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Capítulo 37: A ti, que eras mi hermano…

  Esa misma noche, la tormenta se abatió sobre la academia con una furia implacable. Los truenos retumbaban en la distancia, y la lluvia golpeaba los ventanales como si quisiera arrancarlos de sus marcos. La mansión Hilloy, ya de por sí sombría, parecía aún más lúgubre bajo la tenue luz de los faroles, que parpadeaban con cada ráfaga de viento.

  Maxwell, el viejo mayordomo, recorría los pasillos en su ronda nocturna, sus pasos resonaban en el silencio entre el crujir de la madera vieja del suelo. Aquel era su deber desde hacía a?os. La rutina lo envolvía como un manto pesado, como una sombra que nunca desaparecía. Mientras avanzaba con su lámpara en mano, se dirigió a la habitación de lady Montgard.

  Al llegar, abrió la puerta con cautela, como lo hacía siempre. El resplandor de la tormenta iluminó brevemente la habitación, revelando la silueta de la dama dormida en su lecho. Maxwell avanzó despacio, asegurándose de que todo estuviera en orden. La contempló unos instantes y, casi por instinto, alzó la mano con intención de acomodarle la almohada o algo más....

  Pero antes de que pudiera tocarla, una voz emergió de las sombras.

  —Cuidando de mi esposa como siempre… gracias, Maxwell.

  El mayordomo se sobresaltó y retiró la mano con rapidez. Volteó y encontró la figura de su se?or, lord Xander, recostado contra el umbral de la puerta. La penumbra ocultaba su rostro, pero su voz llevaba un matiz que Maxwell no supo descifrar del todo.

  Se apresuró a hacer una reverencia.

  —No tiene que agradecer, mi se?or… es mi deber.

  Xander inclinó ligeramente la cabeza y, tras unos segundos de silencio, levantó la mano para indicar la salida.

  —Ven… acompá?ame a beber.

  —No puedo, se?or… aún debo-

  —No pongas excusas, Maxwell. Hace mucho que no compartimos una copa. Un poco de fuego y bebida nos hará bien en esta noche de tormenta.

  El mayordomo exhaló un suspiro largo. Conocía bien a su amo, y aunque su invitación parecía casual, algo en su tono lo inquietaba.

  —Entiendo… aceptaré su oferta.

  Caminaron por los pasillos oscuros, con la única compa?ía de la luz de la luna filtrándose por los ventanales y el sonido de la tormenta rugiendo afuera. Maxwell observaba la espalda de su amo, preguntándose cuál era la verdadera razón de aquella repentina reunión.

  ?Xander… ?Realmente tienes ganas de beber a esta hora…? Desde que recibió la visita de aquellos ni?os ha estado raro… no debí dejarlos entrar…?

  Cuando llegaron al despacho, lord Xander abrió las pesadas puertas de madera tallada y entró sin vacilar. El fuego de la chimenea crepitaba suavemente, proyectando sombras danzantes en las paredes forradas de libros. En el centro de la habitación, sobre una mesa de caoba, descansaba una botella de vino a?ejo.

  Xander tomó dos copas y, antes de que Maxwell pudiera adelantarse, alzó la botella.

  —Permíteme servirte.

  —No es necesario, mi se?or. Déjeme a mí.

  Pero Xander negó con un leve gesto de la cabeza y vertió el líquido carmesí en ambas copas. Luego, tomó asiento en un sillón junto al fuego, observando el reflejo de las llamas en su bebida. Maxwell, aún algo evasivo, se sentó frente a él.

  El silencio se prolongó entre ambos, roto solo por el crujir de la le?a ardiendo. Xander giró su copa lentamente entre los dedos, observando cómo el líquido escarlata reflejaba la luz del fuego. Su voz rompió el silencio, cargada con una melancolía que parecía pesarle en el alma.

  —Dime, Maxwell… ?Cuánto tiempo ha pasado desde que compartimos copas así?...

  La pregunta flotó en el aire como un presagio. Maxwell sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Algo en la voz de su amo lo inquietó. Exhaló despacio, como si buscara en su memoria la respuesta exacta.

  —Creo que más de veinte a?os, mi se?or.

  Xander soltó un leve suspiro.

  —Sí… dejé de beber esta clase de licores desde que supe la condición de mi esposa… je… ahogue mis penas en algo más fuerte.

  Maxwell asintió, mirando su copa con pesar.

  —Cualquiera lo hubiera hecho… fue algo que nos dolió a todos, se?or.

