Durante el tercer día de clases, en la materia de magia espiritual, los estudiantes comenzaron a explorar un concepto fundamental del ánima. No se trataba solo de cerrar los ojos y respirar; era el primer paso para conectar con los elementos, sentir su energía fluyendo a través del cuerpo y comprender la relación entre el ánima y la energía elemental.
La profesora Meeris se encontraba de pie frente al aula, con su postura serena y su elegante túnica ondeando ligeramente con el viento que entraba por las grandes ventanas de piedra.
—Jóvenes estudiantes, me complace recibirlos el día de hoy. —su voz resonó con claridad, impregnada de una calma natural —En esta sesión, aprenderán a conectar con su espíritu interno.
Con pasos medidos, caminó hacia el pizarrón. Alzó su mano y, sin necesidad de gis, comenzó a trazar complejos símbolos en el aire. Cada línea resplandecía por unos instantes antes de desvanecerse, dejando un rastro de luz efímera.
—Como vimos en la clase anterior… —continuó mientras el brillo de los símbolos parpadeaba ante los atentos ojos de los estudiantes —la energía espiritual es accedida mediante el ánima. Es una fuerza sutil, una extensión de nuestro propio espíritu. Cada hálito de vida que sale de sus bocas, cada sentimiento compartido y cada voluntad entregada… todo ello está impregnado de esta energía.
Algunos de los alumnos fruncieron el ce?o, esforzándose por comprender. Para muchos, aquellas palabras eran aún demasiado abstractas. Entre ellos, Joseph lanzó una mirada inquisitiva a Cáliban, esperando que este pudiera arrojar algo de luz sobre el tema.
Cáliban suspiró antes de responder en voz baja, pero lo suficientemente alto para que Joseph y algunos más lo escucharan.
—Básicamente, las personas pueden contener elementos dentro de sus propios cuerpos y usarlos como fuente de poder. La energía interna es el motor que les permite manifestarlos. Sin embargo, muchos no lo logran porque nunca aprenden a conectar con ella… aunque, en realidad, nuestro cuerpo ya produce algunos elementos de manera natural.
Joseph arqueó una ceja.
—?A qué te refieres?
Cáliban sonrió levemente.
—Piensa en esto… el viento está en nuestra respiración, el calor en nuestra temperatura corporal, la electricidad en la actividad de nuestras células y, por supuesto, la mayor parte de nuestro cuerpo es agua.
Joseph parpadeó.
—?Entonces nuestro cuerpo es compatible con los elementos?
—No con todos, pero sí con algunos.
Las palabras de Cáliban no tardaron en atraer miradas de escepticismo. Algunos compa?eros comenzaron a susurrar entre ellos, murmurando comentarios desde?osos. Para muchos, lo que decía sonaba como una teoría absurda, una forma pretenciosa de presumir conocimientos. Pero Cáliban no se inmutó.
Entonces, unos suaves aplausos resonaron en el aula, acallando de inmediato las conversaciones.
—Vaya… parece que alguien ha estudiado. —comentó la profesora Meeris con una leve sonrisa —En efecto, lo que dice el joven Cáliban es cierto.
Los murmullos se disiparon en un silencio expectante.
—El cuerpo humano es capaz de almacenar múltiples energías elementales. —continuó la profesora —Pero es la energía vital la que nos permite extraerlas y moldearlas. Sin embargo… —hizo una pausa, dejando que la intriga flotara en el aire —aunque estas energías ya existen dentro de nosotros, su cantidad es insuficiente para generar grandes manifestaciones.
Alzó su mano y, con un simple movimiento, un fino chorro de agua emergió de la punta de su dedo, danzando en el aire como si tuviera vida propia.
—Para producir un torrente de agua, por ejemplo, deberíamos drenar cada gota de líquido en nuestro cuerpo, dejándonos secos y moribundos.
Un escalofrío recorrió a algunos estudiantes al imaginar las implicaciones.
