La única luz provenía de las lámparas de cristal que portaban y de unos pocos y distantes cristales de bajo brillo incrustados en las paredes del túnel principal, cuya luz pálida apenas lograba perforar la oscuridad reinante, creando largas y danzantes sombras que parecían tener vida propia. El operario del montacargas, tras asegurarse de que habían descendido, no dijo nada, simplemente accionó otra palanca y la plataforma comenzó a ascender de nuevo, dejándolos solos en el umbral de las profundidades olvidadas de Karak Dhur. El sonido del montacargas alejándose fue rápidamente engullido por el silencio pesado.
—"Bien"—, murmuró Thorian, rompiendo la quietud. Su voz, aunque baja, resonó extra?amente en el túnel. Ajustó las lentes de sus gafas y activó varios de los sensores de su mochila, que comenzaron a emitir suaves zumbidos y destellos intermitentes. —"Las lecturas de la perturbación principal vienen de... esa dirección"—. Se?aló hacia uno de los túneles laterales, más estrecho y oscuro que el principal. —"Manténganse cerca. Y no toquen nada que brille de forma extra?a o susurre promesas de poder"—. A?adió con una pizca de humor negro muy enano.
Se adentraron en el túnel secundario. El suelo estaba cubierto por una gruesa capa de polvo que amortiguaba sus pasos, haciendo que su avance fuera inquietantemente silencioso. Las paredes eran irregulares, mostrando las marcas de herramientas de minería antiguas, muy diferentes a la precisión de los niveles superiores. En algunos tramos, vetas de minerales opacos o cristales sin pulir brillaban débilmente bajo la luz de sus lámparas, como ojos observándolos desde la roca. Vieron herramientas de minería oxidadas y abandonadas en los rincones, carros volcados cubiertos de polvo, y los restos de lo que parecían ser viejos soportes de madera, muchos de ellos podridos o derrumbados. Era evidente que esta zona llevaba mucho, mucho tiempo sin ser utilizada para la minería activa, un laberinto silencioso olvidado por la bulliciosa ciudad que existía kilómetros por encima.
El silencio era lo más perturbador. A diferencia del bosque, que siempre estaba lleno de los sonidos de la vida, o de los niveles superiores de la ciudad, con su ruido industrial constante, aquí el silencio era casi absoluto, roto solo por el goteo ocasional de agua filtrándose por alguna grieta en el techo, el roce de sus propias ropas contra la piedra, y el sonido de su respiración, que parecía anormalmente ruidoso en la quietud.
Althaea se movía con una cautela extrema, sus sentidos de Hombre Bestia llevados al límite en este entorno alienígena. Sus ojos ámbar barrían constantemente la oscuridad más allá del alcance de las lámparas, sus oídos atentos al menor sonido anómalo. Martín notó que caminaba ligeramente agachada, sus músculos tensos, lista para reaccionar ante cualquier amenaza. La falta de espacio abierto y la oscuridad profunda claramente la ponían nerviosa, pero su disciplina de guerrera mantenía el miedo a raya. De vez en cuando, se?alaba en silencio alguna marca extra?a en la pared —un ara?azo que no parecía natural, una mancha oscura en el suelo— o hacía un gesto para que se detuvieran mientras escuchaba atentamente algo que solo ella parecía percibir.
Martín, por su parte, intentaba usar el disco para complementar la vigilancia de Althaea. Lo sostenía discretamente, sintiendo sus vibraciones, observando los patrones de código que su habilidad le revelaba. La energía aquí era diferente: más débil, más estancada que en los niveles superiores, pero con "puntos calientes" ocasionales donde vetas minerales o quizás antiguas runas olvidadas emitían pulsos erráticos. También intentaba superponer lo que veía con el mapa mental que había memorizado del pergamino encontrado en el taller. Reconoció un cruce de túneles, una cámara derrumbada que el mapa marcaba como peligrosa, un antiguo pozo de ventilación que ascendía hacia la oscuridad. A pesar de la antigüedad del mapa, parecía sorprendentemente preciso en la disposición general de estos niveles olvidados.