  —Sí…

  El peso del silencio volvió a caer sobre ellos. Xander mantenía la mirada fija en las llamas, como si buscara respuestas entre los destellos naranjas y dorados del fuego. Maxwell, por su parte, bebió un sorbo de vino, dejando que el sabor fuerte y afrutado se deslizara por su garganta. El ambiente era denso, sofocante, como si las paredes mismas los encerraran en un recuerdo del que no podían escapar.

  —Se?or… —murmuró Maxwell.

  Xander parpadeó, apartando por fin la mirada del fuego.

  —Llámame Xander… como lo hacías antes. ?O es que ya no recuerdas que éramos hermanos?

  Maxwell bajó ligeramente la cabeza, con una sonrisa triste en los labios.

  —No… nunca podría olvidarlo. Gracias a su familia, pude ser salvado de las calles.

  Xander tomó su copa y la vació de un solo trago. Luego, pasó el dorso de la mano por sus labios y dejó escapar una leve risa nostálgica.

  —?Sabes? Aún recuerdo cuando llegaste a nuestra casa. Mi padre venía de una reunión con el sindicato y tú bajaste de su carruaje con los ojos muy abiertos… teníamos… ?Doce o catorce a?os?

  Maxwell soltó una peque?a risa.

  —Ya tenías catorce, Xander…

  —Sí…

  Otro trago de vino llegó a sus labios. Maxwell lo imitó, girando la copa entre sus dedos antes de beber.

  —Hemos estado juntos desde jóvenes… han pasado treinta y cuatro a?os desde entonces… recuerdo cuando mi padre me pidió que te tratara como un igual. Que te considerara parte de la familia, como un hermano.

  —Era un buen hombre… —Maxwell sonrió con melancolía —Aún extra?o sus consejos.

  Maxwell dejó escapar una risa sincera, como si un recuerdo cálido hubiera cruzado por su mente.

  —?Recuerdas cuando nos llevó por primera vez a un burdel? Ese hombre era incorregible…

  Xander arqueó una ceja, apoyando su codo en el reposabrazos del sillón mientras jugueteaba con su copa vacía.

  —?Cómo olvidarlo? Estabas temblando como un crío a punto de perder la inocencia.

  Maxwell rió, llevándose la copa a los labios.

  —Pensé que no lo recordarías…

  Xander esbozó una media sonrisa, pero esta no mostró gran sentimiento. Giró la copa entre los dedos una última vez y luego la dejó sobre la mesa con un sonido seco. Su siguiente frase cayó en la habitación como una sentencia fría y lúgubre.

  —Hemos luchado juntos, entrenamos juntos… hemos comido y dormido bajo el mismo techo. —Los ojos de Xander lagrimearon —Eras mi hermano… mi familia… y aun así… decidiste traicionarme…

  El tiempo pareció detenerse.

  Maxwell se quedó con la copa a medio camino de su boca, sin inmutarse. No apartó la mirada de su se?or. No mostró sorpresa ni enojo. Solo un silencio profundo y calculado.

  El fuego crepitó. Afuera, un trueno hizo temblar los ventanales.

  Clayton Maxwell bajó la copa lentamente, la colocó sobre la mesa con delicadeza y entrelazó las manos sobre su regazo. Su expresión seguía siendo la de un hombre sereno e imperturbable.

  —?De qué hablas, viejo amigo?

  Xander se inclinó ligeramente hacia adelante, su mirada se clavó en la de su antiguo hermano.

  —Dime… ?Desde cuándo te uniste a ellos? ?Fue antes o después de que comenzaras a parasitar a mi esposa? —dijo en voz baja, pero lo suficiente como para que su hermano lo escuchara.

  La atmósfera en la habitación se volvió más sofocante, como si el aire mismo se hubiera tornado pesado con la verdad que pendía en el ambiente. Xander, permanecía inmóvil frente a la chimenea, su expresión era serena como si la situación no le inquietara en absoluto.

  Maxwell, sin apartar la mirada de su antiguo hermano, dejó escapar una risa seca y sarcástica.

  —?De dónde sacaste esas ideas? ?Acaso fueron los mocosos que te visitaron antes?

  Xander chasqueó la lengua, cruzando los brazos con desdén.

  —Así que vas a seguir con esta obra de teatro barata, ?Eh?

