A la ma?ana siguiente, Joseph se preparaba con prisa para asistir al tour programado. Solo faltaban dos días para el inicio de la academia, y el tiempo para reparar la mayoría de las averías de la mansión se agotaba. Conocer Hilloy era crucial para conseguir los materiales necesarios, aunque en lo profundo de su ser, deseaba poder explorar cada rincón de la majestuosa estructura que podía competir con cualquier reino, así que debía darse prisa. Sin perder más tiempo, se dirigió al cuarto de Cáliban.
Sin embargo, lo que lo inquietaba no era solo la reparación de la mansión, sino la incertidumbre sobre el enemigo al que tendrían que enfrentarse. Su mente estaba llena de preguntas y necesitaba respuestas, necesitaba volverse más fuerte.
Al llegar frente a la puerta, una voz firme lo sacó de sus pensamientos:
—Entra…
Joseph giró la manija y abrió la puerta. Lo que vio dentro lo dejó sin aliento.
Cáliban estaba sentado en el suelo, en profunda meditación, envuelto en una misteriosa aura roja. Peque?as partículas flotaban a su alrededor, brillando con la luz de la ventana y ti?endo la habitación con un resplandor carmesí, similar al de un atardecer ardiente. Joseph sintió un escalofrío de emoción y curiosidad.
—?Oh! ?Qué haces? ?Qué es esta energía roja? —preguntó, acercándose con cautela.
—Estoy absorbiendo energía. —respondió Cáliban, sin abrir los ojos.
—?Pero cómo? ?No necesitas una técnica de manipulación enérgica para hacer eso?
Cáliban frunció el ce?o y abrió un ojo, confundido.
—?Técnica de manipulación enérgica?
Joseph asintió y explicó:
—Es una habilidad entrenada por la gente para absorber energía en su cuerpo. Existen muchas variantes, pero el objetivo siempre es el mismo, encontrar la forma más pura y eficiente de hacerlo. La técnica varía dependiendo del tipo de energía que se absorbe, pero la base es común en todas.
Cáliban asimiló la información en silencio.
—Hmmm… Entonces, ?Eso era lo que estaba haciendo Argos ayer? Yo pensé que estaba… estre?ido.
La risa de Joseph rompió la solemnidad del momento.
—No… él estaba entrenando su aura.
Joseph recordó la escena del día anterior. Después de terminar con sus tareas, Argos había estado en la zona de entrenamiento, adoptando una postura extra?a… su cuerpo parecía suspendido en el aire, como si estuviera sentado en una silla invisible, con los brazos extendidos hacia adelante. Cáliban, al verlo, había pensado que se trataba de un método de entrenamiento peculiar, pero los demás lo observaban con normalidad, así que no le dio importancia en ese momento.
—Bueno… qué técnica tan rara. —comentó Cáliban, aún incrédulo.
—Todos tienen sus propias formas de absorber energía. Algunas son poco ortodoxas, pero si funcionan, funcionan.
Joseph rió levemente.
—Creo que algunas se alejan demasiado de esa definición… como sea, vamos afuera, ya casi es hora de irnos.
Cáliban asintió y se puso de pie, cerrando la puerta tras de sí. Mientras caminaban por el pasillo, Joseph lo miró con expectación y no pudo evitar preguntar con emoción:
—??Me ense?arás esa técnica?!
—Bueno… sí, pero antes debes vaciar tu núcleo. —dijo Cáliban con tranquilidad —Tienes que drenar toda la energía impura, porque con mi técnica absorberás energía pura con mayor facilidad.
Joseph abrió los ojos con incredulidad.
—??Eso es posible?!
Cáliban lo miró con cierta diversión.
—?Por qué no lo sería?
—Bueno… no importa. —respondió Joseph, aunque en su mente se acumulaban las dudas.
