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Capítulo 96 - Una Tarjeta para Comprarlo Todo

  Sección 1: El Veredicto Suspendido

  Pasaron dos ciclos completos en la posada "El Grifo Sonriente", sumidos en una especie de limbo tenso. Martín se recuperaba físicamente del combate con Tarmac —los sanadores del Gremio habían sido eficientes en reparar los da?os superficiales, aunque ignoraron convenientemente cualquier pregunta sobre la energía residual o las cicatrices anómalas—, pero mentalmente, la espera era una forma sutil de tortura. Cada golpe en la puerta, cada sombra en el pasillo, lo ponía en alerta, esperando la siguiente convocatoria, el siguiente paso en la "evaluación" de Valerius.

  Althaea pasaba la mayor parte del tiempo en la habitación, incómoda con el bullicio de la ciudad, manteniendo su equipo impecable y su cuerpo listo, sus silencios más largos y cargados que de costumbre. Thorian, por el contrario, apenas paraba en la posada, desapareciendo durante horas para "inspeccionar la infraestructura local" o "consultar archivos públicos de ingeniería", regresando con anotaciones frenéticas en su tablilla y quejas sobre la "sorprendente falta de optimización en los sistemas de alcantarillado luminiano".

  Finalmente, en la tercera ma?ana, la espera terminó. No fue un guardia común esta vez, sino el propio Kaelen, el asistente silencioso y de ojos agudos de Valerius, quien apareció en su puerta. Su presencia era discreta, casi fantasmal, pero llevaba consigo el peso inconfundible de la autoridad de la Torre del Sol.

  —"Saludos"—, dijo Kaelen, su voz tan neutra y carente de inflexiones como siempre, mientras sus ojos recorrían brevemente la habitación y a sus ocupantes. —"Lord Valerius me envía con noticias sobre el estado de su evaluación preliminar, se?or Vega"—. Sostenía un delgado estuche de cuero oscuro.

  Martín, Althaea y Thorian intercambiaron miradas tensas. El momento había llegado.

  Kaelen extrajo un pergamino del estuche, no uno que proyectara texto flotante, sino uno físico, de alta calidad, con un sello de cera roja intacto. Lo rompió con un movimiento preciso y leyó en voz alta, su tono monótono contrastando con la complejidad absurda del lenguaje.

  —"Memorándum Interno del Alto Gremio de Lumina. Referencia: Expediente Vega-Anomalía-001. Tras la revisión inicial de los datos recopilados durante las fases diagnósticas física, energética y táctica, el Subconsejo Administrativo del Comité de Evaluación Táctica y Resonancia Esotérica Aplicada, en colaboración consultiva con la Oficina de Integridad Protocolar y el Departamento de Amenazas No Clasificadas, ha determinado que se requiere un período adicional de análisis y deliberación antes de emitir un veredicto definitivo sobre el rango y la asignación del sujeto Martín Vega"—.

  Martín intentó seguir el laberinto burocrático. —"Subconsejo... de Evaluación Táctica... de... Resonancia... ?esotérica? Aplicada"—, repitió en voz baja, tartamudeando ligeramente, sintiendo cómo su cerebro intentaba procesar la grandilocuencia innecesaria. —"Claro. Aplicadísima"—, murmuró con ironía amarga.

  Kaelen continuó leyendo, imperturbable. —"Por lo tanto, se instruye al sujeto y a sus asociados a permanecer en Lumina, manteniendo su disponibilidad para futuras consultas o evaluaciones según lo determine el Comité. Se les proporcionarán los medios necesarios para su sustento durante este período de espera"—. Enrolló el pergamino con la misma precisión con la que lo había abierto. —"En resumen: deben esperar. No se ha establecido un plazo para la decisión final"—.

  El limbo elegante. La espera sin reloj. Era una forma de control tan efectiva como cualquier muro o cadena.

  Martín sintió una oleada de frustración. —?"Y si los resultados de la 'deliberación' no son... satisfactorios? ?Qué sucede entonces?"—, preguntó, su voz tensa.