—Por ello, recurrimos a los contratos con espíritus elementales. —prosiguió Meeris, con una mirada penetrante —Son ellos quienes transforman nuestra energía vital en la suya propia, estableciendo un vínculo que permite convertirla en magia elemental. A esta unión se le conoce como ánima.
Los símbolos en el pizarrón volvieron a brillar tenuemente, como si respondieran a sus palabras.
Los estudiantes guardaron silencio, procesando la información con fascinación y cierto temor. Aquello no era solo teoría… era el umbral de un poder inmenso, uno que solo los más hábiles podrían llegar a dominar.
Y para ello, primero tendrían que aprender a escuchar la voz de los elementos.
Con un movimiento fluido de su mano, la profesora Meeris invocó a su espíritu elemental. Un torrente de agua emergió desde su palma como un río desbocado, impactando con fuerza contra la ventana del aula. El estruendo fue ensordecedor. Los estudiantes se cubrieron el rostro por instinto cuando la fuerza del agua atravesó la pared como si fuera papel, esparciendo gotas brillantes en todas direcciones.
Un segundo después, la profesora bajó la mano con calma. La grieta en la pared comenzó a cerrarse sola, restaurándose con una fluidez casi mágica, hasta que no quedó rastro del da?o.
El silencio en el aula era absoluto.
—Pero para formar un pacto con un espíritu elemental… —continuó Meeris, como si nada hubiera pasado —primero deben practicar arduamente para aprender a conectar con su propio núcleo.
El ambiente aún vibraba con la energía de su demostración cuando una joven humana alzó la mano con cierta timidez.
—Maestra… —su voz rompió el silencio expectante —?En qué se diferencia la magia elemental de la magia común?
La profesora Meeris entrecerró los ojos con interés, llevándose un dedo a la barbilla en un gesto pensativo.
—Hmm… esa es una excelente pregunta. —respondió, dejando que la tensión se alargara unos segundos —Aunque el maná y el ánima comparten ciertos principios, su aplicación y su impacto en el mundo que nos rodea son completamente distintos.
La profesora comenzó a caminar lentamente entre los pupitres, su mirada paseaba por cada rostro atento.
—Un mago convencional, aquel que utiliza el maná, puede alterar la realidad mediante hechizos y fórmulas. Manipulan las reglas naturales, pero siempre dentro de ciertos límites. Nunca verás a un mago conjurar titanes de hielo ni dominar el arte de la sanación. Sus habilidades se enfocan en el cambio estructural de la materia, en hechizos de teletransportación o en la manipulación arcana.
Hizo una pausa, permitiendo que sus palabras se asentaran en las mentes de los alumnos.
—Por otro lado, aquellos que usan el ánima están en completa comunión con los elementos. No imponen su voluntad sobre la naturaleza, sino que la canalizan a través de sus cuerpos con la ayuda de sus espíritus aliados. Mientras que los magos pueden alterar la estructura de un objeto, los espiritistas pueden invocar tormentas, dar forma a seres de fuego o restaurar la vida mediante la energía vital.
Los estudiantes susurraron entre ellos, fascinados por la explicación.
Joseph, sin embargo, apartó la vista del pizarrón y dirigió una mirada inquisitiva a Cáliban. El muchacho permanecía callado, con los brazos cruzados y la expresión indescifrable.
?Lo que dice la profesora es verdad hasta cierto punto…? —pensó Cáliban, con una leve sombra en la mirada. ?Pero hay cosas que sería mejor no discutir delante de estos ni?os…?
Los murmullos fueron creciendo hasta convertirse en un animado debate. Unos defendían las ventajas de la magia arcana, otros exaltaban la grandeza de la magia elemental. Las opiniones se cruzaban con fervor, avivadas por la chispa del conocimiento.
El tiempo pasó volando, y cuando la campana resonó indicando el fin de la clase, muchos salieron con la mente aún envuelta en pensamientos profundos.
