Las bestias se acercaban poco a poco.
A cada paso, su carne amorfa cambiaba, como si su existencia misma estuviera en constante mutación. Tentáculos cubiertos de ojos se desplegaban de sus cuerpos viscosos, y sus bocas, que aparecían y desaparecían sin lógica alguna, goteaban una saliva oscura que corroía el suelo.
Xander atacó con todo lo que tenía.
Cortes rápidos y precisos. Energía envolviendo su pu?o en una cuchilla luminosa rasgó el vacío. Estocadas dirigidas a lo que parecían ser sus puntos débiles. Pero nada funcionaba. Los golpes atravesaban la carne oscura sin efecto, como si su propia realidad las hiciera inmunes al da?o físico.
Retrocedió, posicionándose frente a los jóvenes. No dejaría que nadie les hiciera da?o.
—?Clayton! —bramó —?Esto es entre tú y yo! ?Déjalos fuera de esto!
El cuerpo de su antiguo hermano se encontraba al borde de la descomposición. Su piel se pegaba a sus huesos, sus ojos eran pozos sin fondo de sangre seca, su voz… su voz era la de un cadáver viviente.
—No puedo hacer eso, hermano…
La palabra "hermano" se sintió como veneno en los labios podridos de Clayton.
—Ellos me han visto… y no puedo dejar testigos.
Xander sintió una punzada de furia en su pecho.
—Pero no te preocupes… —continuó Clayton con un tono enfermo —No morirán. —Su sonrisa desfigurada se ensanchó, mostrando encías ennegrecidas. —Serán torturados… por la eternidad. —Las palabras golpearon el aire como una sentencia ineludible —Escucharás sus gritos cayendo en el abismo del dolor, mientras observas cómo tus acciones los llevaron a la ruina…
Clayton alzó su mano esquelética en dirección al grupo, listo para desencadenar su castigo divino sobre aquellos que arruinaron sus planes
—Atrápenlos.
Las bestias se lanzaron. Un chillido desgarrador resonó cuando se abalanzaron sobre ellos, sus bocas se abrieron en un canto de locura, listas para desgarrar la piel de sus víctimas. Pero entonces… se detuvieron. Completamente Inmóviles. Xander entrecerró los ojos.
??Qué…? ?Se han detenido??
Clayton también pareció desconcertado.
—?Qué sucede…? ?Por qué no atacan?
Las bestias comenzaron a retroceder. Temblaban violentamente mientras gru?ían con precaución. Su carne amorfa, que momentos antes fluía con confianza, ahora vibraba en pánico. Sus ojos, que antes reflejaban un hambre insaciable, ahora estaban fijos en algo más.
Xander miró a su alrededor con sorpresa.
—Ellos… ?Tienen miedo?
Y entonces, sintió una mano posarse sobre su hombro. Su primer instinto fue reaccionar con violencia, pero se detuvo al ver de quién se trataba.
Era Cáliban. El joven pasó delante de él con total indiferencia.
—??Qué haces?! ?Regresa aquí, muchacho! ?Ellos…!
Antes de que pudiera terminar la frase, una voz ancestral resonó en todo el lugar.
—No se preocupe, lord Xander… —La voz no provenía de la boca de Cáliban. No era su tono de siempre. Era algo más, algo inmenso, algo que no pertenecía a este mundo —Ellos no podrán hacer nada.
El aire tembló. Una oleada de poder recorrió el cuerpo de Cáliban, sacudiendo toda la dimensión. El suelo crujió. Los muros invisibles de la realidad vibraron.
Entonces, su cuerpo cambió.
Una explosión de energía oscura y carmesí estalló desde su ser, arrasando con todo a su alrededor. Su forma humana comenzó a desvanecerse, convirtiéndose en algo más…
Un ser que apenas conservaba su antiguo aspecto. Sus ojos ya no eran humanos. Eran dos soles ardientes, brillando con un fulgor antinatural. De su espalda emergió una neblina de sombras, como alas sin forma, agitándose con una gracia imposible. Su piel se cubrió de runas doradas que parecían brillar y moverse como fuego líquido.
La energía que emanaba de él no era simplemente magia. Era un código, un mandato, una ley inquebrantable escrita en el tejido mismo de la realidad. Xander sintió la presión de su poder como si una monta?a entera se hubiera posado sobre él. Con un simple movimiento de su mano, las bestias frente a él fueron destruidas de aquel plano.
Clayton, por primera vez desde que obtuvo su “victoria”, tembló.
—Imposible…
Su voz ya no tenía burla, tenía miedo.
Cáliban inclinó la cabeza, como si estuviera evaluando su nuevo ser. Flexionó los dedos, viendo cómo la energía dorada se retorcía a su alrededor, obedeciendo su voluntad. Sonrió al sentir el vibrante poder en su mano, era una sonrisa serena, confiada.
Clayton, debilitado, con su cuerpo desmoronándose a cada segundo, no podía apartar la mirada. Las bestias que él mismo había invocado, las entidades traídas desde el vacío, habían sido desintegradas con un solo chasquido de Cáliban.
No desterradas o destruidas, sino borradas de la existencia. El mismo tejido de la realidad se estremeció ante el poder del joven, ahora convertido en algo más… algo antiguo… algo que no debía haber despertado.
