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Capítulo 40: Poder indeseado

  Cáliban estaba atónito. No solo las extra?as pantallas que aparecían de la nada lo desconcertaban, sino que ahora aquel fenómeno parecía llevarse a un nivel completamente nuevo. Lo que ocurría en ese momento era, sin duda, algo terrible para él.

  [Iniciando sistema… Comprobando datos… Iniciando… Código: Apocalipsis.]

  Un escalofrío recorrió su espalda. Antes de que pudiera reaccionar, su pecho comenzó a brillar intensamente, emitiendo un fulgor cegador que iluminó toda la sala.

  —??Qué demonios es eso?! —exclamó Reinhard, dando un paso atrás.

  —??Vas a explotar?! —gritó Joseph, con el rostro desencajado por la confusión.

  Lord Xander, quien hasta ese momento se había mantenido en completo silencio, dejó escapar un susurro apenas audible:

  —Oh… Dios…

  El resplandor que emanaba del pecho de Cáliban se expandió como una onda de energía, distorsionando el aire a su alrededor. Entonces, como si la misma luz tomara forma, algo surgió de la nada… un libro.

  Flotaba ante ellos, girando lentamente en el aire, su cubierta de un carmesí oscuro parecía inexplicablemente sencilla, sin ornamentos llamativos ni símbolos arcanos. Pero lo que más inquietaba era la abrumadora presencia que irradiaba.

  Cáliban sintió un escalofrío recorriéndole la columna.

  ?Esto debe ser un grimorio… ?Pero de qué tipo? Mencionó la palabra ‘Apocalipsis’… no recuerdo que eso existiera como una ley, mucho menos como un grimorio…?

  —?Eso es un grimorio…? —preguntó Joseph, con evidente cautela.

  —Parece que sí… —murmuró Cáliban, sin apartar la vista de aquel objeto flotante —pero nunca había oído hablar de un grimorio vinculado con algo llamado ‘Apocalipsis’… no hay registros de una ley con ese nombre…

  Cáliban extendió la mano con vacilación y tomó el libro. En cuanto sus dedos rozaron la cubierta, un escalofrío le recorrió el cuerpo. Lentamente lo abrió.

  Todos contuvieron el aliento.

  Las páginas parecían estar en blanco… al menos para los demás. Pero para Cáliban, aquello no era un simple libro vacío. En cuanto su mirada se posó sobre el contenido, una avalancha de información se vertió directamente en su mente. Era demasiado. Miles de conceptos, palabras que nunca había escuchado, símbolos que parecían contener el conocimiento mismo del universo. Su cerebro ardió en una agonía indescriptible.

  Con un jadeo, cerró el libro de golpe y se llevó una mano a la frente.

  —Hmmm…

  —?Qué sucede? —preguntó Joseph con el ce?o fruncido.

  —?No es solo un libro vacío? —intervino lord Xander, observándolo con detenimiento.

  Cáliban respiró hondo y respondió con voz tensa:

  —Puede parecerlo, pero en realidad está repleto de información… información existencial. Hay algo grabado en este libro que mi mente no es capaz de procesar del todo… pero creo que puedo hacer algo al respecto.

  —?Algo como qué? —preguntó Reinhard, estrechando los ojos.

  —Modificar su forma. Será mejor que se aparten un poco.

  Su tono serio no dejaba lugar a dudas. Los demás retrocedieron varios pasos, observándolo con una mezcla de recelo y fascinación.

  Entonces, algo cambió.

  Cáliban comenzó a verter toda su energía en el libro, concentrando al máximo para poder manipular la sustancia de la cual procedía el libro. Una energía invisible parecía agitar el aire. El grimorio empezó a brillar de nuevo, pero esta vez de una forma distinta. No era solo luz… eran leyes. Líneas de poder puro se manifestaron alrededor del libro, formando complejas estructuras que desafiaban la realidad misma. La esencia del grimorio comenzó a disolverse en el aire, transformándose en partículas doradas que flotaban en espiral.

  Cáliban sintió su propia existencia temblar. Sabía que estaba haciendo algo que desafiaba normas ancestrales, leyes universales que habían permanecido inmutables desde tiempos inmemoriales. Pero, sorprendentemente, no hubo represalias.

  "?Qué clase de ley es esta… que puede ignorar otras tan fácilmente?"

