Todos los estudiantes estaban reunidos en la amplia zona de entrenamiento, siguiendo las indicaciones de Cáliban. El lugar era ideal para pruebas físicas y estratégicas, con un área despejada para combate, obstáculos naturales y un bosque cercano que se extendía hasta los muros de la academia. Cáliban, con los brazos cruzados y un aire de autoridad natural, explicó la dinámica del día.
—Muy bien… El profesor Yannes me dio nuestra primera misión semanal, o al menos eso debería ser. Pero él quiere que la completemos antes del inicio de las clases, así que tienen tres días para terminarla. Nos pidió cazar cincuenta animales de primer rango.
El grupo reaccionó de manera diversa. Algunos, como Juliana, parecían emocionados. Otros, como Similia, no podían ocultar su desinterés. Nhun levantó la mano con curiosidad.
—?Eso no es algo que podría hacer un equipo? —preguntó, arqueando una ceja.
—Sí, realmente es suficiente con un equipo. —respondió Cáliban con calma —Pero como somos diez personas, todos irán al bosque. Sin embargo, harán dos tareas distintas.
El líder sacó un peque?o pergamino que desenrolló frente a ellos.
—El profesor me dio una lista de las averías que hay en la mansión, así que el equipo de Argos irá a buscar madera para repararlas lo antes posible. El equipo de Reinhard se encargará de cazar los animales.
El rostro de Argos se torció en una mezcla de frustración y furia.
—??Qué?! ?Yo quiero cazar! —rugió, mostrando sus colmillos con impotencia.
Cáliban ni siquiera parpadeó ante la reacción, respondiendo con su tono habitual de indiferencia.
—Será la próxima vez, gatito. Esta vez irás a buscar madera como castigo por romper las mesas que íbamos a usar todos.
El comentario hizo que algunos soltasen una risa contenida, aunque Argos parecía a punto de explotar.
—Y… ?Qué harás tú? —preguntó Dimerian, con una mezcla de desafío y curiosidad.
Cáliban lo miró directamente, su expresión era completamente neutra.
—Joseph y yo repararemos los muebles que quedaron. Ma?ana tendremos el tour de la academia, así que hoy tendrán que cumplir esta misión.
Hizo una pausa, observando a todos como si quisiera asegurarse de que sus palabras quedaran grabadas.
—?Vamos, comiencen!
El grupo comenzó a dispersarse, cada equipo estaba preparándose para su respectiva tarea. Mientras tanto, Joseph se acercó a Cáliban con una expresión intrigada.
—Entonces… ?Con qué empezamos?
Cáliban sonrió levemente, algo que hizo que Joseph se sintiera incómodo.
—No haremos eso. Sígueme.
Joseph parpadeó, confundido, pero decidió no cuestionarlo por el momento. Ambos caminaron hacia una de las puertas traseras que conectaban la mansión con el exterior.
—Oye, espera, ?Qué estás planeando? —preguntó finalmente Joseph, con una mezcla de curiosidad y precaución.
Cáliban no respondió de inmediato, en su lugar continuó avanzando hasta llegar a una de las áreas menos transitadas del muro que rodeaba la academia. Era una estructura imponente, con unos treinta o cuarenta metros de altura, completamente lisa y sin irregularidades que permitieran escalar.
Joseph se detuvo, observando el obstáculo con escepticismo.
—?Qué haremos? No creo que podamos escalarlo. Tal vez si usamos una cuerda…
Cáliban negó con la cabeza, una leve sonrisa cruzando su rostro.
—No escalaremos. Lo atravesaremos.
Joseph parpadeó, incrédulo.
—?Qué? ?Cómo?
—Es simple. El muro tiene una barrera mágica que detecta movimiento en su superficie, pero no detecta lo que pasa dentro de su núcleo.
—?Dentro de su núcleo? —repitió Joseph, ahora aún más confundido.
—Es un hechizo avanzado que aprendí en un momento… —Cáliban desvió la mirada para contestar —complicado de mi vida. No necesito romper el muro, solo manipular su energía por unos segundos para abrir un camino. Usaremos un salto dimensional.
Joseph parpadeó, incrédulo.
—?Magia espacial? ?Estás seguro de que podremos hacerlo con nuestra fuerza?