Clayton, por primera vez, sintió que no era él quien controlaba esta dimensión.
—Tú… —murmuró con voz entrecortada —?Tú quién eres?
Cáliban no respondió de inmediato. Solo lo observó con aquellos ojos que no deberían existir. Su fuego carmesí ardía en sus pupilas, reflejando algo insondable, algo que el lenguaje humano no podía describir. Y entonces, con voz firme, sin arrogancia pero con absoluta seguridad, respondió:
—Alguien que no debiste hacer tu enemigo.
Con un solo movimiento de su mano, las sombras temblaron. El espacio mismo gimió de agonía cuando, con un simple chasquido de sus dedos, Cáliban aniquiló toda la esencia de las bestias oscuras.
No hubo explosiones, no hubo gritos, no hubo resistencia. Simplemente, dejaron de existir.
Clayton sintió que su corazón se detenía. Xander y Reinhard, detrás de Cáliban, no podían siquiera levantar la cabeza, su mera presencia los aplastaba. Cada célula de sus cuerpos les suplicaba que no alzarán la vista, que no lo miraran directamente.
Porque verlo… era comprender lo incomprensible, porque contemplarlo… era volverse loco. Pero Joseph lo miraba sin problema alguno. Y, con una naturalidad perturbadora, se acercó.
Reinhard logró reunir la suficiente voluntad para susurrar:
—Espera… Joseph… no te acerques…
Xander apenas pudo gru?ir:
—Muchacho… aléjate de él…
Pero Joseph no dudó. Extendió una mano y posó su palma sobre el hombro de Cáliban.
—?Cáliban… eres tú?
El joven volteó con calma, sus ojos ardientes se posaron en Joseph. Por un instante, Joseph creyó que esa mirada lo consumiría. Pero… no sintió nada.
—?Quién más podría ser? —respondió Cáliban.
Joseph sonrió con una leve inclinación de cabeza.
—Vaya… tu voz suena muy diferente a cuando la escuché por primera vez…
Xander y Reinhard abrieron los ojos de golpe.
???Primera vez?!?
Cáliban chasqueó la lengua con un aire pensativo.
—Debe ser porque estaba herido en ese entonces… mi núcleo estaba roto ?Recuerdas?
Joseph asintió, sin mostrar signos de miedo. Con una curiosidad infantil, comenzó a dar vueltas alrededor de Cáliban, inspeccionándolo como si se tratara de una criatura exótica.
—Así que… ?Esta es tu verdadera forma?
Cáliban lo observó un momento antes de responder.
—Más precisamente, una de ellas.
Joseph se detuvo en seco.
—?"Una de ellas"…?
Cáliban cruzó los brazos.
—Esta es mi verdadera forma con solo una fracción de mi poder original… —explicó —Por ahora, esto es lo más que puedo parecerme a mi esencia real en este momento.
Joseph levantó una ceja.
—O sea que, ?Si tuvieras todo tu poder… serías algo completamente diferente?
Cáliban lo miró de reojo, y por un instante, su sonrisa se volvió peligrosa.
—Correcto.
Joseph tragó saliva. Fue entonces cuando miró a Xander y a Reinhard. Ambos estaban arrodillados en el suelo, con expresiones de puro agotamiento mental. Sus frentes perladas de sudor se enrojecían por la constante presión junto a sus manos temblorosas.
—Bueno… antes que nada… —Joseph giró su vista de vuelta a Cáliban —?Podrías ayudarlos? Creo que no la están pasando bien ahora mismo…
Cáliban inclinó la cabeza ligeramente.
—En efecto.
Sin más, alzó su mano. Desde la punta de su dedo índice, un fino rayo de energía dorada se disparó directamente hacia las frentes de Xander y Reinhard. Ambos se tensaron por un momento… y luego exhalaron, sintiendo como el dolor desaparecía.
Xander tocó su sien con asombro.
—Agh… finalmente el dolor de cabeza se fue…
Reinhard, todavía aturdido, se llevó una mano al pecho.
—Mierda… por un momento sentí que mi cabeza iba a explotar…
Xander levantó la mirada con cautela. Por primera vez, pudo ver a Cáliban. Y lo que vio le resultó muy difícil de entender. Era obvio que no era un humano o un monstruo. Era algo que no debería existir en este plano. Y, por primera vez en a?os… Xander sintió un miedo primitivo bastante real.
La energía de la dimensión temblaba con la presencia de Cáliban.
El poder que emanaba de él aún distorsionaba el espacio, pero ahora su control era absoluto. No necesitaba usar la runa de sangre, ni sacrificar su propio cuerpo para ejecutar sus hechizos.
El despertar lo había cambiado todo. Xander se giró hacia él, aún recuperándose del peso abrumador de su presencia.
—Gracias… —dijo, con voz firme pero bastante cauto ante la presencia de Cáliban —Ahora, ?Cómo saldremos de este lugar?
Cáliban observó el entorno un momento antes de responder.
—Eso tiene arreglo… —hizo una pausa y bajó la mirada hacia Clayton —Pero antes, tenemos algo más importante que atender.
Cáliban avanzó lentamente hacia el cuerpo de Clayton, que yacía inmóvil en el suelo. La onda expansiva lo había reducido a poco más que un cascarón vacío. Su piel estaba pegada a los huesos y sus músculos atrofiados, pero estaba consciente. Parpadeó un par de veces, como si despertara de un largo letargo.
