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La tumba en las montañas

  La aldea estaba hecha cenizas. Los cuerpos se habían convertido en sombras ennegrecidas por el fuego. Pero Kaelion no se detuvo a contemplar la tragedia, porque aquella destrucción tenía un propósito.

  él no había venido por la gente.

  él había venido por lo que yacía debajo de sus pies.

  Las monta?as de esa región eran un refugio apartado, un lugar donde la tecnología del Nexo jamás había llegado. Familias sencillas vivían en paz, sin guerras ni máquinas, ajenos al caos del mundo exterior. Lo que no sabían… era que bajo la tierra misma que los sostenía, había un secreto prohibido.

  Kaelion avanzó hacia el centro de lo que había sido la plaza de la aldea, apartando con sus manos los restos carbonizados. Golpeó con fuerza el suelo, y la tierra tembló, abriéndose con un estruendo sordo.

  Un viento frío emergió del abismo recién creado.

  No era un viento normal.

  Era un aliento antiguo.

  Un eco que arrastraba consigo el peso de incontables muertes.

  Kaelion sonrió con sus colmillos afilados, sus ojos brillando con una mezcla de furia y expectación.

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  —“Al fin… lo encontré.”

  Allí, oculto por eras, se hallaba el sarcófago maldito. No era piedra, no era metal… era un sello vivo, una prisión orgánica construida con carne petrificada y sangre seca.

  En la superficie, un nombre grabado en un idioma muerto:

  “Dreghar.”

  El Ghoul Eterno.

  El único que alguna vez desafió a los siete Nova.

  Un ser cuya mención bastaba para hacer temblar incluso a los ancianos del Nexo.

  Kaelion apoyó una mano en la superficie de la tumba. El sello ardió al contacto, como si reconociera la sangre de ghoul que corría por sus venas.

  —“Despierta, ancestro… el mundo te olvidó, pero yo no. Con tu poder, el caos que llevo dentro se extenderá por las Tierras Libres. Y cuando Kael aparezca frente a mí… ni siquiera él podrá escapar de lo inevitable.”

  Las monta?as retumbaron.

  El sello comenzó a agrietarse.

  Y, en algún lugar lejano, una vibración antigua recorrió el aire, como un presagio de que algo que nunca debió volver a caminar… estaba a punto de abrir los ojos.

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