home

search

10 Y NADA MEJORA

  Un evento en una escuela donde los padres tienen cierto control —porque son los que pagan, evidentemente— lleva a exageraciones y preocupaciones. También lleva a unas medidas tomadas por los adultos que no entiendo.

  Ya que nuestro querido director, en su gran cabeza, tuvo la siguiente lógica: si el problema fue que un ser de otra dimensión puso en peligro a los alumnos, entonces la solución debe ser que un ser de otra dimensión los cuide.

  Así fue como llegamos a tener como guardia de la escuela a la zeca Kochi.

  Era una combinación extra?a. Tenía una mirada dulce acompa?ada de un vuelo feroz. Se alzaba arriba de la escuela como un extra?o ente vigía, dando vueltas en círculos amplios como halcón cazando. Sus ojos, aunque de color negro, estaban rodeados de una pupila amarillenta que en cualquier humano lo haría ver enfermo. Las plumas de su cabeza eran de un color naranja brillante y verde esmeralda, como guacamaya. Mientras que algunas de los brazos, pecho y cadera eran de un color negro azabache que absorbía la luz.

  Algo que me molesta, a diferencia de Rygandal, es que éste usaba ropa visiblemente clara, incluso humana. Ella llevaba una túnica de un color blanco que le llegaba hasta las rodillas. Era chocante porque para mí era raro que lo tuviera que usar. Porque, bueno, no quiero ser ofensivo, pero es más animal que humano. Era curioso que la tuviera, como ponerle vestido a un loro.

  Estaba yo a punto de ir a comprarle unos dulces a Ajiet, que de un tiempo acá ya no los comía, los vendía. Ella siempre había sido de comer muchas cosas dulces y comidas rápidas. Ahora traía cosas aburridas como ensalada o cosas saludables. Manzanas, apio, ese tipo de cosas que nadie quiere.

  Quise acercarme cuando solo vi una ráfaga visible cayendo del cielo frente a Ajiet y unos alumnos. Un whoosh seguido del golpe de garras contra cemento.

  —Se?orita humana, las reglas son claras y aunque me toca ser dura, usted está sancionada. Efectivamente ha roto una regla escolar —levantó una de sus alas de manera dramática, extendiéndola completa como si fuera a despegar—. Ningún alumno puede realizar ninguna transacción dentro del área escolar sin conocimiento o autorización de alguna autoridad.

  Ahora, la cosa sería normal si aquí se quedara en una llamada de atención. Pero Kochi tomaba con sus garras a los estudiantes —garras que parecían poder atravesar concreto— y los llevaba con la autoridad más cercana. Volando.

  —Mira, quién lo diría. Puede cargar a la gorda —dijo Félix sin una pizca de remordimiento.

  —Aunque si la ves bien, ya no está tan gorda —respondí, porque lo patán no se me va a quitar de un día para otro.

  —Ahora que lo mencionas, tienes razón. No la había visto bien —Félix lo dijo en un tono coqueto que me dio escalofríos.

  En ese momento iba pasando Daphne, que tenía la misteriosa habilidad de escuchar cuando una persona hablaba de una compa?era de manera física. Como radar de acoso.

  —Maldito cochino, ya te dije que dejes de molestar a Ajiet —le reclamó directo a Félix, empujándolo—. Estás como el acosador de Alma en redes. No seas así, Félix. Háblale bien.

  Yo no me voy a meter en esta discusión. Retrocedí dos pasos.

  —?Cómo eres metiche, ni?a! —como siempre, este zoquete gritó.

  No pasó ni un minuto cuando la nueva guardián zeca bajó con una prisa envidiable. Picada en vertical, frenando justo antes de estrellarse.

  —Polluelos humanos, las reglas son claras y aunque no quisiera aplastar la obvia relación de atención que tienen aquí —no estoy seguro, pero creo que se le dibujó una sonrisa. Es difícil saber con ese pico—. Las reglas son claras: cualquier tipo de discusión entre alumnos que no sea de provecho debe ser sancionada.

