—"?Detrás de mí!"—, gritó Thorian, activando su proyector de campo de fuerza personal. Un escudo semitransparente de energía azulada crepitó a su alrededor, iluminando brevemente las formas oscuras que se acercaban. Su reacción fue puramente defensiva, su mente de ingeniero probablemente ya analizando la naturaleza de las criaturas y la efectividad de su propio escudo.
Althaea reaccionó con la velocidad de un rayo. Se interpuso entre Martín (que aún estaba procesando el shock del susurro mental y la aparición repentina) y las sombras que avanzaban, su lanza describiendo un arco amenazante.
—"?No dejes que te toquen!"—, le advirtió a Martín en Varyan, recordando antiguas historias de su clan sobre criaturas que drenaban la vida o el calor.
La primera sombra se deslizó hacia Althaea con una velocidad antinatural, sin sonido alguno. Althaea lanzó una estocada precisa, la punta de obsidiana de su lanza apuntando al centro de la masa oscura. La lanza atravesó la sombra... sin encontrar resistencia sólida. Fue como atravesar humo frío. La sombra simplemente fluyó alrededor del arma y continuó avanzando, una de sus extremidades nebulosas extendiéndose hacia el brazo de Althaea.
La guerrera reaccionó instintivamente, retirando la lanza y saltando hacia atrás, esquivando el toque etéreo por un pelo. Un gru?ido de frustración escapó de sus labios. Sus tácticas habituales, basadas en la fuerza y la precisión contra oponentes físicos, parecían inútiles contra estos seres.
Martín, sacudido por la advertencia de Althaea y la ineficacia de su lanza, levantó el disco de metal casi por reflejo. Activó su visión del código, tratando de analizar a las criaturas. Lo que vio fue desconcertante. No tenían un código vital verde como los seres vivos, ni un código rúnico azul o dorado como el Magitek. Eran... casi vacíos. Vio tenues estructuras de un código gris oscuro, como hilos de ceniza flotando, apenas coherentes, pero conectados a la oscuridad ambiental, como si extrajeran su forma y su energía de las sombras circundantes. Y sus ojos... emitían una débil se?al de código blanco, frío y vacío.
// Analizando Sombras Vivientes... ?Anomalía!
// Entidad: Sombra_Viviente_Clase_Menor (Estimado)
// Estado: Hostil, Agresivo
// Código Vital: NULO o por debajo del umbral detectable.
// Estructura Energética: Código Gris_Oscuro_Inestable. Patrón de absorción de energía ambiental (?lumínica? ?térmica?).
// Firma Ocular: Código Blanco_Entrópico. ?Foco de conciencia? ?O punto de drenaje?
// Vulnerabilidades (Teóricas - Basadas en Absorción):
// - Luz Intensa: ?Sobrecarga el patrón de absorción?
// - Energía Positiva/Sagrada: ?Interfiere con la conexión a la sombra ambiental?
// - Disrupción de Conexión Ambiental: ?Se disipan si se ilumina la zona?
// ?PRECAUCIóN: Contacto directo parece tener efecto de drenaje energético/térmico!
Absorben energía... débiles a la luz..., pensó Martín rápidamente, la información surgiendo de su análisis.
Mientras tanto, Thorian descubría lo mismo por las malas. Una de las sombras se deslizó hacia su escudo personal. El campo de fuerza azul crepitó violentamente al contacto, pero la sombra no fue repelida. En lugar de eso, pareció adherirse a la superficie del escudo, y Thorian soltó una exclamación de sorpresa al ver cómo la intensidad del escudo disminuía visiblemente, como si la sombra estuviera drenando su energía.
—"?Están absorbiendo el maná del escudo!"—, gritó Thorian, golpeando su proyector para intentar modular la frecuencia. —"?Tecnología de contención estándar ineficaz!"—.
Otra sombra se acercó a Althaea. Esta vez, en lugar de atacar con la lanza, ella intentó un barrido bajo con el asta del arma, buscando desequilibrar la forma inestable. La sombra fluyó sobre el asta, y una de sus extensiones rozó la bota de Althaea. La guerrera sintió un frío glacial instantáneo en el punto de contacto, un frío que pareció penetrar el cuero y chupar el calor de su pierna. Dio un respingo hacia atrás, mirando con alarma la zona rozada.
—"?Drenan el calor! ?La vida!"—, advirtió, su voz tensa.
Martín vio cómo las otras sombras comenzaban a rodearlos, deslizándose por las paredes y el techo, sus múltiples ojos blancos fijos en ellos. Estaban siendo flanqueados en el estrecho túnel. Necesitaban luz. Luz intensa.
