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Dudas.

  ?Eso fue como aquella vez.?

  Los casta?eteos de frío se escuchaban por toda la habitación.

  Maribel no recordaba su último sue?o en la tierra, pero gracias a este... la sensación de familiaridad fue tan nítida que le hiso recordar por la fuerza lo que so?ó aquella vez en el hospital.

  Solo el calor de Aether a su lado la calmó.

  Al darse la vuelta vio que Amara la miraba con calma, esperando a que el ruido de sus dientes pase. Maribel presionó los dientes. No pudo dormir esa noche.

  A la ma?ana siguiente dos personas más se unieron a las tres que solían entrenar: una mujer con color de piel vainilla claro y un lobezno. Ambos tenían la piel quemada por el sol.

  Ninguno de los dos participaba en el entrenamiento, solo miraban. No obstante, Aether sentía en carne viva la pelea, examinando con su sentido espacial cada movimiento; Maribel presionaba su habilidad para forzar su aprendizaje, forjando en su cuerpo y mente la memoria de estar librando aquellos enfrentamientos.

  Pero con su mente puesta al límite, no podía evitar dejarse ir por las nubes.

  Sus pensamientos ociosos tomaron.

  ?Ahora que lo pienso. Las emociones tienen su correlación con el cerebro, tal como lo tiene el conocimiento y la experiencia. Aunque estas forman parte de los aspectos ilusorios de la vida y tienen naturaleza espiritual, sus bases son biológicas.?

  Maribel suspiró, regresando su atención al combate.

  Amara había empezado a ir más suave con Sofía, lo que le permitió entrenar con mayor eficacia. Aunque ella no superaba su miedo por las armas, ahora podía pelear correctamente. Ya no sentía que su vida podría acabar con un descuido.

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  ?Amara ya no parece estar entrenando... se contiene mucho.? pensó Maribel.

  Richard había pasado de entrenar con las mujeres, estaba concentrado en dominar una técnica.

  Una sonrisa petulante se formó en Maribel.

  ?Parece que ayer se sintió ofuscado al entender lo poderosas que pueden ser las habilidades al sentirlas en carne propia... o en mente propia.?

  Richard mostró una gran sonrisa cuando la espada brilló.

  Maribel levantó su cabeza, sorprendida.

  Continuó observando atentamente los dos siguientes combates.

  Cuando pasó el tiempo, tomó al ni?o y regresaron al pabellón externo. Ninguno quería quedarse hasta medio día: significaba comer en ese castillo.

  ?El tiempo son puntos de contribución? pensó Maribel ?Además... esta vez no hay duelos donde apostar y vencer para que me paguen la comida.?

  Una preocupación llegó al corazón de Maribel.

  ?No me tendrán rencor... ?Verdad?... espero que no.?

  Finalmente bajaron las escaleras al patio exterior. Tuvo que pagar una multa por quedarse una noche entera sin permiso. Maribel miraba triste. Los puntos escurrían como agua.

  Esa tarde comieron lo que cazaron en las cercanías del bosque. Maribel miraba el fuego, asaba la carne sin condimentos.

  Mientras miraba las flamas, habló.

  —La carne... se hace peque?a cuando lo cocinas, ?Entonces eso crece para adentro?—suspiró, negando lentamente .—no, eso es solo degradarse...

  —Tal vez tenga que ver con algo secreto, pero cercano a tu habilidad. —dijo Aether.

  —?Por qué lo dices? —Maribel preguntó con genuina curiosidad.

  —Porque te lo dijo papá. Suele decir cosas que son secretas y difíciles de entender .—El ni?o se encogió de hombros.

  Maribel resopló, aburrida.

  Agitó la le?a con un palo. Suspiró.

  ?Es verdad que nuestras afinidades son diferentes. Si el dicho es para mi, la respuesta solo puede ser ideal: algún concepto, algún secreto que no se relacione directamente con el físico.?

  Maribel dio vuelta la carne.

  ?Pero hasta donde se, todo lo espiritual tiene su parte biológica. Entonces ?no debería buscar algo biológico??

  Miró al ni?o lobo.

  —Aether... ahora nos centraremos más en cultivar el qi. —Maribel dudó en decir lo siguiente. —Tu... ?Sabes pelear verdad?

  El tono de voz era oscuro, como si la pregunta fuera pecado.

  Aether asintió tranquilamente

  —Eh aprendido a pelear mirándolos, aunque no lo practiqué yo mismo.

  —Bueno... ma?ana quiero que practiques, pero no me sigas. Busca un lugar sin gente y practica imaginando a tu enemigo.

  Aether asintió lentamente.

  Maribel regresó la mirada a la carne, ansiosa.

  ?Este ni?o es raro, es muy retraído. Espero que no esté desarrollando una mala autoestima, este entorno no es bueno. Su pasado no es bueno.? suspiro. ?Ojalá no criar a un demente.?

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