Esa misma noche, en la relativa seguridad del taller después de que los aprendices habituales se hubieran marchado y Thorian hubiera activado las runas de privacidad en la puerta (más por proteger sus propios experimentos que por darles confidencialidad a ellos), los tres se reunieron alrededor de la mesa de trabajo principal, el mapa extendido bajo la luz brillante de una lámpara Magitek.
La reacción inicial fue una mezcla de excitación contenida y profunda aprensión. Tenían la llave, la ruta de acceso. La tentación de lanzarse de inmediato a explorar el túnel de ventilación, de llegar a la cámara sellada y confrontar lo que fuera que estuviera allí, era casi palpable.
—"Increíble hallazgo, Martín"—, dijo Thorian, sus dedos trazando la línea del túnel secreto en el pergamino, sus ojos brillando con la luz de un misterio a punto de ser desvelado. —"Un conducto de servicio olvidado... ?la negligencia burocrática del Gremio de Mineros a veces tiene sus ventajas! Podríamos estar allí en menos de un ciclo de trabajo si nos movemos rápido"—. Su impaciencia científica era evidente.
Pero Althaea, que había estado estudiando el mapa con la misma intensidad pero con una expresión mucho más sombría, negó con la cabeza. —"Rápido no siempre es... sabio, Maestro Ingeniero"—, dijo, su voz tranquila pero firme, un contrapunto a la excitación de Thorian. —"Acabamos de escapar de esas... sombras. Y sentimos la... influencia... del sello. ?Qué nos hace pensar que estamos preparados para enfrentar la fuente misma?"—. Miró a Martín, sus ojos ámbar llenos de preocupación. —"Aún estás débil por el combate. Y ninguno de nosotros entiende realmente qué es lo que vamos a encontrar allí abajo"—.
Martín se encontró dividido. Una parte de él, la impulsada por la necesidad de respuestas y la adrenalina del descubrimiento, quería seguir la sugerencia de Thorian, aprovechar la oportunidad ahora que tenían la ruta. Pero la otra parte, la que recordaba el frío paralizante de las sombras, el susurro invasivo en su mente, y la advertencia implícita en el diagrama del dispositivo de Astracita, le gritaba cautela.
—"Althaea tiene razón, Thorian"—, dijo finalmente, apoyando a su compa?era. —"Ir ahora sería... imprudente. No sabemos qué poder tiene ese dispositivo de Astracita. No sabemos si el susurro será más fuerte cerca de la fuente. No sabemos si habrá más sombras, o algo peor, guardando esa cámara. Y"—, a?adió, mirando sus propias manos, que aún temblaban ligeramente a veces, —"no sé si yo estoy listo. No sé cómo reaccionará mi... habilidad... a una concentración tan alta de esa energía oscura"—.
Thorian frunció el ce?o, su entusiasmo chocando contra el muro de la prudencia. —"?Pero la oportunidad! ?Podríamos perderla! ?La Guardia podría descubrir el túnel en alguna inspección! ?O la propia anomalía podría cambiar!"—.
—"Y nosotros podríamos morir"—, replicó Althaea con calma letal. —"Lo cual haría cualquier descubrimiento bastante inútil"—.
—"Entonces, ?qué sugieren?"—, preguntó Thorian, cruzándose de brazos, claramente contrariado pero forzado a reconocer la lógica de sus preocupaciones. —?"Esperar aquí hasta que la monta?a decida derrumbarse sobre nosotros? ?O hasta que el Capitán Murodehierro decida que ya hemos sido 'supervisados' suficiente tiempo?"—.
—"No sugiero esperar sin hacer nada"—, intervino Martín. —"Sugiero prepararnos mejor. Entender mejor al enemigo. Usted mismo lo dijo, Maestro: la Astracita es peligrosa, tiene afinidad con energías negativas y espirituales. Necesitamos saber más sobre ella. ?Cómo reacciona? ?Cuáles son sus límites? ?Se puede contrarrestar?"—.
—"Y necesitamos defensas"—, a?adió Althaea. —"Contra el susurro mental y contra esas sombras. Lo que sea que estemos dise?ando"—, miró a Martín, refiriéndose a los amuletos y la linterna, —"necesita estar listo y probado antes de que entremos allí"—.