Cáliban negó con la cabeza, esbozando una ligera sonrisa.
—Yo no… acabo de despertar mi núcleo. Pero tú sí.
Joseph frunció el ce?o, todavía algo confundido, aunque en su interior sabía que Cáliban no propondría algo así sin un plan.
—?Qué quieres que haga?
—Necesito que me prestes tu energía. Yo recitaré el hechizo. Ven.
Ambos se posicionaron frente al imponente muro. Cáliban colocó sus manos firmemente sobre la espalda de Joseph, cerrando los ojos para concentrarse. Sentía cómo la energía del núcleo de Joseph fluía hacia él como un torrente cálido y vibrante.
—?Listo? —preguntó Cáliban, con los ojos aún cerrados.
—Listo. —respondió Joseph, aunque no podía evitar sentir un ligero nerviosismo al pensar en lo que estaban a punto de hacer.
Cáliban comenzó a recitar un hechizo en un idioma antiguo, las palabras resonaron suavemente en el aire. Era un salto dimensional, un hechizo dise?ado para atravesar espacios físicos al conectar dos puntos en el tejido de la realidad. Sin embargo, el costo energético era enorme, especialmente para un núcleo recién despertado.
Cuando terminaron los preparativos, ambos sintieron cómo la energía los envolvía como una corriente invisible. En un parpadeo, sus cuerpos fueron proyectados a través del muro.
Para Joseph, la experiencia fue surrealista. Podía ver el interior del muro… sus grietas, formaciones rocosas y capas de materia superpuestas como si se tratara de un rompecabezas tridimensional. Era como si sus cuerpos se hubieran convertido en partículas de energía, atravesando el mundo físico sin restricciones.
Un instante después, ambos cayeron sobre unos arbustos gigantes, rodando por el suelo hasta detenerse.
—Bueno… lo logramos. —Cáliban se levantó, sacudiéndose las hojas y ramas de la ropa —?Puedes levantarte, Joseph?
Joseph estaba tirado boca arriba, respirando con dificultad.
—No siento… mi cuerpo…
—Es normal. Has expulsado toda tu energía de repente. Tranquilo, en cinco minutos estarás bien.
Cáliban se acomodó en el suelo, esperando pacientemente mientras Joseph recuperaba algo de fuerza. Finalmente, tras unos minutos, el otro chico logró ponerse de pie, aunque sus pasos aún eran inestables.
—?Hacia dónde vamos ahora? —preguntó Joseph, mientras seguía a Cáliban hacia el norte.
—Le pregunté al profesor. Según sus indicaciones, el lugar donde ocurrió el ataque está en esta dirección. Sigamos.
El trayecto no tomó más de veinte minutos. El lugar estaba inquietantemente cerca de la entrada de la academia, lo cual hacía todo más sospechoso. Durante el camino, Joseph no pudo contener su curiosidad.
—?Por qué estamos aquí? No es como si hubiéramos conocido al tipo.
Cáliban no se detuvo, pero respondió con un tono serio.
—No es por eso. Quiero investigar lo sucedido. ?No te parece extra?o? Tenemos un mago oscuro dentro de la academia, múltiples intentos de asesinato, bandidos, un wyvern, y ahora esto. Alguien está cazando a los estudiantes.
Joseph lo miró con incredulidad.
—?Crees que todo está conectado?
—Tal vez. Tal vez no. Pero no puedo ignorarlo. Coincidencia o no, quiero saber qué está pasando.
Joseph asintió lentamente, comenzando a entender la lógica de Cáliban.
—Bueno… ?Entonces qué hacemos ahora?
—Una vez ahí te lo diré.
Finalmente, llegaron al lugar. El camino de tierra se extendía entre un páramo abierto y la entrada a un denso bosque. A primera vista, el área parecía haber sido limpiada. No había rastros de sangre, ni cuerpos, ni signos claros de lucha.
—Esto… no parece el lugar de un ataque salvaje. —murmuró Joseph, mirando a su alrededor.
—Exacto. —respondió Cáliban mientras avanzaba con cautela.
