El polvo cubrÃa todo.
Un silencio espeso se extendió.
Entre las sombras del humo, una mano se alzó… era la de Kael.
—?Lo logró! —gritó Lumenox con esperanza.
Todos sonrieron… todos, menos Lyra.
Ella, con los ojos fijos, alcanzó a ver más allá de la ilusión del polvo.
El Leviathan no se habÃa movido. Solo observaba. Y Kael… Kael estaba de pie pero...
Cuando el humo se disipó, todos quedaron petrificados.
Kael permanecÃa erguido, con la espada levantada. Pero un agujero atravesaba su pecho, enorme, imposible de sanar.
Su rostro estaba pálido, sus ojos sin color. Y aun asÃ, habÃa muerto de pie.
El Leviathan, inmóvil, bajó la cabeza en un extra?o gesto… casi como respeto.
—…?NO! —gritó Kaelion, con la voz quebrada.
Se tambaleó hacia kael, la ira en sus venas.
—?No puedes morir! ?No sin antes demostrarte que yo soy el más fuerte! ?Kael! ?No puedes!
Lyra cayó de rodillas, las lágrimas le nublaban la vista.
—…yo… lo… —susurró, temblando—. Es… el hombre que me hizo sonreÃr… mi… y ahora… está muerto.
Las fuerzas de todos se quebraron. Nadie podÃa seguir.
?? Nymeria…
Nymeria miraba, con los ojos desorbitados, incapaz de procesar la escena. Su nieto… su mas cercana conexión con el amor de su vida… muerto.
Su mente se apagó.
Su alma colapsó.
La barrera que rodeaba a los chicos se hizo pedazos con un estruendo.
Y entonces, Nymeria rugió.
Un poder descomunal emergió de su cuerpo.
A?os, siglos de contención… liberados de golpe.
Llamas negras, hielo cortante, miles de espadas hechas de pura energÃa. Todo lo que habÃa aprendido, lo lanzó con furia contra el Leviathan.
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Por primera vez… la bestia gritó.
Su cuerpo fue perforado, quemado, desgarrado.
Y en un torbellino de ataques, el Leviathan cayó al suelo, cubierto de heridas.
Nymeria descendió, temblando, y tomó a Kael en sus brazos.
Sus lágrimas mojaban el rostro sin vida del chico.
—Kael… mi ni?o… no…
no me lo quites…
?? La llegada del rey
Un destello iluminó el mar. El rey apareció con su tridente en mano. Vio la escena, pero no dijo palabra.
Su silencio era más doloroso que cualquier grito.
De pronto, el Leviathan rugió otra vez.
Su cuerpo destrozado empezó a regenerarse, aún más imponente, aún más salvaje.
El rey cargó contra él con su tridente. La batalla fue titánica, pero el monstruo terminó desgarrando sus heridas y levantándose aún más invencible.
En ese instante, una figura entró en escena.
Era el hijo de Nymeria, zharet
Sus ojos ardÃan en ira al ver la escena:
Kael muerto en los brazos de su madre.
Kaelion y Lyra tirados, sin fuerzas.
Y su madre… destrozada.
Caminó hacia adelante, desenvainando lentamente su katana.
—Rey… apártese. Ya hizo suficiente.
El Leviathan giró su enorme cabeza hacia él, rugiendo, y lanzó un ataque brutal.
Pero zharet no se inmutó.
Adoptó su postura.
Un movimiento.
Un destello.
La katana se deslizó.
Un instante después, la katana volvió a su funda. Zharet se dio la vuelta sin mirar atrás.
Caminó hasta su madre, se arrodilló y la abrazó... Perdon...otra vez... Llegue tarde. mientras sostenÃa también a Kael.
Y entonces, detrás de él… la gigantesca cabeza del Leviathan cayó al suelo, separada de su cuerpo.
El mar entero tembló en silencio.

