Ambos salían del aula, aún con las palabras de la profesora Meeris en sus oídos. La tenue luz de los faroles mágicos iluminaba los pasillos de la academia, proyectando sombras danzantes sobre las paredes de piedra. Joseph caminaba con un brillo en los ojos, embelesado por lo que acababan de presenciar.
—?No tenía idea de que se podían alterar las propiedades de los elementos! —exclamó con emoción desbordante —?Las combinaciones deben de ser infinitas!
A su lado, Cáliban mantuvo la vista al frente, caminando con la misma serenidad imperturbable de siempre.
—Infinitas no…
Joseph parpadeó y giró la cabeza.
—?Eh?
Se detuvo por un instante, recordando con quién estaba hablando. Por algún motivo, la respuesta de Cáliban le dejó una sensación incómoda. Sin poder contener su curiosidad, decidió preguntarle directamente.
—?Qué opinas sobre la clase de la profesora Meeris?
—Tiene lo básico, supongo… —respondió Cáliban con indiferencia —pero no es una magia que usaría en los planos superiores.
Joseph frunció el ce?o.
—?Por qué? ?Qué hay ahí que hace inútil la magia espiritual?
Por un momento, Cáliban no respondió. Solo dirigió su mirada fría y penetrante hacia Joseph. Ese simple gesto bastó para hacerle sentir una punzada de inquietud. Y entonces, sin previo aviso, una imagen cruzó su mente… el Devorador Carmesí, con su silueta retorcida flotando en la inmensidad de un cielo que no pertenecía a este mundo.
Sus palabras volvieron a resonar en su memoria, como un susurro ominoso:
"Los Devoradores son, de lejos, las criaturas menos terroríficas de los planos superiores."
Un escalofrío le recorrió la espalda, pero antes de que pudiera caer en su propio miedo, la voz de Cáliban lo ancló de nuevo en la realidad.
—En los planos superiores… —comenzó, inmutable pero con un matiz de seriedad —los elementos no se comportan como aquí. En este mundo, hay límites, hay propiedades que no pueden combinarse de forma estable. Puedes alterar la naturaleza del agua para que adquiera cualidades del fuego, sí, pero sigue siendo agua. No puede escapar de sus reglas fundamentales. Al aceptar las propiedades del fuego, también adopta sus debilidades. En otras palabras, con suficiente habilidad podrías extinguir agua con agua si esta hubiese adquirido las propiedades del fuego.
Joseph asintió, procesando la idea.
—Pero los elementos superiores no siguen esas reglas… —continuó Cáliban.
Joseph notó un cambio en su voz. No era solo conocimiento lo que transmitía; era experiencia.
—Por ejemplo… —prosiguió Cáliban —la luz negra.
Joseph parpadeó.
—?Luz negra? —preguntó con un ligero titubeo.
—Una luz que es simultáneamente luz y oscuridad. —explicó Cáliban con calma —No es luz con propiedades de oscuridad, ni oscuridad con propiedades de luz. Es ambas cosas al mismo tiempo, en todas sus dimensiones y formas posibles.
Joseph frunció el ce?o, esforzándose por imaginar algo así. Pero por más que lo intentaba, su mente chocaba contra un muro de incomprensión.
—Eso suena… raro. —admitió —No puedo entenderlo.
Cáliban esbozó una leve sonrisa, una que Joseph no supo si era de diversión o de algo más cercano a la condescendencia. Soltó una leve risa, un sonido tan fugaz como la sombra de una nube.
—Lo es… —admitió —pero no es algo con lo que tengas que lidiar todavía. Antes de pensar en eso, necesitas aprender a controlar tu poder… y para eso, primero debes fortalecerte. No sobrevivirías si lo intentaras ahora.
Joseph tragó saliva. Las palabras de Cáliban le hicieron sentir un peso invisible sobre sus hombros. Aún tenía mucho que aprender. Para despejar su mente, revisó el horario que llevaba consigo y pasó la mirada por la siguiente clase.
—Hmm… Manipulación de Aura Básica con el profesor Khebar Aasmir… —leyó en voz alta —Dice que es en la Torre de los Combatientes, puerta 3-A.
—Tercer piso, ?Eh? —Cáliban asintió, reanudando la marcha —Bueno, vamos enseguida.
