home

search

Capítulo 73 - Herramientas Contra el Eco

  El regreso a la conciencia fue menos un despertar y más un emerger lento y doloroso desde profundidades heladas. Martín parpadeó, la luz constante de las lámparas Magitek del taller de Thorian —una luz que antes apenas registraba— ahora le taladraba los ojos, provocando una punzada sorda detrás de ellos. Intentó enfocar, pero el mundo parecía cubierto por una fina capa de estática visual, como si la propia realidad estuviera mal sintonizada. El zumbido familiar de los estabilizadores de energía y la maquinaria lejana, antes un ruido blanco reconfortante, ahora resonaba directamente en su cráneo, una tormenta cerebral de frecuencias discordantes que le crispaba los nervios.

  Se movió con cautela sobre el catre improvisado, cada músculo protestando con una fatiga que se sentía grabada en sus huesos. El frío persistía, un frío interno, húmedo, que ninguna manta parecía poder disipar. Althaea estaba allí, arrodillada a su lado, reemplazando el pa?o húmedo en su frente con una delicadeza que contrastaba con la fuerza habitual de sus manos callosas. Lo tocó apenas, como si temiera que pudiera romperse al menor contacto, sus ojos ámbar escrutándolo con una intensidad silenciosa, buscando algo más allá de la palidez y el temblor visible.

  —"?Agua?"—, murmuró ella, su voz baja, apenas un susurro para no a?adir más ruido al ya doloroso ambiente de Martín.

  él asintió débilmente, y ella le acercó el odre con cuidado, sosteniéndolo mientras él bebía unos sorbos lentos. El agua estaba fresca, pero no logró apagar la sensación de escarcha interna.

  —"?Cómo...?"—, empezó a preguntar él, pero las palabras se atascaron. ?Cómo empezar a describir la pesadilla lúcida, la violación mental, la sensación de que su propia identidad había sido sondeada y casi consumida? ?Y cómo preguntar por ella, por las cicatrices que sabía que el susurro también le había infligido a ella, sin reabrir heridas que ambos preferían, por ahora, dejar cerradas?

  Althaea pareció entender la pregunta no formulada. Apartó la mirada por un instante, sus hombros tensándose casi imperceptiblemente. —"Las cicatrices... se sienten"—, dijo simplemente, su voz neutra, pero sus nudillos se blanquearon donde apretaban el borde del catre. —"Pero estamos aquí. Eso es lo que importa ahora. Descansa, anai"—. La palabra de afecto sonó casi frágil en medio de la tensión no expresada. El elefante negro, viscoso y psiónico, seguía en la habitación, ignorado por un pacto tácito de silencio.

  Fue entonces cuando Thorian se acercó, abandonando por un momento su consola llena de datos caóticos. Su rostro barbudo mostraba las marcas de una noche sin dormir, pero sus ojos eléctricos brillaban con una mezcla de preocupación técnica y fascinación apenas contenida.

  —"Interferencia bio-energética residual significativa"—, diagnosticó, pasando un peque?o sensor manual sobre Martín, que emitió un pitido bajo y quejumbroso. —"Tu firma vital sigue atenuada, y detecto... artefactos. Ecos de la frecuencia psiónica negativa a la que estuviste expuesto. Como una... resaca arcana"—. Le ofreció un peque?o vial de metal lleno de un líquido espeso y oscuro que olía vagamente a raíz quemada y metal caliente. —"Tónico reconstituyente estándar del Gremio. Sabrá a rayos, pero debería ayudar a estabilizar tu flujo energético"—.

  Martín lo bebió de un trago, haciendo una mueca ante el sabor terrible pero sintiendo un leve calor artificial extenderse por su pecho. Mientras lo hacía, intentó enfocar su visión de código en su propia mano, queriendo evaluar el da?o por sí mismo. Le costó un esfuerzo considerable, la estática visual dificultando la lectura. Finalmente, las líneas verdes de su código vital aparecieron, pero estaban tenues, parpadeantes, como una se?al débil. Y entonces lo vio.

