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Capítulo 11: Recuperación

  Su conciencia regresaba lentamente, como si emergiera de una profunda oscuridad. Cáliban abrió los ojos con dificultad, su visión todavía estaba borrosa. Una silueta enorme se perfilaba a su lado, moviéndose con precisión. Al enfocar mejor, distinguió a una mujer de cabello verde como el jade y ojos rasgados, cuya figura era tan llamativa como enigmática. Su rostro era hermoso, con ojos llenos de sabiduría y un toque de misterio.

  Pero lo que realmente capturó su atención fue su cuerpo… en lugar de piernas, una enorme cola de serpiente se enroscaba alrededor de la base de la cama. La mujer estaba inyectándole un líquido verde en el brazo con una jeringa peculiar, de dise?o claramente mágico.

  Su cuerpo reaccionó instintivamente, y comenzó a intentar levantarse. Sin embargo, la mujer notó su actitud paranoica y levantó una mano en un gesto tranquilizador.

  —Sí, sí, tranquilo. No te estoy envenenando… bueno, técnicamente sí, pero no como crees. —Su tono era despreocupado, casi juguetón —Es un poco complicado de explicar, pero esto es un antídoto.

  Cáliban, aún algo aturdido, dejó escapar un leve suspiro.

  —Es veneno de Wyvern sintetizado, dise?ado para contrarrestar el veneno que está en mi cuerpo… lo sé. Gracias.

  La mujer arqueó una ceja, sorprendida, y luego sonrió con diversión.

  —?Vaya! Un asesino de Wyverns y médico a la vez. Parece que eres todo un personaje.

  Cáliban hizo una mueca, entre cansado y curioso.

  —?Ya se difundieron los rumores tan rápido? ?Cuánto tiempo estuve dormido?

  —Tranquilo, solo ha pasado un día desde lo ocurrido. Este es el segundo día de la segunda evaluación. —Se encogió de hombros —Decidieron optar por un examen escrito esta vez, después del desastre con la mazmorra.

  Mientras hablaba, Cáliban echó un vistazo a su alrededor. Estaba en una amplia habitación llena de camas y herramientas médicas organizadas en estanterías relucientes. El aire tenía un leve aroma a hierbas y antisépticos, y la luz del sol se filtraba a través de una gran ventana. Desde allí, pudo ver un hermoso paisaje de monta?as y bosques, que le indicaba que estaba en el segundo piso de un edificio desconocido.

  —Ya veo… —dijo, dejando caer su mirada sobre la mujer nuevamente —?Y usted es?

  Ella dio un leve respingo, como si hubiera olvidado algo importante, y luego rió suavemente.

  —?Oh, vaya! Creo que olvidé presentarme. Soy Mirella Mirne, doctora de la academia. —Hizo una peque?a inclinación, aunque su cola de serpiente se movió con gracia detrás de ella —Como puedes ver, tengo mis… particularidades.

  Cáliban asintió, todavía evaluando la situación. A pesar de la extra?eza de su apariencia, la doctora Mirne irradiaba una calma profesional que lo tranquilizaba.

  —Gracias por tratarme, doctora Mirne.

  —De nada, aunque si soy honesta, tu recuperación es tan impresionante como tu fama reciente. No muchos sobreviven a una dosis tan alta de veneno de Wyvern. —Mirella lo miró con interés, inclinándose ligeramente hacia él

  Cáliban dirigió su mirada hacia el cuerpo de la doctora. La morfología única de la gorgona despertaba su curiosidad. Sin embargo, su examen visual no pasó desapercibido. Mirella Mirne notó su comportamiento y lo abordó con calma y madurez.

  —?Qué pasa, jovencito? —preguntó con una ligera sonrisa —?Nunca has visto a una gorgona de cerca?

  Cáliban bajó la mirada, algo avergonzado.

  —Lo siento, mi intención no era ofenderla.

  Ella soltó una risa suave.

  —Por lo general, los estudiantes que me ven por primera vez suelen espantarse al verme, sobre todo los humanos.