  Las partículas comenzaron a reagruparse, uniendo sus destellos en un patrón definido.

  Poco a poco, la luz tomó forma.

  Ante ellos apareció una inmensa pantalla roja, flotando en el aire con la misma presencia imponente que las pantallas de la academia, pero esta era diferente… sentían que algo los observaba desde su interior.

  Cáliban observó la pantalla roja flotando ante él con una expresión de disgusto. Un suspiro pesado escapó de sus labios antes de murmurar con desprecio:

  —Así que esto era, ?Eh?… Qué asco…

  Reinhard arrugó la mirada, intentando descifrar aquella pantalla.

  —?Qué sucede, líder? No te ves precisamente feliz… —preguntó con curiosidad.

  Cáliban no apartó la vista de la pantalla mientras respondía con voz firme:

  —Este es un sistema de alimentación divino… O mejor dicho, un sistema de esclavos.

  Hubo un breve silencio antes de que lord Xander hablara, con una expresión seria en su rostro.

  —?Sistema de alimentación divino? —repitió, con un matiz de duda.

  Cáliban exhaló lentamente, como si le pesara la explicación que estaba a punto de dar.

  —Algunos dioses tienen suficiente poder para manipular los hilos de la casualidad a su antojo. Para lograrlo, necesitan un conocimiento profundo sobre las corrientes existenciales… y, además, una cantidad absurda de poder. Con ello, pueden crear nuevas estructuras en la realidad o reestructurar las existentes.

  Joseph, que hasta el momento solo escuchaba en silencio, alzó una ceja.

  —Aun así, fuiste capaz de hacerlo, ?No? Eso significa que tienes el poder suficiente para usar esa llamada "Casualidad", ?Cierto?

  Después de hacer su pregunta, Joseph se dejó caer en un asiento cercano, con la actitud de alguien dispuesto a aprender. Reinhard lo observó por un instante antes de hacer lo mismo, cruzándose de brazos con expresión pensativa.

  Lord Xander, en cambio, tomó asiento con elegancia, sirviéndose tranquilamente una copa de vino. Sus ojos permanecían fijos en Cáliban, expectante.

  Cáliban dejó caer sus hombros con un leve gesto de cansancio y negó con la cabeza.

  —Hay dos cosas mal en lo que acabas de decir… —respondió en tono pausado —Primero, yo no creé este sistema, ni moví la casualidad. Simplemente cambié su forma para que sea más fácil interactuar con él. El libro sigue existiendo, pero ahora nuestros ojos lo perciben de una manera distinta… así evitamos que nos cause da?os cerebrales.

  —?Da?os cerebrales? eso suena mal…—murmuró Reinhard, inclinándose ligeramente hacia adelante.

  —Imagina una llama. Una llama tan potente y ardiente que con solo mirarla nos quemaría la vista. Lo que hice no fue mover la llama, ni alterar su esencia. Lo único que hice fue construir un muro a su alrededor, lo suficientemente translúcido para que podamos observar sin que nos consuma. Es lo mismo con este sistema.

  Joseph asintió lentamente, procesando la explicación.

  —Entiendo… ?Y la segunda cosa?

  Cáliban cruzó los brazos y miró el grimorio con desconfianza.

  —La razón por la que pude hacerlo tan fácilmente es… inquietante. Extra?amente, las leyes de casualidad no parecen afectarle en lo más mínimo. Como si estuviera por encima de ellas.

  Las palabras flotaron en el aire con un peso casi tangible. Lord Xander dejó de beber su copa. Sus ojos, habitualmente tranquilos, se tornaron gélidos.

  —?Qué clase de peligros implica eso?

  Cáliban guardó silencio por un momento antes de responder, eligiendo con cuidado sus palabras.

  —Este libro… no es solo conocimiento. Es poder. Poder crudo y puro. Si no soy cuidadoso con él, podría atraer la atención de alguna entidad exterior. Y como ya saben… enfrentarse a uno de ellos es imposible ahora mismo...

  Joseph tragó saliva. Reinhard tensó la mandíbula.

  —?Quieres decir que este grimorio podría actuar como un faro? —preguntó Reinhard, con un poco de preocupación en la voz.

  —Exactamente… —asintió Cáliban —Y además, hay otra cosa… este libro pertenecía a mi maestro. Si mi Karrigan mató a todos por conseguirlo, eso solo puede significar una cosa… su poder es lo suficientemente grande como para que un ser como él lo considerara valioso.

