Después de una espera que parecía interminable y mantenía a muchos de los estudiantes inquietos en sus asientos, el director finalmente decidió dar inicio a la esperada ceremonia de bienvenida. Con movimientos calculados, alzó su bastón adornado con grabados arcanos y, con un pulso de maná que resonó en el aire como un eco profundo, captó la atención de todos los presentes.
El silencio se apoderó del auditorio mientras la energía mágica flotaba aún en el ambiente. El director, de pie en el centro del escenario, tomó aire profundamente, proyectando una presencia que combinaba sabiduría y autoridad.
—?Les doy la más cordial bienvenida a todos ustedes, valiosos estudiantes que han demostrado tener la determinación y el talento para ingresar a esta ilustre institución! —declaró con voz grave y resonante, que parecía llenar cada rincón del recinto —Hoy es un día memorable, pues todos los que están aquí presentes están destinados a ser parte de algo más grande, algo trascendental.
Hizo una pausa, dejando que sus palabras calaran en los corazones de los estudiantes, y luego a?adió con solemnidad:
—Con su entusiasmo y dedicación como testigos, damos inicio oficial a la ceremonia de bienvenida. Que esta jornada sea el primer paso hacia su destino.
Los estudiantes, entremezclando emoción y nerviosismo, comenzaron a aplaudir mientras una energía mágica empezaba a envolver el lugar, marcando el comienzo de un nuevo capítulo en sus vidas.
—?La academia Grand Delion asigna a los jóvenes como ustedes a distintas casas, cada una destinada a forjar el sendero de su grandeza! —anunció el director con voz firme y solemne, mientras los estudiantes escuchaban con expectación —Aquellos llamados a convertirse en magos de sabiduría incomparable pertenecerán a La Casa de los Sabios. Los que han decidido dominar las artes del combate y la valentía integrarán La Casa de los Valientes. Los nacidos con un alma espiritual pura y equilibrada serán parte de La Casa de los íntegros. Y finalmente, pero no menos importante, los excepcionales que dominan el poder de dos energías simultáneamente serán acogidos en La Casa de los Especiales.
La bola de cristal comenzó a brillar con tal intensidad que su luz parecía envolver todo el auditorio, arrancando murmullos de asombro entre los estudiantes. El director levantó la mano para reclamar su atención de nuevo y continuó:
—Cada gloriosa casa está representada por un emblema único y regida por un líder que es su faro y guía. ?Es un honor para mí presentarles a los Administradores de Casa!
Con un gesto teatral, el director indicó hacia el extremo del escenario. El primero en levantarse fue una figura colosal… un león humanoide cuya imponente presencia pareció absorber todo el aire del lugar. Su pelaje oscuro resplandecía bajo las luces mágicas, y cada músculo de su cuerpo era una obra maestra de fuerza y disciplina. Con más de dos metros de altura, su sombra proyectaba la imagen viva de un guerrero legendario. Su voz, grave y cargada de autoridad, resonó por todo el auditorio:
—?Mi nombre es Khebar Aasmir! —rugió el imponente hombre bestia, su voz vibró como un trueno en el auditorio —Soy un descendiente orgulloso de los Felinyan, la legendaria tribu guerrera del norte, y estaré a cargo de La Casa de los Valientes. ?Mi misión será convertirlos en los guerreros más fuertes que este mundo haya conocido!
Hizo una pausa, recorriendo con la mirada a los estudiantes, como si estuviera evaluando su temple. Luego, alzó una mano, cerrándola en un pu?o firme, mientras continuaba con intensidad:
—?Prepárense para empu?ar sus armas con determinación, para levantar sus espíritus en medio del caos y para agudizar sus sentidos como depredadores en la oscuridad! ?Porque seré yo quien les ense?e el arte del combate cuerpo a cuerpo, y bajo mi tutela, encontrarán su verdadero potencial!
