Esa misma noche, Lord Xander se encontraba en la alcoba de su esposa. La luz de las velas titilaban con suavidad, proyectando sombras alargadas sobre las paredes de piedra. El aire estaba impregnado con el aroma de las flores frescas que él mismo había dispuesto junto a su lecho, como si con ese simple gesto pudiera devolverle la vida que poco a poco se escapaba de su frágil cuerpo.
Se inclinó sobre ella, susurrándole al oído con una ternura infinita:
—No te preocupes, amor mío… pronto estarás mejor… te lo prometo. Y haré pagar a todos los que te hicieron da?o… —Su voz era suave, pero en su tono latía una ira contenida, oscura como la noche misma.
Con un suspiro cargado de emociones, le depositó un delicado beso en la frente, sus labios apenas rozaron su piel fría. Luego, se alejó despacio, girándose hacia el espejo de cuerpo entero que adornaba la habitación. Sus ojos, enmarcados por profundas ojeras, recorrieron su reflejo. Su larga cabellera caía enmara?ada sobre sus hombros, un reflejo de su propio estado caótico. Sus dedos sujetaron su cabello con pesadez mientras un pensamiento se filtraba en su mente.
—Si ella me viera ahora… estaría tan triste… —murmuró de amargura.
A su lado, sobre la mesa de noche, descansaba una peque?a caja de madera. La abrió con cuidado, revelando en su interior una perla verde de un brillo hipnótico. La píldora de la Serpiente Dormida. Un regalo de Cáliban, una ofrenda cargada de promesas. Sus palabras aún resonaban en su mente, tan claras como la primera vez que las escuchó.
—"Aunque no creo que cure todas sus heridas, puede ayudar a sanar aquellas que aún no estén cerradas… también le proporcionará inmunidad a ciertos venenos, mejorará su condición física y acelerará su metabolismo. Pero debe ingerirla y meditar de la siguiente forma…"
Xander sostuvo la píldora entre sus dedos, analizándola bajo la luz de la vela. Sus ojos se entrecerraron antes de finalmente llevarla a sus labios y tragarla sin titubeos. Luego, se sentó en el suelo, adoptando la postura indicada por Cáliban, cerró los ojos y comenzó a meditar, movilizando su energía a través de su cuerpo para guardar el efecto en él.
Los minutos se alargaron. El tiempo perdió significado. Durante una hora, su cuerpo absorbió lentamente la energía de la píldora. Un calor profundo comenzó a extenderse por sus venas, llenándolo con una sensación de poder indescriptible.
?Esta píldora realmente es especial… puedo sentir una energía diez veces más pura que una normal…?
Sin embargo, no había se?ales inmediatas de cambio. Con una ceja arqueada, Xander se miró en el espejo, buscando algún rastro visible de transformación. Pero entonces, un escalofrío le recorrió la espalda.
De pronto, un espeso chorro de sangre negra comenzó a manar de su nariz. No eran simples gotas; era un torrente imparable que caía al suelo en una mancha escarlata. Sus fuerzas lo abandonaron de golpe, su visión se volvió borrosa, y el mundo entero pareció oscurecerse a su alrededor.
Su cuerpo cedió ante el agotamiento, desplomándose sobre el suelo helado de la habitación. El sonido de su respiración entrecortada fue lo último que escuchó antes de que la inconsciencia lo reclamara.
A la ma?ana siguiente, Cáliban, Joseph y Reinhard ascendían en el gran elevador, rumbo a sus clases. La estructura se movía con un zumbido mecánico, mientras el paisaje de la academia pasaba a toda velocidad por debajo de ellos.
Joseph dejó escapar un largo bostezo antes de hablar con desgano:
—Me pregunto a quién elegirán para ser nuestro nuevo profesor de esgrima… —Se frotó los ojos, aún somnoliento.
—Dicen que contratarán a alguien de afuera… al menos, eso cuentan los rumores. —Reinhard cruzó los brazos, pensativo —?Tú qué opinas, líder?
Pero Cáliban no respondió. Estaba absorto, con la mirada perdida en el horizonte, observando el paisaje en rápida transformación. No era solo el panorama lo que lo mantenía en silencio. Una inquietud latía en su pecho, una sensación que no podía explicar del todo, pero que lo mantenía preocupado.
?No he recibido respuesta de Lord Xander desde que dijo que tomaría la píldora… espero que no haya pasado nada malo… recuerdo haber sido muy preciso al ense?arle la técnica de meditación…?
Cáliban frunció el ce?o mientras observaba el paisaje fugaz a través de los ventanales del elevador. Algo dentro de él le decía que algo no estaba bien, pero desechó la inquietud con un suspiro. Xander era fuerte, debía confiar en su resistencia.