Los pasos de ambos resonaban en el pasillo mientras se dirigían de regreso al vestíbulo principal. A su alrededor, los candelabros encantados flotaban sobre sus cabezas, emitiendo una luz tenue que apenas disipaba la penumbra de los pasadizos. Al doblar una esquina, Joseph notó a alguien en un peque?o jardín junto al corredor. Un joven lacertilian de escamas azules y vestimenta sencilla leía un panfleto con el mapa del distrito.
Era Reinhard.
Al ver a Joseph, Reinhard se incorporó de inmediato con una sonrisa animada y se apresuró a acercarse.
—?Hola! —saludó con entusiasmo —?Cómo les fue en su primera clase?
—?Fue impresionante! —exclamó Joseph, sin poder contener su emoción —La profesora Meeris alteró las propiedades de dos elementos distintos, primero el agua y luego el fuego. Ambos reaccionaron de formas increíbles… luego invoco un caballo de agua que…
Mientras Joseph relataba la clase con gran entusiasmo, Cáliban se sintió inquieto. Había una presencia observándolo. Un par de ojos ardían en su dirección con un odio inconfundible.
Con discreción, desvió la mirada y la encontró.
Era Nhun.
Estaba al otro lado del pasillo, de pie, con el ce?o fruncido y una expresión cargada de desprecio. Su postura rígida y la intensidad de su mirada dejaban claro lo que sentía. Cáliban mantuvo la compostura. No podía culparla. Solo podía soportar su desprecio en silencio.
La voz de Reinhard lo sacó de sus pensamientos.
—?A quién crees…?
Ambos dirigieron la mirada hacia él, esperando que terminara la pregunta.
—Lo siento, Reinhard, no escuché. —dijo Cáliban, volviendo su atención al joven —?Podrías repetirla?
—Ah, perdón, no vi que estabas distraído. Joseph y yo estábamos platicando sobre la academia. Mira, en este panfleto hay un mapa detallado, es una copia exacta del enorme mapa que está en el lobby.
Reinhard le extendió el panfleto, pero Cáliban apenas le echó un vistazo. Ya conocía el mapa principal, por lo que no le prestó demasiada atención. Sin embargo, Reinhard mencionó algo que le hizo detenerse.
—Mira esto. —Se?aló un punto en el papel, marcando una torre en la sección noreste de la academia —Es la cuarta torre, la llaman la Torre de los Enigmas.
Joseph y Cáliban observaron el nombre con interés.
—Según escuché, esa torre ha estado cerrada desde que se descubrió el castillo. Nadie ha podido abrirla.
Joseph frunció el ce?o.
—?Nadie?
—Ni siquiera el director.—confirmó Reinhard —Tampoco ninguno de los Seis Reyes cuando estudiaron aquí.
Cáliban entrecerró los ojos.
—Eso es… extra?o.
Reinhard asintió con gravedad.
—Mi padre me contó que, cuando era joven, circulaban rumores sobre ella. Se decía que tras sus puertas se esconde un tesoro legendario, algo que podría cambiar el destino de quien lo posea… pero nadie ha logrado corroborarlo.
El viento sopló con suavidad en el pasillo, meciendo las hojas del panfleto en las manos de Reinhard. Por un instante, los tres permanecieron en silencio, contemplando la enigmática torre en el mapa.
Un misterio sellado desde tiempos inmemoriales… Joseph tragó saliva ante esa idea.
—Eso suena… ?Realmente nadie ha intentado abrirla?
—Han intentado… —corrigió Reinhard —pero nadie ha tenido éxito.
Cáliban se cruzó de brazos, mirando el mapa con renovado interés.
—Si ni los Seis Reyes ni el director pudieron abrirla, significa que la cerradura no responde al poder. —razonó —Lo que sea que la mantiene cerrada, debe estar más allá de la magia convencional.
Joseph sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—Tal vez haya una razón por la que nadie deba abrirla…
Los tres quedaron en silencio por un momento, antes de que Cáliban apartara la vista del panfleto y reanudara la marcha.
—Sea como sea, es un misterio para otro día. Ahora tenemos que llegar a clase.
Joseph asintió y Reinhard guardó el panfleto con una sonrisa.