—Yo… —su voz era un susurro quebrado —La maldición finalmente se ha roto, ?Eh? —Una risa débil de resignación cruzó sus labios —Pensé que nunca volvería a ser yo mismo… —susurró, con su mirada perdida en la nada —Qué mal sue?o…
Clayton apenas podía moverse, apenas podía respirar. Pero con lo poco que le quedaba de vida, alzó sus ojos con tristeza hacia Cáliban.
—Por favor… —murmuró —Acaba con el Dios sin forma… acaba con nuestro sufrimiento…
Cáliban comprendió de inmediato lo que quería decir. él ya sabía la verdad, miró a Clayton con algo que no era odio, sino con comprensión. Durante toda la noche, a pesar de que Clayon quería matarlos, sus ojos no percibieron malicia o intención de matarlos, esto solo podía significar una cosa, estaba siendo controlado.
Cáliban asintió con solemnidad.
—Lo haré.
Clayton cerró los ojos con alivio. Entonces, Xander se acercó. No dijo nada al principio. Su mirada reflejaba muchas emociones, tantas que era imposible definir cuál dominaba sobre las otras. Rencor, dolor, culpa… pero antes de que pudiera expresar cualquier cosa, simplemente escuchó.
Clayton hizo un esfuerzo por hablar.
—Sé que no merezco perdón… —susurró con dolor —Tampoco lo busco…
Xander frunció el ce?o, pero no interrumpió.
—Solo quiero que entiendas… —continuó Clayton, debilitándose más con cada palabra —Es lo único que pido…
Xander apretó los pu?os, tratando de contener su rabia.
—?Entender qué? —contestó —?Tu traición…? ?Tus celos…? ?Tu dolor…?
Cáliban observó la escena en silencio. Entendía perfectamente lo que Xander sentía, pero también entendía a Clayton. Gracias a su poder recuperado, pudo obtener cierto grado de Omnisciencia… al menos, la suficiente como para saber que Clayton no tenía intención de da?arlos porque no era el due?o de su propio cuerpo hasta ese punto.
Sin decir una palabra, Cáliban extendió su mano y la posó sobre la frente de Clayton. El poder fluyó… no necesitaba runas o sacrificios esta vez. Xander lo miró de reojo y, tras un instante de duda, colocó una mano sobre su hombro.
—Por favor… —susurro —Déjame ver también.
Cáliban no respondió de inmediato. En su lugar, lo miró fijamente.
—?Estás seguro de que eso es lo que quieres? —preguntó —?Aun cuando lo que veas te quite la poca paz que te queda?
Los ojos de Xander no titubearon.
—Sí… debo hacerlo. Es algo con lo que tengo que cargar.
Cáliban suspiró.
—En ese caso…
Elevó sus brazos, conectando la mente de Xander con la de Clayton. La energía de la dimensión se curvó a su alrededor, manifestando símbolos antiguos que giraban en un patrón imposible de descifrar.
Los recuerdos comenzaron a proyectarse en el aire, no como simples imágenes. Sino como si realmente estuvieran allí. Reinhard y Xander quedaron atónitos. Entonces, Clayton habló, con la voz de un hombre que estaba a punto de desaparecer.
—Esta… es mi verdad.
El aire en la dimensión se volvió aún más pesado mientras los recuerdos continuaban moldeando el espacio hasta mostrar la mansión.
La noche de la primera visita de ella…
Clayton observó su propia imagen en el recuerdo, la forma en la que aquella mujer lo había tentado con palabras dulces y promesas envenenadas.
—Cuando me vio, intentó reclutarme… —susurró con la voz de un hombre al borde de la muerte —Yo… estaba despechado… así que acepté…
Xander escuchaba en silencio mientras su corazón latía con fuerza en su pecho. Clayton cerró los ojos con amargura.
—Fue el peor error de mi vida.
La escena cambió a una cripta subterránea. La estructura era imponente, antigua, con muros oscuros cubiertos de inscripciones en un lenguaje olvidado. En el altar, la mujer vestida con una túnica negra y su característico velo se dirigía a los nuevos reclutas con una voz cargada de fervor.
—?Hoy serán recordados como nuestros hermanos y hermanas! —Los ecos de su voz retumbaron en la cripta. —?Bajo la sombra del Gran Padre, resurgiremos de entre las sombras y reclamaremos este mundo!
Las llamas púrpuras de las velas ardieron con más intensidad.
—?No lo olviden, mis hijos! —Los reclutas observaban con una mezcla de emoción y temor. —A partir de hoy, dejarán de ser alumnos… a partir de hoy, ustedes serán sombras.
De entre las filas, el joven Clayton avanzó hasta el altar, con su expresión llena de determinación. Uno de los integrantes del culto se acercó y le ofreció un cojín de terciopelo oscuro.
Encima había una insignia, o al menos, eso creyó.
—Muy bien, hijo mío… —susurró la sacerdotisa —Ahora, vierte un poco de tu sangre en él, di el juramento, y todo estará hecho.
Sin saber las consecuencias de sus acciones, el joven Clayton obedeció. Sacó una daga, hizo un corte en su palma y dejó que su sangre goteara sobre el amuleto.