  Era de esperarse. Los rumores sobre las gorgonas eran exagerados, incluso para otras especies. Se decía que eran brujas expertas en el arte de los venenos, capaces de elaborar los compuestos más letales. Sin embargo, también eran reconocidas como las mejores médicas, gracias a su conocimiento sobre los mismos venenos. Si alguien buscaba a un curandero o un asesino, una gorgona era la opción más eficiente.

  También existían historias sobre su supuesto poder de convertir personas en piedra, pero esa habilidad había sido desmentida hace tiempo, ya que solo la familia real de las gorgonas poseía ese don. Aunque la mayoría de las personas conocía este hecho, los más jóvenes seguían creyendo en cuentos de terror.

  —Le prometo que yo no tengo ese problema.

  Cáliban intentó levantarse de la cama, pero su cuerpo aún estaba débil. La doctora lo detuvo con firmeza.

  —No te muevas mucho. Todavía hay restos de veneno en tu sistema. Si te sobreesfuerzas, tus heridas se abrirán nuevamente. Sanar tejido da?ado por veneno no es fácil, y mucho menos cuando es de un Wyvern. —Hizo una pausa, observándolo con curiosidad —Francamente, me sorprende que sigas vivo.

  —Solo tuve suerte. —respondió Cáliban con un tono seco, intentando no mostrar su incomodidad.

  —Quédate aquí y reposa. —La gorgona se?aló una campana junto a la cama —Si necesitas algo, solo tócala.

  —Gracias, doctora.

  —?Oh! Por cierto, unos compa?eros vinieron a verte. Aunque, bueno, no solo a ti.

  Cáliban frunció el ce?o al recordar a Nhun.

  —?Cómo está mi amiga? Es una elfa oscura que también resultó herida en el ataque. Su nombre es Nhun.

  Mirella le dedicó una sonrisa tranquilizadora.

  —Ella está bien, mucho mejor que tú. Sus heridas fueron tratadas con magia curativa, y no estaban envenenadas. Ahora descansa; necesitarás recuperar fuerzas.

  Mirella salió de la habitación, dejando a Cáliban solo. El agotamiento finalmente lo venció, y se quedó dormido. Pero su descanso fue interrumpido cuando una voz comenzó a resonar en su mente.

  Era una voz carente de emociones, como si no perteneciera a ningún ser vivo. Desde su pecho, una cálida energía irradiaba lentamente, despertando algo más profundo.

  ?El cristal… está reaccionando.?

  De repente, la voz mecánica del cristal resonó en su cabeza:

  [Analizando… Comprobando identidad… Iniciando sistema de operación… Grado: Primordial. Comprobando grado de plausibilidad… 1%. Iniciando sistema básico. Código… “Apocalipsis”.]

  Los ojos de Cáliban se abrieron de golpe.

  ??Apocalipsis…? Que mierda… agh.?

  Un dolor insoportable lo invadió, irradiando desde su corazón hasta cada rincón de su cuerpo. Era como si su alma misma estuviera siendo desgarrada. Intentó soportarlo, pero era un sufrimiento que sacudía incluso su voluntad.

  Cuando finalmente logró abrir los ojos nuevamente, vio a Cecilia, Joseph y Nhun junto a su cama.

  —?Vaya! Esta vez estás hecho mierd… —comenzó Nhun con una sonrisa burlona.

  —Nhun… —advirtió Joseph, lanzándole una mirada de reproche.

  —?Qué? ?No es verdad? —respondió Nhun, encogiéndose de hombros —Míralo, parece una princesa desmayada. Quizás un besito lo despierte. —susurró con un tono provocador, mirando a Cecilia.

  —?Yo no… jamás haría…! —protestó Cecilia, su rostro se encendió como un tomate.

  —Sí, sí, querida, lo que tú digas. —Nhun se giró, riéndose entre dientes.

  Mientras ellas discutían, Joseph se acercó y tomó una silla para sentarse junto a Cáliban. Susurró con calma:

  —?Cómo te sientes?

  Cáliban respondió sin abrir los ojos.

  —Bien, ya estoy curado completamente. Pero estoy intentando algo… quiero acceder a mi alma, pero parece que aún soy demasiado débil.

  Joseph lo miró, ladeando la cabeza con interés.

  —Ni siquiera tienes un núcleo todavía. ?No crees que es por eso?