—Sí, supongo que tienes razón. Pero no me digan que no sienten un poco de curiosidad…
—?Una torre sin explorar? por supuesto que tengo curiosidad. —respondió Joseph, más animado de lo usual —Esta ciudad sí que es una reliquia…
Cáliban observo con detenimiento la torre en el mapa, quedaba claro que esta estructura era una reliquia de una civilización antigua. Los secretos que escondía podían atraer la atención de cualquier aventurero, tal vez la torre tuviera algo que le pudiera servir para obtener más poder.
?No sería mala idea echarle un ojo después…?
Eventualmente, llegaron a la Torre de los Combatientes, cada torre tenía un dise?o único. La Torre de los Espíritus, que era donde tomaron la clase de la profesora Meeris, tenía plantas y raíces de árboles creciendo a su alrededor, en la cima de la copa, existía un árbol que daba sombra en las cercanías, mientras que la Torre de los Combatientes parecía una torre de defensa impenetrable. Los ladrillos negros de los que estaba hecho no contaban con ningún símbolo de desgaste, encima, podía observarse una enorme espada clavada en el techo de la torre, mostrando su símbolo bélico con orgullo.
Reinhard y Joseph no pudieron evitar maravillarse al ver la torre conectada al muro exterior del castillo, la fachada estaba completamente limpia. Tras la enorme puerta que estaba abierta en par, se encontraba nuevamente un peque?o elevador.
—?En qué piso está la clase?
—Tercer piso, puerta A.
Reinhard presiono el botón que los llevaría al tercer piso, una vez ahí se dirigieron a la puerta 3-A, esta vez no era un salón de clases como en la clase anterior, sino una enorme explanada de concreto rodeada por un majestuoso templo de piedra. Los demás estudiantes se encontraban dispersos por el lugar, no tuvieron que esperar mucho antes de que llegara el profesor Aasmir.
Al abrir la puerta, un enorme rugido de león resonó por las paredes del lugar, su entrada llamó la atención de todos los estudiantes.
—?Muy bien! ?Todos al frente, sentados en círculo alrededor de mí! ?Muévanse!
La voz del profesor Khebar Aasmir resonó con autoridad en la amplia sala de entrenamiento. Sus palabras no eran una petición, sino una orden. Los estudiantes reaccionaron de inmediato, apresurándose para formar un círculo en el centro de la habitación. El suelo de piedra pulida reflejaba la luz de los braseros encantados en las esquinas, proyectando sombras alargadas y temblorosas sobre las paredes.
En el centro del círculo, el profesor Aasmir caminaba con paso firme, sus ojos recorrían a los alumnos con la mirada aguda de un guerrero veterano.
—??Saben qué clase es esta?!
Un breve silencio precedió a la respuesta. Un elfo de complexión delgada, con el uniforme ligeramente desarreglado, alzó la mano con rapidez. El profesor lo se?aló con su u?a curva y afilada brillando bajo la luz.
—?Habla!
—Es la clase de Manipulación de Aura Básica. —respondió el elfo con voz firme.
El profesor asintió con aprobación.
—?Correcto! En esta clase aprenderán a manejar el Aura de la manera correcta, a implementarla en su estilo de combate, a aumentarla y a convertirse en guerreros formidables… pero antes de eso, tienen que aprender algo fundamental.
Se detuvo de golpe y su mirada recorrió el círculo con intensidad.
—Un guerrero no solo golpea. No solo blande su espada, no solo apu?ala con su lanza o empu?a cualquier arma que le guste.
If you stumble upon this narrative on Amazon, be aware that it has been stolen from Royal Road. Please report it.
El silencio en la sala se hizo más pesado. Cada palabra del profesor caía sobre los estudiantes como el golpe de un martillo.
De pronto, su mirada se fijó en una joven Felinyan de pelaje rojo, cuyos ojos dorados reflejaban un nerviosismo apenas contenido.
—?Tú! Responde. —ordenó —?Cuál es la parte del ser que representa el Aura?
La joven dudó. Sus orejas felinas se movieron ligeramente hacia atrás, delatando su inseguridad. Tragó saliva antes de responder.
—?La fuerza?
—?Incorrecto! ?Siéntate!
La Felinyan se apresuró a tomar asiento, evitando la mirada del profesor.
Aasmir continuó su inspección de la multitud, su mirada depredadora buscó a su siguiente presa. Sus ojos se posaron en un joven humano que parecía querer encogerse bajo su túnica.
—?Tú! Responde la pregunta.
