Finalmente, habían regresado a la mansión Hilloy. El aire denso y opresivo que los envolvía se disipó, y las marcas de sangre que antes mancillaban las paredes de la habitación se desvanecieron, como si nunca hubieran existido.
En el suelo, lord Xander se aferraba con fuerza al cuerpo inerte de Clayton. Sus manos temblaban, sus ojos brillaban con un dolor que no necesitaba palabras para expresarse.
Entonces, una alerta resonó en la mente de Cáliban.
[Las se?ales que intervenían con el sistema han vuelto a resurgir… sellando el poder acumulado…]
Sintió cómo su esencia cambiaba de nuevo. Su aspecto regresó a su forma original en cuanto volvieron al plano mortal.
—Bueno… sabía que duraría poco de todas formas… —murmuró para sí mismo, soltando un leve suspiro.
A sus espaldas, Reinhard permanecía inmóvil, con la mirada perdida. Todo lo que acababa de presenciar desafiaba su comprensión. Quería preguntar, quería exigir respuestas, pero su mente estaba en caos. Las palabras simplemente no llegaban.
Joseph, notando su angustia, apoyó una mano firme sobre su hombro.
—Entiendo cómo te sientes, amigo. —Su voz era calmada, comprensiva —Luego hablaremos con más calma… ahora mismo no es un buen momento.
Reinhard alzó la vista y observó a lord Xander. Aquel hombre, normalmente imperturbable, luchaba por contener las lágrimas mientras se aferraba a su hermano muerto.
—Sí… supongo que tienes razón. —susurró Reinhard, tragando el nudo en su garganta —Eso puede esperar.
Cáliban avanzó unos pasos y se inclinó ligeramente hacia lord Xander.
—Lord Xander… su hermano merece una sepultura digna. ?Tiene un lugar donde enterrarlo?
El noble tardó en responder. Su voz era apenas entendible cuando murmuró:
—Sí… la cripta de mi familia se encuentra atrás… iré a dejarlo y… después podremos hablar sobre-
—Eso puede esperar. —interrumpió Cáliban, mirándolo con seriedad —Ahora mismo, esto es lo más importante… ?No lo cree?
Xander alzó la vista. Su expresión estaba cargada de tristeza, pero también de una silenciosa gratitud. No importaba cuánto insistiera en cargar con su duelo, aquellos muchachos no estaban dispuestos a dejarlo solo.
—Realmente son tercos… —murmuró con una leve sonrisa amarga, sacudiendo la cabeza.
Con un esfuerzo visible, levantó el cuerpo de su hermano y comenzó a caminar hacia la cripta.
—Acompá?enme… es por aquí…
Mientras tanto, en las afueras de la mansión, el profesor Yannes se acercaba al portón con el ce?o fruncido.
??Qué estarán haciendo esos muchachos aquí?... espero que no hayan hecho enojar a lord Hilloy…?
Cada casa de la academia tenía un toque de queda estricto. Los alumnos de primer a tercer a?o debían regresar a sus habitaciones antes de las doce en punto de la noche. Si rompían esta regla, enfrentarán una sanción. Sin embargo, en los casos más preocupantes, cuando un estudiante desaparecía sin dejar rastro, el profesor a cargo tenía permitido utilizar su marca personalizada para localizarlos de inmediato.
El profesor Yannes suspiró, observando el imponente portón de la mansión Hilloy.
?La marca me trajo hasta aquí… pero no puedo imaginar qué estarían haciendo estos chicos en este lugar. Lord Hilloy no es alguien con quien puedan tratar a la ligera…?
Todos en la academia conocían la fama de Xander Ard Hilloy. Su apellido era uno de los más influyentes entre la nobleza, y su familia había sido pilar fundamental en la fundación de la academia junto a Kasus. No era un hombre con el que se pudiera negociar fácilmente. Su sola presencia imponía respeto… o miedo.
El profesor no pudo evitar sentir una creciente preocupación.
?Espero que no haya ocurrido nada grave… hacer enojar a una figura como él podría tener consecuencias terribles…?
Tomando aire, Yannes extendió la mano y tocó el timbre del gran portón. El sonido resonó en el silencio de la noche. La puerta se abrió con un leve chirrido y la imponente figura de lord Xander apareció en el umbral, su expresión, tan severa como siempre, se reflejaba en sus ojos afilados, que se posaron en el recién llegado, analizándolo con detenimiento antes de hablar.
—Profesor Yannes… ?Qué lo trae aquí a estas horas?
El profesor carraspeó ligeramente antes de inclinar la cabeza en se?al de respeto.
—Disculpe la intromisión tan tarde, lord Hilloy. Estoy buscando a unos alumnos que aún no han regresado a sus habitaciones. Mi marca me indica que están aquí. Sus nombres son…
Antes de que pudiera terminar, lord Xander lo interrumpió con una voz firme y autoritaria.
—Reinhard, Joseph y Cáliban… ?No es así?
El profesor Yannes parpadeó, sorprendido.
—E… en efecto… espero que no le hayan causado problemas…
Lord Xander lo observó en silencio por un instante antes de responder con calma, pero con un tono extra?o, casi reflexivo.
—Al contrario… fueron de mucha ayuda.
—?Eh…?