  Cáliban dejó escapar un suspiro, sabiendo que su amigo tenía razón. Pero no podía sacudirse la sensación de que el cristal y el "sistema" que había activado eran algo mucho más grande que él.

  —Podría ser… —respondió Cáliban, pensativo.

  Joseph asintió, inclinándose un poco hacia él.

  —Logré ocultar los materiales en el bosque. Los enterré para volver por ellos después. ?Quieres que los traiga ahora?

  —No, no aún. —Cáliban negó con la cabeza, su mente ya estaba tramando un plan —Iremos al bosque más tarde. Así que escucha atentamente… ve a Hilloy y busca lo siguiente…

  —Hilloy aún no abre la mayoría de sus tiendas —interrumpió Joseph, levantando una ceja.

  —No importa. Son utensilios, más que materiales. Busca una olla de piedra, piedras de fuego, cucharas de plata, cobre y botellas de vidrio.

  —?Qué vas a hacer con eso?

  Cáliban dejó escapar un suspiro, esbozando una leve sonrisa.

  —Lo sabrás después.

  Antes de que pudieran continuar, Nhun interrumpió con entusiasmo.

  —?Mira, parece que ya se levantó! —gritó, se?alando hacia Cáliban.

  —Nhun, no deberías gritar en…

  —?Hey, mocosos! —La voz firme de la doctora Mirne resonó en la habitación, interrumpiéndolos —?Dejen de gritar aquí o los sacaré a todos!

  Cecilia y Nhun se sobresaltaron, bajando la cabeza en se?al de disculpa.

  —Lo sentimos, doctora —murmuró Cecilia, con el rostro algo sonrojado.

  Mirne dejó escapar un suspiro, su cola de serpiente se movía con gracia mientras se acercaba desde su oficina.

  —Bueno, ?Cómo te sientes? —preguntó Nhun, inclinándose hacia él.

  —Estoy bien. Creo que ya puedo salir. ?Podrías llamar a la doctora?

  La doctora Mirne se adelantó, evaluándolo con mirada crítica mientras lo examinaba. Sus expresiones no eran del todo alentadoras, pero finalmente asintió.

  —Bueno, eso sería todo por ahora. —Tomó una jeringa y le administró otra dosis del antídoto, con movimientos rápidos y precisos —Asegúrate de no sobreexigirte por al menos una semana. El veneno debería abandonar tu cuerpo en los próximos días, pero recuerda que tus heridas no se cerrarán por completo hasta que eso suceda.

  Hizo una pausa, como si reflexionara sobre algo más.

  —No es fácil cazar Wyverns, ya sabes. No tenemos suficiente veneno para hacer pruebas más efectivas. Oh, cierto. —Se giró hacia Cáliban —El profesor Yannes me pidió que te informara que el director quiere verte en cuanto te sientas mejor.

  —Entendido. Gracias, doctora.

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  Mirne asintió y abandonó la habitación, dejando a Cáliban con sus amigos. Finalmente pudo levantarse, aunque sentía su cuerpo pesado. Cada paso que daba le recordaba el veneno que aún drenaba su fuerza, pero no podía permitirse detenerse.

  Mientras caminaban hacia el despacho del director, una voz suave rompió el silencio. Cecilia tiró de su camisa, su rostro se llenó de emociones reprimidas.

  —Lo siento… no quería que esto volviera a suceder. Yo…

  Cáliban se detuvo y la miró fijamente. Su voz era firme, pero no dura.

  —Lo diré solo una vez, así que escucha con atención. Esto no es tu culpa. No pienses que lo es, ni por un momento. Tampoco pienses que te culpamos por lo sucedido.

  Cecilia abrió la boca para responder, pero Cáliban continuó, interrumpiéndola.

  —La decisión que tomé, la tomaría otra vez sin dudarlo. Así que deja de culparte por cosas que no puedes controlar. ?Está bien?

  Las palabras de Cáliban atravesaron las defensas de Cecilia como un rayo. Ella intentó mantener la compostura, pero no pudo evitar romper en llanto. Quería ser fuerte, fuerte como él, pero la culpa y el remordimiento eran demasiado abrumadores.