?Solo las técnicas de familias nobles o antiguas permiten absorber energía pura. Son reliquias de valor incalculable, protegidas celosamente por sus linajes. Incluso un pergamino incompleto con una técnica de este tipo valdría millones de Oloruns… pero para él es como si no fuera nada…? —pensó, mientras las ideas se acumularan en su mente, dejando a su imaginación el potencial
—Por cierto… ?Cómo vaciaste tu núcleo? —preguntó Joseph con curiosidad.
—Elizabeth me ayudó con eso. —respondió Cáliban con un leve encogimiento de hombros —Drenó algo de mi sangre junto con mi energía. Honestamente, fue un favor para mí.
—Oh… No sabía que los vampiros también absorben energía. Le pediré ayuda a ella también.
Mientras tanto, en la entrada principal de la mansión, un carruaje de gran tama?o estaba estacionado. Todos los integrantes de la Casa de los Especiales se encontraban reunidos. Algunos mostraban entusiasmo por el tour, especialmente Nhun, quien desde que ingresó a la academia había querido conocerla en su totalidad. Sin embargo, otros no compartían el mismo entusiasmo. Dimerian, por ejemplo, tenía una expresión de fastidio tan evidente que cualquiera podría notar su incomodidad.
En la salida, de pronto, un humo negro se materializó frente a ellos, disipándose para revelar la figura del profesor Yannes.
—?Buenos días! —saludó con su tono enérgico —Hoy realizaremos el tan esperado tour por la academia. Cómo somos los últimos en realizarlo, tendremos todos los distritos para nosotros solos. Sin embargo, no seré yo quien los guíe, sino la profesora Rain. Que tengan un bonito día.
Y, con la misma rapidez con la que apareció, el profesor se desvaneció en la bruma oscura una vez más.
La profesora Rain, quien ya esperaba a un costado, dio un paso al frente e indicó a los estudiantes que subieran al carruaje. Cáliban, curioso, observó a la profesora pasar la palma de su mano sobre una placa de metal que se encontraba al frente. Encima de la placa aparecieron números que disminuyeron en la mano de la profesora. Una vez que todos tomaron asiento, se colocó al frente y, con una cálida sonrisa, comenzó su introducción:
—Me alegra mucho ver que estén bien. —dijo con una cálida sonrisa que calmó los nervios de sus estudiantes. —Hoy haremos una excursión por la academia. Mientras avanzamos hacia el siguiente distrito, les contaré un poco sobre su estructura y organización.
Según la profesora Rain, la academia Grand Delion se dividía en cinco distritos, cada uno con una función clave dentro del sistema académico. El distrito comercial de Hilloy, un lugar donde los comercios brindan servicios a los estudiantes. Se encontraban todo lo que necesiten, desde suministros hasta artefactos mágicos. Cualquier joven aventurero que necesitará artículos o un lugar donde despejar la mente, sabía que tenían que ir a este lugar sin importar cuanto.
El distrito residencial Kamus, hogar de muchos de los profesores y personal administrativo de la academia. Incluyendo las casas donde habitaban los estudiantes.
El distrito académico Delion, donde se imparten las clases de magia, artes espirituales y combate. También se encuentran las bibliotecas más importantes, repositorios de información de todo el continente.
El distrito de investigación Wallace, donde se desarrollan experimentos y estudios avanzados sobre magia y energía. Cada día, alquimistas, científicos, investigadores y magos de gran sabiduría son citados para realizar avances en sus instalaciones blancas.
Y finalmente, el distrito estudiantil Zenobia, donde residen los alumnos que ya no necesitan el cobijo de su casa y llevan a cabo múltiples actividades extracurriculares. Clubes, gremios, negocios estudiantiles.
Las calles de la academia mágica se extendían como un laberinto vivo dentro de una ciudad resplandeciente, fusionando arquitectura ancestral con maravillas arcanas. Los caminos adoquinados, impregnados de energía mágica, resplandecían con suaves destellos al paso de los estudiantes. Los faroles flotaban en el aire, iluminando con una luz etérea que cambiaba de color según la hora del día, mientras peque?os golems de piedra patrullaban las esquinas, asegurándose de que las normas fueran respetadas.
