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Capítulo 5: ¿Llegada a la academia?

  Desde su posición, Cáliban observó una imponente estructura que dominaba el paso de la monta?a: un gigantesco castillo rodeado por altos y gruesos muros. Desde lo alto, el castillo estaba envuelto en un campo de fuerza que irradiaba un aura mágica, haciendo que aun desde esa distancia considerable, pudiera sentir las partículas de maná acariciando su rostro. Sin embargo, pese a la belleza del paisaje y a la majestuosa estructura, Cáliban mantenía una extrema cautela. Se quitó la armadura de cuero, da?ada por la última batalla, y la dejó a un lado, siendo ahora inservible tuvo que dejarla en un bote de basura cercano.

  Cáliban frunció el ce?o.

  —Algo no encaja… —murmuró para sí mismo —Pero con mis sentidos sellados, no puedo precisar qué es… todo esto parece… falso.

  Intuía el peligro, pero en su estado actual no podía verificarlo. Tras unos minutos, todos los integrantes lograron atravesar el portal, quedando maravillados por la ciudad medio vacía. Según explicó el jefe de los guardias, se encontraban ahora en Hilloy, una peque?a ciudad comerciante frente a la academia. Cáliban recorrió el lugar con la mirada, notando varias tiendas y atracciones turísticas, aunque el ambiente estaba desolado, con apenas unos pocos transeúntes. Las tiendas ofrecían sus servicios igualmente, así que decidió visitar algunas para satisfacer su curiosidad.

  Mientras caminaba, percibió que alguien lo seguía… era su compa?era de viaje, la misma a quien había salvado en la emboscada de los bandidos. Irritado, Cáliban se detuvo en seco y se dirigió a ella.

  —?Se te ofrece algo? —preguntó en seco.

  La joven lo miró sorprendida y comenzó a tartamudear, murmurando palabras incoherentes. Su nerviosismo era evidente; parecía querer hablar, pero no encontraba las palabras correctas, y su cabeza se movía, indecisa. Cáliban suspiró, con paciencia limitada.

  —Si tienes algo que decir, dilo. Si no, no lo hagas… no es que me importé al menos, hice lo que tenía que hacer y no me arrepiento de ello, así que tú tampoco deberías.

  Durante todo el viaje, apenas habían intercambiado palabras o miradas, así que Cáliban se sorprendió al ver que ella finalmente tomaba la iniciativa. La joven respiró hondo, intentando calmarse, y finalmente habló.

  —No… me salvaste la vida, así como a los otros chicos. Debería ser suficiente para confiar en ti. Antes que nada, déjame presentarme… soy Cecilia Thorm, muchas gracias por haberme salvado… —Tras hablar, hizo una reverencia, sujetando su falda con elegancia.

  Cáliban se rascó la cabeza, algo incómodo.

  —Bueno… eh, también es un placer conocerte, Cecilia Thorm…

  Cecilia levantó la vista, mostrando un rostro fino y ojos de un negro profundo que parecían iluminarse con la luz del día.

  —Ahora, como seguramente habrás notado, los bandidos me buscaban… y la razón es que-

  Cáliban levantó la mano para detenerla.

  —Creo que no me entendiste. No estoy aquí para inmiscuirme en los asuntos de los demás o para hacer amigos, vine a ganar poder, nada más. Así que puedes guardar tus secretos, no me meteré en tus asuntos personales.

  Cecilia frunció el ce?o, perpleja.

  —Entonces, ?Por qué me ayudaste?... por lo que vi, tienes la habilidad de sobra para sobrevivir solo, ?Por qué no me abandonaste?

  Cáliban apartó su mirada melancólica. En el fondo, se hacía la misma pregunta. Quizá Cecilia le recordaba a alguien especial para él, alguien a quien había amado profundamente y que ya no estaba. O tal vez aquellos estudiantes le recordaban a sus hermanos caídos, verlos asustados e indefensos le había dolido. Fuera cual fuera la razón, simplemente no quiso retroceder esta vez. No pudo salvar a su familia ni vengarlos, y cada vez que recordaba los gritos de sus hermanos siendo torturados, sentía el peso de la culpa más grande. Al ver al bandido acercarse a la cueva, decidió que esta vez no fallaría. Dibujó una leve sonrisa melancólica mientras respiraba hondo.