  Kaelen lo miró, sus ojos oscuros insondables. Hizo una pausa, como si consultara un protocolo mental para responder a preguntas incómodas. —"En el improbable caso de resultados no concluyentes o incompatibles con los objetivos de seguridad y estabilidad del Gremio..."—, comenzó, su tono aún perfectamente neutral, —"...el proceso de reintegración puede—"

  Se detuvo abruptamente, dejando la frase suspendida en el aire, cargada de una ominosa ambigüedad.

  "?Puede qué?", presionó Martín, sintiendo un escalofrío a pesar del calor relativo de la habitación. "?Reintegrarme al suelo?", a?adió en voz baja, la amargura volviendo a su garganta.

  Kaelen no respondió a la pregunta. Su rostro permaneció impasible, como si Martín no hubiera hablado, o como si la respuesta fuera tan obvia o tan clasificada que no merecía ser verbalizada. Simplemente ladeó la cabeza ligeramente.

  —"?Necesitan alguna otra aclaración sobre la notificación oficial?"—, preguntó, su tono indicando claramente que la conversación sobre posibles resultados negativos había terminado. El silencio educado fue una respuesta en sí mismo, más elocuente y perturbadora que cualquier amenaza directa.

  Sección 2: La Zanahoria y el Palo

  Tras el silencio cargado que siguió a la pregunta sin respuesta de Martín, Kaelen, con la misma eficiencia impasible, sacó un segundo objeto del estuche de cuero oscuro. No era otro pergamino, sino algo peque?o que brillaba con luz propia. Lo depositó suavemente sobre la mesa, junto a la notificación oficial.

  Era una especie de gema o cristal tallado, de un color grisáceo opalescente, del tama?o de una moneda grande, engastada en un marco de metal oscuro y sin adornos. En su superficie lisa, runas diminutas y complejas brillaban y se desvanecían en patrones hipnóticos, como un código vivo atrapado en el cristal. Irradiaba una leve sensación de poder contenido.

  —"Como gesto de buena voluntad por su cooperación"—, continuó Kaelen, su tono tan neutral como siempre, se?alando el objeto brillante, —"y para facilitar su estancia mientras el Comité delibera, Lord Valerius ha autorizado la emisión de esta Unidad de Transferencia de Recursos por Adhesión Provisional"—. Hizo una pausa, permitiendo que el nombre rimbombante y ligeramente absurdo se asentara. —"O 'UTRAP', como la denominan informalmente en los círculos administrativos"—.

  Thorian se inclinó inmediatamente, sus ojos eléctricos brillando con intensa curiosidad técnica, olvidando por un momento la ominosa notificación. —"?Fascinante! ?Un dispositivo de crédito rúnico personal! ?Basado en matriz de intercambio energético directo o en vinculación a la Tesorería del Gremio? ?Cuál es el protocolo de encriptación? ?Y el material del engaste? ?No es acero común, parece una aleación con infusión de plomo rúnico para blindaje de datos!"— Extendió un dedo enguantado, ansioso por tocarla.

  —"Es un dispositivo estándar para asociados temporales de alto nivel"—, respondió Kaelen, interceptando sutilmente la mano de Thorian con una mirada que sugería que no debía tocarla todavía. —"Permite al portador adquirir bienes y servicios esenciales en establecimientos afiliados al Gremio dentro de los límites de Lumina. Simplemente preséntelo al mercader o proveedor; la transacción se registrará automáticamente"—.

  Martín miró la gema con profundo recelo. La UTRAP. Incluso el acrónimo sonaba como una trampa. —?"Y cuál es el... límite?"—, preguntó, la palabra "límite" sintiéndose extra?amente inadecuada para algo que probablemente venía con infinitas condiciones ocultas.

  Kaelen esbozó la sombra de una sonrisa. —"Los fondos asignados son... suficientes para cubrir alojamiento, manutención y gastos básicos razonables durante un período prolongado. Lord Valerius es generoso con aquellos que demuestran ser... colaboradores valiosos"—. La implicación era clara como el cristal que tenían delante.

