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Capítulo 72 - Pergaminos y Resacas

  Las monumentales puertas de bronce se cerraron tras ellos con un eco grave y definitivo, sellando la Cámara del Consejo y la tensión casi insoportable que había vibrado en su interior. Emergieron al corredor principal no con la euforia de una victoria, sino con el entumecimiento que sigue a un peligro mortal apenas esquivado. La escolta de Grimbold los rodeó de inmediato, un círculo de acero y disciplina enana, pero la dinámica había mutado. Ya no eran simplemente prisioneros bajo sospecha; eran el epicentro de una crisis, portadores de un conocimiento prohibido y, para bien o para mal, piezas clave en el incierto futuro de Karak Dhur.

  Martín se sentía vaciado, hueco. La furia justa que lo había impulsado a desafiar al Consejo, la adrenalina que lo había sostenido durante la peligrosa demostración con la Astracita, se habían disipado por completo, dejando solo una debilidad ósea y un frío que el amuleto en su pecho apenas lograba mantener a raya. Cada paso sobre la piedra pulida del corredor era un esfuerzo consciente. Se apoyó en Althaea, agradecido por la solidez silenciosa de su presencia, sintiendo las miradas de los guardias enanos clavadas en su espalda. No eran miradas de simple curiosidad o desprecio ahora; había algo más, una mezcla de temor supersticioso, respeto a rega?adientes y una profunda incertidumbre. Este umgi, este forastero, había hecho lo impensable: había traído la Sombra misma a su cámara más sagrada, la había hecho sentir, y de alguna manera, seguía en pie.

  Althaea sentía la tensión como una cuerda de arco tensada al límite. Cada enano que se cruzaban en el corredor parecía observarlos, susurrar a sus espaldas. Su instinto le gritaba que estuviera alerta, que protegiera a Martín de cualquier posible hostilidad residual, de cualquier fanático que pudiera verlos como una profanación. Su mano nunca se alejó del hombro de él, un contacto constante que era tanto un apoyo físico como una advertencia silenciosa a cualquiera que se acercara demasiado. La victoria ante el Consejo era frágil, lo sabía. La desconfianza enana era tan profunda y antigua como la propia monta?a.

  Thorian, en cambio, parecía casi flotar en una nube de satisfacción científica contenida. Había logrado lo imposible: había conseguido acceso a archivos y materiales prohibidos, había validado (indirectamente) sus teorías sobre la anomalía, y todo gracias a la intervención temeraria del humano. Su mente ya estaba trazando planos, dise?ando experimentos, anticipando los descubrimientos que le aguardaban. El riesgo corrido en la cámara, el peligro mortal que habían rozado, ya era relegado a la categoría de "datos empíricos interesantes". Aun así, incluso él caminaba con una rigidez inusual, consciente de las miradas y de la gravedad de la situación que él mismo, en parte, había contribuido a desatar.

  Llegaron finalmente al taller. La puerta, antes un simple acceso, ahora se sentía como la entrada a una celda vigilada. Grimbold hizo una se?al concisa. Dos guardias tomaron posiciones a cada lado, reemplazando a los anteriores. Su postura era impecable, sus rostros inexpresivos, pero sus ojos seguían cada movimiento del trío al entrar. Grimbold se detuvo en el umbral, justo cuando Martín iba a cruzarlo.

  El sargento veterano se quedó mirándolo fijamente. Sus ojos, duros y grises como el granito pulido por el tiempo y las batallas, recorrieron al humano de arriba abajo. No había calidez en esa mirada, ni la hostilidad abierta de antes. Era una evaluación profunda, compleja. Martín le sostuvo la mirada, demasiado agotado para sentir miedo, solo una inmensa fatiga.

  Durante un largo segundo, ninguno dijo nada. El único sonido era el lejano rumor de la ciudad y la respiración contenida de los presentes. Entonces, Grimbold asintió, un movimiento casi imperceptible de su cabeza bajo el yelmo.