El debate continuó por un rato, la impaciencia científica de Thorian luchando contra la cautela nacida del instinto de supervivencia de Althaea y la nueva prudencia de Martín. Finalmente, el pragmatismo enano de Thorian se impuso.
—"Está bien"—, cedió con un gru?ido. —"Prudencia. Preparación. ?Aburrido, pero lógico!"—. Su expresión cambió, una nueva chispa de interés científico reemplazando la frustración. —"Pero si vamos a prepararnos... preparémonos bien. Tenemos una muestra de Astracita aquí mismo. Tenemos un sujeto"—, se?aló a Martín, —"con una sensibilidad única a las energías arcanas y psiónicas. Tenemos mi taller y mi genio"—. Sonrió. —"Podemos hacer algo más que esperar. Podemos... experimentar. De forma controlada, por supuesto"—.
La idea flotó en el aire, cargada de posibilidades y peligros. Estudiar la Astracita de cerca, interactuar con ella bajo condiciones de laboratorio... era exactamente lo que Martín necesitaba, pero también le provocaba un profundo escalofrío. Althaea miró a Thorian con recelo, pero no se opuso. Entendía la necesidad de conocimiento.
—"Un experimento controlado"—, repitió Martín lentamente, sopesando las palabras. —"?Qué tiene en mente, Maestro Thorian?"—.
La sonrisa del ingeniero se ensanchó. —"Algo... iluminador"—.
La decisión de estudiar la Astracita antes de aventurarse en el Sector 7B llenó el taller de Thorian con una nueva y palpable tensión. El ingeniero enano, ahora con un objetivo científico claro y fascinante, se movió con una energía renovada, casi febril. Despejó una de las mesas de trabajo más resistentes, reforzó un campo de contención rúnico preexistente que usaba para experimentos volátiles, y sacó de nuevo la peque?a caja de plomo que contenía el fragmento del enigmático metal negro.
—"Precaución ante todo"—, murmuró Thorian, más para justificar sus propias medidas que para tranquilizar a los demás, mientras trazaba runas adicionales de aislamiento y drenaje de energía negativa alrededor de la zona de pruebas. —"No queremos que esta peque?a 'piedra de sombra' decida... hacer eco... en el resto del taller. O en nuestras mentes"—.
Martín y Althaea observaban en silencio. Althaea se mantuvo a una distancia prudente, cerca de la salida del taller, su mano nunca lejos de la lanza, sus ojos ámbar fijos en la caja de plomo con una desconfianza instintiva. Martín, aunque igualmente aprensivo, se acercó a la mesa de trabajo junto a Thorian, su curiosidad científica y la necesidad de entender luchando contra el recuerdo del frío antinatural que había sentido al ver el fragmento por primera vez. Sabía que necesitaba comprender este material si quería tener alguna posibilidad de enfrentarse al dispositivo que lo utilizaba en las profundidades.
Con extremo cuidado, usando unas pinzas largas hechas de una aleación no reactiva, Thorian extrajo el fragmento de Astracita de su lecho de terciopelo oscuro y lo depositó en el centro del campo de contención. Incluso a través del escudo energético que ahora lo rodeaba, el fragmento parecía absorber la luz de la lámpara Magitek cercana, creando un punto de oscuridad antinatural en la mesa. No había brillo, no había reflejo, solo una negrura absoluta que parecía tener profundidad propia.
—"Bien, umgi"—, dijo Thorian, volviéndose hacia Martín y se?alando un conjunto de sensores conectados a su consola. —"Primero, la línea base. Quiero que uses tu disco y tu 'visión' para describir la firma energética inherente del material en estado pasivo. Compárala con otros metales que has analizado aquí"—.
