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C1 — Acto 1: Una nueva vida

  En la actualidad...

  Encerrado dentro de un furgón blindado y rodeado de soldados entrenados, dispuestos a abrir fuego ante el más mínimo movimiento, Batsu se encontraba atado, amordazado y, por si fuera poco, con una capucha que cubría toda su cabeza, impidiéndole ver nada. Además, unos cascos aislantes de ruido bloqueaban por completo cualquier sonido exterior, dejándole únicamente con el incesante murmullo de “su propia voz” ... y era algo insoportable.

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(Uno, dos, tres... ?Seis! Seis soldados vigilándote sin contar al conductor y al copiloto. Menuda masa de fans tienes.)

  BATSU (PENSANDO)

  —(?Podrías callarte...? Intento pensar.)

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(?Pensar? ?En qué? Dentro de ese coco al que llamas cabeza estamos solos tú y yo. Si no fuera por mí, este viaje sería un infierno.)

  La entidad ríe unos segundos dentro de la mente de Batsu.

  BATSU (PENSANDO)

  —(?Este viaje ESTá siendo un infierno porque tú estás aquí! Nada de esto habría pasado si tú no existieras en mi cabeza.)

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(?Auch...! Eso fue un golpe bajo, ?sabías? “Me dolió...”)

  BATSU (PENSANDO)

  —(Ojalá desaparecieras...)

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(Seh... Oye, sabes que no puedo hacer eso, ?verdad? Estamos juntos, unidos, ?conectados! ?Acaso se te olvida? Además, si me dejaras... podría tomar el control, encargarme de estos soldados de pacotilla y...)

  BATSU (PENSANDO)

  —(?Ni de co?a! Quién sabe lo que podrías hacer si te dejo tomar el control en una situación como esta.)

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(Pues ya te lo dije, ?no? Me haría cargo de esta situación en lo que dura un pesta?eo.)

  Tras esa contestación, el silencio se hace presente en la mente de Batsu... aunque no por mucho tiempo.

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(Lograría que tampoco fuéramos a prisión...)

  BATSU (PENSANDO)

  —(?Tú FUISTE QUIEN HIZO QUE ACABáRAMOS EN PRISIóN! Si tan solo no hubieras mata-)

  Justo cuando Batsu iba a terminar su frase, le quitan los cascos que cubren su cabeza y la capucha que lo envolvía por completo. A base de empujones en la espalda, lo obligan a bajar del furgón. Frente a él se despliega la realidad de lo que la prisión tenía para ofrecerle.

  Un rostro cubierto de un pelaje azul eléctrico, orejas peludas terminadas en punta y una cara en forma de hocico dejan ver que Batsu no era humano. En realidad, se trataba de un híbrido entre lobo y persona, comúnmente denominado como hombre lobo, aunque Batsu odiaba ese término... especialmente porque él no era uno de ellos.

  Batsu intenta observar todo lo que puede, pero apenas distingue los muros musgosos del lugar. Levanta la vista hacia el cielo, pero otro empujón en la espalda lo obliga a avanzar sin detenerse, sin poder mirar con calma el entorno que le rodea. Cuando gira la cabeza para observar al soldado que lo empujó, recibe un fuerte golpe con la culata del arma en pleno rostro.

  SOLDADO No3

  —?Vista al frente! Prohibido mirar hacia atrás, recluta.

  Batsu gru?e de manera inmediata y animal al escuchar al soldado. Para evitar un segundo golpe innecesario, obedece sin oponer resistencia.

  BATSU (PENSANDO)

  —(?Acaso me llamó recluta?)

  Da un paso al frente mientras un hilo de sangre corre por su cabeza debido al golpe recibido. No era más que unas pocas gotas manchando el suelo de la entrada a aquel lugar.

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(Al menos el tiempo es soleado.)

  BATSU (PENSANDO)

  —(Muy gracioso... Como si me importara ahora mismo el tiempo que hace. ?Dónde narices estamos?)

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(Muy... buena... pregunta...)

  Batsu avanza con pasos cortos, rodeado por los mismos soldados que iban con él en el vehículo. Dos al frente, dos atrás y uno a cada lado, prohibiéndole en todo momento echar un vistazo al lugar, como si aún tuviera los sentidos bloqueados.

  Antes de que pudiera reaccionar, una enorme puerta metálica se cierra a sus espaldas con un golpe ensordecedor.

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(Y oficialmente, estamos dentro.)

  BATSU (PENSANDO)

  —(Genial...)

  Sin saber por cuánto tiempo más, Batsu sigue caminando hasta que todos se detienen de golpe. Los dos soldados que iban delante se mueven a un lado.

  SOLDADO No3

  —?Avanza! Exclama el soldado a pleno pulmón.

  Batsu decide avanzar, sabiendo que, si no obedecía, probablemente recibiría otro golpe. Camina lentamente, aún con las mu?ecas esposadas, y se adentra en lo que parece una especie de coliseo. El suelo es de piedra, rugoso bajo sus pies, y las paredes son tan altas e imponentes que parecen imposibles de escalar. Al alzar la vista por primera vez, se da cuenta de que está siendo observado. Varias personas, vestidas con el mismo uniforme gris y con números en los hombros, lo observan en silencio desde las gradas.

  BATSU (PENSANDO)

  —Esto me da muy... mala... espina...

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(Por el bien de los dos, deberías cederme el control.)

  BATSU

  —Antes muerto.