Cuando finalmente llegaron al salón de clases, dentro de la imponente Torre de los Combatientes, se encontraron con una enorme explanada de arena. Los muros altos que la rodeaban le daban el aspecto de una arena de combate, pero lo más inquietante era la corriente de aire que circulaba con fuerza, como si la habitación se hallara suspendida a miles de pies sobre el suelo.
Los estudiantes esperaron en silencio, con sus miradas fijas en la entrada. El tiempo pasaba lentamente, y con cada minuto que transcurría sin se?ales del profesor nuevo, la impaciencia se hacía más evidente. Algunos comenzaron a murmurar entre ellos, mientras otros, perdiendo la paciencia, optaron por abandonar el lugar.
Veinte minutos después, la frustración ya era generalizada.
—Creo que ya no vendrá el profesor… —comentó Reinhard, cruzado de brazos.
—O profesora… —a?adió Joseph, encogiéndose de hombros.
Cáliban, que había permanecido en silencio, se levantó con calma, sacudiéndose la arena de su ropa con un aire distraído.
—Es mejor irnos. —dijo finalmente —Dudo que el profesor venga. Seguramente aún están debatiendo quién ocupará su puesto…
Pero antes de que pudieran dar un solo paso hacia la salida, una voz profunda y firme resonó a través del recinto, deteniéndolos en seco.
—?Lamento llegar tarde, muchachos! ?Empecemos la clase!
Las enormes puertas principales se abrieron de golpe, y la figura de Lord Xander emergió con una presencia avasallante.
Un murmullo de asombro recorrió a los alumnos.
Su cuerpo, que días atrás parecía consumido por el agotamiento, había recuperado un poco de su antigua gloria. Su postura irradiaba fuerza, y su cabello, antes quebradizo y desordenado, caía liso y brillante sobre sus hombros. Su armadura de cuero resplandecía bajo la tenue luz del recinto, y sus ojos, firmes como el acero, reflejaban la determinación inquebrantable de un guerrero renacido.
Desde la multitud, algunos susurraban entre ellos, impresionados por el cambio.
—?Ese es realmente Lord Hilloy…?
—No puede ser… parece otra persona.
—Su aura… es completamente distinta.
Cáliban, que hasta ese momento había estado tenso, exhaló en silencio. Una ligera sonrisa cruzó su rostro.
?Así que lo lograste…?
Xander avanzó con paso firme hasta el centro de la explanada y clavó su mirada en los alumnos.
—Bien. Ahora que estamos todos, será mejor que no perdamos más tiempo. Espero que estén listos… porque esta no será una clase fácil.
—?Lord Xander!
—?Increíble!
—?Es el legendario Espadachín de la Canción de Guerra!
El nombre de Lord Xander ya era conocido en cada rincón del reino, pero verlo en persona era un espectáculo en sí mismo. La impresión fue inmediata… su porte majestuoso, la energía renovada que emanaba de su cuerpo y la forma en que su mirada atravesaba el aire con una mezcla de serenidad y fiereza.
Cáliban lo observó con atención, evaluándolo. Con un leve movimiento de cabeza, le envió una se?al de reconocimiento.
?Parece que mis preocupaciones eran innecesarias…?
Xander, con una media sonrisa, le devolvió el gesto, respondiendo telepáticamente con su tono usual, cargado de confianza.
?Ja… por un momento sentí que casi me iba al Jardín de los Héroes… pero esa píldora tuya limpió la mayoría de las imperfecciones de mi cuerpo. Me siento joven otra vez…?
Cáliban exhaló un suspiro aliviado.
?Me alegra oírlo… ?Así que serás nuestro nuevo profesor??
?En efecto.?
De repente, Xander alzó una mano y dio una fuerte palmada en el aire. Al instante, una potente onda de energía se expandió por toda la explanada, disipando la arena en cuestión de segundos y revelando una base de concreto liso debajo.
El asombro se reflejó en los rostros de los alumnos.
—?Muy bien, acérquense todos! —ordenó Xander con voz firme.
Los estudiantes se apresuraron a rodearlo, ansiosos por estar lo más cerca posible de la leyenda viviente. Desde sus a?os de juventud, Xander había sido reconocido por sus duelos espectaculares y sus combates contra criaturas legendarias. Su habilidad con la espada solo había sido superada por una persona… el actual Santo de la Espada.
Entre la multitud, un joven en particular parecía casi vibrar de emoción. Sus ojos brillaban con una devoción absoluta mientras observaba a Xander con admiración contenida. Se trataba de Argos, un estudiante cuyo sue?o había sido, desde siempre, aprender de los mejores.
—Se?or… ?Usted será nuestro nuevo instructor? —preguntó Argos, con la voz cargada de expectación.
