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Capítulo 25: Responsabilidades Forzadas

  —?Bueno! Eso lo arregla todo. A partir de ahora, el joven Cáliban será el líder de su equipo. ?Felicidades, joven Cáliban!

  El anuncio resonó en la sala, seguido de un aplauso que llenó el espacio. Sin embargo, el rostro de Cáliban reflejaba una mezcla de enojo y evidente incomodidad. Joseph, su compa?ero más cercano, le dio unas palmadas en el hombro con un gesto que intentaba transmitir compasión, aunque no pudo evitar que una sonrisa burlona se asomara en sus labios.

  —ánimo, líder. —murmuró Joseph con una risa contenida —Seguro lo harás de maravilla.

  Cáliban soltó un gru?ido apenas audible, pero mantuvo la compostura mientras el profesor continuaba.

  —Bueno... tengo algunos asuntos que atender. Joven Cáliban, cuando termines de ponerte al día con los demás, ven a verme a mi oficina. Es importante.

  El profesor se levantó de su silla, alisando su capa con movimientos rápidos antes de dirigirse hacia las escaleras que llevaban a su despacho. La puerta se cerró tras él con un eco solemne, dejando tras de sí un ambiente cargado de tensión.

  Cáliban miró de reojo a los integrantes de la casa. Lamentablemente, no sería fácil hacer que otros hicieran lo que él pedía, pero aun así, tenía que lograrlo de alguna manera. El grupo de Argos se fueron al segundo piso, fulminando al nuevo líder de la casa con la mirada, este mismo suspiro, pues no podía importarle menos sus opiniones.

  Cáliban dirigió su mirada hacia las dos nuevas inquilinas, haciendo que se sobresaltaron levemente por su mirada penetrante.

  —?Y ustedes son…?

  —Llegaron ayer. —contestó Reinhard, tomando asiento en los viejos sillones. —Por lo que parece, ellas dos deberán ser nuestras nuevas compa?eras…

  Astrid hizo una leve reverencia, sin dejar que su rango interfiriera. Juliana saludo despreocupadamente, con una sonrisa de lado a lado. Ambas tenían el mismo pensamiento, querían ver la reacción del nuevo líder al saber sus linajes, por lo que tomaron una pausa antes de decir sus nombres.

  —Mi nombre es Astrid Van Saint, será un honor estar en esta casa…

  —?Soy Juliana Agris Semíramis! ?Son libres de retarme cuando quieran! —dijo, chocando sus pu?os con una sonrisa rebelde.

  La mandíbula de Reinhard se cayó de la sorpresa al escuchar sus nombres. No solo era él, Cecilia, Nhun e incluso Joseph temblaron al escuchar sus legados. Astrid y Juliana sostuvieron la mirada en silencio, no estaban sorprendidas por la reacción de sus compa?eros, si no por la de Cáliban. El silencio reinó por unos segundos, su mirada no dejo de mostrar un desinterés impresionante, lo que hizo que ambas intercambiaran miradas, curiosas por tal comportamiento.

  —Cáliban… —llamo Reinhard —ellas son las hijas de La Reina de las Amazonas y El Santo de la Espada…

  Sin embargo, la reacción de Cáliban fue la misma.

  —Ya veo…

  —??Ya veo? ??Eso es todo lo que dirás?! —refuto Nhun, apuntando a Astrid, quien tenía una mirada tranquila —?Su padre, es literalmente, el rey más famoso de estos tiempo! y su abuela… —apuntó a Juliana, quien se rascaba la nuca sin saber que hacer —?Es la reina de la tribu femenina más fuerte del continente! ??Y eso es lo único que dirás?!

  Nhun sostuvo una mirada incrédula contra Cáliban, esperando una reacción algo diferente, sin embargo, lo que obtuvo fue una reacción desinteresada y firme. Cáliban dirigió su mirada hacia ambas, acción que las tomó por sorpresa.