Mientras el carruaje avanzaba, los estudiantes podían observar las enormes mansiones que se extendían a lo largo del camino, similares en tama?o y dise?o a la suya. En los patios, grupos de alumnos practicaban sus habilidades, mientras otros caminaban con libros o instructivos en mano, tratando de reparar las averías de sus casas. Más adelante, se veían estudiantes de grados superiores llegando con su equipaje, listos para iniciar un nuevo ciclo en la academia.
Pero al avanzar pocas cuadras, comenzaron a surgir estructuras diferentes a las anteriores. Las casas estaban protegidas por sellos mágicos, variando en función del poder y la creatividad de sus ocupantes. Algunas tenían muros de energía translúcida, otras estaban rodeadas de barreras invisibles que solo permitían el paso a sus due?os, y unas pocas incluso contaban con guardianes encantados, como estatuas vivientes o espíritus vinculados a la estructura.
En el centro del distrito, una enorme plaza comunal servía como punto de encuentro. Allí, estudiantes de distintas casas y niveles se reunían para conversar, practicar hechizos o simplemente relajarse en bancos que flotaban a diferentes alturas. Una gran fuente mágica ocupaba el centro de la plaza, su agua brillaba con un tono azulado mientras proyectaba imágenes de noticias, eventos y logros de la academia.
La emoción en el aire era palpable.
—Nosotros nos encontramos en el distrito Kamus, es una zona residencial. —explicó la profesora Rain mientras el carruaje avanzaba —Como ya les dije, básicamente, aquí se encuentran los alojamientos de todos los estudiantes y los profesores que se encargaran de encaminarnos en sus estudios. Las casas están divididas por peque?os muros que delimitan sus espacios. Están encantados con magia restrictiva, por lo que nadie de otra casa podrá acceder a estas sin permiso…
Similia levantó la mano con curiosidad por estas casas.
—?Todos los estudiantes están en la misma situación que nosotros…?
La profesora sonrió con cierta picardía antes de responder:
—Sí… todos reciben casas con diferentes averías que deben reparar poco a poco. Normalmente, los estudiantes de mayor rango obligan a los de nuevo ingreso a servirles por un tiempo, encargándose de la limpieza y mantenimiento de sus casas. Sin embargo, ustedes han tenido suerte… sus mayores están en misiones, y es posible que tarden a?os en regresar… o que nunca lo hagan.
El ambiente se tornó sombrío tras esas palabras.
La academia dejaba en claro una cosa… su objetivo era formar a los estudiantes para que se volvieran los más poderosos, lo cual beneficiaba a las familias nobles y a las grandes organizaciones. Sin embargo, las misiones podían llegar a ser peligrosas, y mientras más alto era el rango de un estudiante, mayor era la posibilidad de no volver.
Sin más comentarios sobre el tema, el carruaje continuó su camino hacia el siguiente distrito.
—Muy bien, hemos llegado al distrito Zenobia, el corazón estudiantil de la academia. —anunció la profesora Rain, retomando su tono animado —Aquí los alumnos tienen total libertad para participar en actividades extracurriculares y unirse a clubes que les ayuden a fortalecer sus habilidades… o al menos a encontrar un hobby que sume puntos a su casa.
Algunos estudiantes miraron por las ventanas con interés.
—Las actividades en este distrito también otorgan puntos a sus respectivas casas. Por ejemplo, cada a?o organizamos una feria de ciencias donde los clubes presentan proyectos y compiten entre sí. El a?o pasado, el club ganador fue el de Cuidado de Seres Mágicos. ?Recuerdo que hicieron una pasarela con las criaturas más adorables! Incluso ofrecieron paseos en pegasos… —la profesora suspiro de lástima —Desearía haber estado ahí…
Juliana se inclinó hacia adelante con el rostro iluminado, levantó su mano mientras su gran melena casta?a se agitaba con el aire. Estaba claramente interesada.
