La rutina se repitió día tras día… entrenaban desde temprano en la ma?ana hasta tarde en la noche. Gracias a la comida, el sue?o y el ejercicio, Joseph empezó a recuperar algo de color y musculatura, luciendo cada vez mejor.
La ma?ana antes de la prueba, mientras entrenaban en el mismo lugar. Joseph ya no se quejaba mucho, a pesar del agotamiento, trataba de seguir el ritmo de Cáliban, quien aumentaba la intensidad cada día. Sin embargo, la incertidumbre llenó su mente, aunque seguía las instrucciones sin protestar, no le gustaba obedecer sin entender la razón.
—Cáliban —dijo Joseph, sentándose sobre el césped con cansancio.
—?Qué ocurre?
—No quiero ser un aguafiestas, pero... ?No deberíamos empezar a practicar técnicas? ?Ya sabes! Como esas técnicas impresionantes de los torneos —Joseph movió los brazos imitando los gestos de los gladiadores que admiraba.
Cáliban alzó una ceja.
—?Has visto alguna técnica así?
—?Sí! —respondió con entusiasmo —En la ciudad donde trabajaba… bueno, ahora que lo pienso, no era una ciudad, era más bien un coliseo enorme que parecía una isla... crecí en Primum
Al oír el nombre, Cáliban recordó algo de información sobre ella.
—La conozco, es una isla a pocas horas de donde crecí... ?Qué hacías ahí?
—Ahí naufragó el barco... aunque pasé por un calvario, no todo fue malo. Cuando vendía golosinas en las gradas, podía ver los combates de cerca ?Era emocionante!
El ánimo de Joseph creció mientras contaba sus recuerdos de los combates.
—Veo que te fascinan los gladiadores…
—?Sí! ?Sobre todo uno en particular! Su nombre es Altimus. ?Es un guerrero espectacular! Usa el dinero de sus combates para ayudar a los necesitados ?Todos lo aman!
Cáliban suspiró, no podía compartir ese entusiasmo. Para él, los combates habían sido cuestión de vida o muerte, mientras que para otros no eran más que un espectáculo para beber y apostar.
—Cuando sea realmente fuerte, me gustaría ser como Altimus.
Cáliban detuvo sus movimientos al escuchar eso y caminó hacia Joseph, quien lo miró con rostro preocupado, creyendo que había dicho algo inapropiado.
—?He dicho algo estúpido? —preguntó con un ligero titubeo en su hablar.
—No es eso… responde, ?Por qué crees que entrenamos? —le preguntó Cáliban mirando el cielo, como si reflexionara sobre algo mucho más amplio.
Joseph intentó comprender sus palabras, pero no lo consiguió del todo.
—Para hacernos más fuertes… ?Verdad? —respondió, dudoso.
—En parte, sí. Pero no es solo eso, entrenamos para conocer los límites y capacidades de nuestro cuerpo, encontrar nuestros topes, romperlos y seguir avanzando.
Joseph se sorprendió por la respuesta, pero aún le costaba entender.
—En este mundo, la fuerza, la resistencia, la defensa, incluso la inteligencia, aumentan con el nivel de energía. Pero hay algo que es muy propenso a cambiar… la moral… tu moral…
Joseph seguía sin entender. Cáliban sonrió con paciencia y continuó.
—Joseph… los poderes que voy a ense?arte no son un juego ni un espectáculo, ni una herramienta para que domines a otros —Colocó sus manos sobre los hombros de Joseph —Estos poderes deben usarse con responsabilidad. Todo tiene consecuencias, sea cual sea la decisión que tomes o el camino que sigas, seas bueno o malo… todo trae consecuencias.
—Entiendo… —murmuró Joseph, sintiendo el peso de las palabras de su maestro. Poco a poco, comenzaba a comprender qué significaba realmente ser fuerte.
Cáliban lo invitó a sentarse junto al estanque.
—Ahora, imagina un grifo que deja caer agua en un vaso sobre una mesa. ?Qué crees que representa nuestro núcleo?
—?El vaso? —respondió Joseph, dudando nuevamente.
—Correcto. Y, ?La energía?
—?El grifo?
—Incorrecto. Piensa otra vez … ahora dime, ?Qué representa la energía en este caso?
Joseph reflexionó unos segundos hasta que su rostro se iluminó.