  No era una herida abierta en el código, ni una simple atenuación. Era una tenue estela oscura, casi como un hilo de humo negro o una mancha de aceite iridiscente, adherida a su aura energética. No estaba quieta. Se movía. Lenta, casi imperceptiblemente, parecía navegar a través de las líneas verdes, no como parte de ellas, sino como algo ajeno, buscando, quizás, un punto de anclaje más profundo. No era una simple cicatriz. Era un parásito latente. Un fragmento del abismo que se había quedado pegado a él.

  Un escalofrío, mucho más profundo que el frío físico, lo recorrió. Apartó la mirada de su mano, respirando agitadamente, el conocimiento de esa marca interna a?adiendo una nueva y terrible dimensión a su vulnerabilidad. La sombra no solo lo había tocado; había dejado una parte de sí misma dentro.

  La revelación silenciosa de la marca oscura persistente en el código vital de Martín a?adió una urgencia sombría a la tarea que tenían entre manos. Ya no se trataba solo de protegerse contra futuras incursiones psiónicas, sino también de fortalecer las defensas internas contra una posible corrupción latente. La necesidad de un escudo mental más robusto se volvió primordial.

  Thorian, ahora plenamente consciente de la sofisticación del ataque psiónico, convocó de nuevo a sus reacios colaboradores. La Ingeniera Berylla Cuarzomartillo llegó con sus herramientas de precisión y su aire de eficiencia pragmática, mientras que el anciano Maestro R?nik Argus entró con la calma digna de quien ha visto imperios de piedra surgir y desmoronarse, su larga barba blanca ondeando suavemente con la corriente de aire del taller.

  Desplegaron sobre la mesa de dise?o los planos del amuleto que habían construido, junto con los nuevos datos de Thorian sobre la "frecuencia" y la "intención" detrás del susurro.

  —"El dise?o actual es... inadecuado"—, declaró Thorian sin rodeos, se?alando el diagrama del amuleto. —"Ofrece una filtración pasiva, sí, pero contra un ataque directo y dirigido como el que experimentó el umgi, es apenas un parche. Necesitamos algo... activo. Un campo de interferencia constante, integrado"—.

  —"La integración en yelmos o visores es técnicamente factible"—, concedió Berylla, examinando unos cálculos en su tablilla de datos. —"Podríamos usar micro-cristales de amatista como resonadores, alimentados por una célula de energía compacta y controlados por una matriz rúnica adaptativa. La clave es la eficiencia energética y la estabilidad del campo bajo estrés psiónico"—.

  Fue entonces cuando R?nik Argus intervino, su voz tranquila pero firme cortando la jerga técnica. —"Están tratando la mente como si fuera un circuito, Ingeniera. Una runa de Claridad Mental no es un interruptor que se enciende y apaga. Requiere la voluntad del portador, una conexión con la esencia. A?adirle demasiada maquinaria, demasiados cristales 'activos', corre el riesgo de ahogar esa conexión esencial, de crear una jaula en lugar de un escudo"—. Trazó suavemente la runa Gromril-Vald en el aire con un dedo nudoso. —"Una runa mal inscrita o forzada a operar contra su naturaleza puede invitar no a la claridad, sino a los ecos de la confusión eterna"—.

  Berylla soltó un resoplido impaciente, típico de la nueva generación de ingenieros Magitek. —"Con todo respeto, Maestro R?nik, los 'ecos de la confusión eterna' son precisamente lo que intentamos bloquear. Y una runa que no se adapta a la amenaza es una piedra pintada. Necesitamos herramientas funcionales, no reliquias que dependan de la 'voluntad' de un portador que podría estar bajo ataque directo y cuya voluntad podría ser lo primero en quebrarse"—. Le mostró una gráfica de datos a R?nik. —"Las lecturas del ataque al umgi muestran picos de energía psiónica que sobrepasarían cualquier defensa pasiva basada puramente en la voluntad"—.

  La tensión entre la vieja escuela rúnica y la nueva ingeniería Magitek era palpable. Martín se encontró, una vez más, atrapado en medio, viendo la validez en ambos argumentos. R?nik tenía razón en que la voluntad era importante, la conexión personal. Pero Berylla también la tenía: necesitaban una defensa activa y robusta. Y él, con su visión, podía ver los problemas que ambos enfoques, por separado, presentaban.