—??Hay algún club de pelea?! —preguntó con entusiasmo.
—En efecto. —respondió la profesora con una sonrisa —Existen clubes que se dedican a explotar diferentes tipos de combate… armado, cuerpo a cuerpo, arquería, artes marciales. No se preocupen, en cuanto comiencen las clases, estoy segura de que muchos estudiantes de mayor a?o vendrán a invitarlos a unirse a sus clubes.
En ese momento, Dimerian levantó la mano con timidez.
—?Hay… algún club de herrería? —preguntó, apenas en un murmullo que la profesora logró alcanzar.
La profesora Rain llevó un dedo a su barbilla, pensativa.
—Hmm… Ahora que lo pienso, sí. Algunos clubes tienen conexiones con los servicios del distrito comercial de Hilloy, por lo que no es raro que terminen reclutando a los mejores para trabajos importantes. En este caso, el Emporio Martillo Negro siempre busca contratar a los herreros más talentosos de los clubes de herreria.
Su rostro se iluminó al instante, como si fuera un ni?o peque?o visitando una tienda de dulces por primera vez. Pero no era el único emocionado. Elizabeth también mostraba interés, sobre todo después de escuchar sobre el club de Cuidado de Seres Mágicos.
Catherine, que hasta ahora había permanecido en silencio, finalmente preguntó:
The tale has been taken without authorization; if you see it on Amazon, report the incident.
—?Entonces podremos entrar a ver los clubes?
—Me temo que no. —respondió la profesora Rain con un tono apacible —Este tour solo es para verlos desde lejos. Aún no está permitido, ya que los jefes de los clubes son quienes tienen las llaves de sus establecimientos. Así que, aunque entráramos, dudo mucho que encontráramos algún club abierto. De momento, el único distrito al que podemos acceder es Hilloy. Ma?ana podrán ver el distrito Delion con sus propios ojos y en cuanto al distrito Wallace, el profesor Cunim lleva de expedición a los investigadores y alumnos del distrito cada a?o… por lo tanto, llegarán hasta ma?ana…
Por la ventana del carruaje, los estudiantes podían ver edificios con dise?os únicos del distrito Zenobia. Los edificios, lejos de seguir una estructura uniforme, reflejaban la esencia de cada club. Algunos tenían torres retorcidas con observatorios astrales en sus cimas, otros estaban cubiertos de enredaderas vivas que florecían con cada hechizo exitoso. En ciertas esquinas, domos de cristal encerraban climas artificiales, permitiendo entrenamientos en condiciones extremas. Incluso, justo en el momento que estaban pasando, según explicó la profesora, justo a su lado se encontraba el club de alquimia… un edificio cuadrado de cuatro pisos, cada uno pintado de un color diferente. Desde el primer nivel emanaban gases de colores vibrantes, y en la cima, una peque?a nube de tormenta giraba de forma inquietante, rodeando exclusivamente el edificio. No había dudas de que allí se llevaban a cabo experimentos peculiares.
El carruaje continuó su marcha hasta su siguiente destino. El distrito comercial de Hilloy, el único accesible en ese momento.
El distrito comercial era un hervidero de actividad, un crisol de colores, aromas y sonidos que convertían sus calles en un espectáculo de maravillas arcanas. A medida que se avanzaba por el distrito, los olores de pociones burbujeantes, incienso de hierbas raras y pergaminos recién escritos se mezclaban con el aroma de pan recién horneado y dulces encantados que cambiaban de sabor con cada bocado. Los comerciantes, algunos humanos y otros de razas mágicas exóticas, anunciaban sus productos con entusiasmo, mientras sus carteles mágicos cambiaban de idioma según el cliente que los mirara.
—?Muy bien! —exclamó la profesora Rain, aplaudiendo con entusiasmo —Ahora debemos bajar para recorrer el distrito Hilloy. Visitaremos algunos locales que les serán de utilidad en el futuro. Primero, iremos al Emporio Martillo Negro.
