home

search

Capítulo 62 - El Informe y la Tormenta de Miedo

  El ascenso desde los túneles olvidados fue una experiencia completamente diferente al descenso. La urgencia por escapar había sido reemplazada por una atmósfera pesada, cargada con el peso del conocimiento prohibido y el recuerdo fresco del peligro enfrentado. Emergieron del estrecho conducto de ventilación de vuelta a la relativa normalidad del nivel tres, no con alivio, sino con la sombría certeza de que habían traído consigo un problema mucho mayor que cualquier sombra etérea. Estaban sucios, magullados —Althaea aún sentía el frío fantasma en su brazo, Martín el dolor residual de la descarga del núcleo y la tensión mental— y Thorian, aunque físicamente intacto, tenía la mirada perdida en cálculos internos, su mente ya trabajando en las implicaciones de lo que habían presenciado.

  Regresaron al taller en un silencio tenso. Thorian desactivó las runas de privacidad de la puerta con un gesto brusco y se dirigió directamente a su consola principal, comenzando a descargar y analizar los datos de los sensores portátiles que habían sobrevivido a la retirada. El aire en el taller, antes lleno de la energía de la innovación, ahora parecía cargado de la estática ominosa de su descubrimiento.

  Martín se dejó caer en el taburete que solía usar, sintiendo un agotamiento profundo que iba más allá de lo físico. El mapa secreto y el diagrama del dispositivo parecían quemarle en el bolsillo interior de su túnica. Miró a Althaea, que se había apoyado contra la pared cerca de la entrada, su postura vigilante incluso dentro del taller. Sus miradas se cruzaron, compartiendo una comprensión silenciosa de la gravedad de su situación. Ya no eran solo forasteros buscando su camino; eran testigos, portadores de un secreto peligroso en el corazón de la ciudad más fortificada y reservada del mundo conocido.

  —"Debemos decidir qué hacer"—, dijo Althaea finalmente, su voz baja rompiendo el silencio, dirigido a Martín pero lo suficientemente alto para que Thorian escuchara si elegía hacerlo. —"Lo que vimos... lo que sentimos... no puede ser ignorado. Y dudo que seamos los únicos que notaron el temblor o las fluctuaciones"—.

  Martín asintió. —"Thorian tiene que informar algo. Su autorización de emergencia se basó en investigar el 'incidente sísmico'. No puede simplemente decir que no encontró nada, no después de las lecturas de sus sensores"—. Miró al ingeniero, que seguía absorto en su pantalla de cristal. —?"Maestro Thorian? ?Qué... qué les dirá?"—.

  Thorian se giró lentamente, sus ojos eléctricos fijos en Martín, su expresión seria, calculadora. —"Les diré la verdad técnica"—, respondió, con su habitual brusquedad pragmática. —"Que detectamos una fuente de energía anómala, de naturaleza negativa y con componentes psiónicos, localizada en las proximidades del Sector 7B sellado. Que dicha fuente es la causa probable del temblor y la inestabilidad de la red. Y que representa un peligro potencial significativo para la integridad estructural y energética de los niveles inferiores, y posiblemente más allá"—.

  —"?Y sobre... el dispositivo? ?La Astracita? ?La Marca?"—, preguntó Martín, conteniendo la respiración.

  Thorian soltó un bufido. —"?Crees que soy idiota, umgi? Mencionar la Astracita o un culto prohibido de la Tercera Edad sin pruebas irrefutables solo desataría el pánico, la negación y probablemente una investigación directa sobre nosotros por poseer conocimiento prohibido"—. Se?aló el mapa que Martín llevaba oculto. —"Ese pergamino que encontraste es una reliquia peligrosa. Y lo que sea que viste tú con tu 'código'... no es algo que el Consejo o la Guardia acepten como evidencia"—.

  Su lógica era implacable. —"Informaré del peligro técnico. La anomalía energética. La inestabilidad. Eso es suficiente para justificar una acción, o al menos, una investigación más profunda por parte de las autoridades competentes. Y"—, a?adió, con un brillo astuto, —"suficiente para justificar mi necesidad de acceso continuado a registros y, por supuesto, la necesidad de mantener a mi 'sensor biológico especializado' cerca para monitorizar la situación"—. Se refería a Martín.

  Althaea intervino. —?"Pero ocultar la verdad sobre la Marca, sobre el culto... ?no es peligroso? Si esa influencia se está extendiendo..."—.