La lección de la profesora Meeris no solo les había ense?ado sobre la magia, sino que había encendido en ellos la llama de la curiosidad. Y en el mundo, esa era la primera clave para desatar el verdadero poder. Sin embargo, en la clase del profesor Aasmir, la ense?anza tomó un giro inesperado.
—?Muy bien, todos! —exclamó el profesor con voz enérgica —?Quiero que den cincuenta vueltas alrededor del campo, sin detenerse!
Un joven Lacertilian alzó la mano con incertidumbre.
—Profesor… ?No es demasiado cincuenta vueltas?
Aasmir se cruzó de brazos y le dirigió una mirada severa.
—Si crees que es demasiado, entonces no lo hagas. —respondió con desdén —El poder no llega a los débiles de mente y corazón. ?Ahora, a correr!
Sin más opción, los alumnos comenzaron a trotar con resignación.
Después de la extenuante clase de Aura, Cáliban, Joseph y Reinhard se dirigieron a la biblioteca del distrito.
El lugar era majestuoso, un santuario del conocimiento con estanterías de madera tallada que se elevaban hasta un quinto piso repleto de libros antiguos. El aroma a pergamino y tinta flotaba en el aire mientras los libros flotaban de un lugar a otro, acompa?ado por la tenue luz de lámparas mágicas que iluminaban los pasillos.
—Bueno… —dijo Cáliban, recorriendo los estantes con la mirada —Debemos buscar información sobre el culto o cualquier pista que nos lleve a ellos. Aunque, honestamente, dudo que encontremos algo en registros públicos… centrarse en buscar registros históricos.
Pasaron horas hojeando libros, revisando documentos y registros históricos, pero no hubo resultados. Cada pista parecía ser un callejón sin salida.
Reinhard, con el ce?o fruncido, se reclinó sobre su silla con expresión de fastidio.
—Ah… buscamos por todas partes y no encontramos nada.
Joseph dejó caer un tomo grueso sobre la mesa con un suspiro.
—Sí… ?Dónde más podemos buscar? —preguntó, masajeándose las sienes —Nos tomaría meses, tal vez a?os, leer cada libro de esta biblioteca… bueno, de todas formas, sabíamos que esto no sería fácil.
Reinhard soltó un gru?ido de frustración.
—Y para colmo, el entrenamiento del profesor Aasmir no ayuda en nada… ?Cómo puedes estar tan tranquilo, Joseph?
El aludido levantó la mirada con naturalidad.
—Cáliban me hace tratar de correr cien vueltas todos los días… aunque vomite sangre.
Un escalofrío recorrió la espalda de Reinhard.
—?Sabes? De repente, la idea de seguir siendo mortal me resulta muy atractiva…
Joseph soltó una risa cansada mientras cerraba otro libro sin éxito. Mientras se lamentaban por su falta de progreso, una joven de cabellos negros caminaba entre los pasillos, sosteniendo un par de novelas románticas en sus manos.
Elizabeth, al notar la expresión sombría de los tres, se detuvo con curiosidad. Pensando que quizás podría animarlos, se acercó con paso cauteloso.
—Hola, chicos… ?Qué… qué les pasa?
Joseph levantó la vista, parpadeando con sorpresa.
—Hola, lady Elizabeth… ?Eh?
Algo en ella le llamó la atención. Se cubría las orejas con un gorro y llevaba lentes oscuros, ocultando sus inconfundibles ojos rojos. Joseph entrecerró los ojos, intrigado.
—?Por qué estás vestida así?
Elizabeth titubeó un instante, como si buscara una excusa, pero no respondió de inmediato. La pregunta flotó en el aire, cargada de curiosidad e incertidumbre
—Ah, yo, emm… tengo algo de frío… no te preocupes por eso, y no me llames lady, solo soy una estudiante. —dijo con un tono nervioso
Reinhard observó los libros que cargaba. Eran una compilación de novelas románticas que era bastante famosa en el continente.
—No sabía que le gustaba leer comedias románticas…
Elizabeth se puso algo roja, apartando los libros de la mirada.
