home

search

Capítulo 16: Ceremonia de Bienvenida - Tercera Parte

  Joseph colocó cuidadosamente sus manos sobre el artefacto, intentando calmar sus propios nervios. Pero, en un abrir y cerrar de ojos, el analizador comenzó a vibrar violentamente, emitiendo destellos erráticos y ruidos mecánicos. La pantalla no se encendía y parecía incapaz de procesar lo que ocurría.

  Joseph se quedó petrificado, incapaz de reaccionar mientras el aparato parecía cobrar vida propia.

  —??Qué caraj...?! —exclamó el profesor Aasmir, levantándose de su asiento con los ojos abiertos de par en par.

  —??Qué está pasando?! —gritó la profesora Meeris, alarmada por el comportamiento del artefacto.

  —?Joseph, retira la mano inmediatamente! —vociferó el profesor Yannes, su voz estaba cargada de urgencia.

  Joseph intentó obedecer, pero su rostro se llenó de pánico al darse cuenta de que no podía mover sus manos. Era como si el artefacto lo hubiera atrapado, sus dedos estaban pegados como si estuvieran fusionados con la superficie brillante.

  El auditorio estaba sumido en el caos. Los murmullos de los estudiantes se convirtieron en gritos de sorpresa, mientras los profesores intentaban entender la situación. Fue entonces cuando el director intervino, su semblante frío y controlado corto la tensión del momento.

  Con un movimiento fluido, comenzó a recitar un conjuro, su voz resonó con autoridad. Una barrera de energía translúcida apareció alrededor de Joseph, separándolo del artefacto. La fuerza del escudo lo liberó, empujándolo hacia atrás de manera segura.

  El analizador, sin embargo, seguía temblando y emitiendo destellos caóticos, como si estuviera luchando por estabilizarse. Durante unos segundos más, el artefacto continuó funcionando, incluso sin las manos de Joseph sobre él, hasta que finalmente se detuvo con un crujido agudo y ominoso.

  El auditorio quedó en completo silencio cuando, por fin, la pantalla desplegable cobró vida. Las letras comenzaron a formarse lentamente en ella, revelando el resultado.

  Todos contuvieron el aliento. Lo que apareció en la pantalla estaba a punto de cambiar el curso del evento.

  [Maná de primer círculo en primera etapa, Aura de una estrella en segunda etapa, ánima de primer orden en primera etapa, Casa de los Especiales].

  —??Qué?!

  —?Eso es imposible!

  —?Cómo sucedió esto?

  El auditorio estalló en incredulidad. Incluso los hijos de los seis héroes no habían generado semejante conmoción. La razón era evidente… nunca antes en la historia se había registrado a alguien con la capacidad de manejar las tres energías. Y menos aún un joven de apenas 15 a?os.

  Los profesores, incapaces de disimular su asombro, intercambiaban miradas llenas de incredulidad y emoción. Joseph acababa de romper una barrera que todos creían insuperable. Aunque todavía no estaba claro si aquello sería un don o una maldición para él, la singularidad de su situación era indiscutible.

  El director, quien hasta ahora había mantenido una postura serena, mostraba por primera vez emociones contradictorias en su semblante. Estaba estupefacto, pero también había en su expresión una chispa de entusiasmo, una expectativa que no podía esconder del todo. Cáliban, observando atentamente desde su asiento, no perdió detalle del comportamiento del director, analizando cada uno de sus gestos.

  Con pasos decididos, el director se acercó a Joseph, extendiendo una mano para realizar una inspección más minuciosa. Un leve destello envolvió el cuerpo del joven mientras el director utilizaba su poder para confirmar lo que todos ya sospechaban.

  Finalmente, alzó la voz con un tono solemne:

  —?Es verdad! Este joven nació con la capacidad de usar las tres energías.

  Un murmullo más intenso recorrió el auditorio. La noticia dejó a todos en un estado de mayor asombro. Joseph acababa de convertirse en alguien excepcional, una figura que trascendería las expectativas ordinarias. Sin embargo, cualquier protagonismo que pudiera ganar se desvaneció rápidamente ante el anuncio que vendría a continuación.