  —"?Y qué propones, shatra?"—, replicó Thorian, volviéndose hacia ella. —?"Irrumpir en las Cámaras del Consejo gritando sobre sombras, susurros y símbolos prohibidos basados en rumores de mineros borrachos y las visiones de un umgi con un artefacto desconocido? Nos encerrarían a los tres en las celdas más profundas antes de que termináramos la primera frase"—. Tenía razón, por cínico que sonara.

  —"Entonces..."—, dijo Martín lentamente, —"...su informe oficial se centrará en la amenaza energética, omitiendo la causa raíz que sospechamos"—.

  —"Exactamente"—, confirmó Thorian. —"Creará la urgencia necesaria para que actúen o, al menos, para que me dejen actuar a mí con más libertad. Y nos dará tiempo. Tiempo para que nosotros"—, su mirada abarcó a los tres, —"investiguemos la verdadera naturaleza de ese dispositivo y encontremos una forma de neutralizarlo antes de que sea demasiado tarde. O antes de que alguien más descubra lo que realmente está pasando y decida usarlo para sus propios fines"—.

  El plan era arriesgado, basado en el enga?o y la omisión, pero parecía el único viable. Se enfrentarían a los líderes enanos, pero con una verdad cuidadosamente editada, una verdad técnica que apelara a su pragmatismo y a su preocupación por la seguridad de Karak Dhur, mientras mantenían oculto el núcleo más oscuro y peligroso del misterio... al menos por ahora.

  Martín y Althaea asintieron, aceptando la tensa lógica de la situación. La deliberación interna había terminado. Ahora debían prepararse para la tormenta que su informe, por muy técnico que fuera, inevitablemente desataría.

  La convocatoria llegó más rápido de lo que esperaban. Apenas habían pasado unas horas desde que Thorian envió su informe preliminar a través de los canales oficiales del Gremio de Ingenieros, cuando un par de guardias de la Ciudadela, con armaduras pulidas y expresiones severas, se presentaron en la puerta del taller. No venían a arrestarlos, sino a escoltarlos.

  —"Maestro Ingeniero Ironfist, Se?orito Vega, Shatra de Oakhaven"—, anunció el guardia principal, leyendo sus nombres de una tablilla de datos con formalidad glacial. —"Se requiere su presencia inmediata ante el Consejo de Emergencia convocado en las Cámaras del Gremio Minero. Sus hallazgos en los niveles inferiores requieren clarificación urgente"—.

  Martín intercambió una mirada nerviosa con Althaea. Thorian, sin embargo, pareció casi complacido. —"?Excelente! ?Respuesta rápida! ?Eso demuestra que se toman en serio las fluctuaciones energéticas!"—, murmuró, recogiendo su tablilla de datos principal y algunos sensores de aspecto complejo.

  Los guardias los escoltaron a través de los niveles de Karak Dhur. Esta vez, no tomaron las rutas de servicio, sino corredores más amplios y majestuosos, tallados con una precisión geométrica y adornados con relieves que contaban la larga y orgullosa historia de la ciudad enana: grandes batallas contra criaturas de las profundidades, la excavación de vetas legendarias, la coronación de reyes bajo la monta?a. La atmósfera aquí era diferente: más silenciosa, más formal, el aire vibrando con una sensación de poder antiguo y autoridad inquebrantable.

  Finalmente, llegaron a unas enormes puertas dobles de bronce, grabadas con el símbolo del Gremio Minero (un pico y un martillo cruzados sobre una gema) y flanqueadas por cuatro guardias de élite inmóviles como estatuas. Las puertas se abrieron silenciosamente ante ellos, revelando una vasta cámara semicircular.

  El lugar era impresionante y austero. Las paredes eran de roca oscura pulida, y el techo abovedado se perdía en la altura, sostenido por gruesas columnas talladas. En el centro, sobre una plataforma elevada, había una larga mesa de piedra en forma de herradura. Sentados a la mesa, bajo la luz intensa de grandes cristales engarzados en el techo, se encontraban los líderes enanos.

  Martín reconoció al Capitán Borin Murodehierro, cuya mirada fría se posó en ellos de inmediato. A su lado, figuras igualmente imponentes: el Maestro del Gremio Minero, un enano anciano con una barba blanca que parecía hecha de nieve y manos poderosas marcadas por décadas de trabajo en la roca; la Matriarca del Gremio de Joyeros y Encantadores, una enana severa adornada con gemas que brillaban con luz propia; el Archivero Principal del Gremio de Cronistas (no era Ingrida, sino una figura de mayor rango, quizás su superior); y presidiendo la mesa, una figura que irradiaba una autoridad aún mayor, posiblemente el Representante del Rey Bajo la Monta?a o el líder del Consejo de la Ciudadela, un enano de edad venerable con una armadura ceremonial dorada y una barba magnífica trenzada con hilos de oro y plata.