  Xander exhaló lentamente y giró la cabeza hacia una esquina oscura de la habitación. De entre las sombras emergieron tres figuras… Cáliban, Joseph y Reinhard. Este último avanzó hasta el centro de la sala y, sin decir una palabra, dejó caer sobre la alfombra varios collares ensangrentados. Eran los distintivos de los miembros del equipo de expedición.

  Clayton observó los collares sin cambiar su expresión, pero en su interior, conocía perfectamente estos collares.

  Xander, en cambio, sacó de su gabardina un objeto y lo sostuvo frente a la luz del fuego. Era una máscara, o lo que quedaba de ella. Cortada a la mitad, rota y siniestra en su deformidad.

  —Dime… ?Pagan tan bien como…? Hmm… ?Cómo era la palabra? —Xander sonrió con frialdad, como si estuviera saboreando el momento antes de dejar caer la palabra —Artífice.

  Clayton elevó la mirada, contemplando las llamas en la chimenea. En su rostro no había ni una pizca de miedo.

  —Dime… ?Qué es lo que quieres? ?Una disculpa?

  Xander negó con la cabeza lentamente.

  —No… lo que hiciste no tiene perdón. Solo quiero saber por qué.

  Clayton soltó una breve risa, un sonido sin alegría.

  —Ah… eso. Bueno, la historia es simple…

  Se levantó con calma, caminando por la habitación con las manos entrelazadas detrás de la espalda, como si estuviera a punto de dar una lección a un grupo de estudiantes.

  —Permíteme contarte una historia… —comenzó, con voz pausada —Se trata de un joven. Uno que nació en el seno de una familia noble, una familia vinculada a una prestigiosa institución académica. Un día, su hogar se vio amenazado por otra casa noble, acusada de traición y conspiración contra el pueblo. Sin juicio, sin oportunidad de defenderse, la orden fue clara… exterminio total.

  Xander sintió su estómago encogerse. Sabía lo que venía.

  —Asesinaron a su padre, a su madre… a todos los que amaba. Uno a uno. La sangre manchó los muros de su hogar hasta que no quedó nadie. Nadie… salvo él.

  Clayton se detuvo, girándose lentamente para mirar a Xander. Sus ojos reflejaban algo más profundo que odio… resignación.

  —Escapó, vagando por las calles como un paria. Sobrevivió a duras penas… hasta que un día, el hombre que había ordenado el asesinato de su familia lo encontró. ?Y qué hizo ese noble lord? ?Lo mató? No. Fue más cruel. Lo acogió en su casa, le dio un techo, lo vistió, lo alimentó… como si fuera un perro callejero al que se le concede el favor de vivir.

  Xander se puso de pie con un rugido de cólera.

  —?Clayton! ?Mi esposa era inocente!

  Pero la respuesta de su antiguo amigo fue un grito aún más poderoso, lleno de a?os de resentimiento reprimido.

  —?Ese no es mi nombre! ?No soy Clayton Maxwell! ?Soy Lucas Archibald! ?El último descendiente de la familia que tu padre masacró a sangre fría!

  La habitación tembló con el peso de su revelación. El silencio que siguió fue ensordecedor.

  Xander respiraba con dificultad, su mente trataba de asimilar la verdad que había permanecido oculta durante a?os. Finalmente, habló con su voz ronca y cargada de amargura.

  —?Entonces todo fue falso? ?Todos estos a?os, nuestra amistad, todo…?

  Clayton… no, Lucas, apretó los pu?os.

  —No todo.

  —Entiendo que tuvieras rencor contra mi padre. —continuó Xander, su mirada se clavó en la de él —Yo mismo sabía que no era un buen hombre. Era un buen padre… pero no un buen hombre. Pero aun así… ?Qué teníamos que ver mi esposa y yo? ?Por qué tuvimos que pagar por una venganza cuando nosotros no matamos a tu familia?

  Lucas bajó la mirada.

  —?En serio te preguntas por qué…?

  Sus dedos temblaron por un instante antes de cerrarse en un pu?o.

  Pero ?Cuál fue la gota que derramó el vaso?...

  Por a?os, Lucas había vivido con el deseo de venganza ardiendo en su corazón. Pero dentro de él había existido algo que lo contenía, algo que lo hacía dudar.

  La amistad, un eco que aún permanecía dentro de su cuerpo.

  Porque él y Xander habían sido inseparables.

  Habían entrenado juntos. Habían compartido la misma mesa, la misma casa, la misma vida. Incluso habían estudiado en la misma academia.