Antes de que el profesor pudiera formular otra pregunta, tres figuras emergieron de entre las sombras, justo detrás de Xander. Eran sus alumnos. Yannes sintió una punzada de alivio al verlos ilesos, pero su alivio pronto se transformó en desconcierto.
Lord Xander se giró ligeramente hacia él y, con un tono más solemne, a?adió:
—Espero que no los castigues… estaban cumpliendo con un encargo mío. Lamentablemente, tomó más de lo esperado, pero al final lograron ayudarme. Asumiré la responsabilidad de cualquiera de sus acciones.
El profesor Yannes sintió que un escalofrío le recorría la espalda.
???Qué?! ??Lord Hilloy está dando la cara por ellos?! ?Cómo es esto posible? ?Qué hicieron estos tres para ganarse la confianza de alguien tan importante en la academia??
Respiró hondo, tratando de no dejar ver su sorpresa, y asintió con serenidad.
—No se preocupe. Si usted mismo da testimonio de su conducta, no recibirán ningún castigo por llegar tarde. —Hizo un gesto con la mano hacia los jóvenes, indicandoles el camino —Pero ahora es momento de volver.
—En efecto… —murmuró lord Xander con un tono indescifrable.
Reinhard, Joseph y Cáliban obedecieron sin decir una palabra. Se dirigieron al carruaje con paso firme, pero con la sensación de que aún había algo en el aire que no terminaba de asentarse.
Desde la entrada de la mansión, lord Xander siguió con la mirada al profesor Yannes hasta que los estudiantes subieron al vehículo. Su presencia era tan imponente que el profesor no pudo evitar una última reflexión en su mente mientras se acomodaba en el asiento.
??Qué le sucede a lord Hilloy?... está demasiado alerta… ?Tanta estima tiene por ellos??
El carruaje avanzó lentamente por las calles adoquinadas. Durante el trayecto de regreso, el silencio dentro del vehículo se hizo incómodo y tenso. Pero Yannes no era un hombre que ignorara sus dudas.
Se cruzó de brazos y, con un tono neutro, lanzó la pregunta al aire:
—?Qué encargo realizaron?
Joseph y Reinhard intercambiaron una mirada rápida antes de dirigir sus ojos a Cáliban. Era evidente que le dejaban a él la tarea de responder.
—Era una solicitud de búsqueda. —respondió con su tono tranquilo, sin rastro de duda —Nos pidió encontrar un collar muy importante para él… y al final lo conseguimos.
El profesor Yannes arqueó una ceja.
—?Eso es todo? ?Por eso tardaron tanto?
Cáliban no titubeó.
—Como puede ver… la mansión es enorme. Nos tomó horas encontrarlo. —Hizo una breve pausa antes de a?adir con naturalidad —Al final, lord Hilloy nos invitó a cenar en su hogar como muestra de agradecimiento. Nos contó muchas historias de sus viajes… y cuando nos dimos cuenta, ya era de noche.
Yannes los observó con atención, intentando descifrar si había algo más oculto tras esas palabras.
?No puede ser tan simple…?
Conocía bien la reputación de lord Xander. Desde que su esposa cayó enferma, el hombre se había vuelto un ser desagradable, frío, arisco, déspota y temperamental. No se molestaba en ser amable ni siquiera con otros nobles y profesores.
??Desde cuándo muestra cortesía con jóvenes a los que acaba de conocer??
Su mirada se posó en Joseph y Reinhard, buscando algún indicio de que mentían.
—?Eso es cierto?
Ambos asintieron con rapidez. Demasiada rapidez.
El profesor Yannes sintió que algo no encajaba, pero decidió no insistir. Permaneció en silencio el resto del camino, aunque su mente no dejaba de trabajar en todas las posibilidades.
El sol apenas iluminaba las calles cuando los estudiantes comenzaron a reunirse frente a la mansión, listos para dirigirse a la academia. Pero antes de que pudieran marcharse, la profesora Rain se presentó ante ellos con una expresión seria.
—Lamentablemente, el día de hoy las clases han sido canceladas.
El murmullo de sorpresa entre los integrantes de la casa no se hizo esperar.
—?Por qué? —pregunto Dimerian.
La profesora Rain suspiró.
—Debido a cierto… incidente. —Su tono era ambiguo, pero su mirada reflejaba preocupación —Uno de los profesores no estará disponible por el momento. Hemos sido llamados a una junta para discutir la situación. —Se giró, lista para marcharse —Así que tendrán el día libre. Nos vemos, chicos.
Dicho esto, subió a su carruaje y desapareció entre las calles. Cáliban mantuvo la mirada fija en el vehículo que se alejaba.
?Parece ser que ya descubrieron lo sucedido con el profesor Baleid… bueno, tarde o temprano iba a ocurrir…?
A su lado, Reinhard se acercó ligeramente, con una expresión de preocupación.
—Cáliban… ?Crees que tengas tiempo para hablar ahora?
Cáliban inclinó levemente la cabeza, como si meditara la respuesta.
—Bueno…
Pero antes de que pudiera continuar, el sonido de ruedas sobre el empedrado interrumpió la conversación.
Un elegante carruaje negro, con el emblema de la familia Hilloy grabado en la puerta, se detuvo frente a la casa. De él descendió un mayordomo de porte distinguido, cuyos movimientos reflejaban la disciplina de toda una vida de servicio.