  ?Supongo que… al final, lo hice por mí mismo… no lo sé… tener sentimientos humanos de nuevo es extra?o… solo quería hacerlo… el maestro solía decir que debía defender a los débiles. Si no sigo sus ense?anzas…? —medito en su mente, pero sin darse cuenta, sus pensamientos se transformaron en palabras.

  —Entonces no habría ninguna diferencia entre Karrigan y yo… —susurró, recordando a su maestro.

  —?Karrigan? —preguntó Cecilia, que había alcanzado a escuchar la palabra, gracias a su oído agudo.

  Cáliban se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la plaza, intentando desviar la conversación.

  —No importa, volvamos… parece que nos están esperando.

  ?Casi hablo de más… si no mantengo a raya la consciencia de Mika'el, estas emociones me consumirán…?

  En el pasado, Avalon había ascendido a semidiós. Con su físico superior, superaba incluso a los dioses comunes, aunque no a los Exteriores. Sin embargo, mientras más crecía su poder, había tenido que despojarse de emociones y debilidades para sobrevivir en el caos del cosmos. Solo un sentimiento permanecía con él… amor. Amor por sus hermanos, por su maestro y por su pasado. Este amor lo mantuvo fuerte y sereno, pero también evitó que alcanzara la divinidad completa.

  Avanzaron un poco más hasta llegar al punto de encuentro, donde los esperaban los demás. Desde la calle principal, un hombre misterioso de cabello negro y muy bien vestido se acercó. Cáliban lo miró y, al instante, supo lo que era.

  ?Así que también hay vampiros aquí…? —pensó, mientras el hombre comenzaba a presentarse.

  —?Mucho gusto, jóvenes candidatos! Mi nombre es John Yannes, profesor de la academia de Grand Delion. He venido a recogerlos, por favor, acompá?enme —dijo el profesor, se?alando un carruaje mucho más grande que en los que habían llegado.

  Una vez dentro, los estudiantes, llenos de entusiasmo y emoción, empezaron a bombardear al profesor con preguntas.

  —?Será usted nuestro profesor? —preguntó una elfa oscura, con los ojos brillando de curiosidad.

  —Eso depende, se?orita. Si pasan la segunda prueba, probablemente sí me tengan de profesor en segundo a?o.

  —?Y qué clase imparte? —preguntó un joven alto elfo.

  —Ense?o Bestiología. Estudiamos todas las especies, tanto pacíficas como peligrosas, que podrían enfrentar algún día.

  —?E… enfrentar? —balbuceó un joven orco, con el rostro tenso.

  Stolen story; please report.

  —No se preocupen por eso —respondió el profesor con una sonrisa —el director les explicará todo en la ceremonia de bienvenida… si es que pasan la prueba, claro.

  Las preguntas continuaron durante un rato, y Cáliban escuchaba atentamente, sabiendo que toda esa información podría ser útil. La conversación se detuvo cuando el profesor miró a los estudiantes con una expresión intrigada.

  —Bueno, ahora que respondí sus dudas, quisiera hacerles una pregunta a ustedes… díganme, ?Quién fue el joven héroe que derrotó a los bandidos?

  De inmediato, todos dirigieron sus miradas hacia Cáliban. El profesor reprimió una sonrisa, divertido por la reacción unánime de los estudiantes.

  ?Estos mocosos…? —pensó Cáliban, sintiéndose terriblemente incómodo.

  —?Vaya, así que eres tú! ?Cuál es tu nombre, joven héroe? —preguntó el profesor, con un interés que parecía casi analítico, como si estuviera observando a una rara criatura.

  —Mi nombre es Mika'el Cáliban. Un placer, profesor —respondió Cáliban con calma, pero con un rostro serio.