  Mientras Batsu se distrae observando el gigantesco coliseo, o más bien la arena de combate, una figura se logra visualizar a pocos pasos frente a Batsu. Es un ser de apariencia humanoide, con extremidades delgadas, afiladas, y unos ojos facetados que reflejan la luz con un brillo insectoide. Una mantis de rasgos parcialmente humanos se aproxima con aire confiado, levantando una mano en gesto amistoso mientras se acerca lentamente al lobo.

  Aunque no hay tiempo para presentaciones, pues antes de que la mantis pueda abrir la boca para preguntar con quien tenía el gusto de estar parado frente a frente, un peque?o grupo de personas se acerca de la misma dirección por la que Batsu entró a aquella especie de coliseo.

  Con el paso de los minutos, la arena empieza a llenarse de más y más individuos. Algunos son solitarios, con rasgos semihumanos similares a los de Batsu o la mantis; otros, en cambio, parecen preferir agruparse entre sí. Destacan entre todos, un par de buitres de plumas azuladas y negras, una figura medio androide con partes metálicas visibles y un humano aparentemente ciego, sus ojos permanecen cerrados, aunque la energía que emanaba de él resultaba inquietante.

  Batsu no podía evitar sentir una presión invisible cuando aquel hombre estaba cerca, una sensación de tensión que le oprimía el pecho.

  En total, había unas veinte personas reunidas en el mismo extremo del coliseo, contando a Batsu y a la mantis.

  MANTIS

  —Vaya... Parece que algunos ya se conocen. Menudo grupito más variopinto el que nos ha tocado, ?eh? Jajajaja...

  La mantis hablaba con una naturalidad desconcertante, casi alegre, como si estar allí no representara peligro alguno. Su tono despreocupado contrastaba con el silencio y la tensión del ambiente. Daba la impresión de que ya conocía aquel lugar... o, al menos, sabía lo que se hacía en él.

  Batsu intenta responderle, intrigado por su actitud, pero antes de poder abrir la boca, una nueva presencia llama su atención. Desde el extremo opuesto de la arena, un grupo de cinco individuos hace acto de aparición.

  Están de pie, inmóviles, esperando algo: quizá una orden, quizá una se?al. Desde tan lejos, apenas se distinguen sus rostros, pero su sola presencia basta para que todo el ruido desaparezca.

  Las conversaciones se disuelven en el aire. El silencio se apodera del lugar. Solo se escucha el leve silbido del viento, el sonido de las respiraciones contenidas y, de vez en cuando, el tragar nervioso de alguien demasiado cerca de Batsu.

  BATSU (PENSANDO)

  —(?Qué está sucediendo aquí? ?Por qué de repente todo el mundo se ha callado? ?Y por qué esos de ahí delante no se mueven?)

  Entonces, rompiendo la tensión del momento, una pareja de hermanos buitre, de plumaje azul y negro, despliega sus alas y se lanza al aire con un poderoso aleteo, aprovechando que la arena carece de techo.

  BUITRE NEGRO MAYOR

  —?Ja, ja! ?Hasta la vista, idiotas!

  BUITRE AZUL MENOR

  —?Espérame! ?Voy contigo!

  El buitre mayor toma la delantera, volando unos metros antes que su hermano menor, pero, al ascender lo suficiente, un disparo resonó en todo el coliseo. La bala alcanzó al buitre mayor, quien cayó como un saco de plomo, sorprendiendo a todos, incluidos Batsu y los demás prisioneros. Todos miran hacia el origen del disparo, buscando desesperadamente la fuente.

  BUITRE AZUL MENOR

  —?Hermano!

  Antes de que pudiera reaccionar o intentar retroceder, el buitre menor también fue alcanzado por otro disparo. El proyectil parecía provenir de una torreta oculta en el muro que rodeaba la arena.

  Ambos hermanos cayeron bruscamente al suelo, muertos en el acto, sus cuerpos se estrellaron contra el suelo de piedra. Con un movimiento mecánico, la torreta se ocultó en el muro.

  El sonido del impacto aún retumbaba cuando varios de los prisioneros en la fila tragaron saliva nerviosos, algunos incluso vomitaron, incapaces de contener el asco y el miedo. Otros, más indiferentes, solo miraban los cuerpos sin vida con una expresión vacía, como si la brutalidad de la escena ya no les afectara.

  Entre los afectados, con una mirada de terror en sus ojos, se encontraba Batsu, quien no podía apartar la vista de los cuerpos inertes de los dos hermanos.

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(Oh... Vamos, no me irás a decir ahora que un par de cadáveres te van a afectar... ?Verdad?)

  Batsu no responde y se queda mirando los cuerpos unos segundos más hasta que el estómago le traiciona y vomita violentamente.

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(??En serio?! ?Ahora te dan náuseas los muertos?)

  BATSU

  —C-Cállate...

  Batsu murmura con voz temblorosa, levantando la cabeza después de haber terminado de vomitar.

  BATSU

  —Siempre me han dado náuseas ver las tripas de un cuerpo muerto frente a mí...

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(Y por eso... Opino que... Deberías...)

  Antes de que la voz en su cabeza termine la frase, un sonido de pasos llama la atención de los presentes. Desde el extremo opuesto del coliseo, el grupo de cinco personas había empezado a caminar. Su aspecto es tan variopinto como el del grupo en el que se encuentra Batsu, pero hay algo en ellos que los diferencia: caminan con total seguridad, incluso más que la seguridad con la que se mostraba la mantis, como si esos cinco ya hubieran estado ahí antes.

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(Ey... mira. Su ropa.)

  BATSU

  —Es...

  Batsu observa fijamente a las personas que se acercan y luego alza la vista hacia las gradas del coliseo.

