—Entonces tu maestro...
Stay no completó la frase. Mi hermanito estaba concentrado aplastando botones como si su vida dependiera de ello.
—?Cuidado, la lava quema! —advirtió Grith, el menor de nosotros.
—Es un elfo... —intenté explicar otra vez.
Demonios. Stay se paró del sofá y empezó a brincar. Entró en modo serio. Si me descuidaba, me iba a ganar. Era increíble cómo su cabello negro chino se quedaba en el mismo lugar pese a tanto salto. Desafiaba las leyes de la física.
Grith me puso un pie en la cabeza, el desgraciado. Aprovechó que estaba distraído hablando.
Solo quedaba un dulce de chocolate y lo habíamos apostado. Los tres.
El ganador se lo lleva todo.
Los botones sonaban igual de fuerte que nuestros gritos de emoción. Las barras de vida estaban en rojo en ambos jugadores. Los combos no se hacían esperar. Mis dedos volaban sobre el control y...
—?Sí! —gritó Stay, levantando los brazos en victoria—. Indudablemente caíste en mi trampa. Sabía que ibas a hacer eso.
Sacó una tablet con notas. Tenía estudiados todos mis movimientos con mis personajes favoritos. Patrones de ataque. Combos favoritos. Timing de especiales.
Mi hermanito de diez a?os me había hecho un análisis estadístico completo.
Puse una cara de desagrado total. Todavía me dolía todo de correr ayer, y ahora perdía mi chocolate. Después de todo, Rygandal había dicho que la siguiente prueba era de velocidad. Mi cuerpo ya estaba protestando por anticipado.
—De otra dimensión. —Stay negó con la cabeza—. Sigo pensando que es una conspiración del gobierno.
—Así es, compilabirón. —Grith pronunció mal la palabra, copiando los movimientos de Stay como siempre hacía.
—Debe haber más pistas aquí. —Stay empezó a usar su tablet para meterse a internet—. Voy a buscar más información sobre la ciudad de Concordia.
Así era mi hermanito. A sus diez a?os había resultado muy inteligente. Le gustaba investigar, hacer estadísticas, observaciones rápidas. Era como una versión miniatura de Maya pero con adicción a los videojuegos.
—Bueno, voy por mi chocolate. —Lo dije sabiendo que me ignoraría.
—Sí, sí. Voy a investigar más sobre las especies de Transgea —Ni siquiera levantó la vista de la tablet.
Caminé como si nada hacia la cocina.
—Oye, no.
Grith se levantó de un brinco. Con un pasito veloz se dirigió hacia mí, me saltó encima como mono ara?a, y una batalla de hermanos inició. Rodamos por el piso. él tratando de morderme el brazo, yo tratando de quitármelo de encima sin lastimarlo.
Solo fue detenida por la orden de papá desde su cuarto:
—?YA PáRENSE O LOS PARO YO!
Y los golpes de una chancla de mamá contra la mesa.
Los golpes fueron para mí, obviamente. Al parecer era muy abusivo de mi parte intentar ganarle a un ni?o de ocho a?os.
La injusticia era real en esta casa.
La ma?ana siguiente, cuando llegué a la escuela, me estaban esperando Félix y Maya.
Maya no sabía cómo ocultar su felicidad. Tenía esa sonrisa que guardaba para cuando ganaba algo importante. Sus ojos brillaban con anticipación.
Todo estaba listo. Sí, lo iban a hacer. El castigo público y la verdad, admiro un poco a Akenev por esto. La entiendo, incluso.
Una persona como ella, una influencer con miles de seguidores, se había amarrado sola. Si no cumplía con la apuesta, perdería una buena parte de sus seguidores y no se podría recuperar. Su credibilidad estaría destruida.
Ahí estaba en el patio central Akenev vestida de rosa brillante. Silvana también de rosa, combinando. Alma con un vestido azul celeste y una peluca rubia que se veía sorprendentemente bien en ella y toda la secundaria viéndolas.
Habían puesto un escenario improvisado. Bocinas y micrófono. Akenev había convertido su humillación en un evento con producción.
Porque claro que lo había hecho.
Primero fueron Akenev y Silvana cantando "Barbie Girl".
"I'm a Barbie girl, in a Barbie world..."