Miró su disco, luego las lámparas de cristal que portaban. Eran brillantes, pero quizás no lo suficiente. Recordó el coliseo, cómo había drenado la energía de los cristales... una idea peligrosa surgió.
—"?Thorian!"—, gritó, tratando de hacerse oír sobre el zumbido de los sensores y los movimientos silenciosos pero amenazantes de las sombras. —"?Necesito una fuente de luz! ?Intensa! ?Puedes... sobrecargar una de estas lámparas?"—. Se?aló la lámpara de cristal que el ingeniero llevaba en el cinturón.
Thorian lo miró, comprendiendo la implicación al instante. —?"Sobrecargarla? ?Podría explotar! ?O agotar su núcleo en segundos!"—.
—"?Es nuestra mejor opción!"—, insistió Martín. —"?Creo que la luz directa las debilita! ?Las desconecta de las sombras!"—.
Mientras hablaban, una sombra se lanzó desde el techo hacia Martín. Althaea reaccionó con una velocidad increíble, interponiendo el asta de su lanza y desviando a la criatura en el último segundo. La sombra rozó el brazo de Martín, y sintió el mismo frío glacial que Althaea había descrito, una sensación nauseabunda que le robó fuerzas.
La lucha era desesperada. Estaban en clara desventaja contra seres que sus armas convencionales apenas afectaban y que parecían alimentarse de su propia energía y calor vital. La necesidad de una solución drástica era inminente.
La urgencia de la petición de Martín resonó en el túnel, casi ahogada por el silbido del campo de fuerza de Thorian luchando contra las sombras adheridas y el gru?ido tenso de Althaea mientras mantenía a raya a otra criatura etérea con rápidos movimientos de su lanza, buscando más desviar que herir. Thorian dudó solo un instante, sopesando el riesgo de da?ar su propio equipo contra el peligro inmediato que representaban las sombras.
—"?De acuerdo, umgi! ?Pero si esto explota, pagarás el cristal!"—, gritó, mientras manipulaba rápidamente los controles de su lámpara de mano, redirigiendo el flujo de energía de su propia mochila de poder hacia el cristal de la lámpara.
Pero mientras Thorian trabajaba en la sobrecarga lumínica, la otra amenaza, la que emanaba del sello rúnico al final del túnel, decidió unirse a la refriega. El susurro mental, que antes era un murmullo confuso en el fondo de la conciencia de Martín, se intensificó abruptamente, volviéndose claro, insidioso, personal.
Tan débil..., siseó una voz directamente en la mente de Martín, fría y burlona. Luchando contra simples ecos... mientras el verdadero poder espera...
Martín se tambaleó, llevándose una mano a la cabeza. El dolor no era físico, sino una presión mental, una invasión desagradable. Intentó bloquear la voz, concentrarse en las sombras físicas que Althaea mantenía a raya, pero el susurro era persistente.
?Protegiéndola a ella?, continuó la voz, ahora adoptando un tono falsamente compasivo. Noble... pero inútil. Ella sufre aquí abajo, lejos de su bosque. Puedes sentirlo, ?verdad? Su anhelo por el sol, por el viento... Tú la trajiste a esta oscuridad. Tú eres la causa de su malestar...
Las palabras eran como dardos envenenados, apuntando directamente a la culpa que Martín ya sentía. Vaciló, su concentración en el análisis de las sombras flaqueó. Una de las criaturas aprovechó su distracción y se deslizó hacia él, su toque helado alcanzando su pierna antes de que pudiera reaccionar del todo. Sintió una punzada de frío intenso y una oleada de debilidad.
—"?Martín, concéntrate!"—, gritó Althaea, desviando a la sombra con un golpe rápido del asta de su lanza, su rostro mostrando ahora no solo tensión por la lucha, sino también una creciente preocupación al ver la expresión de Martín.
El susurro no solo afectaba a Martín. Althaea sintió también su influencia, aunque de forma diferente. No eran palabras claras, sino oleadas de emoción negativa: una sensación de claustrofobia intensificada, el recuerdo vívido del olor a humo y ceniza de su aldea destruida, una punzada de duda sobre la lealtad de Martín, sobre si este viaje valía la pena el sufrimiento. Sacudió la cabeza con fuerza, sus instintos de guerrera luchando contra la insidiosa influencia. El bosque le había ense?ado a resistir las distracciones, a confiar en sus sentidos, pero este ataque era interno, sutil.