  BATSU

  —?Son presos! ?Llevan la misma ropa!

  Batsu pensando

  —(?Qué significa esto?)

  En el momento en que Batsu grita, el grupo de cinco cambia su forma de andar y comienza a correr, provocando el nerviosismo en los demás prisioneros. Algunos se quedan paralizados, otros se preparan para luchar, y unos cuantos corren desesperadamente en dirección opuesta.

  Entre ellos, una mantis macho da un paso adelante y se coloca en posición de combate con una sonrisa afilada en el rostro.

  MANTIS

  —Por fin algo de diversión... ?Nos vemos en el otro lado!

  La mantis se lanza en solitario contra los cinco enemigos. En respuesta, el grupo se dispersa estratégicamente, dejando que solo uno de ellos, un minotauro, enfrente directamente a la mantis.

  BATSU

  —Mierda... se están separando...

  Batsu se pone a la defensiva, observando cómo algunos prisioneros se preparan para pelear, mientras que otros intentan escapar a los gritos de: "?No quiero morir hoy!"

  El grupo al que pertenecían los hermanos buitre había quedado reducido a tres miembros: un humano con partes cibernéticas, una felina de mirada salvaje y aquel hombre de aura inquietante, con los ojos siempre cerrados, cuya sola presencia ponía la piel de gallina.

  A pesar de que la mantis parece contener al minotauro, el resto del grupo no tiene la misma suerte. Los que intentan huir son acorralados por una Felina del desierto, un escorpión y una serpiente, mientras que los que deciden luchar se enfrentan a un guepardo, que desde el primer momento demuestra reflejos y velocidad abrumadores.

  En medio del caos, Batsu se encuentra paralizado, sin saber si unirse a la lucha o intentar huir.

  Sin previo aviso, la Felina del desierto salta hacia él con agilidad felina.

  FELINA DEL DESIERTO

  —?NYAH~!

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(?Cuidado!)

  Como un sexto sentido, la advertencia en su mente lo salva en el último segundo. Batsu logra esquivar el golpe mortal de la felina, retrocediendo varios pasos y obligándose a entrar en combate.

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(?Qué habías dicho sobre “antes muerto”? Pues espero que recuerdes cómo pelear.)

  BATSU

  —Tsk... Ya cállate...

  La Felina del desierto ladea la cabeza con curiosidad al escuchar sus palabras. No entiende a quién le habla, pues ella no ha abierto la boca desde que lo atacó.

  BATSU

  —Supongo que solo hay una forma de salir de aquí… con vida.

  Batsu se coloca en guardia, atento a cualquier movimiento de la felina.

  La Felina del desierto sonríe a Batsu con una expresión que mezcla diversión y desafío, como si para ella esto no fuera más que un simple juego. No pierde tiempo. En un abrir y cerrar de ojos, se lanza hacia él, desplegando una velocidad y agilidad propias de su naturaleza, la arena del coliseo se levanta con cada salto y zancada que da. Batsu se mantiene alerta, sus ojos siguen cada movimiento de la felina mientras su Susurro Mental lo guía.

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(?Ahora! ?Ataca!)

  Batsu se mueve con rapidez, deslizándose a la izquierda justo en el momento en que la Felina del desierto lanza una patada feroz, cuya fuerza haría tambalear a cualquier humano común. Sin embargo, Batsu la esquiva con un ágil movimiento, manteniendo la distancia, pero su rival no se rinde. Con un giro rápido, la felina vuelve a atacar, esta vez con una serie de garras afiladas que buscan rasgar su pecho. Batsu esquiva una tras otra, aprovechando el Susurro Mental para anticipar sus movimientos.

  BATSU (PENSANDO)

  —(Esta es buena... Tiene una rapidez increíble... Pero no puede mantener el ritmo por mucho tiempo.)

  Con un movimiento calculado, Batsu esquiva un último ataque de la felina y, con su pie, empuja el suelo con fuerza para acercarse rápidamente. En un instante, le lanza un pu?etazo directo al estómago de la Felina del desierto. El golpe es brutal, y la felina se ve obligada a retroceder, escupiendo sangre mientras se lleva las manos al abdomen.

  BATSU

  —Y ahora...

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(?No! ?Aléjate!)

  Justo cuando Batsu se prepara para asestar un golpe final, el sonido sibilante del aguijón de Sting perfora el aire. El escorpión, que hasta ese momento había permanecido en la retaguardia, salta al combate, y con un movimiento certero, lanza su aguijón hacia Batsu. El Susurro Mental lo alerta a tiempo y, con un ágil movimiento, Batsu se aparta a un lado, esquivando el ataque por poco.

  BATSU (PENSANDO)

  —(Por poco...)

  This text was taken from Royal Road. Help the author by reading the original version there.

  ESCORPIóN

  —?Estás bien, Ashira? Pareces tener problemas.

  Ashira se sacude el dolor, respirando pesadamente mientras se endereza con una mirada desafiante.

  ASHIRA

  —Un golpe no basta para vencerme, Sting. No hacía falta que vinieras.

  STING

  —No voy a dejar toda la diversión para ti, ?no? Este chico se ve interesante...

  La conversación entre los dos, aunque llena de tensión, da a Batsu un momento para analizar la situación. Los dos rivales parecen tener una relación cercana, lo que podría complicar las cosas. Mientras tanto, él se mantiene alerta, evaluando cada segundo de esta pelea.

  BATSU (PENSANDO)

  —(?Qué opciones tengo?)