  El silencio volvió a envolver la habitación. Ellos conocían bastante bien la historia de Karrigan como su enemigo. Por su lado, Joseph suspiró con lástima, pues hasta el momento, él era el único que sabía que este era su hermano.

  Joseph alzó la mano con cierta timidez, como si estuviera en una clase y no en medio de una conversación de proporciones cósmicas.

  Cáliban arqueó una ceja.

  —?Sí? —preguntó con un leve suspiro.

  —?No tiene eso que ver con las leyes de la casualidad? —preguntó Joseph, con el ce?o fruncido.

  Cáliban negó lentamente.

  —No necesariamente… Las leyes de la casualidad son reglas fundamentales establecidas en la creación para administrar los eventos existenciales. Son como los pilares invisibles que sostienen la realidad. Por ejemplo… todo lo que está vivo tiene que morir, todo lo que está muerto tiene que nacer, todo lo que comienza tiene un final, y todo final trae consigo un nuevo comienzo… estas son algunas de esas reglas.

  Hizo una pausa, observando la pantalla roja flotando frente a él, como si pudiera ver más allá de su superficie.

  —Cuando alguien asciende, su ser se vuelve ajeno a esos eventos. Esa es la verdadera inmortalidad. Pero mientras seas mortal, las leyes de la casualidad siguen aplicándose sobre ti… a menos que las rompas.

  Su voz se tornó más grave.

  —El problema es que este libro las rompe con su sola existencia. Yo, siendo un mortal, no debería ser capaz de usarlo. Ni siquiera debería poder verlo. Y, sin embargo, aquí está…

  Joseph apretó los labios.

  —Eso significa que… ?Por eso no puedo ver mi propio grimorio, pero tú sí?

  —Exacto. Y eso es lo que más me inquieta. Además…

  Reinhard lo miró fijamente.

  —?Además? —preguntó, notando que Cáliban tenía algo más que decir.

  Cáliban bajó la vista hacia el grimorio con una expresión de repulsión.

  —Este es un sistema de alimentación divino… Algo que, en lo personal, repudio. No entiendo cómo mi maestro pudo haber decidido crear algo así en primer lugar.

  Lord Xander giró levemente su copa de vino entre los dedos, reflexionando.

  —?Es algo malo? —preguntó con calma.

  —Como mencioné antes, algunos seres superiores tienen el poder de manipular los hilos de la casualidad a su antojo, haciendo que estas leyes no los afecten. Pero hay otros… pocos, increíblemente peligrosos, que han encontrado la manera de obtener poder directamente de este flujo existencial.

  Hizo una pausa antes de continuar con un tono aún más frío:

  —Ellos reforman las leyes para construir lo que se conoce como un “sistema”. Un mecanismo mediante el cual pueden fortalecerse conforme más mortales los veneran. Esa es la razón por la que algunos dioses buscan desesperadamente seguidores, cultos, sacrificios y ofrendas. No es devoción lo que buscan… es poder. Usan el miedo, el dolor, la lujuria, la desesperación y cualquier emoción intensa como combustible para aumentar su fuerza. En esencia… lo que hacen es esclavizar a los mortales para succionarles la energía vital a través del sistema.

  Un pesado silencio cayó sobre la habitación.

  Lord Xander dejó su copa sobre la mesa. Sabía exactamente de lo que hablaba Cáliban. Su hermano había sido víctima de un dios de esa cala?a… uno que, insaciable en su hambre de poder, lo había llevado a un sufrimiento insoportable.

  Finalmente, habló, sereno pero firme:

  —?Qué piensas hacer? ?Tomarás el mismo camino?

  Cáliban bufó con desprecio.

  —Yo no juego a ser un dios… yo los exterminó. Este poder absurdo no va conmigo.

  Lord Xander arqueó una ceja y se recostó en su asiento.

  —Y, sin embargo, ahí lo tienes…

  Cáliban guardó silencio mientras observaba la gigantesca pantalla roja. Meditando sobre lo que debería hacer.

  —Dijiste que harías lo posible para obtener poder, ?No? —Xander hizo un gesto con la mano, se?alando la pantalla roja —Pues ahí lo tienes.

  Cáliban apretó los dientes.

  —Esto no es lo que soy. No me preocupan los mortales.