El joven tragó saliva.
—Yo… amm… eh… ?El… el cuerpo?
—?No! ?Siéntate!
El estudiante bajó la cabeza y se dejó caer en el suelo con rapidez.
El profesor Aasmir dejó escapar un suspiro de decepción. Se llevó una mano al rostro con visible molestia antes de reanudar su caminata. Sus pasos resonaron en la sala con un peso ominoso, como si cada movimiento estuviera cargado de juicio.
De repente, se detuvo.
Con un giro lento, alzó su brazo y se?aló a un estudiante con su enorme dedo.
—Tú… levántate y responde.
Se?aló a Cáliban.
El joven se puso de pie con calma. Su expresión no mostraba ni nerviosismo ni vacilación. Algunos estudiantes susurraron entre ellos, preguntándose si acaso estaba desafiando al profesor con su actitud serena.
Aasmir lo observó con interés.
?Según el reporte de Yanes… este joven dio un espectáculo junto al wyvern… veamos qué clase de persona eres…?
Para el profesor Aasmir, había dos tipos de estudiantes que mostraban una confianza absoluta… los sabios y los idiotas. Cáliban sostuvo la mirada del profesor sin titubear y respondió con voz firme:
—Representa la voluntad, profesor.
El silencio que siguió pareció extenderse por una eternidad. Entonces, una sonrisa de aprobación se dibujó en los labios del profesor Aasmir.
—?Correcto! Puedes sentarte.
Cáliban se acomodó de nuevo en el suelo con la misma tranquilidad con la que se había levantado.
El profesor continuó con su explicación, elevando la voz con intensidad.
—El Aura no tiene una fuente de poder como el Maná o el ánima. No puede ser extraída de la naturaleza, ni ser acumulada en cristales, ni ser robada de otra persona. Es pura. Es la manifestación de la voluntad de un ser vivo.
Su mirada recorrió a los estudiantes, asegurándose de que sus palabras se clavaran en sus mentes.
—Es el deseo de vivir. El deseo de luchar. El deseo de continuar a pesar de todo.
Su voz resonó con fuerza en la sala, como un trueno en la tormenta.
—Sí, un guerrero usa su fuerza, su mente y su cuerpo para pelear. Pero todo eso carece de sentido si no tiene la voluntad para endurecerlos.
Su tono se volvió más desafiante.
—?De qué sirve ser fuerte si eres débil de espíritu?
Los estudiantes guardaron silencio.
—?De qué sirve ser inteligente, un estratega nato, si careces del valor para luchar?
El aire en la sala parecía haberse vuelto más denso.
—?De qué sirve tener el cuerpo de un dios o el talento de un genio, si tu voluntad es tan frágil como el papel?
El profesor Aasmir dejó caer su brazo con fuerza, su pu?o chocó contra el suelo, haciendo eco en la habitación.
—Les responderé yo mismo. —Hizo una pausa, y su voz se convirtió en un rugido de convicción. —No sirve de nada.
Los estudiantes contuvieron el aliento.
—Incluso si eres el más fuerte del mundo. Incluso si eres el más inteligente. Incluso si tienes el cuerpo de un titán… Si tu voluntad es débil, caerás.
Se inclinó ligeramente hacia adelante, con la mirada encendida.
—Y en esta academia, solo los que tienen una voluntad de hierro forjarán su destino.
El silencio que siguió fue absoluto. Algunos estudiantes sintieron un escalofrío recorrer sus espinas dorsales. Otros apretaron los pu?os, sintiendo por primera vez el peso real de lo que significaba ser un guerrero.
Cáliban, en cambio, sonrió levemente. Había encontrado un maestro que hablaba su idioma.
El profesor Aasmir alzó su mano lentamente, cerrando su pu?o con firmeza. En cuestión de segundos, una energía rojiza comenzó a rodearlo, envolviendo su brazo como si fuera un fuego vivo. La luz danzante del aura iluminaba la sala, reflejándose en los ojos asombrados de los estudiantes.
—Escuchen atentamente… —su voz resonó con un peso casi palpable —Si entrenan su espíritu, su mente y su cuerpo, podrán hacer cosas que otros considerarían imposibles… como esto.
Aasmir extendió su brazo con lentitud, desenroscando sus dedos hasta que solo su índice quedó apuntando al frente.
Y entonces, sin previo aviso, movió la mano.