Con una leve inclinación de cabeza, su voz resonó con firmeza y respeto:
—Buenos días. El amo Hilloy me ha enviado a recoger a tres estudiantes… Mika'el Cáliban, Reinhard Tyrant y Joseph Sephir. Por favor, acompá?enme.
Mientras alzaba el brazo, se?alando la entrada del carruaje, el silencio cayó como una losa sobre los presentes.
Los estudiantes que presenciaban la escena contenían el aliento. Pero nadie estaba más impactada que Similia. Sus ojos se abrieron en par y su respiración se aceleró.
—?Espera! ?Acaba de decir Xander? ?No será el lord Xander Ard Hilloy?
Cáliban, con su habitual indiferencia, simplemente asintió.
—Ah… creo que ese era su nombre.
La expresión de Similia se congeló. Su mente tardó en procesarlo. No podía ser, no era posible.
?No… esto no es cierto… debe ser un truco, sí… una mentira. Nada más.?
Pero no era un truco. Era la realidad. Y esa realidad la hervía de rabia.
Porque lo que acababa de suceder rompía todas las reglas no escritas de la academia.
Desde su fundación, la academia había sido gobernada por cuatro grandes familias nobles, descendientes de los camaradas de Kasus Delion, el legendario fundador. Cualquiera que aspirara a la grandeza dentro de la academia so?aba con captar la atención de una de estas familias.
Pero no era algo que ocurriera en cuestión de días.
Los estudiantes más talentosos pasaban a?os tratando de impresionar a alguna de las casas nobles mediante investigaciones, trabajos excepcionales, victorias en combate o méritos sobresalientes. Pocos lo lograban, y menos aún tan rápido.
Pero estos tres lo habían hecho en su segundo día.
Similia sintió una presión en el pecho. Su plan… su impecable plan para ser la primera en atraer esas miradas, se había desmoronado en cuestión de horas.
??Mierda! Mi estrategia era perfecta…! Estaba segura de que en los próximos tres a?os lograría captar la atención de una de las familias… ??Pero estos idiotas ya lo consiguieron al segundo día?!?
Sus dientes crujieron. Sus u?as se clavaron en la palma de su mano mientras luchaba por controlar su frustración.
Catherine, a su lado, la miró con una mezcla de diversión y resignación sin apartar sus rasgos serios.
—Similia… respira, te vas a morir.
Pero la ira de Similia era como un fuego imposible de apagar.
A pocos metros, Argos dejó escapar un gru?ido bajo antes de darse la vuelta y marcharse hacia la parte trasera del edificio. El mensaje era claro… él también estaba molesto, pero prefería entrenar antes que quedarse a protestar.
Nhun chasqueó la lengua.
—Tch… maldito presumido. —Giró sobre sus talones con furia y miró a Cecilia con determinación —?Vamos, Cecilia! ?Entrenemos hasta poder patearle el trasero a esos tres!
Nhun jaló con fuerza del brazo a Cecilia, arrastrándola hacia el patio trasero. Su determinación ardía en su mirada, y su paso era firme, como si entrenar con más intensidad pudiera borrar su frustración.
Mientras tanto, en el interior del carruaje, la atmósfera estaba cargada de una extra?a tensión. El mayordomo, que los había escoltado, no dejaba de mirarlos de reojo. Sus ojos reflejaban una mezcla de inquietud y nerviosismo.
Cáliban notó su mirada insistente y, sin rodeos, preguntó:
—?Sucede algo?
El mayordomo pareció sobresaltarse ligeramente y desvió la vista antes de responder con una leve inclinación de cabeza.
—No… mis disculpas. Es solo que aún estoy conmocionado por lo que ocurrió en la mansión…
Cáliban frunció el ce?o.
—?Qué ha estado haciendo?
El mayordomo apretó los labios, como si dudara en responder. Finalmente, soltó un suspiro.
—Una vez que lleguemos, lo verá con sus propios ojos.
Cáliban alzó una ceja, pero decidió no insistir.
—Bueno…
El silencio se apoderó del carruaje mientras avanzaban por las calles de la ciudad. Después de varios minutos, el carruaje se detuvo ante la imponente entrada de la mansión Hilloy. El mayordomo descendió primero y los guió sin demora hacia los terrenos traseros de la propiedad. Su paso era apresurado, como si no quisiera perder más tiempo del necesario.
El destino final era la cripta de la familia Hilloy.
Al cruzar la pesada puerta de piedra, el aire se tornó espeso, cargado de un hedor metálico inconfundible… sangre. Los ojos de Reinhard se abrieron con incredulidad ante la escena que tenían frente a ellos.
Lord Xander estaba allí… cubierto de sangre. A su alrededor, yacían cuerpos de sus sirvientes, algunos con rostros congelados en una mueca de horror.
Pero la escena más perturbadora era la que se desarrollaba en el centro de la cripta.
Una mujer temblaba en una silla de madera, con las mu?ecas atadas. Sus ojos, llenos de miedo, se clavaban en el noble, que la observaba con frialdad implacable. La voz de Xander cortó el aire como una hoja afilada.
—Dime lo que sepas del culto.
La mujer soltó un grito de desesperación.
—?Ya le dije que no sé nada! ?Soy inocente!
Lord Xander suspiró.
—Así que quieres hacer esto difícil… ?Eh?
