El choque entre Kael y Kaelion habÃa dejado el terreno hecho a?icos. Rocas partidas, árboles desgarrados, y el eco metálico de espadas que hasta hacÃa poco vibraban en el silencio nocturno. Ambos guerreros jadeaban, cubiertos de sangre, sudor y cenizas.
Las venas de Kaelion ardÃan en un rojo espectral, su cuerpo sostenido apenas por la furia Ghoul que aún latÃa dentro de él. Pero de pronto, como una llama sofocada por el viento, aquella fuerza oscura se apagó. Su piel recobró el tono mortal, y sus cuernos se desvanecieron en humo, dejándolo tambaleante.
Kael abrió los ojos de par en par, con el corazón golpeando en su pecho.
—?Qué…? —susurró, incrédulo.
Entonces lo entendió. A la distancia, un grito ahogado de la noche llegó hasta ellos: Lyra lo habÃa logrado. HabÃa vencido a su propio Ghoul.
Kael apretó los dientes, y una chispa de fuego renació en su mirada.
—Si ella pudo… ?yo también lo haré!
Con un rugido de determinación, cargó contra Kaelion con la fuerza de un huracán, moviéndose con una velocidad que su primo —herido y confuso— no esperaba. El filo de su espada rozó el aire con un silbido mortal, a punto de sellar el destino de Kaelion.
Pero antes de que el golpe cayera, el mundo se estremeció con un murmullo grave.
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De entre las sombras, una figura emergió, envuelta en un aura que helaba la sangre: Nymeria. Su presencia era como un eclipse, oscura y solemne, pero con una belleza que imponÃa silencio. Sus ojos, infinitos, se clavaron en ambos guerreros.
Con un simple gesto de su mano, el choque se detuvo. Las espadas temblaron, y una presión invisible obligó a ambos a retroceder.
Kael, con la respiración entrecortada, apenas pudo mantener la postura de combate. Kaelion, exhausto, cayó de rodillas, mirándola con un desconcierto que rozaba el miedo.
—Basta —dijo Nymeria, con una voz profunda que cargaba siglos de autoridad—. No levantarán sus armas el uno contra el otro mientras yo esté aquÃ.
El silencio de la noche fue absoluto. Ni el viento se atrevió a soplar.
Kael apretó los pu?os.
—?Quién… quién eres para detener esto?
Nymeria bajó la vista hacia él, y por un instante, en su mirada se asomó la nostalgia de alguien que habÃa vivido demasiado.
—Soy quien conoce la verdad que ustedes ignoran. Y esa verdad… cambiará todo lo que creen saber de sà mismos.
Los dos jóvenes, heridos y confundidos, la observaron sin comprender. Pero en lo profundo de sus almas, algo les dijo que aquel encuentro marcarÃa el inicio de una revelación imposible de detener.