  El director, levantando nuevamente su mano, apaciguó los murmullos y comentarios que llenaban el aire con una ráfaga de viento que barrió la sala, devolviéndola al silencio.

  —Puede sentarse, joven Sephir. —indicó con firmeza —Ahora… procederé a anunciar el primer puesto.

  Hizo una pausa que pareció eterna antes de proclamar con una voz que resonó como un trueno:

  —?Puesto número uno! ?Mika’el Cáliban! Pase al frente…

  Las miradas se volvieron inmediatamente hacia Cáliban, quien se levantó de su asiento con una calma imperturbable. La expectación era palpable; si Joseph había causado semejante conmoción, creían que algo como eso era difícil de superar.

  Cáliban avanzaba con una tranquilidad casi desinteresada hacia el artefacto. Sus pasos eran firmes, pero carentes de la emoción o la tensión que habían mostrado los demás. Joseph, aún sentado, lo miraba con sorpresa y una pizca de resignación. Era inevitable que Cáliban obtuviera un resultado extraordinario, aunque el verdadero alcance de su potencial era todavía un misterio.

  A diferencia de Joseph, quien al nacer con una ley tendría un camino de poder ilimitado en el futuro, Cáliban no poseía una habilidad tan única. Sin embargo, había algo en él que inquietaba a todos. Durante las semanas previas, había intentado sin éxito despertar su núcleo o comunicarse con su cristal de energía. Desde su enfrentamiento con el Wyvern, no había logrado ningún avance, pero en lugar de desanimarse, había continuado entrenando su cuerpo con una determinación incansable.

  Al llegar frente al artefacto, puso su mano sobre él con un aire de completo desinterés.

  —?De dónde salió este joven? —murmuró el profesor Aasmir, frunciendo el ce?o.

  —?Por qué lo dices? —preguntó la profesora Sill, intrigada.

  —No lo sé. Mis instintos están gritando. Me dicen que este joven no es tan simple…

  El profesor Yannes, escuchando la conversación, esbozó una sonrisa breve y pensativa.

  ?Así que no soy el único, ?Eh?? —reflexionó Yannes mientras observaba a Cáliban con creciente interés.

  Algunas razas poseían sentidos mucho más agudos que otras, y este era el caso tanto de el profesor Yannes como del profesor Aasmir. Ambos podían percibir con poca claridad la esencia que emanaba del alma de Cáliban. Aunque sólo captaban una fracción de su verdadero poder, aquello era suficiente para inquietarlos.

  ?Desde la primera vez que lo vi, mis instintos me decían que tuviera cuidado. El aura depredadora que desprendía este joven era impresionante. Pero para tener un aura así, tendría que haber exterminado a cientos… ?De verdad es solo un ni?o?? —meditó Yannes, tratando de descifrar lo que percibía.

  Lo que el profesor Yannes estaba confundiendo era en realidad la esencia del alma de Avalon, una manifestación extraordinaria que Cáliban poseía de forma innata. Sin saberlo, Yannes asociaba esa esencia con el Aura de Depredación, una técnica avanzada que solo los combatientes más fuertes podían usar de forma consciente.

  El artefacto, mientras tanto, comenzó a responder a la presencia de Cáliban. Al principio, parecía que funcionaría correctamente, proyectando una luz estable y un zumbido regular. Los profesores dejaron escapar un suspiro de alivio, creyendo que, al fin, no habría sorpresas esta vez.

  Sin embargo, el alivio duró poco. La pantalla desplegable apareció, y con ella, una serie de resultados que desafiaban toda lógica. El auditorio volvió a sumirse en un silencio absoluto, expectante por lo que estaban a punto de descubrir.

  [Maná de ERROR círculo en ERROR, Aura de ERROR estrella en ERROR, ánima de ERROR orden en ERROR, Casa de los Error].

