Ahí estábamos en este hermoso domingo comiendo hot cakes. Era mi desayuno favorito. Mis hermanos estaban enojados porque papá se había apoderado de la tele. No sabía qué estaba buscando, pero se detuvo en las noticias al ver a Alma en ellas.
"La joven cantante María del Alma, cuyo éxito la volvió viral, fue atacada por un fan llamado ángel Mira. El sujeto procedió a plantar bombas en un establecimiento comercial y pretendía llevarse a la joven."
Decía el comentarista mientras pasaban videos de internet de personas que habían grabado el momento.
"Afortunadamente, o desafortunadamente, pero como un evento que intervino para ayudar, una criatura de otra dimensión conocida como zeca intervino para pelear justamente con un elfo."
Pasaron el perfil de Rygandal.
Maldita sea, ese tipo se ve totalmente bien en cámara. Necesito saber cuál es su secreto.
"Dicho elfo fue integrado en la sociedad de Monte Armonía en la secundaria estatal. Hace poco se puso en escrutinio su posición y varios padres de familia solicitaron su baja y sustitución."
—Hijo, no te duermas en el desayuno. Ay, no, ya te embarraste de miel. Qué vamos a hacer contigo, Grith —mi madre dijo preocupada.
últimamente Grith no ha dormido bien. Aparentemente escucha cosas en su cuarto, alguien tocándole la ventana, pero no es capaz de distinguir qué. Aunque yo insisto que ese juego de terror le causó secuelas.
"La Secretaría de Educación de Monte Armonía ya está revisando el caso e intentan llegar a un acuerdo con el departamento de integración para que todo se lleve de la mejor manera."
Terminó de decir el comentarista mientras Grith subía derrotado a dormir un poco más.
—Por cierto, Zev, ?crees que es prudente ir con Maya? Si bien solo recibió golpes, tal vez deberías dejarla descansar —sugirió mi madre mientras terminaba de comer.
—Madre, es idea de ella. Me invitó a estudiar. Dice que necesita alguien para que le ayude.
—No creo que vayan a estudiar, mamá. Seguramente van a perder el tiempo en algún plan loco —se metió Stay.
—Ah, no, Zev, no pienso llevarte si no vas a ir a estudiar. Es más, si realmente vas a estudiar, quiero que vayas tú en camión con los libros. Ya iré por ti a la hora que me digas —declaró papá.
Asentí y vi con odio a mi hermano. El idiota me había costado demostrarle a mi padre que no iba a perder el tiempo. Según papá, si algo cuesta esfuerzo es porque es importante y decidió ponerme a prueba.
—No me mires así, yo solo dije la verdad —se volteó indignado, tan indignado como se puede en esta situación ya que tenía embarrada la cara de hot cakes.
—Bueno, pero tú dijiste a la hora que sea —le recordé.
—Sin abusar, hijo, ya que ma?ana es lunes —asintió y me miró con dureza.
Entendido. No pasarme de unas cinco horas como máximo, así que más vale ir algo temprano.
Fui al cuarto a preparar mi ropa. Ahí estaba el peque?o Grith, ya dormido.
—Tap, tap —dijo mientras estaba dormido—. No, no, pájaro, no.
No sé qué esté so?ando, pero espero que no sea una pesadilla. Suficiente tengo de pájaros, especialmente si parecen buitres y son humanoides.
Sue?a bonito, hermanito. Mientras tanto, tu hermano tiene una cita con el destino.
Bueno, tal vez llamarlo cita sería exagerado porque, conociendo a Maya, definitivamente vamos a estudiar.
No perdí el tiempo y me subí al camión. Al llegar a la casa de Maya, toqué el timbre y me recibió su padre. Un hombre de bigote y cara cuadrada, de pocos amigos. Pero hasta donde yo sé, es el estado natural del padre de Maya. No quisiera conocerlo enojado.
—No andamos comprando nada —dijo de manera seca.
—No, se?or, yo vengo a...
Me cerró la puerta. No tuvo ningún reparo ni duda.
Estaba a punto de tocar de nuevo cuando la se?ora abrió.
