?am... ?am...
Nyla se encontraba recostada sobre su mesa, saboreando lentamente un gran dulce energizante... un chupetín.
El salón aún estaba casi vacío; solo algunos compa?eros habían llegado temprano y el ambiente seguía tranquilo.
Um... creo que llegué muy temprano... otra vez.
Uff...
Después de un rato, el salón comenzó a llenarse poco a poco de ruidos, risas y conversaciones que iban creciendo conforme pasaba el tiempo.
Seguía sumida en sus pensamientos cuando el volumen a su alrededor se volvió imposible de ignorar.
Nyla levantó la mirada con evidente fastidio.
?Qué tanto ruido hacen?
Parecen gorilas...
Pero justo cuando levantó la vista para ver qué estaba pasando, ocurrió algo distinto a lo esperado.
—Hola, dormilona —dijo Sel, pellizcándole la frente sin previo aviso—. ?Te olvidaste de saludar?
—?Hey! —Nyla se llevó la mano a la frente de inmediato—. Eso dolió...
Hizo una peque?a pausa.
—Ah... sí, lo siento. Me olvidé de saludarte.
Sin agregar nada más, Nyla volvió a recostarse sobre su mesa, saboreando su dulce.
Demasiado temprano para existir.
Aunque su tranquilidad no duró mucho. Una mano estuvo a punto de tocar la cabeza de Nyla, pero ella fue más rápida.
—No.
Con un movimiento de su cola, apartó la "mano" de un golpe.
Fastidiada, se incorporó de inmediato, lista para ver quién había tenido la ocurrencia de hacerle eso.
Nyla giró la cabeza hacia un lado y luego al otro, pero no vio a nadie cerca, ni a alguien que pareciera haber intentado tocarla.
Chh... otra vez se escapó, seguro.
?Ha! Qué molestia me da.
Frunció el ce?o y, aún irritada, apretó el chupetín entre sus dientes.
Crack.
El dulce duro se quebró sin resistencia.
Sel parpadeó y se quedó mirándola unos segundos en silencio, notando cómo los colmillos afilados de Nyla habían destrozado el caramelo como si nada. Luego desvió la mirada, fingiendo normalidad.
Ya da igual.
Se me quitó algo de sue?o.
—?Le pegaste al viento otra vez? —intervino Sel, burlona.
—Uf... hubiera preferido pegarte a ti primero —respondió Nyla.
—Ya, ya, no seas gru?ona —dijo Sel, riéndose.
—Oye, por cierto... ?viste quién intentó tocarme la cabeza? Ya van varias veces... —preguntó Nyla, bajando un poco la voz.
—Te lo diría... pero nah, me da flojera —respondió Sel sin interés.
Sel se apoyó contra la pared, fingiendo pereza.
—??Qué?! ?Dímelo! —Nyla se removió inquieta.
—No me da la gana —dijo Sel, aún más burlona.
—?Por qué? —insistió Nyla.
Nyla se levantó y se apoyó en la pared, justo al costado de Sel.
—?Les vas a ocultar cosas a tu mejor amiga? —dijo, cruzándose de brazos.
—A ver, no te estoy ocultando nada... solo tengo pereza —respondió Sel, encogiéndose de hombros.
—Claro, claro... solo pereza —dijo Nyla, sin creerle.
Nyla suspiró con calma bajo la luz cálida del sol que entraba por la ventana, pero algo no terminaba de cuadrarle.
—Como que falta alguien... —murmuró Nyla.
—?Quién? —preguntó Sel, curiosa.
—?Cómo que quién? Es obvio... falta el profesor —Nyla volvió a suspirar.
Al parecer, algo debió haber pasado con él.
Nyla, como de costumbre, no le dio demasiada importancia. Cerró los ojos y se limitó a disfrutar del calor del sol sobre su rostro.
—Verdad... bueno, así mejor, ?no crees? —dijo Sel, girándose hacia Nyla.
—?Tiempo libre! —a?adió, entusiasmada.
—Sí... tiempo libre —respondió Nyla, sin mucho ánimo.
Abrió los ojos lentamente y miró a Sel.
—Me da igual. Solo dime quién me estaba intentando tocar —dijo Nyla, directa.
—?Y por qué quieres saber quién es? —preguntó Sel, alzando una ceja.
—Bueno... solo quería decirle que lo deje de hacer, nada más... —respondió Nyla.
Nyla observó a Sel con extra?eza.
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—?Qué pensaste que haría? —preguntó, ladeando un poco la cabeza.
—Ah, bueno... nada, nada —Sel ladeó la cabeza, restándole importancia.
Hizo una breve pausa, como si dudara.
—Bueno... pensé que le pegarías o algo así —a?adió, fingiendo inocencia.