Xander asintió, recorriendo con la mirada a los estudiantes.
—Efectivamente. Debido al repentino fallecimiento del profesor Baleid, yo seré su reemplazo. Espero que no se decepcionen…
—?De ninguna manera! —exclamaron varios a la vez.
Xander sonrió con satisfacción.
—Bueno, en ese caso… vamos a comenzar con la clase de hoy. ?Escuchen atentamente!
Los murmullos desaparecieron al instante. Cada alumno se apresuró a tomar asiento en un gran círculo a su alrededor. Argos, sin dudarlo, se colocó lo más cerca posible, con su mirada fija en su nuevo maestro, completamente absorto en lo que estaba a punto de aprender.
El ambiente estaba cargado de expectación. Nadie quería perderse una sola palabra de la ense?anza de un hombre que había sido forjado en el fuego de la batalla.
—En esta clase les ense?aré el arte de la defensa propia. Empezaremos con esgrima y combate cuerpo a cuerpo, pero también aprenderemos el manejo de otras armas.
Xander recorrió la mirada por los alumnos, su voz grave y autoritaria resonó en la explanada.
—Por ahora, quiero que elijan el arma que mejor se adapte a ustedes. Esta sala está imbuida con magia antigua, lo que significa que puede recrear cualquier equipo que necesiten. Solo deben dirigirse a los almacenes. —se?aló con el dedo unas enormes cajas de madera en la esquina —Tienen cinco minutos. ?Muévanse!
El grupo no dudó en obedecer. Los alumnos se apresuraron a los almacenes, rebuscando con ansiedad entre las armas disponibles. Había de todo… espadas largas, dagas, lanzas, martillos de guerra, incluso algunas armas exóticas difíciles de ver en un entrenamiento común.
Mientras todos se preparaban, Cáliban permaneció de pie, inmóvil. En lugar de unirse a la selección de armas, se quedó junto a Xander, intercambiando miradas de complicidad.
Este gesto no pasó desapercibido para Argos. Desde su posición, lo observó con el ce?o fruncido, los dientes apretados y los ojos llenos de una furiosa envidia.
??Realmente es su patrocinador…??
Apretó con fuerza la empu?adura de la espada que había escogido. Su orgullo le ardía en el pecho. No soportaba la idea de que Cáliban estuviera más cerca de Lord Xander.
?Aunque me ganaste esta vez, hay una gran diferencia entre nuestro talento y linaje… idiota. Te lo dejaré claro la próxima vez.?
Cáliban percibió su hostilidad. Sus instintos le advirtieron del resentimiento que emanaba de Argos, pero decidió ignorarlo. Sus prioridades estaban en otro lado.
—?Qué fue lo que pasó? —preguntó, girándose hacia Lord Xander.
Xander cruzó los brazos y dejó escapar un suspiro pesado.
—Cuando tomé la píldora, sentí un dolor insoportable en todo mi cuerpo. Mi nariz comenzó a sangrar violentamente y mis fuerzas se desvanecieron. Ni siquiera pude ponerme de pie. Al final… me desmayé.
Hizo una breve pausa, como si estuviera recordando el sufrimiento vivido.
—Pero cuando desperté esta ma?ana, mi cuerpo estaba restaurado casi por completo. Las heridas más superficiales habían desaparecido, y siento como si los a?os no hubieran pasado…
Cáliban asintió, analizando la información.
—Eso es natural. La píldora limpia todas las impurezas del cuerpo y acelera la regeneración de los tejidos. Las heridas que normalmente tardarían meses en sanar, desaparecen en días.
Xander frunció el ce?o.
—?Es normal que casi muera en el proceso?
—Cada cuerpo reacciona de forma diferente. La meditación ayuda a controlar los efectos secundarios, pero ni siquiera eso es un método completamente seguro. Es lo que tenemos ahora mismo.
Xander asintió lentamente, como si estuviera procesando sus palabras.
—Entiendo… Bueno, seguiré con la clase. Luego hablaremos más sobre esto.
—Cuando quieras.
Cáliban le dedicó una última mirada antes de apartarse.
Mientras tanto, los alumnos ya habían elegido sus armas. Xander los observó en silencio, evaluando sus elecciones. Finalmente, dio un paso adelante y habló con firmeza:
—Muy bien. Tomen posición de ataque.
Los estudiantes obedecieron de inmediato.
—Empezaremos por lo básico. Den estocadas al aire. Primero, de arriba hacia abajo. Luego, viceversa. Y finalmente, terminen con una estocada al centro.
Se paseó entre los alumnos mientras ejecutaban sus movimientos, observando con ojo crítico cada postura.
—?Cuiden bien su postura! ?Su centro de gravedad y equilibrio son esenciales!
