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Capítulo 31: Primer día de clases

  El día finalmente había llegado. Era hora de asistir a las clases de calidad de las que la academia tanto se enorgullecía. La brisa matutina se filtraba a través de las cortinas, iluminando la habitación con una luz tenue y dorada. Eran alrededor de las 7:00 a. m. Cáliban acababa de salir de la ducha; aún podía sentir el calor del agua en su piel mientras se vestía frente al espejo.

  Intentaba enfocarse en lo que tenía por delante, pero su mente lo traicionaba. No podía dejar de pensar en lo ocurrido la noche anterior. Sus ojos se oscurecieron con una sombra de dolor, aunque su expresión se mantuvo inmutable. No había nada que pudiera hacer, solo aceptar la realidad. Ella ahora debía estar lejos de él… y así debía ser.

  Unos golpes en la puerta lo sacaron de sus pensamientos.

  —?Qué sucede? —preguntó sin voltear.

  —Soy yo… —la voz de Joseph sonaba tranquila —Todos están abajo, el profesor quiere que nos reunamos.

  —Iré enseguida.

  Cáliban terminó de vestirse, asegurándose de que su uniforme estuviera impecable. Luego salió de la habitación, caminando junto a Joseph por el pasillo. El eco de sus pasos rompía el silencio del amanecer.

  —Vi a Cecilia abajo… —Joseph habló con cautela —Tenía los ojos rojos y unas ojeras profundas…

  Cáliban no respondió. Su rostro seguía siendo un muro inquebrantable. Sin embargo, Joseph lo conocía lo suficiente como para saber que, por dentro, algo se quebraba. Sus pu?os se cerraban con fuerza, pero su voz nunca temblaba.

  ?Espero que un día puedas ser feliz de verdad, Cáliban…? —pensó Joseph con tristeza.

  Cuando llegaron al primer piso, encontraron a los profesores en el centro de la sala. Los estudiantes estaban sentados en círculo, en un ambiente que se sentía solemne, casi pesado. Joseph echó un vistazo alrededor y, como había dicho, vio a Cecilia. Su rostro estaba marcado por la fatiga; las ojeras bajo sus ojos y la hinchazón en sus párpados eran pruebas evidentes de su llanto.

  A su lado, Nhun mantenía una expresión de evidente disgusto, con los brazos cruzados y la mirada clavada en Cáliban, como si quisiera perforarlo con los ojos. él no la miró, pero podía sentir la furia que emanaba de ella como un calor abrasador.

  ?Qué buen inicio de semana…? —pensó Joseph con ironía, soltando un suspiro silencioso.

  El profesor Yannes alzó la mano en el aire, y de inmediato, unas hojas de papel comenzaron a levitar, flotando hacia los estudiantes. Cada uno tomó la suya, examinando el contenido. Se trataba de los horarios de clase personalizados.

  El profesor le cedió la palabra a la se?orita Rain, quien avanzó con elegancia hasta el centro de la sala. Su voz resonó con serenidad:

  —Como sabrán, la academia cuenta con un plan de estudios único. En las hojas que acaban de recibir, encontrarán las materias obligatorias del primer a?o, fundamentales para su formación. Sin embargo… —hizo una breve pausa, recorriendo con la mirada a los estudiantes —también tendrán la oportunidad de elegir asignaturas optativas, aquellas que les permitirán desarrollar habilidades según sus intereses.

  Similia, quien leía su horario con detenimiento, frunció el ce?o al notar la gran cantidad de materias opcionales.

  —Profesora… ?Cuántas debemos escoger? Hay muchas para elegir…

  El murmullo se extendió entre los estudiantes. La ma?ana apenas comenzaba, pero ya se vislumbraban las primeras decisiones importantes en su camino.

  Juliana frunció el ce?o mientras revisaba la hoja con rapidez, como si quisiera perforarla con la mirada. Su impaciencia se reflejaba en su tono cortante cuando alzó la voz.

  —Además, ?Cómo sabremos cuál es la que nos gusta? —preguntó, agitando la hoja en el aire —?Podremos entrar a alguna clase y luego salirnos si no nos convence?

  La profesora Rain asintió con serenidad, como si ya esperara esa inquietud.