  Cáliban observó cómo las lágrimas caían por sus mejillas, y algo dentro de él se rompió. La culpa era un veneno que él conocía demasiado bien, un peso que había cargado durante tanto tiempo que ya no recordaba lo que era la verdadera felicidad. Verla sufrir así hacía que un vacío aún mayor se formara en su pecho, una grieta que no podía ignorar.

  Sin pensarlo, sus brazos se movieron por sí solos. La abrazó con suavidad, tratando de consolarla. Cecilia se tensó al principio, sorprendida, pero luego dejó caer su cabeza contra su pecho, sollozando.

  —?Eh? —Cecilia dejó escapar un leve sonido de desconcierto.

  El rubor en su rostro, combinado con la confusión que nublaba su mente, hacía imposible que pudiera pensar con claridad. El abrazo de Cáliban la había tomado completamente por sorpresa.

  —?Oooooh! —Nhun soltó una exclamación teatral, disfrutando de la situación con una sonrisa traviesa. Joseph, por otro lado, estaba completamente atónito.

  —Lo siento —dijo Cáliban, apartándose rápidamente y evitando su mirada —No quería molestarte, solo quería que supieras que no es tu culpa.

  Sin esperar una respuesta, siguió caminando hacia adelante, dejando a Cecilia aturdida y en silencio. Joseph se acercó a Cáliban y le susurró mientras trataba de no reírse.

  —?Por qué hiciste eso?

  —Así es como se trata a los ni?os, ?No? Para hacerles saber que no fue su culpa.

  Joseph lo miró, incrédulo.

  —Ah… bueno… no.

  —?Cómo que no? —preguntó Cáliban, frunciendo el ce?o.

  —Olvídalo… —Joseph suspiró, llevándose la mano a la frente en se?al de vergüenza ajena.

  El grupo continuó su camino hasta el despacho del director. Frente a la puerta, la profesora Rain y el profesor Yannes los esperaban. Rain les dedicó una sonrisa cálida mientras se acercaban.

  —Me alegro tanto de que estén bien —dijo con suavidad, su tono lleno de sinceridad.

  —Debes tener mucha suerte o el favor de algún dios, joven Cáliban —comentó Yannes, cruzando los brazos con expresión reflexiva.

  —Solo fue suerte, profesor… —respondió Cáliban con modestia, aunque evitó profundizar en el tema.

  —Bueno, el director quiere verlos. —Yannes se adelantó para abrir la puerta, haciéndoles un gesto para que pasaran.

  Al entrar, vieron al director al fondo de la habitación, de pie detrás de su escritorio. Al notar su llegada, se levantó y caminó hacia ellos. Su porte era solemne, y al llegar frente a ellos, hizo una reverencia profunda.

  —Realmente lo siento mucho. —Su voz era grave y cargada de arrepentimiento —Aunque no estaba en la academia en el momento, eso no es excusa para no haber asegurado la seguridad de esta institución. Estoy profundamente avergonzado. Espero que, si tienen que culpar a alguien, lo hagan conmigo y dejen a los profesores fuera de esto. Ellos hicieron lo que pudieron.

  Cáliban dirigió la mirada hacia los profesores Rain y Yannes. Ambos eran magos experimentados del séptimo círculo, lo suficientemente poderosos como para cerrar una mazmorra con un simple gesto, claro, bajo circunstancias normales. Pero esta no era una mazmorra común. Sabía que lo que hicieron fue lo correcto. Si no hubieran canalizado toda su energía en estabilizar el portal, la mazmorra habría colapsado, matándolos a todos.

  Cáliban no tenía intención ni razones para culparlos.

  Todos en la sala lo miraron, expectantes. Los profesores, el director y sus compa?eros parecían esperar su respuesta.

  —Tranquilo, director —dijo finalmente Cáliban, con voz firme y calmada —No pasa nada. Estoy bien. Mis heridas están sanadas, y el veneno ha abandonado mi cuerpo. Así que olvídese del tema, no voy a tomar represalias.

  Por dentro, su mente calculaba en silencio.

  ?No quiero llamar más la atención. Necesito acumular poder en secreto si quiero enfrentarme al mago oscuro.?

  El director levantó la mirada, visiblemente aliviado, pero su tono seguía mostrando preocupación.

