# Capítulo 3: Ojos Dorados
## I. El último Eco de Paz
El sol del mediodía caía sin piedad sobre la fértil granja de Zack Fair. El calor era una presencia física, pero el ritmo lento y metódico del trabajo de Zack lo mantenía anclado. Con su gorra gastada, camisa holgada, pantalones de mezclilla y botas embarradas, se arrodillaba entre los surcos recién abiertos. Cada pu?ado de tierra era removido con reverencia; cada mata de hierba, arrancada con manos firmes, preparaba la tierra para la vida que brotaría. Era un ritual de paz, un intento consciente de construir un mundo que nunca pensó merecer.
A lo lejos, su esposa se apoyaba en el poste del porche. Su sombrero de ala ancha sombreaba su rostro, pero no podía ocultar la sonrisa cálida, casi etérea, con la que lo observaba. Un vaso de jugo helado descansaba sobre una peque?a mesa al lado de la radio, de la cual flotaban perezosamente melodías country a través del aire caliente.
— Cari?o, qué brisa tan encantadora hoy, ?verdad? Tan pacífica — bromeó ella, con una ironía sutil en su voz.
Zack levantó la vista, el sudor goteando por su frente, formando un pliegue que se disolvió en una sonrisa.
— Espero que te mueras de sed, vieja lata oxidada — respondió él, limpiándose la frente con la manga.
Ambos rieron, el sonido de sus voces mezclándose com el canto de los pájaros y el zumbido de las abejas. él dejó la azada y caminó lentamente a través de los surcos hacia ella. Al llegar a su lado, sus manos se posaron en la curva redondeada de su vientre, ahora prominente bajo su vestido vaporoso. Con una ternura que desmentía la brutalidad de su pasado, trazó el suave arco con las yemas de sus dedos y depositó un beso sobre él: um voto silencioso.
— Te amo tanto... incluso antes de conocerte de verdad.
Ella levantó una ceja divertida.
— ?Pero, amor, ni siquiera vivías aquí cuando nos casamos!
Zack ofreció una sonrisa conspiradora y se inclinó para un beso lento y prolongado que sabía a tierra y promesa.
— Aun así, siento que somos grandes amigos. Y vamos a formar una familia increíble.
Sus ojos brillaron como el primer rayo de sol sobre los campos, un oro puro e intenso.
— Sé que todo saldrá bien, mi amor.
él la envolvió en un abrazo firme, sintiendo la esperanza y el calor latir entre ellos. La radio tocaba una balada romántica, el viento agitaba las hojas de los eucaliptos cercanos y, por un momento, el mundo entero parecía vasto y en paz.
Poco sabían que este momento tranquilo sería el último eco de felicidad antes de que el Vacío los llamara a un destino de sombras.
## II. Cenizas y Truenos
Zack despertó de golpe, con el pecho ardiendo como si hubiera corrido un maratón. Un grito inaudible de un nombre perdido escapó de sus labios mientras el sudor frío goteaba por su rostro. Al lado de la cama, la **Luna Negra** se apoyaba contra el hogar, testigo silencioso de las sombras que danzaban en las paredes.
La habitación crepitaba con energía. Arcos de rayos negros hendían el aire, enredados con espesos zarcillos de humo. Madera astillada, fragmentos de metal y un aroma agridulce a oscuridad flotaban allí, como si un fragmento del ritual se negara a marcharse. Era la Luna Negra, atrayendo la fuerza de Zack hacia adentro, conteniendo su furia dentro de esas paredes, evitando que arrasara la peque?a aldea.
— Viejo, ?quieres hablar de ello? Es la segunda vez que te pillo así...
Una voz firme, aunque cansada, llegó desde el otro lado de la cama.
Zack luchó por estabilizar su respiración entrecortada. Le faltaba el valor para encontrarse con los ojos del chico.
— Chico, dame la información y vete — siseó, con voz áspera pero directa.
El silencio se prolongó hasta que el joven finalmente habló:
— El rey... ordenó una cacería para quienquiera que atacara el Bar del Dragón. Han contratado a Milos.
Zack permaneció inmóvil, con los nudillos blancos sobre las sábanas.
— Vendrá primero al distrito inferior, respaldado por soldados. Eso juega a nuestro favor.
El chico vaciló, herido por la indiferencia de Zack.
— Vas a dejar que los pobres sufran... por tu imprudencia y la de K. Deberías avergonzarte.
La mirada de Zack cortó la habitación como una cuchilla. El chico tragó saliva, con su labio mordido temblando.
— Está bien, maestro. Avisaré a la gente. Prepararé el plan. Un Ojo Rojo nos caza... nos moveremos con cautela.
Sin otra palabra, Zack se levantó. Se puso sus botas embarradas, se subió la capucha y se puso su abrigo andrajoso. Tomó la Luna Negra de su rincón, sintiendo su peso familiar. El chico se había ido, desvanecido como una sombra al amanecer.