  —?Bienvenidas?

  Ambas se quedaron sin aliento al verlo hablar, era la primera vez en sus vidas que las reciben de forma apática y sin ninguna pretensión, por lo que rieron levemente mientras Nhun se frotaba los ojos de frustración.

  Unos minutos después, en su despacho, el profesor revisaba varios documentos esparcidos sobre su escritorio. Su mirada estaba fija en las páginas, pero su mente divagaba. De pronto, el sonido de unos golpes en la puerta lo sacó de sus pensamientos.

  —?Adelante! —exclamó con voz firme.

  La puerta se abrió despacio, revelando la silueta de la profesora Rain. Su entrada fue silenciosa, pero el aire parecía haberse enfriado ligeramente con su presencia.

  —?Oh, profesora Rain! —dijo el profesor, levantando la vista con interés —?Tiene noticias de nuestro treceavo inquilino?

  La mujer asintió, aunque había una sombra de gravedad en su expresión que el profesor no pasó por alto.

  —Sí... sobre eso... —titubeó por un instante, como si buscara las palabras adecuadas.

  —?Qué sucede, profesora?

  —El cuerpo del joven Krein fue encontrado... —hizo una pausa, como si la frase pesara demasiado en su lengua —Estaba muerto y sin órganos. Lo hallaron en el bosque, a pocos minutos de la academia. Todo apunta a que fue atacado por bestias salvajes en su camino hacia aquí.

  El semblante del profesor se oscureció al instante. Por un momento, se quedó inmóvil, perdido en sus pensamientos mientras procesaba la noticia.

  —Entiendo, profesora... gracias por el informe. —respondió finalmente con voz contenida, aunque su mirada delataba una tormenta interna.

  La profesora Rain, percibiendo la tensión en el aire, así que cambió de tema.

  —?Qué sucedió mientras estuve fuera? —preguntó, intentando recuperar el hilo de los acontecimientos.

  El profesor resumió los eventos más recientes. Desde el conflicto que había sacudido la casa hasta la inesperada elección de Cáliban como líder, cada palabra revelaba que, aunque los problemas parecían haber encontrado una solución temporal, las aguas seguían siendo peligrosamente profundas.

  —?Realmente cree que el joven Cáliban pueda con ellos? —inquirió Rain, arqueando una ceja con escepticismo.

  —Ya lo hizo antes. —replicó el profesor, con una certeza que casi parecía desafiar cualquier duda —Por eso no tengo dudas ahora.

  La profesora Rain asintió lentamente, aunque en su mirada persistía una chispa de duda.

  —Muy bien. Iré a buscarlo. Como nuevo líder, tendrá que enterarse de esto cuanto antes.

  —Por favor.

  Rain salió de la oficina con un movimiento fluido, dejando al profesor una vez más en la soledad de su despacho. Unos minutos más tarde, la puerta volvió a abrirse, esta vez para dar paso a Cáliban.

  —Hola, profesor. —dijo el joven al entrar —La profesora Rain me dijo que quería verme con urgencia.

  —Sí, así es. Sé que tuviste poco tiempo para hablar con tus amigos, pero esto es importante. Por favor, toma asiento.

  Cáliban obedeció, sentándose frente al escritorio. No pudo evitar notar que el profesor parecía más tenso de lo habitual, como si el peso de lo que estaba a punto de decirle fuera demasiado grande.

  —?Ocurre algo, profesor? —preguntó, rompiendo el silencio.

  El profesor respiró hondo antes de responder, preparándose para lo que sabía que sería una conversación difícil.

  —Como sabrás, ahora mismo hay un total de doce alumnos en la casa, cuando deberían haber sido trece.

  —Así es. —respondió Cáliban, su mirada denotaba interés.

  El profesor se inclinó ligeramente hacia adelante, apoyando las manos sobre el escritorio.