Sin más preámbulos, sacó de su bolsillo un medallón. Cáliban lo reconoció de inmediato. Era uno de los amuletos rudimentarios que él y Joseph habían forjado en el bosque. Aunque toscos, cumplían su propósito a la perfección.
Xander lo acercó lentamente al cuerpo de la mujer. Apenas el metal rozó su piel, un chillido inhumano desgarró la cripta. El cuerpo de la sirvienta se sacudió en espasmos violentos mientras una marca oscura y retorcida aparecía en su cuello.
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El emblema del culto.
Xander ladeó la cabeza con desdén.
—?Vas a seguir fingiendo ahora?
Pero, en lugar de responder, la mujer rompió en una carcajada demente. Su risa resonó en la cripta, retorcida, llena de júbilo insano.
—Pronto… el Gran Padre surgirá… y tu familia será devorada por sus hijos…
De repente, su piel se resquebrajó como un cascarón podrido.
Tentáculos negros emergieron de su carne, desgarrando su cuerpo desde dentro. La criatura que una vez fue una mujer se devoró a sí misma en una grotesca danza de horror, hasta que solo quedó un esqueleto carbonizado sobre la silla.
Xander, sin inmutarse, chascó la lengua con fastidio.
—Ah… otra más… qué desperdicio.
Entonces, dirigió su mirada hacia sus invitados. Su expresión no mostraba remordimiento. Solo cansancio.
—Vaya… ya están aquí. Lamento que vean este… desastre.
Reinhard tragó saliva y se acercó a los cuerpos de los sirvientes caídos. Su mente intentaba procesar la escena frente a él, pero las preguntas lo asaltaban demasiado rápido. Después de un momento, levantó la mirada hacia Xander.
—?Todos ellos eran partidarios del culto?
Lord Xander soltó un suspiro, dejando caer el trapo ensangrentado con el que acababa de limpiarse las manos. La cripta era un campo de muerte.
—Así es… pasé toda la ma?ana purgando a los sirvientes de esta casa.
La voz de Lord Xander resonó en la cripta, grave y sin emoción.
Cáliban observó la escena en silencio. El suelo estaba cubierto de cuerpos, algunos aún reconocibles, otros desmembrados, reducidos a restos esqueléticos. Pero lo que más llamaba la atención no era la sangre seca en las piedras, sino la energía oscura que aún persistía, vibrando en el aire como un eco de la muerte que había caído sobre ellos.
—Veo que los talismanes que te regalé te sirvieron… aunque no pensé que los usarías tan rápido.
—Sí… es mejor deshacerse de las ratas antes de que sigan contaminando mi casa.
Cáliban se encogió de hombros.
—Supongo que tienes razón.
La oscuridad de la cripta parecía más densa con cada palabra intercambiada. Xander suspiró pesadamente y miró el desastre con indiferencia.
—Bueno, ?Qué tal si desayunamos ahora? Acabo de terminar.
—Eso estaría bien, pero antes necesito meditar un poco. —Cáliban cerró los ojos un instante, sintiendo el peso residual del desgaste de la noche anterior —Mi cuerpo aún sufre las consecuencias de usar mi poder… me tomará al menos una hora recuperarme. Mientras tanto, dejaré que Joseph les cuente todo… él ya lo sabe.
Xander frunció el ce?o.
—?Vas a quedarte aquí solo?
Cáliban asintió con tranquilidad.
—Voy a absorber la magia oscura de estos cuerpos.
Xander lo miró con un destello de curiosidad en los ojos.
—?Puedes hacer eso?
Cáliban sonrió de lado. Justo la noche anterior había descubierto una curiosidad importante, el libro del apocalipsis le permitía absorber la energía corrupta y purificarla, transmitiendo directamente a su núcleo como fuente de poder.
—Aparentemente, sí…
?Bueno… antes no podía, pero ahora el cristal absorbe la energía oscura sin esfuerzo. Supongo que mientras me ayude a recuperar mi poder, no hay problema…?
Xander sostuvo la mirada, analizando la idea del joven.
—Si los cuerpos te sirven… mejor para mí. Así me libro de limpiar.
Sin más, Cáliban tomó asiento en el suelo, cerró los ojos y comenzó a sumergirse en la meditación. Los demás, sin decir nada más, abandonaron la cripta y se dirigieron al comedor.
Cuando llegaron, los sirvientes ya habían dispuesto un banquete opulento sobre la mesa. Joseph se acomodó en su asiento, cruzó los brazos y miró a los demás con aire solemne.
—Bueno… les contaré todo mientras comemos.
Suspiró profundamente, como si ya anticipará lo tedioso de la conversación.
—Empecemos desde el principio…
Durante los siguientes cuarenta y cinco minutos, Joseph relató su historia, la de Cáliban y su batalla contra los magos oscuros. Pero omitió ciertos aspectos personales que su maestro le prohibió decir. No era necesario que se enteraran de todo, por lo que Joseph solo se limitó a contar lo más importante.
Cada detalle fue narrado con precisión… el caos, la desesperación, la oscuridad con la que tuvieron que lidiar… y, por supuesto, la verdadera naturaleza de Cáliban. Cuando finalmente terminó, dejó su tenedor sobre el plato y los miró con expectativa.
—Bueno… ?Alguien tiene alguna pregunta?