El gesto fue casi imperceptible, una simple línea trazada en el aire. Pero en el mismo instante, un destello rojo cruzó la sala como un arco de luz y un sonido seco cortó el aire.
?CRACK!
La pared de piedra al otro extremo de la sala fue atravesada de lado a lado. Un temblor recorrió el suelo mientras fragmentos de piedra volaban en todas direcciones. Una nube de polvo se elevó, cubriendo la sala en una cortina gris.
Los estudiantes se llevaron los brazos al rostro, intentando protegerse del polvo y los escombros. Cuando la bruma se disipó, el murmullo de asombro llenó el aire.
En la pared, ante sus ojos, había quedado una enorme grieta, como si una hoja de espada colosal la hubiera partido en dos con un solo tajo.
El silencio fue absoluto por unos instantes. Luego, el profesor Aasmir se giró hacia sus alumnos con una sonrisa satisfecha.
—?Muy bien! Ahora seguiremos con más ejemplos.
Y así lo hizo.
Durante la siguiente hora, el aula se llenó de demostraciones espectaculares. El profesor explicó las múltiples aplicaciones del Aura, desde su uso para aumentar la resistencia del cuerpo hasta la creación de ataques capaces de atravesar el acero. Habló sobre la diferencia entre un guerrero común y uno que dominaba su espíritu. Sobre cómo el verdadero poder no provenía sólo del músculo, sino de la fuerza de voluntad.
Algunos estudiantes tomaban notas apresuradas, intentando captar cada palabra. Otros simplemente observaban con fascinación, deseando poder replicar lo que acababan de presenciar.
Finalmente, la clase llegó a su fin.
Uno a uno, los alumnos comenzaron a abandonar la sala, aún comentando entre ellos sobre todo lo que habían aprendido.
Joseph y Reinhard caminaban juntos, inmersos en una animada discusión sobre la clase.
—?Fue increíble! —exclamó Joseph, aún con emoción en la voz —No puedo creer lo que hizo con un solo movimiento.
—Sí, pero… ?Te diste cuenta de lo que dijo? —respondió Reinhard, frotándose la barbilla —No se trata solo de fuerza o velocidad, sino de algo más profundo.
Joseph asintió, aún perdido en sus pensamientos.
Cáliban, por su parte, se había adelantado unos pasos. Caminaba en silencio, su mente estaba ocupada en las palabras del profesor. Pero entonces, algo le hizo detenerse.
Un leve silbido en el aire.
Sin girar la cabeza, alzó una mano con calma y atrapó una peque?a roca justo antes de que impactara contra su rostro.
El peso del proyectil era insignificante, pero el mensaje estaba claro.
Lentamente, bajó la mirada hacia su palma, donde descansaba la piedra, y luego alzó la vista. A pocos metros de distancia, de pie en la sombra de la entrada, estaba Nhun.
Su expresión era pura furia contenida.
Sus pu?os estaban apretados con tanta fuerza que sus nudillos se habían vuelto blancos. Sus ojos, encendidos de rabia, lo perforaban como si quisiera reducirlo a cenizas solo con su mirada.
El aire entre ambos parecía cargado de una electricidad sofocante.
Cáliban mantuvo la roca en su mano unos segundos más, luego la dejó caer al suelo con un leve golpeteo. No dijo nada. No hizo ningún gesto de provocación ni de disculpa.
Solo la observó, esperando.
Nhun no apartó la mirada. Por un instante, nadie se movió.
La tensión en el aire era tan densa que parecía que el tiempo mismo se había detenido. Joseph y Reinhard, que habían notado la escena, intercambiaron miradas de preocupación.
Reinhard se inclinó levemente hacia Joseph y le susurró, sin apartar la vista de la escena que se desarrollaba ante ellos.
—?Qué sucede? ?No eran amigos?
Joseph frunció el ce?o. No sabía exactamente qué había ocurrido entre Cáliban y Nhun, pero podría darse una ligera idea entre la tensión en el aire que era sofocante.
—Es algo complicado…
Ambos decidieron acercarse un poco, aunque Joseph dudó. No quería entrometerse en los asuntos de Cáliban, no cuando la mirada de Nhun ardía con un enojo apenas contenido.
—Nosotros iremos a la siguiente clase. —dijo al fin, intentando aliviar la tensión —Nos vemos allí.
