Kael pensamiento:
La concha de la lora… todo pasó tan rápido…
Aquí estoy, hecho un escuincle con cara de papa enojada, intentando adaptarme no solo a este cuerpo, sino también a este mundo. Un cuerpo que no responde, que se mueve solo a medias, que llora cuando no quiero y se queda quieto cuando debería reaccionar.
Han pasado tres días y, de lo poco y nada que he visto, me he podido dar cuenta de muchas cosas. Tres días atrapado en una cuna, mirando techos ajenos, escuchando voces nuevas y sintiendo manos que me tocan como si yo no tuviera opinión alguna al respecto.
Primeramente: hablan espa?ol…
Los entiendo perfectamente. No es una comprensión a medias ni una intuición rara; los entiendo tal cual. La mayoría de las palabras que utilizan pertenecen al espa?ol neutro, sin modismos demasiado extra?os, sin quiebres que me hagan pensar que mi cerebro está mezclando recuerdos.
Que no webeen cuando mis cuerdas bucales se estabilicen y empiece a decir mis primeras palabras, me van a quemar en la hoguera por mi lenguaje tipo mono sudamericano…
Jugué tantos juegos online que me hice amigo de muchas personas de Sudamérica y Centroamérica, y bueno… si algo está claro es que todos hablamos como la berga… y eso me encanta <3. Pensarlo aquí, ahora, me arranca una sonrisa interna que no puedo mostrar porque mi cara decide quedarse seria, casi molesta.
Ahora bien, segundo punto: la primera noche ya me pude dar cuenta.
Este mundo ronda la Edad Media por las vestimentas y los artefactos del lugar. Si me pudiera parar, me podría haber caído de culo con todas las de la ley al ver que nací casi al atardecer y cómo, apenas el cielo empezó a oscurecer, comenzaron a prender velas.
Una tras otra.
Peque?as llamas temblorosas iluminando las paredes, proyectando sombras largas que se movían con cada corriente de aire. Nada de luces eléctricas, nada de pantallas, nada de zumbidos constantes. Solo fuego, cera derritiéndose y ese silencio pesado que no conocía.
Esto ya, de plano, me da para saber que no tendré televisión, computador ni consola para jugar…
Genial. Reencarné para vivir en modo supervivencia medieval.
Tercer punto: este al menos es bueno.
Al parecer la familia en la que vine a caer es noble o adinerada, porque ?quién carajos tiene sirvientes? ??Y una habitación de más de treinta metros cuadrados?!
La habitación de mis padres literalmente era más grande que el loft de un ambiente que arrendaba por quinientos dólares en Santiago Centro, en un edificio con paredes de cartón donde podía escuchar todas las noches a mis vecinos hacer el delicioso sin ningún pudor.
Aquí no.
Aquí el espacio sobra. El aire se siente más limpio, más tranquilo. Los pasos no retumban, las voces no rebotan en paredes delgadas. Todo es amplio, sólido, real.
Cuarto punto… este sí que es incómodo…
Soy un bebé y, como tal, tengo que comer y me tienen que atender.
No mamen… literalmente ahora yo tengo que mamar…
Caria, mi madre, apenas recuperó energías, me acercó a ella para darme pecho. No es que sea princeso o que no me gusten los pechos… no quiero sonar como un cochino degenerado…
Bueno, tal vez sea cochino, pero… no, también lo otro…
AAAA bueno, la cosa es que fue bastante incómodo tener que alimentarme de mi “madre”.
La pulenta, hermano, no le echo más de veinticuatro a?os… tan joven y teniendo hijos. Bueno, mi padre tampoco se salva, se ve que tienen la misma edad.
El mundo me obliga a mí, un cochino degenerado atrapado en cuerpo de bebé, a alimentarme de una linda chica…
Ahora bien, el otro problema es que no logro controlar mi organismo.
Ya he vomitado como tres veces, me orino encima y no me doy ni cuenta. No hay aviso, no hay control, simplemente pasa. Es horrible.