Sin dudarlo, Reinhard y Lord Xander levantaron la mano al mismo tiempo. Joseph cerró los ojos un instante y dejó escapar un suspiro exasperado.
—Sí… esto tardará otro poco…
Y así, comenzó una nueva tanda de preguntas y respuestas. A medida que avanzaban, las dudas se volvían más complejas. Finalmente, cuando parecía que todo estaba llegando a su fin, una última pregunta dejó la habitación en un incómodo silencio.
Reinhard se inclinó hacia adelante, miró a Joseph con seriedad y preguntó:
—Entonces… ?Cáliban es un dios exterior? ?Como el que intentamos matar?
La pregunta resonó en el comedor. Joseph parpadeó sorprendido. Nunca lo había pensado así. Pero cuando recordó las veces que Cáliban había demostrado su inmenso poder… la idea no le pareció descabellada.
—Bueno… ?Supongo que sí…? —murmuró, pensativo —Cuando le pregunté, me respondió que era un Ascendido… aunque, la verdad, no sé qué significa eso.
Justo en ese momento, las puertas del comedor se abrieron de golpe. Todos se giraron al instante. Cáliban entró con paso firme, su presencia apagando cualquier conversación en el salón.
—Un Ascendido y un Dios exterior no son lo mismo. —dijo con firmeza.
Sin más preámbulos, se dirigió hacia la mesa y tomó asiento junto a Joseph. Ni siquiera esperó a que alguien hablara antes de tomar un plato y comenzar a devorar la comida con urgencia. La noche anterior había drenado una cantidad considerable de su poder sellado, y su cuerpo ahora le exigía alimento de manera insaciable.
Entre bocados, murmuró:
—Ahora yo responderé sus preguntas. Gracias, Joseph.
Joseph se encogió de hombros, asintiendo en confirmación. Lord Xander bebió un sorbo de vino y, con calma, fijó su mirada en Cáliban.
—Explícanos entonces… ?Qué eres exactamente?
Cáliban se tomó su tiempo, masticó en silencio y luego levantó la mirada.
—No soy un dios exterior. Soy un Ascendido. Un ser mortal que ascendió a la divinidad por esfuerzo propio. —Hizo una breve pausa antes de agregar: —Y no fui el único… pero tampoco es algo fácil de conseguir.
Reinhard ladeó la cabeza con interés.
—Entonces… ?Qué es un dios exterior?
Cáliban dejó su copa en la mesa y se inclinó ligeramente hacia adelante.
—Más allá del tiempo y el espacio, existen planos con leyes completamente distintas al plano mortal. En esos lugares, guerras interminables han sido libradas por eones.
Hizo una pausa y continuó:
—Por un lado, están los dioses Primigenios. Seres monstruosos más allá de la imaginación, que encarnan los aspectos negativos de la creación… por el otro, los dioses Arquetípicos. entidades que encarnan los aspectos positivos de la existencia.
Reinhard se inclinó levemente hacia adelante.
—Ah… entonces los Arquetípicos son los buenos, ?Verdad?
Cáliban soltó una risa seca y negó con la cabeza.
—No. No pienses en esos términos.
Reinhard frunció el ce?o.
—?Cómo que no? Dijiste que los Arquetípicos representan lo positivo y los Primigenios lo negativo.
—Eso no los hace buenos o malos. —Cáliban clavó sus fríos ojos en él, haciendo que la tensión en la habitación se disparara —Ambos destruyen sin dudarlo. Si te interpones en su camino, serás borrado de la existencia sin que les importe lo que representas.
Reinhard tragó saliva con dificultad. La sala quedó en un silencio incómodo por un instante, hasta que finalmente se atrevió a preguntar:
—Entonces… ?Qué son exactamente?
Cáliban exhaló lentamente y apoyó los codos sobre la mesa. Su voz descendió en un tono más profundo y ominoso.
—Imagina un ser de poder absoluto… alguien que podría devorar galaxias, planos, tiempos y dimensiones con un solo bocado… sin esfuerzo.
Los presentes sintieron un escalofrío recorrerles la espalda.
—Imagina formas de vida tan ajenas a la lógica que desafían la misma realidad… sus cuerpos son una amalgama de contradicciones imposibles, creadas con el único propósito de destruir y esparcir su influencia por toda la creación.
El aire en la habitación parecía volverse más denso.
—Imagina que la simple mención de su nombre podría arrastrarte a la locura, un abismo sin fin que devoraría tu mente, tu alma, tu cuerpo… sin dejar rastro de lo que alguna vez fuiste.
Lord Xander dejó su copa en la mesa, sin apartar la mirada de Cáliban.
—Imagina un ser capaz de jugar con los soles como si fueran canicas… que acaricia los confines de la creación con su sola presencia. —Cáliban se inclinó ligeramente hacia adelante, su mirada era helada como el vacío mismo —Cuando miras la noche estrellada… la oscuridad que rodea las estrellas bien podría ser el cuerpo de uno de estos dioses… esperando el momento para devorarlo todo.
Un silencio sepulcral cayó sobre la mesa. Joseph permaneció inmóvil, Reinhard apenas pudo respirar, y Lord Xander entrecerró los ojos, meditando las palabras.
Por primera vez, comprendieron el verdadero terror de lo que se estaban enfrentando.
El silencio en la habitación se alargó más de lo esperado. Las palabras de Cáliban aún resonaban en el aire, como una sombra opresiva que ninguno de los presentes lograba disipar.