  El propio lord Dhareck, el hombre que había destruido su linaje, nunca lo trató como a un sirviente. Lo educó, le brindó oportunidades, incluso lo consideró digno de estudiar a la par de su hijo.

  Pero entonces, llegó el día de su ruina.

  Lucas cerró los ojos por un momento, permitiéndose recordar…

  Cuando era joven, encontraba paz en la jardinería. Pasaba horas cuidando sus plantas, disfrutando del proceso de verlas crecer con esmero. Pero lo que realmente le daba felicidad no eran las flores ni la tierra húmeda entre sus dedos.

  Era ella.

  El jardín estaba en su máximo esplendor aquella tarde. El sol filtraba su luz dorada a través de las hojas, haciendo que las flores de tonos vibrantes parecieran joyas vivas. El aroma a tierra húmeda y pétalos frescos se mezclaba con la brisa suave, envolviendo el lugar en una sensación de calma absoluta.

  Clayton, arrodillado junto a un rosal en flor, revisaba con delicadeza los brotes más jóvenes, asegurándose de que estuvieran bien hidratados. La jardinería siempre había sido su refugio, su única paz en una vida de secretos y sombras.

  —?Vaya!... —exclamó una voz melodiosa detrás de él —Tan hermosas como siempre… nunca había visto un jardín tan lleno de vida.

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  Clayton alzó la mirada y vio la silueta de una joven acercándose entre los rosales.

  —?Ah!

  El sobresalto fue breve, pero en su interior algo se estremeció al verla.

  Su nombre era Lidia de la casa Montgard.

  Su porte era delicado, pero su presencia irradiaba una calidez que hacía que el tiempo pareciera detenerse cuando estaba cerca. Sus ojos brillaban con curiosidad mientras se inclinaba ligeramente para observar las flores que Clayton cuidaba con tanto esmero. Su cabello lavanda ondeaba con orgullo, un reflejo de la inocencia de aquella chica.

  —Lady Montgard… —murmuró, poniéndose de pie rápidamente —Lamento no haberla recibido…

  Ella soltó una risita ligera y negó con la cabeza.

  —?Está bien! Además, ya te dije que no me llames así… somos amigos, ?No?

  Clayton titubeó antes de responder.

  —Perdóname… Lidia… —respondió con un poco de dificultad, aún no se acostumbraba a llamarla por su nombre.

  —?Eso está mejor! —dijo con una sonrisa radiante —Por cierto, ?Dónde está Xander?

  Clayton suspiró con una leve sonrisa, secándose las manos en su delantal.

  —Ah… está entrenando en el patio trasero. Ya sabes que le gusta afilar su espada.

  Lidia dejó escapar un suspiro teatral, cruzando los brazos.

  —Como siempre… solo piensa en eso todo el día. Tendré que rega?arlo la próxima vez.

  Clayton rió suavemente y le indicó con un gesto que tomara asiento en una mesa de madera cercana, dispuesta entre los rosales.

  —Por aquí, mi lady. Lord Hilloy trajo un nuevo té desde Orión. Le serviré un poco.

  —Gracias, Clayton.

  El sonido de su nombre en la voz de Lidia hizo que su corazón latiera con fuerza. Bajó la mirada, sintiendo cómo el calor subía a sus mejillas. Se obligó a concentrarse en verter el té en las finas tazas de porcelana, tratando de controlar sus emociones.

  Durante horas, hablaban de todo y de nada, compartiendo momentos de complicidad. Y cuando Xander terminaba su entrenamiento matutino, siempre se unía a la conversación, formando un trío inseparable. La confianza entre ellos parecía inquebrantable…

  Al menos, por un tiempo.

  El jardín, que solía ser un refugio de paz, se sentía ahora como un lugar vacío y sin alma. La luna llena proyectaba sombras alargadas entre los arbustos, y el viento sacudía las ramas con una agresividad inusual.

  Clayton regaba sus preciadas plantas en silencio, perdido en pensamientos que ya no le traían consuelo.

  Hasta que sintió una presencia detrás de él.

  Se giró de inmediato, adoptando una postura defensiva.

  En la penumbra, una figura envuelta en un vestido y un velo negro se acercaba con pasos suaves pero firmes. Su rostro estaba oculto, pero su voz era un susurro cargado de intención.

  —Cálmate… no vine por ellos… vine por ti, Lucas.

  Clayton sintió un escalofrío recorrer su espalda. Ella sabía su verdadero nombre. Apretó los pu?os y se obligó a mantener la calma.