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(?Solo? Si quieres salir bien parado de esta pelea, lo veo difícil, sobre todo si dejas que se acomoden. ?Vas a esperar a que te rodeen?)

  BATSU (PENSANDO)

  —(Estoy pensando... Tengo que concentrarme, no tengo mucho margen de maniobra. Necesito una táctica, rápido.)

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(Se conocen. Se compenetran, eso es claro. Pero lo que Ashira tiene en agilidad, Sting lo tiene en resistencia. Sin embargo, no creo que Sting pueda reaccionar a la agilidad de Ashira. Si logras que peleen entre ellos, tendrás una oportunidad.)

  BATSU (PENSANDO)

  —(?Y cómo hago eso?)

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(Haz que se peleen. Si te concentras solo en una amenaza, es probable que los dos se te lancen. Pero si logras sembrar discordia, puedes aprovechar la oportunidad para derrotarlos uno a uno.)

  STING

  —Bueno, ?basta de tanta charla! ?A bailar!

  Sting y Ashira se lanzan al ataque en perfecta sincronía. él, con la precisión letal de su aguijón; ella, con la velocidad y gracia de un rayo dorado. Sus movimientos se complementan como si hubieran ensayado aquella danza mortal durante toda una vida. La arena vibra con cada impacto. Batsu, atrapado en medio de la tormenta de ataques, apenas puede mantenerse al margen; su respiración se acelera, su instinto animal despierta, y cada fibra de su cuerpo lucha por anticiparse al siguiente movimiento.

  Mientras tanto, a unos metros de distancia, el caos reina en la arena.

  Los pocos prisioneros que no huyeron tratan desesperadamente de coordinarse contra el guepardo, cuya agilidad es sobrehumana. Sus zarpas apenas tocan el suelo antes de reaparecer en otro punto. Parecía moverse al ritmo de su propio compás, invisible para la mayoría, pero letal para todos.

  Aun así, entre el desorden, una extra?a armonía se forma. El humano de aspecto cyborg toma el liderazgo, sus ojos mecánicos calculan trayectorias, tiempos y distancias con precisión quirúrgica. A su lado, la gata, ágil y feroz, usa cada oportunidad que el cyborg le brinda para atacar, desviando la atención del guepardo. Los demás prisioneros sirven como distracción, lanzándose a la batalla con desesperación, conscientes de que un solo error podría costarles la vida.

  Era una pelea de engranajes perfectos... un solo fallo y todo colapsaría como una torre de cartas. Pero el guepardo no parecía preocupado. De hecho, sonreía. Su sonrisa era tranquila, burlona… la sonrisa de un depredador que ya ha olfateado la derrota de sus presas.

  A pesar del esfuerzo conjunto, su cuerpo no mostraba heridas. Su respiración era serena, su postura relajada. En cambio, sus oponentes ya jadeaban, sus movimientos se volvían torpes, sus músculos clamaban por descanso.

  La gata fue la primera en flaquear, su cola agitándose con nerviosismo. El cyborg, en cambio, forzaba su cuerpo más allá de los límites humanos, usando la energía de reserva que mantenía oculta en su núcleo, pero el zumbido de sobrecarga en su brazo derecho anunciaba que no resistiría mucho más.

  Entonces, el guepardo volvió a sonreír. Una sonrisa amplia, desprovista de compasión. En un solo movimiento, tan rápido que el ojo humano apenas pudo percibirlo, desgarró uno de los brazos metálicos del cyborg, separándolo del cuerpo con una precisión quirúrgica.

  El cyborg gritó, el sonido metálico de sus engranajes chirriando se mezcló con el rugido del guepardo. El depredador dio un paso más, flexionando sus piernas, preparándose para arrancar el segundo brazo... Pero algo cambió.

  A pocos metros, el hombre de ojos cerrados, que hasta entonces había permanecido inmóvil, se irguió como una sombra. Su respiración se volvió profunda, su cuerpo se tensó, y un halo invisible de energía empezó a rodearlo. Sus manos temblaron por un instante antes de volverse rígidas, y entonces, el aire... se detuvo. El guepardo quedó paralizado.

  Sus músculos se petrificaron, sus zarpas se detuvieron a milímetros del suelo. El poder del extra?o hombre lo había inmovilizado por completo, su cuerpo temblaba, pero no podía moverse ni un centímetro.

  Durante unos segundos, la arena entera quedó en silencio... Solo se escuchaban respiraciones agitadas. Todos miraban asombrados, sin entender cómo el tiempo parecía haberse detenido.

  El primero en reaccionar fue el cyborg, con su único brazo aún funcional y con el rostro empapado en sudor y sangre, canalizó toda la energía restante hacia su núcleo y gritó con furia. Su brazo brilló con un resplandor azul eléctrico, vibrando con una frecuencia tan intensa que hacía retumbar el aire. Luego, descargó toda su energía directamente sobre el guepardo.

  Un rugido ensordecedor llenó el coliseo.

  El impacto generó una explosión de luz, envolviendo a ambos combatientes en un torbellino de energía pura. La onda expansiva levantó arena, polvo y restos del suelo, y un destello cegador cubrió la zona en donde se encontraban ellos por completo.

  Durante lo que parecieron minutos, la luz lo engulló todo. Pero el ataque solo duró unos segundos. Cuando la energía comenzó a disiparse, los cuerpos se hicieron visibles de nuevo. El cyborg permanecía en pie, aunque destrozado; su mitad mecánica estaba calcinada, humeante, mientras su parte humana permanecía casi intacta, sostenida por pura voluntad.