Corrigió a algunos estudiantes, ajustando sus espaldas, moviendo sus pies o indicándoles cómo mejorar la alineación de sus golpes. Sin embargo, una persona en particular llamó su atención.
Fue Nhun.
Su postura era terrible. Su agarre en la espada era torpe, sus movimientos descoordinados, y parecía que en cualquier momento se le escaparía el arma de las manos. Xander frunció el ce?o, intrigado.
Se acercó a ella, deteniéndose justo frente a su figura. La observó por un momento antes de preguntar con voz seria:
—Tú… ?Cual es tu nombre?
Por un momento, Nhun se mostró reacia a contestar al recordar su nombre.
—Nhunisha A’ken Hagiran, se?or… —respondió entre resoplidos, con el rostro ligeramente cubierto de sudor y las manos temblorosas por el esfuerzo.
Lord Xander la observó en silencio por un momento, su mirada aguda recorrió cada detalle de su postura. Finalmente, exhaló un leve suspiro y cruzó los brazos.
—Ya veo… se?orita Nhun, espero que no tome esto a mal, pero… creo que usted no pertenece aquí.
El impacto de sus palabras se sintió de inmediato.
—??Qué?! —exclamó Nhun, con los ojos bien abiertos por la sorpresa.
Xander mantuvo su expresión seria, pero su tono se suavizó apenas.
—?Por qué no pruebas con la magia? Tal vez el combate mágico se te dé mejor. Podrías…
Pero antes de que pudiera terminar su frase, Nhun lo interrumpió con un susurro casi imperceptible.
—Ya lo he intentado…
Su voz temblaba, al igual que sus manos, y Xander no pudo evitar fruncir el ce?o. Algo en su tono, en su desesperanza contenida, lo hizo reaccionar. Sin dudarlo, activó su Mirada Celestial, enfocándola en la joven.
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Lo que vio lo dejó perplejo.
Cerca del corazón de Nhun, un peque?o agujero negro latía con energía densa, absorbiendo y disipando cualquier flujo de maná o aura que intentara circular por su cuerpo.
?Esto… esto no es normal.?
Xander relajó su postura y bajó la voz.
—Escucha, no quiero que tomes esto como un rechazo. Solo intento ayudarte. El combate no parece ser lo tuyo, ni siquiera puedes manejar los fundamentos básicos… déjame hablar con la profesora de artes mágicas. Creo que podrías…
Sin embargo, aunque la intención de Xander era pura, los susurros en la sala empezaron a tomar una forma más cruel.
—Sí, ?Cómo se atreve una elfa oscura a estar aquí?
—Incluso el se?or Hilloy dijo que no tiene talento…
—Supongo que llegó hasta aquí por suerte…
—No sé qué esperaba, ni siquiera puede sostener una espada correctamente…
Las palabras fueron como dagas clavándose en su espalda. Nhun bajó la mirada, sus labios temblando mientras sentía la presión de las miradas sobre ella. Peque?as lágrimas comenzaron a acumularse en el borde de sus ojos.
Xander vio su reacción y se apresuró a corregirse.
—Escucha, eso no era lo que quise decir…
Pero era demasiado tarde.
—?Jódanse todos ustedes! —gritó con furia desgarrada por la frustración.
Y sin darle oportunidad a nadie de responder, salió corriendo de la sala, empujando la puerta con tal fuerza que el sonido del impacto retumbó en la explanada.
Xander se quedó inmóvil por un segundo, sintiendo un peso amargo en el pecho. Suspiró con amargura.
—Eso no era lo que quería decir…
Su mirada se tornó oscura y giró lentamente hacia los estudiantes que habían hablado. Su furia era palpable.
—?500 repeticiones de inmediato! ?Consideren esto un castigo por su falta de disciplina y respeto!
Nadie se atrevió a protestar. Los murmullos se apagaron de inmediato y todos comenzaron a cumplir la orden con terror en el rostro. Entonces, Xander se acercó a Cáliban, quien había presenciado todo en silencio.
—Tengo entendido que esa jovencita es tu amiga…
Cáliban se pasó una mano por la frente, limpiando el sudor.
—Bueno… es mi compa?era de casa… pero me odia.
Xander arqueó una ceja y resopló con ligera diversión.
—Aun así, creo que tú eres el adecuado para hablar con ella… verás… usé mi Mirada Celestial y…
Cáliban alzó una ceja, su curiosidad despertó mientras Xander le narraba lo sucedido.
Mientras tanto, Nhun se encontraba en los jardines de la academia, acurrucada bajo la sombra de un gran árbol. Sus hombros temblaban con cada sollozo silencioso.
Deseaba desaparecer.
Desde que tenía memoria, el talento para el combate siempre le había sido esquivo. No importaba cuántas armas tomara en sus manos, todas parecían ajenas a su ser. Nada le resultaba natural.