Martín asintió, sacó el disco y lo activó, enfocándose en el fragmento dentro del campo de contención. Lo que vio fue... extra?o. No era el código ordenado del Magitek ni el código vital verde de la naturaleza. Era un código negro y silencioso, casi como líneas de código "comentadas" o inactivas, pero con una estructura densa y compleja debajo. No emitía energía activamente, pero parecía tirar de la energía circundante hacia sí mismo, especialmente la luz y quizás, especuló Martín, la energía térmica, lo que explicaba el frío que emanaba. Y había algo más... una especie de "ruido de fondo" estático en el código, como una se?al corrupta o una interferencia, que coincidía inquietantemente con la firma residual que había asociado a la Marca de la Sombra.
// Analizando Fragmento de Astracita (Estado Pasivo - Dentro de Contención)
// Material: Astracita_Meteorítica_Pura (Estimado)
// Estado Energético: Bajo / Absorbente
// Código Visible: Negro_Opaco_Inerte (Mayormente). Estructura subyacente densa y compleja (?latente?).
// Propiedades Observadas:
// - Absorción Lumínica: Alta. Campo de 'vacío visual' circundante.
// - Absorción Térmica: Alta (Inferido por frío radiante).
// - Absorción de Maná Ambiental: Baja pero constante.
// - Firma Residual: Estática_Negativa_Corrupta (Similar a 'Marca_Sombra', pero pasiva).
// - Interacción Psiónica Pasiva: NULA (posiblemente debido a contención).
// ?PRECAUCIóN: Material inherentemente inestable y con afinidad por energías negativas!
—"Es... oscuro. Silencioso"—, describió Martín lentamente. —"No emite, absorbe. Luz, calor... quizás otras energías. Y hay una... estática, una corrupción de fondo en su estructura, similar a la Marca que vi en..."— Se detuvo, sin querer mencionar al espíritu directamente. —"...en otras energías oscuras"—.
Thorian anotó rápidamente. —"?Absorbente! ?Y con una firma residual corrupta! Coincide con los textos prohibidos"—. Su excitación crecía. —"?Ahora, veamos cómo reacciona! Aplicaré una peque?a carga de maná puro, directamente al campo de contención"—.
Manipuló unos diales en su consola, y un fino haz de luz azul pálido surgió de un emisor cercano, impactando contra el escudo energético que rodeaba la Astracita. El escudo resistió, pero la energía del haz pareció ser atraída hacia el fragmento negro en su interior.
La reacción fue inmediata y sutil. El código negro de la Astracita pareció despertar. Las líneas inertes comenzaron a vibrar, a moverse lentamente, y un leve pulso oscuro emanó del fragmento. Martín sintió una punzada familiar en la base de su cráneo, un eco muy débil del susurro mental.
—"?Está reaccionando!"—, exclamó Martín. —"El código se activa. Absorbe la energía del haz... y siento... algo. Una presión"—.
—"?Mis sensores también lo detectan!"—, confirmó Thorian, mirando sus lecturas. —"?Un aumento en la emisión de energía negativa y un pico psiónico de bajo nivel! ?Así que la energía externa lo 'despierta'!"—. Incrementó ligeramente la potencia del haz azul.
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El pulso oscuro de la Astracita se hizo más fuerte, y el susurro en la mente de Martín se volvió un murmullo apenas inteligible. Poder... hambre... más... Sintió un escalofrío recorrerle. El disco en su mano vibró con más fuerza, mostrando ahora el código negro activo, retorciéndose como serpientes de obsidiana.
—"?Cuidado, Thorian!"—, advirtió Althaea desde su posición, su mano ya en la lanza. Podía sentir la energía negativa intensificándose en la habitación.
Thorian, absorto, aplicó otro peque?o incremento de energía. Esta vez, la reacción fue diferente. El fragmento de Astracita pareció rechazar la energía adicional. El pulso oscuro se intensificó violentamente por un instante, y una peque?a onda de energía negra emanó del fragmento, golpeando el interior del escudo de contención. El escudo chisporroteó y fluctuó visiblemente.
—"?Sobrecarga de absorción!"—, jadeó Thorian, cortando el haz de maná de inmediato. —"?Parece que tiene un límite! ?O quizás reacciona negativamente a la energía pura si se aplica demasiado rápido!"—.