Aunque se suponía que sería una humillación pública, resultó en toda la secundaria divirtiéndose al ritmo de la canción. La gente aplaudía, grababa y gritaba las letras.
Vi que Rygandal estaba parado a un lado, tomando notas en su libreta antigua. Todo era investigación antropológica para él.
Luego siguió Alma y déjenme decirles algo: jamás se me había puesto la piel tan chinita en mi vida.
Su voz era... no tengo palabras. Era como esos momentos en películas cuando el protagonista escucha algo tan hermoso que todo lo demás desaparece.
"Libre soy, libre soy..."
Si lo tengo que describir, es como comer hot cakes en la ma?ana. Cálido, reconfortante y perfecto.
La secundaria entera se quedó en silencio. Incluso los que estaban en sus salones salieron para escuchar.
Cuando terminó, hubo tres segundos de silencio absoluto y luego, explosión de aplausos.
Lo que se suponía que iba a ser una humillación pública resultó en:
Más seguidores para Akenev (obviamente) Silvana volviéndose popular (la gente la reconocía en los pasillos) y Alma convirtiéndose en sensación viral en internet
Con ayuda de Akenev, Alma empezó su cuenta de canto esa misma tarde. Ya tenía mil seguidores antes del almuerzo.
Si hubiéramos sido nosotros tres —Félix, Maya y yo— se habrían burlado gravemente de nosotros. Sin duda habríamos sido el hazme reír de la escuela por meses.
La vida es injusta. Ellas pierden y les salen bien las cosas.
—En fin —le dije a Félix—. Es hora de volver a clase y ver qué situación surgiría hoy.
—Tal vez nos ense?e magia. —Félix sonaba esperanzado—. Tipo, lanzar bolas de fuego o algo.
—O nos hace correr hasta vomitar. —Más realista, considerando lo de "Prueba de Velocidad".
Cuando llegamos al salón, el director Salinas estaba ahí. Parado frente a Rygandal. Con esa postura de vengo a reclamar algo pero no sé exactamente qué.
—A ver, no, güero. —El director sonaba enfático—. ?Cómo no vas a tener que ver con el venado ese deforme?
—Se?or director. —Rygandal mantenía esa calma irritante—. El Ramboro llegó por cuenta propia debido a que un arbusto morado creció en las instalaciones. Es comida típica de Transgea. Sin duda, la convergencia dimensional está llegando a Monte Armonía.
Debo agregar algo que me estaba volviendo loco ?Cómo alguien con complexión tan delgada puede marcar músculos usando solo una camisa de botones? ?Usaría magia para ello?
Porque no era natural. Los botones parecían a punto de explotar cada vez que movía los brazos.
—No intentes verme la cara. —El director se?aló con el dedo—. Esto jamás había pasado antes de que llegaras tú.
—Se?or director, jamás sería mi intención enga?arlo. Son circunstancias acusadoras, pero solo son coincidencias.
—Mira, también recibí una queja. Almacita, venga, ni?a. ándale. —El director movió la mano como si tuviera prisa.
Alma se acercó, confundida. Todavía traía la peluca rubia puesta.
—Mija, lo del accidente de ayer. —El director hablaba con esa voz paternal que usaba cuando quería parecer amigable—. Tus padres me llamaron preocupados. ?Cómo te fue en la radiografía?
—La verdad, estoy totalmente bien, se?or director. —Alma respondió con esa mirada fija que a veces sostenía—. La radiografía no demostró ningún da?o, ni fractura, nada.
Alma se retiró después de unas palabras más del director.
—Aun así, maestro Riquendal... —El director pronunció mal el nombre, como siempre—. Me dicen que ha estado en las instalaciones queriendo instalar no sé qué cosas.
Movió su dedo y cabeza en negación, estableciendo un punto del cual no iba a ceder.
—No puedes hacer este tipo de cosas. Hay maneras correctas. Los exámenes deben seguir ciertas pautas establecidas.
Rygandal se quedó en silencio por dos segundos. Calculando.
—Con todo el respeto del mundo, se?or director, el sistema que ustedes manejan tiene áreas de oportunidad considerables que debemos mejorar en conjunto. —Habló con esa dicción perfecta que hacía que cada palabra sonara importante—. Por lo tanto, leyendo los estatutos de libre cátedra y bajo la planificación establecida en el currículum del plan nacional de educación, todo está en orden legal.
