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18 MI MAESTRO ES UN ELFO DE OTRA DIMENSION

  Mi conciencia fue la primera en reaccionar. Mi cuerpo todavía estaba adormecido, mis sentidos poco a poco se recuperaban. Maldita sea, me sentía más aguado que un espagueti mal cocido.

  ?Quién está haciendo tanto ruido?

  —No deberías subestimarlo, no es la misma persona que conoces —susurró una voz que no distinguía en ese momento.

  Hubo un silencio breve. Me pareció escuchar otras voces a lo lejos, no eran parecidas a la que escuché antes.

  —Pese a todo, ella sería la mejor candidata. Ha pasado todas las pruebas satisfactoriamente —dijo la voz.

  Inicié a reconocer las voces. Las otras dos que estaban algo más lejanas eran mis hermanos, y el que aparentemente estaba hablando solo era Rygandal.

  —Sí, sospechan, pero si todo sale bien hoy, el plan sigue en marcha —hubo un silencio de unos segundos—. Si es el caso, tengo que hablarle a su familia.

  Me estaba quejando, moviendo el cuerpo como sintiéndolo después de un largo tiempo. Escuché más quejidos, movimientos y ni?os discutiendo si deberían hacer algo o no. Poco a poco inicié a abrir los ojos.

  —Zev, esto es difícil de procesar, pero has estado en coma como cuarenta a?os —me dijo un Grith con barba.

  Lo primero que hice fue dibujar una sonrisa y luego hablar con dificultad.

  —Estuve a punto de creerte —hice una pausa para descansar—. Pero estás igual de enano.

  —Te dije que no funcionaría —reclamó Grith a Stay.

  —No creí que estuviera al cien de sus facultades. Me pareció creíble, hermanito —le contestó Stay.

  Abrieron la puerta del... hospital. Entró mamá junto a papá y, para mi sorpresa, no solo Rygandal detrás de ellos, sino Maya.

  No voy a mentir, esto sí que me agradó.

  —Mi hijo precioso, estás bien. Sabía que ibas a despertar, le pedí tanto a Dios —comentó con una preocupación honesta.

  Yo levanté la ceja. ?Cómo que despertar?

  —Estuviste en coma una semana, hijo —explicó mi padre, ajustándose los lentes.

  ?Una semana? Con razón me siento así. Lo último que recuerdo bien es a un buitre gigante carcomido y chamuscado por una explosión dorada.

  —Lamento informarte que te hemos expulsado de la escuela por no asistir —dijo Maya.

  Hubiera preferido un "Hola mi amor, ?estás bien?", pero me conformo con esto.

  —Mira, tienes sentido del humor. ?Quién lo diría? —hice una mueca de molestia al hablar.

  —Pese al escudo que activé de último momento, tu cuerpo recibió da?o físico ya que estabas débil de la lucha —explicó Rygandal—. En mejores condiciones solo hubieras necesitado reposar un día o dos.

  Rygandal me vio. Tenía una mirada que no había visto antes, una de aprobación.

  Solo asentí, pensando en qué había sucedido con todos. Luego regresó el dolor. Kochi, que aunque la conocimos unas cuantas semanas, fuimos importantes para ella. Le ense?amos un mundo que ella no conoció gracias a Ayaho. Un mundo donde la gente puede ser feliz y formar vínculos.

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  Pasadas unas horas, el doctor mencionó que necesitaría actividad física por unas tres semanas antes de volver a la normalidad, y que debería estar vigilado por lo menos dos meses con revisión médica para descartar cualquier cosa.

  Y pasadas las tres semanas, volví a la escuela.

  Todos me veían como un bicho raro, o al menos así lo sentí al inicio. Luego vi que era una mirada de curiosidad. Así es, malditos, soy el ni?o que sobrevivió. Bueno, ni?o lo que se dice ni?o, no.

  Sentí un golpe amistoso detrás de mí, un empujón que solo se puede definir como un "te extra?é". Claro que era el salvaje de Félix, que no podía decirlo de otra manera que de manera brusca.

  —Yo falto un día y me rega?an, tú faltas tres semanas y te tratan como un héroe. No me parece justo —reclamó Félix—. Además, yo salí igual de golpeado que tú.

  —Ya, ya, Félix, no seas quejumbroso. Además, recuerdo que alguien te dio muchos besos esos días que te sentías mal —confesó cari?osamente Aijet mientras lo abrazaba.

  Félix se puso rojo, pero ya no había forma de negarlo. Aijet tenía un efecto extra?o en él.