El aire cambió. Un destello negro emergió de la insignia, envolviendo la cripta con su presencia. Xander sintió la piel erizarse. No era magia o un pacto común. Clayton respiró hondo y pronunció las palabras que sellarían su destino.
—Yo… hijo de la nada… rechazado de la existencia… —Las llamas de las velas se inclinaron hacia él —Libre del pecado mientras abrazo el ma?ana… —Un susurro, un eco inhumano recorrió la cripta —Quiero que me liberes de las ataduras que me torturan y poder ver un futuro a tu lado…
La Sacerdotisa, acechando en la oscuridad respondió.
—?Oh, Gran Padre, que lo es todo y a la vez nada…!
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Xander sintió un nudo en el estómago.
—?Permite a tu hijo formar parte de esta orden, que traerá caos para corregir el mundo!
El juramento fue completado y en ese instante, la herida en su mano se cerró de inmediato. No con el flujo natural del tiempo, sino con algo más… algo antinatural. En su palma, una marca oscura apareció, La sacerdotisa sonrió con satisfacción al verla.
—Bien hecho, hijo mío… —susurró —Esta marca es la prueba de tu devoción. No necesitarás el amuleto ahora.
Clayton observó su mano con asombro. De pronto, uno de los miembros de la escolta personal de la Sacerdotisa trajo consigo una bola de cristal que presentó con sumo respeto.
—Se?ora, tiene una llamada importante…
La Sacerdotisa observó el reflejo de la esfera, alegrándose por aquella llamada.
—?Querida, ?Por qué tardaste tanto?!
La voz de la Sacerdotisa se perdió entre la penumbra mientras contestaba aquel llamado en un lugar más privado.
La escena cambió una vez más. Mostrando un rugido atronador. El resplandor anaranjado del fuego devoró la noche. Una casa estaba envuelta en llamas, el humo ascendía al cielo como una se?al de muerte.
Xander sintió su estómago encogerse. Clayton, en el recuerdo, estaba de pie frente a la masacre. Justo en el momento que comprendió la verdad. Los miembros del culto se movían con precisión, eliminando a cualquiera que intentara escapar.
—No dejen supervivientes.
Las palabras de su líder resonaron en su cabeza, pero ahora tenían un significado completamente diferente. Había visto esto antes, ya lo había vivido. Los gritos de los inocentes, las llamas devorando los muros de un hogar, la sangre derramada en el suelo de piedra.
Era exactamente lo mismo que le hicieron a su familia.
Clayton cayó de rodillas, con la mirada perdida. él lo había hecho, se convirtió en lo mismo que destruyó su vida. Su respiración se agitó. Sus lágrimas rodaron por su rostro… y se evaporaron en el aire caliente de la masacre. Clayton, en el presente, observó la escena con una expresión vacía.
—Ese… —susurró con la voz rota —Fue el día en que comprendí la verdad. Convencido de que había algo más… investigué hasta el cansancio sobre lo que ocurrió aquella noche… pero la verdad no me trajo consuelo…
Su mandíbula tembló.
—El hombre que mató a mi familia… —continuó —No fue solo tu padre, Xander. —Xander abrió los ojos con asombro. —Fue el culto.
Las palabras cayeron como una sentencia.
—Todo fue una mentira… —murmuró el joven Clayton —Me usaron.
El odio que había llevado toda su vida, la razón por la que traicionó a Xander, la razón por la que deseó su ruina.
Todo era una farsa.
Xander sintió su cuerpo temblar. Por primera vez en toda esta pesadilla… vio a Clayton no como su enemigo, sino como una víctima.
Las sombras de la dimensión parecían contener la respiración. Cáliban, con su poder absoluto, mantenía el equilibrio del espacio. Sin embargo, este recuerdo en particular tenía una energía diferente. Xander, aún procesando la verdad sobre Clayton, sintió su pecho oprimirse cuando la escena cambió nuevamente.
No estaban en una cripta o un campo de batalla. Estaban en la habitación de Lady Montgard. Pero esta vez… ella no era la que estaba postrada en la cama.
Era Lord Dhareck.
El antiguo guerrero, el hombre que alguna vez inspiró respeto y terror en igual medida y el asesino de la familia de Clayton. Ahora… no era más que un anciano enfermo, reducido a la fragilidad de la carne.
Xander sintió un escalofrío.
??Padre? ?Por qué este recuerdo…??
Clayton, más joven, se acercó a la cama con una taza en las manos.
—Buenos días, Lord Hilloy. —dijo con una voz controlada —Le traje su medicina.
El anciano alzó la vista con una sonrisa débil.
—Gracias… hijo.
Clayton sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Ese título, esa palabra… solo le provocaba sentimientos complicados. No pudo evitar tensarse, pero rápidamente disfrazó su incomodidad con una sonrisa falsa.
—Por favor, tómela con cuidado.
Lord Dhareck bajó la mirada hacia la taza, observando su propio reflejo en el líquido oscuro. Sus ojos, antes llenos de determinación y poder, ahora estaban hundidos y apagados. Era un hombre al final de su camino.
—Cuidado… ?Eh? —susurró con las pocas fuerzas que tenía. Sus labios se curvaron en una sonrisa amarga. —Ven… siéntate, por favor.
Clayton sintió un escalofrío, había algo extra?o en su tono, pero aun así, obedeció.
—Como ordene, mi se?or.