  —Hasél Krein, miembro de la noble familia Krein de la ciudad de Xulat Khan, conocida como la ciudad de los elfos oscuros, debería haber sido el nuevo integrante de nuestra casa. Sin embargo, fue encontrado en el bosque, sin vida, con marcas de garras en todo el cuerpo.

  Hizo una pausa, como si buscara las palabras adecuadas para transmitir el peso de la situación.

  —Realmente es desafortunado.

  —Ya veo… —respondió Cáliban, llevándose la mano a la barbilla.

  Sus pensamientos comenzaron a fluir rápidamente. Aquello no le sonaba a un simple ataque. Había algo más tras esas palabras.

  ?Bandidos… ?Un wyvern? ?Animales, eh?? —reflexionó para sí mismo, mientras su mente analizaba posibles escenarios.

  —?Estas cosas suelen pasar en la academia? —preguntó finalmente, rompiendo el silencio.

  El profesor soltó un suspiro largo, casi resignado.

  —Es extra?o… lo sé. Pero, realmente, sí. Sobre todo cuando se trata de miembros de familias nobles. Estas familias suelen tener muchos enemigos… otras casas nobles, rivales políticos... a veces, las disputas terminan en secuestros, extorsiones, o incluso… en casos como este.

  Cáliban entrecerró los ojos, tratando de leer más allá de las palabras del profesor.

  —?Entonces cree que esto fue obra de otra familia noble?

  —Es difícil decirlo con certeza. —respondió el profesor, alzando los hombros —Pero es una posibilidad. Sin embargo, en este caso particular, las circunstancias son diferentes.

  —?Diferentes? ?Por qué lo dice?

  El profesor ajustó sus lentes y lo miró con seriedad.

  —Hasél Krein era un "caso especial". —contestó, como si esperara que Cáliban ya supiera a qué se refería.

  —?Caso especial? —reitero.

  —Sí, así llamamos a aquellos alumnos que no solicitan entrada a la academia, sino que son invitados directamente por nosotros.

  Cáliban frunció el ce?o.

  —?Invitados?

  —Exacto. Por ejemplo, las se?oritas Elizabeth, Juliana y Astrid son casos similares. Hace algún tiempo, acompa?é al director en una misión para localizar a ciertos individuos que nacieron con un talento excepcional. El director, como sabes, tiene la capacidad de vislumbrar el futuro, aunque de manera limitada. él vio que algunos de estos ni?os tendrían un poder extraordinario, así que nos encargamos de invitar a sus familias para asegurar su ingreso cuando alcanzaran la edad adecuada.

  —Entiendo… pero si eran tan excepcionales y la academia se interesó tanto en ellos, ?Por qué no resolver este problema?

  El profesor apoyó los codos en el escritorio, entrelazando los dedos frente a su rostro.

  —Cuando enviamos las invitaciones, algunas familias aceptan nuestra ayuda, incluida la seguridad y el transporte hacia la academia. Sin embargo, en el caso de Hasél Krein, su familia rechazó cualquier asistencia. Esto ocurre con frecuencia entre casas prestigiosas; muchas veces confían en sus propios recursos para proteger a los suyos… o simplemente no confían en nosotros.

  Hizo una pausa, como si quisiera enfatizar su punto.

  —Si los obligáramos a aceptar nuestras condiciones, ya no sería una invitación, ?No lo crees?

  Cáliban asintió lentamente, procesando cada palabra.

  —Hmmm… ya veo. Pero me pregunto… ?Qué puede contarme sobre las se?oritas Elizabeth, Juliana y Astrid? ?Cómo fue que las invitaron?

  El profesor levantó una ceja, sorprendido por la pregunta. Cáliban no era alguien que se interesara mucho en asuntos ajenos.

  —?Por qué quieres saber eso?

  Cáliban sonrió ampliamente, con una inocencia que no terminaba de convencer al profesor.

  —Simple curiosidad.

  El profesor lo miró fijamente durante unos segundos, como si intentara leer entre líneas. Finalmente, decidió responder.