Incluso Thorian, a pesar de su mente lógica y su enfoque en la tarea, frunció el ce?o, deteniendo por un instante sus manipulaciones en la lámpara. —?"Qué es este... ruido mental?"—, murmuró, golpeándose un lado del casco. —"?Interferencia psiónica de bajo nivel! ?Contaminando mis lecturas!"—. Aunque lo racionalizaba como interferencia, una sombra de inquietud cruzó su rostro. El susurro parecía hurgar también en sus propias ambiciones, recordándole los secretos que la monta?a guardaba, el poder que podría obtener si tan solo se atreviera a romper el sello...
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La situación se volvía caótica. Las Sombras Vivientes presionaban, drenando energía y calor, aprovechando cada distracción. Y el susurro desde el sello debilitaba su voluntad, explotaba sus miedos y dudas, convirtiendo su propia mente en un campo de batalla adicional.
Déjalos..., susurró la voz en la mente de Martín, ahora con un tono seductor. Abandónalos a las sombras. Tú puedes cruzar el sello. El poder que buscas... el camino a casa... está aquí. Solo tienes que... abrir la puerta...
Martín sintió una atracción terrible hacia la barrera rúnica azulada, una promesa de respuestas, de poder, de escape. Por un instante, consideró la oferta. El disco en su mano vibró débilmente, mostrando no solo el código gris de las sombras, sino también el código negro y retorcido que se filtraba desde el sello, ahora más intenso, pulsando en sincronía con los susurros.
Pero la imagen de Althaea luchando, su rostro tenso por el esfuerzo y la influencia psíquica, lo trajo de vuelta a la realidad. No. No puedo abandonarla. No caeré en otra trampa.
—"?Thorian, ahora!"—, gritó Martín, su voz ronca por el esfuerzo de resistir la influencia mental y el frío que le recorría la pierna. —"?La luz! ?Necesitamos la luz!"—.
La urgencia en su voz pareció sacar a Thorian de su propia distracción. Con un último ajuste y un gru?ido de concentración, gritó: —"?Cúbranse los ojos!"—.
La advertencia de Thorian resonó en el túnel justo cuando la lámpara de cristal en su mano comenzó a brillar con una intensidad antinatural. La luz azulada habitual se tornó blanca, luego cegadora, emitiendo un calor palpable que contrarrestó momentáneamente el frío glacial que emanaba de las sombras. Martín y Althaea levantaron instintivamente los antebrazos para protegerse los ojos del resplandor.
Las Sombras Vivientes reaccionaron al instante. Las que estaban más cerca de la lámpara emitieron un siseo agudo, un sonido que no parecía venir de una boca sino del propio aire vibrando de dolor. Sus formas oscuras parecieron fluctuar violentamente, perdiendo cohesión, como humo golpeado por un viento fuerte. Algunas retrocedieron instintivamente hacia las zonas más oscuras del túnel. La teoría de Martín era correcta: la luz intensa las da?aba, las sobrecargaba, quizás interrumpiendo su conexión con la oscuridad ambiental de la que extraían su sustancia.
Pero la solución no era perfecta. El cristal de la lámpara de Thorian, forzado a canalizar una cantidad de energía para la que no estaba dise?ado, comenzó a agrietarse visiblemente, finas líneas luminosas recorriendo su superficie. El zumbido que emitía se volvió más agudo, más inestable.
—"?No aguantará mucho!"—, gritó Thorian por encima del siseo de las sombras y el zumbido del cristal. —"?Tenemos que salir de aquí mientras están desorientadas!"—.
Sin embargo, retirarse no era tan sencillo. Aunque la luz intensa había hecho retroceder a la mayoría de las sombras, dos de ellas, quizás más antiguas o más desesperadas, se habían aferrado al escudo personal de Thorian antes de la sobrecarga lumínica y seguían drenando su energía, aunque ahora parecían debilitadas por el resplandor ambiental. Y, lo que era peor, el susurro mental que emanaba del sello rúnico no había disminuido; al contrario, parecía haberse vuelto más frenético, más desesperado ante la resistencia que encontraban.
?No huyas!, gritó la voz en la mente de Martín. ?El poder está aquí! ?Tómalo! ?Destrúyelos a todos! ?A las sombras, a los enanos... a ella! ?Ella te retiene!
Martín tropezó, el asalto psíquico combinado con la debilidad física por el toque helado de la sombra lo desequilibró. Vio, con horror, cómo la imagen mental de Althaea se distorsionaba, su rostro volviéndose amenazante, sus ojos brillando con una luz roja... ?No!, luchó contra la ilusión, aferrándose a la realidad, al recuerdo de su voz calmándolo en la enfermería.