Dhareck negó lentamente con la cabeza.
—Por favor, no me trates como tu se?or… no hoy… por favor.
Clayton se tensó. Esto no era normal para él.
—Lo siento, se?or… no puedo hacer eso.
Dhareck suspiró, resignado, su aliento era entrecortado por la debilidad de su cuerpo.
—Entiendo… —Los segundos pasaron en silencio antes de que, con una voz casi inaudible, hiciera la pregunta que sacudió el alma de Clayton —?Cómo llamarías padre al hombre que asesinó a tu familia…?
Xander sintió su corazón detenerse. Reinhard y Joseph abrieron los ojos con incredulidad.
Clayton quedó paralizado en el recuerdo. Su respiración se volvió pesada, junto a su piel erizándose con puro terror. Había sido descubierto, pero en su mente, solo una pregunta surgió.
—?Desde cuándo lo sabe? —susurró con voz temblorosa.
Dhareck lo miró fijamente. Su expresión no reflejaba crueldad, no reflejaba burla, reflejaba algo mucho peor… comprensión.
—Desde que te vi en las calles.
El impacto de esas palabras hizo que el joven Clayton sintiera vértigo.
—?Cómo…? —su voz se quebró.
Dhareck levantó su mano derecha. Un guante cubría su piel, siempre lo usaba. Siempre.
Pero en ese momento… se lo quitó. Y lo que reveló… no era una simple herida de batalla. Xander sintió su aliento atraparse en su garganta. No era una herida de guerra, era una mutilación.
Sus dedos no estaban allí. Solo quedaban cicatrices de carne quemada y tejido cicatrizado, como si hubiera cortado su propia mano con brutalidad. Clayton observó la mano, su mente trató de encontrar sentido a lo que veía.
—Esto… —susurró Dhareck —Es el precio de deshacerse de la marca del culto por la fuerza.
Xander sintió que su mundo se sacudía.
—No… —susurró, incapaz de procesarlo.
Dhareck no solo había conocido el culto, también había sido parte de él. Clayton sintió que su respiración se cortaba. Las piezas en su mente comenzaron a encajar.
El poder de Lord Dhareck, su conexión con varias familias prominentes, su decisión de erradicar familias enteras con la excusa de la "traición". Era porque él mismo había sido una víctima antes.
El aire en la dimensión se volvió denso, como si el mismo espacio se hubiera detenido ante la confesión de Lord Dhareck.
Xander, de pie junto a Cáliban y Reinhard, no podía apartar la mirada.
él había crecido con la imagen de su padre como un guerrero implacable, un hombre temido en los campos de batalla, una sombra que se cernía sobre la nobleza con su autoridad inquebrantable.
Pero este hombre… este anciano enfermo, consumido por el remordimiento, no era el monstruo que siempre imaginó. Clayton, en su versión más joven, se estremeció al escuchar las palabras de Dhareck.
—?Usted…? ?Cómo?
Dhareck respiro profundamente, como si cada palabra que estaba a punto de pronunciar le arrancara un pedazo de alma.
—Yo también busqué venganza… —Un amargo silencio se apoderó del recuerdo. —Vendí mi alma por ella…
Clayton sintió su estómago encogerse. Xander tragó saliva con dificultad. Era la misma historia, el mismo destino, el ciclo de odio y sangre no había comenzado con Clayton… ni con él.
Había comenzado mucho antes.
Lord Dhareck de repente tosió con violencia, su cuerpo tembló de debilidad, haciendo que órganos le dolieran aún más. Clayton reaccionó de inmediato, con un impulso más allá de su consciencia.
—?Está bien?
El anciano sonrió con tristeza.
—El veneno que me has estado dando diariamente… —susurró —Parece que finalmente está haciendo efecto…
Clayton sintió que el color desaparecía de su rostro.
—No… yo… yo no…
Pero Dhareck negó con la cabeza, tratando de calmar a su hijo.
—Está bien, hijo… —su voz se fue debilitando —Yo decidí tomarlo por mi cuenta…
Xander sintió un escalofrío mientras observaba los últimos instantes de su padre.
—Si yo muero… —continuó Dhareck —al menos así… ellos te dejarán en paz. A ti… y a Xander…
Las lágrimas empezaron a resbalar lentamente por el rostro de Clayton, la amargura en su corazón solo se hizo más grande.
—Yo…
El anciano lo miró con dulzura.
—?Sabes…? —susurró —La noche en que acabé con tu familia… —El tiempo pareció detenerse con esas palabras. —La culpa… y el remordimiento me consumieron… tu padre fue un hombre honorable que murió por sus convicciones, sin dejarse manchar por la maldad del culto…
Clayton no podía moverse, tampoco podía respirar bien. Lord Dhareck exhaló con dificultad.
—Me libré del culto… me arranqué la marca…
Xander apretó los pu?os, ahora lo entendía. Su padre no era solo un asesino, era un hombre que había tratado de desafiar lo inevitable.
—Aproveché el hecho de que no pueden actuar en público para desafiarlos… —La habitación se quedó en un silencio sepulcral —Y entonces… te vi.
Clayton levantó la cabeza. Lord Dhareck cerró los ojos con tristeza, recordando los instantes en que lo conoció.