Se acercó al área donde, según las indicaciones, había ocurrido el ataque. A medida que se adentraba, un extra?o aroma comenzó a invadir el aire. Era metálico, casi como el olor de la sangre, pero con un matiz dulce y químico que no encajaba.
—?Sientes eso? —preguntó Cáliban, mirando a Joseph por encima del hombro.
Joseph asintió, frunciendo el ce?o.
—Sí… pero nunca había olido algo así.
Cáliban se inclinó hacia el suelo, examinando más de cerca el terreno. La tierra estaba húmeda, pero no por agua, sino por un líquido oscuro que había sido cubierto con una fina capa de tierra.
—Esto fue deliberado. —murmuró Cáliban —Alguien limpió el lugar para que pareciera un ataque natural.
Joseph se inclinó junto a él, examinando la sustancia.
—?Esto es… sangre?
—Sangre, sí. Pero no de un animal.
Cáliban tomó un peque?o cuchillo de su cinturón y raspó un poco del líquido seco sobre una tela y lo observó.
Joseph miró alrededor, tratando de encontrar algo más inusual. De repente, algo captó su atención.
—Cáliban, mira eso.
A pocos metros de ellos, un árbol tenía marcas profundas, como si algo lo hubiera golpeado con fuerza. Las marcas no eran de garras, sino de algún tipo de arma o herramienta.
—Eso no lo hizo un animal. —dijo Joseph, se?alando las incisiones.
—Definitivamente no. —Cáliban se acercó al árbol, rozando las marcas con la yema de los dedos —Esto fue hecho por una espada.
Ambos se miraron, sabiendo que acababan de confirmar sus sospechas. Lo que sucedió aquí no fue un simple ataque de bestias. Joseph miró alrededor, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda.
—?Entonces qué haremos? Si todo está limpio, no habría nada que investigar.
Cáliban se cruzó de brazos y reflexionó por un momento antes de hablar.
—Voy a recitar una Matriz de Recuerdo, pero necesitaré sangre. Un poco estaría bien.
Joseph arqueó una ceja, desconcertado.
—?Matriz de recuerdo? ?Qué es eso?
Cáliban se inclinó hacia él, como si estuviera dispuesto a dar una breve lección.
—Una Matriz de Recuerdo es una formación de runas de alto nivel que permite visualizar escenas pasadas desde la perspectiva de la persona o criatura cuya sangre uses como catalizador. Lo que veremos será su último recuerdo antes de morir.
Joseph abrió los ojos con sorpresa.
—Es como… ?Revivir los momentos finales de alguien?
—Algo así. Es similar a las matrices de transmutación que usamos para crear las píldoras. Pero hay un problema.
—?Qué problema?
—Consume mucha energía. —Cáliban sacó un peque?o saco de tela de su cinturón y lo abrió, revelando unas piedras alquímicas de color rojo brillante —Por suerte, traje piedras de fuego que nos sobraron de las píldoras. Estas servirán para sustituir la energía que mi núcleo no puede proporcionar todavía. Es una fortuna que esta matriz sea simple… su consumo de energía es poca en comparación con otras…
Joseph asintió, aunque el peso de la magia que estaban a punto de usar comenzaba a hacerse evidente.
—Está bien. Buscaré sangre mientras preparas el ritual.
Mientras Cáliban trazaba los círculos rúnicos necesarios en un pergamino para su fácil uso, Joseph se adentró más en el bosque, explorando cuidadosamente el terreno. A medida que avanzaba, quedó claro que alguien había limpiado meticulosamente la zona con magia. Era casi imposible encontrar rastros de sangre, ni siquiera en peque?as cantidades. Sin embargo, después de varios minutos, encontró algo inesperado… el cadáver de un liebre en avanzado estado de descomposición por los insectos.
?Me pregunto si esto servirá…? —pensó, mientras lo recogía con cuidado.
Regresó rápidamente donde estaba Cáliban, quien terminaba de dibujar los intrincados símbolos en el suelo con una precisión sorprendente.
—?Eso es todo lo que pudiste conseguir? —preguntó Cáliban, mirando el cadáver de la liebre con algo de desdén.
—Lamentablemente, sí. Creo que la zona fue limpiada con magia, y encontrar rastros de sangre, incluso seca, es casi imposible. Esto estaba cerca del lugar del incidente, así que tal vez haya visto algo.