Al descender del carruaje, los estudiantes se encontraron con un distrito vibrante y lleno de vida. Las tiendas, decoradas con esmero, adornaban la calle como si se tratara de un festival en plena celebración.
Reinhard observó la calle, que aún conservaba cierta esencia vibrante de un festival, aunque se podía ver que el evento había terminado. La energía mágica flotaba en el aire como un leve resplandor dorado, y los restos de hechizos festivos aún titilaban en los adoquines, creando patrones brillantes que desaparecían poco a poco.
Banderines encantados seguían ondeando en lo alto, cambiando de color con cada ráfaga de viento. Algunas luces flotantes parpadeaban en el cielo, como luciérnagas encantadas que se resistían a apagarse. Los escaparates de las tiendas aún exhibían anuncios de descuentos especiales por el festival, con pergaminos animados que enrollaban y desenrollaban mensajes de agradecimiento a los visitantes.
En los rincones, se veían los últimos vestigios de la celebración… mesas con restos de dulces mágicos que aún chisporroteaban con peque?as explosiones de color, confeti encantado que levitaba en el aire antes de desintegrarse en suaves destellos, y burbujas de esencia etérea que flotaban erráticamente, reflejando escenas del evento como recuerdos atrapados en el aire.
Los muros y postes aún estaban cubiertos de carteles flotantes que anunciaban los eventos más importantes del festival: "Torneo de Duelos", "Exhibición de Criaturas Mágicas", "Desafío de Alquimia". Algunos ya se desvanecían poco a poco, como si la magia que los sostenía supiera que su trabajo había terminado.
—Profesora, ?Por qué hay tantos adornos? ?Se celebra algo?
—?Oh, es cierto! —exclamó Rain, llevándose una mano a la barbilla —Acabamos de celebrar el Festival de los Héroes, un evento en el que los estudiantes compiten en diversas pruebas para ganar armas de alta calidad como premio.
Los ojos de Argos brillaron con emoción al escucharla.
—?Ah! ??Podremos participar?! —rugió con entusiasmo, mientras mostraba sus colmillos con una sonrisa.
Pero en lugar de responder, la profesora levantó un dedo y, con un simple movimiento, una mano de agua surgió de la nada y golpeó a Argos en la nuca.
—Por supuesto que no. —dijo con una sonrisa —Apenas están comenzando las clases. ?No busquen la muerte tan rápido!
Argos se sobó la cabeza, murmurando algo inaudible mientras seguía caminando con el grupo a rega?adientes.
Finalmente, llegaron al Emporio Martillo Negro. No era una tienda descomunal ni impresionante como sugirieron los rumores. Parecía una tienda peque?a que no acabara de ser abierta hace poco. Los jóvenes, llenos de dudas, entraron, curiosos sobre el lugar que ostentaba una gran fama.
Dentro, el aire olía a metal candente y magia pura. La tienda estaba iluminada por braseros flotantes, cuya luz danzaba sobre las vitrinas de cristal rúnico que resguardaban armas de todo tipo. Las paredes estaban cubiertas de espadas encantadas, lanzas con puntas de mithril, dagas cuyas hojas parecían absorber la luz, y escudos con runas protectoras que susurraban palabras de advertencia. Sobre el mostrador, un joven enano los observaba con una expresión tranquila, pero astuta.
Justo en ese momento, Cáliban sintió una urgencia que le resultaba desagradable, así que se giró hacia la profesora.
—Profesora Rain, ?Puedo ir al ba?o?
—?Claro! —respondió ella con naturalidad —Hay un ba?o público justo al lado. Ve, pero regresa rápido, todavía nos quedan varias tiendas por visitar.
Mientras se alejaba, una idea cruzó la mente de Cáliban.
?Extra?o no tener que preocuparme por estas necesidades mortales…?
Sin perder más tiempo, hizo una leve se?al con la mano, llamando discretamente a Reinhard, quien en ese momento examinaba una lanza de hierro dentro de una vitrina.