  —?Es así?... bueno no fue fácil en ninguno de los casos. —continuó el profesor, reclinándose ligeramente en su silla mientras repasaba los recuerdos —Cuando fuimos a la ciudad de las amazonas, la situación fue particularmente complicada. Fuimos emboscados por la reina en persona; al parecer, pudo detectar la energía del director incluso antes de que nos acercáramos. —El profesor se reclinó sobre su silla, suspirando con un poco de miedo —todavía recuerdo la fuerza de la reina… con una sola lanza logró romper el escudo del director… pensé que no saldríamos con vida…

  Cáliban alzó una ceja, sorprendido.

  —?Emboscados?

  —Así es. Al principio pensé que nos desollarian vivos, pero, después de un tenso intercambio de palabras, la reina nos permitió entrar a la ciudad. El director le habló del potencial de su nieta, asegurándole que sería una poderosa guerrera si aceptaba nuestra invitación.

  El profesor hizo una pausa, suspirando con cierta exasperación.

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  —Pero, como era de esperarse, la reina se negó. No fue hasta catorce a?os después que recibimos una notificación diciendo que su nieta asistiría a la academia.

  Cáliban entrecerró los ojos, intrigado.

  —?Rechazaron una invitación de la academia durante tanto tiempo? ?Por qué?

  —Bueno… Las amazonas no se llevan bien con los hombres. No importa de qué tribu sean; son reacias a involucrarse con ellos, a menos que sea por temas de apareamiento. Al menos, ahora ya no matan a discreción como hacían hace siglos... —a?adió con un tono ligeramente irónico.

  Cáliban tragó saliva mientras su mente visualizaba a la nieta de la reina entre sus compa?eros de casa.

  ?Mujeres que matan hombres sin remordimiento… y una de ellas está aquí. Mierda…? —pensó.

  El profesor no pudo evitar notar la expresión de su estudiante y se rió suavemente.

  —Tranquilo. —dijo, tratando de calmarlo —estoy un 60% seguro de que no le hará nada a los hombres de la casa.

  Cáliban lo miró incrédulo.

  ???Solo un 60 %?!? —pensó, pero prefirió no decir nada.

  El profesor, como si ignorara la reacción de Cáliban, prosiguió.

  —Ahora, en cuanto a Lady Elizabeth… bueno, fue un caso aún más problemático.

  Cáliban inclinó la cabeza, curioso.

  —?Por qué lo dice?

  —Porque tuve que involucrarme nuevamente con los Nosferatu. Fue un inconveniente considerable, sobre todo porque eso significaba enfrentarme a mi tío, Edmund.

  El tono del profesor se volvió notablemente más frío al mencionar el nombre.

  —Entiendo. Considerando lo que me contó antes, no indagaré en eso.

  —Te lo agradezco. La verdad, no fue algo fácil. No pude entrar a la ciudad porque fui exiliado hace a?os. El director tuvo que hablar personalmente con el padre de Elizabeth. No sé qué conversaron exactamente, pero, después de esa charla, el rey aceptó enviar a su hija a la academia.

  Cáliban se detuvo un instante, sorprendido por la última palabra.

  —Espere… ?Rey?

  El profesor lo miró con una ligera sonrisa.

  —Oh, sí. Elizabeth es la única hija del actual Rey de Sangre, descendiente directo del gran Drácula.

  Cáliban soltó un suspiro largo, inclinando la cabeza hacia atrás como si el peso de esa información lo abrumara aún más.

  ?Una amazona loca, una chupasangre… ?Y quién sabe qué más? Esto empieza a parecer una broma de mal gusto? —pensó.

  El profesor no pudo evitar sentir cierta lástima por su estudiante. Sabía que no sería fácil, pero no había nadie mejor que Cáliban para enfrentar ese reto.

  —Bueno, dejando de lado estos detalles, ahora es momento de explicarte cuáles serán tus responsabilidades como líder de equipo.

