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Capítulo 18: Sombra carmesí en la oscuridad

  Mientras seguían las huellas del enorme jabalí de piedra, Reinhard no dejaba de darle vueltas al asunto en su mente. Por más que analizaba, no lograba entender cómo aquella bestia había escapado. Frustrado, buscó respuestas en Cáliban.

  —?Cómo lo sabías? —preguntó finalmente, rompiendo el silencio.

  —?Cómo sabía qué? —respondió Cáliban, con una sonrisa apenas perceptible.

  —No te hagas el tonto. —espetó Reinhard, mirándolo de reojo —Me refiero a cómo sabías que mi flecha fallaría.

  —Es muy simple, en realidad. Solo no pensaste.

  —?No pensé? ?Qué significa eso? No entiendo.

  —Eso mismo. —respondió Cáliban, encogiéndose de hombros con desdén.

  Reinhard dejó escapar un suspiro frustrado mientras se pasaba la mano por la nuca. No entendía nada de lo que Cáliban trataba de decirle, pero sabía que sería un error no insistir. Finalmente, decidió ser directo:

  —Está bien, no entiendo, pero quiero hacerlo. Dices que no pensé… ?Podrías explicármelo, por favor?

  Cáliban lo observó con una mirada cautelosa. No solía hablar más de lo necesario, pero Reinhard había demostrado ser alguien respetuoso, incluso humilde, cualidad rara en alguien con ansias de mejorar. Quizás valdría la pena explicarle.

  ?Eso es bueno? —pensó Cáliban —?si puede aprender de otros, incluso de lo más peque?o, su mente se afilará tanto como su espada. Un verdadero guerrero no solo debe poseer fuerza, sino también sabiduría?.

  La mayoría de los fuertes caían en la arrogancia, creyendo que no tenían nada que aprender. Olvidaban que incluso un ni?o, un anciano o un héroe podían ofrecer lecciones invaluables. Cáliban sabía que el combate no era solo una prueba de fuerza, sino también de estrategia y reflexión. Si solo dependías de una de esas cualidades, tu destino sería la derrota tarde o temprano.

  —?Has cazado antes? —preguntó finalmente.

  —Sí, con mi tío… y a veces con mi padre… —respondió Reinhard, algo desconcertado por el cambio de tema.

  —Déjame adivinar… —continuó Cáliban, sin apartar la mirada —Si el animal era fuerte, planeaban una estrategia. Si era débil, simplemente lo atacaban.

  —Bueno… sí. ?Eso está mal?

  —No, pero ese no es el panorama completo.

  Reinhard detuvo sus pasos y fijó los ojos en Cáliban, como si buscara ver más allá de sus palabras. El joven permaneció en silencio, esperando la respuesta que, sin saberlo, podría cambiar su forma de entender el mundo.

  —?Panorama completo? —preguntó Reinhard con cierta incredulidad.

  —Cuando cazas a un animal. —comenzó Cáliban —lo común es planear una estrategia para matarlo si es fuerte. Si es débil, simplemente lo atacas hasta que cae. Ahora dime, ?Qué pasa con las criaturas inteligentes? Aquellos lo bastante listos como para entender comportamientos salvajes.

  —?No sería simplemente armar otra estrategia? —aventuró Reinhard, inseguro.

  —?Y cómo harías una estrategia sobre algo cuyo comportamiento no comprendes?

  Reinhard se quedó en silencio, desconcertado.

  —Cuando disparaste al Ferrum con la flecha, ignoraste tres se?ales cruciales que el propio animal te dio.

  —Ilumíname, por favor… —pidió Reinhard con humildad, bajando un poco la cabeza.

  Cáliban asintió, aprobando su disposición a aprender.

  —Primero, el jabalí nos detectó en el instante en que lo vimos. Fíjate, su reacción fue desviar la mirada tan rápido como pudo. No lo hizo de forma natural ni pausada, lo hizo con urgencia. Su guardia estaba alta desde el principio.

  —?Y el segundo? —preguntó Reinhard, ya intrigado.

  —Cuando nos percibió, lo primero que hizo fue girar la cabeza hacia un lado. ?Sabes por qué?