  Xander entrecerró los ojos con una leve sonrisa.

  —Entonces, dime… ?Por qué asesinas a los dioses que jugan con ellos?

  Las palabras golpearon como una cuchilla bien afilada. Cáliban desvió la mirada. Por un instante, su rostro perdió toda expresión.

  —Cáliban… —insistió Xander, con tono suave pero penetrante.

  Finalmente, el joven exhaló, cerrando los ojos por un momento antes de responder:

  —Solo era un joven idiota… que buscaba venganza por lo que me hicieron. En mi mente nunca cruzó la idea de salvar a nadie… solo quería aniquilar a aquellos que creían que podían pisotear vidas inocentes sin sufrir las consecuencias.

  Joseph y Reinhard guardaron silencio. No había nada que pudieran decir para hacer que recapacitara.

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  Pero lord Xander… él veía algo más en sus palabras.

  No era el discurso de un ser despiadado o egoísta. No… era la confesión de alguien que había perdido demasiado. De alguien que había seguido luchando incluso cuando la batalla ya no tenía sentido.

  Xander entendía ese sentimiento mejor que nadie.

  Su propia vida había estado marcada por la desesperación. Recordaba los a?os en los que doctores, sabios y magos le decían una y otra vez que su esposa no tenía ninguna oportunidad de sobrevivir. Recordaba cómo pasaba los días mirando fijamente una vitrina donde guardaba una botella morada… un veneno que había planeado beber en el momento en que su esposa falleciera.

  Recordaba el vacío… el abismo de oscuridad en el que se había hundido.

  Hasta que ellos llegaron a su puerta.

  Fueron ellos quienes encendieron de nuevo la llama de su corazón. Cáliban no era tan diferente de él. Xander lo observó con detenimiento, viendo en su postura rígida y en sus ojos sombríos no a un asesino despiadado… sino a un guerrero que lo había perdido todo. Un hombre que seguía blandiendo su espada en una batalla sin final.

  Se levantó lentamente y se acercó a Cáliban. Sin decir una palabra, posó una mano firme sobre su hombro. Y con una voz tranquila, casi paternal, le dijo:

  —Entiendo… pero no solo eres eso, Avalon.

  Cáliban levantó la vista bruscamente, fijando sus ojos en lord Xander con una seriedad inusual. La mención de aquel nombre lo tomó por sorpresa.

  Xander sonrió con calma y se encogió de hombros.

  —Bueno… realmente no tengo tus a?os ni tu experiencia. Posiblemente pienses que no tengo derecho a opinar… —hizo una pausa, dejando que sus palabras calaran en el silencio de la habitación —pero ?Por qué no hacer una diferencia?

  Cáliban entrecerró los ojos.

  —Dijiste que este poder lo usan los dioses para ganar más poder, ?No? —Xander giró su copa con lentitud entre sus dedos, observando el líquido girar con elegancia —Entonces, ?Por qué no lo usas de manera diferente? En lugar de permitir que sea una herramienta de control y esclavitud, ?Por qué no usarlo para algo más? Para buscar liberación…

  El silencio se extendió por un instante.

  —No conocí a tu maestro… —continuó Xander —pero sí dise?ó algo con un poder tan grande, debió haber sido por una razón. Quizás no para que siguiera el mismo ciclo de abuso… sino para que alguien pudiera cambiarlo.

  Cáliban apartó la mirada. No le gustaba la idea de usar un poder que despreciaba, pero ignorarlo tampoco le traería las respuestas que buscaba.

  ?Si mi maestro creó este sistema personalmente y Karrigan lo codiciaba tanto… entonces no puede ser algo común… fuera de lo que yo quiera, al menos debería ver de qué se trata…?

  Suspiró con resignación.

  —Sí… creo que tienes algo de razón.

  Sin más palabras, levantó los brazos y canalizó su energía.

  La pantalla roja se expandió en el aire, tomando forma y mostrando líneas de información que parecían estar en constante movimiento. Códigos antiguos, runas de poder y frases en idiomas desconocidos flotaban en la interfaz mientras Cáliban escudri?aba cada detalle.

  Entonces, un mensaje apareció en la pantalla.

  [Se han reunido los creyentes suficientes para acceder a uno de los tomos bloqueados… Accediendo…]

  —?Tomo? —se preguntó a sí mismo.