Rygandal mencionó todas esas palabras técnicas que estoy seguro el director no sabía ni cómo se escribían.
El director abrió la boca. La cerró, la volvió a abrir. Parecía pez fuera del agua.
—Bueno... este... solo ten cuidado, ?sale?
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Se fue derrotado por tecnicismos legales. Rygandal se giró hacia nosotros.
—Buen día, jóvenes. Ya hemos establecido la primera prueba con claros ganadores. —Ni siquiera un hola, ?cómo están? Directo a la acción—. La segunda prueba, la de velocidad, será inmediatamente. Iremos al patio de la escuela. He colocado suficientes se?ales para que sepan por dónde ir.
—Maestro. —Félix levantó la mano—. Su primera prueba nos puso en riesgo a todos. ?Esta también lo hará?
Lo dijo con un poco de sarcasmo, pero también con un poco de seriedad real.
Rygandal lo miró directamente.
—Definitivamente no están en peligro de muerte.
Lo dijo con una seriedad que no se podía tomar como broma.
Bien. Hagamos énfasis en peligro de muerte. Es decir, que Sí estamos en peligro, pero no mortal. Al menos el tipo es sincero.
—Iremos al patio. Primero calentarán adecuadamente. Es necesario antes de continuar con la carrera de obstáculos. No queremos lesiones corporales innecesarias.
Salió del salón, esperando que lo siguiéramos como patitos.
Cuando llegamos al patio, todos estaban calentando. Las emociones variaban dramáticamente: algunos estaban emocionados (los deportistas), otros negados (los que odiaban Educación Física), y otros apenados de sus habilidades físicas.
—Mira, yo sé que tal vez no ganas por mequetrefe. —Félix me dio un codazo—. Pero al menos no vas a quedar como la otaku apestosa esa de Ajiet.
La se?aló sin disimulo. Cero sutileza.
Ajiet estaba al otro lado del patio, estirando (o intentándolo). Su suéter azul oversized le llegaba casi a las rodillas.
Lo miré con reproche por se?alar así.
—No debes molestarla por otaku. —Hice una pausa—. Hazlo por gorda.
Nos reímos. Sí, lo sé. Somos horribles personas.
—En serio, miren ese suéter parece que se robó una carpa de camping.
El error fue que hablamos demasiado alto.
Sentí la presencia antes de verla. Como cuando sabes que tu mamá está detrás de ti y estás en problemas. Me giré lentamente.
Daphne estaba ahí. Un metro cincuenta de furia rubia concentrada. Su cara dulce de mu?eca de porcelana contrastaba completamente con sus ojos que prometían violencia.
—Okay. Número uno. —Levantó un dedo—. Ajiet usa ese suéter porque quiere, no porque necesite tu opinión de fashionista de Temu. Número dos. —Otro dedo—. Si vuelvo a escuchar la palabra gorda salir de tu boca, Félix Guillermo, te juro por todo lo sagrado que te pateo donde más duele. soy cinturón amarillo de taekwondo, así que sé dónde duele más.
Félix abrió la boca. La cerró. Sabio.
—Número tres. —Tercer dedo—. Estoy seguro de que ni tú ni este otro imbécil —me se?aló— lo hacen mejor que Ajiet o yo en esta carrera. ?Quieres apostar, Félix? Porque yo sí quiero.
—Yo... este... —Félix miró hacia mí buscando ayuda.
No tenía ayuda que ofrecer. Estaba ocupado tratando de no hacer contacto visual con Daphne.
—Excelente. Me tomo ese silencio como sí, Daphne, acepto tu apuesta porque soy un idiota —Se giró—. Ajiet, ven. Vamos a humillar a estos dos.
Ajiet se acercó tímidamente, juntando sus dedos frente a ella.
—A-ay no, Daphne, pero yo solo... solo les estorbaría. No soy buena para esto. En Haikyuu, Hinata al menos era rápido, pero yo ni siquiera... o sea, en el arco de entrenamiento él...
—Ajiet. —Daphne la interrumpió con suavidad—. Respira.
Ajiet inhaló profundo.