—Discúlpame, hijo. Este se?or es algo raro con su humor —volteó a la izquierda con una mirada fúrica mientras una gran risa resonó dentro de la casa.
La madre me invitó a pasar mientras el se?or llegó de nuevo, disculpándose.
—Gracias por venir. No se distraigan y la puerta siempre abierta —indicó su padre y apuntó hacia las escaleras.
Subí. La madre me llevó un vaso de agua y me pidió que le llevara uno a Maya.
Cuando llegué al cuarto, ella estaba en la cama estudiando. Típico de ella.
Estaba utilizando un short y una playera de un partido político que te regalan cada tres a?os por las elecciones.
—Sí viniste. Pensé que te arrepentirías. Eso de estudiar no se te da mucho —comentó de manera sarcástica.
—Vengo y me ofendes, además de que te traje un vaso de agua —negué con la cabeza—. Estoy triste. Me debería retirar. Tienes suerte de que soy un caballero.
—Ya, ya, no seas sensible. Considera que un ave gigante hizo que me golpeara contra una pared y una olla me pegó aquí en la costilla —apuntó hacia un costado de su vientre.
—Sí, ?qué te comentó el doctor? ?Deberías de estar descansando totalmente? —me preocupé por ella.
—Todo bien, Zev. Sí tengo que descansar y no hacer movimientos bruscos. Tengo molestias y dolor, solo eso. Tuve suerte.
Ella me vio fijamente.
Ya la estoy enamorando, o eso pensé, hasta que dijo que sacara mi libro y me pusiera a estudiar.
La primera hora fue súper aburrida. Entonces tuve que usar mi ingenio y realizamos un juego de competencia y me di cuenta de que no me iba tan mal. Estaba funcionando lo de la estudiada.
No iba perdiendo. No iba perdiendo tan mal.
—?Oye, quieres una pizza? —me preguntó.
Claro que quiero pizza. Menos hawaiana. De lo que sea menos pi?a en mi comida chatarra.
En unos cuarenta y cinco minutos, la madre de Maya nos trajo una Coca-Cola y una pizza. Hicimos una pausa para comer.
Maya me lanzó un pepperoni. La vi con maldad.
—Estás ensuciando —me gritó.
—Tú estás ensuciando más —y tuve que levantar las migajas.
Seguimos estudiando una hora más y creí que jamás lo diría, pero Maya dijo "suficiente".
—Ya lo que sabemos, sabemos —Maya cerró el libro.
Me estiré un poco. Me acosté en el piso y luego volví a levantarme. Vi que Maya me estaba observando.
—Zev, ?por qué estás interesado en pasar las pruebas? Digo, Rygandal nos obligó a participar a todos, pero me refiero... veo que quieres ganar. Incluso con la cuarta te vi orgulloso del resultado —dijo lenta, algo molesta porque estaba adolorida.
—Bueno, al principio porque creí que era divertido. Luego porque vi que estaba mejorando como persona. Entonces decidí tomarlo en serio y querer afrontarlas, aunque no creí que esta fuese tan aburrida, especialmente cuando Rygandal dice que nuestro sistema es aburrido y con fallas —le respondí, omitiendo la parte donde participaba por querer impresionarla.
—Bueno, veamos una película mientras llegan por ti y luego a descansar. Te necesito al cien. Quiero ir a Concordia.
Asentí. Realmente ir a Concordia sería interesante.
—Me pregunto por qué Concordia empezó. ?Por qué tiene más seres interdimensionales? —cuestioné al aire.
—Cómo se adaptaron es interesante. Incluso hay gente elefante ahí, los Trombash, creo que se llaman. Eso sí sería impresionante. Ver uno de ellos. O sea, ver a Rygandal, te acostumbras fácil. Ignorar las orejas es fácil —resaltó ella.
—Kochi es otra historia. Ver algo que se supone es animal pero en realidad se parece a nosotros es extra?o. Impresionante. Parece que te acostumbras, pero aún me da miedo verla hablar —le quité la palabra para agregar a la conversación.
Maya movió la cabeza, pero se arrepintió un poco ya que se confió y se movió demasiado rápido.