  Antes de que pudiera procesarlo, otro mensaje emergió ante sus ojos.

  [Abriendo el Tomo de los Despertados.]

  Una nueva ventana se desplegó. Dentro de ella, Cáliban pudo ver información detallada sobre aquellos que habían jurado lealtad.

  —Aquí está la información sobre Reinhard, Joseph y lord Xander… —murmuró, leyendo los nombres que aparecían en la pantalla.

  Pero entonces, otra notificación captó su atención.

  [Los creyentes han realizado un juramento divino. ?Desea aceptarlo?]

  —?"Juramento divino"? ?Qué significa esto?

  Sin pensarlo demasiado, Cáliban aceptó la petición. En ese instante, unas marcas carmesíes comenzaron a aparecer en las manos de sus compa?eros.

  —?Qué demonios…? —murmuró Reinhard, observando la extra?a flor roja que se formaba en su piel.

  —No duele… —susurró Joseph, girando la mano para examinar la marca con curiosidad.

  Lord Xander también contempló la se?al en su palma antes de levantar la vista hacia Cáliban, con una mirada inquisitiva. Este último frunció el ce?o al notar que otro mensaje había aparecido en la interfaz.

  [Por favor, elija una configuración en caso de romper el juramento.]

  Frunció los labios.

  ?Así que también tiene un castigo…?

  Se cruzó de brazos mientras contemplaba las opciones que aparecían ante él. Podía establecer consecuencias para aquellos que rompieran su juramento. Dolor, debilitamiento, muerte…

  Pero su mirada se endureció al encontrar otra opción.

  ?Si alguien rompe su juramento… puedo hacer que se les borre la memoria. Pero solo si yo lo apruebo.?

  Cáliban dejó escapar una exhalación lenta.

  —Interesante…

  Cáliban deslizó su dedo sobre la pantalla etérea, escribiendo con precisión los castigos que impondría en caso de que alguien rompiera su juramento. Los cuales eran:

  Pérdida de memoria: El individuo olvidaría todo lo relacionado con el credo.

  Pérdida de poder: Cualquier habilidad obtenida a través del sistema le sería arrebatada.

  Exilio del credo: No podría ser aceptado nuevamente hasta recibir el perdón del dios.

  Observó su decisión con una mirada impasible.

  ?Creo que eso es suficiente… Veamos la siguiente ventana.?

  Apenas terminó de escribir, un nuevo mensaje apareció ante sus ojos.

  [El sistema ha detectado dos individuos con potencial divino. ?Desea asignarlos como sus Heraldos?]

  "?Heraldos?... ?Además, dijo dos?"

  Cáliban frunció el ce?o. Sabía que Joseph tenía un gran potencial, pero lo que realmente lo dejó sorprendido fue el otro nombre detectado por el sistema.

  Reinhard.

  No lo había considerado, pero ahí estaba, en su ventana de estado. Un poder latente residía en su interior, aunque el sistema lo marcaba simplemente como "Desconocido". En cambio, el poder de Joseph ahora era claramente visible, aunque para su sorpresa… era completamente distinto a lo que había imaginado.

  Un escalofrío recorrió su espalda al recordar los ojos que había visto cuando miró dentro del núcleo de Joseph.

  ?Así que no era oscuridad… esto es…?

  Joseph notó el cambio en la expresión de Cáliban.

  —?Sucede algo, Cáliban?

  El joven parpadeó, sacudiéndose sus pensamientos.

  —?Hmm? Oh, no… no es nada.

  ?De momento, será mejor no decirle nada, o podría crear una personalidad arrogante dentro de él. No puedo permitir que se distraiga por el momento…?

  Joseph entrecerró los ojos, dudando de su respuesta, pero no insistió. Cáliban continuó revisando las ventanas de estado. Los atributos de Joseph y Reinhard no revelaban nada más allá de lo que ya había visto, así que pasó a revisar los de lord Xander.

  Y entonces… apareció un nuevo mensaje.

  [El creyente tiene potencial para ser tu Avatar. ?Desea aceptarlo?]

  Los ojos de Cáliban se abrieron con sorpresa.

  ??Un avatar? ?Mierda, esto es demasiado!?

  Un avatar no era simplemente un título. Era algo completamente diferente de un Heraldo.