Tras estas palabras, Khebar Aasmir se dejó caer bruscamente en su asiento, su imponente figura irradiaba una energía casi palpable. El auditorio permaneció en un silencio electrizado por unos instantes, hasta que otra figura comenzó a moverse.
Una mujer de belleza etérea se puso de pie con una elegancia sobrenatural. Su cabello gris, largo y ondulado, parecía reflejar la luz con un brillo plateado. Portaba una túnica adornada con encajes finos que parecían hechos de hilos de luz. De su espalda surgían unas majestuosas alas de mariposa que irradiaban destellos de magia, y a su alrededor revoloteaban mariposas hechas de maná, creando un espectáculo fascinante.
—Mi nombre es Adelina J’ekl Sill —dijo con una voz suave pero llena de autoridad —Soy una Feérica de la tribu de las Hadas, proveniente de la majestuosa ciudad de Altherna, y estoy a cargo de La Casa de los Sabios.
Su mirada recorrió a los estudiantes con curiosidad y expectación, mientras continuaba:
—Mi deber será instruirles en el antiguo y sublime arte de la magia. Aquí aprenderán a comprender los secretos de este mundo y a moldearlo con su voluntad. ?Espero verlos crecer y alcanzar la grandeza como magos de primera clase!
Con elegancia, la profesora Sill hizo una reverencia profunda, y su figura, rodeada de una sutil aura luminosa, se retiró al asiento reservado para ella.
Entonces, otra profesora se puso de pie, atrayendo de inmediato todas las miradas. Era una mujer de una belleza deslumbrante y serena, pero lo que verdaderamente cautivaba era su cabello, que parecía estar hecho de agua en movimiento, reflejando destellos como si capturara los rayos del sol en la superficie de un océano tranquilo. Cada movimiento de su cuerpo irradiaba una gracia líquida, y su presencia evocaba la esencia del mar mismo.
Cáliban, al observarla, no necesitó más pistas para identificar su raza. Aquella figura representaba claramente a una Nereida, un ser legendario de las profundidades marinas. La profesora sonrió con amabilidad, y su voz, suave como el susurro de las olas, se alzó en el silencio:
—Mi nombre es Neera Meeris —dijo con una voz cristalina y melodiosa que parecía resonar como el murmullo de un arroyo —Soy de una raza de ninfas marinas conocidas como Nereidas, y tengo el honor de ser la administradora de La Casa de los íntegros.
Hizo una breve pausa, permitiendo que las mariposas de luz que la rodeaban acentuaran su presencia antes de continuar:
—Mi deber será formar estudiantes de gran virtud, valerosos y justos, capaces de conectar profundamente con la esencia de la naturaleza misma. ?Espero que podamos aprender y crecer juntos como uno solo!
La profesora Neera esbozó una sonrisa encantadora, y aunque sus palabras estaban llenas de nobleza y amabilidad, era evidente el efecto que tenía en el auditorio. Muchos de los jóvenes presentes no podían apartar la vista de ella, sus corazones se aceleraban por las feromonas naturales de su especie. Una mezcla de admiración y emoción palpable recorría el lugar, especialmente entre los estudiantes masculinos, quienes parecían más animados que nunca.
Desde su asiento, el profesor Aasmir cruzó los brazos y entrecerró los ojos, observando con un ligero gru?ido interno.
?Tratando de llamar la atención como siempre...? —pensó con un gesto de ligera desaprobación, aunque una peque?a sonrisa irónica curvaba sus labios.
La atmósfera cambió cuando llegó el turno del cuarto profesor. Durante unos instantes, nadie se levantó, y el auditorio cayó en un incómodo silencio. Sin embargo, al fondo del escenario, una figura finalmente empezó a moverse con cierta torpeza.
El profesor Yannes, un vampiro de mirada sombría y presencia inquietante, se puso lentamente de pie. A pesar de que los vampiros no sudaban, Yannes sentía como si lo hiciera en ese momento. Su habitual calma estaba destrozada por un nerviosismo que no lograba controlar.
?Bueno… es hora otra vez. Esto nunca es fácil…? —pensó para sí mismo mientras trataba de calmarse.