  ?"Sin embargo"—, a?adió Kaelen, y su tono se volvió una fracción más formal, recogiendo una peque?a tarjeta de instrucciones que había dejado junto a la UTRAP, —"debo informarles de los protocolos estándar de uso, como dicta la regulación"—. Althaea, con una expresión sombría, tomó la tarjeta antes que nadie y comenzó a leer en voz alta, su voz adquiriendo un tono monótono, casi fúnebre: —"...Artículo 7: Toda transacción realizada con el presente objeto será registrada, auditada y cotejada en tiempo real contra los umbrales aceptables de racionalidad fiscal y adecuación contextual establecidos por el Comité de Adquisición ética y Supervisión Conductual del Gremio."— Hizo una pausa, mirando a Thorian con dureza. —"?Lo oyes? 'Auditoría en tiempo real'. 'Racionalidad fiscal'. 'Supervisión conductual'"—.

  —"?Y qué demonios considera este pomposo 'Comité de Adquisición ética' como 'racionalidad fiscal'?"—, preguntó Thorian, su entusiasmo inicial ahora te?ido de una profunda sospecha.

  Martín suspiró. —"Probablemente nada que dé un mínimo de placer"—, respondió. —"Y me juego la UTRAP entera a que las 'emociones humanas', especialmente las inconvenientes como la frustración por la burocracia o el deseo de una cerveza que no sepa a análisis químico, también califican como gasto irracional e ineficiente."—

  This text was taken from Royal Road. Help the author by reading the original version there.

  Althaea continuó leyendo, su voz aún más sombría. —"...Artículo 9: Restitución Obligatoria. La Unidad de Transferencia de Recursos por Adhesión Provisional (UTRAP) es propiedad intransferible del Alto Gremio y deberá ser devuelta intacta a la Oficina de Administración de Bienes Temporales en caso de cese abrupto del acuerdo de colaboración, incluyendo, pero no limitándose a: finalización del período de evaluación, fallecimiento comprobado del portador principal, disolución física o jurídica del grupo asociado, o determinación unilateral de incompatibilidad fundamental con los objetivos estratégicos a largo plazo del Gremio."—

  "?Disolución?", repitió Thorian, rascándose la barba con perplejidad. "?Física? ?Como desintegración espontánea por exposición a lógica humana? ?Social? ?Como que nos mandemos al cuerno mutuamente? ?O química? ?La falta de precisión es insultante!"

  "Yo voto por emocional," murmuró Martín, sintiendo cómo la red de seda de Lumina se apretaba un poco más con cada cláusula leída.

  Kaelen, habiendo cumplido con su deber de entregar el objeto y leer las advertencias pertinentes, colocó junto a la UTRAP una peque?a nota sellada. —"Un mensaje personal de Lord Valerius para usted, se?or Vega. Reafirmando su compromiso de facilitar el acceso a los recursos del Gremio una vez concluida satisfactoriamente la evaluación"—. La zanahoria, presentada justo después de detallar meticulosamente las condiciones del palo y la correa.

  Con una última inclinación de cabeza, Kaelen se retiró tan silenciosamente como había llegado, dejando al trío solo con la notificación de espera, la brillante y ominosa UTRAP sobre la mesa, y la nota personal de Valerius, que Martín seguía sin tener ninguna prisa por abrir. La generosidad de Lumina era, definitivamente, un arma de doble filo muy afilado.

  Sección 3: "?Límite de Crédito Ilimitado?"

  El silencio que dejó Kaelen fue reemplazado casi de inmediato por el zumbido de la pura codicia científica (y quizás un poco de la otra) emanando de Thorian. Se abalanzó sobre la UTRAP que brillaba sobre la mesa como si fuera el Corazón de la Monta?a recién descubierto. La levantó con una reverencia casi cómica, inclinándola para que la luz de la habitación jugara en sus facetas opalescentes y las runas parpadeantes.

  —"?Impresionante!"—, exclamó, sus ojos eléctricos brillando con una intensidad que rivalizaba con la propia gema. —"?La miniaturización de la matriz de transferencia es notable! ?Y la firma energética sugiere un enlace directo y continuo a una fuente de poder centralizada, probablemente la Tesorería Gremial! ?Esto implica..."—, su voz bajó a un susurro conspirador lleno de éxtasis, —"...un límite de crédito potencialmente... ?ilimitado! ?O al menos, obscenamente alto!"—