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Más allá de esa puerta, el mundo lo llamaba:
— El crepitar de la niebla negra.
— La calma tensa de un distrito que despierta.
— La ira del rey acercándose como un trueno.
Zack salió a la luz gris con pasos decididos, listo para lo que viniera después. La venganza aún ardía en sus venas, y el día prometía truenos.
## III. In Medias Res y la Estrategia
El tintineo de las tazas y el estrépito de cristales rotos anunciaban otra celebración estrepitosa. En el **Bar In Medias Res** —un santuario para cazadores y borrachos locales— el aire vibraba con el triunfo. En un rincón, un hombre taciturno levantaba una copa de whisky barato, con sus ojos negros perdidos en un vacío inexplorado. Para algunos, un monstruo detestable; para los pobres, una chispa de revolución; para el Bar, un líder silencioso y confiable.
Zack se movía entre la multitud, fuera de lugar entre figuras que bailaban, peleas y apuestas en el ring improvisado. Cada victoria subía el rango del aspirante, acercándolo al premio final: la oportunidad de enfrentarse al propio **Líder Absoluto** — Zack.
Rango:
Líder Absoluto [Zack] – 0 Derrotas / 1500 Victorias
Aspirantes:
Pacho – 1 Derrota / 1000 Victorias
Ace – 5 Derrotas / 805 Victorias
Boca Negra – 1 Derrota / 2511 Victorias
Mano Negra – 1 Derrota / 3001 Victorias
Ygon – 1 Derrota / 1055 Victorias
Recién llegados:
Bilua – 0 Derrotas / 657 Victorias
Lelua – 0 Derrotas / 600 Victorias
Barón – 0 Derrotas / 151 Victorias
Elen – 0 Derrotas / 120 Victorias
— ?Eh, jefe!
Llamó el camarero mientras la puerta se abría de par en par.
Zack levantó su taza en respuesta:
— Sírveme otra, Alf. Va a ser un día largo...
Alf sonrió, le dio una palmada en el hombro.
— Tranquilo, jefe. Es solo un chico.
El taburete de madera crujió cuando alguien se deslizó al lado de Zack.
— ?Alf, qué alegría verte! Han pasado dos a?os. ?Y tu esposa? ?Aún te mantiene bien alimentado?
Una risa joven resonó, y Alf brindó:
— A tu salud. El whisky invita la casa.
Zack ofreció una sonrisa tenue y fugaz.
— Mira eso. ?De verdad se ha reído!
Alf y el recién llegado compartieron una risa cálida. Pero cuando Zack fijó su mirada en el extra?o, el ambiente cambió instantáneamente.
— Milos viene. Si registran este distrito, estamos en problemas. Necesitamos emboscarlo antes de que llegue a In Medias Res. O tendremos que dejar la ciudad.
El Extra?o levantó una ceja.
— Eso es imprudente, amigo. La niebla es espesa. La última vez que nos aventuramos fuera, casi mueres. Los monstruos son más fuertes. Y peor aún: han empezado a pensar.
Alf sintió la tensión y, con un gesto tranquilo, levantó las manos. Una cúpula invisible los envolvió a los tres, silenciando sus voces para el resto del bar.
— ?Maldición! — gru?ó Zack, golpeando su taza contra la mesa. — ?Y tu investigación?
— Norvig está perdido. Skull arrasó por allí. El caos reinó. El estudio fue abortado. Salvé a unos pocos y los traje aquí.
El silencio cayó entre ellos.
— Hiciste bien, hermano — asintió Zack.
— Entonces este es el plan. Tú eres el mejor con los pergaminos: absorbe mi poder, úsalo como escudo, como antes. Luego, con el mapa de los cazadores, ganaremos la ventaja. Mi informante dice que Milos está en Gresco, a cuatro o cinco días de cabalgata. Sigue la ruta roja, llegaremos en dos. Bordearemos los picos de Andur para tener un punto de observación. Conoces el Vacío como nadie, Orfeo.
Orfeo levantó su taza en saludo, con la risa iluminando sus ojos.
— Ese es mi líder. Traza planes en minutos mientras paga la cuenta, solo para terminar la noche solo.
La sonrisa de Zack fue genuina mientras apoyaba una mano en el hombro de Orfeo. Sostuvo la mirada de su amigo.
— No vales nada, Ojos Rojos.
La burla quedó suspendida en el aire cargado de humo. Orfeo medía dos metros de altura, con ojos rojos como rubíes en la penumbra, cabello del color de las brasas, una katana negra atada con cintas escarlatas, túnicas holgadas como las de un monje descuidado. Una presencia formidable: el mayor aliado de Zack.
Entre sorbos y estrategias, tramaron su regreso a la niebla y su confrontación final con el Vacío.
**FIN DEL CAPíTULO**