Su paso hacia adelante era cauteloso, y su pulso, que siempre había sido constante y lento, ahora martilleaba con fuerza. Aunque intentaba mantener la compostura, su mirada taciturna y los leves temblores en sus manos no ayudaban a mejorar su imagen. Algunos estudiantes lo observaban con una mezcla de curiosidad y desconcierto.
Finalmente, se detuvo al frente, enderezándose con esfuerzo antes de hablar con voz grave y profunda, aunque te?ida de una inseguridad que intentaba disimular.
—Mucho gusto, jóvenes. Mi nombre es John Yannes, soy profesor de esta academia. Ense?o Bestiología y administro la Casa de los Especiales. Espero poder ayudarlos a usar sus poderes en el camino correcto… —hizo una pausa, su voz tembló levemente antes de continuar —Soy… soy un vampiro de sangre pura.
Ante tal revelación, el auditorio quedó sumido en un silencio sepulcral. Los otros profesores habían sido recibidos con vítores, aplausos e incluso ovaciones, pero no el profesor Yannes. Los maestros que estaban a su lado le dirigieron miradas cargadas de lástima, lo que hizo que un amargo nudo se formara en su pecho. Había cosas peores que la soledad, y la compasión no solicitada era una de ellas.
?Sí… supongo que es natural que esto pase de nuevo…? —pensó, conteniendo un suspiro.
En cada ceremonia de bienvenida, la reacción era la misma… una atmósfera cargada de incomodidad y rechazo. Su raza, una condición que nunca eligió, lo aislaba constantemente. Ser el único cuya mera existencia generaba desconfianza era una carga pesada. Pero en medio del denso silencio, se escucharon unas palmadas. Lentamente, el sonido creció, resonando en el salón vacío de aplausos hasta entonces.
Cuatro estudiantes estaban de pie aplaudiendo: Cáliban, Joseph, Cecilia y Nhun. Sus rostros eran sinceros, sus gestos eran una clara muestra de apoyo. El profesor Yannes sintió cómo algo cálido y reconfortante se abría paso en su interior, desplazando las sombras de amargura. Les devolvió una sonrisa cálida, casi temblorosa, antes de volver a su asiento con una elegancia contenida.
?Este sentimiento… no se siente tan mal? —reflexionó mientras sus labios dibujaban una peque?a curva de gratitud.
Por primera vez en décadas, el peso de su existencia parecía disiparse, aunque fuera por un momento. Esa sencilla muestra de aprecio, unos aplausos honestos, llenaron el vacío de a?os de rechazo. En sus tres décadas ense?ando en la academia, nunca había sentido algo similar. En un gesto de agradecimiento, inclinó ligeramente la cabeza hacia los jóvenes que le habían brindado aquel inesperado apoyo.
Mientras tanto, el director retomó el discurso:
—Como podrán observar, en el centro del salón se encuentra una esfera de cristal. Este artefacto es un analizador mágico. Al colocar su mano sobre él, identificará su nivel de poder y el tipo de energía con el que son más compatibles. En base a esos resultados, se les asignará una de las casas. Espero haber sido claro. Ahora procederemos según la lista, comenzando por el puesto más bajo.
El director desplegó un pergamino, escaneando los nombres inscritos.
—?Puesto número 300! Archivalt Unnim, por favor, pase al frente.
Uno a uno, los estudiantes avanzaron hacia el analizador. Los resultados proyectados sobre la esfera dejaban ver las casas y los niveles de poder. Muchos estudiantes, especialmente aquellos de familias humildes, no poseían energía detectable, mientras que los provenientes de linajes ricos solían mostrar al menos un nivel básico.
El evento continuó con resultados variados, y tras largas horas, el director finalmente anunció:
—?Es hora de que pasen adelante los primeros diez puestos! Puesto número 10: ?Erick Stein! Pase al frente...