—En las calles… tirado en un callejón oscuro… —El anciano sonrió con amargura —Pude reconocerte inmediatamente, Lucas…
El corazón de Clayton se detuvo al ver las lágrimas de su padre adoptivo caer sobre sus mejillas.
—Pensé… que si podía arreglar al menos una de las cosas horribles que hice… —Su voz se quebró —Daría mi vida para enmendarlo… aunque sea un poco… —Dhareck miró a Clayton con una ternura que no merecía recibir de él —Sabía que nunca me verías como un padre…
Clayton sintió el nudo en su garganta hacerse insoportable.
—Pero aún así… —El anciano sonrió con melancolía. —Preferiría que me apu?alaras en el corazón… a dejarte a tu suerte, con ellos ahí afuera.
Clayton ya no podía contener las lágrimas, sus manos temblaron, la ira comenzó a adue?arse de su corazón.
—Pero lamentablemente… —Dhareck cerró los ojos con pesar, entregandose a los brazos de la muerte —No pude protegerte… lo lamento, hijo…
Clayton se quebró. Todo el odio, toda la rabia, todo el dolor… nada de eso importaba ya. El anciano levantó su mano temblorosa y la posó suavemente sobre la mejilla de Clayton.
—Por favor… —Su voz era débil, cada palabra pesaba más que una monta?a. —Lucha…
Clayton mordió su labio con fuerza. Dhareck solo sonrió con gentileza, no dejaría que su hijo observará una sola muestra de debilidad de su lado.
—Lucha con todo tu corazón. —Las lágrimas caían sin control —Y espero que sepas…
Xander sintió su cuerpo estremecerse. No pudo estar ahí el día que su padre murió, pero ahora estaba siendo testigo de los últimos momentos de su padre.
—Que no te culpo por esto. —Clayton sollozó descontroladamente —Es lo que merezco… —Dhareck cerró los ojos lentamente mientras sentía un frío inmenso —Pero tú… tú eres un buen hombre.
Clayton dejó escapar un jadeo ahogado.
—No deberías pagar… por los pecados de otras personas…
El anciano tomó la copa con manos temblorosas, ese era su adiós. Clayton quiso quitársela, quiso detenerlo. Pero la marca en su mano se lo impidió. Xander sintió rabia en su interior, su propio hermano no tenía libre albedrío. Y ahora, lo estaban obligando a ver morir a la única persona que en realidad lo protegió.
Dhareck bebió de la taza lentamente.
Su respiración comenzó a debilitarse, su mirada, era cada vez más pesada. Se recostó en la cama con un suspiro profundo.
—Perdonen a este viejo tonto…
Xander sintió el temblor en su pecho. Las lágrimas rodaron por el rostro de Clayton.
—Xander… Clayton… —Lord Dhareck cerró los ojos por última vez —Mis ni?os…
El aire se detuvo, la habitación se quedó en silencio. Lord Dhareck falleció en su cama. Pero no murió con rabia, ni con odio. Murió con arrepentimiento y con el deseo de que sus hijos no repitieran su historia.
El aire en la dimensión se volvió pesado, como si el espacio mismo temblará con el eco del pasado. Xander no podía apartar la vista. Las imágenes danzaban frente a él, envolviéndolo en una verdad que no estaba listo para aceptar.
Cuando Lord Dhareck murió en sus brazos, Clayton fue consumido por la ira. No hubo contención, no hubo razón, solo venganza.
—Cuando falleció Lord Dhareck… —la voz de Clayton sonaba hueca y desgastada —la ira inundó mi alma.
Xander observó cómo su hermano irrumpía en la sede principal del culto, con los ojos encendidos de furia. En su mano, la marca ardía en su piel, pero no le importo. Con cada sombra caída, el dolor de su marca se impregnaba cada vez más en su alma, pero aun así, no detuvo su espada. Las criptas se llenaron de gritos y sangre por doquier.
—Fui a la sede principal para enfrentarme a la sacerdotisa…
El escenario cambió a una cripta oscura, en ruinas por la batalla. Las llamas de las velas titilaban débilmente sobre muros cubiertos de inscripciones en un idioma prohibido.
El suelo estaba manchado con sangre.
Clayton había perdido. Su cuerpo estaba amarrado con cadenas ritualisticas, rúnicas e indestructibles. Dos figuras encapuchadas, otros artífices, lo sujetaban con fuerza, y frente a él, ella lo observaba. La sacerdotisa del culto, sonriendo desagradablemente.
—Qué pena… —murmuró la mujer con una voz suave —Realmente eras uno de nuestros mejores activos, Lucas.
Clayton alzó la cabeza con rabia.
—?Mi nombre es Clayton…! —Su voz temblaba, pero no de miedo, si no de determinación —?Orgulloso hijo de la casa Archibald y criado por el gran Dhareck Ard Hilloy!
Su pecho se expandió con fuerza. Xander sintió un escalofrío al ver a su hermano gritar a los cuatro vientos con orgullo. En todos sus a?os nunca vio a su hermano hablar con fuerza sobre su familia.
La sacerdotisa rió, como si la escena la divirtiera.
—?Ahora amas a la familia que asesinó a la tuya?
Clayton levantó la cabeza con furia.
—??Te refieres a la familia que tu culto enga?ó para matar a otra?! —Sus ojos ardieron de odio —??Tal y como me hiciste hacer a mí?!