El fragmento de Astracita volvió lentamente a su estado pasivo, el código negro volviéndose inerte, el susurro mental desvaneciéndose. Pero la demostración había sido clara y aterradora. El metal no era solo un absorbente pasivo; tenía una capacidad de reacción, una afinidad por la oscuridad, y un potencial para liberar energía negativa y psiónica cuando era estimulado.
—"Este material..."—, dijo Martín, con voz tensa, mirando el inofensivo trozo de negrura en la caja. —"...es la clave de todo. Del culto, de la Marca, del dispositivo en el mapa... y del peligro detrás de ese sello"—.
Thorian asintió gravemente, su excitación científica ahora mezclada con una profunda comprensión del riesgo. —"Sí. Y ahora sabemos un poco más sobre cómo enfrentarlo. O al menos, cómo no provocarlo directamente"—. Miró los bocetos de los amuletos y la linterna que habían estado dise?ando. —"Creo que es hora de terminar nuestras... contramedidas. Y de hacerlas bien"—.
El experimento con la Astracita, aunque breve y controlado, dejó una atmósfera de gravedad en el taller. La visión del metal negro absorbiendo energía y emitiendo pulsos oscuros y susurros mentales fue un recordatorio contundente de la naturaleza de la amenaza que podrían enfrentar detrás del sello rúnico. La necesidad de contramedidas efectivas ya no era una precaución teórica, sino una prioridad urgente.
Thorian, con una seriedad que Martín rara vez le había visto, desechó varios de sus dise?os preliminares para los amuletos de defensa psiónica. —"La cancelación de ruido armónico inverso es demasiado compleja y requiere una sintonización constante que no podemos garantizar en una situación de combate o estrés mental"—, dictaminó, tachando un intrincado diagrama rúnico. —"Necesitamos algo más... fundamental. Un escudo pasivo, pero reforzado. Y sintonizado para repeler específicamente esa frecuencia psiónica negativa que detectamos"—.
Volvieron a la mesa de dise?o, pero esta vez la colaboración fue más enfocada. Thorian seleccionó cristales diferentes: no el cuarzo lechoso, sino láminas finas de Turmalina Negra, un mineral conocido por sus propiedades de absorción de energías negativas, y peque?os núcleos de Amatista Clara, apreciada por su capacidad para calmar la mente y disipar influencias externas.
—"La Turmalina absorberá la 'estática' de fondo"—, explicó Thorian, mientras dibujaba un nuevo circuito rúnico. —"Y la Amatista actuará como un 'filtro' psiónico. Pero la clave está en la runa de enlace y la matriz de disipación"—.
Aquí es donde la habilidad de Martín volvió a ser crucial. Thorian dise?ó una matriz rúnica compleja que crearía un campo de energía sutil alrededor del portador. Le pidió a Martín que se concentrara en el recuerdo del susurro mental, en la sensación de la invasión, mientras activaba diferentes combinaciones de runas en un prototipo del amuleto.
—"Describe el código, umgi!"—, ordenaba Thorian. —"?Ves la energía negativa del recuerdo interactuar con el campo del amuleto? ?Lo repele? ?Lo absorbe? ?Lo atraviesa?"—.
Fue un proceso agotador para Martín. Revivir mentalmente la sensación del susurro era desagradable, pero necesario. Describió cómo ciertas combinaciones rúnicas parecían crear una "barrera" más densa en su visión del código, haciendo que los "hilos" del susurro se desviaran o se debilitaran al intentar penetrarla. Otras combinaciones, sin embargo, parecían "resonar" peligrosamente con la energía negativa, amplificándola.
—"?No esa!"—, exclamó Martín en una ocasión, cuando Thorian probó una runa de amplificación. —"?Esa... atrae el susurro! ?Lo hace más fuerte!"—.
Thorian anotó frenéticamente. —"?Interesante! Ciertas frecuencias de la Amatista parecen crear una 'atracción armónica' no deseada. ?Hay que recalibrar la matriz de disipación para filtrar esas frecuencias!"—.