—Sí, ?Es un problema? —Elizabeth abrazo sus libros con pena
—En absoluto.
—Más bien, ?Qué les pasa? Parece que se murió alguien…
—Aún no… —respondió Cáliban, con la cabeza gacha.
Sin decir más, se puso de pie en silencio.
—Chicos, ?Pueden acomodar los libros de vuelta? Necesitaremos más espacio para leer más.
Sin esperar respuesta, se alejó entre las estanterías en busca de más pistas. Elizabeth, intrigada, decidió seguirlo.
—?Sucede algo? —Le pregunto Cáliban.
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—No, simplemente quería saber qué buscaban. Se ven… preocupados.
—Estamos buscando algún libro que narre eventos de la academia… o algo relacionado con cultos oscuros.
Elizabeth frunció ligeramente el ce?o.
—Ah… bueno, no sé nada sobre cultos oscuros, pero hay un libro con registros históricos de la academia. ?Quieres verlo?
Sus palabras captaron de inmediato la atención de Cáliban.
—Llévame, por favor.
Subieron juntos las escaleras en dirección al quinto piso. Mientras avanzaban, Cáliban no pudo evitar notar su atuendo. Aunque decidió no preguntar, Elizabeth percibió sus miradas.
—Si quieres preguntarme, hazlo…
—Si no quieres decir nada, es por algo. No me meteré en tus asuntos privados.
Elizabeth bajó ligeramente la mirada antes de murmurar:
—Escuché que te peleaste con tus amigas…
Cáliban se detuvo un instante, sorprendido.
—Sí… es… complicado.
Elizabeth permaneció en silencio por unos momentos antes de hablar con un tono melancólico.
—Si es por lo de… beber tu sangre… lo siento. Yo…
—No, tranquila. —interrumpió Cáliban —El problema no es contigo. Más bien, es conmigo. Por eso Nhun se enojó y me golpeó.
Elizabeth suspiró, como si un peso invisible se hubiera aligerado.
—Ya veo… qué alivio…
Cáliban arqueó una ceja.
—?Alivio?
—Ah, no… yo… me refiero a que es un alivio saber que yo no fui la causa.
—?La causa? ?Acaso… has causado problemas solo con tu presencia?
Elizabeth no respondió. Bajó la mirada, apretando los labios en un gesto tenso. Cáliban comprendió de inmediato que había hablado de más.
—Lo siento… olvida lo que dije.
—Está bien. —murmuró ella —Estoy acostumbrada…
Cáliban frunció el ce?o. No le gustaba esa respuesta. Con suavidad, apoyó una mano en su hombro.
—Elizabeth…
Ella no se movió, pero tampoco lo miró.
—No eres un monstruo. Escucha… no hay ningún pretexto para culpar a un inocente solo por ser diferente. No hay nada malo en ti. No tienes que cubrirte ni esconder tus ojos. Eres perfecta tal y como eres.
Por un instante, el silencio pareció estirarse entre ellos. Cáliban esperaba alguna reacción, algún indicio de alivio en su rostro… pero Elizabeth simplemente se apartó con suavidad.
—Gracias… pero está bien. No necesitas ser amable conmigo.
Sin darle oportunidad de replicar, siguió caminando.
Cáliban suspiró y la observó en silencio. Quería hacerle entender que no tenía razón para ocultarse, que su existencia no era un problema para nadie… pero no quería escucharlo. Ese rechazo le recordó a una de sus hermanas, con la misma tristeza reflejada en una mirada que se extinguió a?os atrás.
Decidió no insistir.
Elizabeth lo guió hacia el quinto piso de la biblioteca, entre estanterías cubiertas de polvo y tiempo, sus ojos se posaron en un viejo tomo de gran tama?o. Su cubierta gastada evidenciaba siglos de historia olvidada. Con cuidado, lo tomó en sus manos.
—“Registros históricos de Grand Delion”, ?Eh?
Elizabeth observó el gran libro con curiosidad.