  Reinhard frunció el ce?o, reflexionando. Tras unos segundos, respondió:

  —Para asegurarse de tener una ruta de escape…

  —Exacto. Miró en la dirección de su huida, dejando claro que ya había planeado el camino para escapar. Eso significa que esperaba ser atacado y estaba listo para evadirnos.

  —Entonces… ?Por qué no huyó de inmediato si sabía que estábamos ahí?

  Cáliban dejó escapar una leve risa antes de contestar:

  —?Tomarías ese riesgo?

  —?Qué riesgo? —Reinhard preguntó, intrigado.

  —El riesgo de confirmar tu posición a un depredador que tal vez no está seguro de haberte detectado. Si huyes sin certeza, alertarás al enemigo. Sí, podrías ganar algo de tiempo, pero también podrías desatar una persecución que podrías haber evitado en primer lugar.

  Reinhard asintió lentamente mientras se frotaba el mentón, asimilando las palabras de Cáliban.

  —?Y el tercero? —preguntó al fin.

  —Hubo un momento en el que el jabalí dejó de masticar. ?Sabes por qué?

  Reinhard reflexionó nuevamente, pero esta vez no logró hallar una respuesta. Finalmente, levantó la mirada y negó con la cabeza.

  —No…

  Cáliban lo observó con una mezcla de paciencia y severidad, como un maestro que espera a que su pupilo conecte las piezas del rompecabezas.

  —Cuando un animal deja de hacer algo que lo distrae, como masticar, es porque ha priorizado su supervivencia sobre cualquier otra acción. En ese instante, el Ferrum estaba analizando su entorno, escuchando, buscando confirmar nuestras intenciones.

  Reinhard permaneció en silencio, masticando las palabras de Cáliban como quien digiere una amarga lección.

  —Fue porque se dio cuenta de tu ataque… —continuó Cáliban, con su tono grave —En el momento en que revestiste la flecha con tu aura, el jabalí dejó de masticar y se detuvo por completo. Eso quiere decir que…

  —Pudo detectar mi aura… —concluyó Reinhard, con los ojos muy abiertos.

  —Exactamente. Hay criaturas ahí afuera que pueden percibir cosas que tú ni siquiera notas. Si te limitas a seguir las viejas costumbres, tarde o temprano serás la presa, no el cazador.

  Reinhard estaba asombrado. Nunca había imaginado que peque?os detalles como esos pudieran ser tan importantes, ni siquiera al enfrentar a un enemigo que consideraba común. Con una mezcla de respeto y gratitud, se inclinó profundamente ante Cáliban.

  —Gracias por iluminarme.

  —No hay de qué… —respondió Cáliban con indiferencia, aunque una leve sonrisa cruzó su rostro.

  Ambos reanudaron la marcha por el bosque, siguiendo el rastro del Ferrum. Sin embargo, al llegar al final de las huellas, lo que encontraron los dejó helados. La escena ante ellos era grotesca… el cuerpo del jabalí yacía desgarrado, su estómago estaba abierto de par en par, con las tripas desparramadas por el suelo como un macabro adorno. Su sangre empapaba la tierra, y su cuerpo estaba cubierto de profundas marcas de garras, aún goteando.

  Reinhard, con el ce?o fruncido, avanzó para inspeccionar el cadáver más de cerca, pero antes de que pudiera dar otro paso, Cáliban lo detuvo colocando una mano firme sobre su pecho.

  —Espera…

  —?Qué sucede? —preguntó Reinhard, confundido.

  Cáliban no respondió de inmediato. Sus ojos se movían rápidamente, escrutando cada sombra, cada movimiento a su alrededor.

  De repente, en un abrir y cerrar de ojos, una sombra surgió de entre los árboles con velocidad letal. Cáliban reaccionó al instante, empujando a Reinhard a un lado justo a tiempo para esquivar un zarpazo que cortó el aire con un silbido mortal. Las garras, largas y manchadas de sangre carmesí, dejaron un surco en el tronco de un árbol cercano.