  Frente a él... nada. Solo una sombra ennegrecida en el suelo, como si el guepardo se hubiera desintegrado. Un suspiro de alivio recorrió la arena y el cyborg cayó de rodillas, exhausto. Pero entonces… un sonido seco, como un crujido de piedra, hizo que todos levantaran la mirada.

  GUEPARDO

  —...No tan rápido.Susurró una voz detrás del hombre de los ojos cerrados.

  El guepardo apareció justo a su espalda. Su cuerpo humeaba, sus ropas estaban rasgadas y su rostro cubierto de sangre… pero seguía sonriendo

  Una sonrisa distinta. Vacía, oscura, satisfecha.

  Antes de que nadie pudiera reaccionar, desapareció. Solo una ráfaga de viento y el sonido de un golpe seco resonaron por toda la arena. El hombre de los ojos cerrados salió disparado varios metros, su cuerpo chocó con un muro con un estruendo seco.

  El guepardo permaneció allí, erguido, respirando con calma, mirando hacia el polvo donde yacía su víctima. Su expresión seguía siendo alegre, pero había cambiado. Era una felicidad macabra, te?ida de sangre y locura.

  Y mientras tanto... En el otro extremo del coliseo, Batsu aún combatía.

  El rugido de su alma, el eco de su respiración, y el fuego del combate con Sting y Ashira llenaban el aire. Los tres eran relámpagos en una tormenta.

  Y el final aún estaba lejos.

  En un abrir y cerrar de ojos, Sting lanza su aguijón con una velocidad mortal hacia Batsu, mientras Ashira, aún herida pero no menos peligrosa, se abalanza sobre él. El ataque combinado fuerza a Batsu a retroceder, saltando hacia atrás para evitar la picadura del escorpión, pero no puede evitar la rapidez de Ashira. Con una patada rápida, Ashira lo golpea en el costado, enviándolo varios metros atrás.

  ASHIRA

  —?Je... Ahí la llevas, Nyah~!

  Batsu se desploma en el suelo, pero no tarda en levantarse, su rostro ensangrentado pero lleno de determinación.

  ASHIRA

  —...

  ASHIRA

  —?Cómo...?

  A pesar de haber sido golpeado, Batsu se las arregla para protegerse con el brazo, mitigando parcialmente el da?o. La patada le duele, pero no lo derrumba.

  BATSU

  —Por poco...

  ASHIRA

  —Tsk... Este es duro de roer... Nyah~

  STING

  —Je... ?Eso no lo hace más divertido?

  SUSURRO MENTAL DE BATSU

  —(Debes eliminar a uno de los dos, o este combate acabará mal para ti.)

  BATSU

  —Ya... Ya lo sé... Es solo que... Ugh...

  De repente, Batsu siente un pinchazo en su nuca. Su cuerpo se estremece, y por un momento pierde la concentración. Se toma un segundo para respirar, como si estuviera tratando de alejar el dolor.

  BATSU (PENSANDO)

  —(No puedo dejar que me sigan golpeando... Necesito pensar rápido.)

  Recuperándose, Batsu vuelve a colocarse en guardia. Esta vez, con el brazo derecho algo adolorido por el golpe, decide cambiar su estrategia. Se lanza al ataque, corriendo hacia sus dos oponentes con una velocidad renovada.

  BATSU

  —?Si defender no sirve! ?Entonces toca atacar!

  Sting y Ashira responden al unísono. El escorpión lanza su aguijón, mientras Ashira avanza con una agilidad felina, ganando metros de distancia rápidamente. Batsu mantiene su ritmo, y los tres se lanzan hacia el centro de la arena.

  ASHIRA

  —?No te lo tengas tan creído por haber aguantado mi golpe, Nyah~!

  Batsu no tiene tiempo para responder. Ashira se lanza con una rapidez sorprendente, atacando una y otra vez, mientras Batsu esquiva, siempre en constante movimiento, pegado a ella, sin darle ni un segundo para respirar. Batsu siente que su cuerpo empieza a entrar en calor, y en ese instante, se da cuenta de que Ashira comienza a moverse algo más lento.

  BATSU

  —No eres una gran rival en combates largos. Pude notar que te moviste más lento con esa última patada que con la que entraste a atacarme.

  Sonríe con confianza mientras sigue esquivando, cada vez más rápido. Batsu parece haber encontrado el ritmo del combate, y la adrenalina lo hace sentir más vivo que nunca.

  BATSU

  —En cambio, yo... ?Ya entré en calor!

  Antes de que Sting pueda alcanzarlos, Batsu lanza otro pu?etazo directo al vientre de Ashira. El impacto no es tan fuerte como el anterior, pero sí lo suficiente para paralizarla brevemente. Ashira se tambalea, incapaz de defenderse a tiempo.

  STING

  —?Ashira! Pagarás por esto, maldito...

  En un instante, Sting lanza su aguijón con furia hacia la espalda de Batsu. Este, por los pelos, esquiva el ataque, pero el aguijón de Sting se clava con fuerza en el pecho de Ashira. La felina emite un grito ahogado mientras cae hacia atrás, sorprendida por su propio compa?ero.

  STING

  —?NO!

  Sting corre hacia ella, sin darse cuenta de lo que acaba de suceder. Al llegar a su lado, la sostiene en sus brazos, la expresión de angustia claramente visible en su rostro.

  STING

  —No... No, Ashira... Y-Yo...

  Ashira, con una sonrisa débil, mira a Sting a los ojos mientras una última exhalación de vida escapa de sus labios.

  ASHIRA

  —...No te preocupes...