  Frente a la mesa, en el centro de la cámara, había un espacio vacío donde los guardias les indicaron que se detuvieran. Martín sintió el peso de todas esas miradas sobre ellos, miradas agudas, evaluadoras, desconfiadas. Althaea, a su lado, se mantuvo erguida, su rostro una máscara impasible, pero Martín pudo sentir la tensión en sus hombros.

  —"Maestro Ingeniero Thorian Ironfist"—, comenzó la figura central, su voz profunda y resonante llenando la cámara. —"Su informe sobre una 'anomalía energética significativa' en los niveles inferiores ha causado... considerable preocupación. Proceda a exponer sus hallazgos detallados. Y explique"—, su mirada se desvió hacia Martín y Althaea, —"la presencia y participación de estos... forasteros... en una investigación oficial en una zona restringida"—.

  Thorian dio un paso al frente, su habitual excentricidad reemplazada por una seriedad profesional calculada. Colocó su tablilla de datos sobre un peque?o atril de piedra que se elevó del suelo.

  —"Líderes de Karak Dhur"—, comenzó, su voz clara y técnica. —"Como detalla mi informe preliminar, durante el seguimiento de fluctuaciones residuales post-incidente en la Arena de Pruebas"—, lanzó una mirada rápida a Martín, —"detectamos una perturbación energética de origen desconocido emanando de las profundidades, específicamente de las cercanías del Sector Minero 7B, sellado hace siglos por 'inestabilidad geológica'"—. Usó comillas aéreas al decir la razón oficial.

  Proyectó desde su tablilla un complejo diagrama tridimensional de las lecturas energéticas: pulsos irregulares, firmas negativas, interferencia psiónica de bajo nivel. —"La energía no es natural. No es Magitek conocido. Y es activa. El temblor que sentimos ayer fue una manifestación directa de su inestabilidad. Mis análisis indican que está interactuando negativamente con la estructura geológica y, potencialmente, con la red energética de la ciudad"—.

  —"?Y los forasteros?"—, presionó el Capitán Borin, su voz dura.

  —"El umgi, Martín Vega"—, explicó Thorian, se?alando a Martín, —"posee una habilidad perceptual única, una capacidad para visualizar directamente las estructuras energéticas, lo que yo denomino 'visión de código'. Esta habilidad resultó invaluable para localizar y analizar la firma anómala con una precisión que mis instrumentos por sí solos no podían alcanzar. Lo recluté como asistente técnico bajo mi supervisión directa, aprobada tácitamente tras el incidente del Coliseo, para esta investigación preliminar"—. Hizo una pausa. —"La shatra Althaea es su guardiana y compa?era; su presencia fue necesaria para la seguridad en los túneles inferiores, que como saben, no están exentos de peligros residuales"—.

  Did you know this text is from a different site? Read the official version to support the creator.

  La explicación era técnicamente cierta, aunque omitía detalles cruciales. Hubo murmullos entre los líderes. La idea de un humano con una habilidad mágica desconocida trabajando con el ya impredecible Thorian era claramente inquietante para muchos.

  —"?Y qué encontró exactamente en la entrada del Sector 7B, Maestro Ironfist?"—, preguntó la Matriarca de los Joyeros, sus ojos brillando con interés profesional. —?"La fuente de la energía? ?La causa de la 'inestabilidad'?"—.

  —"Encontramos"—, dijo Thorian, eligiendo sus palabras con cuidado, —"la entrada principal al sector sellada por una barrera rúnica de la Tercera Edad, de una potencia considerable. La anomalía energética emana claramente de detrás de esa barrera. Y"—, a?adió, con gravedad calculada, —"detectamos la presencia de entidades etéreas hostiles, 'Sombras Vivientes', en las inmediaciones, atraídas o quizás generadas por la propia anomalía. Son una amenaza directa que requiere contención"—.

  Presentó los hechos técnicos, el peligro energético, la presencia de sombras... omitiendo por completo el mapa secreto, el dispositivo de Astracita, el culto, la Marca y el susurro mental. Era una verdad editada, dise?ada para generar preocupación y justificar una acción futura, sin revelar la naturaleza verdaderamente oscura y prohibida del problema real.