  —"Cuídate, umgi"—, dijo finalmente, su voz un gru?ido bajo, casi un murmullo. —"Parece que la monta?a aún no ha terminado contigo"—.

  No era una amenaza ni una bendición. Era una constatación. Un reconocimiento seco, casi a rega?adientes, de la extra?a conexión de Martín con los eventos que sacudían Karak Dhur, y quizás, un eco silencioso de la deuda pendiente entre ellos. Sin más, Grimbold se dio la vuelta y se marchó, dejando a sus hombres en guardia y al trío principal con la inquietante sensación de haber cruzado un nuevo umbral, no solo físico, sino también en la compleja red de alianzas y sospechas bajo la monta?a. El eco de su interacción silenciosa resonó en la piedra mientras la puerta del taller se cerraba tras ellos.

  El sonido de la puerta del taller cerrándose fue como el bajar de un telón tras una obra agotadora y peligrosa. Por un instante, los tres se quedaron inmóviles en medio del caos familiar de maquinaria, herramientas y diagramas holográficos, simplemente respirando, asimilando el hecho de que habían salido de la Cámara del Consejo relativamente indemnes, o al menos, sin grilletes.

  El primero en romper la quietud fue Martín. La tensión acumulada, la adrenalina de la confrontación y el esfuerzo de la autocuración finalmente lo vencieron. Sus piernas cedieron y se dejó caer pesadamente sobre el taburete más cercano, pasándose una mano temblorosa por la cara.

  —"Dios..."—, murmuró, la palabra un simple suspiro de agotamiento. —"Pensé que... pensé que Grimbold nos arrestaría allí mismo"—.

  Althaea se acercó, colocando una mano firme pero tranquilizadora en su hombro. —"Estuviste cerca"—, admitió ella, su voz aún tensa. —"Fue... imprudente. Pero necesario, quizás"—.

  Thorian soltó una carcajada repentina, un sonido áspero y metálico que pareció sorprenderse a sí mismo. —"?Imprudente? ?Fue una locura suicida, shatra! ?Llevar un fragmento de Astracita a la Cámara del Consejo! ?Amenazarlos veladamente! ?Nunca había visto nada igual!"—. Se acercó a Martín, una expresión de incredulidad divertida en su rostro barbudo. —"Tienes la peor suerte del universo por haber caído en este mundo, umgi, pero hay que reconocer que la fortuna parece disfrutar jugando contigo. Salir de esa cámara con permiso para investigar en lugar de una sentencia de exilio a las minas más profundas... eso no es habilidad, ?eso es una tirada de dados cósmica a tu favor!"—.

  Martín levantó la vista, una sonrisa cansada y torcida apareciendo en sus labios. —"Suerte..."—, repitió con ironía. —"Creo que desde que llegué aquí, Maestro Thorian, todo ha sido una mezcla extra?a de mala suerte y buena suerte inexplicables. Caer en un bosque hostil y ser encontrado por gente buena. Ser atacado por sombras y sobrevivir. Enfrentar a un Consejo enojado y salir con... bueno, con esto"—. Hizo un gesto abarcando el taller, su situación actual. —"Supongo que tendré que acostumbrarme a vivir en el filo"—.

  Thorian lo observó por un momento, luego asintió lentamente, su expresión volviéndose extra?amente seria. —"Quizás tengas razón, muchacho. Quizás la suerte favorece a los audaces... o a los completamente locos"—. Miró alrededor del taller, luego a Althaea, luego de nuevo a Martín. Una idea pareció formarse en su mente.

  Con un gru?ido de decisión, se dirigió a un armario metálico cerrado con runas de seguridad. Manipuló las runas con una secuencia compleja y la puerta se abrió con un silbido de aire presurizado, revelando no componentes Magitek, sino varias jarras de cerámica robusta y un peque?o barril de madera oscura.