  —Ahí está lo importante. Durante la primera semana, muchos profesores ofrecerán clases de prueba para que puedan conocer sus materias antes de tomar una decisión definitiva. —explicó, recorriendo con la mirada a los estudiantes —Tendrán exactamente una semana para inscribirse o darse de baja en las asignaturas opcionales que no sean de su agrado.

  El murmullo entre los alumnos aumentó ligeramente mientras procesaban la información. La profesora continuó:

  —Cada casa cuenta con un plan de estudios dise?ado específicamente para sus miembros. En circunstancias normales, los estudiantes de primer a?o deben cursar cuatro materias obligatorias y cuatro optativas. Sin embargo…

  Hizo una breve pausa y dirigió su mirada directamente a Cáliban y Joseph, con una expresión más seria.

  —Temo que, en los casos del joven Cáliban y Sephir, la situación será distinta. —dijo con un tono que indicaba que esto no era negociable —Debido a que es la primera vez que la academia recibe estudiantes con sus características, hemos decidido que deberán cursar ocho materias obligatorias.

  Algunos estudiantes se giraron para mirar a Cáliban y Sephir con curiosidad.

  —A causa de esto… —continuó la profesora —ustedes no estarán obligados a tomar materias optativas. Sin embargo, si desean inscribirse en alguna, pueden hacerlo bajo su propia responsabilidad.

  Cáliban bajó la mirada hacia la hoja en sus manos. Estaba repleta de detalles… nombres de las materias, horarios precisos, nombres de los profesores y las ubicaciones de cada clase.

  ?Hmm… demasiadas materias opcionales. Bueno, ya decidiré después de llegar a la academia? —pensó, mientras recorría la lista con la vista.

  La profesora Rain, viendo que no había más preguntas urgentes, golpeó levemente las manos para atraer la atención del grupo.

  —Bien, eso sería todo. El carruaje está esperándonos afuera. Asegúrense de cumplir con sus horarios y, sobre todo… ?No falten a ninguna clase!

  Había una autoridad natural en su voz, una firmeza que, aunque no agresiva, era lo suficientemente imponente como para hacer que cualquiera pensara dos veces antes de desobedecerla.

  Los miembros de la casa empezaron a recoger sus cosas y se dirigieron hacia la salida. Afuera, el carruaje esperaba en el camino empedrado. Una brisa fresca agitaba las hojas de los árboles cercanos, y el cielo mostraba un matiz grisáceo, presagio de una ma?ana fría.

  Cáliban subió al carruaje, sumido en sus pensamientos. Mientras los demás conversaban, él analizaba mentalmente cómo organizar su plan de estudios de modo que no interfiriera con su régimen de entrenamiento.

  De repente, un sonido cortó su concentración.

  Un graznido.

  Levantó la mirada de inmediato y giró la cabeza hacia la ventana. Sus ojos recorrieron el paisaje en busca del origen del ruido, pero no encontró ningún cuervo a la vista. El viento sopló con más intensidad, como si algo invisible se deslizara entre los árboles.

  Joseph, sentado a su lado, notó su reacción.

  —?Qué sucede? —susurró con tono de preocupación.

  Cáliban no apartó la vista del exterior cuando respondió en voz baja:

  —Creo que nos están vigilando…

  Joseph frunció el ce?o.

  —?Qué? ?Por qué dices eso?

  Cáliban se reclinó levemente en su asiento y exhaló con calma, como si tratara de encajar las piezas de un rompecabezas en su mente.

  —Más bien, la pregunta correcta es "a quién están vigilando" —murmuró —En este carruaje hay demasiados objetivos potenciales. Me sorprende que una academia que se jacta de ser la mejor del mundo tenga brechas en su seguridad como esta.

  Joseph tragó saliva y miró a los demás estudiantes. Algunos charlaban con normalidad, ajenos a la conversación que se estaba desarrollando entre ellos.

  —?Crees que uno de los profesores pueda ser el mago oscuro? —preguntó, con un hilo de tensión en la voz.

  Cáliban no respondió de inmediato. Sus ojos permanecieron fijos en la ventana, su expresión era inescrutable. Finalmente, cerró los ojos un instante antes de decir, en un tono casi imperceptible:

  —Lo descubriré.

  El carruaje avanzó por el camino de piedra, llevándolos hacia la academia, pero el aire se sentía distinto ahora. La certeza de que algo, o alguien, los estaba observando, acechaba en el ambiente como una sombra invisible.