La sacerdotisa sonrió con satisfacción.
—Vaya… —Dio un paso adelante, sus ojos brillaron con un tono violeta —Ya te diste cuenta.
Clayton apretó los dientes.
—Me aseguraré de exterminar este culto… aunque me cueste la vida.
La mujer suspiró con decepción.
—No creo que tengas la oportunidad, querido… ?Sujétenlo!
Los artífices a ambos lados de Clayton apretaron sus cadenas. Intentó forcejear, pero fue inutil, ambos eran tan fuertes como él.
La sacerdotisa descendió de su trono con calma, cada paso resonó en aquella cripta con un eco helado. Cuando estuvo frente a Clayton, alzó una mano y la posó sobre su frente. Una ola de energía oscura se extendió por su piel, Clayton sintió su cuerpo congelarse.
—Tranquilo… —susurró la sacerdotisa, con una dulzura venenosa —Te haré el soldado perfecto… sellaré tus recuerdos y emociones. Solo recordarás el dolor… la ira hacia tus seres amados… vivirás consumido por venganza y solo habrá oscuridad.
Xander sintió un escalofrío recorrer su espalda. Reinhard apretó los pu?os con furia.
—Solo recordarás el dolor que te infligió tu hermano y tu padre adoptivo.
Clayton forcejeó con más fuerza.
—?No… detente!
La marca en su mano comenzó a arder, alimentada por la magia de la sacerdotisa.
—No te preocupes… —El tono de la mujer era dulce, pero su sonrisa era fría —Mi discípula tiene un buen plan para ti.
Clayton sintió que su conciencia comenzaba a desvanecerse.
—Uno muy largo…
Su visión se nubló. Su mente… se estaba fragmentando. Dejando todo rastro de lo que algunas vez fue.
—No… no… ?Nooo!
Un grito de puro dolor inundó la cripta. Xander se estremeció al ver el sufrimiento de su hermano. La imagen se rompió y los recuerdos desaparecieron.
El aire de la dimensión vibró cuando los últimos recuerdos se desvanecieron. Clayton, arrodillado, apenas tenía fuerzas para sostenerse. Pero aún podía hablar.
Xander estaba pálido. Su mente se tambaleaba bajo el peso de la verdad que acababa de presenciar. Creyó que su hermano lo había traicionado. ?Cuánto había sufrido su hermano… sin que él lo supiera?.
Ahora entendía que Clayton nunca tuvo una opción. Las cadenas de la marca lo habían atado desde el principio. Lo manipularon, le robaron su libre albedrío. Y cuando trató de romperlas, lo convirtieron en un arma en contra de su propia familia. Durante a?os, Clayton luchó desesperadamente para recuperar el control de su cuerpo, nunca dejó de gritar desde las profundidades de su mente, buscando una luz desesperadamente.
Xander sintió una profunda rabia en su pecho. Pero ya no era contra Clayton, era contra el culto. Sin embargo, las palabras de su hermano interrumpieron su torbellino de pensamientos.
—Está bien… —susurró Clayton con voz débil —No tienes que decir nada…
Xander tragó saliva. Clayton lo miró fijamente, con los ojos enrojecidos y sin rastro de odio.
—Sé que no merezco tu perdón… ni el de Lidia… solo quería que lo vieras… —continuó Clayton, cerrando los ojos por un momento —Porque esta lucha ahora te pertenece… hermano.
Xander sintió un nudo en la garganta. Clayton entonces se inclinó ante Cáliban, su voz sonó más serena que nunca.
—Tú… ?Eres un dios?
Cáliban lo observó con tranquilidad, con esa mirada insondable que parecía contener verdades imposibles.
—No… no lo soy, aunque puedo tener la fuerza de uno. —respondió con calma.
Clayton sonrió débilmente.
—Ya veo… —Hubo un silencio pesado por un par de segundos. Y entonces, con las últimas fuerzas que le quedaban, hizo su última petición —?Podrías escuchar la petición de este desgraciado?
Cáliban no respondió de inmediato. Sus ojos carmesí ardieron con un brillo tenue.
—?Quieres creer en mí? —preguntó.
Clayton dejó escapar una risa entrecortada.
—Lo sé… sé que no merezco ser escuchado… —Su voz se quebró —Por más que le rogué ayuda a otros dioses… ninguno me contestó.
Cáliban frunció ligeramente el ce?o. Había escuchado muchas plegarias a lo largo de su existencia. Pero nunca una tan sincera.
—Pero tú… tú estás aquí, con Xander.
Clayton respiró hondo, tratando de contener las lágrimas. Xander sintió que el peso de las palabras de su hermano caía sobre él como una monta?a. Siempre estuvo ahí y él nunca lo vio.
Clayton inclinó la cabeza aún más.
—Así que… ?Podrías al menos decirme tu nombre?
Cáliban guardó silencio unos segundos. Xander y Reinhard miraban con asombro la escena. Este no era el mismo Cáliban que conocieron, algo dentro de él había cambiado. Finalmente, sonrió.
—Entiendo. Habla… me aseguraré de escuchar.
Clayton sintió una calidez envolverlo. Cáliban alzó la mirada hacia el vacío de la dimensión, como si estuviera observando algo mucho más grande de lo que cualquiera de ellos podía percibir.