—Yo quiero saber cómo lo hizo Victor Zelk. Es tan joven y él se encargó del proyecto —agarró su celular para investigar algo—. Todo lo que dice en internet son halagos y teorías conspirativas.
—Solo espero que, si integran más seres en el lugar, no nos cambien el nombre a algo rimbombante —agregué.
No terminamos de ver la película. La verdad ya me estaba durmiendo. Ni me gustó mucho, pero se me hizo egoísta decir "Maya, tu película es aburridísima. Sí, ya sé que te atacó un pájaro gigante y estamos en tu casa, pero pon algo más divertido".
El lunes la escuela estaba hablando del dichoso examen. Marsigs estaba junto a unas autoridades escolares tanto de Monte Armonía como de Concordia.
—Hola, Félix. Hola, Zev —saludó Aijet juntando sus dedos.
Vi cómo Félix se hacía el desinteresado, pero noté cómo se ponía rojo y Aijet sonreía ante el hecho.
—Por cierto, Zev, Maya está en la puerta. Quiere que le ayudes con la mochila —me pasó la información.
—Uy, a mí no me ayudaste con mi mochila —respondió Félix en un tono que no sabía si era serio o no.
—Ya, Félix, deja que se vaya Zev. Yo te ayudo con tu mochila —dijo Aijet, iluminándose.
Le sonreí a Félix de manera burlesca. Era mi forma de decir que estaba enamorado de Aijet.
Me dirigí hacia la entrada para apoyar a Maya con su mochila. Ella estaba confundida. Su mirada iba dirigida hacia la sala de maestros. Hice un movimiento con la cara para cuestionarle qué pasaba.
—Es que vi que Rygandal entró a la sala de maestros. Nunca lo había visto entrar a la sala de maestros, Zev —comentó ella.
Tomé su mochila y me quedé pensando qué tan raro era eso. Después de unos segundos, concluí que sí era extra?o.
Rygandal no convivía con otros maestros ya que no entendía sus banalidades y supongo que ellos tampoco las de él.
Me dirigí al salón de clases y Maya dijo que me fuese a formar. Ella tenía autorización para no moverse mucho estos días.
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Cuando volvimos de la formación, Rygandal se tardó un poco, pero llegó junto a Marsigs con una pila de exámenes. El joven, tan petulante como siempre, estaba dando un discurso de que nos ha conocido un poco y que sabe que tenemos potencial. Que le gustaría que la ciudad de Monte Armonía fuera como Concordia.
Me aburrí y ya no le puse atención. Además, el olor a café me distrajo. Hoy el maestro trajo una taza, creo que se la ofrecieron en la sala de maestros. Se está volviendo más humano.
Espera. ?Café?
—Jóvenes, es importante que pongan atención a todas las instrucciones. Cada respuesta nos acerca a ser elegidos para ir a Concordia. Visitar la primera ciudad que integró seres de otra dimensión sería una experiencia única —nos motivó Rygandal—. Shaki, favor de venir por los exámenes. Ayude a repartirlos a sus compa?eros.
La quinta prueba resultó la más aburrida de todas.
Realmente era un examen de conocimientos nacionales creado por el gobierno de Concordia. No era nada del otro mundo y lo peor de todo es que seguramente tendrías que presentar otro al fin del ciclo.
Yo ya no podía con las preguntas. La verdad me estaba distrayendo viendo unos pájaros. Me pregunté qué tanto Kochi es como ellos. Luego mi mente divagó: ?Cuántas dimensiones habrá en el universo? Seguíamos estudiándolo y la verdad no sabemos nada de ellas.
Luego vi la taza del maestro.
Algo me estaba molestando sobre eso. ?Nunca toma café pero hoy decidió hacerlo??Por qué eso se me hacía tan extra?o?
—Zev, ?necesita algo? Veo que lleva minutos observando mi escritorio —comentó él.
—Maestro, disculpe. ?Cómo me llamo? —le pregunté.
El salón se quedó en silencio. Algunos voltearon a verme como si estuviera loco.
—Zev, ese es su nombre. ?O dije algo inapropiado? —contestó en un tono algo molesto.
Algo hizo clic en mi cerebro.
—No, maestro, es que hoy amanecí medio sordo. Todo bien —le sonreí.
