El helicóptero los dejó frente al abismo.
Un lugar donde el fuego ardÃa eterno, sin consumirse nunca.
En el centro, un agujero negro, profundo, como la boca de una bestia que llevaba siglos esperando presas.
Los chicos no perdieron tiempo.
Se despidieron rápido del hijo de Nymeria y, con una soga especial, comenzaron a descender.
El calor era insoportable, el aire pesado, pero la determinación los mantenÃa firmes.
Tras varios minutos, al fin tocaron suelo.
AllÃ, una gran cámara natural se abrÃa frente a ellos, iluminada por brasas que parecÃan respirar.
Del centro nacÃan múltiples túneles, como venas de una bestia gigantesca.
Se miraron.
El sudor bajaba por sus rostros.
La pregunta flotaba en el aire: ?Debemos separarnos?
Lyra abrió la boca para hablar.
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Kaelion apretó el pu?o.
Y justo cuando estaban a punto de decidir—
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?? Los hermanos en la cueva
La escena cambió.
Lumenox y Elyos descendieron a la cueva bajo la monta?a.
Las paredes eran húmedas, el aire pesado, la oscuridad densa.
Encendieron sus armas, listos para lo que fuera.
—?Escuchas eso? —susurró Elyos.
Un sonido metálico resonaba a la distancia.
Golpes secos. Engranajes. Un eco mecánico que no debÃa existir allÃ.
Avanzaron lentamente hasta que la oscuridad se quebró… y lo vieron.
Un imponente robot, casi del tama?o de una casa, brillaba con luces rojas en su pecho. Sus brazos eran taladros gigantes, perforando las paredes con una precisión monstruosa.
Los hermanos quedaron paralizados.
Nunca habÃan visto algo asÃ.
No sabÃan lo que era un robot, ni tecnologÃa humana. Para ellos, esa máquina era un monstruo.
El metal crujió, los engranajes rugieron, y la bestia mecánica se giró hacia ellos.
—Debe ser la criatura, —murmuró Lumenox, encendiendo su fuego oscuro.
—Sea lo que sea… no puede seguir, —respondió Elyos, transformando su cuerpo lÃquido en armas de agua.
Se lanzaron al ataque.
Fuego y agua chocaron contra el acero, pero el robot respondió con fuerza brutal.
Sus taladros giraron como huracanes de metal, lanzando chispas y ondas de choque que hicieron temblar toda la cueva.
Lumenox se desintegró en llamas negras, esquivando golpes imposibles.
Elyos, hecho de agua, absorbió impactos que habrÃan matado a cualquiera… pero cada golpe lo hacÃa vibrar de dolor.
El monstruo mecánico era demasiado fuerte.
No parecÃa detenerse nunca.
Y lo peor: no era una criatura salvaje. TenÃa un objetivo claro… perforar hacia arriba, directo al corazón de la base de Nymeria.
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?? El destino dividido
Mientras tanto, en lo más profundo del Punto Infernal, Lyra y Kaelion aún se miraban en silencio.
Un solo paso, una sola decisión, y sus caminos podÃan cambiar para siempre.
El capÃtulo cierra con ambos a punto de dar su respuesta… mientras los hermanos luchan desesperadamente contra el titán metálico que amenaza con destruirlo todo.

