HabÃa pasado una semana desde sus dÃas de descanso. El verano llegaba a su fin, y con él, el deseo de todos por disfrutar un último dÃa en calma. Los chicos estaban afuera, decidiendo qué hacer, mientras Nymeria preparaba un banquete con aromas que inundaban toda la casa.
Kael reÃa con Elyos y Lumenox, Lyra hojeaba un libro mientras los observaba, y Kaelion, como siempre, se mantenÃa distante… aunque más relajado que antes. Todo parecÃa perfecto.
De pronto, el suelo tembló. Un retumbar profundo recorrió el mar, como un latido monstruoso que venÃa desde las profundidades. El agua comenzó a agitarse, burbujeando con fuerza.
—?Qué fue eso…? —murmuró Lyra, poniéndose de pie.
Sin aviso alguno, una barrera inmensa y oscura surgió, rodeándolos por completo como una cúpula que los separaba del resto del mundo. El sonido de la energÃa vibrando era ensordecedor.
—??Qué está pasando?! —gritó Kael.
Nymeria corrió de inmediato, sus ojos brillando de pánico. Intentó atravesar la barrera con magia, con fuerza, con todo lo que tenÃa… pero fue repelida brutalmente.
Y entonces, el mar se abrió.
De entre las profundidades emergió el coloso: el Leviathan. Su cuerpo era tan inmenso que la sombra cubrió todo el lugar, sus escamas negras brillaban con un fulgor antiguo, y sus ojos como brasas condenaban a todo aquel que los mirara. El rugido que soltó partió el aire mismo, haciendo temblar la tierra y estremeciendo los corazones de todos.
Los chicos se quedaron helados. Fue Elyos quien, con un hilo de voz, rompió el silencio:
—Ese… ese es… ?el Leviathan! El ser de miles de a?os… el que hizo que Atlantis se hundiera en las profundidades.
Nymeria quedó inmóvil. Por primera vez en siglos, no sabÃa qué hacer.
Pero los chicos no podÃan detenerse. TenÃan que luchar.
Kaelion rugió, liberando su nuevo poder de ghoul: sus cuernos crecieron, su aura oscura se volvió aún más temible, y en sus manos surgió una nueva espada, más larga, con un filo que devoraba la luz.
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Lyra encendió su espada mecánica, el fuego rodeándola mientras la energÃa chisporroteaba en el aire.
Kael desenvainó su espada, su postura firme, sus ojos reflejando el conocimiento y la fuerza heredada de su abuelo.
—?AHORA! —gritó Kael.
Los tres atacaron con todo lo que tenÃan, desatando sus mayores poderes en una embestida conjunta. El mar explotó con energÃa, fuego, oscuridad y acero.
El Leviathan… apenas abrió su boca.
Un rugido cargado de energÃa oscura barrió todos sus ataques en un segundo, haciéndolos desaparecer como humo.
—??QUé?! —Lyra apenas pudo reaccionar.
La bestia contraatacó de inmediato. Un tentáculo gigantesco emergió del agua y golpeó directo contra Kaelion. él logró esquivar por centÃmetros, rodando por el suelo, jadeando y con un corte sangrante en el brazo.
—?Por poco…! —gru?ó, con el corazón acelerado.
Siguieron intentándolo. Una y otra vez lanzaron ataques, combinaciones, desesperación pura. Pero nada. El Leviathan no se movÃa ni un ápice. Era como luchar contra una monta?a viviente.
Mientras tanto, Nymeria golpeaba la barrera con toda su fuerza, con lágrimas de rabia en los ojos.
—?MALDICIóN! ?Tengo que pasar! ?Tengo que sacarlos de ahÃ!
Pero la cúpula no cedÃa.
El caos se apoderaba de todo. Los chicos, jadeando, sangrando, agotados, se miraban sin saber qué hacer. Kael apretó los dientes, sudor en la frente, la espada temblando en su mano.
—?Cómo… se supone que lo derrotemos…? —susurró.
Nymeria, desde el otro lado, desesperada, sabÃa una verdad que no se atrevÃa a decir: no podÃan ganar.
El capÃtulo termina con el Leviathan elevándose sobre ellos, su sombra cubriendo toda la luz, mientras los chicos, tambaleantes, se preparaban para resistir un monstruo al que no podÃan da?ar.