  —?Quién eres? —su voz era tensa, casi un gru?ido —?Cómo entraste a la residencia de lord Hilloy?

  La mujer inclinó la cabeza, como si encontrara graciosa su reacción.

  —Eso no importa… lo que importa es que estoy aquí por una razón.

  Clayton entrecerró los ojos.

  —?Qué quieres…? ?Extorsionarme?

  —No… vine por tu ayuda.

  —?Mi ayuda? ?Para qué?

  El silencio que siguió fue opresivo. La mujer avanzó un paso más, y aunque su velo seguía ocultando su rostro, su voz dejó escapar una verdad que hizo que la sangre de Clayton se helara.

  —Ayúdame a matar a lord Dhareck.

  La revelación quedó suspendida en el aire como una daga invisible. Clayton sintió que su respiración se agitaba.

  —?Por qué crees que te ayudaría…?

  La mujer inclinó la cabeza con lentitud, como si no pudiera creer que aún hiciera esa pregunta.

  —?Olvidaste lo que le hizo a tu familia…?

  La oscuridad pareció cerrarse alrededor de ellos. Con un movimiento tan suave como inquietante, la mujer alzó una mano y acarició el rostro de Clayton con la punta de sus dedos enguantados.

  —Aún los ves, ?Verdad? —su voz descendió a un susurro venenoso —A tu hermana… a tu padre… a tu madre… siendo asesinados por lord Dhareck mientras tú te escondías como un cobarde…

  Clayton se quedó sin aliento.

  —No…

  —Oh, sí… aún los ves. Cada noche, cada vez que cierras los ojos… ellos siguen ahí, en tu memoria… clamando justicia.

  Su toque era gélido contra su piel mientras susurraba a su oído.

  —Y no solo eso… ahora eres un fiel sirviente de la familia que destruyó la tuya. —dijo con una ironía que le provocaba gracia. —Te han domesticado como un perro, haciéndote creer que eres uno de ellos… cuando en realidad solo eres un extra?o en una casa que jamás debió ser tu hogar.

  Clayton apartó su rostro bruscamente, alejándose de ella.

  —Cállate… no sabes nada de mi…

  Pero la mujer dio otro paso adelante.

  —?Y qué hay de Xander? —preguntó con un tono casi burlón —Aquel a quien llamas hermano… él también te ha traicionado, ?No es así?

  Los latidos de Clayton se aceleraron.

  —?De qué hablas…? Xander jamás…

  Pero la duda ya se había sembrado, El veneno ya estaba en su mente. La mujer se quedó en silencio por un momento antes de retroceder lentamente, dejando que las palabras que había pronunciado hicieran su trabajo.

  —?A no? —susurró, con un tono casi divertido ante su incredulidad —Entonces sígueme… si es que estás tan seguro…

  Sin esperar respuesta, giró sobre sus talones y comenzó a caminar.

  Clayton sintió su cuerpo tensarse, como si cada fibra de su ser le suplicaba que no diera ese primer paso. Pero la necesidad de respuestas fue más fuerte.

  Las sombras del bosque los envolvieron a medida que avanzaban, anta?o, la academia contaba con más áreas verdes que en la actualidad, por lo que el sonido de las hojas secas crujiendo bajo sus botas, y ese murmullo resonó en la quietud de la noche. Entre los árboles, oculta a simple vista, se alzaba una peque?a caba?a de madera vieja, como si hubiera estado esperando por él todo este tiempo.

  La mujer extendió su dominio mágico para ocultar su presencia y la de Clayton, se detuvo frente a la puerta entreabierta y extendió una mano, se?alando el interior.

  —Sigue adelante… —susurró

  Clayton tragó saliva. Su pecho se oprimió con una sensación que no supo definir… ?Era miedo? ?Era duda? Algo en su interior le decía que no quería ver lo que estaba a punto de descubrir.

  Pero avanzó. Cada paso hacia la caba?a se sentía como una condena. Entonces, lo escuchó.

  Gemidos.

  Su respiración se detuvo. No quería reconocer la voz, no quería aceptarlo. Su mente se negó a pensar en ello, su corazón se resistía a la verdad, pero sus piernas siguieron moviéndose, hasta que finalmente llegó a una peque?a abertura en la pared.

  Miró dentro… y su mundo se hizo pedazos.