  Durante los siguientes minutos, el profesor enumeró con detalle las tareas semanales que Cáliban debía realizar. Supervisión de sus compa?eros, organización de turnos, reportes semanales, reuniones con los profesores, entre otras cosas que parecían más trabajo administrativo que liderazgo.

  Cuando el profesor finalmente terminó, Cáliban soltó un suspiro pesado, claramente molesto.

  —Eso sería todo. Ahora, ve a hablar con tus compa?eros y explícales las reglas.

  —Entendido… —respondió Cáliban con un tono resignado.

  Hizo una reverencia hacia el profesor y salió de la sala. Sus pensamientos aún giraban en torno a todo lo que había escuchado.

  ?Bueno… esto será interesante de ver? —pensó el profesor Yannes mientras observaba a través de la ventana de su estudio.

  Cáliban, por su parte, caminaba por el pasillo con pasos lentos, sumido en sus pensamientos. Había demasiada información que procesar… el asesinato de Hasél Krein, las circunstancias peculiares de sus compa?eros, y las extra?as intrigas que parecían rodear a la academia.

  Pero no tuvo mucho tiempo para reflexionar cuando, al final del pasillo, distinguió una figura familiar.

  —Elizabeth… —murmuró.

  Ella estaba de pie junto a una de las ventanas, su piel pálida resplandecía bajo la tenue luz que se filtraba. Al escuchar sus pasos, Elizabeth giró la cabeza hacia él, sus ojos carmesíes se clavaron en los suyos.

  —Líder Cáliban… —dijo ella con una sonrisa que resultaba tan elegante como perturbadora —?Tienes un momento?

  Al verlo acercarse, Elizabeth realizó una reverencia elegante, su porte impecable era de esperarse de alguien de linaje noble.

  —Un gusto conocerte, nuevo líder. Mi nombre es Elizabeth Ileana Dracul.

  Su tono era formal, casi solemne, pero había un leve temblor en sus palabras que no pasó desapercibido para Cáliban.

  —Igualmente, se?orita Elizabeth. Yo soy…

  —No hace falta que te presentes. Sé quién eres. —lo interrumpió, con una ligera sonrisa —Pude corroborarlo el día de ayer. Tus compa?eros no paraban de alabarte.

  Cáliban ladeó la cabeza, sorprendido por sus palabras.

  —Entiendo, pero… puedes hablarme normal. No necesitas ser tan formal conmigo.

  La vampira pareció desconcertada por su respuesta, como si no esperara tanta naturalidad por parte de su líder. Aunque no podía leer su mente, Cáliban intuyó que detrás de su actitud rígida y reservada había un cierto temor… el miedo de ser rechazada por lo que era.

  —?Puedo ayudarte en algo? —preguntó con suavidad, intentando aliviar la tensión en el ambiente.

  Elizabeth dudó por un instante, desviando la mirada. Había algo en su rostro, una mezcla de vergüenza y nerviosismo, que la hacía ver casi vulnerable.

  —En realidad… yo…

  Su voz se fue apagando, y lo único que Cáliban pudo escuchar fueron susurros inaudibles que salían de sus labios.

  —?Perdón? No te escuché.

  De repente, Elizabeth alzó la mirada, y en un arrebato, dijo en voz alta:

  —??Podrías darme un poco de tu sangre?!

  El pasillo quedó en completo silencio. La súbita exclamación resonó como un eco, y el rostro de Elizabeth se puso rojo al instante.

  —Ah… lo siento. No quería…

  Cáliban la miró fijamente, tratando de asimilar lo que acababa de escuchar.

  —Está bien.

  —?Eh?

  El rostro de Elizabeth se iluminó, pero también mostraba una mezcla de sorpresa y escepticismo. Estaba claro que no esperaba esa respuesta. La gente, por lo general, detestaba a los vampiros. Nadie en su sano juicio permitiría que uno se alimentara de ellos, y mucho menos de manera voluntaria.

