home

search

COMETIENDO LOS MISMOS ERRORES OTRA VEZ

  Era obvio para todos, aunque Maya seguía con esa expectativa fingida de no saber los resultados. Según ella, Rygandal tenía otra forma de evaluar y consideraba aspectos diferentes.

  —Considerando el tiempo que le tomó y por su buena observación, además de hacerlo en un tiempo mínimo, la evaluación más alta se la lleva la se?orita Maya —congratuló Rygandal.

  —Todos los que llegaron a la meta de alguna manera también han sido aprobados. Los demás debemos mejorar nuestras habilidades.

  Se limitó a decir eso. El desgraciado no dijo nada más. Solo anunció los resultados y al parecer todos estábamos a la expectativa de la siguiente locura. Es la primera vez que un salón estaba tan ansioso de saber de qué era el siguiente examen.

  —Antes de la siguiente prueba necesito una recopilación de datos. Solicito que traigan un informe sobre las cosas terroríficas para los humanos de este mundo —dejó hablar un segundo y luego agregó—. Este proyecto no debe romper las reglas ya establecidas por la institución.

  —?Maestro? ?Podemos venir disfrazados? —preguntó con voz tierna Shaki.

  Claro, Shaki. Podemos definirla como una cosplayer nivel Dios. Disfrazarse es aprovechar su talento.

  —?Con qué motivo y temática? —cuestionó Rygandal.

  —?Cómo que motivo? Si ya va a ser Halloween, maestro —gritó Félix.

  —Si esto ayuda más a entender los miedos humanos, sí. De hecho, necesito ir al sótano de la escuela —murmuró Rygandal.

  Insistió en que le comentáramos qué era Halloween y tomó notas y notas. Como si fuera un antropólogo espacial.

  Luego alguien tuvo la idea de organizar una fiesta nocturna en las instalaciones, pero el problema sería convencer al director o al menos eso creía el salón.

  —Claro que no. Si Maya y Akenev insisten, va a ceder. Solo tendrían que grabar un video promocionando la escuela o algo y va a decir que sí —dije al aire.

  Recibí miradas de mis compa?eros. Luego todos gritaron que sí era cierto, que era buena idea. Maya no se veía muy convencida, pero a Akenev le brillaron los ojos.

  Tuvimos la suerte de que entró el director justamente en ese momento. Solo faltaba convencerlo, no sería fácil, aunque creo que Maya lo lograría... ah, mira, ya dijo que sí.

  Sí fue fácil.

  —?Amááááá! ?Dónde está la capa? —grité sin ninguna delicadeza.

  —Búscala en la caja de colores, la de marca de las crayolas, junto a los accesorios —gritó ella desde la cocina.

  No está ahí. Ya busqué. El cuarto de mis hermanos parecía una zona de desastre: ropa tirada, juguetes desparramados, y esa caja de crayolas gigante que usábamos para guardar cualquier cosa menos crayolas. No creo que se acuerde bien, mamá. Sin embargo... efectivamente, al buscar de nuevo, mamá de alguna manera corrió rápidamente hacia el cuarto sin ser vista y la colocó ahí.Magia maternal, la única magia real que conozco.

  Me coloqué la capa frente al espejo del ba?o. Listo. Ya tenía el outfit de vampiro. La única vez que me he peinado este a?o. El gel me había dejado el pelo todo tieso hacia arriba, como si me hubiera electrocutado, pero al menos se veía intencional.

  —?Mamá! Se metió un loquito del centro a la casa —gritó Stay.

  —Zevi, quítate la máscara —dijo Grith.

  —Ja, ja, ja. Muy gracioso. Quítense lo idiota —respondí.

  —No se puede. Además, tú eres más idiota que nosotros —contestó Stay.

  —Sí, tú eres más... ?un momento, Stay? ?No nos acabas de insultar? —preguntó inocente Grith.

  Luego procedieron a discutir más y la batalla inició. Esta vez no intervine. No podría arrugar mi gran traje que consistía en un pantalón negro oscuro, una camisa oscura y ya. Ah, y los colmillos falsos. Lo minimalista esta moda.