Althaea también estaba sufriendo. El susurro avivaba su trauma, superponiendo el frío toque de las sombras con el recuerdo del calor abrasador del fuego que consumió su hogar. Por un instante, dudó, su lanza temblando en sus manos, la imagen de su hermano peque?o atrapado en las llamas superponiéndose a la de Martín luchando contra la influencia mental.
Thorian, mientras intentaba desesperadamente estabilizar su escudo y la lámpara sobrecargada, sintió una oleada de codicia intelectual. El conocimiento detrás de ese sello... el poder de esa anomalía... podría cambiarlo todo... ?Vale la pena el riesgo?. Sacudió la cabeza con fuerza, aferrándose a su pragmatismo enano. ?La supervivencia primero, el análisis después!
La situación era crítica. La lámpara estaba a punto de estallar o apagarse. Las sombras adheridas al escudo de Thorian pronto lo drenarían por completo. Y la influencia psíquica del sello amenazaba con quebrar la voluntad de Martín o Althaea, volviéndolos unos contra otros o haciéndolos sucumbir al miedo. Necesitaban una acción decisiva, una forma de romper el estancamiento y crear una vía de escape.
Fue Althaea quien reaccionó primero. Ignorando las visiones perturbadoras, confió en sus instintos de guerrera. Vio que las sombras principales habían retrocedido por la luz, pero las dos adheridas a Thorian eran el ancla que los mantenía atrapados. Con un rugido que surgió de lo más profundo de su ser, un sonido que era a la vez furia y desafío a la oscuridad (tanto externa como interna), lanzó su lanza. No apuntó a las sombras etéreas, sino a la pared de roca justo encima de Thorian y las criaturas adheridas.
La punta de obsidiana impactó contra una formación rocosa inestable que ella había notado antes. El impacto, combinado con las vibraciones del temblor reciente, fue suficiente. Unas cuantas rocas grandes se desprendieron del techo y cayeron con estrépito sobre las sombras adheridas al escudo de Thorian. Aunque las rocas atravesaron las formas etéreas sin da?arlas directamente, el impacto físico repentino y la nube de polvo parecieron perturbar su conexión o su concentración. Las sombras fluctuaron violentamente y se desprendieron del escudo, retrocediendo hacia la oscuridad.
—"?Ahora, Thorian! ?Vámonos!"—, gritó Althaea, recuperando su lanza con un movimiento rápido mientras corría hacia Martín para ayudarlo a mantenerse en pie.
Thorian no necesitó que se lo dijeran dos veces. Su instinto de supervivencia finalmente superó a su curiosidad científica. Desactivó la lámpara sobrecargada justo antes de que estallara, sumiendo el túnel de nuevo en una oscuridad casi total, rota solo por la luz más débil de la lámpara de Martín y la suya propia (ahora en modo normal). Agarró a Martín por un brazo, mientras Althaea lo sostenía por el otro.
—"?Por aquí! ?Recuerdo un túnel de ventilación secundario cerca!"—, gritó Thorian, tirando de ellos en dirección opuesta al sello rúnico, hacia la oscuridad del laberinto por el que habían venido.
La decisión estaba tomada: la retirada táctica era la única opción lógica ante una amenaza múltiple que los superaba física, energética y psíquicamente. La investigación in situ había terminado abruptamente, reemplazada por la necesidad primordial de sobrevivir.
Corrieron. Impulsados por la adrenalina y el miedo primordial, se lanzaron a la oscuridad del laberinto de túneles, dejando atrás la luz azulada y opresiva del sello rúnico y el siseo furioso de las Sombras Vivientes desorientadas por la luz y el derrumbe. Thorian, a pesar de su corpulencia, se movía con una agilidad sorprendente, guiándolos a través de giros y bifurcaciones que Martín apenas podía registrar, su conocimiento de los niveles inferiores demostrando ser más que solo teórico.
Althaea, sosteniendo a un Martín aún debilitado y luchando contra los ecos del susurro mental, confiaba en los instintos del ingeniero para encontrar la salida más rápida de la zona de peligro inmediato, aunque mantenía sus propios sentidos alerta, su mirada ámbar barriendo constantemente las sombras detrás de ellos. Martín tropezaba a veces, su cuerpo protestando por el esfuerzo después del colapso en la arena y el toque helado de la sombra, su mente aún reverberando con las voces insidiosas. Podía sentir el disco en su cinturón, ahora silencioso y frío de nuevo, como si se hubiera retirado tras la confrontación directa con la energía del sello y las sombras.
