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El umbral de la portadora

  El estruendo de la batalla continuaba en las ruinas de Llarida. Espadas cortaban, cuerpos caĂ­an y volvĂ­an a levantarse bajo una fuerza oscura que desafiaba la muerte.

  Kael y Lyra peleaban espalda con espalda, y en un momento en que sus armas chocaron contra la misma criatura, sus ojos se encontraron.

  No hubo sorpresa, ni duda… sĂłlo una sonrisa compartida.

  Era como si hubieran esperado ese instante durante toda su vida.

  Sin decir palabra, retomaron la lucha, sincronizados como si siempre hubieran peleado juntos. La espada de luz de Lyra iluminaba el polvo mientras Kael desataba tajos precisos y feroces.

  El combate duro lo que parecĂ­a una eternidad.

  Veinte minutos de acero, sudor y gritos de ultratumba.

  Hasta que, de repente… todo se detuvo.

  Un torbellino de aire cortante barriĂł el campo de batalla.

  En un solo movimiento, las criaturas restantes fueron partidas en silencio.

  La ceniza de sus cuerpos se deshizo en el viento.

  De entre el polvo emergiĂł la figura del hombre misterioso. Su capa ondeaba bajo un aura imponente, y con pasos lentos y seguros se acercĂł a los dos jĂłvenes.

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  Kael y Lyra, aĂşn jadeando, sintieron cĂłmo su presencia los oprimĂ­a. Era como si la ciudad misma lo reconociera como due?o.

  El hombre los observĂł en silencio unos segundos… y de repente comenzĂł a reĂ­r.

  Una risa grave, desconcertante, que resonĂł en las ruinas como un eco burlĂłn.

  â€”“MĂ­renlos… temblando, con miedo en los ojos. ?Y aĂşn asĂ­ sobrevivieron a la prueba de ella?”

  Su voz era como un filo contra el alma.

  Kael presionĂł su arma, Lyra dio un paso atrás, pero el hombre levantĂł una mano con calma.

  â€”“No teman. No soy su enemigo… al menos, no hoy”.

  Entonces girĂł su rostro hacia las alturas, como si hablara con alguien invisible. Su voz se volviĂł solemne:

  â€”“?Basta de juegos, Nymeria! Los han superado. DĂ©jalos pasar”.

  En ese instante, el suelo volviĂł a retumbar.

  Desde lo profundo de un edificio en ruinas, las paredes se desgarraron y revelaron una puerta colosal, sellada por runas brillantes.

  La gigantesca entrada se abriĂł lentamente, dejando escapar una ráfaga de aire frĂ­o que parecĂ­a venir de otro mundo.

  Kael y Lyra intercambiaron una mirada, sabiendo que lo que los esperaban allĂ­ dentro podĂ­a cambiarlo todo.

  El hombre, con una sonrisa enigmática, dio un paso atrás.

  â€”“El umbral está abierto… Ahora, que Nymeria, la Portadora, decide el resto.”

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