—?El agua!
—Exacto.
Cáliban tomó un poco de agua del estanque con las manos.
—El vaso es nuestro núcleo, y el agua que cae del grifo es la energía. El núcleo representa cuánta energía podemos almacenar. Si el vaso no soporta el agua, podría romperse… lo mismo pasa con nuestro cuerpo si el núcleo se sobrecarga, ya sea con Aura, Maná o ánima. Toda energía proviene de una fuente, igual que los ríos y los mares.
Joseph comenzaba a entender, aunque el ejemplo aún no le convencía del todo, por lo que Cáliban continuó.
—Las técnicas serían el grifo. Al igual que el grifo permite que el agua entre al vaso, las técnicas regulan cuánta energía ingresa al núcleo. Mientras mejor sea la técnica, mejor será la obtención de energía, permitiendo que el flujo se expanda hasta parecer una cascada. Imagino que esto suele ser muy difícil, por lo que escuche, las mejores técnicas suelen estar monopolizadas por los nobles, limitando a los de bajos recursos…
—Entonces, si no tenemos buenas técnicas, aunque avancemos de nivel… ?Podríamos quedarnos retenidos? —preguntó Joseph, pensativo.
—Me temo que sí. No importa si el grifo está conectado a un océano, si sigue siendo un peque?o grifo, solo dejará pasar poca agua, o sea, poca energía. Esto afectará tu rendimiento a medida que avances.
Cáliban se sentó de nuevo en el césped, recogió una roca plana y formó una mesa peque?a con cuatro piedras alrededor.
—La mesa representa el cuerpo, o mejor dicho, la base. Muchos creen que entrenar sin descanso es el camino a la fuerza, pero no es el entrenamiento en sí lo que fortalece, sino romper tus límites, tanto físicos como mentales. Si tus bases se fortalecen, el núcleo crece y puedes almacenar más energía. Mira esto….
Colocó un cuenco con agua sobre la peque?a mesa de piedras y empezó a llenarlo hasta que la mesa colapsó bajo el peso.
—Eso sucede cuando sobrecargas tu vaso; aunque el vaso aguante, la base no lo hará. Si el núcleo soporta la energía, pero tu cuerpo no, podrías acabar mal… ahora…
Puso el cuenco lleno de agua en una mesa más robusta.
—Ahora la mesa sostiene el vaso sin problema, aunque sigue siendo solo un vaso peque?o. Ahora podría usar una cubeta en su lugar, pero sin técnicas adecuadas, llenarla tardaría una eternidad, ?Entiendes?
Para Joseph, el ejemplo era claro, aunque aún tenía algunas dudas.
—Entonces… ?Sí necesitamos las técnicas? —preguntó con inocencia.
Cáliban asintió, viendo que Joseph estaba cerca de comprender.
—?Qué pasaría si sustituyo las patas de la mesa por otras más frágiles?
—Oh… entonces no se trata de necesitar o no las técnicas, sino de encontrar un equilibrio. Tengo que entrenar todo por igual, ?Verdad?
Cáliban sonrió, satisfecho.
—?Correcto!
Cuando Joseph comprendió, su expresión cambió a una de asombro, pero nuevas dudas surgieron en su mente. Cáliban, reservado por naturaleza, descubría que le resultaba reconfortante responder a las preguntas de Joseph.
?Debo admitir que se siente bien ense?ar…? —pensó, recordando a su propio maestro.
Ambos se recostaron sobre el césped, observando el firmamento que se extendía como un manto infinito sobre sus cabezas. Las estrellas titilaban suavemente, y una brisa ligera mecía las hojas de los árboles cercanos, creando una atmósfera de calma después de un día cargado de tensiones.
—Oye, Cáliban… —dijo Joseph, rompiendo el silencio.
—?Sí? —respondió Cáliban, con la mirada aún fija en el cielo.
—?Crees que pueda vencer al general Arnel en unos a?os?
Cáliban desvió la mirada hacia él, estudiando su rostro. Sabía cuánto significaba esa pregunta para Joseph. Había visto el rencor y el dolor que guardaba en su interior, y era consciente de la carga emocional que acompa?aba a esa ambición de venganza. Cada día observaba en Joseph un pesar oculto, pero decidió no presionarlo para que le contara.