—Maestro, debe recordarlo, que esto se sale del protocolo. No debemos hablar durante la aplicación del examen y menos faltando tan poco —comentó Marsigs.
El maestro solo asintió.
Ya no me pude concentrar. Aquí había algo extra?o ?Por qué me molestaba tanto el café del maestro? ?Por qué no podía dejar de pensar que había algo extra?o en que entrara a la sala de maestros?
?Y desde cuándo me dice Zev?
Desde cuándo se volvió tan... impersonal.
Rygandal siempre, siempre, nos llamaba "joven" o "se?orita" seguido de nuestro apellido, bueno si te tenia respeto sino era por tu nombre.
"Joven Zev."
Nunca solo "Zev".
Dejé el examen a medias. Sé que eso va a decepcionarla a Maya, pero algo me estaba molestando que no me dejó concentrarme.
Pero sería para otro día. Hoy me esperaba el juego de Seven Worlds.
Era un nuevo día y las clases iniciaron tan usual como siempre, a excepción de que hoy nos acompa?aba el director al inicio de la clase.
—Bueno, hoy vengo aquí con ustedes primero para felicitarlos, ?verdad? Sobre el examen que contestaron ayer. Sé que les irá bien. Y bueno, últimamente el maestro Nimandal...
El director, como siempre, se equivocó con el nombre.
—Director, mi nombre es Rygandal. No se equivoque —le contestó molesto.
Fue ahí cuando me di cuenta.
Completamente.
Totalmente.
Sin ninguna duda.
Ese NO era Rygandal.
Porque el Rygandal real jamás, jamás, le habría hablado así al director.
Rygandal era formal. Respetuoso. Paciente hasta el cansancio.
Habría dicho algo como: "Director, con todo respeto, mi nombre es Rygandal. Agradecería que lo recordara."
No un "No se equivoque" cortante y molesto.
Mi corazón empezó a latir más rápido.
—Lo siento, Rygandal. Bueno, mire, vamos a hacer lo siguiente. Primero aquí el joven y luego su mensaje, maestro —cedió la palabra.
—Gracias, director. Bueno, me toca regresar y llevar los resultados a Concordia. Espero que visiten mi ciudad y sean elegidos para ver el nuevo proyecto que tiene la ciudad en su museo. Un gusto conocerlos a todos —y lo sentimos tan honesto.
Estábamos algo tristes de que se tuviera que ir. Incluso Félix le deseó buen viaje. Creo que al final no es tan desagradable.
El director le agradeció y le comento el deseo de verlo en algún futuro. Luego, con una se?a, le comentó a Rygandal que hablara.
—Bueno, ha sido una gran experiencia humana el estar aquí, pero considerando eventos recientes y que no quisiera yo intervenir en su vida, he decidido continuar con la baja que habían solicitado varios de sus padres. Les agradezco este tiempo que estuve con ustedes —se llevó la mano al pecho.
Silencio total.
No había en ese momento ruido alguno. Si una hormiga estuviera caminando, seguramente se escucharían sus pasitos peque?os.
El director se vio totalmente confundido ante el silencio contundente. Sí, sabía que había caras tristes, pero lo que se estaba viviendo en este momento era un impacto a todo el salón.
Una traición.
Un "me voy así nada más".
—Bueno, no se vean así. Ma?ana todavía pueden darle la despedida que se merece al maestro. Vamos, aplaudirlo por mientras —intentó animar el director, pero los aplausos sonaron falsos—. Bueno, nos retiramos. Necesitamos arreglar unas cosas.
Marsigs también se iba, pero lo interrumpí. Le pedí que se quedara.
él dijo que podía disponer de unos minutos.
Tan pronto salieron el director y el maestro, me levanté súbitamente y corrí por el pasillo hasta el pizarrón, casi resbalándome en el proceso, y tomé un marcador.
—Alguien ayúdeme a cerrar las persianas y cierren con candado —di la orden directa.
Todos estaban confundidos ante mi reacción. No sabían qué sucedía.
Hasta que tomé un poco de aire y les dije:
—Ese no es Rygandal. Estoy seguro de que es alguien falso o el mismo Ayaho.