  Después de algunos minutos de viaje, el carruaje cruzó un arco de piedra adornado con símbolos antiguos y entró al Distrito Delion. El aire se volvió más denso, cargado de una energía que erizaba la piel. Al girar en la última curva del camino, una imponente estructura emergió ante ellos, haciendo que incluso los más distraídos contuvieran la respiración.

  Se trataba de una enorme torre que se alzaba majestuosa hacia los cielos, como si buscara tocar las nubes con su cúspide. Su superficie de metal oscuro brillaba débilmente bajo la luz del día, y cientos de ventanas iluminadas con un resplandor azul pálido titilaban como estrellas atrapadas en su fachada. En la cima de la torre, un enorme núcleo luminiscente giraba lentamente sobre su propio eje, irradiando pulsos de luz dorada que atravesaban el aire como relámpagos silenciosos.

  Estos rayos de energía eran absorbidos por una serie de antenas delgadas diseminadas por los tejados y muros circundantes, creando un espectáculo hipnótico de luces en movimiento. El sonido de la estática flotaba en el ambiente, como un eco lejano de poder contenido.

  Al acercarse más, Cáliban observó la gran puerta de entrada, tallada en un metal oscuro con intrincados grabados que representaban criaturas místicas y antiguas batallas. Las puertas se abrieron en par con un suave zumbido, como si fueran impulsadas por una fuerza invisible.

  Para su sorpresa, a pesar de la magnificencia del edificio, no parecía lo suficientemente espacioso para ser una academia. Había imaginado extensos campos de entrenamiento o salones interminables llenos de estudiantes, pero lo que tenía frente a él era más parecido a una fortaleza o un laboratorio arcano.

  —?Este es el distrito Delion? No es tan grande como imaginé… —murmuró Catherine con una voz apática, cruzándose de brazos mientras observaba la imponente torre con una mezcla de escepticismo y decepción.

  Cáliban avanzó, sus ojos recorrieron con detenimiento la estructura. Sobre el arco principal, talladas en la piedra oscura, unas palabras antiguas brillaban tenuemente con un resplandor dorado:

  "Quaerens Scientiam"

  Reinhard se acercó, frunciendo el ce?o con curiosidad. A diferencia de Cáliban, él no podía leer la inscripción, ya que estaba en un idioma desconocido para él.

  —?Sabes lo que dice?

  Cáliban asintió levemente.

  —Sí… algo así como "En busca del conocimiento"…

  Antes de que pudiera seguir observando, el profesor Yannes apareció detrás de ellos y, con un entusiasmo contagioso, puso ambas manos sobre sus hombros.

  —?En efecto! —exclamó con una sonrisa —Esta es la entrada a la academia. Vamos, entren.

  Las enormes puertas se abrieron con un profundo eco metálico, revelando un interior sorprendentemente amplio. Más allá del umbral, una gran sala de piedra se extendía ante ellos. En el centro, un inmenso círculo rúnico cubría el suelo, sus inscripciones antiguas relucían tenuemente bajo la luz mágica de los candelabros flotantes.

  Varios estudiantes ya se encontraban allí, reunidos en peque?os grupos y conversando entre susurros. Había una mezcla de emoción y expectativa en el aire.

  Joseph, intrigado, se agachó para examinar las runas esparcidas a lo largo del círculo. Su dedo recorrió uno de los símbolos, sintiendo la leve vibración mágica en su yema.

  Cáliban notó su concentración y se acercó.

  —?Qué pasa, Joseph?

  —Esto me recuerda a la formación que me ense?aste antes… —murmuró, sin apartar la vista de las inscripciones —?Es una de ellas?

  Cáliban observó más de cerca, pero negó con la cabeza.

  —No… es diferente. Más bien, diría que es un artefacto con runas en lugar de una formación convencional.

  Joseph se incorporó, aún con una expresión pensativa.

  —?Eso es posible?

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  Cáliban sonrió apenas.

  —Lo estás viendo con tus propios ojos.

  Antes de que pudieran continuar con su análisis, la profesora Rain avanzó hacia un pedestal en el centro del círculo. Su estructura era de piedra negra con detalles en plata, y sobre su superficie descansaban tres botones incrustados en una placa de cristal.