  Los Heraldos eran guerreros bendecidos por un dios, emisarios de su voluntad. Pero un Avatar…

  Un Avatar era una manifestación directa del poder del dios en el mundo. No solo era un seguidor, sino una extensión de su divinidad, capaz de ejercer su autoridad y usar sus mismos poderes. Muchos dioses exteriores utilizaban avatares para esparcir su influencia en diferentes mundos, conectándolos entre sí.

  Cáliban tragó saliva.

  Este sistema no solo estaba intentando convertirlo en un dios… sino que ya le estaba dando herramientas para actuar como uno. Respiro profundamente y, tras un instante de reflexión, levantó la mirada hacia lord Xander.

  —Lord Xander… ?Le gustaría ser mi Avatar?

  El hombre sostuvo su copa de vino en el aire, sin llevarla a sus labios. Sus ojos se posaron en Cáliban con una mezcla de curiosidad e interés.

  —?Avatar? —repitió con calma —?Y qué significa exactamente eso?

  Cáliban cruzó los brazos, eligiendo cuidadosamente sus palabras.

  —Bueno… usted se transformaría en una manifestación o extensión de mi poder. Algo así como una persona al que yo podría otorgarle parte de mi autoridad, convirtiéndolo en un semidiós, por así decirlo.

  Xander observó el líquido carmesí de su copa, dándole un par de vueltas con movimientos suaves. Miró a Cáliban con cautela, midiendo sus palabras antes de hablar.

  —No entiendo… ?Me darás tu poder?

  Cáliban negó levemente con la cabeza.

  —No es exactamente "dar"… más bien, estaremos conectados. Un fragmento de mi ser será colocado en su alma, permitiéndole usar los poderes que yo le otorgue.

  Lord Xander frunció el ce?o, dándole vueltas a la idea.

  —?Y cuánto poder sería capaz de manifestar?

  —Eso dependerá completamente de usted… de su fuerza, de su cuerpo y de su capacidad para manejarlo.

  Xander llevó una mano a su barbilla, pensativo.

  —Ajá… ?Y a cambio, qué perderé?

  Cáliban dejó escapar un suspiro.

  —Hmm… no lo llamaría "perder" exactamente… pero digamos que tendrá que cumplir con mis designios. Por así decirlo.

  Los ojos de Xander brillaron con un destello de escepticismo.

  —Eso suena demasiado ambiguo…

  —Creo que será mejor que se lo muestre.

  Sin más preámbulos, los ojos de Cáliban comenzaron a iluminarse con una luz intensa y, para sorpresa de todos, los de lord Xander hicieron lo mismo.

  Entonces, su voz cambió.

  Pero lo que más inquietó a los presentes fue que Xander habló… con la voz de Cáliban.

  —Sería algo así… —pronunció, con un tono que no era suyo, sino el de su compa?ero.

  Joseph y Reinhard dieron un paso atrás por puro instinto. La imagen era inquietante… Xander movía los labios, pero las palabras eran de Cáliban.

  Diez segundos después, la conexión se rompió de golpe.

  Cáliban se llevó una mano a la nariz cuando un hilo de sangre comenzó a correr por ella. Xander, por su parte, inhaló bruscamente, como si acabara de ser sumergido en agua helada.

  —Eso fue… raro… demasiado raro… —murmuró, recuperando el aliento.

  Cáliban se limpió la sangre con la manga, aún sintiendo el efecto del vínculo en su cuerpo.

  —Como dije… ugh… usted se convertirá en una extensión de mi ser. Eso significa que puedo ver a través de usted o conectarnos momentáneamente, como acaba de pasar… aunque mi cuerpo solo puede soportarlo por diez segundos y la distancia tampoco es mucha que digamos...

  Xander pasó una mano por su rostro y soltó una risa breve y seca.

  —Bien… uff… bueno… mientras prometas que no te meterás con mi libre albedrío…

  Cáliban sonrió levemente, con una chispa de ironía en sus ojos.

  —Mientras prometa no faltar a su juramento…

  Xander alzó la mirada y lo miró con seriedad.

  —?Y cómo debo cumplirlo? ?Hay algo que tenga que hacer?

  Cáliban revisó la interfaz flotante y asintió.

  —Bueno… según esto, debo darle reglas a seguir. Pero no me interesan de esas cosas, así que lo simplificaremos… mientras sea sincero conmigo y no me traicione, es suficiente.

  —?Y si fallo?