—Entrena con disciplina, sigue tu camino sin dudar, y sobre todo… no permitas que la venganza te consuma. La venganza debe ser solo un paso en tu camino, no el destino final.
—?Y tú? ?Crees que vencerás a Karrigan?
Cáliban rió suavemente, pensando en la inmensidad de tiempo que pasaría antes de siquiera poder verse con Karrigan.
—Quizás… en unos milenios.
—??Milenios?! —exclamó sorprendido —Si te tomará tanto a ti, ?Qué me espera a mí? ?Cuándo podré usar mi poder?
Cáliban reflexionó antes de responder.
—Con mi guía, no creo que te tome tanto… quizá doscientos a?os, tal vez más.
—??Doscientos a?os?! Si algún día dices que algo tomará tiempo, realmente me dará un infarto…
Cáliban soltó una carcajada. El comentario de Joseph le sacó una sonrisa.
—Considerando que otros tardan mil a?os en sentir su poder… sí, es un tiempo corto.
Al terminar de reír, un incómodo silencio llenó el aire. Joseph bajó la mirada, sumido en el recuerdo de su hermano mayor y en su odio hacia Arnel.
—Cáliban… dime, ?Qué se siente matar a alguien?
La pregunta lo sorprendió nuevamente, meditó la respuesta antes de responder.
—Bueno… puede que te asombre, pero siendo inmortal, dejas de darle importancia.
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—?Por qué? Acabar con una vida es grave… ?No te hace sentir mal?
—Cuando conoces el ciclo de vida y reencarnación… los mortales dejan de ser vistos como personas y pasan a verse como… insectos.
Joseph lo miró, frunciendo el ce?o.
—No me mires así… no pienso que los mortales sean menos; pero, al ver su vida tan fugaz, otros no pueden evitar verlos como insectos… seres a los que, sin querer, podrías aplastar. Lo mismo sienten los mortales con las vidas inferiores. Dime, ?Alguna vez te has lamentado por pisar una hormiga?
Joseph guardó silencio, reflexionando sobre sus palabras.
—No… supongo que no… —contesto sin ánimos.
—Desde la perspectiva de un mortal, la muerte es un punto de inflexión, un límite moral… aun así, cuando quitas una vida, pierdes parte de la tuya. Es como si un vacío te absorbiera mientras te preguntas: “?Hice lo correcto?” Incluso en defensa propia o por supervivencia, algo dentro de ti se apaga… y por más que te lo repitas, nada te convencerá de que fue necesario. Esa incertidumbre… te consume el resto de tus días.
Las palabras de Cáliban calaron hondo en Joseph, haciéndole cuestionarse si su deseo de venganza era el camino correcto.
—Siento una ira incontenible… es como si una furia quisiera salirse de mi pecho.
Cáliban entendió de inmediato.
—No es solo hacia Arnel, ?Verdad?
Joseph suspiró, agotado.
—En parte sí… también hacia el rey, claro… aunque, si soy sincero, lo que más odio es haber sido tan débil. Aunque me repito que no podía hacer nada, el odio y la culpa no disminuyen…
Cáliban sintió una profunda empatía. él mismo conocía bien ese dolor.
—Quizás no llegaste a tiempo para salvarlos… pero ahora tienes la oportunidad de hacer justicia. Mira, la venganza no te devolverá a tu familia… —dijo Cáliban, recordando su propio camino de venganza. Aunque lo movía su propia justicia, sabía que su ira era, en gran medida, contra sí mismo —es probable que tampoco te llene ese vacío, pero tu hermano deseaba que siguieras adelante, que no dejaras que el odio te consumiera… y yo tampoco quiero que eso suceda —colocó una mano en su hombro para reconfortarlo —sigue avanzando… algún día tendremos la oportunidad de tomar sus cabezas, te lo prometo, solo… mantente en el camino.
Joseph miró a Cáliban con seriedad.
—?Eso es lo que sientes respecto a tu propia venganza?
—Más o menos… este corazón humano ha hecho que recupere emociones que no quería. Aun así, me aseguraré de que Karrigan pague por lo que hizo. Y después retomaré el legado de mi maestro, pero si permito que la ira me ciegue, perderé mucho más de lo que ya he perdido.
—Supongo que tienes razón —murmuró Joseph, entre suspiros.