  —Oye, Kochi, tengo la duda: ?qué comen los de tu especie? Nunca he visto comer a Rygandal —definitivamente sí lleva comida, pero no lo he visto comer nunca.

  —Oh, como cualquier otro zeca: pescado, carne y jugo de frutas —abrió su pico ligeramente, mostrando una lengua oscura—. Y Rygandal es un elfo raro. él casi no come en las ma?anas porque es alérgico al café, y es tradición élfica desayunar con café. Eso les da energía para su magia, pero... —cerró los ojos mientras nos explicaba, luego los abrió sorprendida como si recordara algo—. Ah, luego te cuento más. Me temo que tengo que llevarlos con un prefecto para una sanción.

  —?No me atraparás vivo! ?Nunca! ?Ni hoy ni ma?ana! —Félix aseguró, dando un paso hacia atrás.

  —?Corre, Félix, corre! —gritó en apoyo Daphne.

  Estábamos tan acostumbrados a que rega?aran a Félix que a veces se nos olvida que nos vemos involucrados en sus peripecias. La primera que Kochi se llevó fue a Daphne —agarrándola de los hombros con las garras, alzando vuelo—, y pasados unos cuatro minutos, después vino por Félix, que se quejó todo el camino. Sus gritos se escuchaban desde el cielo.

  Maya se había acercado hacia mí. Venía molesta, con esa expresión de ce?o fruncido que ya reconocía. Antes de hablarme se detuvo a ver cómo se llevaban a Félix volando.

  —Esto es igual de peligroso que el incidente de la prueba —dijo de manera áspera.

  En mi mente solo se dibujó cómo se le podía caer en un accidente a Kochi uno de los alumnos y recordé con la fuerza que golpeaba aquel simio zombie.

  Se dibujó en mi mente un splash de color rojo y el sonido de huesos rotos. La muerte acompa?ándonos por culpa de estos seres.

  —Ese director suyo es un imbécil —escuchamos una voz detrás de nosotros.

  Era el se?or Gregorio.

  Antes de poder concordar con él —bueno, al menos yo lo hacía, pero no pensaba decírselo—, una ráfaga de plumas aterrizó junto a nosotros. Polvo levantándose del suelo.

  —Humano de edad avanzada, aunque sé que debe merecer respeto por su experiencia de vida, usted está rompiendo una regla —hizo el gesto típico de levantar su ala—. No me han informado que algún miembro de esta comunidad escolar tuviera una cita, así que le pediré que deje las instalaciones.

  This story originates from Royal Road. Ensure the author gets the support they deserve by reading it there.

  —Mira, pajaraca —la voz de Gregorio cambió. Más grave, más amenazante—. Yo tengo cosas importantes que discutir con el director y si se supone que es tu deber cuidar de los alumnos, no vas a intervenir en mis asuntos.

  Lo dijo con una firmeza que no le había escuchado antes. Sus ojos se veían diferentes, más brillantes.

  Kochi estaba confundida. Era obvio que sabía que ella tenía razón, pero la forma en que le habló y luego un paso firme que dio el viejito Gregorio la había conflictuado. Como si algo en ella estuviera decidiendo qué hacer. Sus plumas se erizaron ligeramente. Al final solo asintió y volvió a volar.

  Gregorio siguió su camino. Por un momento se me erizó la piel de la misma manera que con el simio y que cuando me enfrenté a Yeto. Ese instinto primitivo de peligro.

  —Esto es una mala decisión de parte del director. Estamos perdiendo nuestra autonomía —se quejó Maya.

  —Nah, estás perdiendo la oportunidad de recordarle a la gente las reglas y eso te molesta —me burlé un poco.

  Ella se quedó callada, solo soltando una mirada dura.

  —Oye, Zev, venía a decirte: ?hay forma de que convenzcas a tu padre de no seguir con lo de Rygandal? Tal vez si él desiste, los demás padres también —se me acercó un poco, bajando la voz.

  En cualquier otro momento hubiera amado esta interacción. Pero sé que las motivaciones de Maya y de algunos otros estudiantes solamente son terminar las pruebas.