—?Pegarle? —Nyla abrió los ojos, sorprendida—. ?Por qué pensaste eso?
Sel se encogió de hombros y miró de reojo hacia un grupo de chicos en la esquina del salón.
—Bueno... digo... los que te molestaron demasiado terminaron golpeados... pero se lo merecían —aclaró rápidamente—. Son unas completas gallinas.
El grupo alcanzó a escuchar el comentario. Uno de los chicos dio un paso hacia ellas, con evidente molestia.
Nyla lo notó al instante.
No dijo nada.
Solo giró el rostro lentamente y lo miró fijamente.
Su expresión cambió por completo: sus ojos verdes se volvieron fríos, afilados... peligrosos.
Una advertencia silenciosa.
Solo esa mirada.
El chico se detuvo en seco.
El ambiente se tensó durante un par de segundos... hasta que él desvió la vista y regresó con su grupo como si nada hubiera pasado.
Nyla volvió a relajarse como si aquello no hubiera sido gran cosa, acomodándose de nuevo contra la pared.
Como si no acabara de ahuyentar a alguien sin decir una sola palabra.
Nyla suspiró suavemente y desvió la mirada hacia Sel, notando que estaba inusualmente callada.
Sel solo la observaba de reojo, como si evaluara algo en silencio.
─?Pasa algo? ─preguntó Nyla, ladeando un poco la cabeza.
─Um... no, nada.
Sel respondió rápido. Luego miró hacia otro lado y, tras unos segundos, su expresión se relajó poco a poco.
─Solo... me alegra tener a una chica tan ruda como tú que me proteja ─bromeó, sonriendo con ligereza.
Nyla parpadeó.
Por un instante no supo qué responder.
Sintió un leve calor subirle a las mejillas y desvió la mirada, incómoda. Su cola se movió con un peque?o vaivén nervioso detrás de ella.
─No soy alguien ruda... ─murmuró en voz baja.
Sus dedos jugaron distraídamente con el palito roto del chupetín que aún sostenía, girándolo entre sus manos como si necesitara algo en lo que enfocarse.
─Solo... no me gusta que molesten a las personas que conozco.
Sel la miró unos segundos en silencio, sin burlarse esta vez.
Como si, por un momento, hubiera visto algo más allá de la actitud despreocupada de Nyla... algo cansado, pero firme.
Luego sonrió otra vez, pero de una forma distinta. Más sincera.
─Sí, claro... "no eres ruda" ─dijo con tono divertido, aunque sin contradecirla del todo.
Nyla frunció apenas el ce?o, avergonzada, y bufó suavemente.
─Ya cállate... ─murmuró, apartando la mirada mientras acomodaba su cabello para ocultar un poco rubor.
Pero en el fondo... no se sentía molesta.
Nyla se inclinó un poco y apoyó su brazo sobre el regazo de Sel con total naturalidad, como si fuera algo que hiciera siempre sin darse cuenta.
Sel parpadeó un instante por la sorpresa... pero no se movió.
Ya estaba acostumbrada a ese tipo de cercanía despreocupada de Nyla.
─Bueno, aunque me vean así... ya sabes que yo soy muy amable. No soy agresiva... y ni me gustaría serlo ─comentó Nyla con tono tranquilo.
Sel alzó levemente una ceja.
Amable...
Sí, lo era.
Pero también sabía que, si alguien cruzaba cierto límite, esa "amabilidad" desaparecía en un segundo.
─Oye... Sel... no sé si estoy alucinando de tanto comer dulce... o me están echando miradas─ dijo Nyla entrecerrando los ojos.
─?Um? ─Sel miró alrededor con disimulo.
Sus ojos recorrieron el salón lentamente.
Uno, dos, tres... varios estudiantes desviaron la mirada apenas notaron que los observaban.
Sel abrió un poco más los ojos.
─Bueno... creo que sí te están mirando ─admitió con voz baja─. Pero no son del grupo de ese molesto que suele hacerlo... y... la verdad... no sé por qué.
Nyla no respondió de inmediato.
Miró de reojo.
Una mirada.
Dos.
Tres.
...Demasiadas.
Su cola se tensó levemente detrás de ella.
─Tch... genial ─chasqueó la lengua.
No era enojo.
Tampoco vergüenza.
Era esa sensación incómoda de sentirse observada sin haber hecho nada para provocarlo... como si todos esperaran que hiciera algo extra?o en cualquier momento.
Sel la observó en silencio.
Nyla se separó de la pared con calma, fingiendo que nada le afectaba, y estiró los brazos por encima de la cabeza con pereza.
─Voy a sentarme con los demás... aquí ya se empieza a poner incómodo.
─?Incómodo? ─Sel ladeó la cabeza.
─Sí... miradas. Muchas... demasiadas.