—Vamos, es hora de terminar por hoy, ma?ana es la ceremonia de la segunda prueba; descansemos —Cáliban se puso de pie, extendiéndole la mano a Joseph.
—?Estás seguro? ?No deberíamos repasar un poco más? —preguntó Joseph, vacilante.
—?Crees que vamos a fallar?
—Quizás… —respondió, inseguro.
Cáliban le dedicó una sonrisa ligera.
—No te preocupes por lo que no puedes controlar. Has entrenado y te has preparado; ahora deja que tus acciones hablen.
Ese día, Cáliban regresó a su habitación y pasó horas leyendo, preparándose mentalmente. A la ma?ana siguiente, desde su ventana, observó los carruajes llegando a la academia desde temprano y escuchó a los guardias recibir a los visitantes. Tras vestirse, se dirigió al patio principal, donde el director daría la bienvenida y explicaría el examen.
Allí se encontró con Joseph, que estaba visiblemente nervioso. Aunque confiaba en su fuerza física, temía enfrentarse a otra prueba escrita.
—Buenos días, Cáliban… —saludó Joseph, con un temblor en su voz.
—Hola… —Cáliban notó cómo le temblaban las manos —?Ya tienes miedo tan temprano?
—Preferiría enfrentarme a un dragón antes que a otro examen escrito. Siento que tengo más posibilidades con lo primero que con lo segundo.
Cáliban soltó una leve carcajada.
—Entonces, esperemos que sea un dragón.
Poco después, el maestro Yannes los guió hacia un salón de eventos, dividiendo al grupo entre chicos y chicas. Segundos más tarde, el director entró, y todos los aspirantes contuvieron el aliento. Su fama le precedía, nadie se atrevía a murmurar mientras caminaba. Al llegar al atril, el director levantó un dedo, que emitió una suave luz púrpura, formando una runa de voz en el aire para amplificar su discurso.
—?Buenos días, jóvenes! —la voz del director resonó con fuerza, amplificada por su magia para llegar hasta el último rincón del gran salón —?Hoy es el gran día de la segunda prueba! Aquellos que demuestren valor y capacidad en este examen, ganarán el derecho a ingresar en la ilustre Academia Grand Delion. Una institución cuyos muros han formado a los hechiceros y guerreros más brillantes de los últimos a?os.
Hizo una pausa, observando a los candidatos. Sus ojos parecían atravesar sus almas, evaluando cada destello de entusiasmo, cada trazo de nerviosismo. Los jóvenes lo miraban con una mezcla de temor y reverencia, conscientes de estar ante uno de los magos más poderosos de su tiempo.
—Grand Delion no es un lugar para cualquiera —prosiguió, su voz ahora era más profunda —Quienes aspiren a entrar deben ser más que talentosos; deben demostrar perseverancia, astucia y, sobre todo, una voluntad inquebrantable. Aquellos que llevarán en alto el legado de esta academia y serán dignos del poder que se les confiará.
Los estudiantes, fascinados, apenas parpadeaban, asimilando cada palabra. Entonces, el director alzó su bastón con solemnidad y trazó en el aire una figura rúnica que brilló con intensidad púrpura, iluminando el salón en un destello místico.
—Hoy, el contenido de vuestro examen es… —su voz descendió en un susurro, intensificando la tensión en el ambiente —?Un calabozo!
El anuncio retumbó en el salón, y los murmullos comenzaron de inmediato. Una prueba en un calabozo era algo inusual, reservado solo para aquellos con verdadero potencial. El director sonrió levemente al ver la mezcla de sorpresa y temor en sus rostros.
—?Sí, un calabozo! —continuó con una firmeza que calló a todos de inmediato —En este desafío enfrentarán sus mayores miedos, se probarán contra ilusiones capaces de doblegar incluso al mago más experimentado. Este calabozo ha sido especialmente encantado por los maestros de la academia. Nada de lo que encuentren allí es real, sin embargo, les dolerá como si lo fuera… así que no se confíen en lo más mínimo…
?Menos mal… parece que tengo una oportunidad? —pensó Joseph. Sin embargo, en ese momento sintió una presencia ominosa a su lado. Cáliban estaba enfurecido; sus venas se hinchaban como raíces y sus ojos destellaban con un leve rojo carmesí.
—?Qué te sucede, Cáliban? —preguntó Joseph, temblando ante la intención asesina que desprendía.