Había entrenado sin descanso, esperando que el esfuerzo supliera la falta de talento. Pero nunca fue suficiente.
Cuando ingresó a la academia, pensó que podría cambiar eso, que tal vez encontraría su propósito. Sin embargo, las palabras de Lord Xander, aunque no malintencionadas, habían sido el último clavo en el ataúd de su esperanza.
Nhun apretó los pu?os con fuerza.
—Tal vez… simplemente nunca debí venir aquí…
Nhun sollozó en silencio, apretando los dientes.
—Váyanse a la mierda… todos ustedes… —susurró entre lágrimas, con la voz entrecortada por la rabia. Su cuerpo temblaba de impotencia, sus pu?os clavaban las u?as en la tierra húmeda.
No era justo. Los ecos de las burlas y desprecios aún resonaban en su mente. Los odiaba. Odiaba su arrogancia, su condescendencia… odiaba que sus palabras dolieran tanto.
—Un día… —tragó saliva, con la voz quebrada —Un día les demostraré que no soy una inútil…
Cuando estaba a punto de maldecir de nuevo, una sombra se proyectó sobre ella.
Nhun alzó la mirada con ojos enrojecidos. Frente a ella, una figura alta y esbelta se inclinó ligeramente, observándola con curiosidad. Era otra elfa oscura al igual que ella.
Su piel tenía un tono ceniza, muy diferente a la suya, su presencia era completamente distinta. Serena, confidente y fuerte.
—?Quién eres tú?… —murmuró Nhun, secándose el rostro rápidamente.
La joven le sonrió con amabilidad.
—Oh, mi nombre es Felayda. Te vi llorando mientras pasaba, así que decidí venir a ver qué sucedía… espero que no te moleste.
Sin pedir permiso, Felayda se sentó junto a ella en la hierba, con la naturalidad de alguien que sabe cómo moverse en cualquier entorno.
—No importa… no es nada… —Nhun bajó la cabeza, sintiendo el calor de la vergüenza en sus mejillas.
—?Nada? No lo parece. —Felayda ladeó la cabeza con una leve sonrisa —Vamos, dime qué sucede.
Nhun permaneció en silencio, con la vista clavada en el suelo.
—Oye… como miembros de la misma raza, debemos apoyarnos. Estamos solos en este mundo. Cuéntame qué te pasa.
Las palabras tocaron una fibra sensible en Nhun. Durante a?os, había luchado contra la soledad. La idea de que alguien entendiera su sufrimiento era tentadora.
Y así, en un impulso desesperado, lo dijo todo.
Le contó sobre su falta de talento, sobre los a?os de esfuerzo sin frutos, sobre la burla constante de los demás. Sobre su sue?o de volverse más fuerte, de encontrar un lugar donde realmente perteneciera.
Cuando terminó, Felayda le tomó la mano con suavidad.
—Te entiendo. Esos malditos idiotas creen que pueden decidir quién es fuerte y quién no… pero se equivocan.
Nhun sintió un escalofrío al escuchar su tono. Había algo en su voz… algo seductor y peligroso a la vez.
—Tú puedes ser más fuerte que ellos. —continuó Felayda —Si estás dispuesta…
Nhun parpadeó y alzó la mirada.
—?Dispuesta?
Felayda sonrió con satisfacción.
—Sí… a hacer lo necesario para ganar poder. Para obtener la fuerza suficiente para proteger a los que amas… o para aplastar a quienes te humillan.
Las palabras hicieron eco en la mente de Nhun.
—?A qué te refieres?
Felayda metió la mano en su bolsillo y sacó un anillo negro de aspecto inquietante.
—Este anillo te ayudará a ganar poder… es un regalo. úsalo.
Nhun lo miró con cautela. El anillo parecía… llamarla.
—No… yo no podría…
—No te preocupes, ya tengo uno. —Felayda levantó su otra mano, mostrando un anillo idéntico en su dedo —Mira.
Era hermoso y aterrador a la vez. Su superficie parecía absorber la luz a su alrededor, como si estuviera hecho de oscuridad líquida.
Nhun tragó saliva. Si esto le daba poder… si esto le permitía demostrarles a todos que estaban equivocados…
—Yo…
Felayda tomó su mano con gentileza, acercando el anillo a su dedo.
—Tranquila… solo tienes que usarlo y el poder será todo tuyo…
Pero en el instante en que Nhun estuvo a punto de ponérselo, otra mano se interpuso. El anillo quedó atrapado entre los dedos de una tercera persona.
—Mucho gusto, Felayda. —dijo una voz con una calma inquietante —?Te importa si me lo pruebo?
Nhun y Felayda levantaron la cabeza al mismo tiempo.
