El aire se sentÃa denso. Cada respiro era un peso en el pecho.
Los chicos habÃan dado todo lo que tenÃan, y aun asÃ, el Leviathan seguÃa intacto.
Kaelion, jadeando, apretaba los dientes.
—No… no importa lo que hagamos… ?ni siquiera lo ara?amos!
Lyra, con el rostro cubierto de sudor y sangre, trataba de mantenerse firme.
—?Tiene que haber… una forma!
Pero las fuerzas les fallaban. Sus ataques ya no tenÃan la misma intensidad. Y la bestia, implacable, avanzaba sin prisa, como si supiera que tarde o temprano todo acabarÃa en su victoria.
Al otro lado de la barrera, Nymeria golpeaba con desesperación. Cada impacto de sus manos se partÃa contra la muralla invisible. La sangre le corrÃa entre los dedos, pero ella no se detenÃa.
—?MALDICIóN! ?DéJENME ENTRAR! ?DéJENME ESTAR CON ELLOS!
Su rostro mostraba algo que nunca habÃa dejado ver: impotencia absoluta.
El Leviathan levantó su cuerpo colosal, y con un rugido, lanzó un nuevo ataque. Una descarga de energÃa oscura arrasó el aire y fue directo hacia Lyra y Kaelion.
—?NO! —gritó Kael.
Sin pensarlo, corrió hacia ellos. Con toda su fuerza, los empujó fuera del camino justo antes de que la explosión los alcanzara.
El impacto lo golpeó de lleno. Su cuerpo fue lanzado por el aire, y cuando cayó, todos vieron cómo su brazo derecho colgaba destrozado, inútil.
—?K-Kael! —Lyra corrió hacia él con lágrimas en los ojos.
Kaelion quedó paralizado un segundo, hasta que la furia lo dominó.
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—?IMBéCIL! ??POR QUé HICISTE ESO?!
Kael, jadeando, apretó la mandÃbula, el dolor arrancándole lágrimas.
—Porque… ustedes tenÃan que vivir…son mi familia...
El silencio se rompió con el rugido del Leviathan, que volvÃa a cargar.
Lyra se levantó, su espada rodeada de fuego, gritando con rabia.
Kaelion liberó aún más poder, sus ojos rojos brillando, los cuernos creciendo, dispuesto a desgarrar al monstruo aunque no pudiera.
Ambos atacaron con furia, con todo lo que les quedaba. Sus golpes sacudieron el aire, sus fuerzas drenadas hasta el lÃmite. Pero el Leviathan apenas parpadeó.
El contraste era aplastante: dos guerreros luchando con el corazón encendido… contra una bestia que no necesitaba moverse para demostrar que era invencible.
Nymeria observaba todo desde fuera. Su rostro estaba cubierto de lágrimas, sus manos destruidas, sus u?as partidas contra la barrera.
—?POR FAVOR…! ?NO SE LOS LLEVEN A ELLOS TAMBIéN!
Dentro de la cúpula, Kael, tirado en el suelo, miraba su brazo destruido y sentÃa la impotencia como una daga en el corazón.
—No puedo… no puedo hacer nada… soy un estorbo…
El capÃtulo termina con esa imagen desgarradora:
Lyra y Kaelion lanzando ataques desesperados que no surten efecto.
Nymeria llorando, incapaz de llegar hasta ellos.
Y Kael, entre dolor y lágrimas, hundido en la impotencia de no poder proteger a quienes más querÃa.
La sombra del Leviathan se alzaba sobre todos, como si la esperanza misma estuviera a punto de ser devorada.