Clayton sintió una lágrima solitaria descender por su mejilla. Por primera vez en su vida… alguien lo había escuchado. Cáliban cerró los ojos por un momento antes de responder la última pregunta.
Cuando los abrió, su presencia parecía envolver todo el espacio.
—En cuanto a mi nombre… puedes llamarme Avalon.
El aire se electrificó, Xander sintió un escalofrío. La energía de la dimensión se inclinó ante Cáliban.
Clayton cayó de rodillas, las manos temblorosas se entrelazaban en un rezo desesperado. Su voz se quebraba con cada súplica, con cada palabra dirigida a la deidad que, quizás, nunca lo había escuchado antes. Su cuerpo, demacrado y cubierto de cicatrices, apenas podía sostenerse, pero su espíritu aún ardía con la última brasa de esperanza.
Frente a él, la figura sombría de Cáliban observaba en silencio. Pese a su aspecto aterrador, no emanaba maldad, no sentía la presencia de un enemigo. Era un juez, un testigo de la historia trágica de un hombre que había errado demasiado, pero que nunca dejó de buscar la redención.
De repente, un susurro comenzó a envolver la dimensión, una plegaria cargada de fe y resignación que llegó hasta los oídos de Cáliban como el último aliento de un hombre al borde del olvido.
—Oh, gran dios Avalon, aquel que camina entre nosotros… por favor, defiende la vida de los inocentes que caen en las garras de aquella gente maligna… no permitas que el culto continúe su masacre… no dejes que el Padre sin Forma destruya más almas… si es mi destino caer esta noche, entonces… dame la fuerza para partir en paz…
Las palabras de Clayton se ahogaban en lágrimas contenidas, en la pesadez de sus crímenes y en la impotencia de haber llegado demasiado tarde. Cáliban sintió un peso en el pecho, una sombra de compasión que no solía permitirse. Aquel hombre había sido un asesino, había cometido atrocidades en nombre del culto, pero también había intentado enmendar su camino, incluso cuando todo estaba perdido.
Se acercó a él, alzando su voz solemne, con la gravedad de quien carga una promesa inquebrantable.
—Clayton Maxwell… viviste atormentado por el peso de tus pecados. Trataste de redimirte, y aun así el culto te arrebató esa oportunidad. No puedo borrar lo que hiciste… asesinaste, destruiste… manchaste tus manos con sangre inocente. Esa carga te seguirá en esta vida… y quizás en la próxima.
Clayton bajó la cabeza, aceptando su destino.
—Lo sé… —susurró con voz rota —Lo sé…
—Pero yo sí puedo hacer algo. —continuó Cáliban, sus ojos centellearon con la determinación de un guerrero que ha elegido su propósito —Te lo prometo, Clayton. No descansaré hasta erradicar al Dios sin Forma de la creación. Hasta que el culto pague por cada vida arrebatada. Y cuando eso suceda… tu alma finalmente hallará la paz.
Las lágrimas de Clayton se deslizaban sin resistencia. Un sollozo ahogado emergió de sus labios.
—Gracias…
Una mano cálida tocó su hombro, un gesto que lo hizo estremecer.
—Hermano… —La voz de Lord Xander temblaba, quebrándose con la emoción contenida durante a?os de sufrimiento —Sufriste demasiado por su culpa… y aun así nunca dejaste de luchar…
Clayton alzó la mirada. Sus ojos encontraron los de Xander, y en ellos vio algo que jamás creyó merecer.
—Te perdono… —susurró Xander aquellas palabras llenas de amor y tristeza —Y sé que Lidia también lo hará. No permitiré que el culto continúe destruyendo más vidas. Lo juro. Descansa, hermano… ya es hora de dejar atrás el dolor.
Clayton sintió cómo el peso de veinte a?os de culpa y angustia se disipaba de su pecho. Su corazón, siempre envuelto en sombras, se llenó de una calidez que creyó olvidada. Cerró los ojos y se permitió, por primera vez, rendirse.
Xander lo abrazó con fuerza, sosteniéndolo mientras su último aliento se escapaba en un suspiro tranquilo.
Cáliban alzó su mano y la dimensión comenzó a desmoronarse. Pero no fue el vacío lo que los envolvió, sino una luz dorada, cálida, envolvente. El abismo negro se transformó en un vasto campo de flores. La brisa cargaba el aroma de la tierra húmeda, el cielo estrellado se extendía al infinito, y el sol poniente ba?aba todo con tonos naranjas y púrpuras.
Clayton abrió los ojos una última vez y contempló la escena con una sonrisa temblorosa.
—Oh… qué hermoso…
Y entonces, con esa imagen en su corazón, cerró los ojos para siempre.
Su cuerpo, aún abrazado por Xander, mostraba la paz que tanto había anhelado en vida. Una sonrisa reposaba en sus labios sin vida, la prueba de que, al final, su lucha no fue en vano.
El espacio comenzó a fracturarse, la prisión de bolsillo continuaba desmoronándose a su alrededor. Un destello blanco los envolvió y, en un parpadeo, la tragedia quedó atrás.
Cuando la luz se disipó, se encontraron de nuevo en el despacho de Lord Hilloy. Pero aunque habían vuelto, algo había cambiado para siempre. Un alma atormentada finalmente había encontrado la paz. Y con su muerte, una nueva promesa fue sellada en la historia.