Thorian avanzaba con la concentración absorta del científico en una expedición. Sus sensores zumbaban y parpadeaban, y él murmuraba constantemente para sí mismo, anotando lecturas en una peque?a tablilla de datos. —"Fascinante... la concentración de maná residual es bajísima, excepto por estos picos esporádicos... ?Actividad geotérmica anómala o... remanentes de sellos rúnicos degradados? Y la firma negativa... sigue siendo débil pero persistente... la fuente está más adelante..."—. Parecía en gran medida ajeno a los peligros físicos potenciales del entorno, completamente absorto en el misterio energético que habían venido a investigar.
El laberinto de túneles se extendía, silencioso, polvoriento, cargado con el peso de eras olvidadas y secretos enterrados. Avanzaban lentamente, la luz de sus lámparas creando un peque?o círculo de realidad en medio de una oscuridad insondable, sin saber qué peligros —naturales, mágicos o algo peor— les aguardaban en las profundidades de la monta?a.
A medida que se adentraban más en la red de túneles olvidados, la dinámica entre los tres viajeros se volvía cada vez más compleja y tensa. Cada uno tenía sus propios objetivos y preocupaciones, a menudo ocultos o solo parcialmente compartidos, creando una corriente subterránea de desconfianza y agendas divergentes bajo la superficie de su colaboración forzada.
Thorian iba claramente a la cabeza, siguiendo las lecturas cada vez más intensas de sus sensores de energía. Su entusiasmo científico era casi palpable, una energía febril que lo impulsaba a través de los túneles polvorientos, a menudo sin prestar la debida atención a los peligros más mundanos. En varias ocasiones, fue Althaea quien lo detuvo justo a tiempo antes de que pisara una sección de suelo inestable o pasara demasiado cerca de una grieta profunda oculta por las sombras.
—"?Maestro Thorian, cuidado!"—, le advirtió ella en una ocasión, agarrándolo del brazo cuando él estaba a punto de cruzar bajo un techo que parecía a punto de derrumbarse, lleno de estalactitas resquebrajadas.
Thorian se sobresaltó, apartando la mirada de su sensor con fastidio. —?"Cuidado? ?Las lecturas de la anomalía se están intensificando exponencialmente justo delante! ?No podemos detenernos por cada piedrita suelta, shatra!"—. A pesar de la advertencia obvia, su prioridad era clara: seguir la se?al energética.
Althaea simplemente lo miró con sus ojos ámbar impasibles hasta que él, refunfu?ando, aceptó rodear la zona peligrosa. Su pragmatismo de supervivencia chocaba constantemente con la obsesión científica del ingeniero.
Martín se encontraba atrapado en medio de esta tensión. Por un lado, necesitaba la guía de los sensores de Thorian para acercarse al epicentro de la perturbación, que sospechaba fuertemente que era el Sector 7B. Por otro lado, confiaba infinitamente más en los instintos y la cautela de Althaea para mantenerlos a salvo en aquel laberinto traicionero. Intentaba mediar discretamente, usando su creciente comprensión del Varyan para traducir las advertencias de Althaea en términos que Thorian pudiera entender ("Maestro, Althaea sugiere que la integridad estructural aquí es subóptima, quizás rodear sea energéticamente más eficiente a largo plazo...") o para alertar a Althaea sobre lecturas energéticas extra?as que el disco captaba y que ella no podía percibir.
Además, Martín llevaba su propio secreto: el mapa mental del Sector 7B y el diagrama del dispositivo de Astracita. Mientras seguían las lecturas de Thorian, él comparaba mentalmente la ruta con la del pergamino encontrado. Sabía que se estaban acercando, pero no podía revelarle a Thorian que conocía la ubicación exacta o la naturaleza probable de lo que encontrarían. Tenía que fingir que seguían únicamente las indicaciones del ingeniero.
Esta necesidad de ocultar información creaba momentos de tensión interna. A veces, el disco de Martín vibraba con una intensidad particular o mostraba un patrón de código anómalo cerca de un túnel lateral que Thorian descartaba por no tener una firma energética fuerte. Martín sentía la tentación de investigar esas desviaciones, sospechando que podrían ser pistas relacionadas con el culto o la Astracita, pero sabía que cualquier intento de desviarse del camino marcado por Thorian levantaría sospechas inmediatas. Se limitaba a hacer una nota mental o un rápido boceto en su cuaderno cuando creía que Thorian no miraba.
