El dĂa amaneciĂł con una tranquilidad enga?osa. El sol brillaba, los pájaros cantaban… y alguien gritaba desde el techo:
—??NOLI, SUELTA ESO, NO ES UN DRON, ES MI PLANCHA DE ROPA!! —vociferó Zharet, casi infartando.
—?Pero vuela! —respondió Noli emocionado, lanzándola por los aires.
El artefacto girĂł dos veces antes de caer en picada directo al jardĂn, dejando un cráter humeante.
—Bueno, al menos ya no tiene arrugas el césped —comentó Kael entre risas, ganándose una mirada asesina de Zharet.
Mientras tanto, Lyra y Kira estaban en la cocina intentando preparar el almuerzo.
—A ver, Kira, ?segura que pusiste azúcar? —preguntó Lyra, probando la mezcla.
—SĂ, claro… creo.
—?Qué “creo”?
—Bueno, el frasco decĂa “blanco”, asĂ que...
Lyra la miró fijamente. —Ese era el polvo de entrenamiento de Noli.
En ese momento, el pastel comenzĂł a burbujear y a emitir un silbido extra?o.
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—Corre.
—?Qué?—
BOOM.
Una explosiĂłn de harina, chispas y confeti improvisado llenĂł toda la cocina.
Kael, que justo entraba, quedĂł cubierto de pies a cabeza.
—?Alguien pidió pastel sorpresa? —dijo, parpadeando entre la nube de humo.
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Mientras tanto, Eisvar y Kaelion habĂan decidido “competir” para ver quiĂ©n era el más fuerte… usando una idea terrible:
—Lanzamiento de muebles —anunció Kaelion.
—Perfecto, yo empiezo. —Eisvar levantó un sofá como si nada y lo lanzó… directamente al techo.
Zharet apareciĂł otra vez, con una vena en la frente.
—?ALGUIEN ME EXPLICA POR QUé TENGO UN SOFá EN EL TECHO?!
—Ejercicio artĂstico —respondiĂł Kaelion, levantando los pulgares.
Noli y Kael se partĂan de la risa desde el jardĂn.
—Hermano, este lugar es el caos perfecto —dijo Noli.
—SĂ, solo falta que alguien incendie algo —contestĂł Kael.
En ese momento, el árbol del patio empezó a arder levemente.
—?Quién…?
—Ups —dijo Eisvar, levantando la mano—. Fue un mini entrenamiento.
—?Mini? ?Eso fue una barbacoa celestial! —gritó Zharet, persiguiéndolo con una escoba.
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Más tarde, ya al atardecer, todos estaban agotados.
Kaelion y Eisvar discutĂan quiĂ©n habĂa ganado (nadie lo sabĂa), Kira y Lyra intentaban limpiar la cocina, y Noli jugaba con un cubo de energĂa al que habĂa llamado “Mini zolat”.
Zharet, derrotado, se dejĂł caer en una silla.
—Esto no es una casa… es un campo de batalla.
Kael, riendo, se dejó caer junto a él.
—Vamos, Zharet, admĂtelo. Nos extra?arĂas si fuĂ©ramos normales.
—SĂ, claro… como uno extra?a un dolor de cabeza.
El grupo terminĂł la noche mirando las estrellas en el patio. ReĂan, contaban anĂ©cdotas, y por un momento, el mundo parecĂa perfecto.
Hasta que, muy lejos, una luz roja parpadeĂł en el cielo.
Una peque?a máquina flotaba entre las nubes, girando lentamente.
Una voz metálica habló desde el dron:
> “Ubicación confirmada. Base detectada. Transmitiendo coordenadas.”
Y con un leve zumbido, el dron desapareciĂł entre las sombras.
Ajeno a todo, Kael miraba el cielo, sonriendo sin saber que aquella paz… estaba por terminar.