  El silencio que siguió al informe técnico de Thorian fue breve, pero cargado de una tensión que se podía cortar con un cuchillo. Los rostros de los líderes enanos, antes marcados por la sorpresa o la curiosidad técnica, se ensombrecieron colectivamente al asimilar las implicaciones: una energía desconocida, negativa, psiónicamente activa, emanando de un sector prohibido y generando criaturas de sombra en las profundidades de su hogar ancestral.

  El Maestro Gurnik del Gremio Minero, cuyas manos habían palpado las rocas de Karak Dhur durante más de dos siglos, fue el primero en verbalizar el temor subyacente. —"Sector 7B..."—, repitió, su voz grave resonando con un eco de viejas supersticiones. —"Sellado por nuestros ancestros con runas poderosas por una razón. Siempre se dijo que tocar esa oscuridad traería la desgracia. ?Y ahora nos dices, Ironfist, que no solo está activa, sino que está... ?despertando?"—. Su mirada se desvió, inevitablemente, hacia Martín.

  —"Las lecturas no mienten, Maestro Gurnik"—, replicó Thorian, aunque su tono carecía de la habitual confianza científica; él también parecía sentir el peso de la historia olvidada. —"La anomalía es real, y su proximidad al sello es innegable"—.

  Fue la Matriarca Valdís, del Gremio de Joyeros y Encantadores, quien afiló la punta de la lanza de la sospecha. Sus dedos enjoyados se detuvieron en su lento tamborileo sobre la mesa de piedra. —?"Una anomalía que permaneció dormida durante siglos"—, dijo, su voz suave pero incisiva, —"y que convenientemente se manifiesta poco después de la llegada de un forastero humano con una afinidad inexplicable por manipular la energía de nuestros cristales? ?Un humano que, además, sobrevivió a una Prueba de Resistencia de forma... antinatural?"—. Su mirada fría se clavó en Martín. —?"Demasiadas coincidencias, ?no creen, se?ores del Consejo?"—.

  El Capitán Borin Murodehierro asintió con rigidez, su rostro una máscara de desconfianza oficial. —"La Matriarca tiene razón. Los eventos son... concurrentes. El umgi llega, ocurren disturbios en la arena, se detecta un drenaje energético inusual, y ahora una anomalía peligrosa se activa en las profundidades cerca de una zona sobre la que él"—, la mirada de Borin se volvió acusadora, —"ya poseía un interés particular, según admite el propio Maestro Ironfist"—.

  Un murmullo recorrió la mesa del consejo. El miedo a lo desconocido es poderoso, pero el miedo a lo desconocido con un rostro al que culpar es aún más tentador.

  —"?Es evidente!"—, exclamó el representante del Gremio de Herreros, golpeando la mesa con un pu?o calloso. —"?Este umgi es la causa! ?Su presencia, su magia extra?a, ha perturbado el equilibrio! ?Ha profanado nuestras profundidades!"—.

  —"Quizás ni siquiera sea humano"—, murmuró otro consejero, mirando a Martín con supersticioso temor. —"Esa curación... esa energía... podría ser un demonio disfrazado, enviado para debilitarnos desde dentro"—.

  —"?Y la shatra!"—, a?adió el Herrero, se?alando a Althaea con desprecio. —"?Criaturas salvajes del bosque! ?Siempre trayendo consigo el caos de la superficie! ?Seguro que está compinchada con él!"—.

  Martín sintió cómo la atmósfera de la cámara se volvía sofocante. Las miradas ya no eran solo de sospecha, eran de abierta hostilidad, de miedo irracional buscando un objeto fácil. Veía cómo construían una narrativa en la que él era el villano, el catalizador de todos los males recientes. Su intento de ser honesto (al menos parcialmente) se estaba volviendo en su contra de la peor manera posible.

  —"?Eso no es cierto!"—, intentó defenderse Martín, su voz sonando débil contra el creciente coro de acusaciones. —"Yo no he hecho nada para causar esto. Solo busco respuestas..."—.

  —"?Respuestas que parecen llevar siempre al peligro y al desorden!"—, replicó la Matriarca Valdís. —"Llegas a nuestra ciudad, y casi destruyes nuestro Coliseo con tu magia descontrolada. Te adentras (sin permiso claro, más allá de la excéntrica decisión de Ironfist) en zonas restringidas, y una amenaza antigua despierta"—. Su voz se volvió gélida. —"Las evidencias, forastero, no te favorecen"—.