  —Oigan, no sean injustos con Zev. A él también le dieron muchos besos —llamó la atención Maya con su comentario.

  Félix y Aijet abrieron los ojos como si se los hubiera estirado una fuerza sobrenatural. Voltearon a verme a ver si yo confesaba algo. Solo negué muy leve con la cabeza hasta que Maya volvió a tomar la palabra.

  —Sí, su mamá lo consintió mucho —agregó con una sonrisa malvada.

  Tal vez no hoy, Maya Castillo, pero algún día. Algún día vas a caer.

  Durante la entrada, el director tomó el micrófono para hacer unos anuncios que harían de esto un día especial.

  —?Quién era el muchacho? ?Zev Reyes...? Ok, ok —como siempre, el director estaba perdido—. Tenemos varios anuncios. En primer lugar, ya llegaron los resultados de los exámenes y hemos sido elegidos de varias escuelas para visitar el nuevo proyecto del museo de Concordia. Es una oportunidad única que les permitirá explorar sobre lo que conocemos de la otra dimensión.

  ?Eso me recuerda... creo que ya todos los alumnos del maestro Rygandal están presentes. Son una muestra de valentía todos y un ejemplo. Creo que todos recordaremos la experiencia. Digo, a mí todavía me duelen las cicatrices. —Se tocó el cuerpo como verificando que estuvieran ahí—. Bueno, para celebrar que todos los estudiantes sobrevivieron y recordar a Kochi que nos apoyó hasta el final, tendremos unas actividades sociales en la tercera hora.

  Todos vitorearon la situación. Han sido noticias buenas tras noticias buenas. Por un lado parecía que nada había cambiado, pero por el otro algo faltaba. La sensación de que te observaban desde el cielo y que si te portabas mal un ave iba a caerte a rega?arte.

  Tan pronto entré al salón, noté que había algo raro. Había ojos sobre mí, discretos según ellos, pero los había. ?Qué sucedía?

  Ok, definitivamente sucedía algo porque, contra todo pronóstico, aunque lo intentara ocultar, vi que Rygandal dibujaba una sonrisa.

  —Zev Reyes, favor de pasar al frente —comentó con una seriedad que ya no estaba seguro de lo que iba a suceder.

  Hice caso, esperando que fuese algo bueno, que no estuviera metido en problemas.

  —Los alumnos de este grupo junto con mi guía hemos decidido otorgarte este peque?o regalo —comenzó Rygandal—. Si bien los objetos materiales carecen del verdadero valor, estos pueden tener vínculos. Sabemos que, en el calor de la batalla, tu chaqueta fue da?ada.

  Hubo pesar en su voz.

  Noté que mis compa?eros estaban a la expectativa. Oye, agradecí el gesto, pero no quería una chaqueta nueva. Esa era la que mamá me había dado y murió como toda una armadura de un guerrero.

  —Por lo tanto, Zev Reyes Bravo, este grupo tiene el honor de darte esto.

  Era mi antigua chaqueta.

  No solo estaba limpia como si nunca hubiera sido ensuciada, tenía algo diferente que en su momento fue chocante. Donde fue antes desgarrada, ahora la cubrían unas plumas que yo reconocía.

  Eran definitivamente de Kochi. Me pareció algo malo utilizarlas.

  —Joven Reyes, en la tradición zeca, las plumas de un zeca fallecido son pasadas a alguien cercano, querido, o quien haya admirado. Aceptarlas sería honrar la memoria de Kochi —explicó Rygandal.

  Y lo acepté.

  Me la coloqué y no solo se sentía calientito, sino que había un cosquilleo, una sensación que solo podía definir como mágica, aunque no la entendiera en su momento.

  —Bien, ahora regrese a su lugar. Tengo que darles detalles sobre nuestro viaje al museo de Concordia.

  Me senté y realmente ya no supe qué dijo el maestro. Solo vi el techo y sonreí porque sé que había sido una gran aventura.

  Así es. Si me lo preguntan, este día no se puede poner aún más extra?o, pero ha sido un gran día. Y si alguien me pregunta, sé que le diré que mi cambio se debe a los vínculos que formé en estos meses de escuela. Que me enfrenté a un zeca demoníaco. Que casi me convertí en un héroe.

  Si me lo preguntas, fue un día extra?o, claro. Y si me preguntas cómo empezó todo esto, te diría que fue porque mi maestro es un elfo de otra dimensión.

  Ah, claro. Y si me preguntas, te diría que por el momento esta historia terminó, pero continuará seguramente.

  Por hoy, solo voy a ignorar al maestro y sonreír al horizonte.

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