  —?Cómo podría no hacer nada? —insistió —Por favor, joven, he hablado con tus compa?eros aquí presentes, y todos estuvieron de acuerdo en no tomar ninguna decisión hasta que despertaras. Si hay algo que pueda hacer por ustedes… dilo, lo que sea.

  Cáliban llevó una mano a su barbilla, pensativo. Realmente no se le ocurría una recompensa adecuada en ese momento, y además, no quería parecer codicioso cuando apenas estaban en la etapa de evaluación.

  —Mmmm… lo que usted considere adecuado estará bien. Aún tenemos que hacer la segunda prueba. Me sentiría mal pedir algo cuando ni siquiera hemos aprobado para asistir a la academia.

  El director lo observó en silencio por un momento, su expresión era indescifrable. Luego asintió con una leve sonrisa.

  —Parece ser que debo corregir algunas cosas. —El director habló con un tono firme pero cálido, cruzando los brazos mientras miraba a los jóvenes —No se preocupen, no han reprobado el examen. De hecho, me complace informarles que han sido aceptados para asistir a la academia.

  Cáliban frunció el ce?o, claramente sorprendido.

  —?Aun cuando no hemos hecho el examen? Director… si se trata de una oferta de caridad, entonces…

  El director lo interrumpió con una ligera sonrisa.

  —Faltaba menos… esto no tiene nada que ver con caridad. Los profesores me informaron sobre su combate, que observaron a través de la pantalla mágica. Debo decir que tanto ustedes como sus compa?eras dieron una actuación sobresaliente.

  Hizo una pausa, su mirada se cargó de admiración.

  —Incluso los estudiantes de cuarto a?o tienen problemas para enfrentarse a un Wyvern, y ustedes cuatro no solo lo enfrentaron, sino que lo derrotaron. Esa haza?a, sumada a las circunstancias extremas en las que sucedió, no me deja más opción que aceptarlos… con honores.

  Cáliban estaba perplejo. Aunque sabía que habían superado el desafío, no podía evitar pensar que el Wyvern, bajo la influencia de la energía exterior, no había sido tan letal como uno en condiciones normales. Sin embargo, no dijo nada al respecto.

  El director extendió su mano, y con un suave movimiento, hizo aparecer cuatro medallas de plata que flotaron hasta colocarse en las manos de cada uno de los estudiantes.

  —Estas medallas no solo los acreditan como aprobados. También, al igual que la medalla de la primera prueba, los jóvenes Sephir y Cáliban tendrán derecho a reclamar el premio especial… elegir un recurso de la tesorería de la academia. Además, durante un mes, podrán disfrutar de comodidades exclusivas. Estas medallas cubrirán todos sus gastos en Hilloy. Espero que esto sea suficiente para compensarlos por lo sucedido.

  Los cuatro jóvenes inclinaron la cabeza en se?al de agradecimiento, mientras el director continuaba con una leve sonrisa.

  —Tengo asuntos que discutir con los profesores. Pueden retirarse por ahora.

  El grupo abandonó el despacho, dejando al director y los profesores detrás. Al caminar por los pasillos, Cáliban se giró hacia Joseph.

  —Ve por las cosas y las compras. Te esperaré en la entrada del bosque. Necesito preparar unas cosas.

  Joseph lo observó con una mezcla de preocupación y duda.

  —Entendido, pero… —titubeó un momento antes de preguntar —?Estás seguro de que en tu estado vas a poder…?

  Cáliban lo interrumpió con un tono firme.

  —Sí. No es nada pesado. Solo espera y verás.

  Joseph asintió, aunque aún parecía algo inquieto.

  —Bien, nos vemos después.

  Se dio la vuelta para marcharse, pero antes de que pudiera dar más de unos pasos, Cáliban lo llamó.

  —Ah, Joseph…

  Joseph volteó, alzando una ceja.

  —?Sí?

  Cáliban lo miró directamente a los ojos, su tono era más suave de lo habitual.

  —Gracias. Sin tu ayuda, no podría haberlo logrado. Realmente me salvaste la vida.