Erick se levantó con el pecho inflado de orgullo, su caminar seguro y firme denotaba que disfrutaba de la atención. Sin rastro de nerviosismo, se acercó a la esfera de cristal y colocó su mano sobre ella. La esfera emitió un resplandor y desplegó una pantalla:
[Aura de 1 estrella, Ascendente, Casa de los Valientes]
Un murmullo de asombro recorrió la sala. Incluso los profesores no pudieron evitar elogiar su desempe?o. Llegar a la etapa Ascendente significaba que estaba en el umbral de alcanzar 2 estrellas, un logro inusual para alguien de su edad.
—?Increíble! Está a un paso de alcanzar 2 estrellas a esta edad. Tiene un futuro brillante como guerrero. —comentó el profesor Aasmir con entusiasmo.
—Normalmente toma al menos cinco a?os llegar a 2 estrellas. Es evidente que tiene un talento excepcional. —a?adió la profesora Sill con admiración.
—Esperemos que no pierda el rumbo. Los de su nivel suelen ser víctimas de la soberbia, y eso puede ser un camino peligroso. —intervino la profesora Meeris con un tono más crítico.
Mientras tanto, el profesor Yannes permanecía en silencio, observando al joven con expresión inescrutable. El director, con un leve gesto de la mano, retomó el orden.
—Puede sentarse, joven Stein. —anunció.
Erick volvió a su asiento, pero no sin antes lanzar una mirada desafiante a Cáliban. Sus ojos brillaban con una arrogancia palpable, casi provocadora.
?Parece que este chico disfruta armar revuelo. Sin duda, será un dolor de cabeza...? —pensó Cáliban, manteniendo la compostura.
—?Puesto número 9: Catherine Winters! Pase adelante...
Desde el fondo del salón, una joven de cabello blanco como la nieve y coletas perfectamente estilizadas avanzó hacia el podio. Su elegancia natural atrajo la atención de todos los presentes, y los murmullos comenzaron a crecer entre los estudiantes.
Stolen content warning: this tale belongs on Royal Road. Report any occurrences elsewhere.
—Es hermosa…
—Dicen que viene de una familia noble…
—Mira esa seguridad, es como si ya supiera que su resultado será impresionante.
Catherine subió con gracia al estrado, sus ojos claros y su porte confiado llenaban el lugar con una presencia magnética. Al colocar su mano sobre la esfera, todos contuvieron la respiración, esperando el resultado.
—?Winters? ?No es la Casa Winters, el apellido de la reina de Kindratt?
—?Qué dices? ?Uno de los Seis Héroes! ?Los reyes de las Seis Capitales!
—?Y es increíblemente bella!
Las Seis Capitales, las ciudades más prominentes e imponentes del continente, son gobernadas por individuos de poder legendario, todos miembros de los célebres Héroes del Cataclismo. Ese grupo marcó una era que transformó la historia hace tres décadas. Según las crónicas, aquel período fue conocido como la Era de la Extinción.
Un dios maligno de inconmensurable poder despertó desde los infiernos, desatando una plaga de demonios que arrasaron la tierra. Fue entonces cuando surgieron seis héroes, cada uno de una raza diferente. Entrenados por los Tres Sabios, no solo heredaron su sabiduría, sino que las superaron con creces. Hoy en día, se dice que estos héroes han alcanzado la cúspide de la fuerza, el mítico Treceavo nivel.
Entre ellos se encuentra Zefira Winters, la Bruja del Norte y gobernante de Kindratt, el reino de las Oréades, ninfas de las monta?as. Según las leyendas, Kindratt se alza en la cima de los picos más inhóspitos, donde el frío hace imposible la vida humana. La reina, capaz de manipular la energía espiritual, es responsable de que las monta?as permanezcan cubiertas de nieve eterna, consolidando su lugar como la más poderosa de su linaje.
—?Oh! Es cierto… este a?o ingresan los descendientes directos de los Seis Héroes a la academia. Pensé que era un rumor, pero parece que no lo era… —murmuró el director, con un brillo de emoción y desconcierto en los ojos.