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Cáliban suspiró, aunque parecía aceptar la lógica de Joseph.
—Bueno… no hay nada que perder. Guíame a donde lo encontraste.
Joseph lo condujo de vuelta al lugar exacto donde había hallado el cadáver. Al llegar, Cáliban comenzó a observar la zona con atención.
—Definitivamente hubo una pelea aquí. —murmuró, se?alando los árboles rotos, marcas de cuchillas en los troncos y peque?os surcos en la tierra que indicaban movimiento violento. Sin embargo, el hecho de que no hubiera sangre era aún más sospechoso.
—Es extra?o… —comentó Joseph, mirando a su alrededor —Si hubo una pelea aquí, ?Cómo es que no hay sangre en ningún lado?
—Eso es lo que vamos a averiguar. —respondió Cáliban mientras colocaba el cadáver de la liebre en el centro de las runas.
Cáliban se arrodilló junto al círculo y comenzó a recitar un hechizo arcaico, pronunciando palabras en un idioma desconocido. Joseph no pudo evitar observarlo con una mezcla de asombro y temor. A medida que el hechizo progresaba, todo el entorno comenzó a cambiar.
El aire se volvió pesado, y un color grisáceo cubrió el bosque como un velo. Las runas brillaban con un resplandor rojo mientras el cadáver de la liebre parecía vibrar ligeramente. Pronto, los ecos de los recuerdos comenzaron a manifestarse, rasgando la realidad como si abrieran una ventana al pasado.
—?Wow! —exclamó Joseph, mirando a su alrededor con los ojos abiertos de par en par —Es… impresionante. Puedo ver los árboles, la tierra… incluso puedo oler y oír lo que ocurrió en ese momento. Es como viajar al pasado…
Cáliban lo interrumpió con voz firme.
—No los compares. Viajar al pasado es mucho más caro que esto, y mi cuerpo no podría soportar un hechizo de tan alto nivel.
Joseph levantó una ceja, sorprendido.
—?Puedes viajar en el tiempo?
Cáliban le lanzó una mirada seria, aunque continuó recitando el hechizo.
—Sí. Pero hacerlo atrae a los guardianes del tiempo. Si lo intentamos sin la fuerza suficiente, ellos vendrán por nosotros.
—?Guardianes? ?Qué son?
—Entidades malignas creadas para proteger el flujo del tiempo… o al menos eso dicen ser, pero en realidad se alimentan del tiempo mismo… si lo alteramos, ellos nos rastrean. Por eso, si alguna vez lo hacemos, necesitaremos ser lo suficientemente fuertes para ocultarnos… o enfrentarlos.
Joseph tragó saliva, impresionado por el peso de las palabras de Cáliban.
—Entonces… si logramos hacernos más fuertes… mi familia…
Joseph dejó la frase inconclusa, pero su tono delataba las emociones reprimidas que lo atormentaban. Sus ojos reflejaban una mezcla de esperanza y pesar, como si intentara convencerse de que el pasado aún podía ser reparado.
Cáliban lo miró fijamente, con una expresión que, por un instante, parecía casi dolida. Luego, habló con una firmeza inusual.
—Olvídate de eso. Déjalo en el pasado, donde debe estar. Créeme, cambiar las cosas que ya ocurrieron solo trae desgracias… tanto a los que amas como a uno mismo.
Joseph lo observó en silencio, notando que cada palabra parecía venir de un lugar profundo y oscuro.
—No vale la pena ver el sufrimiento de los demás por acciones egoístas… créeme… —Cáliban apartó la mirada —Lo sé muy bien.
—Tú…
Antes de que Joseph pudiera preguntarle algo más, un grito desgarrador rompió el silencio del bosque, helándoles la sangre. El hechizo que habían activado comenzó a resonar nuevamente, trayendo consigo un recuerdo que volvía a la vida.
La escena se reprodujo desde la perspectiva de la liebre que se encontraba escondida en su madriguera. Desde ese ángulo, podían ver un joven elfo oscuro corriendo desesperadamente por el bosque. A su lado, un caballero élfico de piel gris pálida lo escoltaba, su armadura brillante y su esgrima al esquivar resplandecían con determinación mientras intentaba proteger al joven.