  —No entiendo cómo el colegio está haciendo una fiesta de Halloween. Es una noche peligrosa para que esté abierto —decía mi padre mientras se limpiaba sus lentes.

  —Yo no quiero salir a Halloween. El pájaro grandote quiere llevarme —dijo Grith con tristeza y miedo.

  —?Cuál pájaro, hijo? ?De qué hablas? —mi padre intentó ocultar su preocupación.

  —Nada, papá. Es que Stay malamente le descargó ese juego de animatrónicos, Divermania Abandonado. Seguramente está teniendo pesadillas —intenté calmar a mi padre.

  —No... no... real, real —Grith temblaba mientras lo dijo. Negó con la cabeza y después se retiró.

  Okay, eso sí estuvo raro.

  —Ya sabes, es por la actividad cultural por el nuevo maestro elfo —le contesté mientras salíamos por la puerta hacia el carro.

  —He escuchado rumores sobre él, hijo. Sus actividades son peligrosas —subió el tono levemente mi padre.

  —No, papá. Es un se?or divertido. Me ense?ó a ser más observador y nos ha invitado a cuidarnos físicamente —lo dije no tan convencido—. Oh, y joven. No estoy seguro, tiene 420 a?os.

  —?Cómo le vas a creer eso? Son puras mentiras y eso de la magia son trucos. Esa ciudad Concordia se ha vuelto un marketing gigante —respondió ante mi comentario—.Mira Zev, no quiero que esta sea una de tus mentiras o locuras de anime o videojuegos, quiero toda la verdad.

  —No he dicho ninguna mentira adre en esto, se que suena difícil de creer, ero asi fue, casi muero —susire de manera estresada mientras me tomaba el cabello.

  —Mas vale que esto no sea un retexto ara desviar la atencion de tu desemeno, que todas esas historias sean reales Zev y que ese elfo realmente este loco —se ajusto sus lentes.

  Luego me preguntó cómo iba con Maya, que cuándo le iba a hablar, cuándo la invitaba a salir y algunos tips sobre cómo conquistar mujeres. Dijo que si fallaba lo podía intentar con Alma porque se estaba volviendo famosa. No sé si fue en serio el comentario, aunque yo pasaría. Con toda esa fama, no quiero enfrentarme a sus fans intensos, ya había conseguido un loquito que dejaba comentarios muy cringe.

  Luego pasamos a mis calificaciones, arruinando el momento, iba ser un viaje largo a la escuela con mi apa.

  El aire fresco de la noche me golpeó. Octubre en Monte Armonia tiene esa temperatura perfecta donde no necesitas chamarra pero tampoco estás sudando. Las luces de la calle ya estaban encendidas, y algunas casas del vecindario ya tenían decoraciones de Halloween: calabazas de plástico, telara?as falsas, un inflable de un fantasma que se movía con el viento.

  En la puerta estaba el maestro Julio que nos recibía con una sonrisa, pero era obvio que no quería estar ahí. Tan pronto terminaba de decir que el evento se acababa a las diez y se iban los padres, cambiaba su actitud y nos enviaba al gimnasio.

  En la puerta estaba el maestro Julio que nos recibía con una sonrisa, pero era obvio que no quería estar ahí. La entrada principal de Monte Armonía estaba decorada con guirnaldas naranjas y negras, calabazas talladas con velas LED adentro, y un letrero que decía ?noche de brujas! en letras de cartón. Tan pronto terminaba de decir que el evento se acababa a las diez y se iban los padres, cambiaba su actitud y nos enviaba al gimnasio.

  Al llegar, la mayoría de los alumnos ya estaban ahí. El gimnasio estaba irreconocible. Habían colgado telas negras del techo que creaban un efecto de cueva, luces moradas y naranjas parpadeaban desde las esquinas, y había esas decoraciones baratas de esqueletos de cartón pegadas en las paredes. Una mesa larga con ponche rojo (que obviamente era de jamaica pero se veía sospechosamente como sangre) y galletas con forma de murciélagos ocupaba un costado. La música estaba a todo volumen, una mezcla rara entre reguetón y la canción de Thriller.