  Y sé que Maya no es tonta. Sé que sabe que me gusta. No voy a ser tan manipulable. Casi muero.

  —?No tienes a alguien más a quien rega?ar o recordarle las reglas? Ah, no. Ya te quitaron ese puesto —los ojos de ella se abrieron.

  —No era necesaria esa actitud —dijo con un tono visiblemente ofendido que no sé si era sincero.

  —Tampoco venir a pedirlo, pero aquí estamos —me retiré y no dije nada más.

  Hoy es uno de esos días que la rutina cambia. Cuando mis padres llegaron por mí —cosa que era rara, porque yo me iba en camión— sabía que había un paseo familiar.

  —Bueno, familia, les tenemos una sorpresa —anunció mi padre con esa sonrisa sospechosa.

  Yo y mis hermanos estábamos a la expectativa de lo que pudiera decir.

  —Iremos al dentista —respondió con una sonrisa. Solamente él se divertía.

  Obviamente hubo quejas. Gritos, manotazos al asiento del copiloto.

  Después de muchos "no", gritos, golpes y una sonrisa malévola de nuestro padre, surgiría la verdad.

  —Ya me hartaron. Diles antes de que uno rompa una ventana —le pidió mamá a papá.

  —Vamos a ir de un paseo familiar. ?A dónde quieren ir a comer? —preguntó mi padre.

  —?Hamburguesas, hamburguesas! —gritamos a coro.

  —Podríamos llegar primero a las hamburguesas. Después de todo, tienen esa zona de juegos gigante en medio —sugirió mamá.

  Así fue como la decisión estaba tomada. Iremos por unas ricas hamburguesas, con papas fritas y algún juguete de colección que nunca voy a abrir.

  El lugar era el típico restaurante de comida rápida: mesas de plástico brillante, olor a aceite y carne frita, música de fondo demasiado alegre, ni?os gritando por todos lados.

  —Bueno, vayan a los juegos. Zev, te encargo a tus hermanos —me ordenó mamá y yo asentí.

  Fuimos rápidamente a la zona central. Stay quería ir a la zona de videojuegos, como si no tuviéramos en casa. Grith nomás se quedó quieto decidiendo qué hacer.

  —Tennis fuera. Llévame, Zev —ordenó Grith, se?alando el área de juegos infantiles con tubos de colores y resbaladillas.

  Obedecí y fuimos a los juegos. Extra?aba subirme a ellos, pero ya a mi edad me iban a rega?ar. Así que solo ayudé a Grith.

  El cabezón sin duda se divertía. Aprovéchalo, peque?o. Pronto crecerás y mucho.

  —?Zev, mira! Tienen este juego que no tenemos. Seguramente te gano —gritó Stay desde los arcade.

  Claro, ya lo probó, ya se sabe las reglas. Aun así le voy a patear el trasero a mi hermanito. Ya sé, parece un abuso: un adolescente de quince contra un ni?o de diez. Pero él es muy inteligente. Estábamos parejos. Claro que no se lo diré en voz alta. No acabaría de torturarme en toda su vida.

  La primera batalla obviamente fue de él. La segunda también y la tercera fue mía y tuvimos que interrumpir por la llamada de mis padres.

  —?Dónde está Grith, Zev? Ve por él —ordenó mi padre.

  No creo que no lo haya escuchado. Resonó su voz casi en todo el recinto.

  Empecé a observar cada rincón de aquellos juegos y no vi nada. No estaba mi hermano.

  Ok, se me acelera el pulso. Dolor de cabeza punzante. Vista algo perdida.

  No, tranquilízate. Observa el entorno.

  Veamos. Aquí, ?quién falta? Vi todas las mesas y ya recordé: había una pareja de adultos. Aquí, en la sala de los juegos y era en esta mesa, observando la comida. Estos dos imbéciles no tienen hijos.

  ?Cuándo fue la última vez que los vi?