—?Eso es lo que buscabas?
Cáliban asintió con firmeza.
—Eso espero… gracias, Elizabeth.
—Está bien, me alegra haber sido de ayuda, líder.
Sin más, Elizabeth se marchó con total indiferencia. Cáliban la observó alejarse, sintiendo cierto desagrado por la idea de deber favores. Aunque ella se había mostrado amable, parecía tener poco interés en relacionarse con los demás, salvo cuando necesitaba un poco de sangre.
Cáliban suspiro.
—Supongo que no hay mucho que hacer. No voy a obligarla.
Colocó el libro sobre una mesa cercana y comenzó a leer con atención.
—Veamos… índice… “Origen de la academia”... lord Kasus fundó la academia junto a otros, bla, bla, bla… “Conflicto con los reinos”... “La llegada del dios caído”… aquí está: “Purga de la academia”… hace 34 a?os…
Cáliban comenzó a leer de manera detallada aquellas viejas páginas.
Hace más de 350 a?os surgió un culto que veneraba a un dios maligno, realizando rituales profanos con víctimas inocentes. A su paso por el continente, quemaron aldeas y ciudades, dejando cientos de cadáveres a su alrededor. Sin embargo, con el tiempo, su presencia fue disminuyendo. Hace 163 a?os, los Tres Sabios emprendieron una travesía para erradicar al culto. No obstante, por razones desconocidas, el culto resurgió 123 a?os después, atacando las capitales del continente.
Hace 34 a?os, se descubrió una rama de la secta infiltrada en la academia. El sabio Kasus Delion, junto con sus partidarios, erradicó a las familias vinculadas al culto. Sin embargo, se dice que otras fueron masacradas injustamente, acusadas con pruebas falsas. Durante ese período, se publicaron artículos manipulados que enterraron la verdad del asunto. Seis a?os después del incidente, un grupo de héroes derrotó al dios maligno, extinguiendo el culto para siempre.
Cáliban frunció el ce?o.
—Hmm… ?Será este culto el mismo que el de ahora? ?O acaso ha surgido uno nuevo?... Entre los partidarios de Kasus estaba el padre de lord Xander…
Continuó leyendo, conectando ideas hasta llegar a una conclusión.
—De las tres familias que apoyaron a Kasus, todas deben estar infectadas… si el culto ha resurgido, entonces, sea lo que sea que veneran estos idiotas, deben estar confundiéndolo con su dios maligno…
La teoría era razonable, pero con pocas pruebas hasta el momento, no tenía sentido tratar de indagar mucho en ella. Después de todo, puede que el dios maligno fuera una entidad exterior desde un principio. Estos pensamientos llenaron la mente de Cáliban, entonces, mientras meditaba sobre la información, Joseph y Reinhard regresaron.
—Ya terminamos de acomodar los libros. Elizabeth nos dijo que estarías aquí ?Encontraste algo? —preguntó Joseph.
—Sí… vengan aquí, rápido. —Cáliban les hizo un gesto con la mano para que se acercaran.
Después de unos minutos de lectura conjunta, Cáliban le dirigió una pregunta a Reinhard.
—Reinhard, tu padre luchó en la guerra… ?Te ha contado detalles sobre el dios que derrotaron?
La pregunta tomó por sorpresa a Reinhard. Pero al analizarla, comprendió la verdadera intención de Cáliban.
—?Crees que el culto del Dios maligno y este, sean el mismo?
—Podría ser… no podemos descartar la posibilidad.
Reinhard se llevó la mano a la barbilla, pensativo.
—Bueno… según lo que me contó mi padre, era un ser gigantesco, con un cuerpo humanoide de piel oscura. Tenía enormes cuernos, como los de un toro, pero su rostro era el de un pez, muy parecido a un tiburón. Poseía alas colosales y piernas similares a las de un Felinyan, terminadas en garras afiladas, como si fueran cuchillas en lugar de u?as…
Cáliban analizo las palabras de Reinhard. No se parecía a ninguna entidad que hubiera conocido anteriormente. Su descripción no encajaba con varias figuras que se le venían a la mente.