Incluso Joseph, que generalmente tenía algo que decir, se quedó sin palabras. Finalmente, fue Lord Xander quien rompió el tenso mutismo, con la misma calma calculada de siempre.
—Así que… este Padre Sin Forma… el dios que veneran, ?Es un Dios exterior?
Cáliban suspiró levemente, como si la pregunta le pareciera casi ingenua.
—Si lo fuera… este planeta ya habría sucumbido.
La seriedad en su voz no dejaba espacio para la duda.
—No, lo más probable es que sea un Primigenio de bajo rango… o una entidad menor que busca ascender...
Lord Xander apoyó un codo sobre la mesa, tamborileando con los dedos.
—?Cómo lo detenemos?
Cáliban ladeó la cabeza, meditando la respuesta.
—Detenerlo… —sus ojos se entrecerraron ligeramente —Para empezar, habría que erradicar a su culto. Si logramos debilitar su influencia en este plano, podríamos impedir que se manifieste por completo.
—?Podría ser que se manifieste en estos tiempos?
—Sí… pero necesitaría mucho poder.
Xander asintió lentamente.
—Entonces, por ahora, nuestra única opción es eliminar a sus partidarios…
Cáliban esbozó una leve sonrisa.
—Exactamente.
Basándose en la información obtenida de los cuerpos del profesor Baleid y la estudiante que los emboscó, Cáliban comenzó a detallar la jerarquía del culto. El culto era regido por un sacerdote mayor, conocido como "El Soberano". Es el líder absoluto. Sin embargo, solo sus sirvientes más leales han visto su verdadero rostro.
Bajo su mando están los Sacerdotes. Son quienes ejecutan sus órdenes y supervisan el funcionamiento del culto. Luego vienen los Artífices. Su tarea principal es reclutar nuevos miembros y expandir la influencia del culto.
Más abajo están las Sombras, los miembros más débiles y prescindibles del culto. Son carne de ca?ón, pero trabajan organizados en peque?os grupos bajo el mando de un Líder de Equipo, que coordina las operaciones en el campo.
Lord Xander cruzó los brazos, analizando la estructura.
—Ya veo… así que, primero están las Sombras, las cuales obedecen a los Líderes de Equipo… —Sus dedos golpearon la mesa con un ritmo pausado. —Estos reportan a los Artífices, que a su vez sirven a los Sacerdotes… y finalmente, todos rinden cuentas ante el Soberano. —Alzó la mirada hacia Cáliban —?Estoy en lo cierto?
Cáliban asintió sin más. Joseph soltó un suspiro pesado y se pasó una mano por el cabello.
—Qué confuso…
Lord Xander dejó su copa de vino en la mesa y fijó sus ojos directamente en Cáliban.
—Ahora… volviendo a lo importante… —Se inclinó ligeramente hacia adelante. Fulminando a Cáliban con la mirada —Tú… ?Cuál es tu verdadero objetivo?
Cáliban no apartó la mirada. Su voz sonó serena, sin un ápice de duda.
—Reunir poder y largarme de este plano lo más rápido posible… ni más, ni menos…
La respuesta cayó como un golpe seco sobre la mesa. Lord Xander no reaccionó de inmediato. Solo lo observó en silencio, como si estuviera midiendo el peso de esas palabras. Finalmente, una leve sonrisa apareció en sus labios.
—En ese caso… —giró ligeramente su copa de vino entre los dedos —?Crees que puedas ayudarnos con esta entidad?
.Cáliban se recargó en su asiento, sin apartar la mirada de Lord Xander.
—Bueno… tenía planeado matar a todos los magos oscuros de todas formas… —hizo una breve pausa antes de esbozar una sonrisa apenas perceptible —Te ayudaré a vengarte del culto. —El aire en la sala pareció volverse más pesado —Además… estoy seguro de que ellos ya saben que eres su enemigo.
Lord Xander frunció el ce?o.
—?Cómo? —preguntó Reinhard, con un atisbo de preocupación en su voz.
Cáliban entrelazó los dedos y los apoyó sobre la mesa, tomándose un segundo para organizar sus pensamientos.
—Las marcas en sus cuerpos están sincronizadas con talismanes especiales. Eso les permite saber de inmediato cuándo muere uno de sus miembros… o cuándo alguien intenta rebelarse.
Xander endureció su expresión.
—Así que ahora que he acabado con tantos de ellos…
—Sí. —Cáliban lo interrumpió —Saben que descubriste la verdad. —Un silencio incómodo se instaló en la sala —Vendrán por ti… y por tu esposa.
Xander cerró los ojos un instante, exhalando lentamente.
—?Hay algo que puedas hacer…?
Cáliban se reclinó ligeramente hacia atrás, pensativo.
—Sí… pero… como sabrás, nada en este mundo es gratis.
Sabía perfectamente que con los recursos que tenía al alcance actualmente no era posible enfrentarse a un mago oscuro, pero si contaba con una fuerza potencial como lord Xander, al menos, el juego se nivelaría un poco.
?Este hombre tiene recursos, además es un Octavo rango… su influencia y poder sería una oportunidad que no podría desaprovechar…?