Cáliban asintió con un leve movimiento de cabeza, pero su atención nunca abandonó a Nhun. Joseph y Reinhard se alejaron con cierta incomodidad, dejando a los dos solos.
El silencio se apoderó de la sala.
Los segundos se alargaron, convirtiéndose en una pesada barrera entre ambos. Nhun fue la primera en romperlo.
—?Qué sucedió?
Su voz era cortante, firme, pero en su interior había una mezcla de emociones que ni ella misma comprendía del todo. Cáliban la miró con expresión neutral.
—?De qué hablas?
Nhun apretó los pu?os.
—?No me vengas con ese cuento! —exclamó, su furia empezó a desbordarse —?Cecilia está mal, y sé que tiene que ver contigo!
El rostro de Cáliban no mostró reacción alguna.
—?Por qué crees que es por mí? Podría ser que…
—??Crees que soy idiota?! —lo interrumpió ella, su voz se elevó con frustración —Anoche estaba bien, pero esta ma?ana… esta ma?ana estaba demacrada. Estuvo llorando toda la noche y no quiere decirme por qué.
Los ojos de Nhun temblaron con rabia y preocupación.
—En serio… no sé de qué hablas. —respondió Cáliban con un tono inexpresivo —Simplemente…
—Simplemente, eres un idiota.
Las palabras de Nhun cayeron como un golpe seco.
—Me importa poco que nos hayas salvado, tanto en la emboscada como con el wyvern. Si crees que eso te da derecho a tratarnos como quieras, ?Estás equivocado! Yo no voy a quedarme de brazos cruzados viendo cómo pisoteas los sentimientos de mi amiga solo porque eres un poco más fuerte.
La distancia entre ambos se acortó. Nhun avanzó con decisión, hasta quedar cara a cara con él.
—?Crees que por saber pelear ya eres superior a los demás? —continuó con veneno en la voz —?Que puedes pisotearlos como si no fueran nada, tratarlos como si nunca tuvieran oportunidad de avanzar?
Sus ojos destellaban con un fuego feroz.
—?Quién eres tú para decidir eso?
No esperó respuesta.
—Yo te lo diré. Solo eres un idiota que tuvo una vida difícil, pero que no tiene la empatía suficiente para entender que otros también la han tenido.
Cáliban seguía en silencio, observándola con su expresión inmutable. Nhun sintió su sangre hervir.
—?Héroe? No me hagas reír… —escupió con desprecio —No sé por qué Cecilia se fijó en alguien como tú… ella es demasiado buena para ti.
Sin pensarlo, lo empujó. No fue un golpe fuerte, apenas fue un empujón que lo hizo retroceder un paso.
Pero en ese simple acto se percibía toda su frustración.
Desde otro ángulo, cualquiera podría notar que estaba conteniéndose, que estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para soltar un pu?etazo.
Pero no lo hizo. No porque no quisiera. Sino porque, a pesar de todo, lo hacía por su amiga. Apretó los dientes y dio un paso adelante, sin apartar la mirada de Cáliban.
—No te acerques a ella nunca más. —advirtió, ahora cargada de resentimiento —No me importa que seas el líder, tampoco me importa que barras el piso conmigo.
Sus ojos ardían con determinación.
—Entrenaré… y me volveré lo suficientemente fuerte para patearte el trasero.
El silencio cayó entre ellos como una losa. Nhun esperaba una reacción, cualquier reacción. Un insulto. Una burla. Un argumento. Algo que justificara su ira.
Entonces, Cáliban rompió el silencio con su voz fría.
—Eres buena amiga… entonces, si vas a cumplir lo que dices, asegúrate de que no se acerque a mí nunca más, no quiero verla a no ser que sea necesa-
Cáliban apenas había terminado de hablar cuando el sonido seco de una bofetada rompió el silencio.
?PAF!
Su rostro giró levemente por la fuerza del golpe. No se defendió. No intentó esquivarlo.
Nhun lo miró con los ojos encendidos de furia e incredulidad. Lo conocía lo suficiente como para saber que tenía los reflejos necesarios para evitar el golpe sin siquiera pensarlo. Pero no lo hizo.
Eso la desconcertó.