  —Un gusto, Mika'el… si tienes alguna duda, no dudes en preguntar.

  Cáliban alzó una ligera sonrisa.

  —?Cualquier duda?

  —?Por supuesto! —aseguró el profesor con una sonrisa.

  —Entonces… ?Qué opina sobre los vampiros?

  La sonrisa del profesor se desvaneció, y el ambiente en el carruaje se tornó tenso. Los estudiantes intercambiaron miradas, sin entender del todo la pregunta. El profesor alzó la vista, mostrando un par de ojos rojos intensos.

  —Veo que lo has notado… ?Cómo te diste cuenta? —preguntó, con un tono mucho más serio.

  —No fue tan difícil… como puede ver en las ventanas, todos reflejamos nuestra imagen… menos usted.

  Cáliban había investigado sobre los vampiros en la biblioteca del pueblo. Sabía que, según las leyendas, Camazotz, el dios vampiro, había creado a Drácula, el primer rey vampiro, para conquistar el continente. Esta guerra devastadora había terminado cuando Helios, el dios de la luz, maldijo a los vampiros a vivir en las sombras para siempre. Cáliban relató esta historia al profesor.

  El profesor Yannes suspiró al recordar lo que consideraba una historia absurda.

  —Esa historia, aunque solo sea una leyenda, nos ha traído problemas por generaciones… tienes razón en parte… déjame presentarme de nuevo… soy John Yannes, profesor de Bestiología en Grand Delion… y un vampiro de sangre pura.

  Entre los vampiros, el término "sangre pura" se reservaba para aquellos nacidos vampiros o que habían asesinado a su amo y bebido su sangre para convertirse. Los estudiantes empezaron a temblar de miedo. Al notar sus reacciones, la tristeza oscureció el semblante del profesor, quien, tras un breve silencio, miró a Cáliban, intrigado.

  —Me has impresionado, así que dime… ?Qué opinas de recibir clases de un "monstruo" como yo?

  Los estudiantes miraron a Cáliban con expectación. Era lógico que sintieran temor; los vampiros eran conocidos por su brutalidad, incluso después de que la familia real Dracul fundara la ciudad de Redvein para ofrecerles un hogar seguro. Cáliban miró por la ventana del carruaje, sintiendo el calor del sol en su rostro.

  —Profesor Yannes… entiendo que a sus ojos parezca solo un ni?o, pero he visto la verdadera maldad y las sombras en el corazón de muchas personas, sin importar su raza o apariencia. No debería preocuparse por lo que piensen los demás. Si el director le permitió ense?ar aquí, debe haber una buena razón. No creo que alguien peligroso impartiera clases, ?No es así? El hecho de que los vampiros vivan en la oscuridad no los hace malos por naturaleza.

  —?No es así? —replicó el profesor, en un tono entre resignado y desafiante —Hemos cometido atrocidades, desatamos una guerra y fuimos condenados a la oscuridad. ?No crees que merecemos el castigo?

  Con cada palabra, parecía rechazar su propia esencia, sin poder escapar del hecho de ser lo que era.

  —Sí, han cometido atrocidades —respondió Cáliban con serenidad —como toda raza en guerra. Cada reino que existe fue construido sobre sangre y cráneos, tanto propios como ajenos, profesor. Ninguna nación extiende su poder de forma pacífica.

  El profesor guardó silencio, sin palabras que replicar. Cáliban lo miró, muy serio continuó hablando.

  —Profesor, los pecados del pasado no deberían atormentar a las nuevas generaciones. Dígame algo, ?Es da?ina la sombra de un árbol?

  El profesor, desconcertado, respondió.

  —No… no lo es.

  —Y el sol no quema solo a los vampiros, sino también a otros. Si me quedo mucho tiempo al sol, ?No me quemaré también?

  —Así es.

  —?Eso me convierte en alguien malo?

  —No… —contestó el profesor, bajando la mirada.