—?Había algo más en él? ?Algo curioso o algún detalle que mencionara tu padre?
Reinhard se quedó pensativo por unos segundos y llevó una mano a su mandíbula nuevamente.
—Hmm… curioso… ?Ah! Sí, dijo que tenía una enorme marca en el pecho…
—?Qué clase de marca?
—Bueno… no le pedí detalles, pero era una marca roja que brillaba intensamente…
Cáliban guardó silencio por unos momentos, meditando la información.
—Creo que tengo una idea de cuál podría ser… pero necesito que lo confirmes. Escríbele una carta a tu padre, invéntate cualquier excusa, solo necesito que te envíe más detalles.
—Entiendo…
Joseph, intrigado por la insistencia de Cáliban, no pudo evitar preguntar:
—?Por qué es importante la marca?
Cáliban cruzó los brazos y respondió con seriedad.
—Porque creo que lo que mataron no fue un dios…
Reinhard sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—?Qué quieres decir?
—Creo que lo que mataron no fue al dios… sino a su avatar…
El ambiente se tornó gélido. Joseph y Reinhard sintieron un estremecimiento en el cuerpo al escuchar esa posibilidad. Este último trago saliva.
—Le enviaré la carta lo antes posible… —dijo Reinhard con voz tensa.
—Te lo encargo… —respondió Cáliban.
Unas horas después…
La tarde caía lentamente sobre la academia. En la sala del consejo de profesores, el director y los docentes encargados de administrar las casas debatían en medio de una tensa reunión. La sala estaba repleta de sillas, pero varias permanecían vacías, algunas incluso cubiertas de polvo y telara?as.
—?Encontraron el cuerpo del profesor Baleid? —preguntó el profesor Aasmir con tono grave.
El director exhaló con pesadez antes de responder.
—Envié al profesor Yannes a buscar y recuperar el cuerpo del profesor, pero a pesar de todos sus esfuerzos, no halló nada. Parece que quien se deshizo de él lo hizo desaparecer por completo…
Un silencio incómodo se apoderó de la sala. Era evidente que un intruso se había infiltrado en la academia, alguien lo suficientemente peligroso como para asesinar a un profesor sin dejar rastro. La incomodidad se reflejaba en los rostros de los presentes, hasta que el director dirigió su atención a la profesora Sill…
—Profesora Sill, ?Aún no se recupera de sus heridas?
La profesora Sill, visiblemente afectada, tenía el cuerpo cubierto de vendajes. Una de sus alas había sido da?ada con violencia, su brazo derecho estaba completamente envuelto en vendas y múltiples rasgu?os surcaban su rostro y cuerpo.
—Lamento no ser de utilidad, director… retomare mi búsqueda inmediatamente.
—No se preocupe, lo importante ahora es su recuperación. Ahora, comentando el tema, ?Hay alguna posibilidad de que la criatura estuviera involucrada con la desaparición profesor Baleid?
Adelina bajo la mirada.
Desde casi el inicio de las clases, las desapariciones comenzaron a sembrar el pánico en cierto distrito de la academia. Al ser un complejo tan vasto como una ciudad entera, resultaba fácil que alguien se desvaneciera sin dejar rastro. Pero aquello no eran simples huidas ni accidentes; había un patrón oscuro tras cada pérdida.
El director la había citado en su oficina, con el ce?o fruncido y una voz cargada de gravedad, le había dado una orden directa:
—Profesora Sill, encárguese de esto antes de que el pánico se extienda.
No había lugar para la duda.
La profesora Sill aceptó la tarea y se dirigió al distrito durante la noche, se movía entre los edificios bajo el amparo de la noche. Una larga gabardina negra ocultaba su silueta, y bajo ella, sus alas plegadas dolían por la opresión, ansiosas por desplegarse. Pero no podía permitirse llamar la atención. La sombra de la academia era un terreno peligroso, un laberinto de callejones en el que los ecos parecían tener voluntad propia.