No sabían si las Sombras los seguían. El silencio de los túneles abandonados era ahora su mayor aliado y su peor enemigo, amplificando el sonido de su propia respiración agitada y el golpeteo de sus botas sobre la piedra, haciendo que cada sombra pareciera moverse, que cada eco distante sonara como una persecución inminente. El susurro mental se había desvanecido al alejarse del sello, pero dejó una sensación pegajosa en la mente de Martín y Althaea, una inquietud profunda, como si algo hubiera rozado sus pensamientos y dejado una huella invisible.
Thorian los guio con determinación, girando en un túnel lateral más estrecho, luego a través de una cámara parcialmente derrumbada que tuvieron que atravesar con cuidado, hasta que finalmente se detuvo frente a una pesada rejilla metálica oxidada en el suelo.
—"Aquí"—, jadeó Thorian, mientras manipulaba un mecanismo oculto en la pared. La rejilla se levantó con un chirrido protestón, revelando una escalera de mano que descendía hacia un túnel de ventilación aún más estrecho y oscuro. —"Un antiguo conducto de aire. No creo que... esas cosas... nos sigan por aquí. Y nos llevará... eventualmente... de vuelta hacia los niveles superiores habitados"—.
Descendieron por la escalera con precaución, cerrando la rejilla tras ellos. El túnel de ventilación era claustrofóbico, apenas lo suficientemente ancho para que pasaran de uno en uno, y el aire olía a metal oxidado y a polvo acumulado durante siglos. Avanzaron en silencio durante un largo rato, el único sonido el de su propia respiración y el roce de sus ropas contra las paredes metálicas.
Finalmente, el túnel se ensanchó ligeramente, desembocando en una peque?a cámara de mantenimiento olvidada, llena de maquinaria oxidada y conductos en desuso. Había solo una entrada/salida visible además del túnel por el que habían llegado. Thorian se aseguró de que estuviera despejado antes de hacerles una se?a para que se detuvieran.
—"Aquí"—, dijo, su voz resonando en el peque?o espacio metálico. —"Aquí estaremos... relativamente seguros. Por un tiempo"—. Se quitó la mochila de sensores y se dejó caer pesadamente sobre una caja metálica oxidada, pasándose una mano por su barba despeinada. Su habitual entusiasmo científico había sido reemplazado por una expresión sombría y preocupada.
Althaea ayudó a Martín a sentarse en el suelo frío, apoyándolo contra la pared. Ambos estaban agotados, sucios y profundamente perturbados. Martín todavía temblaba ligeramente, no solo por el frío del túnel, sino por el residuo del terror y la invasión mental. Althaea tenía la mirada perdida, sus pensamientos probablemente volviendo a la aldea en llamas que el susurro le había recordado.
Thorian los miró a ambos, su mente de ingeniero ya procesando los datos y las implicaciones. —"Sombras Vivientes... sensibles a la luz intensa, capaces de drenar energía Magitek y vital... y esa barrera rúnica... conteniendo una fuente de energía negativa con capacidad de influencia psiónica..."—. Sacudió la cabeza. —"Esto es... mucho peor de lo que indicaban las lecturas iniciales. El Sector 7B no está simplemente 'inestable'. Está... activamente maligno"—.
Miró a Martín con nueva intensidad. —"Y tú, umgi... tu reacción al susurro, la forma en que tu disco vibró... Hay una conexión. No sé cuál es, pero existe"—. Su sospecha no había desaparecido, pero ahora estaba mezclada con una alarma genuina. —"Sea lo que sea que esté sellado ahí abajo... parece tener interés en ti. O tú en él"—.
Martín no respondió. Estaba demasiado agotado, su mente aún tratando de procesar los susurros, la sensación de frío de las sombras, el terror y la determinación que lo habían impulsado.
Se quedaron en silencio en la peque?a cámara olvidada, rodeados por la maquinaria muerta y la oscuridad profunda de la monta?a. Habían sobrevivido al primer encuentro con la sombra bajo Karak Dhur, pero habían salido con más preguntas que respuestas, heridos en cuerpo y mente, y con la certeza de que se enfrentaban a un peligro mucho mayor y más complejo de lo que jamás habían imaginado. La retirada había sido necesaria, pero sabían que no podían simplemente ignorar lo que habían encontrado. El susurro del sello resonaba aún en sus mentes, una promesa silenciosa de horrores por venir.