  —"Quizás... quizás ambos tengan razón"—, intervino Martín con cautela. Activó su visión, enfocándose en los diagramas rúnicos que R?nik y Berylla discutían. —"Maestro R?nik, veo que la Gromril-Vald que usted propone crea un campo estable, sí, pero es... permeable a la frecuencia específica del susurro. Es como un muro sólido con una peque?a grieta por donde se filtra el viento"—. Luego se giró hacia Berylla. —"Ingeniera, su matriz activa con los micro-cristales es potente, pero veo... bucles de retroalimentación. La energía de la amatista, al intentar generar la 'contrafrecuencia', está creando un eco armónico no deseado con la runa de sintonización (Thul-Dagaz). Bajo presión psiónica fuerte, podría volverse inestable, ?no debería hacer eso! Podría amplificar la confusión en lugar de cancelarla"—.

  R?nik y Berylla lo miraron, sorprendidos por la especificidad de su análisis. Thorian sonrió con suficiencia. —"?Ven? El umgi ve las grietas que nuestros instrumentos no detectan hasta que es demasiado tarde. Ahora, trabajemos juntos. R?nik, necesitamos la estabilidad y el anclaje de su runa ancestral. Berylla, necesitamos la potencia activa y la adaptabilidad de su matriz de cristales. Martín, tú eres el depurador. ?Cómo combinamos esto sin crear un desastre?"—

  La colaboración se reanudó, esta vez con una dinámica diferente. R?nik, aunque todavía escéptico respecto a la "maquinaria" excesiva, comenzó a sugerir modificaciones en la Gromril-Vald para hacerla más receptiva a la modulación externa, basándose en principios arcanos olvidados sobre resonancia espiritual. Berylla, reconociendo la validez de la advertencia de Martín sobre la retroalimentación, redise?ó el circuito de modulación, a?adiendo filtros rúnicos específicos (quizás con la ayuda de R?nik) para aislar la contrafrecuencia generada y evitar los ecos armónicos peligrosos. Martín actuaba como el "compilador" en tiempo real, visualizando el código resultante de cada combinación propuesta, se?alando conflictos, sugiriendo ajustes en los flujos de energía hasta que la estructura pareció estable, potente y, crucialmente, segura.

  Finalmente, llegaron a un dise?o híbrido: un fino revestimiento de malla de plata-mithril que se integraría en el interior de un yelmo o visor, grabado con la matriz rúnica combinada. La Gromril-Vald de R?nik proporcionaría el anclaje y la fuerza de voluntad fundamental, mientras que la matriz de Berylla, con los micro-cristales de amatista y turmalina, generaría activamente la interferencia contra la frecuencia específica del susurro detectada por Martín, todo ello alimentado por una célula de energía dedicada pero de bajo consumo.

  Las pruebas iniciales en un yelmo de práctica fueron prometedoras. El campo generado era estable, y Martín confirmó que bloqueaba eficazmente la frecuencia psiónica simulada por Thorian, mucho mejor que los amuletos. Todos sintieron una oleada de satisfacción cautelosa. Parecía sólido.

  Una vez sentadas las bases para una defensa mental mejorada, la atención del equipo técnico se volcó hacia el otro gran desafío: cómo estudiar la fuente de la amenaza sin exponerse directamente a su poder destructivo. La idea de Martín de un análisis remoto, utilizando sus habilidades como puente entre los sensores de Thorian y el código oscuro de la Astracita, se convirtió en el foco principal. El objetivo era construir una Interfaz Bio-Arcánica Remota.

  La teoría era audaz: Thorian y Berylla dise?arían sensores Magitek altamente sensibles, capaces de ser desplegados a distancia (quizás mediante peque?os autómatas exploradores o proyectándolos con campos de fuerza dirigidos) cerca del núcleo de Astracita en el Sector 7B. Estos sensores no intentarían medir la energía directamente —demasiado peligroso—, sino que registrarían las fluctuaciones sutiles en el tejido mismo de la realidad circundante: distorsiones espaciales, variaciones en el flujo temporal local, cambios en la coherencia del maná ambiental. Estos datos "indirectos" serían transmitidos de vuelta al taller a través de un enlace rúnico seguro y de alta fidelidad, dise?ado por R?nik Argus para resistir la interferencia negativa.