Cada paso que daba era absorbido por el silencio opresivo. No había viento, no había insectos, no había vida. Solo el latido pausado de su propio corazón marcaba el ritmo de su andar.
Entonces, un hedor pútrido le invadió las fosas nasales. Su estómago se revolvió con una sensación primitiva de alerta. En ese instante, un grito sofocado desgarró la quietud.
Adelina no lo pensó dos veces. Flexionó las piernas y se impulsó con agilidad, deslizándose entre los tejados y cayendo con elegancia a la entrada de un estrecho callejón. Pero cuando llegó, sólo encontró una negrura que parecía tragarse la luz.
Algo estaba mal.
Avanzó con cautela. La presión en el aire se volvió sofocante, como si una presencia invisible la acechara. Su piel se erizó. Dio otro paso, y entonces, bajo sus pies, un charco viscoso se extendía en el suelo.
Era sangre.
Sill bajó la mirada y vio su propio reflejo distorsionado en la superficie oscura y carmesí. La sangre era espesa, fresca… y demasiada para pertenecer a una sola persona. Su mente trabajó rápido. ?Quién había sido la víctima esta vez? ?Podría seguir con vida?
Un escalofrío helado recorrió su espalda. No estaba sola.
Desde las sombras, una figura encapuchada emergió con lentitud. Altísima e imponente. Su silueta parecía inhumana, alargada de forma antinatural. De su capucha sobresalían dos largos cuernos retorcidos, y aunque su rostro permanecía oculto, la sensación de peligro que emanaba era sofocante.
Sill entrecerró los ojos y dio un paso firme hacia adelante.
—?Quién eres? —su voz no tembló, pero el aire pareció vibrar con su pregunta —?Eres tú quien está detrás de esto?
El silencio respondió.
La figura no se movió al principio, pero luego alzó lentamente una mano.
De entre sus ropajes, algo grotesco cobró vida. Unos tentáculos retorcidos, de un rojo oscuro y pulsante, emergieron como si tuvieran voluntad propia. El aire se llenó de un chasquido húmedo y asqueroso cuando aquellas extremidades se lanzaron hacia ella con una velocidad sobrehumana.
La profesora apenas tuvo tiempo de reaccionar. Se apartó en el último segundo, sintiendo el aire cortado junto a su rostro. Rodó por el suelo, sacando de inmediato un peque?o sello luminoso de su bolsillo, pero no tuvo tiempo de activarlo.
El ser avanzó sin piedad.
El enfrentamiento fue brutal. Los tentáculos se movían con inteligencia, persiguiéndola, obligándola a retroceder entre esquinas estrechas, cortándole las rutas de escape. Sill se defendió con cada fibra de su ser, pero era como luchar contra un océano de sombras vivas.
Finalmente, cuando logró escapar, su cuerpo estaba al borde del colapso.
Aun después de una semana, las heridas seguían abiertas. No sanaban como deberían. Algo en aquella criatura había dejado su marca en ella, algo más profundo que simples laceraciones. Su reflejo en el espejo del dormitorio le devolvía una imagen pálida y ojerosa cada ma?ana.
—Necesito volver a ese lugar… y atraparlo. —murmuró en aquella sala.
Pero antes de que volviera a concentrarse en sus pensamientos, el profesor Aasmir se adelantó con una pregunta urgente.
—Director… no quiero restarle importancia a la muerte del profesor Baleid, pero… ?Quién tomará su cargo? Como bien sabe, este a?o estaba asignado para instruir a los recién ingresados… no podemos dejarles sin instrucciones.
El director acarició su barba.
—Tienes razón… ?Qué tal si…?
Antes de que pudiera terminar la frase, la puerta principal de la sala se abrió de golpe.
—Vaya… parece que llegué a tiempo…
El director alzó la mirada con cautela al ver quién entraba. Lord Xander entró a la habitación, caminando firme.