  Joseph le dirigió una sonrisa relajada antes de irse, como si quisiera decirle a Cáliban que no había nada de qué preocuparse. Cáliban suspiró levemente, sabiendo que podía confiar en él, y comenzó a caminar por el corredor que lo llevaría al bosque donde estaban los objetos escondidos.

  Antes de que pudiera avanzar demasiado, Cecilia y Nhun lo alcanzaron rápidamente.

  —?Adónde fue Joseph con tanta prisa? —preguntó Cecilia, con curiosidad.

  Cáliban respondió sin detenerse, lanzando una excusa con un aire despreocupado.

  —Fue al ba?o… tenía muchas ganas de ir.

  Nhun arqueó una ceja, claramente desconfiada, pero no dijo nada al respecto. En cambio, sonrió con entusiasmo mientras preguntaba:

  —?Entonces qué harás ahora? ?Podríamos ir a Hilloy a gastar!

  Cáliban negó con la cabeza, manteniendo su paso firme hacia adelante.

  —Lo siento, tengo algo que hacer. Iremos después.

  Sin más explicaciones, se alejó por el corredor, dejando a las chicas atrás. Cecilia lo observó marcharse, su mirada reflejó una mezcla de tristeza y frustración. Nhun, al notarlo, no dejó pasar la oportunidad.

  —Entonces… ?Cuándo le vas a decir? —preguntó Nhun, con un tono travieso.

  Cecilia parpadeó, confundida.

  —?Decirle qué?

  Nhun puso los ojos en blanco, con una sonrisa burlona.

  —Ya sabes… sobre lo locamente enamorada que estás de él.

  —?Qué? ?No! Yo no… —Cecilia respondió rápidamente, pero su rostro rojo intenso la delataba por completo.

  Nhun soltó una carcajada y cruzó los brazos, disfrutando de la situación.

  —Ajá… claro. Bueno, sigue así, princesa. Seguro que, de aquí a que terminemos la academia, podrás tocarle al menos un dedo.

  El rostro de Cecilia se tensó al escuchar eso, y su tono cambió rápidamente a uno defensivo.

  —?Ah, sí? Al menos yo no soy una ninfómana como tú. He visto cómo miras a los chicos más guapos, ?Hasta babeas!

  Nhun sintió el calor subir a su cara al recordar ciertas escenas, pero no estaba dispuesta a quedarse atrás.

  —?Eso crees? ?Bueno, al menos no soy tan obvia como la que tembló con un solo abrazo!

  —?Eso no es cierto! —gritó Cecilia, con la voz temblorosa —Es solo que… me tomó por sorpresa, ?Eso es todo! ?Soy perfectamente capaz de hacer que se enamore de mí! ?Soy… soy una experta en el amor!

  —Claro que sí, princesa —respondió Nhun con sarcasmo, cruzando los brazos —Pero no puedes pasar dos segundos sin mencionar a Cáliban cuando estamos solas.

  Cecilia abrió la boca para replicar, pero no encontró palabras. Finalmente, con un resoplido frustrado, miró hacia otro lado.

  —Eso es porque… porque…

  Nhun rió triunfalmente.

  —?Eso pensé! —dijo, riendo más fuerte al final.

  Cecilia, enfurecida, gritó:

  —?Elfa calentona!

  Nhun no se quedó atrás.

  —?Virgen ridícula!

  La discusión se convirtió en una guerra de insultos que rebotaban como flechas, cada uno más doloroso y creativo que el anterior.

  Mientras tanto, en el bosque cerca de Hilloy. Cáliban avanzaba por el sendero que conducía al corazón del bosque, cerca del pueblo. Según el profesor Yannes, esta zona no estaba habitada por bestias, al menos no en un radio de diez kilómetros, lo que la hacía ideal para trabajar sin interrupciones.

  Se adentró más, buscando un espacio abierto y tranquilo. Finalmente, encontró una explanada rodeada por árboles altos, con una peque?a cascada que alimentaba un arroyo cristalino. El lugar era perfecto, amplio, sereno y lleno de energía natural.

  Cáliban dejó escapar un suspiro de alivio mientras inspeccionaba el terreno.

  ?Esto servirá.?