  Aquí entraba Martín. Su tarea sería interpretar esos datos indirectos a través de su visión de código. No leería el código de la Astracita directamente, sino que analizaría las perturbaciones que este causaba en el código de la realidad circundante. Era como intentar entender la forma de un objeto invisible observando las ondas que crea al moverse en el agua. El disco actuaría como el "traductor" final, convirtiendo esas perturbaciones de código en algo que los instrumentos de Thorian pudieran registrar y analizar numéricamente.

  La construcción del enlace de datos rúnico y los sensores remotos fue un desafío de ingeniería considerable, liderado por Thorian y Berylla. Utilizaron aleaciones especiales y cristales apantallados para proteger los delicados componentes de la energía negativa ambiental que sabían que encontrarían. R?nik aportó su conocimiento sobre runas de transmisión segura, creando secuencias que teóricamente serían inmunes a la corrupción o interceptación psiónica.

  Support creative writers by reading their stories on Royal Road, not stolen versions.

  Mientras ellos trabajaban en el hardware, Martín se concentraba en el software, o su equivalente. Pasaba horas meditando (con la guía ocasional y paciente de Althaea cuando el agotamiento mental lo superaba), sosteniendo el disco, intentando entender cómo podría actuar como un "módem" bio-arcánico, recibiendo las perturbaciones de código detectadas por los sensores remotos y traduciéndolas a una forma comprensible. Era un territorio completamente nuevo, incluso para su habilidad única.

  Finalmente, tuvieron un prototipo listo para una prueba preliminar y de bajo riesgo. No desplegarían sensores remotos todavía; simplemente intentarían establecer un enlace directo y filtrado entre el disco de Martín y el fragmento de Astracita contenido en su jaula de energía multicapa en el taller.

  —"El objetivo es simple"—, explicó Thorian, su voz tensa por la anticipación. —"Establecer un enlace de lectura pasiva. Queremos que el disco, a través de esta matriz de filtrado"— se?aló un complejo conjunto de cristales y runas conectado a la jaula de contención —"reciba la 'firma estática' del fragmento y la traduzca a datos que esta consola pueda interpretar. Sin aplicar energía externa. Sin provocar reacciones. Solo una lectura pasiva de su estado latente"—.

  Martín asintió, colocándose frente a la jaula de contención, el disco en su mano conectado por un fino cable rúnico a la matriz de filtrado. Althaea se situó detrás de él, tensa, su mano cerca de la linterna de luz pulsátil por si acaso. Berylla y R?nik observaban desde los controles del campo de contención, listos para reforzarlo o cortarlo al instante.

  —"Iniciando enlace pasivo"—, anunció Thorian.

  Martín cerró los ojos, extendiendo su percepción a través del disco y el filtro, hacia el fragmento contenido. Sintió la conexión establecerse, una línea tenue de código azul interactuando con el borde del campo negro y silencioso de la Astracita. Comenzó a "leer" la estática interna, los patrones latentes...

  Pero entonces, algo cambió. La conexión dejó de ser unidireccional. Sintió una respuesta. No un pulso violento ni un susurro, sino algo más sutil, más inteligente. Una contra-lectura. El código negro del fragmento pareció enfocarse en el tenue hilo de conexión azul que él había extendido, y una finísima línea de código oscuro comenzó a viajar de vuelta por el enlace, hacia el disco.

  —"?Thorian!"—, jadeó Martín, sintiendo una presión helada en el disco. —"?Está respondiendo! ?Está... enviando algo de vuelta!"—.

  Las alarmas en la consola de Thorian parpadearon. —"?Detecto una emisión de datos no iniciada desde el fragmento! ?Frecuencia desconocida! ?Intentando penetrar la matriz de filtrado!"—.

  Justo antes de que Thorian pudiera cortar el enlace, Martín sintió una sacudida final a través del disco, seguida por un silencio abrupto. La conexión se cortó sola. Retiró la mano del disco como si quemara, su corazón latiendo desbocado.

  Thorian corrió hacia la consola, analizando las lecturas. —"El enlace se cortó. La emisión cesó. ?Estás bien, umgi?"—.

  Martín asintió, aunque temblaba ligeramente. Miró el disco en su mano. Parecía normal, pero cuando activó su visión de código sobre él... se quedó helado. Allí, entrelazada con el código propio del artefacto, había una nueva línea. Corta, compleja, de un negro iridiscente que parecía absorber la luz de su propia visión. Un patrón que no reconoció, que no estaba allí antes del intento de lectura.