Sin esperar respuesta, Nyla comenzó a caminar por el salón.
A cada paso sentía esas miradas clavarse en su espalda... como si la siguieran incluso cuando nadie la observaba directamente.
Sel se quedó quieta unos segundos, mirándola irse.
...Sí que te observan demasiado, pensó.
Luego suspiró y la siguió con la mirada hasta que llegó al grupo.
─Hey ─saludó Nyla con naturalidad al acercarse.
Mia fue la primera en notarla.
─Llegaste temprano otra vez ─comentó, apoyando el mentón en la mano.
─Costumbre ─respondió Nyla, dejándose caer en el asiento con un suspiro leve.
Ion levantó la vista de su cuaderno y la observó con atención.
─?Todo bien? Tienes cara de "quiero irme ya de acá".
─Nah... ─Nyla apoyó el codo en la mesa─. Solo que hoy el salón está raro.
Thion soltó una risa baja desde su asiento.
─?No serás tú la "rara"?
Nyla dudó un segundo, parpadeando.
Luego alzó los hombros, intentando restarle importancia.
─?A qué viene eso?
Thion la miró de arriba abajo con cierta curiosidad, sin malicia... pero sin filtro.
─Bueno... eres la única aquí con vendas y cicatrices.
El ambiente se volvió ligeramente más silencioso alrededor de la mesa.
Ion dejó de escribir.
Mia desvió la mirada un segundo.
Sel, desde atrás, frunció apenas el ce?o.
Thion continuó, rascándose la nuca.
─Además... tus explicaciones de cómo te hiciste eso... son poco convincentes.
Nyla se acomodó en la silla con calma, cruzando los brazos como si nada la hubiera afectado.
Por fuera, su expresión seguía tranquila.
Por dentro... algo se tensó apenas.
...Otra vez lo mismo.
─Ha...
Nyla soltó un suspiro leve, como si no le diera importancia, aunque sus dedos se tensaron un poco sobre sus brazos.
─Supongo que no soy muy buena inventando excusas —murmuró con una sonrisa peque?a.
Thion abrió la boca para decir algo más, pero se detuvo.
Ion desvió la mirada hacia las vendas de su mano por un instante... y luego volvió rápidamente a su cuaderno, fingiendo no haber visto nada.
Mia tamborileó suavemente los dedos sobre la mesa, incómoda.
El ambiente se volvió raro de golpe.
No tenso...
pero sí incómodo.
Como cuando alguien dice algo que no debía... y todos lo saben.
Nyla descruzó los brazos y estiró un poco los hombros, restándole importancia al asunto.
─En fin... no es nada del otro mundo —dijo con calma—. Solo soy torpe, supongo.
Torpe.
La palabra le sonó extra?a incluso a ella misma.
Su mirada bajó un segundo hacia sus manos.
Vendadas otra vez.
...
Me gustaría que de verdad fuera solo torpeza.
Pero apartó ese pensamiento antes de que creciera demasiado.
No valía la pena.
Volvió a recostarse ligeramente en la silla, balanceando la cola con pereza, intentando recuperar ese aire despreocupado que solía mostrar.
Aunque las miradas seguían ahí.
Giró levemente el rostro hacia la ventana, fingiendo estar más interesada en el exterior que en el salón.
El cielo estaba despejado.
El sol entraba con suavidad.
Todo parecía normal.
Demasiado normal.
─Oigan... —murmuró Mia de repente—, ?no sienten que hoy el ambiente está raro?
Ion levantó apenas la vista.
─Un poco...
Thion encogió los hombros.
─Nah, solo es imaginación suya.
Nyla no respondió.
Algo no encajaba.
No era el salón.
No eran sus compa?eros.
Era esa sensación...
como si algo estuviera observando desde algún lugar que no lograba identificar.
Apretó levemente los dedos sobre el borde de la mesa.
Nah...
Seguro estoy exagerando.
Justo en ese momento, la puerta del salón se abrió.
El profesor entró con su habitual carpeta en la mano.
─Buenos días, clase.
Las conversaciones se apagaron poco a poco.
Todo volvió a la normalidad.
O al menos... eso parecía.
Y por un segundo...
muy breve...
notó cómo el profesor se detenía apenas al pasar lista visualmente por el salón.
Sus ojos se posaron en ella.
Solo un instante.
Luego continuó caminando como si nada.
...
Nyla frunció el ce?o apenas, casi imperceptible.
?Hm?
Pero no dijo nada.
Solo se acomodó mejor en su asiento, apoyando el mentón en su mano mientras miraba al frente.
Supongo que será otro día normal...
Aunque...
esa sensación incómoda en su pecho no desaparecía.
Como si, poco a poco...
las cosas en ese colegio
fueran a volverse cada vez más extra?as.