  La vio, era Lidia. La mujer que amaba, su razón de ser. La razón por la que había estudiado con tanto esfuerzo en la academia, por la que había tratado de convertirse en el hombre ideal, un caballero honorable, un esposo digno. La razón por la que, contra toda lógica, había perdonado a la familia del hombre que destruyó su linaje.

  Ella estaba ahí… desnuda… enredada en los brazos de otro. Pero no de cualquier hombre. Si no de Xander… su amigo… su hermano… su familia… haciendo el amor con la mujer por la que Clayton había dado todo.

  Su cuerpo tembló. Sus manos se crisparon. Su visión se tornó borrosa cuando las lágrimas comenzaron a brotar sin control. La traición le quemaba por dentro, más letal que cualquier veneno. Retrocedió tambaleante, tratando de alejarse de esa visión que lo perseguiría por el resto de su vida. Sus piernas cedieron y cayó de rodillas sobre la tierra húmeda.

  No podía respirar, no podía pensar. Lo único que podía hacer era llorar. En su pesar, unas manos suaves se posaron sobre sus hombros.

  —Shh… está bien… —susurró la mujer del velo, arrodillándose a su lado.

  Sus brazos lo envolvieron en un abrazo cálido, casi maternal, como si estuviera reconfortando a un ni?o herido.

  —Así son ellos… —continuó, con la dulzura de una serpiente enredándose en su víctima —Toman decisiones sin importar a cuántas personas puedan herir…

  Clayton no respondió. Solo sollozó en silencio, con el pecho a punto de estallar. La mujer le acarició el cabello con lentitud, su voz bajó a un susurro cargado de veneno.

  —Pero juntos… haremos que el precio de sus pecados sea pagado.

  El fuego iluminaba la estancia con un resplandor tenue, proyectando sombras inquietantes sobre los muros. Los pasos de Clayton resonaban pesados sobre la alfombra. Xander, al verlo caminar, notó de inmediato la expresión en su rostro. Era diferente. Algo dentro de él había cambiado.

  Clayton se detuvo frente a él.

  Su mirada no reflejaba ira descontrolada, no gritó, no sacó su espada. Lo único que emanaba de su presencia era un dolor frío y devastador.

  —Eras mi hermano… mi familia… —su voz se quebró por un instante, pero logró recomponerse —Te confié todo. Dime… ?Lo disfrutaste? ?Disfrutaste acostarte con ella?

  Xander sintió un nudo en la garganta.

  —?Yo no-!

  —?No qué? —Clayton dejó escapar una risa sin humor —No me digas que no sabías lo que hacía contigo. No me digas que no eras consciente de lo que yo sentía por ella…

  Xander bajó la cabeza, pero Clayton no le permitió escapar de la verdad.

  —Aún recuerdo cuando te lo confesé… —continuó, lleno de amargura —Me dijiste que me apoyarías con todo tu ser, que harías lo que fuera necesario para que ella me notase...

  Xander cerró los ojos con fuerza, como si eso pudiera borrar las palabras que estaba escuchando.

  —Me hiciste entrenar, me impulsaste a estudiar, me ayudaste a ser un mejor hombre… —Clayton dio un paso adelante, su voz temblaba de furia contenida —Todo para que durante las noches pudieras estar con ella… y durante el día me aconsejaras sobre cómo cortejarla.

  Las lágrimas comenzaron a rodar por el rostro de Xander.

  —Lidia y yo queríamos decírtelo… —su voz era apenas un murmullo en aquel ambiente pesado —Pero cuando me dijiste lo que sentías… no pude hablar.

  Clayton lo miró con desprecio.

  —?Por qué?

  Xander tragó saliva, sus manos temblaron.

  —Porque… —su voz se quebró —No quería perderte…

  Clayton sintió una punzada en el pecho. No quería perderlo… y aun así, lo traicionó. El silencio que se formó entre ambos fue más cruel que cualquier golpe, porque ya no quedaba nada que salvar.

  Clayton cerró los ojos por un instante. Cuando los abrió, su mirada ya no reflejaba tristeza. Solo determinación.

  El fuego de la chimenea oscilaba frenéticamente, como si el aire de la habitación se estuviera cargando de electricidad. La mirada de Clayton era fría, calculadora, pero en el fondo de sus ojos ardía un fuego imposible de apagar.

  Xander sintió que su pecho se oprimía con cada palabra que su antiguo hermano pronunciaba.

  —Me traicionaste… —susurró Clayton, pero su voz cargaba el peso de un grito contenido durante a?os —Te burlabas de mí a mis espaldas…

  Xander apretó los pu?os, quería refutar, pero no dijo nada.