Y llega Tana, lo más feliz de la vida. Me limpia el culito de bebé con cuidado, me seca, me envuelve en telas suaves y me abraza con cari?o… no sin antes comerme a besos, pellizcarme los cachetes y ponerme cara de tonta.
Lo único que logra es que esta papa enojada se ponga a llorar sin entender muy bien por qué.
Caria y Laret han mostrado preocupación porque piensan que soy muy callado. Piensan que, bueno, como bebé debería estar chillando cada tres minutos, reclamando por todo…
Bueno, que agradezcan… los dejo dormir.
Ahora bien, sí que me incomoda el avance tecnológico que tenemos.
En este último tiempo varias personas han venido a chequear a mi madre. Aún tiene sangrados y eso me preocupa. Hay que ser realistas: en un mundo casi en la Edad Media, la tasa de mortalidad de mujeres antes, durante o después de dar a luz era alta…
Demasiado alta.
De pronto sonó la puerta. Era Laret con otra persona. Como estaba en la cuna no podía ver, pero sí los podía escuchar con claridad.
—He traído a Galen para que te revise a ti y al bebé —dijo Laret con un tono serio, pero tranquilo.
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—Hola, Galen, qué gusto volver a verte en buena forma —respondió Caria—. ?Cómo está Freya?
—A mí también me da gusto volver a verlos, y sobre todo ahora que han consumado su unión con un fruto tan bello como el que está en esa cuna —contestó Galen—. Freya está súper bien, un poco abarrotada por su embarazo. Probablemente ella se vea en tu misma situación este mes.
—?De verdad? —dijo Caria, claramente emocionada—. ?Qué felicidad! Ojalá todo salga bien. Cuando te vayas, llévale unas semillas de rosas púrpuras. Antes de separarnos le prometí que le conseguiría algunas para su jardín <3.
—Por supuesto —respondió Galen—. Será un gusto darle tu paquete. Ahora bien, antes de revisarte, primero veré a este peque?o diablillo <3. Espero no salga tonto como sus papás xD.
—?Oye! —reclamaron Caria y Laret al mismo tiempo.
Galen vestía una túnica blanca, bordeada en oro, que parecía brillar con un fulgor propio, como si cada hilo guardara una bendición del cielo.
Llevaba sobre los hombros una capa adornada con plumas pálidas que evocaban la pureza del alba, y en su mano derecha sostenía un bastón tan antiguo como él, coronado por un emblema solar que destellaba con un resplandor cálido y solemne.
Su rostro, en parte oculto bajo una capucha dorada, apenas dejaba entrever unos ojos serenos, cargados de sabiduría y compasión, pero también del cansancio de quien ha visto demasiado sufrimiento. Había algo en su presencia —una calma casi divina— que hacía que incluso el aire pareciera arrodillarse ante él.
Cuando habló, su voz fue profunda y sosegada, llena de autoridad pero exenta de orgullo, como si la luz misma lo acompa?ara en cada palabra.
—Maravilloso. Se ve bastante bien para tres días de haber llegado a este mundo —dijo Galen mientras me examinaba—. Puedo palpar su cuerpo y no se siente nada extra?o; su piel no muestra signos anormales y sus ojos tampoco. Sin duda, un poco de magia estimulará su cuerpo.
Luego de decir eso, me tomó en sus brazos y me transfirió nuevamente a los brazos de mi madre.
—?Me vas a aplicar magia con él en brazos? —preguntó Caria, con una mezcla de duda y preocupación.
—Así es —respondió Galen—. Aprovechando que mi magia de curación atravesará tu cuerpo, las partículas mágicas restantes, al ser demasiado peque?as y débiles, podrían ayudar a estimular su propio sistema mágico.
Kael pensamiento: NANANANANA… espera… chanta la moto, mi ciela…
?Acaba de decir magia?
?MAGIA? ????MAGIA!????
Mi mente entró en corto. No fue una reacción elegante ni reflexiva; fue puro shock. Todo lo que venía asumiendo hasta ahora —Edad Media, velas, cero tecnología— se mezcló de golpe con una palabra que no debería existir fuera de la fantasía.