Era Cáliban. Su expresión era relajada, su sonrisa cortés. Pero sus ojos, rojos como el fuego, brillaban con una intensidad peligrosa.
—?Eh? Yo…
Antes de que Felayda pudiera reaccionar, Cáliban se deslizó el anillo en el dedo, movilizando su energía caótica. Un segundo después… el anillo se rompió en dos. El sonido del metal astillándose resonó en el aire. Los pedazos cayeron al suelo con un ruido seco. Felayda se quedó helada.
—?Eh…?
Cáliban inclinó la cabeza con una sonrisa burlona.
—Oh, qué pena… —dijo con fingido pesar —Parece que no era de mi talla.
Felayda no podía creerlo. La maldición… se había roto. Intentó retroceder, alejándose de la situación con una risa nerviosa.
—?Está bien! El anillo era frágil, no te preocupes por ello… yo debo irme… ?Nos vemos después, Nhun!
Se giró de inmediato y se marchó con pasos apresurados. Nhun la observó sin mucho interés, su mirada seguía apagada.
—Adiós, Felayda… —dijo en tono monótono.
Sin embargo, apenas la elfa oscura desapareció por el pasillo, Nhun fulminó a Cáliban con la mirada.
—?Y tú qué quieres?
Cáliban suspiró, llevándose una mano a la nuca.
—Esto será difícil…
Mientras tanto, en otro pasillo del castillo… Felayda caminaba con prisa, aun con su cuerpo rígido por la tensión. Sus manos temblaban y sus ojos se movían con nerviosismo de un lado a otro, asegurándose de que nadie la siguiera.
—Mierda… —susurró, mordiéndose la u?a del pulgar —Otro poco y hubiera podido llegar a ella… todo se arruinó por ese maldito chico.
Apretó los dientes, conteniendo la rabia.
—Necesito informarle al artífice…
Pero antes de que pudiera llegar al final del pasillo, una silueta oscura bloqueó su camino. Felayda se detuvo en seco. Frente a ella, erguido como una estatua, estaba Lord Xander. Su expresión era tranquila, su postura relajada. Pero sus ojos… sus ojos la traspasaban.
—Estudiante Felayda… ?Podría venir un momento?
Su tono era amable. Demasiado amable. Un escalofrío recorrió la espalda de Felayda.
—Ah… lo siento, profesor… es que tengo que ir con prisa para…
—Para avisarle al artífice, ?No?
Felayda se quedó helada. Su cuerpo entero se paralizó. Su piel palideció al instante. Había sido descubierta.
??Tengo que huir!?
Giró sobre sus talones, preparándose para correr. Pero en menos de un suspiro, una mano la atrapó del cuello. Fuerte e inquebrantable, como un cepo de hierro. Felayda sintió cómo la levantaban en el aire con brutal facilidad, sus pies patalearon en vano. Se ahogó en su propio aliento, con los ojos desorbitados por el terror.
—??Por qué un profesor hace esto?! —chilló, quebrada por el miedo.
Lord Xander la observó con fría indiferencia.
—Qué descaro…
Con un movimiento lento y calculado, sacó un peque?o medallón. Era uno de los medallones de Cáliban, grabado con antiguas runas.
El efecto fue inmediato.
El cuerpo de Felayda se retorció en el aire, como si su piel ardiera desde dentro. Su carne se crispó y su silueta comenzó a derretirse, cayendo como una sombra desprendida de su cuerpo.
Su verdadera forma emergió.
Lo que antes era una joven elfa oscura, ahora se revelaba como una criatura grotesca y cadavérica. Su piel era blanca y lampi?a, como la de un cuerpo desenterrado. Su rostro… un horror sin labios, con dientes prominentes y afilados. Sus ojos, dos pozos oscuros de vacío, reflejaban un hambre insondable.
Y su cuerpo…
Su cuerpo era un cúmulo de huesos marcados por una delgadez extrema, como si estuviera atrapada en un estado de inanición eterna. Felayda se estremeció, su respiración se entrecortaba por el pánico.
Lord Xander la contempló en silencio, como si examinara un espécimen curioso.
—Ya veo… —murmuró, con calma implacable —Así es como reclutan a los alumnos sin que los profesores se den cuenta. —Su mirada se endureció. —Bueno…
Se inclinó levemente, observándola de cerca, con su rostro apenas a centímetros de los ojos hundidos de la criatura.
—Tú y yo… tenemos mucho de qué hablar.
Los pasillos se llenaron con el eco de un grito.
Por otro lado, Cáliban intentaba acercarse a Nhun, pero ella lo rechazaba sin contemplaciones. Sin importar qué dijera, siempre terminaba con una respuesta llena de veneno.