  Frente a ellos se erguía una bestia enorme, sus ojos brillaban con un rojo salvaje mientras gru?ía con un sonido profundo que resonaba como un trueno en el bosque. Reinhard comenzó a temblar, su respiración se volvió errática.

  —?Reinhard! —gru?ó Cáliban, sin apartar la vista de la criatura —?Concéntrate!

  Pero el joven lagarto apenas podía mover un músculo, paralizado por el miedo ante aquel monstruo que parecía sacado de una pesadilla.

  —?Es una pantera carmesí! —gritó Reinhard con la voz temblorosa.

  —?Pantera carmesí? —repitió Cáliban, sin perder la calma.

  —?Tenemos que correr!

  No hubo necesidad de más palabras. Ambos comenzaron a correr con todas sus fuerzas, adentrándose más en el bosque. Reinhard jamás había visto un animal tan imponente de cerca. La criatura era una monstruosidad… una pantera de casi tres metros de altura, su pelaje negro estaba marcado con franjas carmesí brillantes, múltiples colas ondeaban como látigos y garras rojas tan afiladas como dagas. Había sido una desastrosa coincidencia que cruzaran su territorio de caza.

  Tras lo que pareció una eternidad de huida, los dos se detuvieron al notar que ya no escuchaban ni veían se?ales de la pantera. Atrapados entre la incertidumbre y el cansancio, se refugiaron en unos arbustos para evaluar la situación. Reinhard susurró entre jadeos:

  —Mierda… ?Cómo es que esa bestia está aquí?

  —?Qué animal era exactamente? —preguntó Cáliban, con el ce?o fruncido.

  —?Nunca lo habías visto antes? —inquirió Reinhard, sorprendido.

  —No recuerdo haber leído sobre algo así en ninguna parte…

  —Tienes razón. No hay mucha información porque nadie vive para contar sobre ellas.

  Reinhard frunció el ce?o, intentando comprender.

  —?Qué quieres decir? ?Es enorme! Su color carmesí debería hacerla fácil de detectar.

  —No es por eso. Esa criatura tiene una capa especial de piel que genera un aura carmesí. Esa aura le otorga invisibilidad, tanto de día como de noche. Aquellos que logran verla, como nosotros… siempre terminan muertos. Por eso hay tan poca información.

  ??Capa de invisibilidad?? —pensó Cáliban fugazmente, pero el pánico regresó al recordar la situación en la que se encontraban.

  —?Y ahora qué hacemos? —preguntó Reinhard, susurrando —Si nos vamos ahora…

  —La guiaremos directamente al campamento —dijo Cáliban con frialdad —Esa cosa ya captó nuestro olor. Tal vez no nos persiga enseguida, pero si regresamos, pondremos en peligro a todos.

  —Es verdad… pero si llamamos a los profesores…

  —O, mejor aún, ?Y si la matamos?

  Reinhard lo miró como si hubiera perdido la cabeza.

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  —?Matarla? ?No podemos! Esa cosa es de quinto rango. ?Tenemos que seguir huyendo!

  Cáliban lo fulminó con la mirada.

  —Entonces corre. Yo iré por ella.

  Reinhard retrocedió un paso, atónito.

  —??Estás loco?! Si vas tras esa cosa…

  Cáliban lo tomó de la camisa, su mirada ardió con determinación.

  —Escucha bien, hijo de héroe. Me importa un carajo lo que pienses. Esto es una batalla de vida o muerte. Si peleamos ahora, tal vez podamos morir. Pero si la llevamos al campamento, habrá más cadáveres, y no pienso permitirlo. Si quieres correr, hazlo. No te juzgaré. Pero yo voy a detener a esa cosa.

  —?Estás demente! —gritó Reinhard, soltándose de su agarre.

  Sin pensarlo dos veces, Reinhard giró sobre sus talones y comenzó a correr tan rápido como sus piernas se lo permitían. Pero mientras más se alejaba, más pesado se sentía su corazón. Cada paso que daba lo llenaba de un sentimiento de vacío e impotencia.

  ??Mierda! ?Mierda! ?Mierda!?