Les solté la bomba.
Seguían confundidos. Algunos pensaban que la noticia me había afectado más de lo que debía.
Pero no. Estoy seguro de que es así.
—Marsigs —apunté hacia él dramáticamente—, tú has estudiado a los elfos de esa dimensión. Dime, ?en qué se basa su dieta?
Marsigs me vio confundido. Luego infló su pecho e inició a explicar con fervor sobre la dieta de los elfos.
—La dieta de los elfos en su mayoría consta de frutas, vegetales y derivados del arroz. Por alguna extra?a razón, en lugar de té, tienen una tradición con el café. La mayoría de ellos, si no es que todos, toman café —concluyó con una sonrisa.
Luego levantó la ceja, confundido.
Me acerqué a la taza de Rygandal y la mostré. Estaba vacía.
La gente me veía como si hubiera enloquecido. Como si sintieran lástima por mí.
—Les explico, compa?eros. Miren, la taza está vacía. No sería raro, pero primero quiero que se pregunten: ?Cuándo ha tomado café Rygandal? —los cuestioné mirándolos a todos.
—No, pues, nunca lo hemos visto tomar café. Pero no quiere decir que no lo tome —dijo Santiago.
En ese momento, Daphne soltó un grito. Se llevó las manos a la boca y luego procedió a explicarles a los compa?eros.
—?Rygandal no puede tomar café! Kochi nos dijo que era alérgico —comentó sorprendida—. ?Se acuerdan? En la prueba de velocidad, cuando nos explicó sobre las diferencias entre especies. Dijo que los elfos de Transgea tienen alergia severa al café procesado.
—Sin duda, entonces ese Rygandal es falso o algo hizo Ayaho para convencerlo de que hiciera eso —Maya comentó.
Marsigs hacía mueca con la boca, como si estuviera peleando con una comida invisible. Se cruzó de brazos y me veía directamente hasta que por fin soltó lo que estaba pensando, no sin antes dar un golpe al piso con el pie.
—Habría una forma de que se dieran cuenta si es o no el maestro. Pero es un riesgo —suspiró y pensó un momento—. Rygandal ya preparó todo para la última prueba: la del Combate.
?Prueba de combate? Eso sí sonaba interesante.
—Danos más detalles. Necesitamos información, Marsigs —Maya lo apuró.
Daphne hizo un movimiento que representaba también que se apurara, recibiendo una mirada de molestia de parte de Marsigs.
—La última prueba es la de Combate. El maestro elfo se bate en un duelo con su estudiante. La intención de ello no es ganar, sino ver qué aprendió el estudiante —se llevó la mano a la barbilla—. Aquí el problema es que en esas pruebas se hace un área de combate, que estoy seguro de que es la escuela. Aquí lo peligroso es que la prueba no termina hasta que el maestro la detiene o el combatiente retado a duelo fallece...
—Eso quiere decir que si es un enviado de Ayaho, estaríamos en peligro real —dije en voz alta.
—Toda la escuela estaría en peligro —agregó Maya.
Me levanté y di un golpe a la mesa. Miré a todos.
—Yo estoy dispuesto a salvar al maestro. Si alguien quiere acompa?arme, los invito. No somos unos humanos cualquiera gracias a Rygandal. Estoy dispuesto al ataque y honestamente, sé que esa cosa quería robarse a mi hermano por algún motivo y no lo voy a permitir.
—No quiero ser aguafiestas ni miedoso, pero ?cómo le vamos a hacer para encontrar al maestro? —cuestionó Ezequiel.
—Es solo una teoría mía, pero si algunos de ustedes se quedan afuera, seguramente habrá una pista de dónde procede la magia y eso los llevará a Rygandal —Marsigs teorizó.
—Digamos que estamos dispuestos a enfrentarnos a esa cosa. ?Cómo le haremos para no poner en peligro a los demás? ?Y quién va a buscar a Rygandal? —preguntó Maya.
—Yo tengo una idea fabulosa, pero necesitaré la hermosa voz de Alma y ayuda de Silvana —Akenev se ofreció.