Los profesores, expectantes, no ocultaron su asombro cuando la pantalla reveló los primeros resultados:
[Maná de segundo círculo en tercera etapa, ánima de tercera orden en primera etapa, Casa de los Especiales].
Un silencio sepulcral inundó el auditorio. Todos, desde los estudiantes hasta los maestros más experimentados, quedaron paralizados por la sorpresa. Era inaudito. Generalmente, alcanzar el segundo nivel de maná requería tener al menos veinte a?os, y el tercer nivel de ánima solía ser un logro reservado para quienes rozaban los veinticinco. Sin embargo, frente a ellos, una joven había alcanzado ambos hitos a los 15 a?os.
—?Maná del segundo círculo y ánima de tercera orden con sólo quince a?os? ?Es una digna heredera de su linaje! —exclamó la profesora Sill, apenas conteniendo su entusiasmo.
—Un talento verdaderamente monstruoso… —murmuró la profesora Meeris, incapaz de apartar la mirada de los números en la pantalla.
—?La reina debe estar orgullosa! Parece que, Yannes, tendrás el honor de ense?ar a un prodigio incomparable. —dijo el profesor Aasmir, soltando una carcajada llena de nervios y emoción.
Pero el profesor Yannes permaneció en completo silencio, observando con intensidad la pantalla, como si tratara de analizar cada detalle más allá de lo evidente. Su actitud desconcertó a sus colegas, aunque ninguno se atrevió a cuestionarlo en ese momento.
El director, al percibir la inquietud creciente en la sala, decidió continuar.
—Puesto 8… ?Dimerian Centurian! Adelante.
Un nuevo revuelo sacudió el auditorio.
—?Es el hijo del Rey Gigante!
—?Un descendiente del Se?or de la Guerra!
—Pero… ?No es un poco bajo para ser un gigante?
El joven de cabello rizado y rojizo subió al podio con pasos firmes. Dimerian Centurian, segundo hijo de Regar Centurian, Héroe del Cataclismo y rey de Ironside, la ciudad fortaleza de los gigantes. Los gigantes, conocidos por su imponente tama?o, portaban artefactos mágicos para reducir su altura a la de un humano común al interactuar con otras razas, sin sacrificar sus abrumadores niveles de poder.
Con una expresión tranquila, Dimerian colocó su mano sobre el artefacto. Sin embargo, por dentro estaba sufriendo el peor miedo posible. Odiaba las masas, no podía soportar ser el centro de atención, aun así, sacó fuerzas para aparentar estar en calma al menos. La pantalla brilló nuevamente, revelando:
[Aura de 1 estrella en tercera etapa, ánima de segunda orden en primera etapa, Casa de los Especiales].
La reacción fue inmediata:
—?Primer círculo? Pensé que un descendiente de Regar tendría algo más impresionante.
—Quizás los artefactos de reducción afectan su capacidad mágica. —sugirió con desdén otro estudiante.
Dimerian se removía inquieto en su lugar. Sus resultados no eran sobresalientes, pero nadie podía negar que poseía un talento innato. Con la cabeza gacha, regresó lentamente a su lugar, mientras los murmullos se apagaban en la sala.
—Bueno... no es tan fuerte como la se?orita Winters, pero sin duda tiene potencial. Este a?o será interesante. —comentó el profesor Aasmir con una sonrisa intrigante.
—En efecto, promete mucho. —asintió la profesora Sill, con un aire reflexivo.
—?Qué fascinante será observarlo! —a?adió la profesora Meeris, con un brillo de entusiasmo en los ojos.
Sin embargo, el ambiente apenas comenzaba a calentarse. Los siguientes resultados no pasarían desapercibidos. El director, con voz firme y solemne, tomó la palabra:
—?Puesto número siete, Similia Killowein! Por favor, pase al frente.
Una ola de exclamaciones se desató entre los estudiantes:
—?Es la hija de la Dama Killowein!
—?Es increíblemente hermosa!