Sus ojos carmesí brillaron con intensidad al fijarse en Lord Xander. Este entendió el mensaje al instante. Apretó los pu?os sobre la mesa, sudando frío mientras los escalofríos se adue?aron de su corazón. Había sido testigo de la clase de poder que podía llegar a tener Cáliban, pero… ?Estaba listo para pedir ayuda a una entidad así?
—Me quitarás mi libre albedrío…
Cáliban sintió una ligera punzada al escuchar esas palabras. Nunca había tenido subordinados bajo su mando, no los necesitaba. Solo el hecho de mencionarlo, le hacía recordar el ejército de su hermano, quienes lo siguieron por miedo, cólera, aprovechamiento o ventajas, pero nunca por lealtad pura. Cáliban negó lentamente con la cabeza.
—No. No quiero esclavos… —dijo con un tono sereno, pero con una determinación inquebrantable. —Busco aliados.
Se inclinó hacia adelante, asegurándose de que sus siguientes palabras quedaran claras.
—Lo único que te pido es tu lealtad. Una resolución inquebrantable para acabar con el mal… no hacia a mi… si no puedes darme eso… simplemente nos dejaremos de ver cuando cure a tu esposa. —Cáliban apoyó los codos sobre la mesa y entrelazó los dedos. —Nada más.
Su mirada era firme. Xander no respondió de inmediato. Se quedó en silencio, sumido en sus pensamientos. La idea de atarse a otro le resultaba insoportable… pero, al mismo tiempo, sabía que su esposa estaba en peligro, y él no tenía el poder para enfrentar lo que venía. Mientras Xander meditaba su respuesta, Cáliban dirigió su mirada a Reinhard.
—En cuanto a ti…
Reinhard levantó la vista con un ligero temblor, sorprendido de ser llamado directamente. Cáliban no apartó sus ojos fríos de él.
—Espero que entiendas el peligro que conlleva estar con nosotros. —Su tono era serio, casi implacable —La verdad… no quiero involucrar a gente inocente… esta es mi lucha y la de nadie más… bueno, salvo tal vez…
Cáliban desvió su mirada hacia un lado, haciendo que Joseph bajara la mirada. Sabía lo que Cáliban intentaba hacer. Era cruel, pero necesario. Reinhard observó este contacto con un poco de envidia.
—Yo… por lo que explicó Joseph, eres un maestro. Eso es lo poco que pude entender, así que… si yo quisiera…
Cáliban alzó la mano para interrumpirlo.
—Entiendo lo que vas a decir… Reinhard, ?Puedes ver estos ojos?
Cáliban se?aló a su ojo, dejándolo entrever con su dedo. Su pupila carmesí se posó sobre la figura de Reinhard. Su figura rebosaba de un aura azul que iluminaba su alrededor. Ante tal se?al, Reinhard asintió.
—Es mi Mirada Celestial… me permite ver más allá de lo que se oculta a simple vista, entre ellos… los colores de las intenciones…
Reinhard se conmocionó al escuchar su explicación, la idea de saber que sus intenciones no podían ser ocultadas de Cáliban le llenaba de incertidumbre.
—Por el color de tu alma, puedo decir que eres un buen chico… un joven que posee cualidades excepcionales, destinado a caminar bajo la luz del día, iluminando aquellos que te sigan… realmente, eres material de héroes…
Reinhard frunció ligeramente el ce?o. A pesar de sus palabras, no podía verlas como un cumplido por alguna extra?a razón.
—Si… un héroe, un príncipe de su imperio, y un día, un rey benevolente que puede guiar a su gente a la cima… pero ese no es el camino que planeo transitar…
La mirada de Reinhard tembló.
—En mi camino, no tengo planeado caminar por la luz, ni ser un héroe… mi camino está pavimentado por la sangre de mis enemigos… puedo ver que eres una fuerza formidable que podría ayudarme en ese camino, pero no tengo planeado obligarte a no darte opción… verás cosas horribles, la sangre y tripas serán cosas del dia a dia, la maldad se te cubrirá cada dia como un manto susurrante que tratará de corromper tu corazón… los enemigos que trataremos serán peor de lo que siquiera podría describirse… tampoco habrá marcha atrás… solo podrás caminar hacia adelante. Además, Joseph es mi discípulo, pero él es diferente a ti. él puede ascender… pero tú no… así que no hay motivo para que arriesgues tu vida por esto… —Cáliban hizo una pausa, observando con atención la reacción de Reinhard. —?Qué harás, príncipe de Tyrant?
La pregunta cayó como un martillo. Reinhard bajó la cabeza, sin responder de inmediato. Joseph sentía el peso de las palabras de Cáliban en su pecho. Sabía que Cáliban estaba siendo brutalmente honesto, pero era mejor que sufriera por la verdad, que llenarle la cabeza con esperanzas falsas.
Pero, para Reinhard era diferente. En su mente aún permanecía aquella imagen del campo de flores… el momento en que Cáliban usó su poder para crear algo tan hermoso… ese instante cambió algo dentro de él.
Le hizo querer saber más, le hizo querer ver más. Y cuando Joseph les contó sobre los mundos que Cáliban le había mostrado en sus memorias, su corazón latió con fuerza.
Su mano temblaba, pero no de miedo, sino de emoción, la cual, invadía su alma como un torrente de vitalidad pura. Por mucho tiempo, la gente lo había obedecido sólo por su sangre noble. Pero él siempre había so?ado con algo más, con una aventura real. Con camaradas con los que crecer y compartir recuerdos, conocer otros lugares… otros horizontes… al igual que su padre… y ahora, finalmente se le presentaba una oportunidad de ir más allá.