—Bueno, considerando todo, Marsigs y yo podemos buscar al maestro Rygandal —sugirió Maya.
—Yo quiero pelear contra esa cosa —se ofreció Félix con una sonrisa—. Y tengo una idea para las trampas que le podemos poner.
—Yo también quiero ayudar, por supuesto, a golpear cosas —Daphne dijo.
Marsigs se nos quedó viendo, negando con la cabeza. Se empezó a reír de nosotros. Se rio tan fuerte que se tuvo que controlar por el dolor.
—Vaya que están locos. Es más, si logran que nadie en la escuela venga, me quedo un día más a ayudarles —declaró en forma de burla.
—Excelente, gracias por ofrecerte. Ahorita en la tarde arreglo esa situación —Akenev le comentó.
—Yo me encargo de que no se vaya antes —Shaki dijo mientras le gui?aba un ojo.
—Maya, ?crees que puedas replicar en algunas cantidades lo que hiciste que explotara en el laboratorio? —le cuestioné esperando que sí se pudiera.
Ella me miró. Se rascó la cabeza un poco, cerrando los ojos. Se llevó un dedo a uno de sus cachetes dándole peque?os golpecitos.
—Sí, creo que hay suficientes materiales para hacer algunos más —sonrió de una forma infantil.
Bueno, creo que ya estamos todos listos.
Solo me queda una cosa por hacer: convencer a alguien de que nos ayude para que todo esto no salga mal.
Estaba confiando en que, al final, si encontramos a Rygandal, todo saldría bien.
En mi casa estaba atrapado entre la poderosa cama y mi hermanito Grith que se había venido a acostar. Se quedó dormido y ahora mis movimientos eran difíciles. No quería despertarlo. últimamente no había dormido bien. Ya iniciaba yo a cuestionarme si realmente algo malo estaba sucediendo en las noches y solo él se daba cuenta.
Agarré mi celular. Era notificación de que Akenev estaba iniciando una transmisión en vivo.
En ella se encontraban Silvana y Alma. La primera saludaba con ahínco y la segunda estaba mirando a todos lados menos a la cámara.
—Esto es lamentable, chicos. La situación que les traigo es sumamente lamentable —Akenev decía con una voz triste.
Las tres chicas juntaron sus manos, miraron hacia abajo con los ojos cerrados y movieron la cabeza en se?al de negación.
—Silvana tiene un récord impecable de no faltar a la escuela —Akenev la se?aló y la acercó con ella—. Sin embargo, ma?ana lo hará y esperamos que ustedes también lo hagan.
—Chicos, tenemos una cita ma?ana, una protesta que hacer. Nuestras voces no pueden ser ignoradas. Hoy fui yo, ma?ana podría ser otra alumna —apuntó con su dedo a la pantalla.
—Si quieren apoyar esta causa, acompá?ennos ma?ana. No lleguen a la escuela. Iremos al parque central donde Alma cantará gratis y transmitiremos en vivo para luchar por nuestros derechos —gritó Akenev que alzó el pu?o de manera violenta.
Silvana replicó el movimiento y Alma lo hizo de una forma tan débil que o no le contaron el plan o no estaba de acuerdo.
La mayoría de los comentarios estaba a favor. Solo unos cuantos se preguntaron de qué era la protesta, cosa que convenientemente Akenev no mencionó y que Silvana se encargó de dejar tan ambiguo y al mismo tiempo personal, que muchos defendían que era obvio de qué se trataba.
Mientras revisaba eso, Maya me mandó una foto. Estaban en el laboratorio medio reconstruido usando la instalación sin supervisión adulta alguna. En ella estaba Félix, óscar, Aijet y Daphne ayudando.
Y tan pronto la transmisión en vivo acabó, recibimos un mensaje en el grupo de la escuela.
"Adivinen quién se queda un día más en Monte Armonía." Era de Shaki.
—Tienes cara de que vas a hacer algo estúpido, hermano. Algo que no deberías hacer —me cuestionó Stay.
—Solo porque te pedí puntos estratégicos de la secundaria y me saqué varias fotos de la escuela no quiere decir que vaya a hacer algo malo. En fin, ?qué tienes para mí, ni?o genio?