  Ensure your favorite authors get the support they deserve. Read this novel on Royal Road.

  —?Enserio? ?Mujer lobo, Ajiet? —dijo una alumna de otro grupo.

  —Mejor hubieras venido de marrana, te queda mejor —se burló otra de las alumnas.

  —Ya basta. Eso que están haciendo es una falta a las reglas —Maya lo dijo con autoridad.

  Maya venía con prendas rotas, toda despeinada y un toque gris de piel. Era una zombie. Incluso estaba en una posición donde su cabeza estaba ladeada. No salía del personaje, aunque tuvieraa que subir el tono de su voz.

  —No, Maya. Estas cosas no entienden —Daphne intervino.

  Daphne usaba un clásico traje de bruja. El maquillaje era bueno, el color verdoso le quedó bien y usaba esos sombreros picudos.

  —Cállate, tú, pinche enana —respondió una de otro salón.

  Entonces la enana no soportó... digo, Daphne se sintió insultada y saltó encima de la otra alumna.

  Ahí estaban peleándose y Rygandal no estaba presente. Ni otros maestros para detener esto. Era raro que no estuviera al menos uno.

  —Wow, esto es genial y luego Santiago va a venir de Yeti. Con lo alto que está, le va a quedar genial —mencionó Félix, que iba vestido de asesino de película de terror.

  Las chicas seguían peleando. Silvana y Alma se dirigieron hacia la salida, donde iban a buscar a un docente, pero fueron sorprendidas por un golpe en la puerta. El sonido fue brutal. Como si algo pesado hubiera estrellado su pu?o contra el metal, las bisagras rechinaron, las luces parpadearon.

  Ahí estaba aquella criatura.

  Era una peluda de dos metros y medio, con los brazos largos. No solo llegaban a su torso, sino hasta sus pies. Tenían garras enormes, una piel blancuzca sucia con toques de mancha gris. Su cara era como la de un primate y le salían dos colmillos enormes del costado de su boca, además de otros cuernos más grandes como de chivo en la cabeza.

  —?Santiago, te quedó genial el traje! —gritó Félix emocionado.

  —Bueno, eres idiota. ?Cómo va a ser Santiago? él no mide más de dos metros —le reclamé a Félix.

  Me volteó a ver como si no entendiera. Luego volteó a ver a otro compa?ero.

  Entonces los gritos iniciaron.

  La cosa enorme corrió directamente a donde estaban peleando las chicas. Sus pies golpeaban el suelo del gimnasio con un thump, thump, thump que hacía vibrar las decoraciones.

  Primero agarró a Daphne con una mano, como si fuera una mu?eca de trapo. Ella dio un chillido que sonó como un susto y luego la aventó hacia el otro lado.

  Félix intentó capturarla. Ambos cayeron al suelo de forma agresiva, rodando entre las sillas plegables.

  Luego la criatura vio directamente a Ajiet. Se le acercó con pasos lentos y deliberados, como un depredador que sabe que su presa no tiene escapatoria. La vio directo. Fue imposible saber la reacción de Ajiet con la máscara de mujer lobo que usaba.

  El monstruo —que llamaré Yeto— la tomó, se la puso en el hombro y saltó hacia afuera..

  Se movió rápidamente hacia la salida, ahí estaba el maestro Julio.

  —No, no, no, no me pagan suficiente —corrió como la rata que era.

  Maya entonces se dirigió hacia afuera, intentaba ayudar a rescatar a Ajiet.

  —Ven, Félix, vamos. Aunque sea de lejitos —le dije.

  —Ah, no. Yo no me quiero besuquear con Maya. Vas tú solo —me contestó el muy cobarde.

  Consejo del día: nunca enfrenten sin un plan a una criatura de otra dimensión por quedar bien con su crush. Especialmente si solo llevan una piedra para lanzarle.

  Salí corriendo detrás de Maya. El patio de la escuela estaba oscuro, iluminado solo por las luces de seguridad que parpadeaban cada cierto tiempo. Las sombras de los árboles se movían con el viento como dedos largos. Había hojas secas por todos lados, crujiendo bajo nuestros pies.