  El Representante principal, que había permanecido en silencio observando la escalada, finalmente intervino, aunque su tono era grave. —"Capitán Murodehierro, ?cuál es la recomendación de la Guardia ante esta situación y estas acusaciones?"—.

  Borin se irguió, su mano descansando sobre la empu?adura de su hacha. —"Líder, la prudencia dicta que el umgi y su compa?era sean puestos bajo confinamiento estricto e interrogatorio exhaustivo hasta que la naturaleza de su poder y su posible conexión con la amenaza sean esclarecidas. Son un riesgo inaceptable para la seguridad de Karak Dhur"—.

  La sentencia flotó en el aire. Confinamiento. Interrogatorio. La posibilidad de no salir nunca de las profundidades, de convertirse en un chivo expiatorio para el miedo ancestral de los enanos. Martín sintió una oleada de desesperación y una furia impotente. Había intentado hacer lo correcto, había trabajado duro, había respetado sus costumbres... y aun así, el miedo y el prejuicio parecían destinados a condenarlo. La tormenta de miedo había encontrado su pararrayos.

  Las palabras del Capitán Borin Murodehierro —"confinamiento estricto", "interrogatorio exhaustivo"— cayeron sobre Martín como las toneladas de roca que lo separaban del cielo. La frialdad de la sentencia implícita, la facilidad con la que su destino parecía sellarse basándose en el miedo y la sospecha, hizo que algo dentro de él, algo que había mantenido reprimido bajo capas de cautela, gratitud forzada y la constante sensación de ser un intruso, finalmente se quebrara.

  Un temblor recorrió su cuerpo, pero esta vez no era de debilidad física, sino de una furia largamente contenida. Miró los rostros impasibles de los consejeros enanos, figuras de autoridad envueltas en su orgullo ancestral y su desconfianza hacia todo lo ajeno. Vio el miedo en sus ojos, sí, pero también vio la arrogancia, la certeza de su propio juicio, la rapidez con la que habían encontrado un culpable conveniente en el forastero. Y la injusticia de todo ello lo golpeó con una fuerza visceral.

  ?BAM!

  Su pu?o se estrelló contra la superficie de la robusta mesa de piedra frente a él. El sonido fue seco, brutal, un estallido que rompió abruptamente la tensa quietud de la cámara. Los consejeros se sobresaltaron, algunos incluso retrocedieron instintivamente en sus asientos. Los guardias de élite apretaron sus hachas, dando un paso amenazante hacia adelante. Althaea, a su lado, se tensó como un resorte, lista para intervenir, pero una mirada rápida de Martín le indicó que esperara. Thorian, por su parte, levantó ambas cejas pobladas, una expresión de genuina sorpresa (y quizás secreta diversión) reemplazando su habitual máscara de cálculo científico.

  Martín levantó la cabeza lentamente, su respiración agitada, sus ojos ya no reflejando miedo ni súplica, sino ardiendo con una mezcla de ira, frustración y una amarga claridad.

  —"?Confinamiento?"—, repitió, su voz peligrosamente baja al principio, pero ganando fuerza con cada palabra. —"?Interrogatorio? ?Eso es todo lo que su gran sabiduría enana puede ofrecer ante una amenaza que ustedes mismos admiten que es antigua y desconocida?"—. Se irguió, su postura ya no la del suplicante, sino la de alguien que ha sido empujado demasiado lejos.

  —"Llegué a este mundo por un accidente que no comprendo"—, continuó, su voz elevándose, resonando en la cámara silenciosa. —"Caí en sus bosques, herido, solo, sin saber dónde estaba ni cómo sobrevivir. ?Y lo primero que encontré fue bondad! ?En una aldea humilde, gente sencilla me ofreció refugio, comida, curación!"—. Su mirada buscó instintivamente a Althaea, un reconocimiento silencioso a Oakhaven también. —"Luego llegué aquí, a su 'gran' ciudadela, buscando conocimiento, buscando respuestas, dispuesto a trabajar, a aprender, a respetar sus caminos... ?Y qué encuentro?"—.

  Su voz se cargó de sarcasmo. —"?Sospecha! ?Desdén! ?Miradas que me juzgan por no tener barba o por no nacer de la piedra! ?Soy el umgi, el blando, el forastero! ?Soy un fenómeno de circo para algunos"—, lanzó una mirada directa y sin disimulo a Thorian, quien tuvo la decencia de parecer ligeramente incómodo, —"un sujeto de experimento para otros, ?y un chivo expiatorio conveniente para todos ustedes cuando la monta?a cruje bajo sus pies!"—.