  —?En serio puedo? —preguntó, con un leve temblor en la voz.

  —No veo por qué no… si es solo un poco. —respondió Cáliban con calma, encogiéndose de hombros.

  Los ojos carmesíes de Elizabeth brillaron de emoción, como los de un ni?o al recibir un regalo inesperado.

  —?Sí! Te prometo que solo será una mordida, nada más.

  —Bueno, en ese caso…

  Cáliban movió la camisa para dejar su cuello al descubierto.

  —Cuando quieras.

  —?No, espera, eso no! —exclamó Elizabeth, llevándose las manos al rostro. Sus mejillas se encendieron aún más, y comenzó a balbucear palabras ininteligibles.

  —?Hmm? ?Qué pasa? ?No querías sangre? —preguntó Cáliban, confundido por su reacción.

  —Sí… pero no… de ahí.

  —No te entiendo. —dijo él, rascándose la nuca.

  Elizabeth suspiró profundamente, intentando calmarse. Su voz salió más controlada, aunque aún temblaba ligeramente.

  —Los vampiros podemos extraer sangre de cualquier parte del cuerpo, no tiene que ser… tan íntimo como el cuello. Además… es algo que solo se hace con personas muy cercanas. Es decir… parejas.

  Cáliban parpadeó, procesando esa última parte.

  —?Parejas?

  —?Sí! —Elizabeth lo miró fijamente, con una mezcla de nervios y frustración —?Por eso no puedo hacerlo de ahí!

  —Ah, ya entiendo… —Cáliban subió la camisa nuevamente, claramente aliviado de no haber cruzado una línea innecesaria.

  Hubo un breve momento de silencio incómodo entre los dos. Elizabeth parecía estar reuniendo valor para continuar, mientras Cáliban simplemente esperaba, con una paciencia inusualmente serena.

  —Bueno… entonces dime cómo prefieres hacerlo.

  Elizabeth lo miró, sorprendida por su disposición.

  —?En serio no te molesta? —preguntó, como si aún no pudiera creerlo.

  —No. Si es algo que necesitas para estar bien, no veo el problema.

  Ella dejó escapar una leve risa, relajándose un poco.

  —De acuerdo. Gracias… por esto.

  Se acercó lentamente, con pasos casi inaudibles, y extendió la mano hacia la mu?eca de Cáliban.

  —?Puedo? —preguntó con suavidad, esperando su permiso.

  Cáliban asintió, y Elizabeth tomó su brazo con delicadeza, inclinándose para acercar sus colmillos a la piel.

  La sensación fue extra?a, un ligero pinchazo que pronto se convirtió en una presión tibia. Cáliban observó en silencio cómo Elizabeth se alimentaba, notando que, lejos de parecer aterradora, en ese momento lucía increíblemente frágil, casi humana. La mordida fue un ligero pinchazo, pero lo que realmente llamó la atención de Cáliban fue la sensación que le siguió. Podía sentir cómo no solo su sangre, sino también parte de su energía, eran absorbidas. Su núcleo, que había despertado recientemente, ahora estaba completamente vacío.

  Después de unos segundos, ella se detuvo, limpiando con cuidado la peque?a marca que había dejado en su mu?eca.

  —Gracias… normalmente recibo paquetes de sangre de mi familia, pero se terminaron antes de tiempo. —murmuró, sin atreverse a mirarlo directamente.

  —?Tenías tanta hambre?

  —Se me cayeron… —murmuró, escondiendo el rostro para que Cáliban no viera el rubor que te?ía sus mejillas.

  Cáliban contuvo una leve sonrisa. Aunque la situación era peculiar, había algo genuinamente humano en la vergüenza de Elizabeth.

  ?Bueno… su mordida me ayudó. Ahora puedo llenar mi núcleo con energía más pura? —pensó mientras flexionaba ligeramente el brazo.