  —"No... no estoy seguro"—, murmuró Martín, mostrándole el disco a Thorian. —"Mire esto. En el código del disco. Esto... esto es nuevo. Apareció después de que cortamos el enlace"—.

  Thorian acercó un escáner de alta resolución. Sus ojos se abrieron de par en par al ver las lecturas. —"Imposible... Es una secuencia de código no nativa. Parece... una instrucción. O una firma. Como si..."— Se quedó sin palabras por un momento, procesando la implicación.

  —"Como si nos estuviera midiendo"—, completó Martín, la voz apenas un susurro.

  Thorian lo miró, el horror lógico reflejado en sus ojos eléctricos. —"Peor, umgi. No solo nos mide. Nos escribe. Dejó su marca en tu herramienta. Como si dijera: 'Te vi. Sé quién eres. Y ahora, una parte de mí está contigo'"—.

  Un silencio sepulcral cayó sobre el taller. La Astracita no era solo una fuente de poder oscuro; era una inteligencia paciente, observadora y capaz de interactuar con su tecnología, con su código, de formas que apenas comenzaban a comprender. El eco que observaba... también podía escribir. Y eso cambiaba las reglas del juego por completo.

  Lo sé, esa realización de que la piedra no solo reacciona, sino que observa e incluso modifica activamente, es profundamente inquietante. Juega con la paranoia y la sensación de que el enemigo es mucho más inteligente y omnipresente de lo que pensaban.

  El descubrimiento de la línea de código inyectada en el disco de Martín dejó una atmósfera de paranoia y urgencia en el taller. La Astracita no era un fenómeno pasivo; era un actor inteligente, capaz de interactuar y posiblemente manipular sus propias herramientas. La necesidad de entender su estructura interna se volvió aún más crítica, pero también infinitamente más peligrosa.

  Pasaron un ciclo completo revisando y reforzando los filtros psiónicos y energéticos de la interfaz remota. R?nik Argus aportó antiguas runas de protección contra "intrusiones de esencia", mientras Berylla dise?aba "cortafuegos" energéticos más robustos para el enlace de datos rúnico, tratando de crear una conexión estrictamente unidireccional. Martín, por su parte, trabajó con Thorian para intentar aislar y analizar la línea de código intruso en su disco, pero era esquiva, cambiando sutilmente cada vez que intentaban enfocarla, como un parásito inteligente que se negaba a ser examinado. La única certeza era que estaba allí, una presencia ajena dentro de su herramienta más personal.

  Finalmente, con las defensas de la interfaz reforzadas hasta el límite de su tecnología actual, se prepararon para un segundo intento de lectura remota. Esta vez, la precaución era extrema. Thorian monitorizaría cada fluctuación energética. Berylla estaría lista para cortar la conexión al instante. R?nik mantendría activas runas de purificación ambiental. Althaea, con la linterna de luz pulsátil en mano y su amuleto vibrando suavemente, vigilaría a Martín, atenta a cualquier signo de influencia o deterioro.

  —"Enlace pasivo, lectura espectral del código interno, nada más"—, instruyó Thorian, su voz tensa. —"No intentes interactuar, Martín. Solo observa y describe. A la menor se?al de contra-lectura o intrusión, cortamos"—.

  Martín asintió, el recuerdo del código extra?o en su disco erizándole la piel. Respiró hondo, tratando de encontrar la calma que Althaea le había ense?ado, y extendió de nuevo su percepción a través de la interfaz reforzada hacia el fragmento de Astracita contenido.

  Esta vez, la conexión se sintió... diferente. Más limpia, gracias a los filtros mejorados, pero también sintió una resistencia más definida por parte de la piedra, como si ahora supiera que estaba siendo observada y hubiera levantado sus propias defensas sutiles. La estática oscura de fondo seguía allí, pero Martín se obligó a mirar a través de ella, a buscar la estructura subyacente que había vislumbrado antes.

  Y entonces, comenzó a verlo. No era el caos puro que había esperado. Dentro de la negrura arremolinada, ocultos bajo la estática superficial, había patrones. Complejos, recurrentes, casi matemáticos en su precisión. Eran secuencias de código negro que se repetían en ciclos intrincados, interactuando entre sí de maneras que sugerían no corrupción aleatoria, sino un dise?o deliberado, una lógica oscura pero coherente. Era como observar los engranajes internos de un reloj cósmico y retorcido.