—Tú eres buena para un montón de cosas —continuó Daphne—. ?Recuerdas cuando corrimos en las escaleras de la escuela? Llegaste antes que la mitad de la clase.
—S-sí, pero eso fue porque estaba imaginando que huía de los Titanes como en Shingeki no Kyojin y...
—Exacto. Usa eso. —Daphne sonrió—. Imagina lo que quieras. Que estamos en un anime. Que eres la protagonista. Lo que funcione pero no voy a dejarte quedarte atrás solo porque estos dos idiotas no saben cerrar la boca.
Ajiet asintió lentamente, sus mejillas sonrojadas.
—O-okay. Voy a... voy a intentarlo. Como Deku en el episodio donde...
—Perfecto. —Daphne le dio una palmada en el hombro—. Ahora, ?quién más se une a nuestro equipo?
Claro que su mirada se cruzo con Maya y formaron equipo.
Rygandal se paró frente a todos. El patio se había transformado. Había círculos amarillos pintados en el suelo. Marcas extra?as. Y un brillo sutil en el aire que indicaba magia activa.
—Hay dos caminos claros. —Se?aló con elegancia élfica—. Como deben conocer su escuela, el patio tiene este lugar central que es el más largo hacia la salida y en los costados, dos caminos más cortos pero con diferentes obstáculos.
Se?aló ambos flancos.
—El camino central podrá esquivarse con suficiente velocidad. El lateral requiere reflejos, aunque no tanta rapidez. Es decisión suya conforme a las habilidades que consideren poseer.
Hubo un silencio mientras todos procesábamos.
—Inicien. —Frío, sereno, con autoridad.
—Bien, yo sé cómo hacer esto con facilidad. Voy a correr y seguramente evitaré todo —óscar:, otro de nuestros compa?eros, se veía motivado—.Okay, pero antes necesito verificar mis tenis, además considerar dónde están las trampas y quién podría ayudarme y...
—Así es como óscar:, con esa cara de confundido que siempre cargaba, no hizo nada. Solo se quedó parado, analizando.
—Cállate, óscar:. Mira, yo lo voy a intentar. —Félix salió corriendo sin pensar.
Porque claro que lo hizo. No parecía nada extra?o al principio. Corrió con esa energía que cargaba, rápido y seguro. Hasta que dio un paso sobre un círculo amarillo.
El círculo brilló con intensidad cegadora. Rodeó a Félix en menos de un segundo, y fue capturado en una red de pesca que apareció de la nada.
Colgaba ahí como pi?ata humana, balanceándose.
—?ESTO ES TRAMPA! —gritó Félix desde la red.
Estoy seguro de que Rygandal dijo que demasiada velocidad era suficiente para evitar esto. Entonces... velocidad lenta es la clave.
—Akenev, ven. Tengo una idea. —Le dije con una sonrisa.
Le expliqué un plan elaborado que sonaba creíble. La verdad, mi intención no era ayudarla.
Como todo un vil desgraciado, empujé a Akenev al circuito mágico.
—?ZEV, HIJO DE...!
Como fue a muy poca velocidad, una trampa diferente se activó. Ella empezó a brincar y rebotar sobre lo que debería ser tierra normal. Una luz de color verde pasto brillaba cada vez que Akenev golpeaba el suelo y rebotaba con más fuerza cada vez.
Volaba como un resorte o esos juguetes que toman impulso y se elevan sin control.
Intenté poner mi pie con cuidado en el campo. Luego di un peque?o brinco. Me establecí. Bien, ahora solo tenía que evitar golpearme con Akenev, que tarde o temprano saldría del circuito rebotando hacia el espacio exterior.
Noté que, del otro lado, Ajiet y Daphne saltaban con menos intensidad. Habían descubierto el truco: saltos controlados, peque?os.
Ajiet se había quitado el suéter azul. Sus cabellos rojos brillaban más intensos bajo el sol y su... espera un minuto.
?Ajiet siempre estuvo así? ?Por eso usa suéter para tapar...?
—?La mirada en la pista, cochino! —me gritó Daphne desde el otro lado.
—?Cállate, alien furioso chaparro! —le contesté.
Daphne agarró impulso y saltó hacia el otro lado de la pista. Desgraciadamente, al tocar el suelo de este lado, rebotó con demasiada fuerza.