  —"Situaciones excepcionales"—, declaró Thorian, sacando tres jarras y el barril con un cuidado casi reverencial, —"requieren medidas excepcionales. Y una victoria pírrica como la de hoy"—, a?adió, colocando las jarras sobre la mesa, —"merece, al menos, un reconocimiento adecuado. Tradición enana"—. Comenzó a llenar las jarras con un líquido oscuro y espumoso que emanaba un fuerte olor a malta tostada y algo vagamente parecido a... ?roca molida? —"La mejor cerveza negra de la Cervecería Barbaférrea. Reserva especial del Maestro Ingeniero"—.

  Le ofreció una jarra a Martín y otra a Althaea. Althaea la aceptó con una inclinación de cabeza, olfateándola con curiosidad cautelosa. Martín la tomó con ambas manos, sintiendo el frescor de la cerámica y el peso inesperado.

  Thorian levantó su propia jarra. —"Por sobrevivir a la burocracia, a la oscuridad y a la estupidez general"—, brindó con una sonrisa torcida. —"Por los datos que vamos a obtener. Y por la improbable alianza de un ingeniero loco, una guerrera del bosque y un umgi con ojos de código y demasiada suerte"—.

  Chocaron las jarras, el sonido resonando brevemente en el taller. Martín dio un sorbo. La cerveza era fuerte, amarga, con un regusto terroso y sorprendentemente reconfortante. Sintió cómo el líquido robusto comenzaba a disipar parte del frío interno, a relajar la tensión acumulada en sus hombros. Althaea bebió con más cautela, pero asintió con aprobación silenciosa.

  Bebieron en un silencio compa?ero por unos momentos, el simple acto de compartir una bebida marcando una transición. La confrontación había terminado. El alivio, aunque te?ido de tensión por lo que vendría, era real. Habían ganado un respiro, una oportunidad.

  Finalmente, Thorian dejó su jarra sobre la mesa con un golpe decidido. —"Bien. Suficiente celebración. El Consejo nos ha dado cuerda, pero es corta y probablemente esté llena de nudos"—. Su mirada se volvió seria de nuevo. —"Tenemos acceso. Tenemos materiales (o los tendremos pronto). Y tenemos un enemigo que no descansa"—. Miró a Martín, luego a Althaea. —"Es hora de volver al trabajo. Es hora de desenterrar los secretos de la Tercera Edad, de entender la piedra negra... y de prepararnos para lo que sea que tengamos que hacer a continuación"—.

  El brindis con la potente cerveza negra de Thorian marcó un cambio palpable en la atmósfera del taller. La tensión inmediata de la confrontación con el Consejo se había disipado, reemplazada por la energía enfocada de una misión aceptada, aunque peligrosa. A pesar de su agotamiento, Martín sintió una renovada sensación de propósito. Habían conseguido lo que necesitaban: tiempo y acceso. Ahora dependía de ellos usarlo sabiamente.

  Thorian no perdió el tiempo. Aún con el regusto amargo de la cerveza en la boca, se dirigió a su consola principal, activando los protocolos de comunicación rúnica segura con los archivos del Gremio de Ingenieros y el Archivo de Cronistas. Introdujo los códigos de autorización recién concedidos (probablemente a rega?adientes) por orden del Consejo. Hubo un momento de tensión mientras el sistema verificaba las credenciales. Martín contuvo la respiración, medio esperando otro rechazo o un mensaje críptico.

  Pero entonces, una serie de luces verdes parpadearon en la consola, y en la pantalla holográfica principal comenzaron a aparecer listas de archivos, diagramas y referencias que antes estaban marcadas como "Acceso Restringido - Nivel Alfa".

  —"?Ajá!"—, exclamó Thorian con una sonrisa de triunfo genuino, frotándose las manos con anticipación. —"Parece que la 'emergencia de nivel crítico' y la perspectiva de una demostración con Astracita en sus propias cámaras finalmente lubricaron los engranajes de la burocracia. ?Miren esto!"—.

