde ese evento —interrumpió Akenev sin bajar la cámara—, llegó la inigualable Kochi a cuidarnos y resolver lo de las criaturas mágicas. Ella comprobará la inocencia de Rygandal...
—Como le decía... espere —Kochi se detuvo en el aire—. ?Inigualable yo?
?Acaba de sonrojarse la zeca? Okay, no sabía que las aves humanoides podían hacer eso.
—Sí, claro. Inigualable. Y todos mis seguidores que te están viendo en vivo lo saben. Kochi no solo va a ayudarnos, también Alma cantará sobre los derechos de todos los seres vivos y alumnas como Shaki, Daphne y Aijet están disfrazadas de elfa en protestas pacíficas.
Kochi levantó sus alas en forma de alerta, como esas águilas que ves en documentales justo antes de atacar.
—Estoy segura de que eso rompe varias reglas, como el uso del uniforme institucional y...
—Mira cómo te alaban, Kochi, por luchar por la verdad y la justicia —Akenev seguía grabando—. Una zeca que no solo defenderá a su compa?ero elfo, sino los derechos de los adolescentes humanos.
Kochi se rascó la cabeza, visiblemente apenada. Sus plumas se erizaron un poco.
—Bueno, no creo que haga ningún da?o el hecho de que se manifiesten pacíficamente.
Emprendió el vuelo de nuevo hacia el techo escolar y juro que vi cómo intentaba esconder lo que definitivamente era un sonrojo. Quién lo diría: la guardiana más estricta que ha tenido esta escuela derrotada por cumplidos en vivo.
Akenev me siguió fastidiando, decía que yo debería parar mi cruzada contra Rygandal. Claro, es fácil decirlo cuando tú no casi mueres en un sótano lleno de pesadillas.
—Ya déjalo, Akenev —Maya intervino tajantemente.
—No es momento de obedecer las reglas, Maya. Tú también quieres que se quede Rygandal, ?entonces cuál es el motivo de defenderlo? —Akenev acercó su cámara otra vez, modo interrogatorio activado.
—El papá de Zev ya cedió —comentó Silvana, haciendo una se?a rara con la mano al notar mi confusión—. Quiere que se quede Rygandal. Bueno, eso si tú también quieres. Fuimos con el director y ahí lo escuchamos.
Momento. ?Qué?
Akenev me puso la cámara en la cara, esperando una respuesta ahora mismo. Una respuesta que no tenía.
—Yo... creo que no estás contando lo más importante —dije nerviosamente.
No sabía qué tan prudente sería agregar lo de los monstruos asesinos interdimensionales.
—?Lo de los monstruos? —preguntó ella como si nada—. En Concordia y en otras ciudades están apareciendo monstruos todo el tiempo. No digo que no hagamos nada, digo que hay que acostumbrarnos y exigir protección.
—Y eso haremos —aseguró Silvana—. Si se queda Rygandal, pediremos que nos ayude al igual que Kochi. Ellos deben saber cómo detener esas criaturas de su mundo.
Antes de que pudiera procesar toda esta información reveladora sobre mi papá cediendo sin decirme, aparecieron Aijet, Shaki y Daphne vestidas de elfa. Usaban vestidos verdes y azules con líneas amarillas. Daphne traía uno rosa.
—Faltas tú, Maya. Muévete, vamos al escenario. Félix y los demás ya pusieron todo —reclamó Daphne.
—Estoy apoyando de otra manera —Maya respondió fríamente—. Además, les ayudo en lo que necesiten. Ustedes díganme qué ocupan.
Las tres se vieron un segundo. Luego, como si se hubieran puesto de acuerdo desde antes, le gritaron al unísono:
—?QUE TE PONGAS EL VESTIDO!
—No creo que sea necesario —intervine—. Ustedes ya están preciosas, no necesitan a Maya.
La sonrisa que dibujó levemente Maya cuando dije que no era necesario se le borró rápidamente.
Oh, yo conozco a esta ni?a. Es tan competitiva que siempre tiene que demostrar que ella puede ser la primera. En todo.
—Especialmente con la nueva figura de Aijet —comenté para picarle más el orgullo—. Y Shaki siempre se ve bonita.
Maya empezó a mover los pies, golpeando con el tenis el piso de manera rítmica. Estaba a punto de ceder a ponerse el vestido y las orejas protésticas. Funciona cada vez.
—?Y yo, Zev? —preguntó Daphne.
—Tú sigues igual de chaparra.
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Todas rieron a excepción de Maya. Daphne inició su cacería. Parecía una peque?a princesa enojada porque tenía que levantarse el vestido para moverse, lo cual hacía que corriera como pingüino.