  Dio un paso desafiante hacia la mesa del consejo, ignorando el movimiento amenazante de los guardias. —"?He trabajado en sus forjas, he soportado el calor y el ruido! ?He limpiado sus máquinas, he ofrecido mi habilidad única (por extra?a que les parezca) para ayudarles a entender sus propios artefactos! ?He intentado ser útil, ser respetuoso!"—.

  Su mirada barrió de nuevo los rostros impasibles. —"?Y esta es mi recompensa? ?Ser acusado de despertar una oscuridad que ha dormido en sus profundidades durante siglos? ?Ser el culpable fácil porque mi magia no encaja en sus limitadas categorías? ?Qué conveniente! ?Qué... enano!"—. La última palabra fue escupida con un desprecio que hizo que varios consejeros se removieran incómodos en sus asientos.

  —"?Ustedes tienen miedo!"—, acusó Martín, su voz ahora un trueno contenido. —"?Miedo de lo que no comprenden! ?Miedo de lo que yace olvidado en sus propios túneles! ?Miedo de que sus ancestros cometieran errores, de que su gloriosa historia tenga manchas oscuras que prefieren no mirar! ?Y proyectan ese miedo sobre mí, sobre nosotros!"—. Se?aló a Althaea.

  —"?Y hablan de ella!"—, su voz se endureció aún más, la ira justa brillando en sus ojos mientras se dirigía directamente al consejero Herrero y al Capitán Borin. —"La llaman 'shatra', 'salvaje', con el mismo desprecio con el que miran todo lo que no ha nacido de su preciosa roca. ?Tienen idea de quién es? ?Del honor que reside en ella? ?Ella es Althaea de Oakhaven, una guerrera cuyo linaje es tan antiguo y orgulloso como el de cualquiera en esta sala! ?Ha enfrentado peligros que harían temblar sus barbas! ?Ha demostrado una lealtad y una fuerza que ustedes, en su cómoda seguridad subterránea, apenas pueden imaginar!"—. Su voz tembló de emoción. —"?Y soporta este maldito agujero oscuro y ruidoso, soporta sus miradas y sus insultos velados, por amistad! ?Por lealtad hacia mí! ?Así que les exijo"—, su voz bajó a un siseo peligroso, —"que usen su nombre. Althaea. Y que le muestren el respeto que se ha ganado con creces, un respeto que ustedes, con su juicio apresurado y su miedo disfrazado de prudencia, están muy lejos de merecer"—.

  Se giró de nuevo hacia el consejo en pleno. —"Así que adelante. Tomen su decisión fácil. Cúlpenme. Enciérrenme. Declaren el problema 'contenido'. ?Pero no se enga?en! La sombra bajo la monta?a seguirá allí. Los susurros seguirán filtrándose. La Astracita seguirá pulsando con su energía corruptora. Y cuando finalmente el sello se rompa por completo, cuando la oscuridad que han ignorado tanto tiempo ascienda para reclamar esta ciudad... no podrán culpar al umgi o a la shatra. Tendrán que mirarse en sus propios reflejos en el metal pulido y culpar a su propio orgullo, a su propio miedo, a su propia y testaruda negligencia"—.

  Respiró hondo, el pecho agitado, la adrenalina recorriendo su cuerpo. Había dicho todo lo que necesitaba decir, había vaciado la frustración, la ira y la verdad que llevaba dentro. Se mantuvo erguido, desafiando sus miradas, esperando la inevitable reacción, pero sintiendo, por primera vez desde que llegó a Karak Dhur, que había hablado con su propia voz, sin filtros, sin miedo.

  Un silencio atronador, más pesado que la propia monta?a, cayó sobre la cámara. Los líderes enanos lo miraban fijamente, sus rostros una mezcla imposible de leer: ira contenida por la insolencia, incomodidad ante la crudeza de la verdad, sorpresa ante la inesperada elocuencia y fiereza del humano, y quizás, en lo más profundo de sus ojos acerados, un atisbo de duda, la incómoda posibilidad de que el forastero, a pesar de todo, tuviera razón. La tormenta de miedo que él había percibido antes ahora parecía haberse vuelto contra ellos mismos.

Recommended Popular Novels