  Proyectó varios títulos en el aire para que Martín y Althaea pudieran verlos:

  


      
  • [Archivo Técnico Ing-77B-Sellado] Protocolos de Contención Rúnica - Tercera Edad - Aplicaciones en Zonas Geológicamente Inestables (Clasificado)


  •   
  • [Archivo Cronista-KHZ-3491] Crónicas del Ocaso: Cultos Menores y Herejías durante el Reinado de Thorgar I (Acceso Supervisado)


  •   
  • [Archivo Alquímico-MAT-004X] Tratado sobre Metales Anómalos y Resonancia Entrópica (Fragmentario - Peligroso)


  •   
  • [Registro Geológico Prof-SEC7-OBS] Sondeos Sísmicos y Energéticos del Sector 7 (Pre-Sellado) (Datos Brutos)


  •   


  Era una mina de oro de información potencial. Justo lo que necesitaban para empezar a desentra?ar el misterio del dispositivo, el culto y la propia Astracita.

  If you discover this tale on Amazon, be aware that it has been unlawfully taken from Royal Road. Please report it.

  —"Aquí es donde empezamos"—, dijo Thorian, su entusiasmo científico eclipsando momentáneamente la cautela. —"Dividiremos el trabajo. Martín, tú tienes la habilidad única para 'ver' patrones. Quiero que revises los datos geológicos y energéticos del Sector 7 pre-sellado. Busca cualquier anomalía, cualquier firma que coincida con lo que vimos o con tu 'código' oscuro. Busca la ubicación exacta de esa cámara en relación con las vetas minerales o los flujos de energía telúrica"—.

  Le asignó una estación de trabajo secundaria a Martín, cargando los archivos geológicos. Aunque Martín aún se sentía débil, la perspectiva de analizar datos concretos, de usar su habilidad para algo más que la supervivencia inmediata, lo revitalizó un poco. Se sentó ante la consola, activando su visión de código mientras empezaba a navegar por los complejos mapas sísmicos y las lecturas de energía arcaicas.

  —"Althaea"—, continuó Thorian, volviéndose hacia ella. —"Sé que estos pergaminos digitales no son tu bosque, pero tus instintos son agudos. Revisa las Crónicas del Ocaso conmigo. Busca menciones a símbolos (la espiral), rituales extra?os, desapariciones en los niveles inferiores durante esa época, cualquier cosa que huela a ese Culto de la Sombra"—. Proyectó los textos en otra pantalla, consciente de que Althaea prefería leer a su propio ritmo.

  Althaea asintió, sus ojos ya escrutando las densas páginas de historia enana antigua con la misma concentración que usaría para seguir un rastro en el bosque.

  —"Yo me encargaré de los protocolos de contención y los tratados sobre metales"—, concluyó Thorian, volviendo a su consola principal. —"Necesito entender cómo intentaron sellar esa cosa la primera vez, y qué sabían (o no sabían) sobre la Astracita"—.

  Mientras comenzaban a sumergirse en la información, llegó otra notificación. Un par de aprendices de ingeniero, enviados por el Gremio bajo la nueva autorización, llegaron transportando con extremo cuidado varios contenedores sellados. Dentro, protegidos por campos de estasis y runas de amortiguación, estaban los primeros materiales solicitados por Thorian: barras de una aleación de plata y mithril con propiedades conductoras específicas, varios cristales de enfoque de alta pureza (incluyendo el tipo industrial que habían usado para la linterna) y, lo más importante, un conjunto de herramientas de grabado rúnico de precisión capaces de trabajar con energías de alta potencia.

  Las puertas, tanto las del conocimiento como las de los recursos, comenzaban a entreabrirse, aunque fuera a rega?adientes. El taller, antes un espacio de tensión y recuperación, se transformó en un centro de investigación febril, el silencio roto solo por el tecleo en las consolas, el murmullo ocasional de Thorian o Martín, y el pasar de las páginas holográficas por parte de Althaea. La búsqueda de respuestas en los ecos del pasado acababa de comenzar.