  La criatura rugió en la distancia. Un sonido gutural que hacía que se te erizara la piel.

  Maya estaba quieta cerca de las canchas, con los pu?os. Creo que es de las primeras veces que no pensó qué iba a hacer.

  Vi cómo Yeto estaba levantando la mano cerca del área de juegos infantiles. Ajiet seguía en su hombro, golpeándole la espalda inútilmente. Iba a dar un zarpazo directo. Me dirigí hacia Maya, la agarré de la blusa zombie rasgada, la empujé hacia atrás y solo sentí una ráfaga leve de viento donde la criatura movió su brazo.

  No crean que fue un gran rescate. La garra de la criatura quedó solo a centímetros nuestros.

  No tuve mejor idea que lanzarle mi capa en la cara.

  Yeto actuó de manera muy salvaje al no ver, pero no soltaba a Ajiet. Después de un gran esfuerzo, la criatura se quitó la capa.

  —Fuego. Necesitamos fuego —vi que Maya no captaba del todo mi idea—. Es una criatura de la nieve. Su pelaje no aguantará el calor intenso. La pregunta era de dónde sacarlo.

  Yeto estaba sumamente molesto. Dejó en el suelo a Ajiet, que ya se había quitado la máscara y se veía su cara. La criatura dio un rugido todavía más horrible. Una vez más iba a dar un zarpazo y aproveché para lanzarle la piedra.

  Yeto, no me mires así. Es que no puedes ir matando gente así nada más por gusto. Les voy a ser honesto: yo corrí. Corrí tan rápido como pude porque esa cosa nos estaba alcanzando. El detalle es que corrí primero.

  —?Zev, vamos! Hacia el laboratorio —me indicó Maya—. ?No, Zev! Del otro lado.

  No me equivoqué. Era obvio que no se sabía el atajo, Maya.

  Corrimos por el pasillo del segundo piso. Las luces fluorescentes parpadeaban de forma intermitente, creando ese efecto de película de terror barata. Nuestras pisadas resonaban contra el piso de cemento pulido. Podía escuchar la respiración pesada de Yeto detrás de nosotros, cada vez más cerca, junto con ese thump, thump, thump de sus pies.

  Llegamos al laboratorio, que obviamente estaba cerrado. La puerta de metal con su ventanita de vidrio reforzado se veía más intimidante que nunca. La criatura se acercaba hacia nosotros. Vi su sombra proyectarse en la pared del pasillo: enorme, distorsionada, imposible.

  —Prepara lo que tengas que hacer. Yo lo distraigo.

  Soné bien valiente, pero me estoy orinando. Esa es la verdad. Así que corrí por el pasillo y era obvio que la criatura me iba a alcanzar hasta que tuve una idea extra?a.

  Los pasillos de la escuela eran cuadrados, formando un circuito. Entonces, cuando di vuelta en la esquina, me puse justamente en el costado de la pared, escondido de la vista de cualquiera que corriera rápido. Me aplasté contra los casilleros, respirando lo más bajo posible.

  Funcionó. Yeto estaba confundido.

  Me buscó, me buscaba, gru?endo y olfateando el aire. No me encontró. Siguió hacia adelante, dejando un rastro de rasgu?os en el piso. El plan de una manera extra?a había funcionado. Así es, fue un milagro casi caricaturesco, pero funcionó hasta que escuché un grito de Maya pidiendo ayuda desde el laboratorio.

  La criatura la había visto. Salí de mi escondite, alzando los brazos y llamando la atención. Yeto se me quedó viendo con una cara amistosa, seguramente había comprendido que todo era un malentendido.

  No, no lo hizo, Corrí de nuevo, lo más rápido posible. No sabía hacia dónde. Cada vez me preocupaba más oír esos chirridos y sonidos golpeando la pared y el suelo.

  —?Maya, te puedes apurar, por favor! —le grité de manera muy histérica, moviendo los brazos aún de manera más histérica.

  —Zev, ya está listo. Solo debe entrar al laboratorio. Tráelo de vuelta —ordenó mientras salía del laboratorio con algo en las manos. Botellas de vidrio, cables, un mechero.