  Finalmente, se detuvo en seco, jadeando. Las palabras de Cáliban resonaban en su mente, mezclándose con imágenes de su pasado. Recordó los rumores sobre el wyvern y cómo, contra todo pronóstico, sus dos amigas habían enfrentado una criatura de sexto rango sin armas ni apoyo, sobreviviendo solo gracias a su inquebrantable voluntad de luchar.

  ?Ellas no se rindieron… Con todo en contra, no lo hicieron…?

  Reinhard apretó los pu?os, temblando de rabia consigo mismo.

  ??Maldita sea! ?Maldita sea! ?Maldita sea!?

  El eco de su propio miedo comenzaba a desmoronarse, dejando lugar a algo más profundo… la determinación. Reinhard reflexionó por un instante, un parpadeo en el tiempo que, para él, se sintió eterno. Finalmente, giró sobre sus talones y corrió de vuelta. Cuando alcanzó a Cáliban, lo tomó del hombro, obligándolo a mirarlo.

  —Déjame ayudarte.

  Cáliban lo miró fijamente, evaluándolo.

  —?Estás seguro? No te culparé si decides marcharte.

  —Pero yo sí. —respondió Reinhard con firmeza —?Cómo podría vivir sabiendo que elegí correr en vez de pelear?

  —Preocuparte por tu vida no te hace un cobarde. —replicó Cáliban, con seriedad.

  —No cuando puedo ayudar a alguien más…

  Cáliban sonrió con calidez. En ese momento, vio algo en Reinhard que iba más allá de su fuerza… un espíritu noble que no podía ignorar.

  —Si eso es lo que quieres, sígueme.

  —?Tienes un plan? —preguntó Reinhard mientras ajustaba su postura.

  Cáliban se llevó la mano a la barbilla mientras su mente trabajaba a toda velocidad. Durante un breve instante, recordó la escena del ataque anterior. Su aguda percepción le permitió captar con claridad los patrones en la línea de aura que la pantera carmesí emitía.

  ?Usa aura ofensiva para potenciar las garras… su piel está revestida con aura de camuflaje, pero no es defensiva… aún así, su resistencia natural es formidable. Será complicado atravesarla? —reflexionó.

  Sus pensamientos regresaron al cadáver destrozado del Ferrum. Visualizó los fragmentos del revestimiento metálico y los cuernos que habían recolectado. En ese momento, una idea tomó forma en su mente, una que podría igualar las posibilidades en esta batalla desigual.

  ?Si no puedo vencer su resistencia con fuerza bruta… tal vez pueda usar su propio peso contra ella? —pensó, y sus ojos se iluminaron con determinación.

  —Dijiste que no tenemos armas que puedan penetrar su piel, ?Cierto?

  —Así es. Las armas aquí no son lo bastante resistentes. Tal vez puedan soportar sus ataques, pero no harán da?o. No tienen filo y el material no puede atravesarla.

  —?Y si usamos los cuernos del Ferrum? ?Podrían funcionar?

  Reinhard abrió los ojos, sorprendido, y reflexionó rápidamente.

  —Tal vez. Los cuernos del Ferrum están revestidos con metal natural. No se si será suficiente para hacerle heridas profundas, pero sí para da?arla.

  —Muy bien, Reinhard, necesito que me escuches con atención. Tengo un plan, pero para que funcione, voy a necesitar que te acerques lo suficiente para clavar ese cuerno en su pata trasera.

  Reinhard lo miró con incredulidad, apretando los dientes.

  —?Clavarle esto? ?Estás loco! ?Cómo se supone que me acerque sin que me desgarre vivo?

  —No es imposible. Usa el camuflaje natural del entorno. Sus ojos se concentran en lo que perciben como una amenaza inmediata. Mientras esté enfocada en mí, tendrás una ventana.

  —?Y luego qué? Incluso si logró herirla, eso no la detendrá.

  Cáliban sonrió de lado.

  —No necesitamos detenerla, solo hacer que pierda el equilibrio. Con una pata herida y un peso tan grande, será más fácil forzarla a caer en nuestra trampa final.

  Reinhard tragó saliva, dudando por un momento. Pero la determinación en los ojos de Cáliban le dio el valor que necesitaba.