  La palabra "ilimitado" pareció encender una chispa peligrosa en su cerebro de ingeniero. —"?Piensen en las posibilidades! ?Podríamos adquirir un espectrómetro arcano de bolsillo! ?Un juego completo de lentes de enfoque de cristal de dragón! ?Suficientes componentes para construir un golem de transporte básico solo para estudiar su sistema locomotor y la eficiencia de las runas de animación! ?Eso contaría como 'necesidad médica' para el portador si argumentamos que reduce la fatiga del viaje?"—, preguntó retóricamente, ya perdido en sus fantasías de adquisiciones científicas. —"?Incluso podríamos investigar la viabilidad de una chimenea portátil de desplazamiento planar! ?Imaginan el ahorro de tiempo en desplazamientos interregionales! ?Los datos serían..."—

  Antes de que pudiera calcular el retorno de la inversión en viajes extradimensionales, la mano de Althaea se cerró sobre la UTRAP con la velocidad silenciosa de un depredador. Se la arrebató al sorprendido enano con un gesto firme.

  —"Ni se te ocurra, Thorian"—, dijo ella, su voz peligrosamente tranquila. Sostuvo la gema entre sus dedos, mirándola con la misma expresión con la que miraría a una víbora particularmente venenosa. —"Ya escuchaste al hombre de la túnica gris y la sonrisa falsa. Auditoría. Supervisión. Racionalidad fiscal"—. Cada palabra era una piedra arrojada. Abrió una peque?a bolsa de cuero endurecido que llevaba oculta bajo su capa, depositó la UTRAP dentro, cerró la bolsa con un nudo complejo y luego, para mayor seguridad, la guardó dentro de otra bolsa más grande en lo profundo de su mochila, como si estuviera enterrando una reliquia maldita que no debía ver la luz del día. —"Esto no es una ayuda. Es un ancla con un mo?o."—

  Thorian parecía genuinamente ultrajado. —"?Pero el potencial científico! ?El avance del conocimiento! ?Estamos hablando de optimizar nuestra propia misión!"—

  —"Estamos hablando de mantenernos vivos y libres, Thorian"—, replicó Althaea, su mirada fija en él. —"Y esta cosa"—, se?aló la mochila donde la UTRAP estaba ahora sepultada, —"es una herramienta para que ellos nos controlen. La usaremos para lo estrictamente esencial: esta posada, comida que no sepa a piedra"—, lanzó una mirada rápida y comprensiva a Martín, —"suministros médicos si son necesarios, y quizás un mapa fiable si el tuyo resulta ser otro de tus 'prototipos experimentales'. Nada más"—.

  —"?Pero un infusor de vapor portátil con aroma a pino de Eldoria podría considerarse esencial para tu bienestar psicológico en este entorno urbano opresivo!"—, argumentó Thorian con una lógica desesperada.

  —"?Te escuchás hablar?"—, preguntó Althaea, arqueando una ceja. —"Si necesito oler a pino, encontraré un pino. O te usaré a ti como tronco de entrenamiento"—.

  —"?Un golem transportador reduciría nuestro tiempo de viaje en un 23%!"—, insistió Thorian.

  —"Si el golem no puede darme un masaje en los pies después de caminar todo el día, no es esencial"—, zanjó Althaea, cruzándose de brazos.

  Martín observaba el intercambio con una mezcla de diversión y cansancio. Era la misma dinámica de siempre: la ambición científica desenfrenada de Thorian chocando contra el pragmatismo terrenal y la profunda desconfianza de Althaea. Y él, como siempre, atrapado en medio.

  —"Una tarjeta infinita"—, murmuró, más para sí mismo que para ellos, mientras Thorian ahora intentaba justificar la adquisición de "dulces de salvia silvana embotellada" como un "potenciador cognitivo natural". —"Un sueldo fantasma que nunca pedimos, y una cadena que brilla."— Sacudió la cabeza, una sonrisa irónica curvando sus labios. —"Definitivamente, la magia de Lumina."— Se preguntó si podría convencer a Althaea de que una almohada que no fuera su mochila era un gasto "esencial" según el Comité de Adquisición ética. Probablemente no.

  Sección 4: La Red de Seda

  Los días siguientes se sumieron en una extra?a calma impuesta. Sin más convocatorias del Gremio y con la UTRAP firmemente custodiada por Althaea (quien solo autorizaba gastos para comida y el alojamiento en El Grifo Sonriente, para gran frustración de Thorian), se encontraron en un limbo inesperado. Tenían un respiro forzado, tiempo para recuperarse del todo físicamente, para procesar lo vivido, pero también tiempo para sentir cómo la red invisible de Lumina se asentaba a su alrededor.