  Tuvo que ser en el momento que mis padres llegaron al área central. Debieron esperar y salir por el otro lado. Entonces su carro no estaría estacionado en el área central.

  Corrí rápidamente hacia el área donde estaba la cocina y donde tomaban las órdenes. Fui hacia la pared izquierda. Tomé la suficiente velocidad. Iba a molestar gente sin duda, pero estoy seguro de que rompería la ventana si lanzo el metal con el número de órdenes. Me robé uno de una mesa.

  El se?or estaba molesto, gritando algo. Corrí, lo lancé frente a una pareja. Rompí la ventana con un estruendo de vidrios cayendo y salté hacia el estacionamiento.

  No voy a mentir, casi me rompo la cabeza. El impacto contra el pavimento dolió más de lo que esperaba.

  —?Estos idiotas se están robando a mi hermano! —grité esperando que alguien me ayudara.

  —?Zevy! —escuché el grito de Grith desde un carro gris.

  Tomé el pedazo de metal y corrí, lanzándolo frente a un se?or que estaba arrancando un carro. Le di directamente en la frente, rompiendo el vidrio. Aquí sucedieron dos cosas: o acabo de arruinarle el día a alguien o este imbécil iba a llevarse a mi hermano.

  La gente empezó a salir del restaurante. Un guardia de seguridad salió corriendo y tomó a mi hermano de los brazos. Los delincuentes se subieron al carro del otro imbécil al que le dejé la cara embarrada de sangre.

  Se fueron con llantas chillando.

  Mis padres llegaron a abrazar a mi hermano.

  Aunque pasamos un "buen día", quedó una sensación de amargura que no se quitaría en un buen tiempo. Mis padres abrazaron demasiado ese día a Grith y, conociéndolo, sé que se fastidió. Pero no se quejó. Eso fue lo raro.

  Yo intenté dormir, pero no podía. Estaba demasiado molesto conmigo mismo. Pese a que mis padres me trataron muy bien y nos compraron un juego para olvidar el mal rato.

  Tengo un conflicto: ?hice mal o bien?

  Ellos me rega?aron. Que fui imprudente, que lo hice bien pero arriesgué mucho y causé destrozos que pudieron lastimarme.

  ?Qué demonios debería hacer entonces? ?Llamar a las autoridades y que no hagan nada hasta que se les antoje?

  Maldita sea, me duele la cabeza. Iré a perder el tiempo. Creo que quedan galletas. Sé que papá las esconde para que no nos las acabemos nosotros.

  Como iba lento, bajando las escaleras sin hacer ruido, escuché las voces de mis padres hablando y mi madre llorando.

  Me acerqué a su cuarto, sin ser visto. La puerta estaba entreabierta.

  —No sé qué me hubiera pasado si Zev no hubiera actuado —lloraba mamá con sollozos entrecortados.

  —Fue mi culpa. No debimos dejar la responsabilidad a Zev, aunque es capaz de cuidarlos perfectamente —no sé si está decepcionado de sí mismo o no.

  —Corrimos con mucha suerte. Todavía no puedo creer todo lo que hizo Zev —mencionó mamá.

  Sigo insistiendo en mi confusión. No sé si están enojados o contentos.

  —?Te das cuenta? Ese muchacho ha obtenido una imprudencia tremenda —padre, creo que te has equivocado. El término correcto es valentía.

  Se quedaron en silencio unos segundos.

  —?Y si el elfo no es culpable de los accidentes escolares? —soltó de golpe la pregunta mi madre.

  —Independientemente de eso, Zev tuvo miedo de morir y aquel elfo actuó muy tarde —dijo mi se?or padre.

  —No creo que necesitara protección. Aun así, no se lo diremos porque se va a creer un héroe y hará cosas que lo arriesguen —oye, qué desconfianza, mamá.

  —Tal vez ese elfo no es tan malo —no estoy seguro, papá. Digo, su negligencia y excentricidad casi me matan.

  Me alejé de la puerta. Subí las escaleras de regreso a mi cuarto. Sin galletas.

  Genial. Perfecto.

Recommended Popular Novels