—Nhun…
—No me hables, maldito supremacista idiota.
—No soy… eso no tiene sentido.
—Para mí sí. —replicó Nhun con frialdad.
Cáliban suspiró y su expresión se tornó seria.
—Solo quiero ayudarte, nada más, yo-
—Lo único que quieres es demostrar que eres superior a los demás, puto imbécil. —lo interrumpió con una mirada cargada de resentimiento.
él se quedó en silencio. Por primera vez, no supo qué responder. Nhun seguía encorvada, con los brazos rodeando sus piernas y el rostro oculto tras su cabello. Cáliban bajó la mirada.
—Te sientes inútil, ?No?
Nhun se tensó.
Esas palabras le llegaron como una flecha.
—Quieres el poder para proteger lo que más amas, pero tienes miedo de dejar de ser tú misma al obtenerlo… —Su voz sonaba calmada, sin burla ni condescendencia —Te sientes impotente, sobre todo cuando las personas a quienes respetas te dicen que deberías rendirte…
Nhun levantó apenas el rostro, sus labios temblaron.
—Te sientes arrinconada, humillada y desolada.
Por primera vez, alguien había dicho exactamente lo que sentía. Nhun apretó los dientes. No podía… o no quería darse el lujo de aceptar su compasión.
—Me das asco… —susurró con voz rota.
Cáliban sonrió amargamente.
—Yo también me doy asco… —murmuró con un tono sombrío.
Nhun lo miró sorprendida.
?él… ?Acaba de admitirlo??
—No hay ni un solo día en el que no me maldiga por seguir existiendo… —Su voz sonaba distante, melancólica —Pero tengo que hacerlo… tengo que vivir con ese peso.
Nhun lo observó en silencio con sus ojos enrojecidos por el llanto. No lo había visto así. Hasta ahora, siempre había pensado que Cáliban era arrogante, que se creía superior, que nunca dudaba.
—Tú… —murmuró, sintiendo su corazón latir con fuerza —Con los bandidos, los idiotas de la casa e incluso con lord Hilloy… —Se mordió el labio. —?Cómo te hiciste fuerte?
Cáliban levantó la vista. Nhun tragó saliva antes de continuar.
—?Cómo puedo ser como tú…? —Apretó los pu?os, luchando por no temblar —Para proteger a mi amiga…
El viento sopló suavemente entre los árboles. Cáliban levantó la mirada al cielo. Desde fuera, él parecía alguien fuerte y decidido.
Pero la realidad era otra. Era débil. Siempre lo había sido. Desde que nació, ha sido el más débil. En comparación con sus hermanos fallecidos, no tenía talento, ni linaje, ni prodigios en su sangre.
Solo era un idiota… un idiota que nunca dejó de mover su espada… porque era lo único que tenía.
Cáliban suspiró, cerrando los ojos un instante antes de hablar.
—Siempre he sido débil… —su voz sonaba pesada, como si cada palabra llevara consigo una carga de a?os —Nunca he podido proteger lo que realmente quiero.
Nhun frunció el ce?o, sintiendo el peso de su confesión.
—Una y otra vez… fallé. —Cáliban apretó los pu?os —No importaba cuánto entrenara, cuánto lo intentara… al final, siempre llegaba tarde… —Se quedó en silencio unos segundos antes de mirarla fijamente —Me preguntaste cómo puedes ser como yo…
Nhun asintió, ansiosa por la respuesta.
—No puedes. —Su corazón se encogió —Jamás serás como yo… porque no eres yo. —La elfa oscura abrió los ojos de par en par —Eres tú, Nhun. —Cáliban dio un paso al frente con tranquilidad —Así que trata de ser tú misma.
Nhun sintió un nudo en la garganta.
—Pero… ?Cómo? —Su voz sonaba rota, desesperada —No importa cuánto lo intente… siempre fracaso. —Bajó la mirada, con los pu?os temblorosos —No puedo usar armas, ni arcos, ni bastones… ni siquiera magia… —Su respiración se volvió inestable —Soy un desastre… no merezco estar aquí.
Cáliban negó con la cabeza.
—Eso no es algo que los demás puedan decidir por ti… sino tú misma.
Nhun sintió que su mundo se tambaleaba.
—?Pero cómo voy a proteger a Cecilia así?
Cáliban la observó con sorpresa. Esa determinación… le recordaba a alguien en particular.
—?Por qué estás tan empe?ada en protegerla?
Nhun alzó el rostro con una mezcla de orgullo y tristeza.
—Cecilia me ha ayudado desde que éramos ni?as. Nunca me dejó sola. —Sus labios temblaron —Ni a mí, ni a mi padre… sin importar nuestro bajo estatus. —Nhun apretó los pu?os —Ella no ve eso en las personas… —Un suspiro escapó de su boca —Tiene un corazón demasiado puro… hasta que cierto idiota se lo rompió.