Maya fue a cambiarse rápidamente. La canción estaba a punto de comenzar.
La verdad, siempre he creído que cuando Alma va a cantar, todo el mundo olvida las reglas, incluido el director. Tiene una voz hermosa que básicamente hipnotiza a cualquiera en un radio de cincuenta metros. Reunió a todos los grupos, independientemente de si querían o no apoyar la causa de Rygandal.
Cuando la música sonó, todos estaban a la expectativa. La voz de Alma, que cada vez venía más producida gracias a la ayuda de Akenev, ya tenía sus propias redes sociales donde se subía cantando covers y originales.
La canción era una que invitaba a la paz y decía que todos éramos iguales. Hasta Kochi bajó y se sentó en una banca, escuchando la melodiosa voz. Aunque se veía conflictuada. Varias veces se retorció en su lugar, como si quisiera parar todo pero no pudiera porque la canción era demasiado buena.
Al terminar, el director vino a dirigir unas elocuentes palabras.
—No, pues, no sabía que teníamos evento. Muy bonito y todo. —Aunque parecía tranquilo, estaba molesto. Lo sabíamos porque movía su dedo efusivamente—. ?Qué maestro organizó todo esto? Deben avisar este tipo de eventos.
Fue Maya la que se acercó con aquel bonito vestido élfico y orejas. Le explicó la situación al director.
—Ah, es para apoyar al güero —negó con la cabeza—. Ustedes no se preocupen por eso. Yo me encargo de la situación del maestro Fabendal y del viejito loco que lo quiere quitar. Cómo es gorroso el se?or ese.
Ahí estaba nuestro director dando unas palabras de elocuencia que nos dejaban con la total seguridad de que estaba atendiendo todo y que no deberíamos preocuparnos.
Según él.
Llegamos al salón. Las miradas hacia mí eran menos tensas. Al contrario, ahora la gente estaba sorprendida. La noticia de mi hermano siendo salvado por mí se volvió viral, al menos en la escuela.
—Mira, aquí está el héroe de Monte Armonía —se burló Félix—. Era cierto lo que decías y yo que pensé que solo eras un zoquete que jugaba videojuegos.
Sí soy. Pero no mentía sobre lo de seguir entrenando con las pruebas.
Desde que Rygandal nos da clase, nos ha hablado de la importancia de seguir siendo valientes, ágiles de mente y observadores. Nos invitó a seguir manteniéndonos de esa forma. Incluso empecé a leer. Ni me había dado cuenta de que habían actualizado gratis Flimon Chef Space con más extra?os ingredientes.
Rygandal entró con esa manera tan calmada e imponente de siempre.
—Estudiantes, he visto que se han unido de manera adecuada en apoyo a mi situación —como siempre, se tomó unos segundos para continuar—. He de decir que estoy conmovido.
Qué bueno que lo dice, porque es difícil saberlo. Siempre tiene el mismo tono de voz. Podría estar declarando su amor eterno o anunciando el fin del mundo y sonaría exactamente igual.
—Lo único que no he entendido es la vestimenta que algunas de ustedes portan —dijo con genuina confusión.
—Somos elfas como usted —confesó Daphne orgullosa.
—Se supone que son ropas élficas. Qué curioso cómo ven a los elfos en su mundo. Luego les diré cómo es la vestimenta típica elfa de Transgea.
Sacó su libreta de notas y murmuró algo sobre halagos y vestirse de una manera culturalmente extra?a.
Las clases de Rygandal se habían vuelto particularmente tradicionales ante la prohibición de las pruebas élficas. Sin embargo, era un docente agradable. Quien lo diría después de todo el trauma del sótano.
Sabíamos que hoy algo extra?o iba a suceder porque no nos había dicho que sacáramos el libro de texto o la libreta.
—La cuarta prueba que les tengo, la de la Fortaleza, ha iniciado. He estado observando y creo que algunos de ustedes han superado dicha prueba. Sin embargo, deben estar atentos. Creo que aún viene lo más difícil de esta situación.
?Cuál será la prueba? Hasta donde yo sé, no ha dado ni una pista y conociendo al maestro, ni de chiste se trata de salvarlo de su destitución. él es una persona íntegra, un gran docente...
Maldita sea. Okay, tal vez no se merece que lo corran. Incluso... no quiero que lo corran.
Pero tenerlo aquí representa un peligro constante para todos.
Bueno, tal vez solo fue un caso aislado.
Ezequiel llegó al salón. Estaba tan pálido que era imposible no notarlo. él es de tez blanca y robusto, así que que alguien con su físico se viera así significaba que algo le sucedió. Aunque con él nunca se sabe. Es callado y tímido. Tal vez solo vio a un maestro caerse y se impresionó.