  Las horas se disolvieron en un flujo de concentración intensa, cada miembro del trío absorto en su tarea asignada. El taller, normalmente ruidoso y caótico, adoptó una quietud casi académica, rota solo por el zumbido de las consolas y el ocasional murmullo de descubrimiento o frustración.

  Martín se sumergió en los registros geológicos y energéticos del Sector 7B, anteriores al sellado. Eran datos crudos, arcaicos, presentados en formatos que apenas lograba descifrar al principio. Pero al aplicar su visión de código, comenzó a ver patrones ocultos bajo las cifras y los gráficos sísmicos. Detectó una anomalía energética sutil pero persistente en la misma zona donde el mapa secreto ubicaba la cámara del dispositivo, una especie de "punto frío" en los flujos telúricos naturales de la monta?a, mucho antes de que se reportaran los incidentes que llevaron al sellado.

  —"Thorian"—, llamó Martín en voz baja, sin apartar la vista de la proyección holográfica de un mapa energético tridimensional. —"Mira esto. Mucho antes del sellado, esta zona ya tenía una firma energética... extra?a. No es negativa como ahora, pero es... vacía. Como si absorbiera la energía telúrica circundante en lugar de fluir con ella"—. Se?aló el punto en el holograma. —"Coincide exactamente con la ubicación de la cámara del mapa secreto"—.

  Thorian se acercó, sus ojos eléctricos estudiando el mapa energético. —"?Interesante! Un sumidero de energía natural... ?preexistente? ?O causado por algo que ya estaba allí, incluso antes de que los mineros excavaran tan profundo?"—. Anotó rápidamente. —"Eso podría explicar por qué eligieron ese lugar específico para construir el dispositivo. Ya tenía una afinidad natural por la absorción... o quizás la propia Astracita creó ese sumidero al llegar"—. La idea de un origen meteorítico volvió a su mente.

  Mientras tanto, Althaea y Thorian repasaban las Crónicas del Ocaso. Eran textos densos, llenos de genealogías de clanes, registros de producción minera y relatos de disputas fronterizas con goblins y skaven. Pero entre las líneas de la historia oficial, comenzaron a encontrar menciones fragmentarias y a menudo censuradas.

  —"Aquí"—, dijo Althaea de repente, se?alando un pasaje en la proyección holográfica. Hablaba de un período de "gran inquietud espiritual" en los niveles inferiores durante el reinado de Thorgar I, coincidiendo aproximadamente con la época estimada del sellado del 7B. El texto mencionaba "desapariciones inexplicables" de mineros y guardias, y "rumores de rituales profanos" en túneles abandonados. No daba nombres ni detalles específicos, y una sección entera parecía haber sido borrada o sellada por orden de los Cronistas posteriores.

  —"Y mira esto"—, a?adió Thorian, que había encontrado una referencia cruzada en un apéndice clasificado. —"Un informe marginal sobre la ejecución sumaria de un 'Maestro de Runas renegado', un tal... Vorlag Ojo Vacío, acusado de 'traficar con energías prohibidas' y 'corromper artefactos sagrados'. La fecha coincide"—.

  —"?Vorlag Ojo Vacío?"—, repitió Martín. El nombre le sonaba vagamente familiar. Recordó los fragmentos de memoria del espíritu vengativo en Oakhaven, la sensación de traición... ?Podría ser él?

  Buscaron más sobre Vorlag, pero la información era escasa, casi erradicada. Solo encontraron una mención críptica en un registro del Gremio de Encantadores sobre su expulsión por "experimentar con metales impuros de origen celestial" y "desarrollar matrices rúnicas que interactuaban con la esencia espiritual de manera inestable".

  —"Metales impuros de origen celestial... Astracita"—, murmuró Thorian, conectando los puntos. —"Y runas que interactuaban con espíritus... Los Adoradores de la Sombra usaban la Astracita para anclar o corromper esencias... ?Vorlag! ?él podría ser el vínculo! ?Un Maestro de Runas renegado que se unió o fundó el culto aquí, en Karak Dhur, usando la Astracita y su conocimiento para crear ese dispositivo!"—. La teoría encajaba con todas las piezas que tenían.