  Cáliban cerró los ojos un instante antes de responder.

  —Si eso sucede… su memoria será borrada. No recordará nada de mí, ni de lo que hemos pasado juntos. Perderá cualquier poder que yo le haya dado y nunca nos volveremos a encontrar…

  Xander dejó caer su espalda contra el respaldo de su asiento, meditando la respuesta. Luego sonrió de medio lado.

  —Bueno… es un precio justo, supongo.

  Tomó su copa, la giró entre sus dedos por última vez y la dejó suavemente sobre la mesa. Muchos pensamientos pasaron por su mente. Pero entre ellos, solo uno afloró. El de conseguir la fuerza para proteger lo que amaba. Después de meditarlo por algunos segundos, levantó la vista y miró a Cáliban con determinación.

  —De ser así, entonces acepto. Seré tu Avatar.

  Cáliban aceptó la indicación del sistema. En el aire, una nueva ventana se desplegó, mostrando los poderes que poseía en ese momento.

  [Puede asignar un poder a su Avatar. ?Desea agregarlo?]

  ??Poder, eh?...?

  Observó la pantalla con atención.

  ?Lord Xander ya es un espadachín formidable. Darle una habilidad de espada sería ridículo…pero la Mirada Celestial… esos sí podría serle útil?

  Sin dudarlo más, Cáliban seleccionó su habilidad y la transfirió. De inmediato, lord Xander sintió un hormigueo recorrer su cuerpo.

  —?Qué está pasando?

  Cáliban cruzó los brazos y respondió con tranquilidad:

  —Le he transferido uno de mis poderes… considérelo un regalo.

  Los ojos de Xander comenzaron a brillar con un intenso carmesí. Al principio, solo sintió un leve ardor, pero pronto su visión cambió por completo.

  Pudo ver el flujo del maná en el aire, las reacciones de las auras a su alrededor… incluso pudo ver a través de las paredes. Su mirada atravesó la estructura del edificio como si esta no existiera, revelando las habitaciones del primer piso y el jardín exterior.

  Pero lo que más le llamó la atención fueron las auras.

  Cada persona brillaba con una tonalidad diferente.

  Sus empleados tenían un aura blanca, serena e inmutable. Cáliban, en cambio, irradiaba un aura carmesí, densa y casi abrasadora. Reinhard resplandecía con un azul profundo, mientras que Joseph…

  Joseph tenía un aura gris.

  —Esto es… —susurró Xander, fascinado por la nueva perspectiva del mundo.

  —Son mis ojos. —explicó Cáliban —Concretamente, los Ojos del Guerrero Carmesí. Le permitirán ver cosas que de otro modo serían invisibles. Como es más fuerte que yo, podrá usarlos por mucho más tiempo sin agotarse… pero tenga cuidado. Si no entrena, la carga mental será demasiado pesada y no podrá soportarla.

  Xander cerró los ojos un instante, permitiendo que la sensación de energía se asentara en su mente.

  —Interesante… ?Me ayudará a detectar a los miembros del culto?

  Cáliban negó con la cabeza.

  —No… su nivel aún es demasiado bajo para eso. A menos que utilicen energía oscura de frente, no podrá verlos.

  —Bueno, aun así, sigue siendo una gran ayuda.

  Joseph, que había estado observando la escena con evidente emoción, no tardó en intervenir.

  —??Y qué hay de nosotros?! —preguntó con entusiasmo.

  Cáliban le lanzó una mirada impasible antes de responder con sequedad:

  —Para ustedes no hay nada.

  —Eh…

  Joseph parpadeó, claramente decepcionado.

  Cáliban ignoró su reacción. No quería alimentar falsas expectativas. Tanto Joseph como Reinhard tenían potencial para alcanzar nuevos horizontes, pero ese camino no era algo que se les pudiera otorgar con un simple regalo.

  Requería entrenamiento, disciplina, y los tiempos de ser amable se habían terminado.

  ?Un sistema que permite otorgar poder a otros… ayudarlos a ascender… y formar un ejército de seres divinos… Si Karrigan tuviera acceso a esto, su sue?o de convertirse en el más fuerte de la creación no sería imposible…?

  Los pensamientos de Cáliban se tornaron sombríos.

  ?Maestro… ?Con qué propósito creaste esto??