  No solo se detuvo ahí, empezó a trabarse violentamente mostrando un mensaje:

  [Error _ Error / Error ?Error % Error = Error ?].

  La sala entera comenzó a temblar de manera alarmante. El artefacto frente a Cáliban, que en un principio parecía estable, se tornó de un color rojo intenso, irradiando una energía caótica. Antes de que nadie pudiera reaccionar, el artefacto explotó con un estruendo ensordecedor.

  Cáliban, con reflejos impecables, logró esquivar la explosión, apartándose con un salto ágil. Sin embargo, el impacto fue tan inesperado como desconcertante. El artefacto, que debía medir sus capacidades, no solo falló en su propósito, sino que terminó destruyéndose por completo.

  El auditorio estalló en caos. Gritos de alarma resonaron por toda la sala mientras el humo negro llenaba rápidamente el espacio. Los profesores, tomados completamente desprevenidos, apenas tuvieron tiempo de reaccionar. El director, manteniendo la calma, agitó una mano en el aire, abriendo todas las ventanas de la sala para despejar el humo.

  Mientras la visibilidad mejoraba, el profesor Yannes se apresuró hacia el podio, con una expresión de mezcla entre preocupación y curiosidad.

  ?Qué extra?o... algo está muy mal aquí. Tendré que investigar más sobre el cristal y lo que provocó esto? —pensó mientras se acercaba rápidamente a Cáliban.

  —?Estás bien, joven Cáliban? ?Tienes alguna herida? —preguntó Yannes, con su tono cargado de urgencia.

  —Sí, estoy bien. Alcancé a esquivar a tiempo... —respondió Cáliban con serenidad, aunque en su interior estaba tan desconcertado como los demás —Pero... ?Qué pasará con mi evaluación?

  Yannes frunció el ce?o, incapaz de responder de inmediato.

  —Hmmm... —murmuró mientras se volvía hacia el director, quien había estado observando todo desde su posición.

  El director, con una mano en la barba, parecía sumido en pensamientos profundos. Su expresión reflejaba algo más que confusión… estaba claramente impactado. No solo él, sino también los demás profesores, los estudiantes, e incluso los hijos de los seis héroes permanecían en un estado de absoluto asombro.

  Cáliban cruzó los brazos, intentando procesar lo sucedido. Aunque sabía que su núcleo aún no había despertado por completo, era extra?o que el artefacto no pudiera manejar su energía básica. Esto no solo lo sorprendía a él, sino que levantaba aún más preguntas.

  El director finalmente se acercó a Cáliban, con una seriedad que congeló el ambiente. Colocó una mano sobre su hombro y dejó fluir su propia energía para examinarlo, al igual que había hecho con Joseph.

  Por unos segundos, el silencio reinó. Luego, una expresión de absoluto asombro cruzó el rostro del director.

  ?Esto... ?No es posible!? —pensó, intentando mantener la compostura.

  Sin perder tiempo, levantó la mirada hacia el profesor Yannes.

  —Profesor Yannes, por favor, acérquese un momento —dijo con un tono bajo, aunque no podía ocultar del todo la tensión en su voz.

  Yannes, extra?ado por la actitud del director, se acercó rápidamente. Ambos comenzaron a hablar en susurros. Sus palabras eran inaudibles para los demás, pero las expresiones de ambos dejaban claro que lo que habían descubierto sobre Cáliban no era algo común ni sencillo de explicar.

  El auditorio entero contuvo el aliento, esperando lo que fuera a suceder a continuación.

  —?Qué sucede, director? —susurró el profesor Yannes, inclinándose ligeramente hacia él.

  El director lo miró con seriedad antes de hablar en un tono bajo:

  Unauthorized content usage: if you discover this narrative on Amazon, report the violation.

  —Este joven... creo que puede usar las tres energías.

  —??Qué?! —exclamó Yannes, claramente incrédulo. Sus ojos se dirigieron a Cáliban por un instante, como si estuviera buscando algún indicio externo de lo que acababa de escuchar. Luego, rápidamente volvió a concentrarse en el director.