  —Está bien. Dime qué hacer.

  Cáliban asintió, satisfecho.

  —Espera mi se?al. Y recuerda… si dudas, perderás tu oportunidad.

  Ambos regresaron al cadáver del Ferrum con cautela. Mientras tanto, minutos más tarde, la pantera carmesí regresaba de beber agua y se preparaba para llevarse su presa. Sus movimientos eran lentos, ahorrando energía para después perseguir a las dos presas que se habían escapado. Pero por ahora, su prioridad era devorar al Ferrum y recuperar fuerzas.

  Cuando finalmente se acercó al cuerpo, notó algo extra?o… faltaban las placas metálicas de su espalda y los dos cuernos. La pantera frunció el hocico, desconcertada, pero no le dio mayor importancia, hasta que captó nuevamente el olor de las presas.

  Alzó la vista, y allí estaba Cáliban, parado a pocos metros, mirándola con un gesto desafiante.

  —?Vaya! —dijo Cáliban, con una sonrisa burlona —Realmente eres un gatito muy malo.

  La pantera ense?ó los dientes, dejando escapar un gru?ido profundo que resonó en el bosque. Su mirada asesina se fijó en Cáliban mientras avanzaba lentamente hacia él, reduciendo la distancia de diez metros con pasos calculados.

  Cuando estuvieron cara a cara, Cáliban no pudo evitar un leve temblor en las manos. La tensión era palpable. Entonces, en un movimiento fulminante, la pantera se abalanzó sobre él. Cáliban retrocedió un solo paso, calculado, lo justo para que el peso de la criatura activara la trampa oculta bajo sus patas delanteras.

  Un rugido ensordecedor rasgó el aire mientras la pantera clavaba su pata en el colmillo metálico del Ferrum, incrustado en una trampa rudimentaria cavada en el suelo. Cáliban no perdió un segundo y corrió hacia un árbol cercano, buscando altura para su próximo movimiento.

  La pantera, furiosa y herida, se liberó rápidamente de la trampa. Aunque su pata sangraba profusamente, el dolor no apagó su instinto asesino. Arremetió contra Cáliban con un rugido desgarrador y, en un salto, intentó morderlo con sus mandíbulas monstruosas.

  —?Eso es justo lo que esperaba! —gritó Cáliban mientras la pantera abría sus enormes fauces, lista para devorarlo.

  Aprovechando el momento, Cáliban le metió una enorme mena de mineral en la boca, haciendo que la criatura se estampara contra un árbol. Con todas sus fuerzas, sostuvo la mandíbula de la pantera para evitar que escupiera el pesado mineral, y rugió:

  —?Ahora, Reinhard!

  Desde la copa del árbol, Reinhard descendió en un salto calculado, blandiendo el colmillo del Ferrum. Con un movimiento certero, lo clavó profundamente en el cuello de la bestia.

  —?Sujétalo hasta que se deje de mover!

  Ambos lucharon por inmovilizar al animal, pero la pantera carmesí, furiosa y herida, se liberó con un rugido aterrador. Sus enormes garras se lanzaron al aire, buscando venganza contra quienes habían osado atacarla.

  —??Qué hacemos ahora?! —gritó Reinhard mientras esquivaba los ataques frenéticos.

  —?Resistir! —respondió Cáliban con urgencia, mientras evaluaba la situación.

  ?La herida en su cuello es profunda. Si logramos aguantar unos momentos más, la pérdida de sangre hará el resto…?

  El tiempo parecía avanzar con una lentitud agónica. Aunque esquivar los ataques seguía siendo difícil, la herida en la pata del animal lo hacía más torpe. Su energía comenzaba a decaer, pero seguía siendo letal. Cáliban tuvo una idea repentina y gritó:

  —?Reinhard! Cuando te lo diga, ataca la herida del cuello con las espadas de entrenamiento.

  —?Entendido!

  Cáliban corrió directamente hacia la pantera, atrayendo su atención. Cuando el animal levantó su pata para aplastarlo, Cáliban se deslizó por debajo de su cuerpo con agilidad. Sacó un cuchillo de caza de su camisa y lo hundió profundamente en la herida abierta de la pata trasera.