  El primero y el tercero estaban encendidos con un brillo tenue. Sin vacilar, la profesora presionó el tercer botón, aquel que tenía el grabado de una isla.

  Un sonido sordo resonó por toda la sala.

  De repente, el suelo bajo sus pies tembló. Un ligero zumbido recorrió el aire, y antes de que pudieran reaccionar, el gran círculo rúnico se desprendió del suelo y comenzó a elevarse.

  —?Wuaaa! ??Qué es esto?! —exclamó Dimerian, con los ojos muy abiertos.

  —??Un elevador?! —gritó Argos, aferrándose al hombro de su compa?ero.

  Juliana, en cambio, soltó una carcajada mientras extendía los brazos como si disfrutara de una atracción de feria.

  —?Jajaja! ?Esto es divertido!

  —Siento que todo mi cuerpo está vibrando… —murmuró Astrid, con una expresión de incomodidad.

  —?Es hermoso! ?Puedo ver los paisajes desde aquí! —exclamó Elizabeth, maravillada por la vista panorámica.

  El círculo flotante seguía ascendiendo suavemente, alejándolos del suelo. A través de las amplias ventanas, la vista del distrito Delion se extendía bajo ellos, con las calles y edificios haciéndose cada vez más peque?os. Una brisa fresca se colaba por las rendijas, acariciando los rostros de los estudiantes.

  Cáliban observaba la escena con calma, dejando que el viento le rozara la piel. Pero a su lado, Joseph no compartía su tranquilidad.

  Apretaba los dientes, sentado en el suelo con las rodillas abrazadas, temblando visiblemente.

  Cáliban lo miró con curiosidad.

  —No sabía que le tenías miedo a las alturas…

  Joseph levantó la vista, pálido.

  —?No es normal tener miedo? —dijo con la voz tensa —Siento que me voy a marear si miro hacia abajo…

  Antes de que Cáliban pudiera responder, el profesor Yannes se acercó a ellos. Al ver el estado de Joseph, se llevó un pu?o a la boca en un intento fallido de ocultar su risa.

  —Parece que no lo estás pasando bien, joven Sephir… —comentó con tono divertido, carraspeando después para recuperar la compostura —Pero no te preocupes, tarde o temprano te acostumbrarás.

  El elevador mágico seguía ascendiendo, llevándolos a una altura desconocida, mientras el nerviosismo y la emoción se mezclaban entre los estudiantes.

  Joseph, aún sentado en el suelo y con el rostro pálido, levantó la mirada con una mezcla de pánico y duda.

  —?No es peligroso tener un elevador así? Si alguien se cae…

  El profesor Yannes, con su característica calma, sacudió la cabeza con una sonrisa tranquilizadora.

  —Entiendo tu preocupación, pero eso no es posible. —explicó, cruzándose de brazos —Este elevador está protegido por una barrera mágica. Gracias a ella, no han salido volando por los aires con la aceleración, y también mantiene estables el oxígeno y la gravedad.

  Joseph tragó saliva, pero Yannes continuó:.

  —Incluso en el extra?o caso de que alguien intentara saltar… —miró a Dimerian de reojo, quien se veía demasiado emocionado con la experiencia —la barrera lo rechazaría antes de que pudiera cruzar el umbral.

  Justo cuando el elevador llegó a su destino, la estructura se detuvo con un leve zumbido y ascendió suavemente hasta anclarse en el suelo.

  Las puertas se abrieron, revelando una sala idéntica a la que habían dejado abajo. Sin embargo, en cuanto pusieron un pie fuera, varios estudiantes corrieron en direcciones distintas en busca de contenedores de basura.

  Similia, Cecilia y Catherine fueron las primeras en inclinarse sobre ellos, vomitando sin piedad. Joseph y Reinhard, aunque no llegaron a ese extremo, aún temblaban por el viaje.

  Nhun se acercó a Cecilia, dándole suaves palmadas en la espalda.

  —Ya… ya… ya pasó…

  —Estoy… urgh… bien… —balbuceó Cecilia, antes de volver a inclinarse sobre el contenedor.

  Nhun trató de mantenerse seria, pero la escena tenía otro detalle que no podía pasar desapercibido. Similia, siempre altiva y elegante, estaba completamente derrotada ante el mareo.