  —"Hay... estructura"—, murmuró Martín, su voz llena de asombro y una creciente inquietud. —"No es solo caos. Hay... patrones que se repiten. Secuencias complejas"—.

  —"?Patrones?"—, repitió Thorian, inclinándose sobre su consola. —?"Puedes describirlos? ?Coinciden con alguna forma conocida de codificación rúnica o elemental?"—.

  —"No... no se parecen a nada que haya visto"—, respondió Martín, esforzándose por mantener la concentración. —"Es... diferente. Más abstracto. Pero es... ordenado. A su manera retorcida"—.

  Y entonces, percibió el ritmo. Oculto bajo los patrones complejos, había una pulsación subyacente. No era el pulso errático y violento que habían sentido antes, sino algo mucho más sutil, más constante. Un ritmo lento, regular, que impregnaba toda la estructura del código negro. Intentó analizarlo, descomponerlo, buscando su origen. No parecía una función biológica, no era un latido. Era... una modulación.

  —"Hay un... ritmo"—, dijo Martín lentamente. —"Una pulsación constante en todo el código. Es... muy regular. Casi... matemática"—. Se esforzó por encontrar las palabras técnicas que Thorian entendería. —"Como una... modulación subarmónica de fase constante"—.

  La frase hizo que Thorian levantara la cabeza bruscamente de su consola, sus ojos eléctricos muy abiertos. —?"Modulación subarmónica de fase constante?"—, repitió, tecleando frenéticamente en su teclado rúnico, accediendo a una base de datos diferente. —"?Imposible! ?Ese tipo de patrón energético solo se ha registrado en..."— Se detuvo, su rostro palideciendo visiblemente mientras los resultados aparecían en la pantalla holográfica.

  Mostró el resultado a Martín. Era una gráfica compleja, una serie de picos y valles registrados por sensores sísmicos ultra-sensibles desplegados en las profundidades más remotas de Karak Dhur, mucho antes de que existiera el taller de Thorian. Mostraba un patrón casi imperceptible de micro-pulsaciones telúricas, vibraciones rítmicas en la propia roca de la monta?a, consideradas durante mucho tiempo como parte del "ruido de fondo" geológico normal.

  Y el ritmo... el ritmo de esas pulsaciones telúricas ancestrales... coincidía perfectamente con la modulación subarmónica que Martín estaba percibiendo en el corazón del código de la Astracita.

  La implicación heló la sangre de todos en la sala.

  —"Está... sincronizada"—, susurró Martín, sintiendo una oleada de vértigo. —"La piedra... está vibrando al mismo ritmo que la monta?a"—.

  Thorian asintió lentamente, su rostro una máscara de horror científico. —"No solo vibrando, umgi. Está acoplada. Ha estado aquí tanto tiempo, irradiando su influencia tan sutilmente, que ha logrado... sincronizarse con el latido fundamental de Karak Dhur. O quizás"—, su voz bajó aún más, —"quizás siempre fue así. Quizás no está atrapada en la monta?a. Quizás está empezando a ser la monta?a"—.

  La Astracita no era solo una infección localizada en el Sector 7B. Era un parásito cósmico que se había arraigado en el corazón mismo de su mundo, latiendo silenciosamente al unísono con la piedra, esperando. Y ellos acababan de descubrir su pulso secreto. La oscuridad no estaba solo contenida; estaba integrada.

  Mientras la revelación del ritmo acoplado de la Astracita dejaba una atmósfera de opresivo silencio en el taller principal, la vida (o su versión subterránea) continuaba en los niveles superiores de Karak Dhur, ajena a la creciente comprensión de la amenaza que latía en sus profundidades. Los ciclos de trabajo cambiaban, las forjas rugían, los mercaderes pregonaban sus mercancías en los mercados del nivel cuatro. La normalidad, para la mayoría, persistía. Pero bajo esa superficie de orden industrioso, peque?as anomalías comenzaban a manifestarse, como las primeras grietas en un glaciar antes del colapso.