Apretó los pu?os con fuerza, conteniendo la ira que le hervía en la sangre. No sabía qué pensar de él en ese momento. No quería pensarlo más. Dio un paso atrás y se dirigió a la puerta, sin molestarse en mirarlo de nuevo.
—El héroe plebeyo… qué maldita broma… —murmuró con desprecio —No eres un héroe. No eres diferente de esos nobles asquerosos…
?BAM!
La puerta se cerró con violencia, el sonido reverberó en la sala vacía. Cáliban se quedó inmóvil. Su mirada sombría se perdió en la nada, mientras el eco de la puerta cerrándose se desvanecía lentamente.
Su corazón pesaba. Era demasiado pesado. Una carga que no quería portar. Pero no tenía opción. Tenía que avanzar. Tenía que dejarlo atrás. Antes de que termine matándolo. Aún así… no podía moverse. No todavía.
Se quedó allí, de pie en la misma posición, sintiendo cómo la presión en su pecho crecía y crecía, sin encontrar salida.
Afuera, Joseph y Reinhard esperaban apoyados contra la pared del edificio. No habían querido intervenir. No era su lugar. Cuando vieron a Nhun salir, su expresión lo decía todo.
Joseph sintió un nudo en el estómago al verla tan furiosa. Intentó acercarse, quería explicarle que todo era un malentendido, que las cosas no eran como parecían. Pero ella ni siquiera le dio la oportunidad.
—Deberías escoger mejor tus amistades, Joseph.
Su tono era frío y afilado como una hoja. Joseph se quedó paralizado al verla marcharse, incapaz de responder. Reinhard solo pudo observar en silencio, intrigado por la confusión.
Justo en ese momento, Cáliban salió del edificio.
Su expresión era la misma de siempre. Pero Joseph lo conocía lo suficiente como para notar la diferencia. Intentó decir algo, cualquier cosa que rompiera la tensión en el aire.
—Cáliban…
—Recuerda para qué estamos aquí, Joseph.
La voz de Cáliban era fría y carente de emoción. Joseph apretó los dientes con un suspiro.
—Sí…
No había más que decir. No estaban aquí para hacer amigos. Cáliban se lo había dicho desde el inicio. Pero Joseph, por un momento, había olvidado esa realidad. Se había dejado llevar por la calidez de las personas que conoció.
Antes de que pudiera seguir pensando en ello, Cáliban cortó el tema de raíz.
—Vamos a la siguiente clase.
Reinhard finalmente se acercó. No había encontrado una brecha para intervenir antes, pero la confusión lo carcomía por dentro.
??Qué mierda pasó de ayer a hoy?? —pensó, estupefacto.
—Sí, vayamos. —dijo Joseph, sacando su hoja de horarios —Veamos…
Reinhard se inclinó ligeramente y le susurró con cautela.
—?Qué fue lo que pasó?
Joseph no respondió de inmediato.
—Créeme, me gustaría decirte… pero es complicado.
Reinhard se rasco las escamas de su nuca, en se?al de ignorancia.
—No entiendo…
Joseph suspiró, envidiandolo.
—Es mejor así. Créeme.
No dijo nada más. Abrió la hoja y reanudó la lectura.
—Bueno… la siguiente clase es Manipulación de Maná Básica.
—?Dónde? —preguntó Reinhard, aún procesando lo anterior.
—Torre de los Saberes, en el salón 1-C.
Cáliban no esperó más.
—Vayamos entonces.
Se dirigieron al noroeste de la academia.
Desde la distancia, divisaron la Torre de los Saberes, una estructura arcana que se elevaba majestuosa hacia el cielo.
Parecía similar a las demás torres que habían visto, pero tenía algo diferente.
En la cima de la torre, una enorme bobina de energía flotaba en el aire, girando lentamente como un sol en miniatura. Su luz dorada se expandía en ondas pulsantes, inundando los alrededores con un resplandor etéreo.
La fachada de la torre estaba cubierta de runas brillantes, cambiando de color en un patrón hipnótico. Algunas resplandecían en azul profundo, otras en verde esmeralda, otras en un rojo vibrante.
Cables de energía recorrían la estructura, canalizando maná puro a lo largo de sus muros.
La puerta principal estaba en el primer piso, de modo que no tuvieron dificultad para encontrarla. Pero al cruzarla y entrar en el salón asignado para su tercera clase, se encontraron con algo inesperado. El aula no se parecía en nada a las anteriores.