  —Bueno, no hay de qué. —respondió Cáliban, con una sonrisa tranquila.

  Elizabeth lo miró de reojo, y aunque trató de mantener la compostura, no pudo evitar que una leve una sonrisa radiante y aura de inocencia la envolviera por completo.

  —Está bien. Ahora ven conmigo. Debo hablar con todos los demás.

  Ambos comenzaron a bajar las escaleras hacia la sala principal. Allí, Cáliban tomó asiento frente al grupo, adoptando una postura relajada pero con cierto aire de autoridad. Con una voz apática, comenzó a explicar:

  —Bueno… como aparentemente soy el nuevo líder de este grupo tan carismático, tengo que informarles algunas cosas.

  El grupo lo observaba con atención, algunos con curiosidad, otros con escepticismo.

  —En la academia hay dos sistemas de puntos dise?ados para recompensar a los estudiantes más destacados en cada casa. Primero están los puntos de equipo. En cada clase se asignan tareas semanales. Si completan esas tareas y consiguen suficientes puntos, podrán obtener mejores recompensas para la casa… materiales, elixires, libros de habilidades, entre otras cosas.

  Astrid levantó la mano, interrumpiendo la explicación.

  —?Todos tendremos que cumplir con esas tareas?

  —Por lo que tengo entendido… no. Cada uno de nosotros entrará en algunas clases específicas. Si cumplen con sus tareas, ganarán puntos, y estos se sumarán al total del equipo. Pero aún debemos esperar a los días de clases para ver cómo se organiza todo.

  —Entendido. —respondió Astrid, asintiendo levemente.

  —Luego están los puntos de casa. —continuó Cáliban —Estos son la suma de los puntos de todos los equipos dentro de una casa. Al final del a?o, la academia premia a las casas según su posición.

  Hizo una pausa, viendo que tenía la atención de todos.

  —El último lugar recibe materiales especiales extras. El tercer lugar obtiene materiales adicionales y equipo nuevo. El segundo lugar obtiene lo anterior más el permiso para salir dos semanas antes del fin de curso, básicamente vacaciones anticipadas. Y el primer lugar…

  —?Qué obtienen? —preguntó Joseph con interés.

  —El primer lugar obtiene todo lo mencionado, más un pase al Pozo Celestial para los equipos principales.

  El grupo murmuró entre sí, pero fue Joseph quien alzó la voz nuevamente.

  —?Qué es el Pozo Celestial?

  La pregunta pareció desconcertar a varios de sus compa?eros, especialmente a los hijos de héroes y a las chicas nobles. Incluso Juliana, Elizabeth y Astrid lo miraron con incredulidad.

  Cáliban levantó una mano para calmar la situación.

  —Aparentemente, es un pozo con energía infinita. Puede acelerar el avance de los alumnos, curar heridas, mejorar la condición física y eliminar las impurezas del cuerpo.

  —Según dice mi padre. —intervino Argos con un tono más solemne —Hay una leyenda. El Pozo Celestial es capaz de otorgar inmortalidad o incluso convertir a alguien en un semidiós.

  —?Dioses? —replicó Similia con desdén —Eso son patra?as absurdas. Los dioses no existen. Solo la voluntad del Gran árbol.

  El comentario generó una peque?a tensión en el grupo. Joseph, por su parte, soltó una risa ligera que rompió el momento, aunque incomodó visiblemente a Similia.

  —?Qué? ?Acaso crees en algún dios? —preguntó ella con un tono altanero, clavando su mirada en él.

  Joseph se encogió de hombros.

  —No… la verdad es que no.

  —?Entonces?

  —No es nada. —respondió Joseph, mirando hacia otro lado, con una leve sonrisa que dejaba entrever que sabía más de lo que decía.

  ?Si supieras del ser que tienes justo enfrente, te harías encima? —pensó Joseph mientras lanzaba una breve mirada a Cáliban. A este último pareció no importarle el comentario de Similia, aunque no dejó que se notara demasiado en su rostro.