—Energía exterior… —susurró levemente
El director había mencionado que, debido a las vacaciones, solo él y el maestro Yannes estaban en la academia, pero ahora Cáliban veía a todos los profesores detrás del director. Sintió una energía maligna que le recordaba a los vástagos de su hermano.
—Cáliban, podrían descubrirte… —Joseph le tomó el brazo, sacudiéndolo para hacerlo entrar en razón.
Cáliban calmó su ira de inmediato y susurró a Joseph su descubrimiento.
—Uno de los profesores liberó energía exterior, Debe haber un mago oscuro entre ellos…
—?Qué? —exclamó Joseph, sorprendido —?Cómo es que el director no lo percibe?
—La energía exterior es difícil de detectar. Si ni siquiera eres consciente de ella, puedes tenerla frente a ti sin notarla. Quizás por eso pasa desapercibida para él.
El director, mientras tanto, observaba la multitud. Al notar a Joseph y a Cáliban murmurando, los miró brevemente antes de volver a dirigirse a los profesores con una expresión intrigada.
—?Puedes saber quién es? —preguntó Joseph, intentando distinguir entre los profesores presentes.
—Aún no. Tal vez fue un descuido de su parte, pero eso bastó para hacerme notar su presencia.
—No es por dudar de ti, pero… ?Estás seguro de que es energía exterior? ?No podría ser magia oscura?
—Estoy seguro. La magia resuena con el espacio en el que se invoca, incluso la magia de invocación, pero la energía exterior no. Es como si fuera una fuerza ajena a este plano, por eso es tan fácil diferenciarla.
—Entiendo… ?Qué planeas hacer?
—Nada por ahora… escuchemos al director, y mientras tanto, estaré atento a esa presencia.
Ambos guardaron silencio mientras el director continuaba su discurso.
—Este a?o, el consejo de profesores y yo hemos decidido que el examen será una expedición. No se trata solo de una prueba física o intelectual; pondrá a prueba su valor, su ingenio y la fuerza de sus lazos con los demás. En esta expedición serán evaluados en su capacidad para superar una mazmorra especialmente preparada para esta ocasión. Quienes logren salir en tiempo récord serán aprobados y tendrán el honor de entrar a la Academia Grand Delion.
Hizo una pausa, permitiendo que sus palabras cobraran peso en la mente de cada candidato, y luego prosiguió:
—Aclarando el punto anterior, la mazmorra está encantada con magia arcana, para asegurar que todos estarán a salvo. Sin embargo, no se confíen… los monstruos y obstáculos que encontrarán son ilusiones creadas por maestros ilusionistas, dise?adas para ser tan reales que sentirán el dolor, la presión y el cansancio como si todo fuera auténtico. Este no será un juego, así que traten a cada reto con la seriedad que merece.
El director rió brevemente, buscando aligerar la tensión. Pero los rostros de los estudiantes, tensos y expectantes, no reflejaron ninguna sonrisa, así que continuó.
—Esta prueba se realizará en parejas. Deberán elegir a un compa?ero, o bien se les asignará uno si no logran decidirse. No subestimen la importancia de este vínculo… en el campo de batalla, la confianza mutua puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Además, para que sea un desafío igual para todos, deberán enfrentarse a la mazmorra sin sus técnicas habituales… —El director alzó la voz para asegurarse de que todos comprendieran —Está prohibido usar artes marciales, magia, aura o ánima. Tendrán que confiar únicamente en su astucia, su habilidad para resolver problemas y, en especial, en el apoyo de su compa?ero.
Algunos estudiantes intercambiaron miradas de desconcierto. Sabían que sería un reto sin precedentes.
—En la última sala… —continuó el director —enfrentarán a un jefe. No será necesario derrotarlo para superar la prueba, pero quienes lo logren recibirán puntos adicionales y una recompensa especial. Les advierto que esta es una criatura creada con magia de alto nivel, y aunque es una ilusión, su ferocidad es real. Aquellos que se atrevan a desafiarla serán puestos a prueba en todos los sentidos.
El director bajó su bastón, dejando que sus palabras resonaran.