Trabajaron durante horas, refinando el dise?o rúnico del amuleto, probando diferentes grabados y secuencias de activación, hasta que encontraron una combinación que, según la percepción de Martín, creaba un escudo psiónico estable y repelente, un "cortafuegos" mental contra la frecuencia específica del susurro que habían encontrado. Thorian fabricó entonces tres amuletos idénticos: peque?as placas de Turmalina Negra engastadas en bronce, con un núcleo de Amatista apenas visible y la compleja matriz rúnica grabada en la parte posterior. No eran elegantes, pero se sentían... sólidos, protectores.
Paralelamente, retomaron el dise?o de la linterna de luz pulsátil. El experimento con la Astracita y la reacción de las Sombras Vivientes a la luz intensa les dio información crucial.
—"No necesitamos una luz constante para da?arlas"—, teorizó Thorian. —"Sino un pulso intenso y de la frecuencia correcta para interrumpir su conexión con la oscuridad ambiental y sobrecargar su capacidad de absorción"—. Recordó la descripción de Martín sobre el código blanco-entrópico de los ojos de las sombras. —"Quizás una frecuencia lumínica que interfiera directamente con esa 'firma ocular'"—.
Seleccionaron un cristal de enfoque más robusto, uno utilizado en ciertos dispositivos de corte Magitek, capaz de soportar altas intensidades energéticas. Thorian dise?ó un circuito rúnico que permitía al usuario controlar la frecuencia y la intensidad de los pulsos de luz, desde un destello desorientador hasta un rayo concentrado y potencialmente da?ino para entidades sombrías. Martín ayudó a optimizar el código rúnico para minimizar el consumo de energía y el sobrecalentamiento del cristal, basándose en cómo "veía" fluir la energía durante las pruebas de pulso.
Althaea participó activamente en esta fase. Probó los prototipos de la linterna, evaluando su peso, su agarre, la facilidad para activarla en una situación de combate. Sugirió un dise?o de empu?adura más ergonómico y un mecanismo de activación que pudiera usarse rápidamente incluso con guantes o con las manos frías. Su perspectiva práctica de guerrera fue invaluable para asegurar que la herramienta no solo fuera poderosa, sino también útil en el campo.
Finalmente, tras varios días de intenso trabajo conjunto, tuvieron sus defensas listas: tres amuletos de Turmalina y Amatista sintonizados contra la influencia psiónica, y una linterna Magitek de luz pulsátil, robusta y potente. No eran una garantía de seguridad, pero representaban su mejor intento de prepararse contra los horrores conocidos (y desconocidos) que les aguardaban en el Sector 7B. La sensación de haber creado activamente sus propias herramientas de protección, combinando la ingeniería enana, la visión única de Martín y la experiencia práctica de Althaea, les dio un impulso de confianza muy necesario.
Con los amuletos de defensa psiónica terminados y descansando ahora sobre sus pechos —peque?os discos de turmalina negra y amatista que irradiaban una sutil sensación de calma mental— y la linterna de luz pulsátil probada y cargada, una nueva atmósfera se instaló en el taller de Thorian. Ya no era la tensión de la incertidumbre o la frustración de la investigación, sino la calma resuelta que precede a una acción peligrosa pero necesaria. Habían aprendido lo que podían desde la distancia; era hora de enfrentar la fuente.
Se reunieron alrededor de la mesa de trabajo donde aún descansaba el viejo mapa de los niveles inferiores. Thorian, Martín y Althaea estudiaron una vez más la ruta marcada por el túnel de ventilación olvidado, la proximidad a la cámara sellada del Sector 7B, y el ominoso símbolo de la espiral que marcaba su destino.
—"Los amuletos deberían darnos protección contra la influencia mental directa, al menos durante un tiempo"—, dijo Thorian, tocando el suyo con un dedo. —"Y la linterna"—, se?aló el robusto dispositivo Magitek, —"es nuestra mejor arma contra esas... entidades sombrías. Pero no sabemos qué más hay allí abajo. Ni qué tan fuerte es realmente la fuente de esa energía"—. Su tono era pragmático, evaluando los riesgos como un ingeniero ante un sistema inestable.
—"El mapa muestra el túnel de ventilación como parcialmente derrumbado"—, a?adió Martín, siguiendo el trazado con el dedo. —"Podría ser difícil pasar. Y no sabemos qué hay al otro lado de esa 'entrada secreta' marcada con la runa"—.