Salió volando. Como cohete. Hacia arriba. Bueno, ahí va Daphne. Tuvo una buena vida. Creo, no la conocí bien...Ah, mira. Se salvó.
Un viento la meció tranquilamente hacia abajo, como si fuera una pluma. Noté cómo Rygandal había movido las manos de una manera como si cortara el aire con un cuchillo invisible.
Magia élfica salvavidas.
Daphne habló con Maya cuando aterrizó, y alcancé a escuchar la palabra pervertido.
Genial. No necesitaba esa clase de ayuda.
Vi que muchos ya me habían dejado atrás. Noté que varios estaban esperando, observando el siguiente obstáculo antes de avanzar.
Alma estaba dudosa en la siguiente sección. Perfecto, es hora de un plan nuevo.
Me acerqué a la zona donde estaban todos. Di un salto grande y exagerado.
—?Cuidado! —grité de manera dramática.
Alma abrió los ojos más de lo normal. Sorprendida, corrió hacia adelante...
Donde una fuerza mágica la empujó con violencia hacia atrás.
Todos notamos la figura: un martillo gigante invisible. Había martillos golpeadores flotando en el aire.
Volteé a ver cómo iba el equipo de Maya. Daphne iba adelantada, claro, el otro camino era más corto. Tenía todo el uniforme manchado de tierra. Ajiet iba agarrada a una fuerza invisible, moviéndose, flotando en un péndulo en el aire. Sus manos y pies abrazaban algo que no podíamos ver.
Entonces intenté ir detrás de Santiago. Era corpulento, tanque humano. Recibió un golpe del martillo directo al pecho y apenas se movió.
Cuando me agaché para esquivar, me levanté...y me golpearon las nalgas.
Salí volando hacia adelante, a varios metros del suelo, y quedé atrapado en unas cuerdas que solo se manifestaron al tocarlas yo.
Colgaban de... ?de dónde demonios colgaban? No había nada arriba. Solo aire.
Magia élfica, supongo.
Bueno, tenía buena vista desde aquí. Noté que siete de nosotros habían sido capturados en redes. Maya seguía sin salir de la línea de inicio, observando. Daphne utilizaba las cuerdas y se columpiaba con gracia de gimnasta y Ajiet usaba las cuerdas de una manera tan torpe que parecía que patinaba sin saberlo.
Inicié a moverme desesperado. Me estaba picando todo el cuerpo. Las cuerdas raspaban.
Noté que, si me movía de cierta forma, podían desatarse...
—Maestro Rygandal, esto es muy peligroso. —El maestro de Educación Física, Julio, venía reclamando—. Además, tomó mis materiales sin autorización.
Julio era el maestro joven. Le gustaba el futbol y viajar. Tenía ese tono de piel bronceado, no el pálido de oficina. De los tres maestros de Educación Física (Julio, la maestra Carlota, y el otro obeso que estoy seguro que el único ejercicio que hace es tocar el silbato), Julio era el único que realmente hacía deporte.
—Esto es un circuito de velocidad básico en mi país. —Rygandal comentó con serenidad.
—?Qué clase de país es ese? —gritó confundido Julio.
—Uno con muchos obstáculos naturales. —Respondió sin una pizca de sarcasmo o burla. Solo hechos.
Yo me estaba moviendo como pececito fuera del agua, y estaba funcionando. Las cuerdas se aflojaban...
Hasta que me di cuenta de que iba directo a romperme toda la cara. Iba en picada hacia el suelo.
Intenté tomar una cuerda para no matarme, pero no lo logré. Solo hice el ridículo manoteando en el aire como pájaro borracho.
Luego sentí ese cálido viento que me dejó en el suelo suavemente.
Era un milagro de la virgencita o de un elfo de otra dimensión.
Okay, bien, era lo último. Rygandal me había salvado dos veces ya.
Faltaba un último tramo. Volteé hacia el otro camino. Ajiet estaba siendo rebotada por las donas invisibles como pelota humana. Su suéter azul ondeaba en el aire con cada rebote.
Y honestamente, era... interesante de ver. Como física en acción. Como cuando ves esos videos de...
—?OYE! —El grito de Daphne me sacó de mis pensamientos—. ?Número CUATRO, Zev! ?Ojos en tu propia pista, pervertido!