  —?Otro más? ?Eso es siquiera posible?

  —No lo sé... —respondió el director, pero su voz dejó claro que había algo aún más desconcertante —Pero eso no es lo más extra?o.

  Yannes frunció el ce?o.

  —?A qué se refiere?

  —Cuando examiné su cuerpo... no pude detectar ninguna energía. Su núcleo no parece haber despertado, pero al mismo tiempo, pude sentir cómo las tres energías se arremolinaban dentro de él. Era como si estuvieran presentes, pero también ausentes… una paradoja.

  Yannes se cruzó de brazos, reflexionando sobre lo que acababa de escuchar.

  —Eso es muy raro... jamás he visto algo similar.

  El director asintió lentamente y luego, con una expresión de deliberación, le lanzó una mirada inquisitiva.

  —?Qué opinas tú?

  —?Qué quiere decir, director? —preguntó Yannes, algo confundido.

  —No estoy en posición de obligarte a nada, Yannes, pero… ?Crees que podrías acogerlo en tu casa de momento? Aunque su núcleo aún no esté despierto, es evidente que este joven tiene el potencial para manejar las tres energías.

  El profesor permaneció en silencio unos segundos, meditando la propuesta. En su mente pasaron recuerdos de Cáliban… su actitud tranquila, pero determinada, y el aura peculiar que lo rodeaba. Era evidente que el joven no solo tenía un poder único, sino también una personalidad que requería observación.

  Finalmente, Yannes exhaló profundamente, asintiendo mientras adoptaba una expresión más tranquila.

  —Por favor, déjeme cuidar a este joven —dijo el profesor Yannes, inclinando ligeramente la cabeza hacia el director.

  El director asintió con gravedad.

  —Entiendo, entonces te lo encargo.

  Con ese asunto resuelto, el director se dio la vuelta y se dirigió al auditorio, alzando la voz para anunciar:

  —?Este joven también nació con la capacidad de usar las tres energías! Por lo tanto, será asignado a la Casa de los Especiales.

  El murmullo se desató una vez más entre los profesores y estudiantes.

  —??Otro más?! —exclamó el profesor Aasmir, sin poder contener su sorpresa.

  —Interesante... dos jóvenes con la capacidad de usar tres energías... —comentó la profesora Sill, pensativa.

  —Bueno, esperemos que no se queden muy atrás por depender tanto de eso... —dijo la profesora Meeris con un tono ligeramente burlón.

  El director ignoró los comentarios y continuó con su discurso.

  —Ahora, vayan con sus respectivos encargados de casa. Ellos los guiarán a los lugares donde habitarán durante su estadía en la academia. Asegúrense de escuchar con atención lo que se les diga. Eso es todo por hoy.

  El auditorio comenzó a vaciarse, y afuera esperaban las carrozas mecánicas listas para transportar a los estudiantes a sus respectivos destinos. A diferencia de las otras casas, que tenían múltiples vehículos para acomodar a sus numerosos integrantes, el profesor Yannes disponía de una única carroza más grande, adecuada para los pocos estudiantes que componían la Casa de los Especiales, los cuales, apenas eran nueve de los trescientos admitidos.

  El resto de los estudiantes se distribuía entre las otras casas: 79 para la Casa de los íntegros, 94 para la Casa de los Sabios y 118 para la Casa de los Valientes. Cuando sonó el silbato de se?al, todos comenzaron a subir a las carrozas asignadas.

  En las sombras más profundas de un callejón cercano al auditorio, una figura encapuchada permanecía inmóvil, observando atentamente las siluetas de los estudiantes mientras se dispersaban hacia sus respectivas casas. Sus ojos, brillando con un fulgor inquietante bajo la capucha, se detuvieron especialmente en Cáliban y Joseph.

  Sin apartar la vista de ellos, levantó una mano e hizo una se?al discreta. En un instante, una segunda figura surgió de la penumbra, inclinándose ante el encapuchado.