  La pantera soltó un rugido ensordecedor de dolor, tambaleándose por un momento.

  —?Ahora! —gritó Cáliban.

  Reinhard corrió hacia el animal, aprovechando su momento de vulnerabilidad. Saltó encima de la pantera, sosteniendo su lanza revestida en aura. Con un grito de esfuerzo, la clavó directamente en la herida del cuello, un golpe crítico que hizo que la criatura convulsionara. Pero, en un último acto de resistencia, la pantera logró empujar a Reinhard con una de sus colas, lanzándolo al suelo.

  La pantera carmesí intentó huir, tambaleándose con pasos cada vez más débiles. Logró avanzar unos veinte pasos antes de que su cuerpo colapsara definitivamente, cayendo sin vida.

  Reinhard, jadeando y lleno de adrenalina, se levantó con una sonrisa amplia en su rostro.

  —?Realmente funcionó! —exclamó, emocionado —?Cómo lo supiste?

  Cáliban, que también respiraba con dificultad, lo miró con calma.

  —Por su comportamiento…

  —Por favor, ilumíname. —dijo Reinhard, genuinamente interesado.

  Cáliban esbozó una leve sonrisa antes de continuar:

  —La pantera carmesí es astuta, pero también predecible. Sus ataques están cargados de instinto y fuerza bruta, pero no estrategia. Al forzarla a defenderse y huir, le quitamos su ventaja. Además, su orgullo la cegó; no esperaba que un par de cazadores inferiores supieran aprovechar sus puntos débiles.

  Reinhard asintió, admirando cómo cada decisión había tenido un propósito.

  —Nunca pensé que podríamos vencerla…

  —Ahora, llevemos esto con los demás. —dijo Cáliban mientras limpiaba el sudor de su frente —No queremos que el olor a sangre atraiga algo peor.

  —?Bien! —respondió Reinhard con determinación.

  Ambos comenzaron a cargar los dos cadáveres, uno del Ferrum y otro de la pantera carmesí. Aunque el peso era considerable, se apoyaban mutuamente, avanzando con paso firme hacia el campamento. Durante el trayecto, Reinhard no pudo contener su curiosidad y lanzó una pregunta que llevaba rumiando desde el enfrentamiento.

  —?Cómo fue que llegaste a la conclusión de que podíamos matarlo?

  Cáliban sonrió ligeramente antes de responder:

  —Para ser honesto, fue más una apuesta que un plan. Todo dependía de si la pantera respondía al comportamiento que esperaba y si los cuernos del Ferrum realmente podían da?arla. Por eso adopté el papel de presa.

  Reinhard frunció el ce?o, intrigado.

  —?Cómo lo descifraste? Por más que le doy vueltas, no entiendo cómo lograste que cayera en la trampa.

  —Cuando un depredador grande como ese no persigue de inmediato a sus presas, es porque tiene una razón en su naturaleza. Podría ser que pensara que podía cazarnos más tarde o simplemente que no tenía interés en nosotros en ese momento. Confirmé mi sospecha cuando se presentó frente a mí. Lo primero que hizo fue acercarse lentamente, confiado de que podía matarme fácilmente. Al verme temblar, asumió que yo era una presa débil, lo que redujo su vigilancia. Eso permitió que ni te viera a ti ni notara la trampa.

  —?Entonces fue suerte? —preguntó Reinhard, arqueando una ceja.

  Cáliban reflexionó un instante antes de contestar:

  —Podría decirse. Tal vez esa pantera era el depredador más fuerte de la zona, acostumbrada a cazar sin esfuerzo y sin encontrarse con rivales más poderosos. Si siempre tiene ventaja, se confía. Esa arrogancia fue su punto débil.

  —Bueno… supongo que eso tiene sentido. —respondió Reinhard, pensativo.

  De vuelta en el campamento.

  Nhun estaba inclinada sobre una peque?a fogata que intentaba encender, mientras Cecilia recogía le?a cerca de los árboles y Joseph trabajaba con un hacha, cortando tablas para una improvisada barricada.