  Martín aprovechó para descansar, para comer comida real (saboreando cada bocado con esa mezcla de placer y culpa), y para intentar poner en orden sus pensamientos. La ausencia del ruido psiónico constante era una bendición, pero el silencio dejaba espacio para que otras inquietudes crecieran. Repasaba mentalmente las pruebas, la reacción de los sanadores, las tres firmas energéticas que el técnico Lyros había detectado, el combate con Tarmac. Había ganado respeto, sí. Había demostrado una fuerza que no sabía que poseía. Esa cercanía silenciosa con Althaea después del combate, ese gesto de pasarle el pa?o sin palabras, había sido un bálsamo, un reconocimiento de que seguían siendo ellos, a pesar de todo. Pero la pregunta de Valerius y la frase final de Tarmac resonaban constantemente: ?Qué eres? ?Qué eliges no mostrar?

  Intentaba conectar las piezas: la Marca de la Sombra en Oakhaven, la energía del Espíritu en el amuleto, la fría lógica de la Astracita y su eco en el disco alterado, la visión del norte y la "Fuente", la figura sonriente en la multitud, la evaluación de Valerius... Sentía que las respuestas estaban cerca, quizás ocultas en los archivos de la Gran Biblioteca, pero el precio para acceder a ellas era esa "colaboración" que aún le erizaba la piel. Se dio cuenta, con una creciente desazón, de que cada día que pasaba en Lumina, disfrutando de su comida y su relativa seguridad, era más difícil pensar en términos de "afuera", de simplemente seguir su camino original. Cada día traía una excusa más para quedarse, para jugar según las reglas de Valerius, para aceptar la red de seda a cambio de la promesa de conocimiento.

  La sensación de vigilancia era sutil pero constante. Una tarde, mientras Thorian intentaba (sin éxito) convencer a un mercader de gemas de que le permitiera "analizar la estructura molecular" de sus rubíes con un peque?o sensor, y Althaea observaba el intercambio con divertida exasperación, Kaelen apareció "casualmente" en el mismo distrito del mercado. No se dirigió a ellos directamente. Simplemente pasó cerca, sus ojos oscuros barriendo brevemente su grupo antes de continuar su camino, deteniéndose a examinar un tapiz en un puesto cercano. No dijo nada, pero su presencia fue suficiente. Un recordatorio silencioso. Estaban siendo observados. Y como si quisiera subrayarlo, al pasar de nuevo junto a ellos para marcharse, Kaelen se detuvo un instante y comentó, con una sonrisa casi imperceptible dirigida al aire: "Lumina es una ciudad acogedora para sus colaboradores, ?no creen? La ciudad siempre está abierta. No se requiere permiso para permanecer dentro de sus límites." Hizo una pausa infinitesimal antes de a?adir: "Solo para abandonarlos." Luego, se perdió entre la multitud tan silenciosamente como había aparecido, dejando tras de sí un frío que no tenía nada que ver con la brisa de la tarde.

  Esa noche, Martín se quedó largo rato mirando por la ventana de la posada. Las luces de Lumina se extendían bajo él como un mar de estrellas caídas, hermosas, ordenadas, llenas de promesas. La ciudad ofrecía conocimiento, descanso, respuestas. Un camino claro hacia lo que buscaba, pavimentado con la generosidad controlada de Valerius y la eficiencia del Gremio. Y un precio que nadie pronunciaba en voz alta, pero que sentía pesar sobre él con cada día que pasaba, con cada comida pagada por la UTRAP, con cada noche durmiendo bajo un techo seguro pero vigilado. Les ofrecía todo... y cada día que pasaba bajo su luz constante, sentía que le quitaba algo más: un poco de autonomía, un poco de urgencia, un poco de la libertad salvaje y peligrosa que había conocido fuera de sus murallas.

  Y la ciudad... la ciudad no te cerraba la puerta. No te apresaba con cadenas visibles. Solo te pedía que siguieras entrando. Que te acostumbraras a su comodidad, a sus reglas, a su luz.

  Y ellos entraban.

  Un poco más cada día.

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