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CAPÍTULO 4 - Cenizas en el Viento

  La puerta de la caba?a se abrió de golpe, dejando entrar una ráfaga de aire frío y a Kaelor, que irrumpió con el ce?o fruncido y los ojos alertas. Detrás de él entraron Kael, respirando con dificultad tras haber corrido, y Alden, jadeante, con la mirada perdida.

  —Tomen lo que necesiten, rápido —ordenó Kaelor con voz grave—. Debemos irnos. No tenemos mucho tiempo antes de que lleguen hasta aquí.

  Kael, aún intentando recuperar el aliento, preguntó:

  —?Quiénes eran esos?

  —Cuervos de Galathor —respondió Kaelor con dureza—. No creí que se atrevieran a llegar tan al sur.

  Sin decir más, cruzó la habitación y desapareció tras una puerta lateral, dejando a los jóvenes solos.

  Kael tomó una bolsa de tela y la extendió hacia Alden.

  —Prepara lo necesario. Todo estará bien.

  Alden lo miró en silencio, asintiendo con un leve gesto. Kael siempre había sido su ancla cuando el miedo o la incertidumbre lo dominaban. Ahora no era diferente.

  ***

  Dentro de la habitación contigua, Kaelor movió un viejo baúl. Debajo, unas tablas sueltas revelaron un compartimiento oculto. Allí, envuelto en polvo y tiempo, yacía un trozo de tela que alguna vez debió ser fino y costoso. Ahora era apenas un trapo descolorido, pero aún conservaba el símbolo de la casa Galathor. Kaelor lo observó unos segundos, con una sombra de melancolía en la mirada, antes de guardarlo cuidadosamente en su bolsa.

  De allí sacó también una peque?a bolsa repleta de monedas de oro, plata y bronce; a?os de esfuerzo reservados para este día inevitable. Luego tomó una daga elegante, de hoja delgada y empu?adura ornamentada. Finalmente, levantó una espada corta, elegante, con el emblema grabado de una cabeza de lobo en la empu?adura. La sostuvo un momento, recordando al hombre al que perteneció, y luego la colgó de su cinturón.

  Salió de nuevo a la habitación principal. Los dos jóvenes ya estaban listos: capas oscuras, mochilas ligeras y las miradas tensas. Kael ajustaba un cuchillo en su cinturón, junto a su espada, mientras Alden trataba de asegurar la suya con torpeza.

  —Partamos —dijo Kaelor.

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  La puerta se cerró tras ellos y los tres se internaron en el bosque. A la distancia, el resplandor de las llamas devoraba el pueblo, y el eco de los cascos de caballos resonaba mientras un grupo de hombres con antorchas se acercaba a la caba?a abandonada.

  ***

  Al amanecer, Riven cabalgaba lentamente por lo que quedaba del pueblo. El humo ascendía en columnas grises desde los restos calcinados, y el aire olía a ceniza y madera quemada. Algunos cuerpos yacían en el camino, entre ruinas y escombros.

  Su mirada se detuvo en una peque?a carretilla de madera volcada a un lado del sendero: un juguete infantil, ahora cubierto de hollín.

  Riven detuvo su caballo frente a la plaza principal. Un subordinado se acercó apresurado, inclinando la cabeza.

  —Mi se?or, el pueblo está asegurado y completamente registrado —informó—. Algunos aldeanos aprovecharon la noche para huir en distintas direcciones, pero la mayoría ha sido capturada. Entre los muertos y los prisioneros… no se encuentra el portador de la Marca.

  Riven exhaló lentamente, frustrado.

  —Todo esto… para nada.

  —Mi se?or, hay algo más… Garr y los tres Cuervos que dieron el aviso sobre el portador de la Marca fueron hallados muertos. Heridas limpias de espada.

  Riven lo miró en silencio unos segundos, con una expresión que oscilaba entre la incredulidad y la reflexión. Luego desmontó, apoyando una mano en el pomo de su espada.

  —?Me estás diciendo que unos simples campesinos mataron a Garr… y a tres Cuervos entrenados?

  El soldado tragó saliva.

  —Sí, mi se?or.

  Riven observó los restos humeantes del pueblo, pensativo.

  —No eran simples campesinos… ?El Portador de la Marca?… Entonces era cierto, y parece no estar solo.

  Giró la vista hacia el soldado.

  —Llama a los exploradores. Dividan los grupos de búsqueda en todas las direcciones. Si escaparon, quiero saber hacia dónde. —Su voz se endureció—. Recuerda esto: si es él, lo necesitamos con vida.

  El soldado asintió y partió al galope, mientras Riven permanecía quieto, con la mirada fija en el horizonte, como si buscara algo más allá del humo.

  ***

  Horas después, Kaelor, Alden y Kael salieron a un claro del bosque donde un peque?o riachuelo serpenteaba entre las piedras. El murmullo del agua se mezclaba con el canto de algunos pájaros ma?aneros, trayendo un instante de calma tras la huida.

  Kaelor se volvió hacia ellos.

  —Tomaremos un descanso. No creo que nos sigan.

  Los jóvenes se arrodillaron junto al agua, agotados. Alden hundió las manos en el riachuelo… y se quedó inmóvil.

  La sangre seca de Elena comenzó a disolverse en el agua.

  El rojo se diluyó como un recuerdo arrancado.

  Alden apartó la mirada, respirando hondo, como si con ese gesto estuviera dejando ir algo que aún lo desgarraba.

  Kaelor, de pie, vigilaba los alrededores, atento.

  Kael rebuscó en su bolsa y sacó un trozo de pan. Lo partió con las manos, lanzó uno a Kaelor y ofreció el otro a Alden.

  —Come. Lo necesitarás.

  Alden tomó el pan, pero se detuvo antes de morderlo. Levantó la vista hacia Kaelor.

  —Venían por mí —dijo finalmente, con voz baja—. él lo dijo. “Atrápenlo”. Esto tiene que ver con esta marca… y con las visiones.

  Se llevó la mano al pecho.

  Kael abrió los ojos con sorpresa.

  Kaelor lo observó en silencio, luego habló con tono firme:

  —Esa marca… no es una marca cualquiera. Y sí: Galathor te busca por ella. Pero no hablaré de eso aquí. Antes necesito que me digas qué viste.

  Alden cerró los ojos un instante, frunciendo el ce?o.

  —Ruinas… un templo… una mujer a la que no podía ver bien… y una voz que me decía que fuera a Aeryndor.

  Kaelor se quedó inmóvil unos segundos, como si el nombre resonara en su memoria.

  —Aeryndor… —repitió con un tono casi reverente—. Entonces ya tenemos un destino.

  Se giró hacia los dos jóvenes.

  —Nos dirigiremos al Oeste, al reino de Valdara.

  El agua del arroyo reflejaba la primera luz del sol entre las ramas. El aire olía a tierra húmeda y ceniza lejana arrastradas por el viento.

  Mientras los tres se preparaban para continuar su camino, las llamas del pasado aún ardían detrás de ellos, en el horizonte.

  Y en el resplandor del amanecer, el destino del portador de la Marca comenzaba a tomar forma.

  Gracias por leer este capítulo.Como siempre, me encantaría conocer tus comentarios e impresiones.

  Te invito a continuar con el siguiente capítulo, y gracias por acompa?arme en esta historia.

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