Nhun alzó la mirada, fulminando a Cáliban con los ojos. él dejó escapar una risa amarga.
—Sí… tienes razón…
Bajó la cabeza en se?al de vergüenza. Nhun lo miró con furia.
—?Por qué la hiciste llorar? Ella no quiere decirme nada…
Cáliban se quedó en silencio. Después de unos segundos, decidió hablar. Le contó lo que pasó aquella noche… por supuesto, dejándose algunos detalles para sí mismo. Cuando terminó, Nhun temblaba de rabia.
—?Maldito imbécil!
Intentó golpearlo, pero Cáliban sujetó su pu?o con firmeza.
—Cálmate, Nhun…
—?Vamos! No seas malo… ?Solo déjame darte un golpe!
Su enojo se desvaneció poco a poco… cuando finalmente se calmó, lo miró con los brazos cruzados y tono desafiante.
—A ver, dime… ?Qué fue lo que te molestó?
Cáliban suspiró.
—Al contrario… —Nhun arqueó una ceja —Cecilia es demasiado buena para mí.
Nhun estaba lista para refutar, pero entonces vio su rostro. Se quedó en silencio. Cáliban tenía los ojos de alguien que había intentado algo tantas veces… que terminó rindiéndose. Ese cansancio… esa frustración… era la misma mirada que Nhun tenía cada vez que fracasaba en la lucha.
—Tú… —intento decir Nhun, pero Cáliban le devolvió la mirada con seriedad.
—Quieres proteger a Cecilia, ?Verdad?
Nhun asintió levemente, bajando la mirada con un brillo de tristeza en los ojos.
—Yo también… pero si ella está cerca de mí, no podré hacerlo. —Su voz sonaba apagada, como si cada palabra le doliera —Por eso la alejé…
El silencio cayó entre ambos, pesado como una niebla espesa. La luz tenue de la ma?ana se filtraba por los vitrales del pasillo, proyectando sombras alargadas sobre las paredes de piedra.
Nhun frunció el ce?o.
—?Qué clase de peligro…?
Pero antes de que terminara su pregunta, sacó de su bolsillo el anillo roto y lo acercó a Nhun. Los fragmentos oscuros parecían absorber la luz, como si estuvieran vivos.
—Este anillo está maldito. —dijo con gravedad —No sé por qué te lo quería dar, pero si te lo hubieras puesto… habrías quedado maldita para siempre.
Nhun sintió un escalofrío recorrerle la espalda al sostener los fríos trozos de metal entre sus dedos.
—Pero… ?Por qué? —susurró, su voz temblorosa.
Cáliban negó con la cabeza, su expresión se tornó sombría.
—No lo sé… eso es lo que debo investigar. Pero lo haré por mi cuenta. —Se inclinó ligeramente hacia ella, su mirada intensa se posó sobre sus ojos —Por ahora, quiero que protejas a Cecilia. Protégela por mí, por favor.
Nhun alzó la vista, sorprendida por la súplica en su tono.
—?Podrías hacerlo? —insistió Cáliban —Por el bien de Cecilia…
Ella apretó los labios, queriendo exigir más explicaciones, pero sabía que no tenía el poder de combate para ayudarlo. No podía hacer más que confiar en él… aunque doliera. Finalmente, asintió con un leve movimiento de cabeza.
—Pero… ?Cómo podré protegerla? No sé usar armas…
Cáliban le dedicó una media sonrisa.
—No te preocupes… ya se me ocurrirá algo.
Le tendió la mano, y Nhun la tomó con cierta timidez. Al levantarse, dejó escapar una peque?a sonrisa, aunque su mirada seguía reflejando preocupación.
—Bien… haré lo que pueda. —dijo Nhun en voz baja.
—Me alegro…
—Pero aún no te perdono. —respondió de repente, cruzándose de brazos.
Cáliban soltó una leve risa.
—Está bien, me conformo con que tú y Cecilia estén bien.
Cáliban se giró y comenzó a alejarse por el pasillo, dejando tras de sí el eco de sus pasos. Nhun observó los restos del anillo en su mano, sintiendo un peso invisible sobre su pecho.
—?Cáliban!
él se detuvo y volteó al escuchar su nombre.
—?Sí?
Nhun apretó los dedos en torno a los fragmentos y respiró hondo.
—Gracias… por salvarme. Esta vez… y aquella vez también.
Cáliban la miró en silencio por un momento y luego sonrió. No dijo nada más, pero en su expresión había una promesa muda. Entonces, se giró y desapareció por el pasillo. Nhun se quedó allí, con el anillo maldito en la mano y el corazón latiendo con fuerza.