Reinhard se acercó con cautela.
—?Qué sucede, líder?
—?Podrías vigilar a estos idiotas por un momento? —susurró Cáliban a Reinhard con un suspiro —Siento que van a hacer algo estúpido mientras no estoy…
Reinhard lo miró con una ceja levantada.
—No son ni?os… no creo que pase nada, pero si sucede, me encargaré.
—Gracias…
Con eso, Cáliban salió de la tienda, dejando a Reinhard a cargo para cuidar de sus compa?eros. Mientras tanto, Cecilia y Nhun observaban con fascinación las armaduras expuestas en las vitrinas.
—?Cuánto crees que cueste? —preguntó Cecilia, inclinándose para ver los detalles de una en particular.
—No lo sé… pero se ve que es carísima. —respondió Nhun, cruzándose de brazos mientras calculaba si podía costear dicho artículo.
—Supongo que tendremos que ahorrar para comprar dos conjuntos, ?No crees?
Ambas suspiraron, imaginando el dolor de cuánto tiempo les tomaría reunir el dinero.
Al otro lado de la tienda, Juliana, Elizabeth y Astrid admiraban la colección de espadas.
—?Sabes usar una espada? —preguntó Elizabeth, deslizando un dedo por el filo de una de las hojas dentro de la vitrina.
Juliana sonrió con orgullo.
—En mi isla nos ense?an a usar todo tipo de armas desde peque?as. —respondió con seguridad —Pero prefiero usar mis pu?os. ?No hay nada mejor que oír la carne chocar con la sangre de tus enemigos!
Astrid la miró con una mezcla de asombro y horror bajo su máscara, pero Elizabeth sintió cierto desagrado por su comentario.
—Qué sangrienta…
—Lo dice el vampiro… —murmuró Juliana con una sonrisa burlona.
No muy lejos, Argos conversaba animadamente con Similia y Catherine mientras observaban una piel curtida de Ferrum.
—?Sabían que ayer cacé a tres de estos? —alardeó con tono triunfal.
Similia frunció el ce?o.
—?No habías dicho que solo fue uno?
—Mentiroso… —susurró Catherine con diversión, disfrutando de la cara de indignación de Argos.
Mientras tanto, Joseph y Reinhard discutían sobre armas frente a la vitrina de una lanza gigante.
—?Es normal que sean tan caras? —preguntó Joseph, impresionado por el precio.
—Por lo que me contó Cáliban, podemos comprar armas o hacerlas nosotros mismos aquí. —explicó Reinhard —Solo que nos cobrarán por hora el uso de la herrería.
—Oh, ?En serio? Tendré que aprender…
Y mientras todos exploraban la tienda a su manera, Dimerian estaba completamente inmerso en su propio mundo. Con los ojos brillantes de emoción, bombardeaba de preguntas al encargado del Emporio Martillo Negro, quien apenas podía seguirle el ritmo.
—?Qué tipos de armas fabrican? ?Cuánto cuestan los materiales? ?Aceptan aprendices? ?Qué debo hacer para empezar a aprender? ?Tienen relación con el club de herreros?
El encargado de turno, un enano con peque?as trenzas, parpadeó, aturdido por la ráfaga de preguntas. La emoción de Dimerian era imposible de contener. Parecía adoptar un comportamiento infantil, lleno de curiosidad por todo lo que lo rodeaba.
—Este… yo… —balbuceó el joven enano, intentando encontrar las palabras adecuadas.
Pero Dimerian no le dio oportunidad de responder.
—?Cuánto cuesta hacer un arma? ?Tienen herramientas de titanio o usan un mineral aún más raro? ?Han llegado materiales de nivel legendario, como escamas de dragón o el corazón de una cocatriz?
El enano tragó saliva.
—Mira… la verdad…
—?Hay algún maestro herrero actualmente? ?Puedo conocerlo? ?Qué nivel necesito para empezar a aprender? ?Tienen algún curso para principiantes?