—Tienen una hora para formar sus equipos. Una vez lo hayan hecho, acudan al maestro Yannes, quien les dará instrucciones adicionales para su ingreso al calabozo. Esta prueba no será fácil, jóvenes; enfrentarán no solo a sus temores, sino también a las debilidades que aún no conocen. Será una expedición a lo más profundo de su potencial. ?Buena suerte, jóvenes! Que sus talentos y su valor los guíen.
Con esas palabras, el director dio un paso atrás, observando cómo los candidatos procesaban la magnitud del desafío. Tras un instante, se volvió y caminó hacia la salida, seguido de los profesores que lo escoltaban. Su figura imponente y el aura solemne de sus palabras seguían resonando en el aire, dejando a los estudiantes entre susurros de inquietud y emoción contenida.
Joseph, intentando aliviar la tensión que se había generado entre los aspirantes, lanzó un comentario casual:
—Parece que no será tan difícil, ?No?
Cáliban, con la mirada aún fija en la multitud de profesores, no compartía su optimismo.
—Ve con el profesor Yannes y registra nuestro equipo, yo tengo algo que investigar…
—De acuerdo, pero… —Joseph dudó antes de preguntar —?Qué harás si encuentras al mago oscuro?
—No podría vencerlo aún, pero si logro identificarlo, podríamos planear cómo enfrentarlo más adelante.
Mientras Joseph se encaminaba hacia el profesor Yannes, Cáliban se desvió en silencio. En medio del bullicio de estudiantes que formaban sus equipos, trataba de rastrear la presencia inquietante que había sentido antes… una energía oscura y extranjera, algo que no pertenecía a este plano. Observó con atención cómo los profesores y el director atravesaban una barrera mágica que sellaba el área de los docentes. De inmediato, el rastro desapareció.
??Una barrera? Maldición… Esto va a ser complicado… pero si logro cruzarla, podría…?
En ese instante, un grito desgarrador interrumpió sus pensamientos:
—?Ella ya te dijo que no! ?Déjala en paz!
Cáliban reconoció la voz de Nhun. Alarmado, dio un salto y corrió hacia la dirección de los gritos. Sus pensamientos volaban:
?Los magos oscuros suelen necesitar sacrificios para sus rituales. Si alguien aquí está usando energía exterior, los estudiantes podrían estar en peligro, ?Debo apresurarme!?
Al llegar, vio a Nhun defendiéndose con valentía frente a Cecilia, quien intentaba evitar a un joven alto y arrogante de cabello azul, cuya expresión mostraba una mezcla de irritación y desdén. Cáliban lo reconoció de inmediato, era Erick Stein.
—No me iré hasta que aceptes mi propuesta —gru?ó Erick, con una insistencia que rozaba lo desesperado.
Fue en ese momento que Cáliban apareció, con sus ojos llenos de determinación y con un aura amenazante rodeándolo.
—Deja de molestarlas y márchate de una vez —ordenó con una calma tan firme que se sintió como un golpe en el ambiente.
Erick, sorprendido y visiblemente temeroso por sus amenazas anteriores, hizo un esfuerzo por no mostrar su temor.
—?Tú! ?Por tu culpa perdí mi puesto entre los primeros! —gritó Erick, apuntando a Cáliban con el dedo.
—?Fue lo mejor para todos! Si hubieras estado, te habrías acobardado durante el ataque de los bandidos —intervino Nhun, con una chispa desafiante en los ojos.
—??Qué dijiste?! —Erick avanzó hacia Nhun, alzando el brazo como si fuera a golpearla —?Una sucia medio elfo se atreve a-!
Antes de que pudiera terminar, Cáliban movió el pie con precisión, haciendo que Erick tropezara y cayera torpemente al suelo. Erick, humillado y furioso, se levantó con el rostro encendido de ira, sus ojos destellaban de odio.
—?Maldito! Te haré pagar por esto…
Corrió hacia Cáliban con el pu?o levantado, con sus movimientos torpes pero llenos de rabia. Cáliban lo observó con una mezcla de paciencia y desdén, preparado para enfrentar el ataque. Sabía que Erick, aunque no era una verdadera amenaza en ese momento, podría convertirse en un obstáculo en el futuro. Por un instante, consideró la posibilidad de dejarlo lisiado de forma permanente, eliminando así cualquier amenaza potencial.
?Esta vez, me aseguraré de que no vuelva a interponerse en mi camino? —pensó mientras se preparaba para esquivar el golpe y contraatacar.