  Justo cuando estaban procesando esta revelación, Martín, que había vuelto a los registros geológicos buscando menciones específicas a la composición mineral cerca del "sumidero de energía", encontró algo más. Un informe de sondeo muy antiguo, casi ilegible, que describía el descubrimiento de una "veta inusual de roca vítrea negra, no metálica, extremadamente densa y fría al tacto" en las profundidades del Sector 7. El informe recomendaba evitar la zona debido a "emisiones energéticas erráticas" y "efectos mentales adversos" reportados por los equipos de exploración iniciales.

  —"Lo encontraron"—, susurró Martín. —"Encontraron la Astracita mucho antes de la excavación principal. Y sabían que era peligrosa"—.

  Las piezas comenzaban a encajar, formando una imagen sombría: un Maestro de Runas renegado, un culto secreto operando en las profundidades, el descubrimiento de la peligrosa Astracita, y la construcción de un dispositivo en un lugar energéticamente anómalo, todo culminando en una catástrofe tan terrible que fue borrada de la historia oficial.

  Sin embargo, las respuestas solo generaban más preguntas. ?Cuál era el propósito exacto del dispositivo? ?Solo corromper o controlar? ?O tenía una función mayor? ?Qué pasó exactamente con Vorlag y el culto? ?Fueron destruidos, o simplemente se ocultaron? ?Y cómo se conectaba todo esto con la llegada de Martín y la naturaleza de su poder?

  Las primeras sombras del pasado habían sido iluminadas, revelando una conspiración antigua y una amenaza profundamente arraigada en la historia de Karak Dhur. Pero la imagen completa seguía oculta, y sentían que las respuestas más importantes —y quizás las más peligrosas— aún les esperaban en los pergaminos y cristales de datos que apenas habían comenzado a explorar.

  Las revelaciones extraídas de los archivos antiguos dejaron una atmósfera de gravedad pensativa en el taller. La historia olvidada del Maestro de Runas renegado Vorlag Ojo Vacío, su conexión con la Astracita y los rumores de un culto oscuro operando en las propias entra?as de Karak Dhur, pintaban un cuadro mucho más siniestro y complejo de lo que habían imaginado. Ya no se trataba solo de una anomalía energética o de criaturas sombrías; se enfrentaban al legado de una traición antigua, a una herida supurante en la historia de la monta?a.

  Thorian, normalmente impulsivo en su búsqueda de conocimiento, ahora parecía sopesar cada nueva pieza de información con una cautela inusual. La idea de un Maestro de Runas utilizando su arte sagrado para fines tan oscuros era una afrenta profunda a los principios de su Gremio, y la evidencia de que los peligros de la Astracita eran conocidos (y quizás ignorados o minimizados) por generaciones anteriores lo llenaba de una sombría inquietud.

  Althaea, aunque gran parte de la historia enana le era ajena, comprendía la esencia del relato: corrupción, poder oscuro, secretos enterrados. Le recordaba demasiado a las historias de su propio pueblo sobre espíritus corrompidos y lugares profanados por la codicia o la ambición desmedida. Su mirada se volvió aún más vigilante, consciente de que la amenaza que enfrentaban tenía raíces profundas y posiblemente inesperadas.

  Martín sintió el peso de la conexión personal. Vorlag Ojo Vacío... el nombre resonaba con los ecos de ira y traición que sentía desde el amuleto. ?Era él el responsable directo del tormento del espíritu? ?Era él el artífice del dispositivo que ahora amenazaba Karak Dhur? Y la mención de "efectos mentales adversos" asociados a la Astracita desde el principio... ?explicaba eso la naturaleza de su propia experiencia en la ilusión? Las preguntas se multiplicaban, pero las respuestas seguían siendo esquivas.