  —He visto a personas usar la luz como pretexto para hacer el mal. Si la afinidad a un elemento oscuro te hiciera malo, dudo que la academia ense?ara magia de sombras o necromancia. La maldad está en las intenciones, no en la naturaleza. Su falta de reflejo, por ejemplo… se debe a que su cuerpo no refleja la luz, lo cual es una propiedad de su ser. Del mismo modo, los espíritus de luz no proyectan sombra.

  El profesor quedó perplejo. La conversación fluía como entre maestro y alumno, aunque él mismo sentía que era el estudiante. Algo en las palabras de Cáliban le devolvió el ánimo, liberándolo un poco de su carga.

  —Eres alguien fascinante, no es de extra?ar que el director haya puesto atención en ti.

  Cáliban lo miró con extra?eza.

  —?El director?

  Cáliban estaba sorprendido. Según los recuerdos de su anfitrión anterior, nunca había conocido al director. El profesor pareció captar su duda y explicó.

  —?Sabías que los exámenes los calificamos los profesores? Yo evalué el tuyo, y debo decir que tus respuestas eran sobresalientes. Se lo mostré al director, y quedó impresionado. Además, escuchó cómo derrotaste a un guerrero que manejaba aura sin tener poderes. Realmente espero que pases la segunda prueba; será un honor ense?arte.

  El respeto en las palabras del profesor era genuino. Después de eso, la conversación fluyó naturalmente entre el profesor y los candidatos, aunque el profesor evitó responder preguntas sobre la segunda prueba.

  Mientras Cáliban miraba el paisaje, divisó la entrada a la academia a lo lejos, una impresionante estructura que parecía esconder algo. El profesor los guió hasta un gran salón con múltiples habitaciones.

  —Aquí se alojarán por ahora. Normalmente, los candidatos se quedarían en el edificio de huéspedes, pero llegaron antes gracias al portal, podrán disfrutar de estas instalaciones. No se preocupen, todos sus gastos están cubiertos, también, como estamos en periodo de vacaciones, no hay muchos estudiantes, así que podrán explorar la zona de primer a?o si lo desean.

  El profesor Yannes explicó que la academia estaba dividida por grados, permitiendo avanzar hasta el sexto a?o para los más destacados. Luego, guió a los estudiantes hacia sus habitaciones, todas individuales debido a la poca concurrencia. Mientras los demás se acomodaban, Cáliban comenzó a pensar en cómo emplear los días previos a la prueba.

  ?Bien, con este tiempo libre, podría seguir entrenando…?

  Su estómago rugió. Salió a buscar algo de comer, y tras pedir indicaciones, encontró una cafetería. En la ventana, una fornida mujer orco sonrió al verlo.

  —Hola, hijo, ?En qué te ayudo? —preguntó amablemente.

  —Soy nuevo aquí… y no conozco el menú. ?Podría recomendarme algo?

  —Hmm, claro, ?Eres uno de los candidatos al examen? ?Tienes cómo pagar?

  —?Esto servirá? —Cáliban le mostró su reluciente insignia.

  —?Oh, claro! Entonces, es gratis. ?Qué tal unos huevos especiales?

  —Está bien, gracias.

  La amable cocinera le indicó que siguiera derecho hasta unas mesas de piedra con vista a la monta?a. Cáliban hizo caso y encontró un lugar perfecto para disfrutar su comida con la tranquilidad del paisaje.

  Sin embargo, su tiempo tranquilo no duraría mucho. A lo lejos, Cáliban divisó una escena inesperada… un conflicto estallaba entre varios estudiantes. Desde su mesa, alcanzó a escuchar los gritos de dos jóvenes que acosaban a un chico más delgado y bajo que ellos.

  —?Oye, mierdecita! ?A dónde crees que vas? —gritó uno de los brabucones, acercándose al muchacho con una sonrisa burlona.

  —Parece que te crees mejor que nosotros… —a?adió el otro con tono amenazante —Tal vez unos golpes te hagan pensar mejor.

  ?Parece que no podré comer en paz…? —pensó Cáliban, dejando escapar un suspiro mientras observaba la escena con desagrado.

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