  Kargan, el joven guardia cuya vida había quedado entrelazada con la de Martín, realizaba su ronda de patrulla asignada en un nivel inferior, cerca de la zona ahora designada como "perímetro de contención ampliado" alrededor del Sector 7B. Era un túnel de servicio secundario, raramente transitado, frío y húmedo. Mientras caminaba, la luz de su lámpara de casco barrió una sección de la pared de roca que siempre había estado marcada por una red de finas fisuras naturales. Pero esta vez, algo era diferente. Una de las fisuras, delgada como un cabello, parecía... nueva. Y de ella emanaba un frío antinatural, más intenso que la humedad habitual del túnel, un frío que le recordó instantáneamente la sensación de la sombra aferrándose a él. Acercó una mano enguantada y sintió la piedra helada, mucho más fría que la roca circundante. No era una simple corriente de aire. Era el frío del vacío. Anotó la ubicación en su tablilla de datos, una inquietud reptando por su espalda. Quizás no era nada. O quizás...

  En otro lugar, en uno de los laboratorios auxiliares del Gremio de Ingenieros donde Berylla Cuarzomartillo supervisaba la fabricación de componentes para las nuevas defensas, un joven aprendiz transportaba una caja con delicados calibradores rúnicos. Tropezó con un cable suelto y la caja cayó al suelo con estrépito. Varios calibradores rodaron por el suelo polvoriento. Uno de ellos, una peque?a llave rúnica de aleación de bronce que el aprendiz valoraba especialmente porque la había heredado de su abuelo, rodó hasta detenerse cerca de una pila de contenedores de estasis recién llegados, algunos de los cuales habían estado brevemente cerca de la zona donde Thorian guardaba la caja de plomo con el fragmento de Astracita.

  El aprendiz recogió las herramientas con una maldición, esperando encontrar la llave rúnica abollada o, peor aún, descalibrada. Pero lo que encontró lo dejó perplejo. La llave estaba... perfecta. Demasiado perfecta. El bronce brillaba como si acabara de salir de la forja. No había rastro del polvo del suelo, ni de las peque?as muescas y ara?azos que acumulaba con el uso diario. Incluso la peque?a marca personal que le había hecho cerca de la empu?adura había desaparecido. Y al intentar usarla en un panel de prueba cercano, descubrió que estaba completamente inerte, desmagnetizada, como si su esencia rúnica hubiera sido borrada, reseteada a un estado de metal virgen.

  —"Maestra Berylla"—, llamó el aprendiz, su voz te?ida de confusión. —"Mire esto. Se me cayó la llave... pero ahora... parece nueva. Completamente limpia. Y no funciona"—.

  Berylla se acercó, examinó la llave con el ce?o fruncido, pasó un sensor sobre ella. —"Extra?o"—, murmuró. —"Completamente inerte. Sin firma rúnica residual. ?Estás seguro de que es la tuya?"—

  —"?Sí! ?Es la que perdí hace dos semanas y encontré ayer!"—, insistió el aprendiz, cada vez más perturbado. —"Tenía mis marcas... ahora no tiene nada. Es como si... nunca hubiera sido usada"—.

  Berylla lo descartó con un gesto impaciente, atribuyéndolo a alguna fluctuación de los campos de estasis cercanos o a la torpeza del aprendiz. —"Probablemente la da?aste al caer. Consigue otra. Y ten más cuidado"—. Pero mientras el aprendiz se alejaba, confundido y sosteniendo la llave inerte, una peque?a sombra de duda cruzó la mente lógica de la ingeniera. ?Reseteada? La palabra resonó de forma incómoda.

  Estos incidentes —una grieta que exhala frío, una herramienta reseteada a un estado prístino y muerto— eran peque?os, aislados, fáciles de descartar como anomalías sin importancia en la vasta y compleja maquinaria de Karak Dhur. Pero se?ales ominosas, susurros silenciosos de la piedra que indicaban que la influencia de la Astracita, la sombra bajo la monta?a, no estaba completamente contenida. Estaba filtrándose, interactuando con el mundo de formas sutiles pero profundamente perturbadoras, como un virus que comienza a reescribir el código fundamental de su huésped sin que este se dé cuenta... todavía. La calma era enga?osa, y las grietas comenzaban a mostrarse.

Recommended Popular Novels