—?No estaba...!
—?PERVERTIDO! ?COCHINO! —Daphne saltaba de dona en dona mientras me gritaba—. ?Te vi! ?Sé exactamente lo que estabas viendo! ?Y número CINCO, cuando esto termine, vas a disculparte!
Ajiet, rebotando cerca de nosotros, gritó algo que sonaba como:
—?N-no pasa nada, Daphne! ?E-es como en ese episodio de Konosuba donde Kazuma también... ay no, espera, ese es mal ejemplo! —Rebotó más alto—. ?Mejor como en Kaguya-sama cuando... no, tampoco! ?Ay, no encuentro un buen ejemplo de anime donde esto no sea incómodo!
—?No necesitas un ejemplo de anime, Ajiet! —Daphne le gritó—. ?Solo rebota hacia la meta!
—?P-pero es que siempre hay un ejemplo de anime! ?Para todo! ?En Nichijou había una escena donde...!
Las perdí de vista cuando rebotaron hacia otra sección, aunque alcancé a escuchar a Daphne gritar:
—?Ajiet te quiero mucho, pero cállate ya!
Y la risa nerviosa de Ajiet rebotando en la distancia.
Entonces me animé a tirarme en un ángulo de cuarenta y cinco grados hacia las donas. Fue la única idea que se me ocurrió viendo ha Ajiet.
Me golpeé primero la cabeza. THUNK. Luego siguió un brazo. CRACK.
Seguido de un dolor de pierna. THWACK. Ahora la espalda. BOOM.
Estaba rebotando hacia la meta de manera magistralmente patética y aunque no lo crean, funcionó, llegué.
Claro, todo golpeado, machacado, adolorido. Probablemente con moretones que durarían semanas.
Los demás entonces procedieron a llegar. Algunos lento, otros más golpeados que yo, y otros aprovecharon mis rebotes para ver dónde estaban las donas invisibles y llegar primero sin golpearse los muy tramposos.
Solo había una alumna que no había llegado, una sola personita. Una de las alumnas más atléticas de toda la escuela: Maya.
Rygandal no la apresuró ni la estresó. Pero la veía con interés. Como científico observando experimento fascinante.
Después de unos segundos de análisis puro, Maya corrió con una mano cerrada.
Saltó directamente al campo de rebote y se fue hasta abajo, en cuclillas. Cuando tocó el suelo, el rebote la lanzó varios metros en el aire.
Mientras subía, lanzó una piedra aparentemente al vacío.
Los martillos se activaron, golpeando la piedra. CLANG.
Como una guerrera amazona, Maya cayó sobre uno de aquellos martillos invisibles. Ni la Mujer Maravilla se había visto tan poderosa bajo los rayos del sol.
Usó el impulso del martillo para saltar hacia las cuerdas. No sé cómo hizo el cálculo matemático, pero no falló ninguna cuerda. Se balanceaba de una a otra como Tarzán femenino.
Luego, en un movimiento de zigzag ninja, saltó hacia las donas...Llegó al final y cuando todos creímos que aterrizaría de forma cinemática merecida de grabar, quedando en la posteridad como la jugada más épica de la historia...
Al tocar el suelo, se resbaló y rodó. Quedó hecha un desorden, uniforme sucio, cabello chino despeinada, cara llena de tierra.
Intenté ayudarla, levantándola con galantería... me resbalé por la prisa. Más dolor, caí sobre mi trasero adolorido.
La vi directo a su cara, tenía tierra en la mejilla, una hoja en el cabello y esa expresión de no puedo creer que me haya caído.
No pude evitar reírme. Lo sorprendente fue que ella también se rio.
No una risita educada. Una risa genuina. De esas que te salen del estómago.
Félix, Akenev, Alma y Silvana nos ayudaron a levantarnos. Incluso Daphne ofreció su mano.
—Quedaste como menso, Zev. —Dijo Daphne con esa sonrisa burlona.
—Yo creo que fue lindo —respondió Ajiet tímidamente.
—Ma?ana analizaremos los resultados de todo esto —Se limitó a decir Rygandal.
Juro por todo lo sagrado que el elfo dibujó una sonrisa en su rostro, peque?a, casi imperceptible, pero estaba ahí.