  —?Mira! Por fin se encendió. —exclamó Nhun con una sonrisa de satisfacción al ver cómo las llamas comenzaban a tomar fuerza.

  Cecilia, sin apartar la vista de la le?a que apilaba, comentó:

  —?No creen que ya se tardaron mucho? Llevan un buen rato en el bosque…

  Joseph, apoyado en el hacha, levantó la vista con calma.

  —Yo me preocuparía más por las bestias que por ellos. Cáliban sabe lo que hace.

  —Pero… —insistió Cecilia, con una mezcla de preocupación y duda.

  —Tranquila, ya has visto a Cáliban pelear, y Reinhard es un usuario de tercer nivel. No creo que tengan problemas para traer… —Joseph se detuvo en seco cuando las figuras de Cáliban y Reinhard emergieron de entre los árboles, cargando los enormes cadáveres de una pantera carmesí y un Ferrum.

  El grito de espanto de todos rompió el silencio del campamento.

  —?Tranquilos! Somos nosotros. —dijo Reinhard, dejando caer con esfuerzo el cadáver de la pantera al suelo.

  —??Cómo mierda mataron eso?! —gritó Nhun, con los ojos desorbitados.

  —??Qué es eso?! —exclamó Cecilia, retrocediendo un paso.

  Cáliban soltó una leve risa, levantando las manos en se?al de calma.

  —Tranquilos, están completamente muertos.

  Joseph, con el ce?o fruncido, se acercó a Cáliban, se?alando los cadáveres.

  —?Qué es esto? No sabía que criaturas así estaban en este bosque.

  —Ni yo. —respondió Cáliban, cruzándose de brazos —Nos encontramos con ellos por sorpresa. Fue pura suerte que lográramos matarlos. Les contaré los detalles en el camino de regreso.

  Sin más preámbulos, Cáliban tomó el mando.

  —?Muy bien! Recojan todos los materiales. Haremos la fogata en la mansión. No sabemos si hay algo más peligroso rondando por aquí, y quedarnos no es seguro.

  —?Bien! —respondieron todos al unísono, sin dudar.

  De vuelta en la mansión.

  El grupo llegó justo cuando el equipo de Argos estaba regresando con el profesor Yannes. Los estudiantes cargaban una cría de búfalo de roca, una criatura de un metro de alto, y se la presentaron al profesor con entusiasmo, esperando instrucciones sobre cómo aprovechar sus materiales.

  —?Vaya! —exclamó el profesor, inspeccionando la criatura con interés —Han cazado una cría de búfalo de roca. ?Cómo se las arreglaron para capturarla?

  —No se preocupe, profesor. ?Cazamos esto también! —dijo uno de los estudiantes con orgullo.

  Comenzaron a mostrar el resto de sus presas… conejos de un cuerno, zorros de fuego y tortugas de seis patas. Habían conseguido una variedad impresionante, suficiente para una buena cena. El profesor Yannes ocultó su asombro tras una sonrisa, pero era evidente que la habilidad de estos jóvenes hacía honor a los linajes de los que provenían.

  —Felicidades por su primera cacería. —dijo finalmente —Pueden usar la cocina para preparar la cena.

  Mientras el profesor ayudaba a los estudiantes a organizar los materiales, Reinhard llegó al lugar apresurado, cargando todavía restos del esfuerzo de la batalla en su expresión y postura.

  —Disculpe, profesor… ?Podría ayudarnos con algo? —preguntó, tratando de mantener la compostura.

  —?Claro, joven Tyrant! —respondió el profesor con amabilidad, siguiéndolo hacia el área de entrenamiento.

  Al cruzar el umbral, lo que vio lo dejó boquiabierto.

  —?Por todos los cielos! —gritó, completamente sorprendido al encontrar los cadáveres de la pantera carmesí y el Ferrum tendidos en el suelo, como trofeos de una cacería imposible para estudiantes de su nivel.

  Los demás estudiantes también se acercaron, atraídos por el grito del profesor, y quedaron igualmente atónitos ante la magnitud de las criaturas que Reinhard y Cáliban habían logrado cazar.

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