—?Qué es esa cosa? ?Por qué nos atacó de repente? —gritó el elfo oscuro en el recuerdo, su voz temblaba de terror.
—No lo sé, se?or. Por favor, siga corriendo en esa dirección. Debe llegar a la academia. Yo haré tiempo para detener a la criatura.
Entonces, un aura aterradora llenó el aire. La bestia que los perseguía comenzó a acercarse, su presencia era tan opresiva que parecía hacer vibrar los mismos árboles del bosque. Un gru?ido bajo y gutural resonó, un sonido tan antinatural que parecía provenir de las mismas profundidades del abismo.
La liebre observó desde su escondite cómo la figura oscura de la criatura se acercaba lentamente entre los árboles. Sin embargo, antes de que pudiera revelarse por completo, el recuerdo se cortó abruptamente.
—?Qué sucedió? —preguntó Joseph, perplejo —?Por qué se detuvo el recuerdo?
Cáliban se levantó, limpiándose las manos.
—Parece que la bestia rompió el árbol donde estaba la madriguera, matando a la liebre en el acto. El guardia se?aló en aquella dirección antes de quedarse atrás. Debemos ir a investigar.
Sin perder tiempo, ambos se adentraron más en el bosque. A medida que avanzaban, Cáliban comenzó a sentir una presencia inquietante. La magia negra impregnaba el aire como un hedor espeso y penetrante. Joseph también podía sentirlo, aunque no con la misma intensidad.
Finalmente, llegaron a un peque?o claro en el bosque. La escena estaba inquietantemente limpia, incluso para un bosque. Había ara?azos en los árboles y rastros de una pelea, pero todo lo demás había sido cuidadosamente borrado.
—Aquí debe ser donde murió el elfo… pero limpiaron todo rastro del cuerpo. —comentó Cáliban, observando las marcas en el suelo.
—?Mira aquí! —exclamó Joseph, se?alando hacia un árbol cercano —Es un nido de polluelos muertos. Debieron haber caído del árbol durante el ataque.
Cáliban se acercó rápidamente, examinando el nido y los peque?os cuerpos sin vida.
—Eso servirá.
Con cuidado, tomó uno de los polluelos y lo colocó en el centro de las runas que había trazado. Joseph observó en silencio mientras Cáliban recitaba nuevamente el hechizo, su voz reverberó en el aire como un eco sobrenatural.
Esta vez, el recuerdo fue mucho más nítido. Los ecos de la escena pasada se materializaron con una claridad aterradora.
El joven elfo oscuro apareció nuevamente, corriendo con desesperación. Su rostro estaba desfigurado por el miedo, sus ojos se llenaron de lágrimas mientras luchaba por seguir adelante.
—?Eso es…! —murmuró Joseph, mientras la escena se desplegaba ante ellos.
De repente, unos tentáculos rojos emergieron de la oscuridad, moviéndose con una velocidad increíble. Uno de ellos atrapó la pierna del elfo, deteniéndolo en seco. El caballero élfico intentó liberarlo, cortando los tentáculos con su espada, pero más apéndices surgieron, envolviendo su cuerpo.
Entonces, la criatura salió de las sombras, revelando su forma completa.
Joseph retrocedió instintivamente, sintiendo cómo su cuerpo se estremecía.
—Eso es… oh no…
—?Qué sucede, Cáliban? —preguntó Joseph, aunque él mismo no podía apartar la vista de la criatura.
Era un ser grotesco, como un globo gelatinoso gigante de carne roja. Decenas de tentáculos se extendían desde su cuerpo, contrayéndose y moviéndose de manera errática. Cada apéndice estaba cubierto de bocas circulares llenas de dientes afilados como garras. El centro del cuerpo carecía de ojos, cabeza o cualquier rasgo humanoide, pero tenía una mandíbula prominente que se abría en una mueca grotesca, llena de colmillos afilados.
La criatura emitió un rugido gutural que resonó como una mezcla de varios gru?idos y chillidos al unísono.
Joseph no pudo contenerlo más. Un grito desgarrador escapó de su garganta, resonando en el bosque como un eco desesperado.