Magia.
Antes de que pudiera procesarlo del todo, Galen comenzó a emitir, poco a poco, una tenue luz dorada desde el estómago de mi mamá. No fue un destello brusco ni algo violento; era una luz suave, cálida, casi reconfortante. Se expandía despacio, como si respirara, como si tuviera vida propia.
La habitación cambió.
El aire se volvió más pesado, pero no incómodo. Más bien, se sentía denso y tibio, como cuando te envuelves en una manta gruesa en una noche fría. La luz dorada iluminaba las paredes y hacía que las sombras se suavizaran, perdiendo sus bordes afilados.
Sentí cómo cada partícula recorría mi cuerpo.
No fue doloroso.
Todo lo contrario.
Era como cuando te ponen una intravenosa y el suero empieza a correr por las venas. Esa sensación de algo ajeno entrando, pero que no duele, que incluso tranquiliza. Cada peque?a chispa de esa luz que escapaba del cuerpo de mi madre y me tocaba se filtraba dentro de mí, recorriéndome por completo.
Era… placentero.
Extra?amente placentero.
No tenía palabras para describirlo mejor. No era calor, no era cosquilleo, no era presión. Era una sensación profunda, como si algo dentro de mí despertara lentamente, estirándose después de un largo sue?o.
Al ver el rostro de mi mamá, incluso desde mi limitada perspectiva, pude notar cómo su expresión se relajaba. Sus cejas dejaron de fruncirse, sus labios se aflojaron y su respiración se volvió más lenta, más tranquila.
Qué bueno…
Tal vez no haya avance tecnológico, pero si existe magia como esta para ayudar, me tranquiliza bastante.
—?Cómo te sientes, Caria? —preguntó Galen con voz serena, sin interrumpir el flujo de la luz.
—Me siento mucho mejor… —respondió ella, con un suspiro evidente—. Ya no tengo la presión cerca de la vejiga y no me duele el cuerpo.
—Me alegra oír eso —dijo Galen, satisfecho.
—Te lo agradezco mucho, amigo —intervino Laret—. Si no fuera por ti, esto se habría complicado mucho.
—Agradécemelo después —respondió Galen con una leve risa—, cuando nuestros hijos estén correteando por ahí y nosotros con unas cervezas en la mano.
—Tomaré tus palabras —contestó Laret, con una sonrisa que se le escapó sin querer.
La luz comenzó a apagarse poco a poco, disipándose como bruma bajo el sol. La habitación volvió a su estado normal, pero algo había cambiado. No sabía decir qué exactamente, pero lo sentía. Algo dentro de mí ya no era igual.
—Bueno, Caria —dijo Galen—, te dejamos descansar con el bebé. Al menos unos dos días más en cama y quedarás como si nunca hubieras dado a luz.
—Gracias, Galen —respondió ella—. Cuídate mucho y recuerda las semillas de las rosas.
—Jaja, xD —rió él—. Gracias por recordármelo, ya se me había olvidado.
—Ahhh… pero los tontos somos nosotros… —murmuró Laret, negando con la cabeza.
—Pues sí —respondió Galen—, siempre andas con cara seria y de amargado…
Mientras iban peleando de forma amistosa, cerraron la puerta y me dejaron con mamá. El silencio volvió a llenar la habitación, interrumpido solo por su respiración tranquila.
Caria me miró. Sus ojos brillaban con una mezcla de cansancio, ternura y algo más profundo, algo que no alcanzaba a comprender del todo.
—El Gran Se?or pronto volverá —dijo en voz baja—, y será el momento de que por fin recibas un nombre, mi preciado…
Se acercó un poco más, sonriendo.
—Preciado… —repitió—. Preciado…
—Preciado caramelo cachetón —a?adió entre risas suaves— <3.
Luego de eso, fui comido a besos por mi mamá, sin piedad alguna, mientras yo solo podía aceptar mi destino con resignación y una pizca de vergüenza interna.