—?Y qué porte tan majestuoso!
Similia avanzó con gracia. Era una joven elfo de cabello verde brillante, un distintivo símbolo de la realeza en Aes Side, la majestuosa ciudad de los altos elfos. Su linaje era innegable… hija de Velen Killowein, antigua reina de Aes Side y anterior miembro de los legendarios héroes. Las leyendas la describían como la encarnación viva de la madre naturaleza, capaz de infundir vida a los bosques con su mera presencia.
La sala quedó en silencio cuando la pantalla reveló su puntuación. Las miradas de admiración y envidia convergieron en ella. El aire estaba cargado de expectación; nadie podía prever lo que vendría a continuación.
[Maná del tercer círculo en primera etapa, ánima de Tercer orden en primera etapa, Casa de los Especiales].
Similia avanzó con elegancia, haciendo una reverencia impecable que arrancó sonrisas de aprobación entre los profesores. Su vestido ondeaba con cada movimiento, reflejando un porte digno de la realeza. Mientras regresaba a su asiento, una leve pero notoria sonrisa arrogante cruzó su rostro. Entonces, sus ojos se encontraron fugazmente con los de Nhun, cargando en esa mirada un desafío silencioso, pero imposible de ignorar.
—Esa perra... —murmuró Nhun entre dientes, sus pu?os se apretaron sobre sus rodillas.
—Cálmate, Nhun... —intentó apaciguarla Cecilia, colocando una mano sobre su hombro.
—?No lo viste? ?Esa puta me estaba retando con su mirada! —espetó Nhun, su voz apenas se controlaba.
Cáliban, que había estado observando en silencio, captó la tensión al instante. También había notado la actitud provocadora de Similia, pero sabía que este no era el momento para enfrentamientos.
—Nhun... —dijo su nombre con un tono firme y sereno.
El efecto fue inmediato. Nhun se tensó y su mirada desafiante se desmoronó como si una ola de autoridad la hubiera golpeado.
—S... ?Sí? —balbuceó, sorprendida por su propio tono sumiso.
—No es el momento. Compórtate. Tendrás tiempo para enfrentarte a ella más adelante.
Nhun tragó saliva y asintió sin más. Su postura desafiante se desmoronó por completo, como si acabara de recibir un rega?o paterno. Cecilia la miró atónita; era extra?o ver a Nhun acatar órdenes sin pelear.
—?Qué rayos fue eso? —murmuró, aún sin salir de su asombro.
Joseph, desde su lugar, suspiró con algo de compasión. él conocía demasiado bien ese tono particular de Cáliban.
?Sí, ese tono de padre enojado que hace que te sientas como un idiota sin remedio...? —pensó con una mezcla de resignación y humor.
Al otro lado de la sala, el profesor Yannes no apartaba la vista del grupo. Una leve sonrisa curvó sus labios mientras observaba el desarrollo de la escena.
?Interesante... Joven Cáliban, parece que tiene un talento especial para manejar a las almas rebeldes. Esto será muy útil en el futuro...?
La tensión en el ambiente se disipó lentamente, pero no sin dejar una impresión imborrable en los presentes. Similia se acomodó en su lugar, completamente satisfecha, mientras Nhun permanecía inquieta, con los ojos fijos al frente.
—?Puesto número seis! ?Reinhard Tyrant! Pase al frente… —anunció el director con voz solemne.
Un murmullo excitado recorrió la sala, seguido por un grito entusiasta desde la multitud:
—?Es el hijo del Dios de la Lanza!
Todos los ojos se volvieron hacia el joven que avanzaba con paso firme hacia el frente. Un hombre lagarto de escamas azules brillantes, que reflejaban la luz como si fueran gemas pulidas. Reinhard pertenecía a la tribu de los Lacertilians, una de las razas más poderosas entre los hombres bestia.