—Xander… ?Qué te trae por aquí, viejo amigo?
—?No puedo venir? También soy uno de los administradores de la academia…
—No, no me malinterpretes, tu presencia siempre es bienvenida… es solo que, no sueles visitarnos con frecuencia. ?Cómo está tu esposa?
—Ella se encuentra bien… pero no es por eso que he venido.
Lord Xander tomó asiento en una silla vacía. Con un leve movimiento de su dedo, eliminó el polvo acumulado sobre el respaldo.
—Bueno… parece que aún no se han deshecho de mi silla.
—Eso jamás pasaría, amigo mío… simplemente no hemos tenido tiempo para limpiar…
—Está bien, basta de charlas innecesarias. Vine hoy para solicitar el puesto del profesor Baleid.
Un silencio tenso se apoderó de la sala. Todos los presentes se mostraron sorprendidos por la inesperada petición. La profesora Meeris fue la primera en hablar.
—Usted… ?Quiere tomar el puesto?
Xander arqueó una ceja, con una ligera sonrisa.
—?Dudas de mí? ?Crees que no tengo lo necesario para ser maestro?
—?No! De ninguna manera, es solo que…
Meeris titubeó, incapaz de encontrar las palabras adecuadas. Fue entonces cuando el profesor Yannes decidió intervenir.
—Lord Hilloy, nadie cuestiona su habilidad en combate ni su capacidad como instructor. Pero hasta ahora, creíamos que no tenía tiempo para asumir un cargo en la academia debido a la enfermedad de su esposa. Después de todo, usted rechazó este mismo puesto hace a?os…
La profesora le gui?o un ojo a Yanes, agradeciéndole por ayudarla a escapar de dicha situación. Xander dejó escapar una breve carcajada.
—Es cierto… he sido un holgazán durante demasiado tiempo. Pero eso se acabó. Si mi esposa me viera ahora, sentiría vergüenza del hombre en el que me he convertido. Es momento de cambiar…
Mientras hablaba, Xander alzó la mirada con determinación. Un brillo carmesí inundó sus ojos, una intensidad que hizo estremecer a todos los presentes.
?Esa mirada…?
El profesor Yannes se tensó de inmediato. Reconocía esa tonalidad en los ojos de Xander… era la misma que había visto antes en Cáliban cuando desató su poder.
?Joven Cáliban… ?Qué hiciste con lord Hilloy?...?
Las preguntas inundaban la mente del profesor Yannes, pero no había tiempo para detenerse a pensar. Debían dar un veredicto sobre la petición de lord Xander.
—?Entonces? —insistió Xander con una leve sonrisa, notando la indecisión en los rostros de los profesores.
El director lo miró fijamente, analizando cada gesto, cada palabra.
—?De verdad quieres ense?ar, Xander?
—Si no quisiera… no habría recorrido todo este camino hasta aquí, Kasus…
El director suspiró, cruzando las manos sobre la mesa.
—Bueno… si todos los profesores están de acuerdo…
No hubo objeciones. Uno a uno, los profesores asintieron en silencio, confirmando la decisión. Así, Lord Xander quedó oficialmente asignado como el nuevo instructor.
Mientras los demás discutían detalles menores, Xander recorrió con la mirada la sala. Observó los asientos vacíos restantes, luego los rostros de cada profesor y, por último, al director.
?Uno de ellos es un partidario del culto… me aseguraré de desenmascararlo…?
El director rompió el silencio con una pregunta, su tono era tranquilo, pero su mirada lo decía todo.
—A propósito, profesor Hilloy… ?Tiene alguna información sobre lo sucedido con el profesor Baleid?
Xander alzó los hombros con despreocupación.
—No… ?Por qué lo sabría? He estado encerrado en mi casa todo este tiempo.
—Sí… supongo que sí…
El ambiente, ya incómodo, se volvió aún más tenso. No era una acusación directa, pero la intención estaba clara. Aun así, Xander no mostró ni un ápice de vacilación.