  La sonrisa de Nhun se ensanchó.

  —Bueno, bueno… al menos hay algo bueno en este viaje. —murmuró divertida.

  Similia, con el rostro pálido y los ojos vidriosos, trató de levantar la cabeza con dignidad.

  —?Qué me… urgh… ves…? Escoria… —gru?ó con esfuerzo.

  Nhun se cruzó de brazos, disfrutando el momento.

  —Di lo que quieras, princesa, pero verte así me ha hecho el día.

  —?Tú…! urp… ?Maldita seas!

  —Muy bien, muy bien. —interrumpió el profesor Yannes, conteniendo la risa —?Bienvenidos al distrito Delion!

  Los estudiantes, aún recuperándose del mareo, finalmente levantaron la vista… y quedaron sin aliento.

  Frente a ellos, la majestuosa ciudadela de Delion se desplegaba como un espectáculo imposible. Altísimas torres rodeaban la zona, cada una con cristales tan finos que reflejaban la luz como si ardieran con llamas celestiales. Las piedras de los edificios eran tan antiguas que aún conservaban inscripciones en una lengua olvidada, sus runas brillaban débilmente con un resplandor misterioso.

  Toda la academia flotaba sobre una vasta isla suspendida en el cielo, cubierta por un exuberante manto de pasto verde. Desde los bordes, se podían ver otras islas flotantes en la distancia, conectadas por puentes mágicos de luz.

  —Increíble… —murmuró Elizabeth, maravillada.

  —Esto no es solo una academia… —dijo Argos en voz baja —Es una reliquia viviente.

  El profesor Yannes asintió con aprobación.

  —Bueno, la profesora Rain y yo tenemos asuntos que atender. —anunció, volviéndose hacia ellos —Ustedes saben lo que deben hacer. No falten a sus clases.

  Dicho esto, los profesores se marcharon, dejando a los estudiantes explorar el imponente lugar por su cuenta.

  Joseph, aún fascinado por la arquitectura, se acercó a una de las paredes cubiertas de inscripciones. Pasó la yema de los dedos por los grabados, sintiendo la leve vibración mágica que emanaba de ellos.

  —Cáliban… ?Conoces este lenguaje?

  Cáliban se acercó y observó los símbolos con detenimiento.

  —No, no lo creo… —admitió después de un momento —No se parece a ninguna lengua que haya visto antes…

  Joseph suspiró y se puso de pie.

  —Bueno… supongo que tendremos que investigar después.

  Cáliban arqueó una ceja.

  —?Quieres investigar esto?

  Joseph se encogió de hombros con una sonrisa.

  —?Tú no? Esta ciudadela es una reliquia de tiempos antiguos. Algo podremos sacar de esto, ?No? Además… dudo que los magos oscuros no tengan interés en esto.

  Cáliban lo miró fijamente por un momento… y luego sonrió. Joseph estaba empezando a pensar por sí mismo, a evaluar situaciones y a ser consciente de su entorno.

  El chico alzó su hoja de horarios.

  —Bueno… nuestra primera clase es a las 8:00 a. m. —leyó en voz alta —"Manipulación de ánima Básica", impartida por la profesora Neera Meeris en la sala 4-B.

  Cáliban asintió y comenzó a caminar.

  —Vámonos.

  Con un último vistazo a las torres y runas antiguas, los dos se dirigieron a su primera clase en la legendaria academia de Delion.

  Al cruzar la puerta principal, lo primero que encontraron fue un inmenso vestíbulo iluminado por lámparas flotantes que proyectaban un resplandor cálido sobre las pulidas baldosas de mármol. A ambos lados de la entrada, imponentes estatuas representaban a las bestias de cada casa, sus ojos tallados en cristal reflejaban destellos mágicos, como si observaran con atención a cada nuevo visitante.

  Unos pasos más adelante, un enorme mapa del distrito Delion flotaba en el aire, girando lentamente sobre su eje. Al observarlo con más detenimiento, Joseph se dio cuenta de algo sorprendente… la academia era mucho más grande de lo que aparentaba desde fuera.

  —Aquí está… —murmuró, se?alando un punto en el mapa —Salón 4-B.

  La marca brilló por un momento antes de expandirse, mostrando una ruta detallada.