  Sin embargo, su atención fue captada por otra ventana dentro del tomo. Era la cuarta sección, titulada "Apóstoles". Frunció el ce?o y seleccionó la opción, pero en cuanto intentó acceder a ella, un mensaje apareció ante sus ojos.

  [Se ha alcanzado el número máximo de Apóstoles]

  ??El máximo? Pero si no he asignado a ninguno…?

  Revisó la información con rapidez, pero el sistema indicaba que ya tenía cuatro apóstoles.

  —Esto no tiene sentido…

  Intentó ver los detalles de esos supuestos apóstoles, pero…

  [Información restringida]

  La pantalla estaba completamente en negro. No podía ver nada.

  —Tch…

  Probó accediendo a los demás tomos. Había siete en total, pero para su frustración, seis de ellos estaban bloqueados.

  Apretó los dientes.

  ?Esto es peligroso… hay demasiadas cosas que no entiendo sobre este sistema. Y eso nunca es una buena se?al?

  Decidió no intervenir más, al menos por el momento. Cerró las ventanas flotantes y suspiró, sintiendo el peso de la incertidumbre sobre sus hombros. Había dado un paso más dentro de un territorio desconocido.

  Y el verdadero peligro… aún no se revelaba.

  —?Y ahora qué? —preguntó Reinhard, cruzándose de brazos.

  Cáliban exhaló lentamente, con la mirada fija en la pantalla flotante antes de cerrarla con un gesto de su mano.

  —Bueno… los miembros del culto están tras nosotros. Si no queremos morir, tendremos que hacernos más fuertes.

  Reinhard asintió con seriedad.

  —Eso es evidente. Pero… ?Y qué hay de lo que mencionaste antes?

  Cáliban apretó la mandíbula.

  —Ese es el otro asunto que no deja de dar vueltas en mi cabeza… —confesó —La sacerdotisa de los recuerdos del profesor Baleid les encomendó encontrar cuatro semillas. ?A qué demonios se refería con eso?

  Los tres guardaron silencio por un momento, tratando de darle sentido a las palabras de la sacerdotisa.

  —No solo eso… —continuó Cáliban —A Joseph y a mí nos llamó "recipientes".

  Joseph sintió un escalofrío recorrerle la espalda al recordar la frialdad con la que la sacerdotisa había pronunciado esa palabra.

  —No lo sé… —murmuró Xander —Por mucho que torturé a los sirvientes del culto, ninguno quiso hablar… aparte de que esa odiosa maldición se activó antes de que pudieran decir algo útil.

  Cáliban entrecerró los ojos, chasqueó la lengua, frustrado.

  —No hay otra opción. Tendremos que investigar por nuestra cuenta. —Se giró hacia lord Xander —Me llevaré a Joseph y a Reinhard para seguir con los asuntos de la casa. Si necesita algo, no dude en contactarme.

  Xander alzó una ceja.

  —?Contactarte? ?Y cómo piensas hacer eso?

  Cáliban esbozó una leve sonrisa antes de cerrar los ojos y concentrarse. De inmediato, Xander sintió un leve cosquilleo en su mente… y luego, una voz resonó en su interior.

  ?De esta manera...?

  Xander se quedó inmóvil por un segundo, sorprendido.

  —Vaya… eso me tomó por sorpresa.

  Intentó devolverle el mensaje de la misma forma, concentrando su energía en la conexión recién establecida.

  ??Así??

  Cáliban asintió con aprobación.

  —En efecto. Ya lo tienes.

  Xander se permitió una breve sonrisa. Poco después, Cáliban, Joseph y Reinhard abandonaron la mansión Hilloy, perdiéndose entre las calles de la ciudad. Desde la ventana de su despacho, lord Xander los observó en silencio, con la mirada afilada y pensativa.

  Pasaron unos segundos antes de que alzara la voz con autoridad:

  —?Fred!

  El mayordomo apareció de inmediato, inclinando levemente la cabeza en se?al de respeto.

  —?Me llamó, se?or?

  Xander dejó su copa sobre la mesa y se volvió hacia él con expresión seria.

  —Prepara mi carruaje. Voy al distrito Delion.

  Fred no hizo preguntas.

  —Enseguida, se?or.

  Y con una inclinación, desapareció para cumplir la orden. Lord Xander se quedó en la habitación unos instantes más, observando el punto donde sus nuevos aliados habían desaparecido. Algo le decía que este sería un día interesante.

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