  Sting ve cómo su compa?era fallece en sus brazos. El dolor lo consume, la culpabilidad lo devora, y la furia lo hace girarse de inmediato hacia Batsu.

  STING

  —?Me las vas a pagar...!

  Antes de que pueda avanzar, Batsu da un salto y, con una velocidad abrumadora, atraviesa el pecho de Sting con su pu?o. Batsu, moviéndose más rápido que nunca, supera por completo la resistencia de su oponente. Sting intenta agarrarse de Batsu con una mano temblorosa, pero es demasiado tarde. La vida lo abandona, y cae al suelo, dejando una expresión de sorpresa en su rostro.

  Batsu observa con calma cómo Sting cae muerto a sus pies. Su respiración es pesada, pero una sonrisa fría se dibuja en su rostro mientras mira a su alrededor, evaluando el final de la pelea.

  BATSU

  —Por fin... Al final decidiste cederme el control, ?eh Batsu...?

  El ambiente se volvía cada vez más pesado a medida que los dos primeros, supuestos prisioneros asesinados por una sola persona, caían. De los tres restantes, el minotauro seguía luchando ferozmente contra la mantis, sin que ninguno de los dos lograra imponerse claramente. La mantis esquivaba los ataques lentos del minotauro y asestaba golpes rápidos con sus patas, haciendo que la sangre de su oponente brotara con cada impacto. Sin embargo, a pesar de estar cubierto de sangre, la implacable resistencia y furia del minotauro lo mantenían en pie, enfrentándose a la mantis en una lucha de resistencia.

  Mientras tanto, el guepardo, que parecía ser el mejor combatiente, había logrado captar la velocidad con la que Batsu se movió momentos antes de asesinar al escorpión. Su motivación aumentaba con cada segundo que pasaba, deseando acercarse a Batsu para enfrentarlo, pero su situación era más complicada. A pesar de sus reflejos y agilidad, se encontraba rodeado por cuatro enemigos, que le impedían escapar de su confinamiento.

  La serpiente, por su parte, se divertía jugando con aquellos que intentaban huir. Con una rapidez sorprendente, lanzó un coletazo tan fuerte que lanzó a tres de sus oponentes directamente hacia Batsu, revelando ante ella la trágica visión de sus compa?eros caídos. Al fondo, Batsu avanzaba lentamente, con una sonrisa de locura pintada en su rostro, acercándose sin prisa, como si disfrutara del sufrimiento a su alrededor.

  Batsu se lanza hacia la serpiente con la misma velocidad con la que había atacado al escorpión, confiado en que un solo golpe sería suficiente para acabar con ella. Sin embargo, los reflejos de la serpiente sorprenden a todos los presentes en la arena. Con una rapidez asombrosa, esquiva el golpe de Batsu y, antes de que éste pueda reaccionar, se enrosca alrededor de su brazo derecho, sujetándolo con una fuerza comparable a la de Batsu en ese momento.

  La serpiente no pierde tiempo y tira de Batsu hacia ella con una fuerza que pone a prueba su resistencia, mientras Batsu, sin ceder, también tira hacia atrás, buscando mantener la distancia y atraer a su oponente a su terreno.

  BATSU

  —Impresionante rapidez... No me esperaba eso.

  SERPIENTE

  —Tssss... Tuss buenas palabras no van a sssalvarte. No ssé cómo derrotassste a Ashira y a Sssting, pero conmigo... no lo tendrásss tan fácilll...

  BATSU

  —Mmmm... Espero que lo sea, porque para mí fueron solo una molestia, como aplastar a dos moscas.

  Las palabras de Batsu parecen encender la ira de la serpiente, cuyos ojos se estrechan con furia. En un abrir y cerrar de ojos, se lanza hacia él con la boca abierta, intentando morder su brazo con una velocidad letal.

  SERPIENTE

  —?CáLLATE!

  Batsu está preparado para reaccionar, pero no necesita hacerlo, ya que, en ese momento, los pocos sobrevivientes de los ataques de la serpiente, con fuerzas renovadas por la adrenalina, empiezan a lanzar piedras hacia la serpiente, golpeándola en la cabeza. La serpiente se ve obligada a detener su ataque, esquivando los proyectiles para evitar que la golpeen nuevamente, demostrando que, aunque peligrosa, no es invulnerable.

  BATSU

  —Je... Vaya, vaya... Parece que la plebe ha decidido rebelarse contra ti, "Lengua Larga".

  La serpiente sisea furiosa al escuchar cómo su rival la apoda, y con una fuerza casi mortal, aprieta aún más su agarre sobre el brazo de Batsu. La presión comienza a asfixiarlo, cortando la circulación de su sangre, mientras siente cómo la serpiente se enrolla alrededor de su brazo, casi como un torniquete.

  Batsu frunce el ce?o, notando la estrategia de la serpiente, y aunque la situación comienza a tensarse, rápidamente empieza a pensar en cómo liberarse de su agarre mortal.

  La presión le quema y le nubla la mente, pero en lugar de entrar en pánico, decide actuar. Con determinación, agarra con ambas manos la parte de la serpiente que está enrollada alrededor de su brazo, justo cerca de la cola, y aplica presión con sus dedos sobre la misma zona en la que la serpiente lo aprieta. Así, genera una contrapresión que empieza a igualar la fuerza de su oponente, forzándola a sentir el mismo dolor y falta de circulación que él experimenta.

  SERPIENTE

  —??AAAAHHHHSSSS!!