  —Está en la primera de las seis torres… y al parecer… —hizo una pausa, frunciendo el ce?o —Está en la cima.

  Cáliban suspiró.

  —Por lo menos no tendremos que subir escaleras.

  Joseph asintió, viendo que cada torre estaba equipada con peque?os elevadores similares al gran círculo de transporte que los había traído hasta allí.

  Subieron sin inconvenientes y, en pocos minutos, llegaron a la parte más alta. Al salir del elevador, se encontraron en un pasillo estrecho y sin ventanas. La única característica notable era una gran puerta de madera con grabados dorados que parecían entrelazarse y brillar con un leve resplandor.

  Sin más que hacer, la abrieron.

  En cuanto cruzaron el umbral, la magia cobró vida.

  El peque?o espacio se expandió de forma imposible, revelando un salón de clases inmenso, mucho más grande de lo que la torre debería permitir. Las filas de asientos se extendían en gradas ascendentes, y las enormes ventanas dejaban ver un bosque verde y exuberante, lleno de vida y tranquilidad. La frescura del aire y el tenue sonido del viento hacían que el lugar se sintiera casi acogedor.

  Cáliban y Joseph tomaron asiento en la parte superior del salón, donde la vista panorámica les permitía observar a todos los que iban llegando.

  Los primeros en aparecer fueron el trío rebelde: Argos, Catherine y Similia. Sin perder tiempo, se sentaron dos filas más abajo. Luego llegaron Astrid y Juliana, quienes ocuparon asientos en la segunda columna, una fila más adelante.

  Después, la puerta se abrió nuevamente, y Cecilia entró.

  Su caminar era lento, vacilante.

  Su nervios se reflejaban en la manera en que apretaba los pu?os y evitaba mirar directamente a los demás. Sin embargo, por un instante, sus ojos se encontraron con los de Cáliban, quien conversaba con Joseph, ajeno a su presencia.

  Un sabor amargo le invadió el pecho.

  Recordó lo que había sucedido la noche anterior y sintió una punzada de dolor. Quería estar con ellos. Siempre había querido formar parte de su mundo, pero ahora sabía que su vínculo nunca había sido real.

  Tragó saliva y, respetando la distancia impuesta entre ellos, se dirigió a los asientos donde estaban Juliana y Astrid.

  —?Puedo sentarme aquí? —preguntó tenue.

  Astrid, con su habitual tranquilidad, asintió.

  —Claro.

  Juliana, en cambio, frunció el ce?o con curiosidad.

  —?Te sientes bien?

  Cecilia esbozó una sonrisa forzada.

  —S… sí, estoy bien…

  Juliana la miró con suspicacia, pero no insistió.

  —Bueno… si tú lo dices.

  El último en llegar fue Dimerian, quien, como era habitual, se sentó solo en la misma fila que Cáliban y Joseph, pero en la otra columna. No solía socializar demasiado, ni con los de su casa ni con los demás estudiantes.

  Poco a poco, más alumnos llenaron la sala hasta que el murmullo del ambiente se hizo constante. Cáliban echó un vistazo al reloj.

  Faltaban solo unos segundos para que la clase comenzara.

  De repente, un fuerte remolino de agua azotó la sala.

  El aire giró con fuerza, formando espirales de luz que convergieron en un solo punto frente al pizarrón. La energía vibró en el ambiente, electrizando el aire, hasta que la figura de una mujer emergió en medio de la ráfaga mágica.

  Su llegada fue tan impactante que todos guardaron silencio.

  —?Buenos días, alumnos! —su voz resonó con firmeza y entusiasmo —Bienvenidos a Manipulación de ánima Básica.

  La mujer avanzó con elegancia, recorriendo la sala con una mirada penetrante.

  —Me presento una vez más. —continuó —Soy Neera Meeris, y a partir de hoy, me encargaré de impartirles los conocimientos sobre la energía espiritual.

  Alzó una mano con suavidad, y en el aire comenzó a formarse una burbuja de agua, flotando delicadamente sobre su palma.

  Todos la observaron con fascinación.

  La clase estaba a punto de comenzar.

  —Cada tipo de energía representa una parte fundamental de los seres vivos.

  La voz de la profesora Neera resonó con claridad en el amplio salón, capturando la atención de todos. Su mirada recorrió la sala hasta detenerse en una estudiante en particular… una joven orco que observaba con concentración la magia que la profesora estaba desplegando.