En un momento dado, mientras atravesaban una cámara más amplia donde antiguas vías de vagonetas mineras yacían retorcidas y oxidadas, el disco de Martín emitió un zumbido bajo y persistente, y la visión del código mostró una débil pero distintiva signatura de energía oscura emanando de un montón de escombros en un rincón. Era similar, aunque mucho más débil, a la energía que había sentido del espíritu y a la que asociaba con la Marca.
—"Maestro Thorian"—, dijo Martín, con la mayor naturalidad posible. —"El disco está detectando una... fluctuación residual aquí. ?Podría ser relevante para sus lecturas?"—.
Thorian se acercó, pasó sus propios sensores sobre los escombros. Sus instrumentos, más enfocados en la energía Magitek o telúrica, apenas registraron nada. —"Basura energética"—, dictaminó tras un rápido escaneo. —"Probablemente los restos de alguna vieja herramienta rúnica fallida o una veta mineral sin importancia. No nos distraigamos, umgi. La fuente principal está más adelante"—. Y continuó su camino, desestimando la lectura.
Martín y Althaea intercambiaron una mirada significativa. El ingeniero, en su enfoque obsesivo en la gran anomalía, estaba pasando por alto detalles que para ellos eran potencialmente cruciales. Se dieron cuenta de que, aunque viajaban juntos, sus misiones eran fundamentalmente diferentes, y que tendrían que seguir jugando un delicado juego de colaboración y ocultamiento si querían descubrir la verdad sin alertar a su impredecible guía enano. La tensión entre sus agendas ocultas y la misión oficial de Thorian se sumaba a los peligros inherentes de los túneles olvidados, haciendo que cada paso en la oscuridad fuera una apuesta calculada.
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Siguieron a Thorian por túneles cada vez más profundos y antiguos. El aire se volvió más pesado, más frío, y un silencio casi total reemplazó incluso el lejano eco de la ciudad superior. Aquí abajo, la sensación de estar enterrado bajo kilómetros de roca era abrumadora. Las paredes de los túneles eran más irregulares, a menudo mostrando las cicatrices de excavaciones apresuradas o derrumbes olvidados. La luz de sus lámparas parecía ser devorada por la oscuridad circundante, creando un círculo de visión limitado y claustrofóbico.
Martín consultaba mentalmente el mapa del pergamino con creciente frecuencia. Reconocía ahora los giros, las bifurcaciones, las cámaras derrumbadas que el mapa indicaba. Las lecturas de los sensores de Thorian, aunque el ingeniero no lo supiera, los estaban guiando directamente por la ruta que Martín ya conocía, hacia el epicentro de la anomalía energética... y hacia la entrada marcada del Sector 7B. La convergencia de la misión "oficial" de Thorian y su propia búsqueda secreta era inquietante. ?Era una coincidencia? ?O estaban la anomalía energética y la cámara sellada intrínsecamente conectadas?
Finalmente, tras descender por una rampa natural particularmente empinada y resbaladiza, llegaron a un túnel más ancho que terminaba abruptamente ante una visión que los detuvo en seco.
No era una puerta de metal ni una simple barricada de rocas. Lo que sellaba el acceso al Sector 7B era una barrera rúnica masiva, una obra de hechicería enana de una potencia y antigüedad que Martín no había visto antes.
La barrera no era física, sino energética, aunque tenía una presencia casi tangible. Se manifestaba como un muro de luz trémula, de un color azul profundo y helado, que se extendía de pared a pared y de suelo a techo, bloqueando completamente el túnel. Incrustadas en la roca a ambos lados del túnel, y formando un arco sobre él, había enormes runas Khazalid talladas con una profundidad y precisión impresionantes. Estas runas no eran las funcionales y casi industriales del Magitek de Thorian; eran símbolos arcanos, complejos, que pulsaban con la misma luz azulada y fría de la barrera, emitiendo un zumbido bajo y constante que vibraba en el aire y en los huesos.
Martín activó de inmediato su visión del código, usando el disco para enfocar. Lo que vio fue asombroso. El "código" de la barrera era una red increíblemente densa y compleja de líneas azules entrelazadas, formando múltiples capas de lo que parecían ser escudos energéticos superpuestos. Las runas talladas actuaban como "anclas" o "fuentes de poder", bombeando constantemente energía a la matriz defensiva. Vio funciones de
detectar_intruso, repeler_energia_hostil, reforzar_barrera(nivel_amenaza), e incluso lo que parecían ser subrutinas de alerta_remota(Guardia_Ciudadela). Era un sistema de seguridad mágico de una sofisticación muy superior a cualquier cosa que hubiera encontrado hasta ahora. Y detrás de esa barrera impenetrable, podía percibir, aunque de forma distorsionada y amortiguada por el sello, la firma energética oscura y anómala que Thorian había estado rastreando.