—"Y Grom habló de susurros que venían de la roca misma"—, recordó Althaea, su rostro serio. —"La influencia podría ser más... ambiental. Más difícil de bloquear que un ataque directo. Y no sabemos si hay otros... guardianes. Físicos o de otro tipo"—.
A pesar de los peligros evidentes y las incógnitas, ninguno de los tres vaciló. La necesidad de entender la amenaza, de descubrir la verdad detrás del culto, la Marca y la Astracita, era demasiado fuerte. Para Martín, era una pieza clave en el rompecabezas de su propia existencia en este mundo y una promesa al espíritu atormentado. Para Althaea, era una cuestión de lealtad hacia Martín y una lucha contra una oscuridad que amenazaba el equilibrio que su gente veneraba. Y para Thorian, aunque nunca lo admitiría abiertamente, era el desafío científico más grande de su vida, una oportunidad de estudiar un fenómeno que desafiaba toda comprensión enana, además de la responsabilidad (que sí admitiría) de proteger a Karak Dhur de una amenaza interna.
—"Entonces, iremos"—, dijo Martín, su voz tranquila pero firme, rompiendo el silencio. Miró a sus dos compa?eros. —?"Estamos de acuerdo?"—.
Althaea asintió, su mano descansando sobre la empu?adura de su lanza. —"Donde tú vayas, anai"—.
Thorian soltó un gru?ido que pretendía ser de resignación pero que no lograba ocultar su excitación subyacente. —"Supongo que alguien tiene que asegurarse de que no hagan estallar nada... o de tomar buenas lecturas si lo hacen. Iré"—.
La decisión estaba tomada. Pasarían el resto de ese ciclo de trabajo haciendo los preparativos finales, discretamente, bajo la cobertura de la rutina normal del taller.
Martín revisó su equipo básico de viaje, a?adiendo cuerda extra, más yesca impermeable y asegurándose de que su cuaderno y el disco estuvieran bien protegidos. Afiló su cuchillo de caza y la daga que había forjado, sintiendo el peso familiar del acero.
Althaea preparó raciones de viaje concentradas —carne seca, nueces energéticas, pan duro— y revisó su lanza y sus cuchillos arrojadizos. También preparó una peque?a bolsa con ungüentos curativos adicionales y hierbas estimulantes, anticipando la necesidad.
Thorian, por su parte, seleccionó un conjunto de herramientas más compacto pero igualmente potente: sensores multifrecuencia miniaturizados, un peque?o escudo de energía de respaldo, la linterna de luz pulsátil recién terminada, y varias granadas de luz alquímica de emergencia. Guardó también la caja de plomo con el fragmento de Astracita; quizás, pensó, podría usarla para algún tipo de análisis comparativo in situ.
Trabajaron en silencio la mayor parte del tiempo, cada uno perdido en sus propios pensamientos, pero moviéndose con una eficiencia coordinada. La tensión era palpable, pero no era la tensión del miedo paralizante, sino la de la preparación enfocada antes de una misión peligrosa.
Planearon partir al inicio del siguiente "día", durante el cambio de turno principal en la ciudad, cuando el movimiento en los pasillos sería mayor y su descenso hacia los niveles inferiores podría pasar más desapercibido. Usarían la autorización de paso de emergencia de Thorian para superar los primeros controles, y luego confiarían en el mapa antiguo y en su sigilo para navegar por los túneles olvidados hasta la entrada secreta del Sector 7B.
Al finalizar los preparativos, se miraron los tres. El humano de otro mundo con su visión de código, la guerrera del bosque con sus instintos aguzados, y el ingeniero enano con su genio excéntrico y sus artefactos Magitek. Un equipo improbable, unido por circunstancias extraordinarias, a punto de descender voluntariamente hacia una oscuridad antigua y prohibida.
—"Que la Monta?a nos perdone... o al menos, que no se dé cuenta demasiado pronto"—, murmuró Thorian, ajustándose las gafas multi-lente.
Martín y Althaea asintieron. Estaban listos. O tan listos como podrían estarlo para enfrentar los secretos y los horrores que les aguardaban en el corazón de la sombra metálica.