El bombardeo de preguntas continuaba sin tregua. Desde la distancia, la profesora Rain observaba la escena con interés. Por un instante, consideró intervenir, pero la curiosidad la detuvo. Quería ver cómo Cáliban manejaría el desastre cuando regresara.
El joven enano, sintiéndose superado por la situación, tomó una decisión desesperada:
—Será mejor que llame al jefe…
Corrió hacia una mesa al fondo de la trastienda, donde un enano de complexión robusta y barba entrelazada en gruesas trenzas bebía tranquilamente una jarra de cerveza.
—?Qué sucede, Lein? —preguntó Bardrim sin levantar la vista de su bebida.
—Amm… tenemos un problema en la tienda y no sé cómo solucionarlo…
Bardrim bufó, aún sin inmutarse.
—?Clientes molestos? ?O es el profesor Aasmir borracho otra vez?
Lein tragó saliva.
—Será mejor que venga a verlo usted mismo, maestro.
Bardrim gru?ó, dejó su jarra sobre la mesa con un golpe seco y se puso de pie. Caminó hacia la entrada de la tienda, preguntándose qué clase de problema tan grave había surgido.
Pero en cuanto cruzó la puerta, entendió todo. El lugar era un completo caos. Dimerian continuaba acribillando al joven enano con preguntas incesantes, sin darse cuenta de que este ya no sabía cómo responderle.
A un lado, un Felinyan ignoraba por completo un letrero que decía claramente "NO TOCAR LA MERCANCíA", mientras pasaba sus garras por encima de varias piezas expuestas. No solo eso, un joven Lacertilian comenzó un forcejeo con él, llamando la atención de todos los presentes.
—?Deja eso! Si Cáliban te ve, se va a enfadar. —reclamó Reinhard con el ce?o fruncido.
Argos bufó, apartando la mano con desdén.
—??Crees que le tengo miedo?!
—Argos… estás haciendo una escena… otra vez. —comentó Catherine, aunque sin interés aparente.
Como si eso no fuera suficiente, al fondo de la tienda se desarrollaba una disputa aún más tensa. Nhun y Similia estaban cara a cara, intercambiando miradas cargadas de veneno.
—Tendrás que esforzarte mucho para conseguir dinero, sucia oscura. —escupió Similia con frialdad —Tal vez podrías empezar matando gente, como hace tu pueblo.
Los ojos de Nhun se encendieron con furia.
—?Qué dijiste? —su voz era un susurro peligroso. Luego, sonrió con sarcasmo —?Y tú qué harás? ?Llamarás a tu mami para que te compre lo que necesitas, prin…ce…sa?
La tensión entre ambas se podía cortar con un cuchillo. Mientras tanto, un poco alejadas del conflicto, Juliana y Elizabeth observaban en silencio. Justo detrás de ellas, Astrid observaba a Elizabeth con una furia distante y latente, quien miraba la escena con una expresión completamente rígida e imponente.
—?Es normal que haga eso? creo que te odia… —le susurró Juliana.
Elizabeth apartó la vista de Astrid.
—No lo sé… no recuerdo haberla ofendido...
El caos crecía con cada segundo que pasaba. Y Bardrim, con los pu?os cerrados y el ce?o fruncido, se preguntó en qué maldito momento decidió abrir su tienda ese día.
—?No deberías decirle algo? tal vez si la enfrentas y le ganas te deje en paz. —susurró Juliana, aún observando a Astrid con preocupación.
—No… no creo que eso ayude. —respondió Elizabeth, sin apartar la vista del caos que se desarrollaba en la tienda.
Bardrim, por su parte, se cruzó de brazos y frunció el ce?o. Todo esto era absurdo. ?Cómo demonios habían dejado que la situación se saliera tanto de control?
Lo que más le molestaba no era solo el desorden en su tienda, sino la actitud de la profesora Rain. Se giró hacia ella, esperando que interviniera, pero cuando sus miradas se cruzaron, ella simplemente desvió la vista con indiferencia.