  —Ordene… —susurró el subordinado con voz baja y respetuosa.

  —Informa a la sacerdotisa sobre el objetivo. Dile que las sospechas fueron confirmadas.

  —Sí, se?or. —respondió el subordinado, antes de desaparecer en un movimiento fluido. Desvaneciéndose entre las sombras como si nunca hubiera estado allí.

  El artífice permaneció en el lugar, sin prisa, con su mirada fija en el carruaje mecanizado que se alejaba lentamente, transportando a los estudiantes de la Casa de los Especiales. Sus pensamientos eran insondables, pero el leve gesto de sus labios dejaba entrever una sonrisa apenas contenida.

  Cuando el carruaje desapareció finalmente en la distancia, la figura se sumergió de nuevo en la oscuridad, dejando el callejón tan vacío y silencioso como si nunca hubiera existido.

  De vuelta en el carruaje. El profesor Yannes, de pie al frente de su grupo, tomó la palabra mientras los jóvenes lo observaban con atención.

  —Mucho gusto, jóvenes. Una vez más, soy el profesor John Yannes, y seré el encargado de su casa. Si tienen alguna pregunta, no duden en hacerla; responderé cualquier cosa que esté en mis manos.

  Nhun levantó la mano casi de inmediato, y el profesor, con un gesto amable, le cedió la palabra.

  —Profesor, ?Por qué la academia está dividida en casas? ?No sería mejor que todos perteneciéramos a una sola?

  El profesor esbozó una sonrisa y dejó escapar una suave risa antes de responder:

  —Es una pregunta común. La razón es bastante simple, en realidad. Los estudios que llevarán a cabo y las prácticas de campo que realizarán son muy diferentes a los del resto de los estudiantes. Claro, en algunas clases compartirán espacio con miembros de otras casas, pero no será lo habitual. Sobre todo en su caso, debido a la capacidad de sus cuerpos para aceptar y manipular múltiples energías.

  Los estudiantes escuchaban con atención, algunos mostrando curiosidad mientras otros simplemente asentían.

  —De hecho, debido a esta particularidad, es muy probable que tengan que cursar materias adicionales que no están disponibles en los programas regulares. Es un desafío único, pero también una oportunidad única para cada uno de ustedes.

  Similia alzó su mano con delicadeza, como si cada movimiento estuviera coreografiado. Su actitud refinada e impecable provocó una mueca de disgusto en Nhun, quien desvió la mirada, claramente incómoda.

  —?A dónde nos dirigimos, profesor? —preguntó Similia con una voz melodiosa, que para Nhun era irritante.

  —Bueno. —respondió el profesor Yannes con calma —Vamos hacia sus dormitorios. En la academia, cada casa tiene su propio espacio asignado. Nosotros tenemos la zona más peque?a, dado que no hay muchos estudiantes con su tipo de constitución. Pero ese espacio les da más privacidad y comodidad.

  —?Actualmente hay compa?eros de a?os mayores? —preguntó Argos con curiosidad.

  —Hmmm… no, realmente no. Al menos en su a?o, no hay superiores en la Casa de los Especiales. Recuerdo que hay unos 20 alumnos que se encuentran fuera, cumpliendo estudios de campo. Es posible que regresen dentro de unos a?os.

  —?Por qué tardan tantos a?os? —intervino Joseph, frunciendo el ce?o.

  —Las misiones suelen ser largas. Normalmente, los estudiantes del tercer a?o reciben una misión específica fuera de la academia como parte de su formación para graduarse. Estas misiones pueden durar entre 1 y 5 a?os, o incluso más, dependiendo de la complejidad. Algunos estudiantes de quinto a?o partieron hace una década y aún no han regresado.

  El grupo quedó en silencio, procesando las palabras del profesor. A pesar de la sorpresa inicial, la idea de realizar misiones de campo despertó un creciente entusiasmo en ellos. La posibilidad de aventuras fuera de la academia llenaba sus mentes con imágenes emocionantes.