  —Tu padre me quitó la vida que tenía… las personas que amaba… y tú lo hiciste nuevamente…

  Xander sintió un escalofrío recorrer su espalda.

  —?Cuántas cosas más he de perder para que tú puedas ser feliz? —Clayton rió sin humor, una fría y oscura risa —No… no permitiré que esto quede así. Cuando me enteré de la verdad… me prometí que haría que sintieras la misma desesperación que yo.

  Su mirada se clavó en Xander, con una intensidad que parecía atravesarlo.

  —Que cada día te levantarás recordando todo lo que perdiste… igual que yo. Quiero que sientas exactamente lo que yo sentí…

  Xander tragó saliva con dificultad.

  —Clayton…

  Clayton afiló la mirada.

  —El dolor de saber que la persona en la que confiaste te apu?aló por la espalda.

  Xander sintió su estómago encogerse.

  —Eras mi hermano, Clayton… —susurro sin aliento

  —Y aun así me traicionaste. —contestó sin contenerse.

  El silencio entre ambos se hizo insoportable. De repente, Clayton tomó distancia y alzó los brazos con una sonrisa cínica.

  —Vamos… —dijo, con un tono desafiante —Termina con esto… ?Mátame!

  Xander sintió que su propia respiración se detenía.

  —No… —murmuró con firmeza —No seré como tú.

  Clayton entrecerró los ojos y dejó escapar una carcajada amarga.

  —Oh… qué noble… y estúpido.

  Con un movimiento rápido, sacó una daga oculta en su traje y la deslizó por la palma de su mano. Xander observó con horror cómo la sangre comenzó a gotear, esparciéndose en el suelo.

  —?Qué… qué estás haciendo?

  Clayton sonrió con una tranquilidad perturbadora.

  —?Sabes? Esto me tomó veinte a?os para hacerlo… pero estoy seguro de que tú lo disfrutarás aún más.

  La sangre, en lugar de extenderse al azar, comenzó a moverse de forma antinatural. Formaba líneas, símbolos, patrones extra?os que serpenteaban por la habitación, cubriendo las paredes, el techo y el suelo con una escritura profana.

  El aire se volvió denso. La temperatura descendió drásticamente. Xander sintió su estómago hundirse.

  —??Qué es esto?! ??Qué hiciste, Clayton?!

  Clayton cerró los ojos y susurró con una calma inquietante:

  —Ya no hay vuelta atrás… Ya no se puede detener.

  De repente, Cáliban, que había permanecido en silencio hasta ese momento, abrió los ojos con pavor al reconocer los símbolos.

  —Oh, no… —Su rostro se llenó de desesperación. —?Rápido! ?Tenemos que-!

  Pero ya era demasiado tarde. Los símbolos de sangre brillaron con un resplandor carmesí y, en un instante, la habitación se desmoronó en sombras.

  Cuando Xander volvió a abrir los ojos, sintió un vacío helado rodeándolo. Oscuridad en todas direcciones. El suelo bajo sus pies era firme, pero parecía no tener textura ni color. Solo había un vacío infinito que no emitía sonido alguno.

  Se obligó a respirar, buscando cualquier referencia en el entorno. A su lado, los cuerpos de sus protegidos yacían en el suelo. Se apresuró a arrodillarse junto a ellos, sacudiendo suavemente a Reinhard, que fue el primero en abrir los ojos.

  —?Están bien, muchachos?

  Reinhard parpadeó varias veces, aún mareado.

  —S…sí… aunque… estoy un poco aturdido…

  Otro quejido surgió de entre las sombras.

  —Yo también… —respondió Joseph, tocándose la cabeza —Pero Cáliban…

  Xander giró la vista hacia Cáliban, que permanecía inmóvil en el suelo. Su piel estaba más pálida de lo normal. Sus labios se movían en un murmullo casi inaudible. Xander se inclinó sobre él, tratando de captar lo que decía, pero no entendía nada de lo que salía de sus labios.

  La oscuridad pulsaba como un ente vivo, respirando alrededor de ellos. Xander sentía el sudor frío recorriendo su espalda mientras su respiración se volvía pesada.

  Clayton… su antiguo hermano yacía en el suelo como una sombra de lo que una vez fue. Su piel se pegaba a sus huesos, y sus ojos derramaban ríos de sangre, ti?endo el suelo bajo él de un rojo enfermizo.