??Qué demonios le pasa? No es normal que actúe así…?
El enojo comenzó a burbujear dentro de Bardrim. Con un suspiro pesado, extendió una mano y canalizó su energía, generando una peque?a llama danzante. No era peligrosa, pero serviría para asustar a esos ni?os y hacerlos entrar en razón.
Pero antes de que pudiera hacer algo, la puerta de la tienda se abrió de golpe.
Era Cáliban.
Su silueta se recortó contra la luz del exterior, y su voz sonó como el filo de una espada desenvainada.
—Te dije que los vigilaras, Reinhard…
Reinhard apretó los dientes y bajó la cabeza.
—Lo intenté… pero…
No tuvo oportunidad de justificarse. Una ola de intención asesina estalló en la tienda.
El aire se volvió denso, como si la presión aumentara de repente. Un escalofrío recorrió las espinas de todos los presentes, y el sonido del bullicio se apagó en un segundo.
Los estudiantes temblaron de forma inconsciente. Similia y Nhun sintieron cómo un instinto primitivo de supervivencia se activaba dentro de ellas. Argos tragó saliva. Astrid, que hasta ahora había estado perdida en sus pensamientos asesinos, parpadeó para despejar su mente.
La única excepción era Joseph, quien permaneció impasible. él ya había sentido un terror mucho más profundo antes… y, comparado con eso, la presencia de Cáliban era soportable.
Con una voz gélida, Cáliban habló:
—Argos, pon de vuelta la piel en su vitrina o la pagarás de tu bolsillo.
Argos no se atrevió a discutir. De inmediato, dejó la piel donde estaba.
—Similia, Nhun… —continuó, sin levantar la voz, pero con una firmeza que les heló la sangre —Dejen de pelear. Están en una tienda, dando un espectáculo vergonzoso. Tengan algo de dignidad.
Las dos chicas se separaron de inmediato, pero no sin antes lanzarse miradas de odio y maldecirse en silencio.
Cáliban no dirigió palabras con Astrid, simplemente intercambiaron miradas por un par de segundos. Sabiendo que no quería meterse en problemas, Astrid se cruzó de brazos para hacerse a un lado, dejando en paz a Elizabeth.
—Dimerian… —Cáliban dirigió su mirada al joven herrero, quien se encogió ligeramente —Entiendo que tengas muchas preguntas. Es bueno que estés emocionado por aprender, pero no seas impaciente. Estás incomodando al herrero con tus preguntas. Las cosas buenas llegan a quienes saben esperar.
Dimerian bajó la cabeza, sintiéndose avergonzado. Su entusiasmo lo había hecho actuar de forma inmadura. Sin decir nada, se alejó del mostrador y le dirigió una leve inclinación al due?o de la tienda.
Cáliban recorrió con la mirada el comportamiento de todos, asegurándose de que su orden había sido obedecida. Luego, su voz se volvió aún más fría.
—Todos al frente. Pidan perdón. Ahora.
El grupo se quedó en silencio. Aquello era demasiado. Disculparse era humillante. Su orgullo se resistía a hacerlo. Pero a Cáliban eso no le importaba en lo absoluto.
—?Dije ahora!
El aire volvió a vibrar.
Una oleada de energía pura llenó la tienda, y por un instante, todos sintieron como si una bestia salvaje se manifestara ante ellos. Sus instintos gritaban peligro.
La profesora Rain observaba con interés. Incluso Bardrim, que había lidiado con incontables guerreros en su vida, sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Sin atreverse a desafiar esa presencia, los estudiantes se alinearon de inmediato, formándose en una fila perfecta.
Y, al unísono, inclinaron la cabeza y gritaron:
—?Perdón por las molestias!
Bardrim entrecerró los ojos, cruzando los brazos sobre su pecho, meditando sobre el pintoresco grupo que tenía de frente.