Un camino que ningún otro mortal podría recorrer. Y, sin pensarlo dos veces, apostó todo. Aun si al final se quedaba atrapado en el plano del dolor y la miseria… al menos no lamentaría haberlo intentado.
Respiró profundo y levantó la cabeza con determinación.
—Por favor… —Su voz era firme, sin titubeos —Permítanme acompa?arlos
Cáliban no reaccionó de inmediato. Pudo verlo claramente. El alma de Reinhard destellaba con aire de emoción y voluntad inquebrantable que sacudió su mirada. Este joven lacertilian recorría el camino más peligroso con tal de poder gritarle al mundo que lo había conseguido.
Joseph lo miró de reojo, sin saber qué esperar. Pero Reinhard no bajó la cabeza. En su mirada no había miedo ni vacilación.
—Quiero participar en esta lucha. Sé que soy débil…. sé que no tengo el potencial de Joseph. Pero aun así… —Sus ojos brillaban con una intensidad que nunca antes había sentido —Quiero estar ahí, quiero ver más milagros, quiero deleitarme con vistas que ningún otro mortal podría contemplar. —Hizo una pausa, tomando aire —Por favor… permíteme acompa?arlos.
El silencio volvió a caer en la sala. Pero esta vez… era un silencio distinto. Reinhard se inclinó en una reverencia solemne. Cáliban lo observó con cautela, midiendo cada gesto, cada palabra no dicha.
—?Incluso cuando termines muriendo de la peor manera posible? —pregunto, tratando de quebrar la resolución de aquel joven.
Pero Reinhard levantó la cabeza con determinación.
—Estoy dispuesto.
En sus ojos se reflejaba una voluntad inquebrantable, una determinación tan desmesurada que parecía imposible que cupiera en un cuerpo tan peque?o. Cáliban esbozó una leve sonrisa.
—Ya veo… —Se recargó en su asiento, entrecerrando los ojos por un instante —No será fácil… pero si quieres caminar con nosotros… no te detendré.
Reinhard sonrió con alegría.
—?Gracias!
Pero Cáliban ya había desviado la mirada. Se dirigió a Lord Xander, quien aún se mantenía en silencio, sumido en sus pensamientos. Estaba impresionado, genuinamente impresionado. De un momento a otro, la voluntad mostrada por aquel joven guerrero hizo que lord Xander conectara con aquel camino que abandonó alguna vez. Miró con tristeza la antigua espada que lo había acompa?ado la mayor parte de su vida, el hambre de aventura y venganza lo llenó, dándole las fuerzas para decidirse.
—Bueno… supongo que es mejor así. —Un destello de resolución cruzó su mirada afilada —Yo también te seguiré en tu lucha. Al menos podré protegerlos mientras reúnes tu poder nuevamente. —Se llevó una mano al mentón, pensativo —Si digo que los estoy patrocinando, no creo que nadie se atreva a poner objeciones…
Cáliban asintió con satisfacción.
—Entonces… todo está dicho. Ahora solo nos queda esperar el veneno de Wyn…
Pero antes de que pudiera terminar de hablar, algo inesperado ocurrió. Lord Xander y Reinhard se arrodillaron ante él. Cáliban parpadeó, sorprendido. Ambos inclinaron la cabeza en reverencia, y sus voces se alzaron al unísono, resonando con solemnidad en la habitación.
—En memoria del hombre que perdió todo hace 20 a?os…
—En memoria del joven que perdió toda esperanza…
—Y en honor de aquel al que le has devuelto la fuerza para seguir luchando…
—Y en honor de aquel al que le has brindado una segunda oportunidad…
Xander levantó la vista, sus ojos ardían con un fuego renovado.
—Yo, Xander Ard Hilloy… último descendiente de la casa de caballeros Hilloy…
Reinhard siguió su ejemplo, su voz firme e inquebrantable resonó en la sala.
—Yo, Reinhard Tyrant… príncipe heredero de Tyrant, hijo de un gran del gran héroe de la lanza...
Ambos cruzaron el brazo sobre su pecho en se?al de lealtad, rugiendo al unísono.
—?Juro que te serviré con mi vida! ?Por favor, acepta este juramento!
El aire en la habitación pareció detenerse. Cáliban se quedó sin palabras. El peso de sus promesas le resultaba extra?amente familiar… demasiado familiar. Desvió la mirada hacia Joseph. El joven le sonrió con picardía, como si ya hubiera previsto este desenlace.
Cáliban cerró los ojos un momento, exhalando con resignación.
—Tranquilos… yo… eh… —Cáliban guardó silencio por un par de segundos, no sabia que hacer en dicha situación, pues no era ocurrente que esto pasara —acepto sus juramentos. —Suspiró —Solo espero que esto no se haga costumbre…
Pero su sorpresa no terminó ahí. De repente, una luz carmesí destelló frente a él y, antes de que pudiera reaccionar, una pantalla translúcida apareció en el aire.
[Se han reunido los requisitos… desplegando sistema]
Cáliban se quedó inmóvil, sus ojos se abrieron con incredulidad.
—?Qué…qué es esto?