  —??Qué es esto, Clayton?! ??Dónde estamos?! —rugió Xander, manteniéndose firme frente a la oscuridad que los rodeaba.

  Clayton levantó su cabeza con lentitud, su voz ya no era la de un hombre, sino un eco distorsionado, como si hablara a través de cientos de bocas al mismo tiempo.

  —Ya es tarde… hermano…

  Xander sintió un escalofrío al escuchar a su hermano impregnado de burla.

  —Esta es… —Clayton dejó escapar un sonido gutural, una risa seca que parecía dolerle al producirla —…una dimensión superior, un lugar donde hallarás tu muerte… una y otra vez, por la eternidad.

  Las palabras se hundieron en la mente de Xander como un cuchillo helado.

  —Gracias a ella… creé una llave para traerte aquí…

  Su voz se debilitaba, al igual que su cuerpo, cuya salud parecía desmoronarse poco a poco.

  —Sin importar cuánto tardará… nunca dejé de tallar las runas… nunca dejé de prepararlo todo… por veinte a?os… veinte largos a?os…

  Entonces, Clayton, reducido a poco más que piel y hueso, levantó una mano temblorosa y chasqueó los dedos.

  El infierno se desató.

  Del suelo oscuro surgieron bestias amorfas, monstruos de pesadillas imposibles de entender. Tentáculos retorcidos con bocas llenas de colmillos brotaban de cuerpos deformes, cada criatura parecía no tener una forma definida, sino que mutaba constantemente, como si el concepto mismo de su existencia fuera un error en la realidad. Xander sintió su corazón encogerse.

  ??Qué son estas cosas?? —pensó Lord Xander con la guardia en alto.

  Apretó los pu?os. No podía quedarse quieto.

  De su mano emergió un resplandor rojizo, moldeando su aura en una cuchilla etérea. Sin dudarlo, se lanzó al ataque.

  Un tajo preciso rasgó la carne de una de las criaturas… pero no ocurrió nada. La carne amorfa simplemente se reconstituyó, como si su ataque jamás hubiera existido. Xander retrocedió un paso, aún procesando rápidamente la situación.

  —?Ni siquiera lo intentes…! —Clayton sonrió, con su piel desmoronándose aún —Ellos son inmunes al da?o físico… no importa qué hagas… nunca podrás hacerles nada…

  Las bestias comenzaron a avanzar lentamente. Joseph y Reinhard se interpusieron frente a Cáliban, aún inconsciente, manteniendo su guardia alta aunque el terror los consumía.

  —?Lord Xander, estamos rodeados! —gritó Joseph, con el miedo en su voz.

  —?Manténganse firmes! —respondió Xander, aunque su propia desesperación aumentaba.

  No había manera de escapar.

  Las criaturas se acercaban, con sus cuerpos retorciéndose de formas imposibles. Tentáculos rozaban el aire con una anticipación nauseabunda, listos para devorarlos, para arrastrarlos a un tormento eterno más allá de la comprensión humana.

  Fue entonces cuando ocurrió algo inesperado.

  Desde el cuerpo de Cáliban, inconsciente en el suelo, una tenue luz se proyectó en el aire. Era un libro bastante antiguo, cubierto por una pasta carmesí bastante dura.

  Sus páginas comenzaron a moverse a toda velocidad, pasando una tras otra con un sonido seco, como si una fuerza invisible estuviera buscando algo dentro de él.

  Hasta que se detuvo justo en la mitad.

  Xander observó con el ce?o fruncido. La sensación de peligro en su pecho se intensificó.

  —?Cáliban…?

  De repente, sin advertencia, las letras comenzaron a salir de las páginas. Como gotas de tinta flotando en el aire, los símbolos se desprendieron del papel y ascendieron lentamente, formando patrones caóticos en el espacio. Un lenguaje imposible, antiguo e ilegible para cualquiera que lo presenciara.

  Las letras danzaban como estrellas en el vacío, reconfigurándose sin cesar en símbolos y runas que cambiaban con cada segundo.

  [Las se?ales que intervenían en el sistema se han detenido temporalmente… procesando… completando el proceso… poder contenido desplegable… 3%...]

  El libro bostezo, como si una entidad dormida estuviera despertando.

  [El primer sello ha sido retirado con éxito… iniciando el proceso… código: Apocalipsis]

  Cáliban abrió los ojos. Eran una viva llama roja. No, no solo rojas… brillaban con un fulgor carmesí, como si ardieran desde dentro, reflejando algo más allá de lo humano.

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