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Primera llama del alma

  Lyra estaba a punto de desaparecer entre las sombras del asentamiento, con paso ágil y ojos alerta.

  —No puedo quedarme mucho aquí —susurró—. Tengo que moverme antes de que el Nexo…

  Antes de que terminara su frase, un zumbido metálico rompió el silencio:

  Un dron de rastreo apareció, seguido por otros dos más grandes y armados con garras láser. La se?al de la Red del Nexo era clara: no escaparías viva sin pelear.

  Lyra se giró, desenfundando su dispositivo energético con rapidez. Sus movimientos eran precisos y fluidos. Derribó al primer dron en cuestión de segundos, pero uno de los más grandes lanzó un rayo que la alcanzó, dejándola malherida y tambaleante.

  Kael gritó:

  —?Lyra!

  Instintivamente, Kael tocó su lanza. Sintió un calor extra?o recorriendo su brazo… su corazón latía con fuerza, como si algo dentro de él le dijera que podía protegerla. Sin entender cómo, concentró todo su ser en el arma.

  ?Su lanza brilló con un aura intensa!

  El filo que antes parecía frágil se volvió casi indestructible. Kael avanzó y, con un giro perfecto, destruyó uno de los drones grandes que todavía amenazaba a Lyra.

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  Pero el último aún estaba en pie. Sus ojos rojos brillaban entre el metal y la ceniza. Lyra intentó levantarse, su dispositivo apenas sostenía un destello de energía. Kael la miró, y en ese instante comprendieron que tenían que combinar fuerzas.

  —?Lyra, prepárate! —gritó Kael—. Te sigo el ritmo, lo hacemos juntos.

  Ella asintió, dolorida pero determinada.

  Los dos atacaron al mismo tiempo: Kael canalizó todo su poder en la lanza, haciendo que cada golpe rebotara y aumentara en fuerza; Lyra disparó su hoja energética sincronizada con el movimiento de Kael.

  El dron recibió el impacto combinado: metal y energía chisporroteando, cables rotos, luces parpadeando. Finalmente, cayó con un estruendo metálico.

  Ambos respiraban con dificultad, cubiertos de polvo y ceniza, con heridas visibles y cuerpos agotados.

  Kael miró su lanza, todavía brillando levemente, y comprendió por primera vez que su poder no era normal.

  Lyra, apoyándose en él, apenas logró sonreír entre jadeos:

  —Parece que no eres tan “solo un chico de las Tierras Libres”…

  Kael solo pudo asentir, con el corazón acelerado. Su vida acababa de cambiar para siempre.

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