  Sabía que Yeto tenía la misma o menor inteligencia que Félix. Entonces, con mi último aliento, me volteé directamente hacia Yeto y él quedó todo confundido..

  Aunque la criatura no paró el ritmo. Siguió corriendo hacia nosotros, destrozando un cartel de "Respeto y Tolerancia" en el proceso. Nos metimos al laboratorio. El lugar olía a químicos y formol. Las mesas de trabajo estaban cubiertas de matraces y tubos de ensayo. Maya había preparado algo en el centro: una trampa improvisada con alcohol, acetona y otros líquidos inflamables.

  Nos agachamos detrás de una mesa. Se me ocurrió la idea de aventar una caja que contenía algunos materiales de vidrio.

  Yeto saltó encima como la bestia que era, directamente sobre la trampa. Maya solo me dijo muévete con una rapidez y miedo en su cara que pareció que vimos un fantasma. Aceleró más el paso cuando se escucharon las botellas de cristal cayendo y no entendía por qué hasta que ella arrojó el mechero encendido.

  Una explosión calorífica llenó todo el laboratorio. Las llamas eran azules y naranjas, subiendo hacia el techo en una columna de calor puro. El olor a pelo quemado llenó el aire inmediatamente.

  Yeto gritó más histérico que yo. Salió despavorido hacia la ventana, rompiéndola con su cuerpo y desapareciendo en la oscuridad de la ciudad. Espero que no cause destrozos. No creo que Yeto haya sido malo, solo estaba confundido y asustado.

  —Explotaste el laboratorio —fue lo que se me ocurrió decirle a una Maya despeinada y agitada. Tenía hollín en la cara, su maquillaje de zombie estaba completamente arruinado, y su respiración era entrecortada.

  Jamás había visto sus ojos tan grandes. De poco a poco dibujó una sonrisa en su rostro.

  Cuando salimos, el gimnasio había vuelto casi a la normalidad. Vimos a Daphne y Ajiet calmando a los demás. Bueno, calmando es una forma de decirlo. Alma estaba cantando en el centro, su voz suave convirtiendo el caos en algo casi hipnótico. Los alumnos parecían haber olvidado todo, meciéndose al ritmo. Akenev grababa el asunto con su celular desde tres ángulos diferentes y Rygandal ya estaba ahí en el gimnasio, tomando notas en su libreta como si nada hubiera pasado.

  Daphne estaba animando toda la fiesta desde el DJ booth improvisado, y Ajiet estaba desatada, bailando como si nadie la viera, con su disfraz de mujer lobo todo roto pero una sonrisa enorme en la cara.

  —?Quieres bailar, Maya? —solté la pregunta antes de que mi cerebro se conectara y se pusiera nervioso.

  —?Acaso sabes bailar, Zev? —me vio como sabiendo la respuesta.

  —No. La neta no —dije la verdad.

  —Mejor ayúdame ma?ana con la prueba —fue todo lo que dijo.

  Me acerqué con mis amigos. Félix preguntaba cómo es que estaba vivo y me dijo lo que había sucedido cuando volvió Rygandal. Aparentemente el elfo había aparecido justo después de que Yeto se fue, como si lo hubiera estado esperando todo el tiempo.

  —óscar ?no ibas a venir de Yeti? —le pregunté mientras se estaba cerca del ponche.

  —Sí, ?te gusta? —contestó él, dándose una vuelta.

  —Ah, pensé que venías de perro abandonado o algo así —le dije sin tratar de ofenderlo.

  Aunque su traje de Yeti era más ofensivo a la vista que cualquier cosa. Parece que había pegado pelos de alfombra a una playera blanca con pegamento escolar, tenía hasta el precio de Home Depot todavía visible.

  La fiesta siguió, la música volvió a subir de volumen. Las luces moradas y naranjas seguían parpadeando. Ya casi iban a dar las diez y faltando unos minutos, Rygandal dejó de tomar notas y tomó el micrófono.

  La música se detuvo.

  —Estudiantes, gracias por su ayuda —su voz resonó en todo el gimnasio—. No me queda más que anunciar la siguiente prueba, que será de valentía.

Recommended Popular Novels