—??Qué mierda es eso?!
Cáliban, con la mirada fija en el recuerdo, apenas reaccionó, respondiendo con voz grave y calculada:
—Es un… —Cáliban habló en un idioma que no se podían entender.
—??Qué?! —replicó Joseph, completamente desconcertado, pero sus palabras quedaron atrapadas en su garganta cuando el recuerdo continuó.
Lo que vino después fue más allá de lo que cualquiera de ellos podría haber imaginado. La criatura, con sus grotescos tentáculos llenos de bocas dentadas, atrapó al joven elfo oscuro. Uno de los apéndices se enroscó alrededor de su torso, y con una precisión escalofriante, comenzó a desgarrarlo.
El abdomen del elfo fue abierto con una fuerza brutal, dejando al descubierto sus órganos internos. Joseph sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones al ver cómo la criatura usaba sus tentáculos para extraer, uno por uno, los órganos del muchacho. Lo más aterrador era que el elfo seguía consciente, sus gritos de dolor y terror llenaron el recuerdo, haciéndolo casi insoportable de presenciar.
Joseph intentó apartar la mirada, pero era como si sus ojos estuvieran atrapados en la escena. Incluso cerrar los párpados no lo ayudaba; las imágenes ya estaban grabadas en su mente.
—?Por el amor de dios! ?Haz que se detenga! —gritó, casi al borde de las lágrimas.
Cáliban permaneció inmutable, observando con frialdad analítica mientras la criatura continuaba con su espantoso acto. Finalmente, la bestia dejó caer el cuerpo mutilado del elfo con total indiferencia, como si no fuera más que un desperdicio.
Un sonido extra?o, como un silbato agudo y distante, resonó en el aire. La criatura reaccionó de inmediato, enderezándose y alejándose del bosque sin prisa, pero con un propósito evidente mientras llevaba los órganos aún palpitantes del joven elfo.
El recuerdo terminó abruptamente. El hechizo se desvaneció, devolviendo el mundo a su estado normal. Joseph cayó al suelo, sus piernas cedieron bajo el peso del terror. Su respiración era pesada, casi hiperventilando mientras intentaba procesar lo que acababa de presenciar.
—No… no puedo… ?Qué demonios fue eso? —susurró, con el rostro pálido y empapado de sudor.
Cáliban se acercó a él, colocándole una mano firme en la cabeza. Cerró los ojos y dejó que una parte de su energía fluyera hacia la mente de Joseph, calmando su estado alterado.
—Respira, Joseph. Respira.
Poco a poco, el joven comenzó a relajarse, aunque su cuerpo temblaba levemente.
—?Puedes ponerte de pie? —preguntó Cáliban, con tono neutral.
—S… sí… —respondió Joseph, aunque su voz apenas era un susurro —?Qué mierda era eso? Es la cosa más horrible que he visto… me dieron ganas de vomitar.
Cáliban dejó escapar un leve suspiro.
—Es un… —Cáliban volvió a mencionar el nombre en una lengua distinta.
—??Qué?! ?Literalmente no entiendo qué me estás diciendo!
Cáliban parpadeó, dándose cuenta de su error.
—Oh… olvidé eso. Lo siento. Caminemos de regreso a la academia. Te lo explicaré en el camino.
Ambos comenzaron a caminar, rodeados por el silencio inquietante del bosque. Joseph respiraba profundamente, intentando recuperarse mientras Cáliban mantenía su mirada fija en el camino, perdido en sus propios pensamientos. Finalmente, fue Joseph quien rompió el silencio.
—Bueno, ya estoy mejor… —dijo entre suspiros —Pero en serio, ?Puedes explicarme qué era esa cosa?
Cáliban lo miró de reojo antes de responder.
—Es un Caminante de las Estrellas. Su traducción a nuestro idioma sería "Devorador Carmesí"... digamos que es una especie de vampiro…
Joseph se detuvo en seco, incrédulo.
—??Esa cosa es un vampiro?!
—?Qué esperabas? —respondió Cáliban —?Alguien elegante y sofisticado como el profesor Yannes?
Joseph abrió la boca para intentar responder, pero no encontró palabras. Cáliban continuó hablando, su tono era cada vez más serio.