La historia de su linaje resonaba en cada rincón del mundo. Su padre, Drim Tyrant, era más que un líder… conocido como el Dios de la Lanza, era una figura legendaria que gobernaba la ciudad de Tyrant, hogar y fortaleza de los hombres lagarto. Una ciudad cuyo crecimiento meteórico había asombrado al continente, pasando de ser un humilde asentamiento a una urbe imponente en menos de tres décadas.
Reinhard llegó al frente, su mirada era fija y decidida, mientras la pantalla mostraba finalmente su puntuación. La sala entera contuvo el aliento, expectante por lo que estaba a punto de revelarse. La grandeza de su linaje no era una carga, sino un desafío que parecía dispuesto a superar con creces.
[Aura de tres estrellas en tercera etapa, Maná del tercer círculo en segunda etapa, Casa de los Especiales].
Reinhard inclinó ligeramente la cabeza en una reverencia sobria antes de regresar a su asiento, su postur era tan serena como majestuosa. Apenas tomó su lugar, la voz del director resonó una vez más en la sala.
—?Puesto número cinco! ?Argos Leyfuur! Pase al frente…
De inmediato, un estallido de entusiasmo rompió el silencio.
—?Argos! ?Argos! ?Argos! —coreó un peque?o grupo de hombres bestia con fervor desde sus asientos, sus voces estaban llenas de orgullo y energía.
De un ágil salto, un robusto y vibrante Felinyan aterrizó en el podio, mostrando la gracia innata de su raza. Argos era un espectáculo por sí mismo… su pelaje naranja brillante y su mirada intensa captaron la atención de todos los presentes.
Hijo de Anhur Leyfuur, otro de los legendarios héroes, Argos provenía de Benhur, la ciudad de las tribus del norte. Esta imponente ciudad no solo era un bastión de los hombres bestia, sino también el hogar del propio profesor Aasmir. Las historias de la tribu de los Leyfuur eran tan legendarias como su líder, Anhur, de quien se decía que podía cortar monta?as con un solo golpe de sus garras. Para su pueblo, la familia Leyfuur era el mayor orgullo, un símbolo vivo de fortaleza y grandeza.
El ambiente se tensó cuando la pantalla comenzó a revelar el resultado. Argos permanecía en el centro del podio, con una sonrisa confiada que mostraba sus colmillos. Cada segundo que pasaba aumentaba la expectación, mientras los ojos de todos estaban fijos en la puntuación que definiría su posición.
[Aura de tres estrellas en cuarta etapa, ánima del tercer orden en tercera etapa, Casa de los Especiales].
—?Ya alcanzó la cuarta etapa? ?Cómo es posible? —comentó la profesora Sill, con los ojos entrecerrados y un tono incrédulo.
—?Es la sangre de los hombres león! ?Y más aún siendo un descendiente directo de un héroe! ?Era obvio que sería así de fuerte! —exclamó el profesor Aasmir con entusiasmo, como si aquello fuera una verdad irrefutable.
El director y el profesor Yannes intercambiaron una mirada, acompa?adas de un suspiro sincronizado, casi resignado ante el comentario impulsivo de Aasmir. Mientras tanto, Argos regresaba a su asiento con el pecho inflado de orgullo, su cola se movía con energía, alimentado por los aplausos y vítores que resonaban a su alrededor.
Pero los momentos de gloria no duraron mucho. La atmósfera cambió de inmediato cuando el director volvió a hablar con un tono solemne:
—?Puesto número cuatro! ?Cecilia Thorm! Pase al frente…
Los murmullos inundaron el salón, cargados de curiosidad y asombro. El nombre de Cecilia resonaba como un eco, y las miradas se dirigieron a la joven con anticipación.
El profesor Yannes, que había permanecido sereno durante gran parte del evento, mostró por primera vez una expresión de genuina preocupación. Los susurros se intensificaron mientras la pantalla comenzaba a revelar los detalles de su puntuación, cada segundo era cargado de tensión.
Cecilia se puso de pie con elegancia, pero en su rostro se podía percibir una mezcla de determinación y nerviosismo. Todos esperaban ansiosos, expectantes de que estaban a punto de presenciar algo fuera de lo común.