  Sacó de su bolso un trozo de tiza arcana y comenzó a dibujar runas en el suelo, sus movimientos eran meticulosos y precisos. Las líneas brillaban débilmente al contacto con la energía natural del lugar, creando patrones complejos que parecían cobrar vida.

  Las formaciones eran una de las herramientas más versátiles de la magia. Usando materiales adecuados, runas específicas y la energía del entorno, podían cumplir una variedad de funciones… defensa, transporte, y en ocasiones, incluso servir como catalizadores para crear objetos mágicos.

  Mientras trabajaba, su mente estaba enfocada en un solo objetivo… preparar una formación que le permitiera procesar los materiales del Wyvern y crear la píldora que necesitaba para purgar completamente el veneno de su cuerpo.

  ?No puedo permitirme fallar… cada detalle debe ser perfecto.?

  El sonido de la cascada y el susurro de las hojas lo rodeaban mientras continuaba su tarea, sumido en su concentración.

  Mientras tanto, en las profundidades de unas ruinas subterráneas ocultas por el tiempo, el artífice cuya misión había fracasado caminaba con pasos pesados hacia el despacho principal. El corredor, iluminado tenuemente por antorchas mágicas que chisporroteaban con un fuego verde, parecían estrecharse a su alrededor.

  Frente a la imponente puerta de hierro ennegrecido, el artífice se detuvo. El miedo se apoderó de él, congelando sus movimientos. Tomó aire, intentando calmar los latidos de su corazón, antes de empujar la puerta lentamente.

  Al entrar, la figura de su se?ora lo esperaba al fondo de la habitación, sentada en un trono tallado en obsidiana. Vestía un manto negro que parecía absorber la luz, y su presencia irradiaba una frialdad que lo hizo estremecer.

  El artífice cayó de inmediato sobre una rodilla, bajando la cabeza en se?al de lealtad.

  —?Me llamó, mi se?ora?

  La figura no desvió la mirada de la esfera mágica que sostenía entre sus manos. Su voz, fría y sin emociones, resonó en la cámara.

  —Escuché que fallaste. Leí tu informe. ?Quieres explicarme con tus propias palabras si es cierto?

  El artífice tragó saliva, con su voz temblando apenas.

  —Así es, mi se?ora. Un joven acudió en ayuda del objetivo. Mi equipo y yo estábamos preparados para cumplir la misión, pero el joven Sephir y Cáliban lograron…

  —?Dijiste Sephir? —La sacerdotisa lo interrumpió bruscamente, dejando la esfera en el aire, donde flotó con un tenue brillo oscuro —?Joseph Sephir?

  —Sí, mi se?ora… él, junto a un joven llamado Cáliban, lograron derrotar al Wyvern. Intentamos actuar, pero… —Su voz titubeó —Me temo que el director llegó enseguida. Era demasiado arriesgado continuar.

  La sacerdotisa se quedó en silencio por un momento, sus dedos jugueteaban con el aire como si manipulara un hilo invisible. Su expresión seguía oculta bajo el velo oscuro que cubría su rostro, pero el aura de tensión en la sala se intensificó.

  —Bien… ya que la misión falló, puedes retirarte por el momento. —Su voz adquirió un tono gélido —Solo por esta vez. No habrá una segunda oportunidad. ?Entendido?

  —Sí, mi se?ora. —El artífice inclinó la cabeza con respeto, antes de retirarse con una elegancia ensayada, agradecido de haber salido con vida.

  Cuando la puerta se cerró detrás de él, la sala quedó sumida en un silencio pesado. La sacerdotisa se quedó sola, contemplando la nada, sus pensamientos estaban enredados en nombres que parecían resonar en su mente.

  —Sephir, ?Eh? —murmuró, con una mezcla de interés y desdén.

  Tomó la esfera mágica nuevamente, y con un movimiento de su mano, proyectó imágenes de la reciente batalla en la mazmorra. Observó cada detalle con ojos fríos, su atención se fijó en Joseph y Cáliban.

  —Joseph Sephir… parece que no eres tan insignificante como pensé. Y Cáliban… —Su voz adquirió un tono pensativo —?Quién eres tú?.

  La sacerdotisa dejó escapar una leve risa, apenas audible, mientras la oscuridad en la habitación se hacía más densa.

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