—En los planos superiores existen criaturas mucho más horribles y poderosas. Joseph, si quieres sobrevivir a cosas como esta, tendrás que entrenar no solo tu cuerpo, sino también tu mente. —Joseph tragó saliva, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda. Cáliban se detuvo y lo miró directamente a los ojos. —Porque basta con pronunciar el nombre de ciertos dioses exteriores para perder la cordura.
—??Qué?! —Joseph retrocedió un paso, incapaz de ocultar su miedo —??Puedes caer en la locura solo por decir un nombre?!
—Sí. Y créeme… en el mejor de los casos, incluso podrías morir al instante.
—?Ese es el mejor de los casos? —preguntó Joseph, horrorizado.
Cáliban asintió, sin rastro de broma en su expresión.
—Créeme. Lo es.
El silencio cayó sobre ellos nuevamente mientras continuaban su camino. Finalmente, Joseph reunió el coraje para preguntar:
—?Crees que esto tiene que ver con el mago oscuro? —preguntó Joseph, todavía afectado por el recuerdo de la criatura, aunque no podía evitar su curiosidad.
Cáliban lo miró con una expresión seria, casi sombría.
—Los vampiros estelares no son criaturas que coman órganos. Ni siquiera son seres que habitan este plano. Por lo general, sus tentáculos drenan la sangre o los líquidos vitales de sus víctimas hasta que no queda nada más que bolsas de carne deshidratadas.
Joseph tragó saliva, recordando las grotescas imágenes del recuerdo.
—Entonces… ?Por qué atacó así?
—Ese es el punto. El hecho de que solo fuera por los órganos de la víctima y que esté en este plano significa algo… fue invocado por alguien. Y no solo eso… está siendo controlado.
Joseph frunció el ce?o, tratando de encontrar una explicación alternativa.
—?No puede simplemente ser una especie que entró a nuestro mundo por error? Algo que cruzó accidentalmente entre planos, como una anomalía…
Cáliban negó con la cabeza.
—Si ese fuera el caso, ya habría vuelto este mundo un caos. Los devoradores son criaturas de destrucción y desesperación. No actúan de forma tan… meticulosa. Este lo hizo.
Joseph permaneció en silencio, procesando lo que Cáliban acababa de decir.
—Además… aunque son inteligentes, ese no es su estilo de ataque. Sobre todo porque no se llevó la sangre. Y hay algo más.
—?Qué?
—Son de las pocas criaturas exteriores que pueden ser controladas mediante un hechizo arcano. Pero para que lo escuchen y obedezcan, quien esté detrás de esto debe ser poderoso mentalmente. De lo contrario, el vampiro estelar lo habría devorado y habría vuelto a su dimensión.
Joseph suspiró, pasándose una mano por el rostro.
—Este será un inicio de clases muy ajetreado…
Ambos regresaron a la academia de la misma manera en la que salieron, usando el salto dimensional para atravesar el muro. A pesar de estar de vuelta en un lugar seguro, Joseph no podía apartar de su mente la imagen de aquel terror que habían presenciado. Sabía que las criaturas exteriores eran peligrosas, pero enfrentarse a una directamente le había dejado claro cuán frágiles eran las razas mortales ante estos seres.
Finalmente, mientras caminaban hacia la mansión, Joseph rompió el silencio.
—?Cómo logras resistir el miedo? —preguntó, con un tono casi desesperado —Es… es horrible… ?Cómo puedes enfrentarte a una cosa como esa?
Cáliban se detuvo un momento, mirando al cielo gris antes de responder.
—Realmente… es con entrenamiento mental. Pero debo advertirte… los métodos no son nada fáciles.
Joseph frunció el ce?o, inquieto por la respuesta.
—?Tendré que hacerlos? Esos ejercicios…
Cáliban lo miró de reojo, midiendo sus palabras antes de responder.
—Es tu decisión. Pero más que entrenamiento, es una tortura. Eres expuesto a tus peores miedos una y otra vez, hasta que logres vencerlos… o seas consumido por ellos. No es algo que recomiende, en especial porque, si no tienes la voluntad suficiente, tu mente puede terminar arruinada.
Joseph tragó saliva, sintiendo un escalofrío al escuchar eso.