// Analizando Barrera Rúnica Sector 7B... ?Complejidad Extrema!
// Múltiples capas energéticas (azul intenso). Runas maestras como anclas.
// Funciones detectadas:
// - detectar_intruso(firma_energetica, presencia_fisica) -> Boolean
// - repeler_energia_hostil(tipo_energia, intensidad) -> Void
// - reforzar_barrera(delta_energia) -> Void // ?Se auto-refuerza?
// - alerta_remota(destino: GUARDIA_CIUDADELA, nivel: CRITICO) -> Void
// - verificar_integridad_sello() -> Status // ?Comprobación periódica?
//
// Energía oscura detectada DETRáS de la barrera. Atenuada pero... pulsante.
// La firma coincide con la del espíritu y las lecturas de la Astracita.
// Barrera parece dise?ada para CONTENER algo... no solo para bloquear el paso.
// ?Precaución Extrema! Intentar manipular esto podría ser catastrófico.
Thorian se acercó a la barrera, sus ojos eléctricos brillando con una mezcla de asombro y frustración profesional. Sacó varios de sus sensores más avanzados y comenzó a escanear la barrera rúnica, murmurando para sí mismo.
—"?Magnífico trabajo de sellado! ?La matriz de contención es de la Tercera Edad, por lo menos! ?Basada en principios de resonancia armónica negativa! ?Pero... la energía que intenta contener...! ?Es anómala! ?No es una simple fuga de maná ni actividad geotérmica! ?Es... coherente! ?Tiene una estructura!"—. Su excitación crecía a medida que sus instrumentos confirmaban lo que Martín ya veía. —"?La perturbación, el temblor... emana de detrás de este sello!"—.
Althaea se mantuvo a una distancia prudente de la barrera, observándola con desconfianza instintiva. Podía sentir el poder contenido, la antigüedad del lugar, y una frialdad antinatural que le erizaba el pelaje invisible bajo su armadura de cuero. Sus ojos ámbar recorrían las sombras de los túneles circundantes, consciente de que un lugar tan obviamente prohibido y poderoso podría tener guardianes inesperados, o atraer a criaturas indeseadas.
Sobre el arco rúnico principal, grabadas en la roca con una advertencia clara, había más runas Khazalid. Martín, que había progresado un poco en el reconocimiento de runas básicas con la ayuda indirecta de Thorian y sus propios estudios, pudo descifrar algunas palabras clave: PELIGRO... SECTOR 7B... SELLADO... ORDEN DEL CONSEJO... NO ENTRAR... CORRUPCIóN... SOMBRA...
La advertencia era inequívoca. Estaban frente al umbral prohibido, la entrada a la zona cero del misterio que los había llevado a las profundidades de Karak Dhur. La barrera rúnica era formidable, la energía detrás de ella era oscura y activa, y las advertencias talladas en piedra hablaban de corrupción y sombras. Habían encontrado la entrada, pero ahora se enfrentaban a un obstáculo mucho mayor: ?cómo cruzarlo? ?Y qué les esperaba al otro lado?
Mientras Thorian continuaba escaneando febrilmente la barrera rúnica, murmurando sobre matrices de contención y flujos de energía anómala, Martín se concentró en lo que podía percibir más allá del sello azulado. Usando el disco para intentar filtrar las potentes emisiones de la propia barrera, enfocó su visión del código en la oscuridad del túnel sellado.
La firma energética oscura era innegable, un pulso lento y enfermizo que parecía latir en el corazón del Sector 7B. Era la misma energía corruptora que había sentido emanar de la Marca de la Sombra, la misma que había te?ido los recuerdos del espíritu vengativo, pero aquí se sentía... más concentrada, más antigua. No era una presencia activa y furiosa como la del espíritu, sino algo más pasivo, latente, como un veneno durmiente o una enfermedad arraigada en la propia piedra. Pudo distinguir fragmentos de código asociados a esa energía: funciones de
corromper_entorno(), drenar_energia_vital() y, lo más inquietante, susurro_mental(influencia_baja).