Seguramente es una tontería.
—Maestro... —su voz salió quebrada—. Kochi está en el suelo y tiene sangre en la espalda. Se está retorciendo del dolor.
Disculpa, Ezequiel. No debí tratarte de aburrido.
Obviamente hicimos lo que deberíamos hacer en ese caso: seguir el protocolo y esperar a que Rygandal se encargara de la situación junto al director.
Nah, mentira.
Salimos todos a observar el macabro acontecimiento. El primero, de hecho, fue Félix, tan rápido como siempre y gritón. Gritó "?KOCHI!" como si la hubiera conocido de toda la vida. Retumbó seguramente en todo el pasillo.
Corrimos todos hasta que sentimos un frío en nuestro cuerpo y ya no nos pudimos mover. Fue una sensación congelante. El clima cambió tan rápido que fue imposible darle una explicación lógica en cualquier sentido.
Bueno, en cualquier sentido al menos que tu maestro sea un elfo de otra dimensión. En ese caso tiene todo el sentido del mundo que tu cuerpo haya sido paralizado con magia.
Como si no hubiera pasado nada malo, Rygandal estaba pasando entre nosotros, como si no hubiera usado un hechizo maléfico para paralizarnos. De hecho, no sé si fue en forma de burla, hasta daba las gracias porque nos mantuvimos quietos.
—Bien, una sola fila y vayamos ordenados todos. Haremos un círculo con el suficiente espacio para observar y dejar que Kochi tenga movilidad y no se sienta presionada —comentó como si una tragedia no estuviera sucediendo.
Hicimos caso porque definitivamente no queríamos otra sesión de magia en nuestros cuerpos. Nos acercamos.
Ahí estaba. Era un escenario un tanto extra?o.
Kochi se retorcía en el suelo como si tratase de un pájaro apedreado o mordido por un gato. Tenía tres agujeros en la espalda, cerca de sus alas, y sus ojos sobresalían, gritaban definitivamente dolor.
—?Fue otro zeca? Imposible. No tengo registros o anuncios sobre otro ser en Monte Armonía —declaró Rygandal.
Verán, Monte Armonía no es un lugar con seres dimensionales. De hecho, el primero que recibió el gobierno fue Rygandal. El segundo, aparentemente, fue Kochi.
Ningún ser dimensional llegaría sin un proceso riguroso, ya que, a diferencia de Concordia, la ciudad no está hecha para recibirlos. Además, la aparición de ellos se redujo drásticamente con el paso del tiempo, aunque de vez en cuando aparecían.
—Bien, Kochi, creo que estarás bien. Tal vez un poco de inmovilidad, pero te puedo ayudar.
Rygandal se acercó y se colocó en el suelo cerca de ella.
Nos miró a todos con una mirada de reproche, aparentemente buscaba un poco de privacidad. Aunque no se la íbamos a dar. Todos queríamos ver si la magia de Rygandal era tan milagrosa como suponíamos.
Ya había curado a Alma de una fractura, pero esto definitivamente era más grave.
Rygandal negó con la cabeza y procedió a acercar sus manos a la herida. Un resplandor verde salió de sus palmas y donde estaban los da?os causados en el cuerpo de Kochi iban desapareciendo. Después de unos segundos, dejó de retorcerse de dolor.
Kochi se levantó lentamente. Aún dibujaba muecas de que algo la aquejaba. Seguramente era así. Las heridas tal vez da?aron algo que Rygandal no pudo curar completamente.
—Gracias, maestro Rygandal. No sé qué fue lo que sucedió —dijo con los ojos vidriosos la vigilante zeca.
—Me temo que fue otra de tu especie, considerando las heridas y su profundidad. Además, fue preciso en querer atacarte para dejar inmóvil un ala —comentó Rygandal tan tranquilo como siempre.
—Sí, es verdad. Yo también lo sentí. Sin duda tuvo que ser uno —concordó Kochi.
—No —dijo Ezequiel muy nervioso.
Todos volteamos a verlo, esperando una respuesta.
—Es que no me van a creer —se quejó Ezequiel, haciendo un ruido algo infantil.
Maldita sea, Ezequiel, dilo. Nos tienes aquí con la duda. Peor que los videos clickbait de Akenev.
—Joven Ezequiel, todo lo que sea útil es bueno. Es menester que nos diga lo que vio —insistió Rygandal.
Kochi también lo veía con desesperación.
Con la presión de todos, Ezequiel cedió para decir lo que sabía.
—Vi al viejo Gregorio atacarla —soltó incrédulo.
Vamos a necesitar más explicaciones.