  La serpiente lanzó un grito de dolor desgarrador, pero aun así no aflojó el agarre en el brazo de Batsu, el cual ya había adquirido un tono azulado por la falta de circulación. No fue hasta que una piedra impactó nuevamente contra su cuerpo que la presión cedió levemente—solo un instante, apenas perceptible, pero suficiente.

  Batsu aprovechó ese respiro y, con ambas manos, agarró con fuerza la parte de la serpiente enrollada en su brazo. Hundió los dedos con furia en su carne escamosa, ejerciendo toda su fuerza en una técnica de presión inversa.

  SERPIENTE

  —???SHHHHHHHAAAAAA!!!

  La serpiente chilló aún más fuerte, retorciéndose y tratando ahora ella de liberarse del agarre de Batsu. Pero ya era tarde. él la observaba con una expresión distorsionada por el placer, los ojos te?idos de un leve tono púrpura, como si algo dentro de él disfrutara del sufrimiento que estaba causando.

  BATSU

  —?Ja ja JA JA JA! ??QUé ERA LO QUE ME DECíAS!? ??QUE “MIS BUENAS PALABRAS” NO ME SALVARíAN!? ?JA JA JA JA! ?VENGA! ?QUIZáS SI Tú ME ELOGíAS A MI TU DESTINO Sí CAMBIE!

  Los ojos de la serpiente se abrieron con verdadero terror al notar que su cola empezaba a perder fuerza. Sin escapatoria, presenció cómo Batsu seguía clavando sus dedos con más profundidad, hasta que un chorro de sangre brotó repentinamente, como si hubiese alcanzado un órgano vital. La mirada sádica de Batsu fue lo último que vio antes de que el dolor la consumiera por completo.

  Una vez más, Batsu aprieta con todas sus fuerzas, sus dedos clavándose profundamente en la cola de la serpiente, decidido a romperla en dos. Su rostro muestra una concentración feroz, pero, justo en ese instante, algo extra?o ocurre. Como si fuera una sombra al acecho, uno a uno, los combatientes que lanzaban piedras a la serpiente caen al suelo sin hacer ruido, hasta que, finalmente, solo queda Batsu de pie.

  Al darse cuenta de que está solo, gira la cabeza para evaluar la situación, pero lo hace demasiado tarde. Una sombra se lanza hacia él, golpeándolo con una fuerza abrumadora. El impacto lo envía volando contra la pared de la arena, estampándose contra ella con tal violencia que queda hundido en el muro. La sensación de dolor lo invade, la sangre comienza a brotar de sus heridas, y en cuestión de segundos, queda sumido en un estado de seminconsciencia, su respiración entrecortada.

  GUEPARDO

  —?Estás bien, amiga?

  El guepardo se posiciona frente a la serpiente, con una rapidez tan fulgurante que ha logrado acabar con la mayoría de los combatientes presentes en un abrir y cerrar de ojos. Sus ojos brillan con una intensidad depredadora mientras se asegura de que la serpiente quede apartada y malherida, ajena al combate.

  SERPIENTE

  —S-Ssssí... Graciasss...

  El guepardo, sin decir palabra, atiende a la serpiente, dejándola a un lado antes de dar un paso hacia la distancia, plantándose frente a Batsu, quien, a pesar del golpe brutal, empieza a levantarse, sangrando profusamente, su cuerpo cubierto de magulladuras.

  GUEPARDO

  —?Tienes potencial! ?No hay mucha gente que pueda decir que ha sobrevivido a un golpe mío!

  Batsu, jadeando y con la rabia reflejada en sus ojos, emerge del agujero en la pared en el que el guepardo lo había arrojado. Su cuerpo está maltrecho, pero su voluntad aún está intacta.

  BATSU

  —Idiota... entrometido... La serpiente ya era mía... —murmura para sí mismo, mientras se toma unos segundos para recomponerse lentamente del golpe que casi lo ha noqueado.

  El guepardo suelta un suspiro, claramente decepcionado por la actitud egoísta de Batsu.

  GUEPARDO

  —Está bien... acabemos con esto ya de una vez...

  El guepardo clava una mirada desafiante en Batsu, justo antes de imitar con precisión la misma técnica con la que este había atacado tanto al escorpión como a la serpiente. Aprovechando su agilidad felina, se impulsa con fuerza descomunal hacia él, transformando su cuerpo en un borrón veloz que se lanza como un proyectil directo al pecho de su oponente. Batsu, sin inmutarse, mantiene su posición. Seguro de su resistencia, cruza los brazos frente a su cuerpo y cierra los ojos, convencido de que podría absorber el impacto sin dificultad.

  Pero, en el último segundo, un grito desgarrador irrumpe desde su izquierda. Batsu apenas logra abrir los ojos cuando, en vez del esperado impacto, una ráfaga de aire brutal lo golpea, empujándolo varios centímetros hacia atrás y dejándolo momentáneamente aturdido.

  Pasados unos segundos, aún con el pulso acelerado, baja los brazos lentamente y examina la escena frente a él. A su derecha, el guepardo se encontraba agazapado en posición defensiva, respirando con calma, mientras que, a su izquierda, la mantis se mantenía en postura ofensiva, jadeando por el esfuerzo. El suelo de la arena mostraba claramente cómo la trayectoria del guepardo, justo antes del impacto, se había desviado de forma abrupta como si una fuerza invisible lo hubiera empujado.

  Al volver la vista hacia la mantis, Batsu nota el temblor en sus piernas por la tensión acumulada, y detrás de ella, a varios metros, yace el cuerpo del minotauro, cubierto de sangre, completamente inmóvil. Su pecho ya no se eleva. Estaba muerto.