?Susurro mental?, pensó Martín, sintiendo un escalofrío. Recordó las palabras de Grom el Manco sobre los mineros que volvían cambiados, hablando de voces en sus cabezas. ?Es esta energía... capaz de influir en la mente?
Justo cuando estaba procesando esta alarmante posibilidad, ocurrió.
Primero fue un sonido, o más bien, la sensación de un sonido. No llegó a través de sus oídos, sino que pareció nacer directamente en el fondo de su cráneo. Un susurro. Débil, casi imperceptible al principio, como el roce de arena fina contra el cristal. Pero persistente. No eran palabras claras, sino una cacofonía de murmullos superpuestos, fragmentos de pensamientos ajenos, ecos de miedo, codicia y desesperación. Sentimientos oscuros y pegajosos que intentaban filtrarse en su conciencia.
—"?Oyen eso?"—, susurró Martín, girándose hacia sus compa?eros, su mano yendo instintivamente al disco, que ahora vibraba con una frecuencia baja y desagradable.
Althaea asintió lentamente, sus ojos ámbar muy abiertos, su cuerpo tenso como la cuerda de un arco. —"Sí"—, murmuró ella, sus agudos oídos captando algo que él solo sentía. —"Un... murmullo. Como... muchas voces hablando a la vez. Viene... de detrás del sello"—. Su mano apretó con fuerza la lanza.
Thorian, sin embargo, pareció no oír nada. Estaba completamente absorto en sus lecturas. —"?Fascinante! ?La barrera está fluctuando ligeramente! ?Hay una interacción energética definida entre el sello y la fuente de la anomalía! ?Como si estuvieran... resonando!"—.
Pero entonces, el susurro se intensificó, volviéndose más claro, más insidioso. Comenzó a tomar la forma de palabras tentadoras, promesas susurradas directamente en la mente de Martín.
Libéranos...
Poder... te espera...
La llave... tú la tienes... (?Se refería al disco?)
únete a la sombra...
Martín sacudió la cabeza, intentando bloquear las voces, sintiendo una náusea creciente. El disco en su mano vibró con más fuerza, su superficie mostrando ahora no solo el código azul de la barrera, sino también líneas de un código negro y retorcido que parecían filtrarse a través de ella, interactuando con el propio disco.
Y no eran los únicos afectados. Althaea gru?ó en voz baja, llevándose una mano a la sien, su expresión contraída por el dolor o la confusión. Incluso Thorian pareció distraerse por un momento, frunciendo el ce?o y mirando a su alrededor como si buscara la fuente de un ruido molesto.
Fue Althaea, con sus instintos primarios, quien detectó el otro peligro. Sus ojos se desviaron bruscamente del sello rúnico hacia la oscuridad del túnel por el que habían venido.
—"?Martín! ?Thorian! ?Detrás!"—, gritó, poniéndose en posición de combate.
Martín se giró, su mente aún luchando contra los susurros invasivos. De la oscuridad del túnel, de los recovecos y las sombras que antes parecían vacías, comenzaron a emerger figuras. No eran enanos. Eran... sombras. Sombras Vivientes. Siluetas oscuras, apenas corpóreas, con ojos que brillaban con una luz pálida y hambrienta. Se deslizaban por el suelo y las paredes, convergiendo hacia ellos silenciosamente, atraídas quizás por la perturbación energética, por la presencia de intrusos, o por el mismo susurro que emanaba del sector sellado.
No eran muchas, quizás media docena, pero su aparición silenciosa y su naturaleza etérea las hacían increíblemente amenazantes en la penumbra de los túneles.
Thorian soltó una maldición en Khazalid, finalmente arrancado de su fascinación científica por el peligro inmediato. Activó su proyector de campo de fuerza personal con un siseo de energía.
Martín levantó el disco, no sabiendo si podría usarlo como arma o defensa contra aquellas criaturas, su mente aún resonando con los susurros y la visión del código corruptor detrás del sello.
Estaban atrapados. Frente a ellos, una barrera rúnica ancestral que contenía una energía oscura y corruptora que susurraba directamente a sus mentes. Y detrás de ellos, deslizándose desde la oscuridad de los túneles olvidados, las Sombras Vivientes avanzaban para reclamarlos. La sombra bajo la monta?a no solo estaba despertando; estaba extendiendo sus zarcillos.