  Cecilia levantó la mano con timidez.

  —Dígame, se?orita Thorm.

  —?Podremos visitar el distrito Hilloy? —preguntó, su curiosidad evidente.

  —Sí, podrán hacerlo. Aunque dudo que tengan acceso completo al distrito antes del tercer a?o. Eso es algo que explicaré durante el tour que les daré.

  —?Tour? —preguntó Dimerian, arqueando una ceja.

  —Así es. Faltan siete días para que inicien las clases, y en ese tiempo es mi deber mostrarles la academia. Como es muy grande, intentaré que veamos la mayor cantidad de lugares posible en un solo día o al menos los que estén disponibles.

  La sesión de preguntas y respuestas continuó por un rato más. Los estudiantes parecían cada vez más interesados en su nueva vida dentro de la academia, formulando preguntas sobre las misiones, las clases y las oportunidades que les esperaban. Solo Cáliban permaneció en silencio, escuchando con atención, pero sin intervenir.

  Finalmente, el carruaje llegó al distrito de los dormitorios. Frente a ellos se alzaba una majestuosa mansión de varios pisos, su estructura imponente destacaba entre los alrededores. En la entrada los esperaba la profesora Rain, junto a una carroza llena de equipaje.

  El profesor Yannes bajó primero, alzando una mano para captar la atención de todos.

  —Ella es la profesora Anfitria Rain. —continuó el profesor Yannes mientras se?alaba a su compa?era —Será la encargada adjunta de la casa. Yo administraré la sección masculina, mientras que ella estará a cargo de la sección femenina.

  El grupo escuchaba atentamente mientras el profesor Yannes daba más detalles sobre su nuevo hogar:

  —Como pueden ver, aquí tienen todo su equipaje. Las habitaciones están en los pisos superiores, y cada puerta tiene una placa con su nombre para que no se pierdan. Una vez que terminen de mover sus cosas, los espero en el comedor a las 6 p.m. para cenar.

  Se?aló hacia la parte trasera de la mansión.

  —Detrás del edificio hay un campo de entrenamiento donde pueden estirar las piernas o practicar. En el primer piso encontrarán el comedor y los ba?os. En el segundo piso están las habitaciones, las mujeres van a la derecha y los varones a la izquierda. También hay un peque?o despacho donde pueden estudiar o relajarse; cuenta con una biblioteca compacta, pero útil. Por último, en el tejado hay un peque?o minibar con una cocina. Usualmente lo destinamos para meriendas o fiestas peque?as.

  Con un gesto amable, Yannes cedió la palabra a su colega.

  —Mucho gusto conocerlos, jóvenes. —La profesora Rain sonrió, con un tono cálido pero profesional —Como mencionó el profesor, mi nombre es Anfitria Rain. Soy profesora de magia elemental y seré su coordinadora para la sección femenina de la Casa de los Especiales.

  Después de las presentaciones, los dos profesores guiaron al grupo hacia el interior de la mansión. Cáliban, junto con los demás, buscó su habitación. Al llegar, notó la placa metálica en la puerta con su apellido grabado. Según las explicaciones de Yannes, las habitaciones estaban encantadas para que solo el propietario del nombre en la placa pudiera entrar, una medida eficaz contra visitas inoportunas o bromas pesadas.

  Cuando Cáliban abrió la puerta, se encontró con un espacio sencillo. Había una cama algo desgastada, un armario funcional y una ventana con cortinas que dejaba entrar luz natural. La habitación estaba prácticamente vacía, pero era tranquila y cómoda, lo suficiente para él.

  Con una hora aún por delante antes de la cena, decidió explorar el edificio. Su curiosidad lo llevó a la azotea, donde descubrió una vista impresionante de la academia. Desde allí podía ver locales, edificios, campos y otros centros que componían el vasto complejo. El horizonte, enmarcado por majestuosas monta?as, se extendía más allá, creando un escenario perfecto para un momento de tranquilidad.