—?Hay otros métodos? Algo más… seguro.
—Sí. —respondió Cáliban, asintiendo ligeramente —Pero son mucho más lentos.
—?Qué tan lentos?
—Pueden pasar hasta 600 a?os para completar la primera etapa.
—Mierda… —murmuró Joseph, llevándose una mano a la frente, frustrado.
El encuentro con el Devorador Carmesí había dejado una marca en su corazón. Sabía que tendría que entrenar su mente si quería enfrentarse a algo así nuevamente. No había duda de que esa criatura sería un problema tarde o temprano.
Cáliban, notando el estado de ánimo de su amigo, decidió intervenir. Colocó una mano firme sobre el hombro de Joseph, obligándolo a mirarlo.
—Tranquilo. —Su tono era más amable ahora —Deja que yo me encargue del devorador. Por ahora, necesitamos mantenernos a salvo. No te obsesiones con ello.
—Pero… —intentó contestar con suavidad.
—Todo a su tiempo, amigo mío. Ya habrá momentos para entrenar tu mente. Yo te guiaré en el proceso. No estás solo.
Las palabras de Cáliban tuvieron el efecto deseado. Poco a poco, el miedo de Joseph comenzó a disiparse, dejando lugar a una calma incierta.
?Es cierto… él ya se ha enfrentado a cosas muchísimo peores? —pensó Joseph. ?Debo ser fuerte si quiero ayudarlo?.
Finalmente, una peque?a sonrisa apareció en el rostro de Joseph.
—Gracias, Cáliban.
—No hay de qué. Ahora, vamos a reparar los muebles antes de que lleguen los demás. Ya hemos tenido suficiente por hoy.
Ambos continuaron caminando hacia la mansión, dejando atrás el terror del bosque. Aunque el corazón de Joseph estaba en calma, sabía que lo que habían enfrentado era solo el comienzo de algo mucho más grande. Mientras tanto, Cáliban meditaba repetidamente sobre los riesgos y teorías que rondaban su mente, tratando de entender el panorama general para responder mejor ante sus futuros escenarios.
En los oscuros y sombríos abismos de una catedral hundida. Una figura femenina se acercaba con gracia hacia la figura principal. El lugar parecía una vieja iglesia, pero sin veneración aparente. La peque?a figura de cabellos blancos alzó la mirada hacia arriba, rezando con una intensidad que haría quedar mal al hombre más devoto. La figura de la estatua comenzó a vibrar, transformándose en una criatura que solo aparecería en las pesadillas más bizarras de un ni?o inocente o del hombre más retorcido. La poderosa figura se apartó, mostrando un camino de escaleras que parecía descender.
Justo debajo de la gran cantidad de pasadizos, se encontraba un hombre de estatura alta frente a un altar, asombrado y maravillado con el cuerpo de una joven astada. Su cuerpo desnudo presentaba una gigante marca en su abdomen, así como marcas de cirugías por todo el cuerpo.
—Ya casi… ya casi está listo. —susurro el hombre, con un tono emocionado que lo dejaba entrever en su mirada llena de locura —solo un poco más y volveras conmigo…
Su mirada se dirigió hacia la oscuridad, donde su subordinada, atenta como siempre, presentó sus respetos.
—Mi se?or… veo que la cirugía fue exitosa. —hablo con un respeto solemne ante quien era su maestro.
—Si… —hablo con una sonrisa de oreja a oreja —ahora, solo necesitamos la cantidad correcta de energía… muchas más energía… —el hombre dirigió su mirada hacia la joven figura, alzando las manos para ordenar —pon en marcha el plan… debemos apresurarnos lo antes posible, se rapida, pero discreta… ya han pasado muchos a?os como para llamar la atención…
La figura femenina asintió con júbilo mientras abandonaba la habitación. El hombre, lleno de una felicidad genuina, alzó las manos para levantar el cuerpo con el mayor cuidado posible. Estelas de energía se arremolinan alrededor del cuerpo, haciéndola levitar hacia la oscuridad.
—Ven, querida… aún hay un paso más…
Le habló el erudito al cuerpo inerte de la ni?a, perdiéndose entre la oscuridad de aquel lugar.