Stay se metió por debajo de la colcha, sacando su cabeza, luego acomodándose de la forma más incómoda del mundo hasta que ya acomodó su cabezota y sacó la tablet.
—Mira, si como dices tú, hablando hipotéticamente, te enfrentarías a un zeca como el que invadió la plaza comercial... —Stay no acabó la frase.
—Hipotéticamente —repitió dormido Grith.
Ambos nos reímos de nuestro hermanito que se remolió en son de queja, como un gusanito que pedía silencio.
—Bueno, entonces si tienes explosivos como mencionas, lo mejor es dárselos a... —así siguió explicando Stay todo lo que debía saber para enfrentar a Ayaho, el viejo antes conocido como Gregorio.
Eso sí, si mi teoría es correcta y esa cosa es Ayaho.
Y si no era, hicimos que seguramente un ochenta por ciento de la escuela se haya dirigido al parque nomás por mero gusto.
Hoy era miércoles la escuela estaba en su mayoría vacía.
Los maestros estaban confundidos y ya habían reportado al director que muchos alumnos molestos se bajaban del carro de sus padres o pasaban por aquí pero no entraban. Que pese a las llamadas de atención de los maestros de guardia, estos ignoraban. Solo los que venían de lejos traídos por sus padres eran los que entraban, y seguramente porque no tenían opción.
El director estaba histérico moviéndose de un lado a otro y hablando a cuanto maestro se encontraba pidiendo una explicación.
Fue hasta que una madre de familia le dijo que vio a muchos alumnos en el parque.
Sonó el timbre y el director estaba pálido al ver la cantidad de alumnos en las filas. No eran más de cuarenta.
—Pues yo pensé que lo querían mucho, pero no vino nadie. Pues qué le hiciste, güero —preguntó el director en tono de burla.
—Es independiente. Solo diga su absurdo discurso para ya largarme de aquí. No hay más necesidad de prolongar mi presencia —el supuesto Rygandal lo apuró.
Yo me acerqué, pidiendo el micrófono. Le dibujé una sonrisa al director. él me dio el micrófono con una actitud de "ya no importa nada, quiero terminar con esto también".
—Maestro, hoy que es su último día le queremos agradecer sus ense?anzas. No me queda más que decirle una sola cosa.
Hice una pausa.
Lo vi directamente con una mirada fúrica.
—Lo reto a un combate.
Apunté mi dedo índice hacia él de manera dramática y algo extra?o inició a pasar.
Unos cuadros rosas, como si se trataran de una pared, comenzaron a llenar el cielo. Y no solo el cielo, sino todo el perímetro de la escuela.
Los estudiantes que no estaban conscientes de que esto sucedería fueron invadidos por el pánico.
Mis compa?eros corrieron a sus posiciones.
óscar estaba a mi lado, más asustado que nada con esa cara nerviosa que siempre cargaba. Movía los brazos de manera lánguida, llevándoselos a la cabeza cada cuanto segundo.
Rygandal falso solo miraba al cielo. Su mirada era tan molesta como un trueno que quiso caer y se detuvo en pleno cielo, marcándolo para siempre con su furia.
—No sé qué pretenden con todo esto ni cómo lo hicieron, pero creo que es hora de que dejen estas tonterías —seguía con esa mirada maldita.
Ahí lo supe. Estábamos en lo correcto.
Rygandal jamás, jamás, hubiera cedido. él preparó este escenario. él lo hubiera acabado. Este era un impostor.
Santiago y Ezequiel aparecieron a un costado de él. Traían una olla de aceite hirviendo, una que le aventaron directamente al elfo. Le cayó directamente en la cara.
—?Ya valió madre! —gritó el director sorprendido de todo lo que sucedía.
Rygandal estaba retorciéndose de dolor. Sus gritos llenaron toda la escuela que estaba envuelta como en un fulgor rosa.
Esos gritos de dolor seguían transformándose lentamente en un graznido.
Tenía su cara tapada por las manos, pero dejó una apertura.
Su ojo izquierdo estaba envuelto en plumas negras y le saltaba de una manera enfermiza.
Sus u?as se volvían garras.
Genial. Perfecto.