  Exploró también el minibar, que estaba vacío de licor pero equipado con un refrigerador grande cubierto de runas de enfriamiento. Este dispositivo mantenía las bebidas y alimentos frescos por largos periodos. Cáliban tomó una bebida del refrigerador y se sentó a disfrutarla mientras contemplaba el paisaje.

  El aire fresco acariciaba su rostro, y el silencio del entorno, acompa?ado por la belleza de las monta?as, lo envolvía en una paz que hacía mucho tiempo no sentía. Por un momento, permitió que su mente se despejara, disfrutando del instante como si fuera un preciado regalo.

  Momentos después, mientras Cáliban seguía disfrutando del paisaje, sintió una presencia detrás de él. Sin girarse, habló con calma:

  —Estoy disfrutando de un momento de tranquilidad. ?Qué deseas?

  La voz de un joven, enérgica y algo burlona, respondió:

  —?Vaya! Pensé que podía tomarte con la guardia baja.

  Cáliban volteó lentamente para observar al intruso. Frente a él estaba Reinhard Tyrant, el joven lagarto de escamas azules, hijo del héroe conocido como el Rey de la Lanza.

  —?Saludos! —comenzó Reinhard con entusiasmo —Mi nombre es Reinhard Tyrant, orgulloso miembro de la tribu de los Lacer-

  Cáliban levantó una mano, interrumpiéndolo sin rodeos.

  —Lo sé. Escuché todos los comentarios en el auditorio. Hijo de un héroe y todo eso. Lo entiendo. ?A qué has venido?

  Reinhard se quedó en silencio por un momento, sorprendido. Estaba acostumbrado a que lo trataran con respeto y deferencia, algo que a menudo encontraba irritante. él no deseaba ser reconocido únicamente por su linaje, sino demostrar que podía convertirse en un guerrero formidable por sus propios méritos.

  —Entiendo… —dijo finalmente, recuperando su aplomo —He venido aquí a solicitar un duelo.

  —?Un duelo? —Cáliban alzó una ceja, intrigado —?Por qué yo?

  —Tú eres Cáliban, ?Cierto?

  —Así es…

  —Escuché los rumores. Que mataste a un Wyvern y rescataste a tus compa?eros. Que enfrentaste a más de diez bandidos sin usar energía, incluyendo a su líder, que podía manipular Aura. Todo eso sin tener tu núcleo despierto.

  Cáliban suspiró y se llevó una mano al rostro.

  —?Cómo sabes que todo eso es verdad? Podrían ser solo mentiras.

  Reinhard sonrió ampliamente.

  —Le pregunté a la elfa oscura.

  Cáliban cerró los ojos, claramente frustrado.

  ?Otra vez tu lengua suelta, Nhun…? —pensó mientras intentaba calmarse.

  Reinhard, ignorando la reacción de Cáliban, inclinó ligeramente la cabeza en se?al de respeto.

  —Si no es molestia… me gustaría solicitar un duelo.

  —?Por qué? —preguntó una vez más, cansado.

  —Porque debes ser un guerrero experimentado. En mi tribu valoramos el aprendizaje en el campo por encima de todo. Quiero medir mis habilidades contra guerreros fuertes, igual que hizo mi padre en su juventud. Así que, si me permites decirlo una vez más… ?Por favor, ten un duelo conmigo!

  Reinhard terminó su petición haciendo una reverencia, su actitud insistente y determinada le provocaron un leve tic en la ceja de Cáliban. Aunque lo encontraba algo molesto, también se dio cuenta de que llevaba horas sin hacer nada activo. Pelear un poco no sonaba tan mal.

  —Bien. —respondió finalmente —Si vas a ser tan insistente, acepto tu duelo. Vayamos a la parte de atrás.

  Reinhard se enderezó, mostrando una amplia sonrisa de satisfacción. Ambos bajaron de la azotea y se dirigieron al campo de entrenamiento detrás de la mansión. El aire fresco y el espacio abierto serían el escenario perfecto para medir fuerzas.

Recommended Popular Novels