[Maná de primer círculo en segunda etapa, ánima de primer orden en primera etapa, Casa de los Especiales]
—?Está en el puesto cuatro? ?Por qué es tan débil? —se escuchó un comentario burlón desde las filas traseras.
—Debe ser una broma... —a?adió otra voz, cargada de desdén.
Cecilia sintió cómo el calor subía a su rostro, encogiéndose ligeramente en su lugar. Mientras otros habían recibido ovaciones y alabanzas, ella sólo encontró el peso de las críticas. Su respiración se aceleró, y por un momento, deseó no estar allí.
El silencio incómodo apenas duró un instante antes de que el director retomara la palabra con una firmeza que cortó los murmullos:
—?Puesto número tres! ?Nhunisha A'ken Hagiran! Pase al frente…
Los ojos se volvieron hacia Nhun, cuya expresión pasó rápidamente de la sorpresa al orgullo desafiante. Sin perder tiempo, se levantó de su asiento, sus pasos firmes resonaron en el salón. La sala quedó en tensión; todos creían que Nhun no era una competidora que se tomara a la ligera.
Cecilia, mientras tanto, mantuvo la mirada fija en el suelo. Las palabras hirientes aún resonaban en su mente, pero dentro de ella comenzaba a formarse una chispa de determinación. Sabía que, tarde o temprano, tendría que demostrarles lo equivocadas que estaban esas voces.
[Maná de primer círculo en primera etapa, Aura de una estrella en segunda etapa, Casa de los Especiales].
—?Otra decepción!
—?Por qué están tan arriba si son tan débiles?
—?Compraron sus puestos?
—?Sobornaron a los profesores?
Los comentarios hirientes inundaron la sala, creciendo en intensidad hasta que, de repente, una voz llena de furia cortó el bullicio.
—?Ya cállense, imbéciles! —gritó Nhun, su mirada incendiaria recorrió la sala mientras su pu?o temblaba de rabia.
El director, imperturbable, respondió con una calma casi desconcertante:
—Gracias, se?orita Hagiran, ya puede tomar asiento.
El ambiente se tornó denso. Incluso los profesores guardaron silencio ante el incómodo episodio. Las actuaciones de Cecilia y Nhun habían dejado al auditorio en una mezcla de tensión y descontento. Sin embargo, había una excepción… el profesor Yannes, que aplaudía con genuino entusiasmo, su sonrisa orgullosa brillaba a pesar del ambiente adverso.
El director, visiblemente molesto por la actitud de los estudiantes, levantó una mano. De inmediato, una ráfaga de viento recorrió el auditorio, silenciando a todos al instante.
—?Puesto número dos! ?Joseph Sephir! Pase adelante, por favor…
Joseph tragó saliva. Sus nervios eran evidentes mientras miraba hacia Cáliban en busca de algún apoyo. Este, con una media sonrisa, parecía divertirse con la ansiedad de su amigo.
—Cáliban... —susurró Joseph con una voz cargada de dudas.
—Tranquilo. —respondió Cáliban con tono despreocupado —Estarás bien. Solo ten cuidado de no romper el artefacto.
—?Romper? —preguntó Joseph, alarmado.
—Ya lo verás... al menos, si mis cálculos son correctos… —a?adió Cáliban, críptico pero confiado.
Joseph avanzó hacia el podio con pasos cautelosos, sus manos temblaban y el sudor recorría su frente. Cuando finalmente colocó la mano sobre el artefacto, durante unos instantes no ocurrió nada. El auditorio contuvo el aliento; los profesores intercambiaron miradas confusas, sin saber qué esperar.
De repente, el artefacto comenzó a vibrar. Unos destellos de luz emergieron, cambiando de color con una velocidad vertiginosa, como si algo dentro de él estuviera a punto de desbordarse.
Las miradas se clavaron en Joseph y el artefacto, mientras una energía inusual llenaba el ambiente. La tensión alcanzó su punto máximo.