  BATSU

  —?Q-qué acaba... de suceder...?

  MANTIS

  —?Eh, tú! Aún no ha terminado la pelea. Tu oponente sigue a tu derecha...

  Batsu gira lentamente el rostro hacia la mantis, desconcertado, pero antes de poder mirar al guepardo, su cuerpo le traiciona. Se desploma sobre una rodilla, jadeando. Sus manos tiemblan mientras se agarra la cabeza con dolor, escupiendo sangre al suelo.

  GUEPARDO

  —Parece que ahora tú eres la única capaz de luchar... Mantis...

  La mantis observa con atención. Batsu no había recibido un golpe directo del guepardo... ?entonces por qué había caído? Algo más debía estar ocurriendo. Aun así, ella sabe que su cuerpo ha llegado al límite. El duelo con el minotauro la ha dejado exhausta, y el esfuerzo por salvar a Batsu a drenado sus últimas reservas.

  Respira hondo, baja los brazos y da un paso atrás, abandonando su postura ofensiva.

  MANTIS

  —No me quedan fuerzas. El combate anterior me dejó vacía... y tras ese último movimiento, no puedo lanzar ni una sola patada más. Me rindo.

  El guepardo la contempla en silencio por un instante. Esta vez, su mirada no es de desprecio, sino de respeto. Sonríe, aunque su expresión se torna sombría.

  GUEPARDO

  —Sabia elección... pero esas palabras no salvarán tu vida. Lo siento.

  Sin más aviso, se lanza hacia ella como una sombra veloz, listo para acabar el combate con un solo pu?etazo. Pero justo cuando está a punto de alcanzarla, un haz de luz recorre el campo de batalla.

  Las torretas de seguridad se activan, disparando un rayo de advertencia entre él y la mantis. El estallido del impacto en el suelo lo obliga a detenerse en seco y retroceder.

  GUEPARDO

  —...

  El silencio se adue?ó de la arena.

  Batsu, débil y tambaleante, permanecía en el suelo cerca del guepardo y la mantis. A lo lejos, apenas respirando, yacía la serpiente, aún con vida. Eran los únicos cuatro combatientes que quedaban en pie… o casi.

  Entonces, una voz metálica y serena, con un tono artificial parecido al de un cyborg, emergió desde las paredes de la arena, resonando por todo el recinto.

  ??

  —Bravo. Ha sido un gran espectáculo... Gracias por entretenernos.

  Justo después, los mismos soldados que habían escoltado a Batsu hasta aquel lugar hicieron acto de presencia, entrando por las compuertas y rodeando al trío de combatientes. No quedaba claro si también lo hacían con la serpiente a lo lejos.

  BATSU (PENSANDO)

  —(?Oye...? ?Estás ahí? ?Qué va a pasar? ?Nos van a matar?)

  Batsu intentó conectar con la voz en su cabeza, la que había escuchado al inicio… pero no obtuvo respuesta. Miró a su alrededor con creciente tensión; apenas podía moverse.

  BATSU (PENSANDO)

  —(Esto es malo… no tengo fuerzas ni para ponerme en pie...)

  ??

  —Llevad a los prisioneros a la enfermería. Que traten sus heridas.

  La orden, inesperadamente compasiva, le dio a Batsu un peque?o respiro. Al menos no moriría allí… todavía.

  Pero no todos se lo tomaron igual.

  MANTIS

  —?Ey! ?Tú, Voz! ?Quién te crees que eres para dar órdenes aquí? ??Y por qué demonios interrumpiste el combate!?

  El guepardo giró el rostro hacia la mantis con gesto incrédulo. Sabía perfectamente que ella se había rendido. Si no fuera por la intervención, probablemente estaría muerta.

  MANTIS

  —??Hay alguien ahí?! ?Contesta! ??Qué clase de broma es esta?!

  Batsu y el guepardo intercambiaron miradas, sorprendidos por la reacción de la mantis, que parecía entrar en una espiral de frustración.

  De pronto, uno de los soldados, vestido con un uniforme más sofisticado que el resto, se acercó con paso firme y, sin mediar palabra, asestó un golpe preciso en la nuca de la mantis, dejándola inconsciente.

  Soldado con traje especial

  —?Ya habéis oído al jefe! ?Llevadlos a todos a la enfermería, ahora!

  Entre varios guardias se llevan a la mantis, aún inconsciente tras el golpe, cargándola con cuidado, pero sin detenerse. El guepardo, en cambio, camina por su propio pie, obedeciendo sin resistencia, flanqueado por dos soldados que lo escoltan de cerca como si no hiciera falta más.

  Batsu, sin embargo, no recibe el mismo trato. Dos guardias lo sujetan firmemente por ambos brazos, empujándolo hacia adelante con brusquedad, como si su debilidad los molestara más de la cuenta.

  Cuando al fin cruzan una zona más despejada y Batsu logra alzar la vista entre los hombros de los soldados, distingue a lo lejos cómo una unidad diferente, equipada con uniformes reforzados y una camilla de suspensión, transporta cuidadosamente a la serpiente herida en dirección a la misma enfermería.

  BATSU

  —Ugh... Mi… mi cabeza...

  A pesar del dolor que le late en el cráneo y de no haber recuperado del todo las fuerzas, intenta caminar con sus propios pies. Pero apenas da unos pasos antes de que sus piernas cedan. Sus ojos se enturbian, el suelo se vuelve lejano… y Batsu cae desmayado, desplomándose sin que los guardias logren evitarlo.

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