  —Dime, querida. —dijo con una sonrisa —?Qué parte de nuestro ser representa el ánima?

  La joven orco parpadeó, dudando por un instante. Su mente trabajaba rápidamente, acomodando sus pensamientos antes de responder.

  —Según me dijo mi madre… representa el alma.

  La profesora asintió con aprobación.

  —?Correcto! El ánima representa el alma, la conexión con el mundo espiritual donde residen fuerzas más allá de nuestra imaginación. Es a través de esta energía que podemos invocar dichas fuerzas a este plano y canalizarlas en poder.

  Mientras hablaba, levantó su mano derecha.

  —Por ejemplo, observen esta burbuja de agua.

  Frente a ella, una esfera cristalina flotaba con suavidad, reflejando la luz del salón en su superficie líquida.

  —Como pueden ver, esta agua sigue las leyes naturales de la naturaleza.

  Con su otra mano, conjuró una peque?a llama danzante que contrastaba con la frescura de la burbuja. Luego, acercó lentamente ambas hasta que se tocaron.

  En cuanto el fuego y el agua hicieron contacto, una nube de vapor se esparció por la habitación. Algunos estudiantes se inclinaron hacia adelante, observando con fascinación cómo el calor disipaba el líquido en el aire.

  —Como pudieron ver… —continuó la profesora con calma —en esta ocasión, también obedecieron las leyes de la naturaleza. Pero… ?Qué pasaría si los invoco utilizando el ánima? ?Si, en lugar de depender únicamente de las reglas del mundo físico, impregnó estos elementos con mi energía espiritual?

  Sin esperar respuesta, Neera conjuró una nueva llama y otra burbuja de agua, pero esta vez, su aura pareció envolverlos. Un brillo tenue surgió de sus manos cuando juntó ambos elementos, mezcladose con suma facilidad, como si ambos fueran parte de un mismo elemento.

  Los estudiantes esperaban ver vapor una vez más… pero no ocurrió.

  La burbuja permaneció intacta, brillando con un resplandor interno, y la llama continuó ardiendo dentro de ella sin apagarse ni generar calor en el aire circundante.

  El murmullo de sorpresa llenó la sala.

  —El ánima tiene el poder de imbuir los elementos con nuestra energía, otorgándoles propiedades más allá de sus límites naturales. —explicó la profesora con serenidad —Esta es la verdadera naturaleza de nuestro poder… moldear las leyes naturales a nuestra voluntad.

  Cerró su mano y la esfera se disipó suavemente en una corriente de energía brillante.

  —Gracias a esta capacidad, podemos usar un arte especial, convocar fenómenos naturales como crear monta?as, lagos y bosques… e incluso…

  La profesora bajo su mano, convocando un torrente de agua que llenó la sala de la clase. Como si se tratara de un peque?o lago, el agua comenzó a llenarse hasta el primer escalón. Desde el fondo del agua, sonidos burbujeantes y el relincho de un corcel resonaron en la sala.

  Del peque?o lago surgió la figura de un corcel azul con patas blancas envueltas en una fina capa de pelo. Su melena líquida ondulaba con orgullo frente a los estudiantes, destellando con su mirada noble.

  El murmullo de asombro de los estudiantes recorrió la sala.

  —Este es mi espíritu familiar. —anunció la profesora con una sonrisa, acariciando la melena de su espíritu —Es un Kelpie, un espíritu acuático que habita en mi hogar…

  Los estudiantes la miraban, completamente absortos en la demostración. Había algo casi hipnótico en la manera en que la profesora manipulaba los elementos, en cómo transformaba lo que todos conocían en algo nuevo y extraordinario.

  El tiempo pareció desvanecerse en medio de la lección, pero eventualmente, las campanadas del reloj del aula rompieron el encanto, anunciando el final de la clase.

  Neera suspiró y bajó las manos.

  —Bueno… es una lástima, pero eso es todo por hoy. Espero que les haya quedado claro.

  Guardó un momento de silencio, recorriendo la sala con la mirada.

  —Nos veremos en la próxima clase.

  Con esas palabras, la clase llegó a su fin, pero la sensación de asombro en los alumnos perduraría mucho después de haber dejado el aula.

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