  —"Sabemos más ahora"—, dijo Thorian finalmente, rompiendo el silencio pensativo. Se acercó a la mesa de dise?o principal, donde aún estaban desplegados los bocetos iniciales para las contramedidas. —"Sabemos que no es solo energía bruta. Hay intención. Hay un legado de corrupción ligado a ese dispositivo y a la Astracita. Y sabemos que nuestras defensas actuales son... insuficientes"—.

  Miró los amuletos que llevaban. —"Estos ayudaron, sí. Filtraron lo peor del asalto psíquico directo. Pero la influencia ambiental, la presión constante... y esa imagen proyectada... necesitamos algo más fuerte. Un escudo mental activo, no solo pasivo"—.

  Comenzó a dibujar sobre una nueva tablilla, combinando las runas de Claridad y Modulación con nuevos conceptos basados en los protocolos de sellado que estaba estudiando. —"Quizás integrando la matriz directamente en nuestros yelmos o visores... creando un campo de 'silencio psiónico' localizado alrededor de la cabeza. Requerirá una fuente de energía dedicada y una sintonización muy precisa..."—.

  —"Y la linterna"—, a?adió Althaea, mirando el dispositivo que descansaba sobre una mesa cercana. —"Funcionó, pero el cristal se sobrecalentó. Y necesitamos algo que pueda usarse de forma más sostenida, o quizás con diferentes tipos de pulso para distintas sombras"—.

  Berylla Cuarzomartillo, que había estado revisando las especificaciones de las nuevas aleaciones de plata rúnica que habían llegado, asintió. —"Podríamos usar un sistema de enfriamiento termoeléctrico basado en cristales de hielo rúnico. Y quizás un cristal de enfoque multifacético que permita variar la dispersión y la frecuencia del pulso lumínico. Complejo, pero factible con los materiales adecuados"—.

  Martín observaba los planos tomar forma, aportando ideas basadas en su visión del código cuando era necesario, sugiriendo optimizaciones en los flujos de energía o en las secuencias de activación rúnica. Pero su mente también trabajaba en otra dirección, impulsada por su propuesta anterior.

  —"Thorian"—, dijo, interrumpiendo la discusión técnica sobre los enfriadores. —"Mientras mejoramos las defensas y las armas... sigo pensando en el fragmento. En entenderlo. Si mi idea de 'consultarlo' es demasiado arriesgada por ahora, ?podríamos al menos... dise?ar herramientas para analizarlo de forma más segura? Sondas que puedan interactuar con su código a distancia, sin aplicar energía directa. O quizás... usar el disco como interfaz remota, a través de tus sensores, para intentar 'leer' su estado interno sin exponerme directamente a su influencia?"—.

  Thorian lo miró, considerando la propuesta. Era un paso intermedio, menos temerario que la "comunicación" directa, pero aún así innovador. —"Una interfaz de diagnóstico bio-arcánica remota..."—, murmuró, la idea encendiendo de nuevo su interés. —"Requeriría un enlace de datos rúnico de alta fidelidad y un escudo de filtrado psiónico en ambos extremos... Complicado. Peligroso. Pero... potencialmente revelador"—.

  Los planos comenzaron a llenarse no solo de armas y defensas mejoradas, sino también de nuevos tipos de herramientas de análisis, dise?adas específicamente para interactuar con la extra?a naturaleza de la Astracita y su código corrupto. La magnitud de la tarea era abrumadora. Necesitaban descifrar más secretos de los archivos, obtener los materiales más avanzados, construir y probar prototipos complejos, y todo ello bajo la presión del tiempo y la vigilancia constante.

  El trío principal y sus reticentes colaboradores enanos reunidos alrededor de la mesa de dise?o, iluminados por la luz fría de los hologramas y los planos, trazando estrategias contra una oscuridad antigua. Habían encontrado las primeras sombras del pasado en los pergaminos y registros, y ahora, sobre la mesa, comenzaban a forjar las herramientas con las que esperaban enfrentar el futuro incierto que esas sombras proyectaban. La resaca de la confrontación daba paso a la ardua labor de la preparación.

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