  —Bueno, realmente eso sería todo en cuanto a la academia. —continuó Cáliban, despreocupado —Solo asegúrense de no reprobar sus materias, o nos bajarán puntos. ?Alguien tiene alguna pregunta?

  Juliana, siempre energética, alzó la mano con entusiasmo. Cáliban giró la cabeza hacia ella, dándole la palabra.

  —?Sí?

  —??Pelearías conmigo?! ?Quiero enfrentarte en batalla!

  —?No! Siguiente pregunta… —contestó con frialdad.

  —??Por qué no?! —protestó Juliana, visiblemente decepcionada.

  Antes de que pudiera seguir insistiendo, Catherine levantó la mano, llamando la atención de Cáliban.

  —Habla, mu?eco de nieve. —dijo Cáliban, se?alándola con un ligero gesto de la mano.

  —No soy un… bueno… ?El profesor te mencionó cuándo iremos a Hilloy?

  —Según el profesor, ma?ana temprano. El tour se retrasó por culpa de tres idiotas… —dijo, fulminandolos con la mirada.

  El comentario hizo que Similia, Catherine y Argos desviaran la mirada, incómodos. El comentario de Cáliban iba dirigido claramente a ellos, pero ninguno se atrevió a replicar. Bueno, nadie excepto Similia.

  No pudiendo soportar la actitud despreocupada de su líder, Similia le espetó con furia:

  —?Qué sucede con esa actitud? Somos hijos de familias nobles, incluso las se?oritas Juliana, Elizabeth y Astrid. ?No crees que nos debes respeto? ?No muchos tienen la oportunidad de trabajar con personas importantes como nosotros!

  Cáliban soltó una leve risa, aunque sus ojos permanecieron serios e intimidantes.

  —El respeto se gana, y ustedes no se lo merecen.

  Las palabras golpearon como una bofetada. Similia entrecerró los ojos, su indignación estaba creciendo, pero Cáliban no le dio oportunidad de replicar.

  —Hablas de nobleza, beneficios o sangre real. Eso a mí no me interesa. Aquí no eres la hija de un héroe; eres una elfa arrogante con tierra en la cabeza. O haces lo que te digo o haré lo mismo que antes… tú decides…

  Sus ojos, aunque tranquilos, parecían arder con una furia contenida que resultaba aún más aterradora. El recuerdo de la batalla anterior regresó a la mente de Similia como un golpe pesado. Un escalofrío recorrió su espalda, congelando cualquier intento de réplica.

  El silencio que siguió fue casi ensordecedor. Cáliban, sin embargo, lo ignoró por completo y siguió adelante como si nada.

  —?Alguien más?

  Dimerian, que había estado observando todo en silencio, levantó la mano.

  —Tú. Habla.

  —?Nos darás órdenes?

  Cáliban se cruzó de brazos, reflexionando por un instante antes de responder.

  —Bueno, esa es una de mis tareas. Sin embargo, no planeo obligar a nadie a hacer nada. Pero que quede claro… tampoco dejaré que los que no hagan nada obtengan beneficios. Si te pongo a trabajar, te aseguro que valdrá la pena.

  Hizo una pausa, mirando al grupo, y luego continuó.

  —Lo que me recuerda… es hora de que vayamos afuera. ?Vamos!

  Sin esperar una respuesta, Cáliban se levantó y caminó hacia la puerta trasera de la mansión. Los demás lo siguieron, algunos con curiosidad y otros con cierta reticencia.

  La parte trasera de la mansión era un amplio terreno rodeado de árboles y maleza. Un espacio dise?ado para entrenamiento y actividades al aire libre, con varios campos delimitados y un peque?o estanque al fondo que reflejaba el cielo grisáceo.

  Cáliban se detuvo en el centro del terreno, girándose para enfrentar al grupo.

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